REDES ASOCIALES

Al principio, allá en 2007, era algo realmente cojonudo, nuevo y divertido, tecnológico, enriquecedor. Y gratis… Cuando algo se expande como se expandió feisbuc a nivel mundial, es porque ése algo era realmente bueno. Esa red, tu red, se comportaba difundiéndose de forma puramente viral, es decir, tenías acceso directo y completo a todos tus contactos, y aparecía en tu línea de tiempo todo lo que publicaban. El lío, lo tenías tú para ir discriminando toda esa información que recibías, y claro, ellos decidieron hacerlo por tí… Ésa, fue la cuestión clave.

Recuerda siempre eso de que, si es gratis el precio eres tú: tus datos, tu vida. Vale. ¿Pero a que no creías que fuese tan caro…? Un precio altísimo éste de las redes sociales, porque mira la mierda en la que se han convertido, y mira la mierda en la que están convirtiendo al mundo: bandos, trincheras, ideologías, mercados.

…aaanda y que les den.

Las redes sociales permitían el acceso a una forma totalmente nueva de relacionarte con el prójimo. Algo revolucionario, un salto adelante brutal en tu capacidad de comunicar. Unas herramientas, en apariencia gratuitas, que te proporcionaban una potencia extraordinaria para expresarte en sociedad, en público. Las personas con algo meritorio, talentoso o interesante que contar, tenían más éxito, más seguidores… Así de sencillo.

Llevo tiempo mascullando la idea, de que las redes sociales se convierten en redes asociales, justo, en el momento justo, en que se monetizan descarada y salvajemente y se proveen de esos algoritmos tan listos, que sibilinamente nos van convirtiendo en mercancía, clasificándonos para vendernos luego por ahí… Y tengo también la teoría de que si nos dejasen a los usuarios tranquilos, si no hurgaran como lo hacen esquilmando nuestra intimidad y tergiversando nuestras preferencias, las redes se autoregularían por el simple principio de la prevalencia, de la preferencia de los contenidos de calidad frente a los contenidos basura… La gente no es tonta.

Porque la tontería frente a el talento no tiene nada que hacer; porque la verdad es mucho más potente que la ideología; porque la bondad es a la larga más rentable que la maldad, y la lealtad más que la perfidia.

Justo al darse cuenta de la potencia del juguete que nos habían proporcionado, en ese momento, comprendieron que podían empezar a enredar y a joder traficando con nuestros datos; y claro, ahí la cagaron, nos cagaron, la cagamos… Y la hemos cagado, porque nos han tangado, cambiándonos aquel juguete original tan potente y placentero, por otro impotente y castrado, aburrido e inútil; y encima, seguimos pagando sin rechistar aquel mismo precio tan caro de nuestra intimidad… Mal negocio.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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EL FRÍO…

Historias de Paco Sanz

He pasado más miedo con el frío que con el calor. Cuando vivaqueaba, recuerdo haberme despertado porque un lado de la cara se me había quedado helada. También que cuando llega la fiebre, lo primero que sientes es frío. Del frío mejor guardarse. Uno de los consejos más viejos de la medicina dice que: “Conviene tomar baños calientes, dormir sobre algo blando, embriagarse una o dos veces, de cuando en cuando, y entregarse al coito cuando se presente la ocasión”. Decía Ramón, y tengo que darle la razón, que “cuando sentimos un pie frío y otro caliente, sospechamos que uno de los dos no es nuestro”.

Todavía ahora combatimos el frío intentado que, de vez en cuando, el calor nos llegue a los huesos. Recuerdo a Margarita, una vieja a la que su hijo había acabado convenciendo de que se fuera a vivir con él en un apartamento, con calefacción central y todo. A veces, cuando el invierno apretaba, se venía nuestra casa y nos pedía permiso para quedarse un rato junto al hogar. Después de estar un buen rato cerca del fuego se volvía a su casa. Nos decía que en su casa se estaba bien, pero que si se quedaba fría, por mucho que se acercara al radiador el frío no se le iba.

A veces pienso en ella cuando, al volver de uno de esos paseos idiotas a los que por mucho frío que haga en la calle a veces no puedo evitar entregarme, intento abrazar a mi señora. Me dice que por qué no intento antes estar un buen rato junto a un radiador. Para los viejos el calor corporal puede llegar a ser un tesoro.

Mira que lo sabía, pero cuando le di un beso en la frente a mi madre, poco después de que hubiera muerto, me quedé sorprendido de lo fría que estaba. Lo que está cerca del nacimiento es húmedo y caliente, y crece mucho, como lo que todavía está en la infancia. El individuo joven procede de una mezcla de elementos calientes y secos. El hombre, cuando ya no se desarrolla más es seco y frío, porque el calor que afluye ya no domina. Los viejos son fríos y mojados, porque el fuego se retira y el agua afluye.

En una habitación fría, cuando llega la noche, nos acercamos mejor unos a otros. Pues no sólo del invierno habla el frío, también de la noche. Cada uno, cuando llega el invierno, cuando llega la noche, se calienta con lo que puede. Unos con una compañera más joven que uno, otros con la libertad. Y es que “Como en la oscuridad de la noche invernal/ nuestros ojos buscan el alba/ como en los brazos del frío amargo/ el corazón ansía el sol/ así de ciega y atada/ nos reclama el alma entre sollozos/ sé nuestra luz, nuestro fuego, nuestro aliento/ ¡Libertad!”

Además, por la pandemia y el frío que está haciendo, mejor quedarse en casa. Esperando que si lo hacemos así, sean con nosotros más clementes los dioses. Como si fuéramos esquimales. Para los esquimales hay dos religiones: la de verano y la de invierno. Sus dioses no eran iguales. Los de invierno tenían que protegerlos dentro de los iglúes, y los de verano ayudarles en sus actividades de caza y pesca.

No hay que permitir que el frío, que la noche, que el invierno, se nos metan dentro. Decía Rimbaud “Temer mucho al invierno, porque es la estación del confort”. Cuando el entorno es demasiado confortable, ni la libertad, ni la proximidad de la compañía, son tan necesarias, tan preciosas como debieran ser.

Historias de Paco Sanz

TORTILLAS EN CALDO

a Jesús De La Llave.

El otro día hice por vez primera, y no sé porqué, este guiso que hoy llamaríamos vegano; y colgué de él una foto en el güasap. Recuerdo de niño cuánto detestaba esa comida; era una de aquéllas que yo calificaba sin duda como comida de viejas. También recuerdo cuando años después, harto de comida de rancho, volvía de la mili a mi casa y le decía a mi madre aquello de: “mamá, por favor, hazme aunque sea unas tortillicas en caldo…”

Pues resulta que un amigo entrañable de aquella misma mili, me ha pedido que le pase esta humilde receta, y que se la pase por güasap. Voy a ver si lo consigo. ¡Qué cosas…!

Es ésta, una de esas raras y valiosísimas recetas en peligro de extinción, de lo que yo llamo la cocina del hambre de mi tierra... De aquellos tiempos en los que había que cocinar con casi nada, o casi con cualquier cosa. Tenías que tener sobre todo hambre, algo de aceite, una patata para espesar el guiso, una cebolla y un tomate. Y luego, igual daba si tenías un puñado de judías o de guisantes, un par de champiñones o de alcachofas, zanahorias o pimientos; casi cualquier verdura que tuvieras a mano valía… Y para las tortillas solo había que tener pan duro y un huevo, un diente de ajo, sal, y si tenías, perejil.

Y espera, que se me olvidaba el consabido aunque imprescindible ingrediente del cariño. Porque mucho cariño había que ponerle a los trajines de ese guiso, si querías sacar algo sabroso de ingredientes tan parcos.

Como otras muchas en cocina, esta receta hay que empezarla pochando mucho y con criterio una cebolla picada fina; luego hay que añadir el tomate rallado, y a fuego muy lento, reducirlo todo casi a seco. Es lo único que se sofríe… El resto de las verduras, solo hay que cortarlas de forma que queden trozos lo suficientemente grandes, para que quepan en boca y así, poder apreciar los detalles de cada una de ellas adecuadamente. Luego, las añadimos al sofrito y las rehogamos apenas, sin maltratarlas, con cuidado de no romperlas… Un poco de vino blanco, otro poco de agua, y lo dejamos todo a fuego muy muy lento, cociéndose.

Y ahora viene cuando la peinan…

Es el momento de hacer las tortillas, que no son otra cosa que simples albóndigas, hechas solo con miga de pan duro ablandada con un poco de caldo de las verduras y un huevo crudo, y sazonadas solo con sal, y ajo y perejil muy picado. Hay que amasarlo todo con mucho cuidado, muy suavemente, sin aplastar, de forma que nos quede una masa amable y esponjosa, con la que hacer a mano las tortillas. Después solo hay que freírlas para que cuajen y no pierdan la forma. Y una vez fritas, hay que añadirlas con mimo al guiso de las verduras con el fin, de que se empapen de los sabores cocinándose poco a poco.

El punto justo del guiso, es, cuando tienes el caldo espesado por la fécula que suelta la patata al cocerla, y a la vez, puedes apreciar en boca el sabor y la textura de las verduras sin que se te hayan pasado por un exceso de cocción. Ése, es el momento en el que se añaden especias o hierbas aromáticas al gusto, y listo.

A estas alturas ya os habréis dado cuenta, que no he hablado ni de tiempos ni de cantidades: mi madre siempre dice que eso de medir es cosa de reposteros… Que en cocina lo que sirve es el instinto; que la misma comida te dice todo lo que necesita; y que la receta siempre depende de lo que tengas y de cómo hayas tenido, ése día para cocinar.

La cocina depende del tiempo que tengas, de los ingredientes que hayan, de la mucha o poca hambre de los comensales; de los fogones con que tienes que guisar; de si hace frío o calor, o de si estamos o no de humor ese día; de es fiesta o no.

Y ya está.

¡A la orden mi sargento…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

CARTAS DESDE UN BAR

Historias de Paco Sanz

Hace años que escribo cartas. Lo hacía antes de que llegaran los ordenadores y aun conservo cartas que escribieron mis padres y abuelos. Los charlatanes escribiendo somos menos aburridos; con no leer la carta no hay siquiera que contestarla. Hace tiempo mis hijos me pidieron que si quería, si tenía que escribir, que me limitara a hacerlo sobre cosas que me pasan, que sobre las cosas que pasan bastante se escribe ya, y que por supuesto que de lo que me pasa por la cabeza no hacía falta que dijera nada. Un sacrificio desde luego, porque no me pasa nada, y por la cabeza no paran de pasarme cosas.

En fin: “Antes me querías/ ahora no me quieres./ ¡Qué cosas más raras pasan en el mundo/ sin que uno se entere!” Me consuelo pensando que más que buenas cartas por escribir, tengo por delante buenos libros por leer. Una buena carta habla de quién la escribe, un buen libro del lector. El papel de los humanismos ha sido el de “domesticar” a los seres humanos mediante la lectura, haciendo que dominen sus instintos “bestiales”, pero creando unos privilegiados, que se escriben unos a otros extensas cartas bajo la forma de libros.

Cuando al escribir a mis hijos me enrollo como una persiana, recuerdo a veces las disculpas que pedía Unamuno a un amigo al que había enviado una extensa carta: “Si me he extendido tanto al escribirte, ha sido porque no he tenido tiempo”. Para escribir bien, supongo. Labore di porre, trabajo de pintor, que va añadiendo cosas. Labore di levare, escultor, que va quitando cosas. Leonardo sea con nosotros.

Antes para escribir cartas uno tenía que hacer buena letra, pensar en expresarse con claridad venía en segundo lugar. Hacerlo era una especie de cortesía al cuadrado, al menos si uno cree que la cortesía del filósofo es expresarse con claridad, como Ortega dejó escrito no sé donde.

En Montecasino, Alberico escribió en el siglo XI el Breviario de Dictamine, en el que establece las cinco partes constitutivas de una carta, (salutatio, captatio benevolentiae, narratio, petitio y conclusio). La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo -considerado desde un punto de vista exclusivamente teórico- una terrible perturbación de las almas.

¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente, y puede tocar a una presente, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino, y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada.

San Francisco pensaba que eso de escribir cartas sin saber quien lo leería no estaba bien. Sólo escribía a sus amigos. Nietzsche, que aquel que conoce al lector ya nada hace por el lector. Deleuze, que escribir era cartografiar. Algunos escriben bien porque piensan que Dios les ve. Cuando escribo a mis hijos, pienso que sería peor si tuvieran que aguantarme.

Aquí estoy como en un bar, enrollándome con desconocidos. Gertrude Stein sostenía que uno escribe para si mismo y para los desconocidos, una magnífica reflexión que yo extendería a un apotegma paralelo: uno lee para si mismo y para los desconocidos.

Historias de Paco Sanz

AMIGOS DEL COLEGIO…

Quiero al Rovira algo así como a un hermano, porque nuestros apellidos casi consecutivos por orden alfabético, hicieron que casi siempre estuviéramos sentados en el mismo pupitre, durante años y años. Él era zurdo, y siempre jugábamos a eso de darnos porsaco sentándonos él a la derecha y yo a la izquierda: nos divertíamos estorbándonos al escribir.

Como los seres humanos nos formamos como tales -o nos forman- de niños, la infancia, es indudable que marca el resto de nuestras vidas de forma indeleble. Por ello, no sé si me pasa a mí solo, eso de tenerles tanto y tan especial cariño a mis viejos amigos, a aquéllos compañeros y colegas de infancia, de colegio, de juventud… Tengo la teoría de que, querámoslo o no, las personas de las que sabemos ciertos secretos están más cerca de nosotros; que nos unen con ellas, saberes íntimos de índole tan personal, que es un tesoro el saberlos.

Y yo, os advierto que tengo el tesoro de saber algunos secretos vuestros; nuestros… Recuerda, cómo eran de frías nuestras antiguas escuelas; de qué, era aquel bocadillo preferido que te ponía tu madre para almorzar; de si jugabas bien al fútbol o eras un fardo como yo, y de quién se duchaba luego en los vestuarios y quién no; de los que ligaban más, de quiénes no tanto, y de los que no ligábamos nunca… Yo me acuerdo, del gesto del llanto en tu cara cuando te lisiaste la rodilla en aquel golpe en bicicleta; de si tenías mal perder pero eras un buen chico, o de si eras un malqueda pero porque te daban miedo las chicas.

Sé de ti y tú de mi, secretos de compañero tan entrañables, que también sé que nos unirán un poco para siempre… Sé, si eras de los listos, de los revoltosos o de los empollones; si te comías los mocos, las uñas, las dos cosas, o ninguna; sé si eras valiente, solo tímido, o llorón. Todavía me acuerdo de la música que te gustaba, de muchos de los conciertos a los que fuimos; y de si eras viciosillo, solo bailaorico, o las dos cosas… Y sé si eras un genio, que también los hay entre nosotros, mira Daniel García.

Os quiero. Mucho.

💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL PÉNDULO Y EL SOFÁ

El péndulo del reloj de pared, como siempre, parecía que nos señalaba cada vez a uno: tic, tac, tic, tac… Sentados ella y yo, estábamos justo en el mismo sitio donde siempre se sentaban el uno junto al otro, bajo el abrigo del tapete y del brasero de aquella mesa camilla. Mi padre a la izquierda de mi madre; una en la mecedora, el otro en el sofá… Y el mismo reloj marcando siempre el mismo tiempo sobre ambos; y el péndulo señalándolos cada vez a uno; y durante tantas y tantas horas juntos: tic, tac, tic, tac.

“…Me he sentado en su sitio, para que no se me fuera la mirada cada dos por tres…”

Me lo dijo cerrando el libro que llevaba en danza. En el mismo instante no la entendí. Pero cuando empezó a llorar me di cuenta, terminé de entenderla, y lloré yo… Claro, ahora que no estaba él, a la pobre no hacía más que írsele la mirada hacia la izquierda buscándolo… Y por eso se había sentado en su sitio, pobrecilla, para que no se le fueran los ojos cada dos por tres mirando su vano en el sofá. Es muy difícil carecer de repente, que te arrebaten, algo que ha sido siempre tuyo. Como hace la muerte.

Estar casi sesenta años junto a la misma persona. Ufff… Una sensación confortable de cotidianeidad, sí, pero seguro también que de labor hermosa e importante, de seguridad irrompible y de vínculo interior tan sólido, que debe de ser muy difícil de digerir, el dejar de experimentar todos esos sentimientos de un día para otro… Como siempre hace la muerte.

“…Ahora, como no puedo mirar a su sitio porque estoy yo sentada, ya no me da por girarme a mirarlo…”

Cómo se llena un hueco así debe de ser una labor insondable de reconstrucción íntima, de auténtica lucidez personal, y para la que se debe invertir seguramente una enorme voluntad de superación, y una más enorme aún capacidad de evolución.

Pequeños detalles, pequeños resultados, grandes ejemplos… Y mucho amor.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

HUMILDAD Y AÑO NUEVO

Historias de Paco Sanz

El año se ha acabado, y pocas veces se le ha puesto más fácil al Año Nuevo mejorar al anterior. Ya veremos, dijo el ciego. Mirando hacia atrás sin ira, pienso en la lección de humildad que este desastre nos ha propinado. Me he pasado la vida intentando ser más humilde en vano. Nietzsche pensaba que la primera cuestión de la filosofía es la llevarse bien con la propia soledad, yo creo que lo verdaderamente difícil es ser humilde. De cabeza y de corazón. Recuerdo a Pasolini, la cualidad que poseía en rara medida no era la humildad, sino algo mucho más difícil de encontrar: el amor a lo humilde, y diría, la competencia en humildad.

Antes, que no hacíamos tanto la pelota a los niños, eran los niños más humildes, y siempre creeré que hasta que los niños no vuelvan a la humildad, la vida estará horrorosamente trastocada. Pasarse la vida estudiando creo que ayuda. La humildad, que no abunda entre los doctos, aun es menos frecuente entre los ignorantes. En el dominio de la inteligencia, la virtud de la humildad no es otra cosa que prestar atención. No hay nada más cercano a la verdadera humildad que la inteligencia. Es imposible estar orgullosos de nuestra inteligencia, en el momento en que la ejercemos realmente.

Tampoco tiene que irnos siempre bien en todo ¿no…? Es un desconocimiento racionalista de la esencia del fluir de la vida personal, el pensar y exigir que ésta, haya de vibrar en todo momento con las mismas amplitudes anchas y armoniosas con que brota en los instantes agraciados. Tales exigencias, arrancan de una falta de humildad interna ante el misterio y el carácter de gracia inherente a toda vida.

En política, por ejemplo. La vida política no es un proyecto de mejora del mundo en donde se invierten las esperanzas trascendentales de un mundo sin fe. En cambio, se trata, de una tarea desesperadamente humilde de improvisación infinita, en donde todo bien se ve comprometido por los demás; se busca un equilibrio entre los males necesarios de la vida humana. Y la perspectiva omnipresente del desastre, es conjurada hasta el día siguiente.

¿En qué consiste esa cualidad de la humildad, siempre tan elusiva y tan añorada? Es la única cualidad, que si se pensara que se posee se perdería al instante. Me recuerda a las frases cachondeándose de la lógica. La más famosa es: “Miento”. Si efectivamente miento al decirlo, entonces digo la verdad, aunque no lo sepa. ¿Puedo afeitarme a mí mismo…? Últimamente me despierto pensando que la vejez añade, mientras quita. Humildad, por ejemplo.

Es buena contra la envidia y contra las mentiras, favorece la bondad de quitarse de en medio. Por decirlo en verso: “Aquí la envidia y la mentira/ me tuvieron encerrado./ Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado,/ y con pobre mesa y casa/ en el campo deleitoso,/ con sólo Dios se compasa,/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado ni envidioso”. Aunque: “ En los extremos del hado/ no hay hombre tan desdichado/ que no tenga un envidioso/ ni hay hombre tan virtuoso/ que no tenga un envidiado.”

Considero que es un pecado contra la humildad el dar publicidad a lo que escribo. Pienso, que escribir es únicamente asumir la sacralidad que llena cada instante, es la humilde anotación, que tiene en el asombro su comienzo, el de un logos que alienta en todas partes. He disfrutado escribiendo, lo he hecho también leyendo lo que he escrito, ¿qué tercera cosa espero, como los necios?

La verdadera humildad es cuando puedes sorprenderte a ti mismo más que a los demás; el resto es timidez o buen marketing. La humildad no puede enseñarse por medio de la propaganda, pero la esclavitud sí… A ver si lo recuerdo.

Feliz Año Nuevo.

Historias de Paco Sanz

FILIAS Y FOBIAS

Historias de Paco Sanz

El miedo al contacto tiene hasta nombre: hafefobia. Es tanto miedo a tocar como a ser tocado. Las fobias son la leche, son como la ansiedad, bicamerales las pobres. Pasa también con aporofobia, (del griego ἄπορος áporos ‘pobre’ y φόβος fóbos ‘miedo’ ) que es tanto el rechazo hacia la pobreza como hacia las personas pobres.

Recomendaba Talleyrand a los secretarios a los que daba clases, que desconfiaran de sus primeros movimientos porque eran generalmente generosos. Propios de un hombre primitivo. Era un tipo serio, según él: “Con las bayonetas se puede hacer de todo. Todo, menos una cosa: sentarse en ellas”.

Hoy, el antiguo proverbio sumerio que ha sido traducido como “Obra prontamente, haz feliz a tu Dios” tiene vigencia, sobre todo en el mercado. Pide que ignores al enemigo. Que no seas paranoico. Paranoia, viene de para y nous. Otra mente, describe tanto el estado alucinatorio de la esquizofrenia como el de la mística del hombre bicameral, que escucha voces, o se imagina enemigos.

Algunos pueblos de África Occidental cuentan que, antes de llegar al mundo, cada uno establecemos contacto con un doble celestial que prescribe qué haremos con nuestra vida: cuánto viviremos, con quién nos casaremos, cuántos hijos tendremos, etc. “Entonces, justo antes de que nazcas, te conducen al Árbol del Olvido, al que abrazas y a partir de ese momento pierdes todo recuerdo consciente de tu contrato”. Sin embargo, si no cumples todas tus obligaciones contractuales, “enfermarás y requerirás la ayuda de un adivino, que empleará toda su habilidad para contactar con tu doble celestial, y descubrir qué artículos de tu contrato estás incumpliendo”.

No está mal eso de creerse varios para enfrentarse a las fobias. La poesía también ayuda. “Me bañé, afeité, vestí; me miré en el espejo./ “Vamos”, le dije a mi agarofobia, y salimos/ juntos a dar un paseo por el parque”. El otro lado de las fobias son las filias. Los que disfrutamos de la comida y de la música lo sabemos. El conflicto entre la necesidad de resistirse y la necesidad de adaptarse, es un modelo que se repite a todas las escalas, desde la cocina, con la necesidad de conciliar la neofobia y la neofilia, hasta la música, con la de armonizar la repetición y la diferencia.

Sucede algo parecido con los viajes. Se puede viajar por filotopía, por amor a un lugar. Pero también por topofobia, es decir viajar contra un espacio, partir impelidos por la imperiosa necesidad de no estar en un lugar. Tanto fobias como filias tienen un efecto rebote que vendedores y políticos usan sin manías.

Por ejemplo, la invención de la Islamofobia ha sido ha sido hábil pues ha acabado convirtiendo al Islam en un objeto intocable bajo pena de racismo. Alimentados desde hace medio siglo en el respeto a la diferencia, se nos invita a no evaluar una religión extranjera con criterios occidentales. El relativismo cultural, nos manda ver lo que llamamos nuestros valores, como simples prejuicios, creencias de una tribu particular que se llama Occidente. Pasa también con la xenofobia. La xenofobia no es una actitud exclusiva de las culturas invasoras, se da también en las invadidas, en las culturas de los vencidos. La sensación de que los propios dioses han muerto conduce a veces a perseguir a los propios abuelos.

El Gran Inquisidor de la España cristiana del siglo XVI oculta sus orígenes judíos, y se vuelve con odio contra aquellos de los suyos que han conservado sus raíces. El que ha tenido que aprender catalán de mayor, es el que más insiste en que sólo se hable en catalán.

Historias de Paco Sanz

EL LAGO DE SANABRIA

El Tajo y el Gordo, Plátano y Dibidibi, el Tahullas y el Bascu, Salticos y el Cabesón… Y muchos otros que no quiero nombrar porque me olvidaría de otros muchos, ya que muchos son también los años que hace de aquéllo. Unos pipiolos; yo incluso era todavía menor de edad. Fue un viaje legendario. Fue, creo que mi primer verdadero viaje. Unos tiempos en los que no teníamos nada parecido a lo del Erasmus, y lo más lejos que habíamos salido de nuestras casas era, francamente poco… Fuimos de acampada ni más ni menos que al lago de Sanabria; tan lejos como en autobús de Alicante a Zamora; y con mis amigos de siempre y del instituto.

“No te digo ná, y te lo digo tó…”

Lo primero que me viene al recuerdo según escribo, es, la Luna reflejada en la superficie del hermoso espejo negro de aquel lago; serían ya las tantas de la noche… Con el empuje de las cervezas que ya llevábamos en el cuerpo, y la excitación acumulada en nuestra primera jornada de viaje, nos propusimos no dormir esa noche en las tiendas sino a la intemperie; con un par… Tras unas cuantas vueltas exploratorias a los alrededores del lago, encontramos algo así como un promontorio, una maravillosa plataforma rocosa plana, justo, al borde mismo de aquellas aguas tan oscuras, quietas totalmente de tan plácidas… Precioso.

Hacía una temperatura estupenda, y elegimos quedarnos a pasar la noche allí mismo, en nuestros sacos, fumando, charlando y bebiendo cerveza. Y tan estupenda era la temperatura que claro, por la noche, durmiendo nos fuimos destapando… Lo bueno fue de madrugada, cuando nos despertamos acribillados por el escozor de los picotazos en nuestros culos destapados.

Unos picotazos no ya de mosquitos sino pareciera que de tábanos, que muy hermosos ellos se criaban la mar de bien entre tanta humedad, tanta mierda de vaca, y tan estupenda temperatura… La madre que los parió. ¡Qué risa…!

La segunda de las cosas que me vienen a la mente, es, cuando para fumar porros y que no nos vieran los profesores, acordamos el meternos siempre en la tienda del Gordo y del Plátano. La alegría de la fiesta del campamento era aquella tienda. El completo desastre al entrar en ella, lo tenías claro cuando veías que para que le diera el aire a la provisión que tenían de morcillas, salchichas y chorizos, los tenían oreándose sí, pero simplemente así como que echados fuera de la tienda, justo encima de los calcetines sucios, de las camisetas sudadas y de los calzoncillos usados, que se iban amontonando… Luego, en la barbacoa, igual daba.

¡Qué cosas…!

El día que tuvimos libre, que nos dieron la suelta, no se nos ocurrió otra cosa que alquilar un taxi: un Dodge Dart antediluviano, enorme, de color beige, y con un muy buen conductor. Luego, una vez montados en él, que si vamos a Orense que si vamos a Zamora, que dónde coño vamos. “Vamos a Portugal que está más cerca” sugirió el conductor. ¡No hay huevos…! Nos miramos unos a otros; y si un recuerdo tengo clavado fue esa escapada hasta Braganza… No te rías. Fue más que una aventura.

En aquella época no formábamos parte siquiera del Mercado Común; y esta Unión Europea que hoy disfrutamos era algo impensable. Pasaportes no teníamos, carnets de identidad sí, menos mal. El problema era que yo, un menor de edad sin tutela, no podría cruzar frontera alguna… El lío empezó cuando llegamos a una de aquellas barreras con caseta y guarda, en la que tenías que enseñar hasta lo que habías comido ese día para que te dejaran pasar la frontera. Tras terciar con el guarda el conductor a nuestro favor, él mismo, Dibidibi, el Gordo y el Plátano -los cuatro- tuvieron que firmar un documento en el que se responsabilizaban de mí y de cómo me comportara; como si fueran algo así como mis padrinos.

Tras unos treinta kilómetros más por aquellas carreteras tremebundas, llegamos a Braganza. “Llévenos al centro…” Nos chocó, el que unos rebaños de cabras cruzaran una capital de provincia, justo frente a la oficina de correos y la del ayuntamiento; como si vieses borregas pasando frente al Corte Inglés de Alicante… Recuerdo, cómo íbamos acabando las existencias de cerveza Sagres fría, conforme íbamos sentándonos en las terrazas de aquellos baretos del centro.

“No te digo ná, y te lo digo tó…”

Cómo volvimos es otra historia… Todo, fue mérito del conductor del taxi.

Menudo viaje.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¿Me habré vuelto virtual?

Historias de Paco Sanz

¡Anda que si les quiero porque no están conmigo! ¿Me habré vuelto virtual? A menudo para que descubramos que estamos enamorados, incluso quizá para que nos enamoremos, es necesaria la separación. El amor entendido como carencia. Amamos con especial intensidad al perseguir algo inaccesible, lo que no poseemos; amamos de un modo particular cuando lo hacemos sólo en potencia, al darnos cuenta de que “no está conmigo…” Moriremos solos. Es preciso, pues, hacer como si estuviéramos solos. Reposar en la soledad de su compañía; y así, su ausencia duele, y es más difícil descansar.

La gente deprimida tiende a actuar con más calma bajo la presencia de la amenaza o la catástrofe, es como si ya supieran que cosas así iban a suceder. La estrategia del melancólico: la única manera que tiene de relacionarse con las cosas que no ha tenido nunca, que nunca tendrá, es tratar a las cosas que aún tiene como si ya las hubiera perdido. “Si no sabes si la quieres piérdela…” La necesidad como carencia, o la necesidad como proyecto. “La miseria consiste no en la carencia de las cosas sino en la necesidad de las mismas”.

El manipulador saca partido de este hecho: en efecto, no es la gran variedad de cosas lo que deslumbra. Es posible desasosegar mucho más al ser humano y meterle más miedo, si se le da a entender lo que puede desperdiciar o perder si no colabora haciendo ésto o aquéllo. La potenciación de las necesidades fuertes, está en la base de las maniobras de manipulación de las necesidades. Los individuos que han desaprendido a reconocer sus propias necesidades y a reclamar sus propios derechos, se convierten en presas de la megamáquina que define, en lugar de ellos, sus carencias y sus reivindicaciones. “No tengo ganas de saber lo que me falta, sino de conseguir lo que quiero…” La voluntad de poder no hay que entenderla como querer el poder, sino como el poder querer.

La voluntad creadora y donadora, “la virtud que hace regalos”, que se encuentra en el propio hecho de desear su objetivo: lo que quiero, lo necesitaré siempre. Se concentra en la necesidad, como proyecto de satisfacción, no como final de una carencia.

Mucho me temo que lo que queda en mí de amor a Dios, al Azar que me constituye, a la totalidad que me engloba, provenga de aquellos malos religiosos en mi educación. Dios es amor, o Theós agape estin.

Historias de Paco Sanz

JODER CON LA LOTERÍA

¡Me cago en la…!

Dice mi Señora, que no nos ha tocado el segundo premio del gordo de la lotería de Navidad, solo por un número. ¡Bah…! Las combinaciones posibles de diez números, tomados de cinco en cinco, son un verdadero universo aleatorio inextricable. Por ello, el que hayas acertado todos los números del gordo menos uno, no es tan raro ya que hay infinidad de formas. El que hubiera tocado el 06095 como segundo premio gordo de la lotería de Navidad, y el que tú llevaras el 90063, no tendría importancia ninguna y hubieras acertado todos los números, menos uno…

Otra cosa es, que el segundo premio gordo de la lotería de Navidad, haya sido el 06095, y tú lleves veinte años jugando al 06093. Coincidireis conmigo en que cambia la probabilidad ésa, o cambia la jodida estadística, la combinatoria, o no sé qué coño cambia, pero algo cambia… Un número, solo uno; el antepenúltimo ordinal; si en vez de un 5 un 3. Es, como si soñando, estuvieras tocando el timbre del cielo y a punto de entrar en él pero te despiertas. Y como siempre, te descubres teniendo que bregar un día más, aunque como con aquel timbre celestial metido en la cabeza.

¡Me cago en la…!

Estoy muy enfadado con mi Diosa de la Suerte, mucho. Bueno, el décimo era de Manuela, y el caso es que estamos ambos muy enfadados con nuestra Diosa de la Suerte. Y cuanto más lo pienso peor. Ésas veces en la vida en las que te quedas justito a las puertas del cielo; veces en las que no llegas a tiempo; veces, en las que sabes que el tren ya ha pasado y no volverá a pasar.

Peeero, la lotería es lo que tiene. Y una de las cosas más graciosas, que me reconcilian con la suerte y con el mundo, y que hacen que todavía la quiera más, es el hecho de que asegura mi Señora que va a seguir jugando al mismo número: el 06093.

¡Qué cosas…!

¡Me cago en la…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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LOS CUÑAOS

Los cuñaos están muy infravalorados. Mira el mío: le das un par de destornilladores y a mi hermana y te monta una casa; es muy mañoso. Quiero mucho a mi cuñao Carlos, casi tanto como a un hermano pero como sin el casi. No tengo hermanos; no tengo esa suerte. Sabe de mí prácticamente lo mismo que sabe mi hermana, y pese a ello, creo que algo sí me aprecia todavía… Sólo tengo cosas fantásticas que contar de todos los que fueron y son mis cuñaos: Lorenzos, José Albertos, José Antonios, Andreses, Antonios, José Marías, Lennes, Joaquines… y Carlos.

Muchas veces, son incluso mejor que uno mismo y por éso justo, precisamente por éso, no sé si me tengo del todo por un buen cuñao; no sé si estoy del todo a la altura de mis cuñaos. El mío por antonomasia siempre ha sido Carlos, pero porque lo ha sido desde siempre. Y me explico: tanto es así, que a su madre, cuando lo parió, la matrona al entregárselo para que se abrazasen por vez primera le diría algo así: “tome Señora, ha tenido Usted al cuñao de Antonio…”

Si es que lo tengo que querer… Mi cuñao está tan junto a mi hermana, y lo está desde que eran tan jóvenes, que desde siempre han dado envidia de ésa de la buena. Y la pregunta siempre ha sido la misma: ¿Cómo puede ser éso, de estar siempre con la misma persona y que después de tantos años, te siga gustando, la sigas amando, y encima que se te note, así…?

Sólo tienes que ver con qué brillo se miran cuando discuten. Ahora que lleva gafas para la presbicia a mi cuñao se le nota un poco más: cómo se baja esas gafas, muy lentamente, hasta la punta de su nariz, y mirándola por encima y con pachorra, cómo le dice eso de: Emilia ¡coooño…!

Precioso, no me lo negaréis. El amor, y la intimidad que aporta la frecuencia y la cercanía en una pareja, se pueden expresar de tan distintas formas. ¡Qué bonito…!

Y ahora, gracias al vivir con mi Señora, resulta que a más de cien kilómetros de casa, encuentro por casualidad a unos que ahora también son mis cuñaos; y me lo paso tan bien con ellos, son tan queridos y tan familia, que mira tú por dónde qué suerte he tenido… La de juergas y aventuras cómplices que se corre uno por ahí con sus cuñaos.

¡Ay, si yo contara…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EUTANASIA

Historias de Paco Sanz

Ahora que se está muriendo tanta gente prematuramente se aprueba una ley que modifica lo de la eutanasia. Es posible que el rigor asistencial que dedicamos al agonizante no sea a partir de ahora el mismo. “Santa Ana, dame una corta agonía, y de poca cama”. Así se reza a la patrona de las agonías. El médico podrá objetar ahora a otro nivel. Además ni los gastos en paliativos, ni la presión legal sobre el que acorta la agonía, serán las que eran.

Parece que toca añadir un capítulo de infierno y degradación, a una biografía como la nuestra, testimonio de la era científica en la que nos ha tocado vivir. La Iglesia de la Eutanasia, que forma parte de los movimientos de extinción voluntaria, tiene cuatro pilares: el suicidio, el aborto, el envenenar el medio ambiente y el llevar mala vida.

El suicidio vital crónico y la eutanasia social están emparentadas. Las formas autodestructivas de llevar tan mala vida y la sociedad asesina, tienen antepasados comunes. El contentarse con poco, y la manera que tiene la sociedad de acabar con las personas a base de condenarlas al aislamiento social y a la pérdida de dignidad, parten de una ausencia general de sentido para la vida y la consciencia.

Hay dos tipos de eutanasia, la activa, prima hermana del suicidio asistido, y la pasiva. El “encarnizamiento terapéutico” divide la eutanasia pasiva en dos clases: La omisión de medios médicamente proporcionados y necesarios, o la impericia en usarlos, y la prolongación “artificial” de la vida recurriendo a medios médicos “desproporcionados.”

No es lo mismo preguntar sobre la ética de una interrupción de un tratamiento que pudiera parecer ensañamiento (distanasia), pero que según cómo pudiera entenderse como eutanasia, que sobre las consecuencias jurídicas de una acción o de otra. La primera busca luz sobre la esfera autónoma y sobre la heterónoma la segunda, si nos ponemos en plan kantiano.

Como me he pasado media vida profesional al otro lado de la mascarilla, recuerdo lo importante de repasar los términos para la posible objeción. Con el respeto al rechazo del enfermo, se acepta que la muerte le llegue. Con la detención de la actuación fútil, permitimos que la muerte llegue. Con la analgesia y la sedación, aliviamos la muerte que viene. Pero con la eutanasia, provocamos la muerte.

La objeción de conciencia sólo puede practicarse en el último caso. Ni podemos hacer nada cuando creemos que se equivoca, ni estamos obligados a hacer algo que creemos que no sirve para nada, ni a suspender medidas contra la ansiedad o el dolor. Podemos decir que no nos prestamos a hacer nada que le mate. Es decir, podemos no ponerle una vía, o una sonda nasogástrica, o una mascarilla de oxígeno, si no nos dejan, si no van a hacer más que prolongar un proceso irreversible a corto plazo… Pero quitárselas es otra cosa. De la ley aprobada por fin ayer se puede entender, que ésta no te perseguirá si lo haces.

¿Dónde quieres morir? La cuestión es un poco vana en una época en la que, de manera general, uno no muere ya en su casa, en la que la muerte se ha vuelto virtual y los muertos son retirados de la vista de los vivos, tomados “a cargo” por los expertos en tanatopraxia, en la que uno expira con su último aliento en un espacio de paso, en una entelequia llamada hospital. Sin embargo la cuestión debe plantearse. ¿Cuál quieres que sea tu última dirección? ¿Cuál es tu lugar para morir? Tu habitación.

Más que morir, Dios ha sido ejecutado lentamente, su lugar está ocupado por las ideologías. El amor fue ejecutado por los psicólogos, su puesto ha sido ocupado por el sexo y las relaciones significativas. Una nueva ciencia, la tanatología o muerte con dignidad, está en vías de dar muerte a la muerte.

Acomodarse al terror a la muerte, a la larga y ardua educación de Sócrates, aprender a morir, ya no será necesario.

Historias de Paco Sanz

MI HISTORIA CON PACO SANZ

Sabes que has encontrado algo gordo, importante, solo echando un primer vistazo a sus párrafos. Nunca has visto nada igual: tan radical y tan directo, tan corto ni tan bien escrito. Ni tan filosófico… Cada uno de sus relatos, textos o disertaciones -no sé cómo llamarlos- son un viaje por la Historia o por la medicina; un recorrido poético; una búsqueda de ciencia envuelta en filosofía; nada más, y nada menos.

Recuerdo que fue gracias a uno de mis berrinches en feisbuc al ser censurado descaradamente, cuando le encontré… Os explico. Buscaba otra red social que no me hiciera trampas y encontré una llamada MeWe. Esta aplicación hace gala de que no interfiere para nada en la viralidad de tus publicaciones. Tanto tienes, tanto vales. Cuanto mejor y más contenido creas y publicas, y cuantos más contactos tengas y respondan, más éxito tiene lo que publicas. Así de simple debería ser… Y lo típico: que si hazte un perfil y pon tu foto, que si ponte a buscar gente por ahí con la que conectar porque para eso es una red social… eeen fin, más o menos como el rollo del feisbuc.

Es solo una curiosidad, una coincidencia temporal, pero creo que empecé a leerle diría que precisamente la primera noche que comenzó nuestro confinamiento; allá en aquel infame marzo. No tenía ni idea de quién era, ni siquiera de si era o no alguien; de si no fuera a ser acaso un bot de inteligencia artificial, de ésos que juegan a dar por culo por ahí confundiéndonos… Pero por la hondura y por los detalles de cómo escribe deduje que no, que era un humano. Creo que es un catalán oriundo de Sort, aunque se ve que ya no vive allí.

Leerle todos los días, diría que es como lo que se siente cuando llegas agotado, sucio, tarde a tu casa, y lo primero que haces es ducharte con un buen jabón y abundante agua caliente… Empiezo a leerle, y experimento una especie de alivio, de placer beatífico, en esa forma digamos que de limpiarme al restregarme con sus palabras. El aseo personal es algo muy importante dado cómo está el mundo, y lo de que lavarse es algo imprescindible y muy placentero no me lo negaréis.

Pues el mero hecho de leerle, es, como que eliminara la roña que se me pega al cuerpo; como que me limpiara a fondo agujeros y recovecos. Leerle es aclarar con dialéctica y retórica, ciertos espacios nuestros, espirituales o no sé si intelectuales, que lo cotidiano nos anega con la mierda de la prisa.

Leyéndole sé, que seguramente es un octogenario, de ésos que lejos de creerse relegados saben que están de sobra en plenas facultades… Se ríe del mundo, y piensa y escribe de él de una manera, que se nota que lleva muchísimo tiempo pensando y riéndose… Uno de tantos superdotados anónimos que seguro hay por ahí, rodeándonos, pero que entre tanto ruido mediático nos pasan desapercibidos. Sin darnos ni cuenta.

Tiene Paco Sanz un perfil en MeWe, en el que no se puede interactuar en modo alguno con él salvo comentando sus publicaciones. Otra cosa es que te conteste, ya que hace gala de su cierta mala educación a ese respecto: se ve que no le gusta meterse en berenjenales… La única vez que me ha contestado fue cuando le pedí permiso para compartir en mi blog algunos de sus artículos. Su respuesta fue lacónica, afirmativa pero como a la defensiva; como cuando crees que estás hablándole a una máquina o a algo que te pueda hacer trampas… Es chocante, pero le pasó igual que a mí: que desconfió.

Un genio de las historias en un folio.

Un Maestro.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL ALCOHOL

Historias de Paco Sanz

Millones de años atrás, termitas y hormigas empezaron a la vez a colocarse con productos fermentados por levaduras y a socializarse y pastorear. También muy atrás en la historia de los primates, la alcohol deshidrogenasa cambió, e hizo posible que el alcohol no matara a los que se bebían la miel que había fermentado. Los hombres saltamos de cazadores-recolectores a agricultores-ganaderos, casi al mismo tiempo que empezamos a gustar más de la miel fementada que de la miel sin más. El aguamiel, es seguramente la primera bebida alcohólica.

Tiene más calorías que la miel, y se puede metabolizar hasta llegar al ATP. El alcohol se convierte en acetaldehido por la acción de la alcohol deshidrogenasa. El acetaldehido deviene en acetato. En las personas sensibles al alcohol, la velocidad de catálisis del acetaldehido sólo funciona con concentraciones muy altas del mismo, por lo que la ingesta de alcohol les afecta más. Además también hay diferencias de la alcohol deshidrogenasa inherentes al sexo. Con el alcohol, cuanto mayor la concentración más rápida la absorción. Y cuanta más grasa, más se retarda su eliminación.

Me he hartado de decirles a pacientes y amigos que el alcohol es malo a cualquier dosis. Que eso de que un poco de vino en las comidas es bueno para la salud es un cuento, chino iba a decir. Pues como lo del virus, no sé si es chino o no, pero menudo cuento. Lo de que la gente joven prefiera beber para socializar, me lleva a pensar en los monos rebuscando miel fermentada en los huecos de los árboles. “En la embriaguez del éxtasis nos encaramamos en el carruaje de los vientos” según dice el Rig-Veda.

No puedo predicar con el ejemplo, claro. Pero por eso no puedo hablar tan mal de lo de alterar la conciencia metiéndonos venenos en el cuerpo. Cuando empezaban a a hacer soplar a los conductores, mis hijos me regalaron un alcoholímetro. Cuando la reunión de amigos en la bodega se había acabado, medíamos el alcohol en sangre de los que parecía que podían conducir para llegar al pueblo de al lado, y el que tenía menos, conducía. La broma de que había que estar francamente bebido para dejar conducir a según quién, normalmente a alguna señora con más sentido común que los demás no solía hacerle ninguna gracia.

El imperio que el alcohol ejerce sobre la humanidad, se debe a que puede estimular facultades generalmente trituradas por los fríos hechos y las críticas descarnadas. La sobriedad reduce, discrimina y dice no; la embriaguez expande, une y dice sí. Del mismo modo que el café estimula la racionalidad y el individualismo, el alcohol estimula las virtudes proletarias de colectividad y solidaridad.

El alcoholismo tampoco tiene maldita la gracia, como no la tiene el nacionalismo. El nacionalismo se nutre de esos seres cultos, sensibles pero elaboradamente tontos, que tienen presbicia intelectual y no ven jamás lo obvio, sólo lo remoto y traído por los pelos. Carecen de sentido común. La identidad nacionalista es para la mente como el alcohol barato: primero te emborracha, luego te ciega, y al final te mata.

Historias de Paco Sanz

¡VENGA, VAMOS, ARRANCA…!

Se había comprado una moto: una Vespa 200. Y se le ocurrió, para estrenarla, que hiciésemos los ciento veinte kilómetros hasta la Sierra de Aitana, y que participásemos en mi primera concentración de motos.

¡Venga, vamos, arranca…!

Los primeros cincuenta kilómetros sin problemas; pero fue entrar en la ciudad de Alicante, y negociar una de aquellas rotondas nuevas que estaban proliferado por todas las carreteras, cuando, con la Vespa algo escorada a babor va y me dice: ¡Ostiaaas, agárrate Primo…! Y Pam… Una mancha de aceite en nuestro carril, hizo que pagáramos cara la novatada de entrar algo más fuerte de la cuenta en la rotonda, y termináramos nosotros y la moto arrastrando por el suelo. ¡Coooño…!

Nos sacudimos el polvo y evaluamos daños, comprobando, que solo se había partido por la mitad la maneta del embrague y lijado un poco la parte izquierda de la moto. ¡Naaada…! Su diagnóstico fue que podíamos proseguir sin problemas, porque, aunque fuese con dos dedos sólo de su mano izquierda, podría apretar esa maneta rota y cambiar de marcha sin problemas durante el resto del viaje.

¡Venga, vamos, arranca…!

Sesenta kilómetros después, y ya de noche y helados, comenzamos a subir aquellas cuestas llenas de curvas que se empinaban y se cerraban cada vez más. Tercera marcha, segunda; arreón; tercera, y vuelta a la segunda marcha para entrar en la curva siguiente; y otra vez, y otra… Nosotros dos y el equipaje aupados por aquella bendita y heroica Vespa. Llegó un momento que para negociar aquellas curvas y cuestas, y debido a que los dos dedos y la muñeca de mi primo ya no daban más de sí, tenía que bajarme en marcha para que así pudiéramos seguir subiendo, casi escalando, avanzando, y que no se nos calase la moto.

¡Venga, vamos, arranca…!

No sé ni cuánto tiempo tardamos en plantarnos tan trabajosamente en lo alto de aquella Sierra de Aitana. Noche cerrada era ya… Y claro, veníamos con tantas ganas de fiesta, que del tirón nos metimos en el chiringuito que tenían montado los moteros. Y tantas ganas de divertirnos traíamos, que, en vez de cenar dado que era tan tarde, empezamos con lo de las bebidas bárbaras, con los porritos, y con el rollo y el cachondeo con los moteros… Ya cenaríamos mañana.

¡Vaya nochecita que pasamos allí riéndonos helados de frío…! ¡Qué juerga nos pegamos prácticamente solos…! ¡Qué pedal más chocante pillamos…! El caso, es que ya de madrugada, andamos no más de veinte pasos desde la puerta del chiringuito hasta encontrar un pino, bajo el que dormir metidos en nuestros sacos la mona tan bonita que lucíamos…

Y os lo juro, que nos pareció que transcurrió solo un instante, cuando al fin nos despertó el escándalo de las motos, el olor a Castrol, y el rumor del ir y venir de la gente pasando casi por encima de nosotros debido al trasiego del chiringuito… Desperezándonos, comprobamos que eran más de la una del mediodía y que la gente lo que estaba era yéndose… Todo, había terminado.

Jajajajaja… ¡Venga, vamos, arranca…!

¡Qué cosas…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

LA PÉRGOLA. LA VOCACIÓN.

OXALIS

“Mamá mira, mira que flores tan bonitas…” ¡Qué graciosa…!

Casi todos damos por hecho aquello de que hay carreras vocacionales, como la medicina, las matemáticas, la música o el sacerdocio. Pero si nos fijamos bien, en realidad, lo que hay son personas con vocación, o con vocaciones, o sin ellas… Por ello, sin médico no hay medicina, sin plantear el problema no surge el número, sin músico no hay melodía, o sin fe no hay Dios.

Y mira si es así, que ya desde bien pequeña mi hermana volvía tooodos los días del colegio, portando el tesoro a sus ojos de uno de aquellos primorosos ramilletes, que ella sola, iba componiéndose con las distintas floretas que se iba encontrando por ahí, por las calles. En aquellas calles, cada uno de los árboles plantados en los alcorques, se adornaba o con arbustos ornamentales o con plantones de flores; haciéndolas lucir de bonitas -las calles- de una forma que ya quisiéramos hoy.

En aquellos años, el simple primor de las mujeres era lo que las empujaba a plantar flores frente a sus casas: margaritas o cornetas, don pedros o geranios; algunas hasta se atrevían con las rosas. Otras, cultivaban hierbabuena, hierbaluisa o arbustos de laurel, alhábegas, galanes de noche o jazmines… Pasear por mi pueblo, engalanado de esas flores y por esas fragancias, tan humildes pero tan evocadoras, era una experiencia tan deliciosa, que incluso mi memoria olfativa puede recordarla hoy si cierro los ojos y vago rememorando aquellas calles.

Y claro, yo creo que ella heredó ese instinto digamos que materno-estético-vegetal, que la empujaba, con primor, a disfrutar contemplando todas y cada una de las plantas con las que se tropezaba, cual si de verdaderas maravillas únicas se trataran… Aprendía, por puro gusto, sus nombres latinos o cosas como qué tipo de abonos necesitaban; se interesaba por su época de floración, por sus zonas de cultivo, por la duración y el grado de la belleza de sus flores, por la clasificación de sus fragancias…

Y no te digo nada, cuando descubrió casi sin darse cuenta eso del arte floral, o sea, su propia forma, de expresar con detalle la profundidad de algunos sentimientos, para los que casi siempre y si os fijáis, usamos flores… Para las declaraciones de amor o para pedir perdón; para premios, recuerdos, honores; en los nacimientos y en los entierros; en las alegrías y en las melancolías.

Hoy, se ve que todo el mundo sabe lo que es una pérgola, pero recuerdo, la cara que le puse a mi hermana cuando me dijo que ése iba a ser el nombre de su floristería: “¿Nena, qué coño es una pérgola…?”

Y resulta que, encima, te casaste con el jardinero fiel… Dale un abrazo.

Te quiero Nena.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Santi, la Vespa, y la lotería…

Nunca, me ha tocado nada a la lotería ni en ningún otro juego de azar, nunca; salvo, el gran premio de tener la suerte de que uno de mis más grandes amigos, es un queridísimo primo segundo mío, que fíjate tú por dónde también es el lotero de mi pueblo… Bueno, confieso, que cuando tenía no sé si doce o trece años, sí que me tocó en una rifa del colegio un álbum completo de cromos: “El más, y el menos…”

Festero como él solo, sí. Pero era el más elegante, responsable y cumplidor, de todos aquellos cafres que formábamos mi grupo de amigos de juventud: ésos, que nunca dejarán de serlo… Se había comprado una moto: una Vespa 200. Y se le ocurrió, para estrenarla, que hiciésemos los ciento veinte kilómetros hasta la Sierra de Aitana, y que participásemos en mi primera concentración de motos.

¡Venga, vamos, arranca…!

Los primeros cincuenta kilómetros sin problemas; pero fue entrar en la ciudad de Alicante, y negociar una de aquellas rotondas nuevas que estaban proliferado por todas las carreteras, cuando, con la Vespa algo escorada a babor va y me dice: ¡Ostiaaas, agárrate Primo…! Y Pam… Una mancha de aceite en nuestro carril, hizo que pagáramos cara la novatada de entrar algo más fuerte de la cuenta en la rotonda, y termináramos nosotros y la moto arrastrando por el suelo. ¡Coooño…!

Nos sacudimos el polvo y evaluamos daños, comprobando, que solo se había partido por la mitad la maneta del embrague y lijado un poco la parte izquierda de la moto. ¡Naaada…! Su diagnóstico fue que podíamos proseguir sin problemas, porque, aunque fuese con dos dedos sólo de su mano izquierda, podría apretar esa maneta rota y cambiar de marcha sin problemas durante el resto del viaje.

¡Venga, vamos, arranca…!

Sesenta kilómetros después, y ya de noche y helados de frío, comenzamos a subir aquellas cuestas llenas de curvas que se empinaban y se cerraban cada vez más. Tercera marcha, segunda; arreón; tercera, y vuelta a la segunda marcha para entrar en la curva siguiente; y otra vez, y otra… Nosotros dos y el equipaje aupados por aquella bendita y heroica Vespa. Llegó un momento que para negociar aquellas curvas y cuestas, y debido a que los dos dedos y la muñeca de mi primo ya no daban más de sí, tenía que bajarme en marcha para que así pudiéramos seguir subiendo, casi escalando, avanzando, y que no se nos calase la moto.

¡Venga, vamos, arranca…!

No sé ni cuánto tiempo tardamos en plantarnos tan trabajosamente en lo alto de aquella Sierra de Aitana. Noche cerrada era ya… Y claro, veníamos con tantas ganas de fiesta, que del tirón nos metimos en el chiringuito que tenían montado los moteros. Y tantas ganas de divertirnos traíamos, que, en vez de cenar dado que era tan tarde, empezamos con lo de las bebidas bárbaras, con los porritos, y con el rollo y el cachondeo con los moteros… Ya cenaríamos mañana.

¡Vaya nochecita que pasamos allí riéndonos helados de frío…! ¡Qué juerga nos pegamos prácticamente solos…! ¡Qué pedal más chocante pillamos…! El caso, es que ya de madrugada, andamos no más de veinte pasos desde la puerta del chiringuito hasta encontrar un pino, bajo el que dormir metidos en nuestros sacos la mona tan bonita que lucíamos…

Y os lo juro, que nos pareció que transcurrió solo un instante, cuando al fin nos despertó el escándalo de las motos, el olor a Castrol, y el rumor del ir y venir de la gente pasando casi por encima de nosotros debido al trasiego del chiringuito… Desperezándonos, comprobamos que eran más de la una del mediodía y que la gente lo que estaba era yéndose… Todo, había terminado.

Jajajajaja… ¡Venga, vamos, arranca…!

Él, no sé si se acordará pero yo sí. Siempre, fue mi primo un ejemplo de sinceridad en el trato y de cómo ser un caballero. Y por eso, recuerdo cuando no se estilaba eso de regalar a los clientes en Navidad, pero él, con veinte añitos poco más o menos, se empeñó en convencer a su padre Don Mariano con la innovadora idea de regalar vino en esas fechas. Y su padre le hizo caso, sí, pero compró unas botellas para regalar, digamos que no muy… Menudo berrinche cogió mi primo al ver la birria de vino que estaban regalando. Sería el año 88 o 89, más o menos.

Y aparte de por otras muchísimas cosas, para mí, mi primo, es el mejor lotero del mundo porque pese a que llevo más de diez o doce años sin comprarle absolutamente nada, todos los años me toca. Todos los años me regala una botella de vino mejor… Seguramente nunca me tocará la lotería porque no compro casi. Pero no encontraría a nadie, nunca, con más gracia a quién comprársela ni con más ganas de hacer el bien a los demás, que a mí primo.

Así que, suerte…

Te quiero Santi.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

AYER SE MURIÓ MI AMIGO

Historias de Paco Sanz

Ayer se murió mi amigo. Hace mucho que no nos veíamos, pero sabíamos el uno del otro. Se acercaba a los ochenta. El yuyu le dio en el coche. Volviendo de trabajar. Le dio tiempo a pararse, bajarse y morirse en la calle. Sin haber dejado nunca de luchar, con las botas puestas, como se moría la gente en la películas del Oeste que veíamos de jóvenes. Siempre había contado con ello. Lo de de morte subita liberanos Deo siempre nos pareció una majadería.

Suscribíamos mejor aquello de que el que ama el peligro perece en él. Dicho de otra manera: “Los que tomen la espada perecerán por la espada… y los que no la tomen por enfermedades malolientes”. De joven había destacado en lucha grecoromana, y en la Universidad “sacamos” las marías tirando a pistola. Tener un amigo más valiente que uno anima mucho. Me enseñó a dar la cara. Era un artista en evitar las confrontaciones que podían acabar siendo violentas en unos entornos en que eran muy posibles.

En muchas cosas me recordaba a Mishima. Mishima vivía de manera que jamás, pudiera encontrarse en el brete de tener que defenderse echando mano a la espada… ¿Hay alguien que desee después de todo siempre el triunfo? Solamente aquellos seres de probada estupidez, aquellos seres mezquinos… Este sabio a pesar de su ejemplaridad jamás asumiría liderazgo alguno. Estos sabios no persiguen cambiar el mundo, sino que cambian los mundos, tal como urgía San Francisco de Asís a sus discípulos.

Entiendo la admiración de Federico por Ignacio Sánchez Mejías, el torero. Recuerdo a este respecto unos versos de otro poeta: “La mano del piadoso nos quita siempre honor;/ mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador./ Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;/ escudo, espada y maza llevar bajo la frente;/ porque el valor honrado de todas armas viste:/ no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste”.

Es algo como lo de antigua nobleza. Que el mucho andar a caballo a unos hace caballeros y a otros caballerizos. Por decirlo de otra manera: “El noble sigue siendo noble aunque sea un pésimo espadachín, mientras que el mejor espadachín no se convertirá por ello en noble”.

Hay algo en la manera de moverse de los que saben defenderse, que recuerda a la manera de andar de un corredor. Los maestros de esgrima dicen a menudo: “Demasiada fuerza” porque la esgrima es una suerte de cortesía. Cualquier cosa mínimamente brutal y arrebatada es descortés: los signos son suficientes; la amenaza es suficiente… una taza de té sostenida en la mano civiliza a un hombre. El maestro de esgrima juzgaba a un tirador por la manera de remover la cucharilla en la taza de café, sin hacer un movimiento de más.

¡Ay! “Los caminos del recuerdo/ se pierden detrás de mí/ y no puedo recorrerlos./ No puedo volver a verlos,/ ni a soñarlos, ni sentir/ su lejanía de tiempo./ ¡Ay!, lo pasado se ha muerto/ en mi corazón, dejándome/ sin memoria el pensamiento.

Historias de Paco Sanz

SE HAN MASCULINIZADO

Historias de Paco Sanz

Me gustan las personas, las feministas no tanto, qué le vamos a hacer. La incorporación de las mujeres al mundo del empleo y del sueldo (porque trabajar en lo que hay que trabajar, cuidando, eso siempre lo han hecho) ha sido un desastre. La medicina y la sanidad es lo que más ha mejorado por su incorporación al mercado laboral. En otras cosas se ha cumplido la vieja amenaza: más que conseguir introducir la inteligencia y la delicadeza femenina en el entorno laboral, ellas se han masculinizado. Y la educación de los niños y el cuidado de los viejos, “personalizados”, en casa, se ha vuelto imposible.

Mi generación ha sido testigo de todo el proceso. Mis hijos pudieron ir “tarde” al colegio porque su madre pudo dedicarse a criarlos, e incluso a traer algo de dinero a casa trabajando fuera, porque sus padres vivieron esos días de crianza con nosotros. Morirían en un entorno doméstico. También habían criado a sus hijos con abuelos en casa. Sin embargo, mis padres, ni admitieron a los suyos en casa ni vivieron con nosotros más que en vacaciones. Murieron en residencias.

En la ciudad donde he ejercido la medicina durante más de cuarenta años, asistíamos a mucha gente de los pueblos cercanos. Los más mayores habían sido pacientes de mi padre, incluso alguno de mi abuelo. Cuando les decía que mi padre había perdido la cabeza, que mi madre ya no podía con él ni a pesar de tener ayuda en casa, y que habíamos decidido que estaría mejor en una residencia después de muchas dudas sobre todo por parte de la familia que vivía en otras ciudades, me decían que habíamos hecho bien… Sin embargo venían a la consulta con sus hijos, me hacían ir a su casa para visitarles, y estaban peor que mi padre pero los aguantaban en casa, incluso los que tenían más dinero que nosotros. Cuando veía a las nueras pensaba en la sopa de amapolas, y en el dejar dormir al abuelo de las matronas romanas, cuando la eutanasia, la buena muerte, se cocinaba en casa.

Mi madre sin embargo, maternalizó las relaciones con sus hijos hasta el final. No quiso venir a vivir con nosotros para no darnos la lata, cuando le llegó la hora de los pañales y la silla de ruedas, ingresó en una residencia “pues tenía dinero para pagársela” Y yo no podía dejar de ir a verla casi cada día. Porque con la mala conciencia sí me quedé. La cuestión era para ella: que nosotros estuviéramos bien. En comparación con otros padres, cuya longevidad y dependencia caen como una losa sobre los hijos ya mayores, ella nos lo puso muy fácil.

Marx acababa sus obras con un DESAM: Dixit et salvavi animam meam. En mi caso cada vez que doy por acabado algo de lo que escribo debiera poner RQTQS: recuerda que tienes que suicidarte, como hacía una escritora cuyo nombre prefiero no recordar, y que efectivamente acabó suicidándose. Digo esto por ver si así, si llego a tener que optar entre ser un deber penoso para mis hijos o hacerme cuidar por extraños, conserve la suficiente voluntad y memoria como para acabar conmigo.

La verdad es que las personas que les ha tocado hacer de mujer últimamente lo han hecho muy mal. Somos demasiados porque ellas lo han permitido. Lisístrata, la de Aristófanes, propuso una especie de huelga sexual: no acostarse con los hombres que fueran a la guerra. Se ha quedado como personaje de una comedia. Además, seguimos creciendo y multiplicándonos como animales. Porque nos encantan los niños.

Las instituciones imperantes siguen creyendo, en la primacía y la eficacia del crecimiento económico como indicador clave del bienestar del sistema, incluso a la luz de unos recursos en continua disminución. No sería necesario, según este dogma, aceptar la realidad de que un crecimiento económico en continua expansión, es en realidad un absurdo en un sistema finito: algo ridículo, y que pronto acabará, incluso aunque los activistas no hagan nada para oponerse a él.

Historias de Paco Sanz

BESTIAS

Empezó a anochecer y buscábamos desesperados un lugar seguro donde protegernos de aquellos bichos. El estado de la rodilla y sobre todo del tobillo de mi compañero, no nos permitirían regresar a tiempo al campamento, y sabíamos, que era de locos quedarnos por ahí a la intemperie y completamente expuestos. Toda la tarde llevábamos cagados de miedo en medio de esos páramos, huyendo y esquivando como fuese el peligro, de cualquier tipo de contacto con aquellas bestias, oscuras, grandes, y tan agresivas… Nos habíamos equivocado de ruta de vuelta, y lo teníamos francamente muy mal porque en aquel secarral, solo habían olivos, matorrales y encinas. No había cueva, refugio, cobertizo o abrigo alguno, donde poder pasar una noche a salvo de los ataques de esas alimañas.

Pese a que solo nos quedaban seis u ocho kilómetros, era imposible completarlos sin que nos los cruzásemos; y eso, y a oscuras, resultaría mortal. Con el último arrebol de la tarde llegamos, menos mal, junto a un olivo enorme al que me encaramé encontrando por suerte, y a una altura suficiente como para mantenernos a salvo, dos fuertes ramas casi paralelas sobre las que podríamos acoplarnos de alguna manera, y apañarnos, para pasar esa noche como fuese.

Habíamos sido previsores y llevábamos una mochila cada uno: él con la comida, sacos y abrigos, y yo con el botiquín y los aperos de montaña. Pude aprovechar aquellas últimas luces anochecidas, para inmovilizar y vendar el tobillo de mi compañero. Luego, no sin mucho dolor, logró subir y acomodarse penosamente en aquellas ramas, apoyando el cuerpo contra el tronco principal hasta quedar en una posición razonablemente cómoda, como para pasar las horas que nos esperaban bien agarrado, o atado si hiciera falta, a la ramas de más arriba… Una vez aupadas también las mochilas subí yo; y no sé si fue debido al canguelo, pero me pareció que justo en ese momento nos invadió, engulléndonos por completo, la oscuridad espesa de aquella noche zahína sin luna.

Y fue al encender estúpidamente la linterna mientras nos abrigábamos, cuando empezó todo. Como bobos habíamos delatado nuestra posición, y comenzamos a oírlos acercarse, despacio. Completamente a oscuras sentíamos sus resuellos, el golpe de sus pisadas, pesadas, acercándose, cercándonos… Y empezaron aquellas tremendas embestidas contra el tronco de nuestro refugio. Cada cierto tiempo, como si pareciese que se turnaran, se acercaba uno de ellos para arremeter contra el árbol y nuestro ánimo, una y otra vez… Oyéndolos durante horas bufar al recular para volvernos a embestir.

Y así estuvieron durante casi cuatro horas, hasta que seguramente se ve que decidieron sin más, que mañana más, que ya estaba bien… Y cejaron en su empeño, yéndose también sin más.

¿Alguna vez habéis dormido como los monos, o como los pájaros, sobre una rama…? Jajaja nosotros sí; maldormimos, pero sí… Recuerdo que, una vez asegurado al tronco con una cuerda por debajo de mis sobacos, y totalmente vencido por el cansancio y el sopor del sueño, más de una vez me desperté alarmado y al punto de caerme, abrazándome con instinto no sé si de pájaro o de mono, a una de aquellas ramas.

Y como hubiera sido insensato bajar antes de que amaneciese, lo más chocante del caso es, que volvía a dormirme como un lirón careto cada vez que me despertaba; como intentando aprovechar el sueñecito de aquellas tres horas, y aunque estuviéramos arriba de un árbol.

¡Cómo somos los dormilones…!

¡Vaya nochecita la que nos dieron aquellos putos toros bravos…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PALABRA PENSAMIENTO

Ningún escritor puede plasmar en palabras, ni absolutamente toda la profundidad de sus pensamientos ni por completo todos los recovecos de sus sentimientos. Ninguno, por genial que sea. Es imposible.

Se puede pensar y sentir, tanto agarrando el volante de un camión como atando las cordoneras de unos zapatos; también escalando una montaña, rezando afligido, o follando apasionadamente. Toda tu vida puede pasar por tu mente en un instante al experimentar una grave experiencia vital: justo antes de chocar con violencia en aquel accidente con tu coche, en aquellos momentos antes de saltar por vez primera en paracaídas, o cuando te enteras de la muerte de tu padre.

Mi Maestro Paco Sanz siempre lo dice: que los humanos creemos que pensamos y sentimos mediante palabras; que pensamiento y sentimiento son en esencia vocabulario. Pero él afirma que no es así, que no es tan fácil; que los pensamientos y sentimientos no se componen, no están hechos de palabras. Que para ser en verdad pensamientos, éstos necesitan tomar otra forma diferente, mucho más sutil aún que la del simple verbo… Que el pensamiento, para expresarse de verdad, precisa otros soportes digamos que más holísticos, más complejos y subconscientes, más universales y comprensibles, más, que la sencilla palabra articulada o escrita en cualquier idioma.

Uno de los ejemplos más palmarios que demuestran esta teoría, es que muchas veces, sabiendo nuestro pensamiento perfectamente lo que quiere decir, nos quedamos sin palabras… Otro de los argumentos a favor de esta idea es el hecho comprobado, de que nuestros ancestros homínidos, pese a que carecían de un lenguaje estructurado eran de sobra capaces de pensar con hondura, de transmitir con precisión sus habilidades, y de compartir con los suyos tanto los matices de sus sentimientos como los detalles de sus pensamientos. Y todo ello, casi, sin lenguaje.

En este mundo, en el que un inquietante por elevadísimo número de gente, sobrevive toda su vida con poco más o menos ochocientas palabras en su vocabulario, no se pueden pedir milagros. De quién es la culpa es otra historia. Y claro, nadie puede dar lo que no tiene, ni enseñar a otros aquéllo que ignora.

El caso es que por todo ésto, y como siempre he tenido la sensación y el temor de no estar siendo del todo un buen padre, me reconcilia conmigo mismo el hecho de, al menos, haber influido de forma determinante para que mi hija empiece a leer a Juan Manuel de Prada… Ha comenzado leyendo mi regalo de cumpleaños: “Cartas del sobrino a su diablo”.

Según me dice “está flipando” con un diccionario en la mano ¡Cómo me alegro….!

Tiene diecinueve años recién cumplidos, y claro, Juan Manuel de Prada muy bien podría parecerle un carca cincuentón, un beato caducado, un escritor barroco, trasnochado, que no habla como se debería hablar hoy de sexos y violencias moñas. Pero el caso es que escribe con tal dureza que es como si, dándole igual, vomitara sobre el mantel blanco de una mesa de lujo llena de comensales ricos y borrachos. Ahí queda eso: si hemos bebido éste es el resultado. ¡Es-cán-da-lo…! como decía Raphael.

No sé qué cosas ni cuántas, voy a poder legar a mis hijas; pero el que se interesasen por la lectura, por la literatura, y así, por conocer a sus prójimos en profundidad, sería una de esas cosas que sí me gustaría dejarles, inculcarles; y que luego recordaran de mí…

“Tal vez el mal, después de todo, no tenga la última palabra…”

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL SUEÑO

Historias de Paco Sanz

Dormir bien es como cagar bien, claves para envejecer bien. La primera queja que reportan los geriatras: el estreñimiento; la segunda, el insomnio. De que se nos vaya la cabeza suelen quejarse los demás. Mi filósofo de cabecera dice que es difícil dormir bien, que para ello hay que estar bien despierto todo el día. El gaucho lo tiene más claro: “Cada vez que considero/ que me tengo que morir/ tiendo mi capa en el suelo/ y me “jarto” de dormir”.

Cuando era niño iba a la iglesia, de joven fui al mar. De niño dormía bien, pero tuve que hacerme a la mar para poder entender lo de rezar. De mayor leí: “Quien no sabe rezar debe ir al mar/ y quien no sabe dormir a la iglesia debe ir”. En mi caso fue exactamente así. No me he atrevido a decirle nunca a un paciente que rece para dormir, la religión y la medicina deben guardar las apariencias, y mi alegre travesura no da para tanto. Aunque bien recuerdo una oración de Unamuno: “Méteme, Padre Eterno, en tu pecho,/ misterioso hogar,/ dormiré allí, pues vengo deshecho,/ del duro bregar”.

En los sin techo puede observarse como la necesidad de espacio para dormir se acerca al mínimo; una caja de cartón sobre la cabeza puede valer para señalar la demanda de espacio del durmiente. Del más famoso de los sin techo se ha transmitido ese dicho: “Los zorros tienen cuevas y los pájaros del cielo tienen nidos: pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. ¿Qué significa esto? Quien es sostenido por una hiperinmunidad esférica (et non sum solus, quia pater mecum est) no estoy solo porque mi Padre está conmigo; no exige un lecho propio, pero sí un cobertor paradisíaco.

Para conciliar el sueño a veces hay que tomar pastillas, más veces de lo que quisiéramos confesar, los efectos secundarios de las pastillas para dormir son menores que los de no dormir, eso no se lo puedo contar a los que duermen bien, aunque es algo que no cuesta mucho venderle a los insomnes. Un insomne es alguien que toma somníferos. Que depende de ellos para dormir.

También ayuda a dormir bien el olvidar bien. O al menos el tener esperanzas. Una vez leí de un experimento, en el que los participantes que completaron una lista de quehaceres pendientes antes de acostarse, conciliaban el sueño, de media, 16 minutos después de apagar la luz. En cambio los que se quedaron pensando en el pasado, necesitaron de promedio, 25 minutos para dormirse. Cuanto más específica y extensa era la lista de actividades por efectuar, antes cerraban los ojos los voluntarios.

La más temprana experiencia humana es la carencia. Carencia de oxígeno, que ciertamente activa el mecanismo respiratorio, pero no sin un sentimiento de asfixia. La segunda sumirse en el olvido: dormir por vez primera, como todas las venideras, es “regresión al estadío de mágica omnipotencia alucinatoria en el cuerpo de la madre”. Dormir es sucedáneo de prenatalidad. Cada uno se defiende, con sus sueños de “nacer” a un mundo de deseos imposibles de cumplir: se defiende de despertar. Dígase lo que se diga, el instante más feliz de las personas felices es el de dormirse, y el más infeliz de las personas desgraciadas, el de despertarse.

El sueño es como un segundo apartamento que tuviéramos, y al que fuéramos a dormir, abandonando el nuestro. En una poesía que Juan Ramón dedicaba al agua soñada, recuerdo mi dormir cuando navegaba: “El dormir es como un puente/ que va del hoy a mañana./ Por debajo, como un sueño,/ pasa el agua”.

Por volver al de la cabeza de pólvora, al poder anfetamínico de su retórica:”¿Qué hacer para estimularse cuando uno está disgustado y fatigado de si? Uno recomienda la tabla de juego, el otro el cristianismo, un tercero la electricidad. Pero lo mejor querido melancólico, sigue siendo: dormir mucho, en sentido propio y en sentido figurado. ¡Así se reencontrará la mañana! El punto de apoyo en el arte de vivir consiste en intercalar en el buen momento el sueño bajo todas sus formas”.

Historias de Paco Sanz

MI SOCIO

No siempre puedes decir que le has cambiado los pañales a uno de tus colegas. Es extraño, lo reconozco. Pero por eso le conozco tan bien, y encima lo quiero casi como a un hijo; pero insisto, casi: no es mi hijo, aunque quizá sí el mejor si no uno de mis mejores amigos. Una especie de socio especial.

— Eres un cascarrabias, siempre me estás riñendo.
— Muy bien, a partir de ahora me vas a dar igual del todo, completamente igual; no me importarás nada, como si fueras un crío cualquiera de los muchos que me cruzo cuando voy por ahí, por la calle…
— Vaaale, ríñeme.

El socio, es una figura que se ha ido perdiendo pero que yo reivindico. Ya no confiamos lo suficiente los unos en los otros para tal grado de relación; para, como dice el castizo “jugarte los cuartos” con él o por él. ¡Ay la confianza…! Como mucho, tenemos buenos amigos, pero con los que llevamos el cuidado de no jugarnos nada verdaderamente importante, y que podamos perder además de a ellos mismos; o conocidos sin más, tal vez colegas de infancias, de ciertos gustos o profesiones; pero ya, casi nadie tiene un socio… Yo, sí.

Como sus padres estaban separados casi desde antes de que él naciese, recuerdo con qué ternura me preguntó ya con cuatro o cinco añitos, que qué era yo de él… Si algo así como un tío suyo, tal vez como una especie de padre postizo, o quizás un abuelo extra; no lo tenía claro el pobre. “Nada de eso, yo soy tu socio…” Se lo dije tal y como me salió. Y ahí se quedó la cosa. Yo, salí del brete dialéctico de explicarle al crío, que amo a su abuela y vivo con ella pero no soy su abuelo; que lo he criado y le riño a diario pero no soy su padre; y que lo quiero muchísimo pero que él no es nada mío. Él, era ni más ni menos que mi socio.

Me deshago de cariño cada vez que recuerdo la inocente expresión en su carita, al hacer como que entendía aquéllo que yo le intentaba decir con lo de socio… Luego, me abrazó con mucha fuerza…

Qué bonito, qué gracioso y qué entrañable. ¡Quiero a ese chico…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DESDE EL OSTRACISMO…

¿Realmente nos comportamos como seres humanos en las redes sociales, o como simples muros en los que rebotan porque nos la sudan, las cosas que pasan ante nosotros? Así, sin más, deslizamos había arriba nuestro dedito índice… ¿Es culpa nuestra, de nuestro nivel cultural, moral, o lo es de ésas mismas redes sociales…? ¿Éramos así ya antes: así de fríos y de lejanos…?

Entonces, a la solidaridad se la llamaba piedad, a la ayuda compasión, y a la necesidad socorro… España, sola, y en unos tiempos en los que no había ni democracia ni autonomías ni subvenciones ni bancos; en los que de tan pobres no habían ya no lujos sino siquiera caprichos; y en los que sólo había un político que encima decía aquello de “haga como yo, y no se meta en política…”

Tiempos durísimos, en los que a la desigualdad se la llamaba pobreza; simplemente pobreza… Aquella pobreza desoladora que campaba a sus anchas; pobreza vital, mental, terrible, total.

Pero por otro lado, cuentan mis padres y contaban mis abuelos, que en sus tiempos de niñez, o de postguerra y de verdaderas necesidades -finales de los pasados años cuarenta- ningún vecino que se lo podía permitir consentía, que se pasase hambre ni necesidades cerca de él -en su red social diríamos hoy

Nunca, esperaban ayuda externa ni por supuesto subvención alguna, ni a que vinieran del ayuntamiento o de tal o cual ONG, para apiadarse y ocuparse de sus prójimos; se apiadaban y ocupaban ellos mismos; solos… Todos, tenían a algún paisano menesteroso al que dar de comer, de vestir, o al que dar trabajo; gente, con hijos a los que ayudar o bien pagando sus estudios, o procurándoles cobijo e incluso buscándoles futuro…

Y sí, vale. Las redes sociales han venido para quedarse. ¡Vaaale…!

Los seres humanos siempre hemos buscado, hemos pretendido, o hemos intercambiado algo; nos ha pasado desde siempre… Pero ahora, con tanta inteligencia artificial rondándonos, tanta publicidad agresiva, tanto algoritmo tramposo y tanto bot espía, la verdad es que ya no sé, si considerar como humano a todo aquello que interacciona, usa o comenta, controla, censura o infecta, el feisbuc éste, y por ende casi todas las demás redes dizque sociales…

Y yo, como soy perro viejo y ya en el 2008 estaba en el rollito éste del feisbuc, recuerdo, cuando no era así ni mucho menos. Nos han tangado… Nos están dando gato por liebre encerrándonos, en un corralito ideológico en vez de disponer de una verdadera red social libre. Sufrimos una censura descarada, en vez de disfrutar de una verdadera forma de comunicación. No sé porqué, nos estamos conformando con una dictadura de pensamiento y por ello de palabra y obra, en vez de luchar por conservar una democracia libre de opinión y expresión…

Cómo el hámster, que histérico al no concebirse fuera de su jaula, cree que quizá es libre porque corre moviendo la rueda de la noria… Y lo que no sabe el pobre hámster es, que lo único que hace en realidad, es servir sólo de entretenimiento a los dueños de la jaula.

Ahora, que me liberado yéndome de feisbuc, y he comprobado que muchos de vosotros todavía me buscáis y me leéis; he de daros la gracias y de confesaros que para mí, cada uno de vosotros sois un verdadero lujo…

Las estadísticas de mi blog dicen, que si bien por negarme a pasar por el aro censor del feisbuc he perdido a más de la mitad de mis lectores; también es un hecho que sois todavía muchos, los que sin pasar por ese aro, parece que seguís queriendo más…

Estando en feisbuc, cada día, me leíais más o menos unos doscientos de vosotros… Y parece ser que ahora desde éste mi ostracismo voluntario, todavía me buscáis todos los días, compartís mis escritos, y me leéis, unos ochenta o noventa. Más o menos, unos veinticinco mil al año…

Lo que yo digo: sois todo un premio.

Gracias, gracias, gracias…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

INMIGRACIÓN ILEGAL

Bungalows Vistaflor. Gran Canaria.

Lo mejorcito de cada casa…

Españoles

Que estemos alojando intrusos ilegales (me niego a llamarles inmigrantes) ni más ni menos que en hoteles, con las excusas primero de que los centros de acogida están saturados, y segundo porque así, además, los trabajadores de esos establecimientos no pierden su trabajo, es de imbéciles, de estúpidos suicidas… Cosas así, no se le ocurren ni a aquél que asó la manteca, ni al que vendió el coche para comprar gasolina, y ni siquiera, a ése otro que dicen que era más tonto que Abundio…

Lo primero que hacen esos intrusos ilegales en el hotelito, una vez que se han duchado, puesto la ropa limpia que les dan y de comida hasta las trancas en el bufet libre, lo primero que hacen repito, es tumbarse a la bartola a media mañana ya tranquilos en una de las tumbonas de las terrazas, y llamar sin falta a sus familiares para convencerles de que se vengan echando ostias pa’cá… Que ésto es Jauja.

Y quién paga semejante despropósito y a quién beneficia, convendréis conmigo que está muy claro. ¿No…?

La ignorancia

La cobardía

La traición

La maldad

Repetid conmigo: ¡Somos giiilipollas, Somos giiilipollas, Somos giiilipollas…!

– Otra vez: ¡Somos giiilipollas, Somos giiilipollas, Somos giiilipollas…!

– Y una más: Vaaamos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

La costumbre de mi abuelo…

Historias de Paco Sanz

“Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir”. Eso se repite el cartujo en el recogimiento de su celda. Está a veces encantado, y a veces espantado por eso. A mí me pasa también con ella; ella, a veces ella, esa persona, y a veces la vida entera. A ella no me une sólo el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto.

Por seguir con la costumbre de mi abuelo, y su manía de hacer pareados, o de hablar siempre de un modo poético, proverbial: El “Ser” que puede ser comprendido, es lenguaje. El lenguaje que se ha quedado sin “Ser” se convierte en charlatanería. Hace falta mucho silencio para que la frase se haga proverbial. Para que llegue a su “altura”.

Recordaré siempre a un niño que una vez, le dijo a su abuelo cuando yo estaba hablando con él: “Abuelo, este señor habla como si estuviera leyendo un libro”. Y su manera de decirlo. Ya me gustaría a mí escribir como si estuviera hablando con ése niño, que por todo lo vivido, nunca he dejado de ser. Pero lo que hago es escribir como si estuviera prestando por fin atención a la música, como si estuviera andando, un poco como el que sale a darse una vuelta, para despejarse.

Pienso que la buena escritura, la buena música, invitan a levantarse, a ponerse en marcha, a ponerse a bailar. Se escribe con la mano, pero se da testimonio de lo bien que se lee con el pie. Leyendo o escuchando música hay que darse cuenta de que el pie levanta la oreja. Los dedos del pie se levantan no sólo para andar sino para leer, para escuchar.

En uno de los paseos que me di este verano, vi a un viejo leyendo un libro en un banco del parque. Lo hacía sin gafas, por deformación profesional pensé, a ése ya le han operado de cataratas, y bachiller que es uno me fijé en el título del libro: “Ética”. No me costó mucho identificarlo porque es un libro de esos que adornan mi biblioteca y de los que nunca he conseguido deshacerme. Una persona leyendo a Spinoza, en el parque, con mascarilla y todo, ¡qué nivel!

Un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas a los viejos, sobre todo con retardos de larga duración y con distracciones invalidantes durante ellos, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos número neuronas porque se hayan muerto.

La filosofía o la poesía no se estudian, se leen. Lo del estudio tiene un tono muy solemne. Estoy estudiando a Dante suena a mucho más, que estoy leyendo a Dante; en realidad es mucho menos. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido, para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información, en un caso que en otro.

Nos seduce, nos espanta, el Señor o ella, mi vida, del mismo modo. La amo.

Historias de Paco Sanz

Tiempos de autostop

En aquélla, la época de la confianza, y para los que no teníamos vehículo, viajar haciendo autostop era algo muy común, y que nos permitía con cierta facilidad y de forma bastante efectiva, movernos con una falsa sensación de libertad por ahí por el mundo… Confiados, dábamos tumbos de coche en coche; de desconocido en desconocido… Hoy, ciertamente sería algo impensable.

Era una fresca y ya muy cerrada noche de viernes, a finales de septiembre, y hacía autostop a la vez que caminaba de vuelta a mi pueblo. Serían casi las once… Me había parado, situándome bien a la vista, bajo la zona iluminada por el haz de la luz mortecina de una farola solitaria, en el arcén de aquella carretera ya muy a las afueras de Torrevieja. Allí veraneaba mi novia y yo volvía de pelarle la pava… Había hecho el viaje de ida por la mañana en autobús, pero preferí aprovechar el trajín de la gente, de marcha en la carretera y moviéndose de aquí para allá un viernes por la noche, para volver a mi pueblo como tantas otras veces hacía; gracias a la suerte y a la amabilidad de algún samaritano al volante…

El año anterior, durante mi servicio militar, había estado volviendo a dedo casi todos los fines de semana de Madrid hasta mi casa. Tuve la gran suerte, de un día hacer buenas migas con un camionero murciano, que se ve me cogió cariño y por ello se ve que también cogió la costumbre, de esperarme sin falta todos los viernes de la una hasta las tres de la tarde, para ver si yo aparecía por aquella vieja gasolinera de la plaza de Legazpi y bajarnos juntos hasta Orihuela… Yo, le conseguía algo de hachís gratis, y él, encima, me invitaba también a merendar en alguna de las paradas que hacíamos durante el viaje… Cuatrocientos cincuenta kilómetros; más de siete horas juntos por aquellas carreteras nacionales… Un gran tipo.

Por fin, paró aquel Seat 127 azul oscuro, dos puertas, del que se bajó el copiloto reclinando el asiento diríase que como con algo de prisa, y haciéndome gestos para que entrara y me sentara atrás. Les di las gracias, aparté una especie de palo que había en el asiento, me senté, y arrancamos… Eran dos tipos jóvenes, normales, de los que no recuerdo casi nada salvo cierto mal olor en el coche y un clarísimo acento murciano. Noté eso sí al principio del viaje, unas extrañas miradas entre ellos y un incómodo silencio. Al buen rato, fue el conductor el que rompió la aspereza de aquel silencio al decirle a su amigo que se hiciese un porrito y preguntarme, si yo fumaba hachís… Y sí, fumaba.

Sonaban los Amaya en el radiocasete: “¡Vete, me has hecho daño, vete…! lejos de aquí, ¿qué quieres de mí…?”

¡Qué cosas…!

Me extrañó no ver al copiloto calentar la china antes de liarse el canuto, pero no le di más importancia cuando me lo ofreció para encenderlo. Desde la primera calada noté un sabor metálico y bastante extraño que atribuí a chocolate de mala calidad; cosa que, por educación y ya que yo era el invitado, ni siquiera les comenté a aquéllos mis amables y enrollados benefactores…

Pero fue en el momento en que tras unas caladas le devolví el porro, y me eché hacia atrás recostándome en el respaldo del asiento trasero, cuando noté el trancazo, el ciego, el pavo que me subía… Parecía que de momento me hubiese hincado entera una botella de vino tinto; todo me daba vueltas. Yo, estaba más que acostumbrado a fumar de todo, beber de todo, y hasta que se acabase todo y del todo… Pero aquel pedo, ese ciego tan espeso, semejante curda, no la cogía yo tan fácil así con tres o cuatro caladas de porro. Ni mucho menos. A saber qué coño era aquéllo

En aquel momento, aturdido, me di cuenta de que el coche abandonaba la ruta lógica para llegar a mi pueblo, desviándose por un caminucho a la derecha; oscuro por completo… Mareadísimo, no sé cuánto tiempo pasó hasta que pararon los tumbos del coche por aquel camino; fue entonces, cuando aquellos dos crápulas se volvieron hacia mí, casi al unísono… El copiloto era el que esgrimía la navaja, mientras el piloto gritaba que me rajarían de alto en bajo si no les daba toda la pasta que llevara encima ¡Pero ya, ostias…! ¡Vamos, vamos…!

Recuerdo muy borrosamente las caras que al mirarse pusieron, cuando al entregarles sumiso y ciego perdido mi cartera, comprobaron que llevaba escasamente el equivalente a cinco pavos actuales. Ternos, blasfemias, amenazas… ¡Bájate coooño…! ¡Que te baaajes…! ¡Ostiaaass…!

Con el ciego tan bonito que llevaba yo, recuerdo que era como si, en una nube, me la sudase todo el capullo. Y no sé porqué, agarré el palo… Ya estaba claro que aquellos dos gañanes, ni pretendían ni creo que podían hacerme mucho daño. Solo querían lo justo para un pico, o de lo contrario no hubieran subido al coche a un matao sin un duro encima. Y además, a estas alturas, ya habrían usado la navaja…

El caso es que con las puerta abiertas del coche, con aquellos quincallas gritándome como locos para que me bajara, y parapetado tras los asientos delanteros, me sentí como un gato atrapado pero seguro, apestillado en la parte de atrás de aquel coche y con un palo en la mano… Con el subidón que llevaba no sabía yo, siquiera dónde estaba; y ni de coña estaba dispuesto a quedarme allí tirado no sé dónde y en completa oscuridad… Yo no era ningún alfeñique, y serían ellos, los que tendrían que bajarme por la fuerza…

“¡Y una mierda…!”

Lanzándoles todo tipo de tarascadas desde el asiento de atrás cada vez que intentaban acercárseme, tuve la ocurrencia de decirles que yo ya había cooperado, coño… y que lo mínimo que podían hacer si no eran un par de hijosdeputa sin entrañas, era dejarme en un sitio donde yo al menos, me aclarase para llegar aunque fuera a rastras a mi casa…

Al final, no puedo decir que llegásemos a un acuerdo sensu stricto… Pero ¿cómo llegué a mi casa? ésa, es otra historia…

Sólo sé, que al poco me compré un coche…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¡Qué tiempos éstos…!

La primera potencia mundial dicen que son, y lo son sin duda; todavía lo son…

En 1977 ellos solitos lanzaron la Voyager 1 que hace ya bastante tiempo -en 2012- traspasó los 19.000 millones de kilómetros que delimitan la heliopausa: los inicios del espacio exterior, fuera de cualquier influencia gravitatoria o lumínica de nuestro Sol… Fueron capaces ellos solitos, de poner un disco de oro puro grabado con información humana esencial, en una nave espacial-especial, que ya viaja rumbo a otros mundos ajenos a los de nuestra Mater stella

Mira, que ahora envían también unas sondas espaciales de tecnología fabulosa, a Júpiter, a los anillos de Saturno, y hasta a Caronte y otras lunas de vete tú a saber dónde… Por no hablar de esos ingenios mecánicos polifacéticos, que hollando suelos extraterrestres, tanto asombro y tanta ciencia están descubriendo justo en el patio de atrás de nuestra casa la Tierra: Marte…

¡Qué cosas…!

Serían capaces de oír si quisieran, hasta la mínima huella sísmica de la caída de una maceta en el otro extremo del mundo. Pueden detectar cualquier pequeño asteroide, y medir con precisión relojera su orbita a no sé cuántos cientos de millones de kilómetros de distancia…

Pudieron, hace cuarenta años, localizar y recoger a salvo a unos tipos caídos en medio de la inmensidad del mar, a los que antes habían enviado de excursión científica a la Luna gracias a llevar una bomba en el culo, y metidos en una nave espacial-especial diseñada para tal propósito…

Ahora mismito están preparando en la Luna parece que bases habitables, y preparando los portes: posibles nuevos viajes rentables a la Luna… Han encontrado algo de agua y por ello algo de posible energía utilizable, dicen… Y también dicen, que quieren promover el turismo dizque lunar, y aprovechar de paso ciertos recursos minerales y tal…

Pues coño, yo creo, que por todo lo anteriormente expuesto no debería serles tan complicado, el contar, en el siglo XXI, los poco más de ciento y pico millones de votos ciudadanos que vota la primera potencia mundial… ¿No?

¿Más de doscientos años votando, y ahora resulta que no se aclaran con un ábaco en las manos; que no saben contar…? Yo no me lo creo. Y sí, ya sé que todo esto ha pasado antes. Sí, pero no así: con estas herramientas nunca…

Que no nos engañen: “Si ves las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar…” Y más aún, si es el vecino que lleva la pistola y tiene el dinero…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

COMITÉ CONTRA LA DESINFORMACIÓN

¿¿CÓOOMO…😳??

Pues no que, después de que un troll energúmeno se cansara de llamarme fascista de mierda entre otras muchas lindezas, y justo en el momento que yo me defendí calificándole de mierda roja y asegurándole, eso sí con corrección, que de tan maleducado le saltaría los dientes si lo tuviera enfrente, va el feisbuc e ipso facto me bloquea la cuenta… Hasta ahí podría entenderlo, por voceras que soy. ¿Pero qué curioso…? sólo me la bloquean a mí.

Unos, usan constantemente y sin recato la mentira, el odio larvado, la desmemoria histórico-democrática, y el burdo insulto… Y resulta que otros, no pueden siquiera defenderse usando exabruptos parejos a los que reciben, porque son bloqueados siempre y al instante como si fueran niños castigados a la silla de pensar.

Ya estoy hasta el capullo de esta red social convertida en asocial, que como araña te atrapa en su tela pegajosa, y una vez inmovilizado al embobarte con tanta basura ideológica y publicitaria, finalmente se alimenta sorbiéndote los fluidos vivos que aún queden en tu intelecto, o en tu criterio…

Tres días de bloqueo dicen; y una mierda. Que le den definitivamente por el culo al feisbuc éste: he eliminado por completo mis publicaciones y mi cuenta, y la de istagrán también. Harto estoy de este corralito, me voy.

– “¡Si me queréis, irse…!” dijo Lola Flores aquella vez agobiada entre la muchedumbre… Para encontrarnos, algunas veces hay que irse.

¿Hay vida fuera del feisbuc y del rollo éste de las redes sociales…? Mi padre no supo lo que eran, y el rojo de mi tío Miguel, o ahora mi amigo Eugenio, tampoco… José Luis Garci no las tiene, ni Jiménez Losantos. Ni Escohotado o De Prada. Muchos tienen a un negro a cargo de sus redes; y yo, ya estoy negro pero de gangrenarme el ánimo, sufriendo esa vorágine de desinformación sesgada y prostituta, administrada por no sé qué infame empresa, ente, o siniestros personajes…

Me arrogo el mérito de ser una de las muchísimas personas, censuradas a los pocos minutos -diez o quince- de conocerse la oficialidad de la entrada en vigor de esta mierda de comité contra la desinformación, que esta mierda de desgobierno rojo se ha sacado no de la chistera sino de la faltriquera, cual navaja trapera… Así reventara, el que haya decidido dar luz verde a un puto comité de censura pura y dura…

Lo he borrado todo. Estoy muerto para feisbuc, o eso me creo… ¡Qué alivio…! Y sé, que el no participar hoy en día del rollito éste de las redes sociales, es una forma voluntaria de aceptar la condena a un tipo de ostracismo. Sí, pero bendita condena y bendito ostracismo que me liberan de este mundo mentira y virtual tipo Matrix, en el que o caminas en el mismo sentido que camina la multitud, o eres una anomalía, un dejavú, un peligro, y por todo ello un objetivo a eliminar…

Y como para el feisbuc éste, parece ser que fuésemos unas meras mierdas secas que flotaran en su sentina de aguas fecales, flotamos sí, pero nadie distingue nada entre tanto detritus al no vernos unos a otros, casi ahogándonos en basura mediática…

¿Entonces, qué coño hacemos aquí dentro, si es un sitio donde ni se nos estima ni se nos respeta…?

aaanda y que le den…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

….

¡ MANIFESTACIONES PERO YA…!

Érase una vez, en un país que si nos descuidamos dentro de poco estará muy muy lejano y de cuyo nombre no hay día que no me acuerde, no ha mucho tiempo que vivía gente tranquila, alegre, laboriosa y confiada. Un pueblo que podía hacer planes a largo plazo porque las instituciones funcionaban, se respetaba la ley, y a los políticos todavía les quedaba algo de vergüenza… Pero llegaron unos bárbaros sin memoria ni cultura suficiente, mérito ninguno y sin escrúpulos… Un puñado de mañacos adanistas, chulos, faltos tanto de moral como de una mínima educación y hasta de aseo… Y trajeron espíritus macarras, lenguajes soeces, modales sin desbastar…

eeen fin…

¡Vamos a la calle todos, pero ya…! Pero vamos a dejarnos de pegar fuego a contenedores por ahí ni ostias. Ni que fuésemos borrokasSi hay que salir a la calle a manifestarnos que sea por algo digno y de forma digna, coño. No somos hienas peleando carroña ¿o sí…?

Paz señores, paz siempre. La única guerra justa sería una guerra a la defensiva pero ya no las hay defensivas; ya no quedan. En todo caso serían un oxímoron porque toda guerra ha pretendido siempre una derrota. Entonces, vamos todos a las calles sí, pero no a la guerra. A la paz.

Vayamos a las calles, sí pero como se hacía antes, como al principio, con redaños: esgrimiendo una barra de pan en una mano y en la otra a nuestros hijos y a nuestros viejos enseres; para que se nos vea tal y como somos de verdad… Vayamos sí, pero para ver cuántos y cuántos somos, y para comprobar lo mucho que todavía nos queremos… Salgamos todos, pero para saber cómo estamos de humor haciéndonos reír unos a otros; o para saber qué o cuál coño necesitamos de verdad… Tomemos las calles pero yendo a por algo digno; vayamos a esa manifestación con un pan en una mano y una flor en la otra; vayamos, a por algo que sea para todos, a por algo en beneficio de todos...

¡Y ojo…! Hay que reventar esta basura de redes sociales ya, de verdad… Pero no solo porque no nos informan realmente de lo mal o bien que van las cosas, sino porque encima, no nos sirven tampoco para insuflar de forma colectiva y manifestar las ganas que en verdad todos tenemos de vivir intensamente, de innovar, y de buscarnos y ganarnos justo ésta vida nuestra, aunque haya a quién pueda parecerle una vida de mierda…

Yo recuerdo, en los inicios, cuando era solo y puramente viral, todo este rollo de caralibro y demás plataformas virtuales junta-gentes… Y lo era porque de verdad funcionaba eso de los like: cuantos más tenías más gente te veía, compartía, se corría la voz, y tal… Y claro, poco a poco creabas tu red social. Así de sencillo. Pues con una idea tan bonita y que funcionaba tan bien, en vez de buscar, o al menos no interferir en la difusión espontánea del talento y de la verdad de las cosas, estas redes siniestras se decidieron por lo que se llama monetizar la idea: o sea, importa una mierda la calidad de tus habilidades, solo quieren dinero…

Ahora, esto es basura publicitaria; da igual lo bien o mal que escribas, pintes, cantes, fotografíes o esculpas… Ahora algo, decide por su cuenta que sólo si gastas dinero tendrás audiencia. ¡Ah amigo, así cualquiera…! Pues que les den ¿Porque para qué queremos entonces estas redes dizque sociales, si en absoluto nos mejoran siquiera socialmente…?

¡Vamos a la calle todos, pero ya…!

Os quiero.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DE DIFUNTOS…

Historias de Paco Sanz

Ya sé que mi familia no es la leche, que no soy yo el centro del mundo, ya sé que no es lo consciente lo determinante en mi mente, que no es mi cultura la mejor para todos, que no es mi especie la primera que se creó ni la que sobrevivirá a las demás, que no podemos seguir manteniendo que la inteligencia es anterior a la vida; ya está claro que nuestra sociedad es incapaz de gestionar la vida en este planeta, ya no apunta hacia nosotros el fin de la evolución, no está la tierra en el centro del Universo.

No tenemos razones para creer que éste es el único Universo posible, aunque solo sea porque la mayor parte de la materia de este Universo parece ser materia oscura, no-bariónica, materia de un tipo distinto a aquél del que nosotros estamos hechos.

Hay que desandar este camino y volver hasta los míos, hasta el logos y el yo, hacia mí, hacia el que todos los objetos del Universo perpetuamente confluyen, para el que todos los enunciados han sido creados, para así dar fe de su sentido. Para cambiar esta sociedad, para llegar a ser la especie que nos sucederá.

Si hoy tenemos el genoma, un disco duro que almacena más de veinticinco mil genes y que sirve como plano guía, como modelo para formar nuestro cuerpo, ¿tendremos en el futuro, otro disco, al que podemos llamar conectoma? ¿Lograríamos así sacar la mente del cuerpo? ¿Habrá en el futuro bibliotecas de “almas”, con nuestra memoria y nuestra personalidad almacenadas en un disco?¿Podrá tener conciencia mi conectoma tras mi muerte? ¿Podría yo perpetuarme en él?

El individuo humano puede ser comparado a una gota de agua, que al final de su existencia temporal se une al mar de la Divinidad. El temor a la pérdida de la individualidad, puede conducir a la pretensión de perpetuarla como única forma de realizarla. Pero, ¿qué somos?, ¿la gota de agua o el agua de la gota?

Ahora que se muere más gente que nunca en anteriores tiempos de paz, no nos dejan ir a los cementerios. El 1 de noviembre celebrábamos el día de todos los santos y el 2 el de todos los fieles difuntos. También para celebrar hay clases. Ya puestos el 3 podríamos celebrar el del resto de los difuntos, que no son ni santos ni fieles. Pero bien pensado a esos mejor dejarles en paz. Perpetuamente también.

La idea escéptica de que el mito es falso es tan tonta, como la idea religiosa de que es verdadero. El escepticismo es el heredero de la religión, y como todo heredero, está demasiado interesado en la perpetuación del material que hereda, como para no ser secretamente respetuoso con él.

Me he parado a pensar en la fidelidad de los difuntos. Mis únicos difuntos fieles, a los que guardo fidelidad, con los que siempre estoy hablando están para mí en los libros, en las viejas poesías. Sigo, ahora más viejo y confinado que nunca, con ellos: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”.

Sigo en el desierto, con Burton, allí: “El frío del pesar entumece mi pensamiento/ creo oír el toque de difuntos/ al apagarse por aquella fina línea azul/ el tintineo de la campana del camello”. Y en fin, y por seguir agavillando: “Ayer se fue: mañana no ha llegado/ y hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue, un será y un es causado./ En el hoy y mañana y ayer junto/ pañales y mortaja, y he quedado/ presente en sucesiones de difunto”.

Historias de Paco Sanz

Caminante, no hay camino…

Respuesta a un TLP…

Que sepas, que no tienes pinta ninguna de estar trastornada en forma alguna… Ojalá pudiese yo ayudarte. Consuélate, sabiendo que la solución que tanto buscas la llevas dentro, la tienes ya…

La primera vez que vi una foto tuya, enseguida, como en un flash, me vino a la mente el semblante de tu padre… Y no sé porqué tengo la impresión de que aparte del enorme parecido físico y de su misma mirada, y por lo poco que yo sé, tienes también algo de aquellos legendarios cojones, de la misma impulsividad, garra y mala leche que tenía él. Vas bien…

Con el paso del tiempo y cuando él y yo ya nos conocíamos un poco, muchas veces le dije a tu padre medio en broma medio en serio, que si en vez de conocerle así peladito y de militar, le hubiera conocido con las greñas que se gastaba de civil, seguramente ambos hubiéramos terminado mal: peleándonos… Él era un heavy con cadenas, melenudo, macarrón y del Foro; y yo, era como un poco más moña y más formalito, de pueblo… Muy diferentes sí, pero teníamos en común el que éramos casi igual de altos y de bragados, de golfos, porreros y bebedores, de cabras locas; pero también de buenas gentes, nobles, cabezones, duros aunque sensibles, cumplidores…

Ambos éramos de los bajitos de la Compañía, pero en nuestro caso se debía a lo mucho que nos pesaban los huevos… Y claro, a mala ostia no nos ganaba nadie. Y recuerdo lo mucho que nos extrañamos primero y nos cabreamos después, cuando sin venir a cuento, nos ascendieron una mañana a cabos de cuartel. ¿A santo de qué…?

¡Qué ostias cabo me cago’n el Calis…!

Ninguno de los dos queríamos serlo, y fuimos a protestar y a pedir explicaciones a los oficiales quienes nos dijeron que “chitón chaval y ajo y agua…” Que la decisión estaba tomada y era irrevocable. Nos habían estado observando con detalle durante las semanas que llevábamos allí y confiaban en nosotros; en cómo reaccionábamos… Que nos fuéramos haciendo a la idea.

Lo pasamos muy mal y en muchas ocasiones, pero porque siempre teníamos la obligación de llegar a la marca fijada en el mapa; conseguir el objetivo no era una opción… Al precio que fuese había que sortear los obstáculos; daba igual el tiempo que se tardase; daba igual lo mucho que costase llegar…

“No hay a su pie risco vedado,
sueño no ha de menester.
Quejas, no quiere…
Donde le llevan, va jamás cansado.
Sumiso, valeroso, resignado,
obedece, pelea, triunfa,
y si es menester muere…”

Jamás he tenido soluciones ni para mí mismo. Pero como tú pareces ser casi calcada a cómo era tu padre, no te preocupes mucho porque solo tienes que seguir siendo justo así, justo como eres… Estás hecha de buena madera seguro. Y seguro, que ya sacarás cuando llegue el momento y sea necesario, los arrestos suficientes para sortear el obstáculo que sea…

Y mientras, cuídate siempre mucho, cultívate y lee mucho, viaja mucho y ama mucho, enamórate intensamente… Disfruta, goza dejándote penetrar por el mundo y penetra tú en sus caminos… Y pregúntale a tu padre. O a tu madre, que seguro es una santa, queriéndoos como os quiere a pesar de los berrinches que seguro tú y tu padre le dais…

Dales un beso muy fuerte de mi parte…

Abrazoooooss

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

ESPAÑOLES IMBÉCILES

Que se dejan insultar…

Para una parte considerable de españoles -imbéciles- parece que no hay ninguna diferencia, entre el mecanismo mental que los impulsa a votar sí o sí siempre a su partido político de toa la vida, y el que los impulsa a ser un forofo irredento de su equipo de fútbol manque pierda… Piensan con y como el culo… En vez de votar con la cabeza y el bolsillo, votan con los cojones y el corazón; y claro, así nos va a todos.

¿Cómo es posible que tipejos siniestros y vacuos como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, hayan accedido ni más ni menos que al gobierno del Reino de España, cuando se ciscan en público y en privado tanto en la mismísima España -de la que han estado mamando- como en su Monarquía, en su Constitución, en su Himno, en su Bandera, en su Historia, en sus Muertos, en su Gente…?

Cuando mis hijas me preguntan que qué coño pasa en nuestro país, que porqué nuestros políticos tienen la cara taaan dura, me quedo sin palabras… Esta poca vergüenza no se la explica nadie, si no fuera porque pareciera que a aquellos españoles imbéciles se la suda todo…

Y no sé porqué tengo la sensación de tener, en la parte que me toque, alguna culpa de cómo está nuestro país; por no haberlo hecho lo suficientemente bien; por no haber hecho lo bastante…

A mi generación nos regalaron una recién estrenada y por ello defectuosa democracia, y en cierta forma sabiéndolo, no la hemos perfeccionado corrigiendo sus fallas sino que las hemos utilizado, pareciera que para hacernos trampas y quebrarnos al solitario… Tanto hemos utilizado la Constitución y las leyes de forma torticera y prostituta, que hemos llegado a ver normal el que muchos se las salten a la torera, y la quiebren, para salirse con la suya.

Y así, tenemos ahora amorrados al gobierno a una gentuza, que odia a los españoles hasta tal punto, que en su día usaron el terrorismo sin piedad para conseguir sus fines y encima, ahora, lejos de renegar de aquella no tan lejana barbarie asesina, la exhiben en nuestra cara en el Congreso de los Diputados como si de un mérito democrático en nombre de Franco se tratara, cuando lo que odiaban y mataban eran, siempre, y simplemente, españoles…

– Me cago en todos sus muertos.

Otros, que no se cansan de traicionarnos saliendo cansinos cada dos por tres al balcón de la Generalidad, a proclamar la republiqueta ésa que no tienen los huevos ni el apoyo suficientes para ganar por la fuerza y con una revolución en las calles, que es como se consiguen esas cosas: luchando con cojones, con sangre y víctimas, en las calles… Como a ellos les gustaría.

Cobardes unos y otros; pero igual si no más cobardes nosotros que lo hemos consentido…

El caso es que yo soy español y no me importa todo una mierda… Y no soy seguramente un tipo ejemplar, pero lo que nunca he sido, ni por mi educación se me ocurriría nunca ser, es tan infame y tan ladrón, así de sinvergüenza y malnacido, como así lo son y se comportan, muchos de los que hemos permitido que accedan a ciertos puestos de relevancia política e institucional.

Y claro, ésto no lo entiende nadie, nadie… Ni Dios.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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MONSTRUOS

Historias de Paco Sanz

Leo en una revista de ecología política lo malos que son los de la extrema derecha en ecología, ecofascistas les llaman. Veo un documental sobre lo cándidos que son los activistas en estas cosas. Buenistas les vienen a llamar. La derecha acusa a la izquierda en ecología de falta de cálculo, la izquierda a la derecha de mala voluntad.

La gente que no cuenta no cuenta. Unos por demasiado gusto por los cuentos y otros por demasiado gusto por las cuentas, la verdad es que los de ciencias y los de letras tienen que estar a la greña incluso en biología. Hasta con la gestión, con las palabras y los números de la pandemia, siguen jugando “sucio”.

Para producir un vatio eléctrico se necesitan tres térmicos. Para producir una caloría de alimento son necesarias diez en combustibles fósiles. Cada día como, cada día cargo mis dispositivos. Estoy empezando a mirar los enchufes de mi casa con ojos golositos. Nuestros descendientes algo cyborgs ya cargan cada noche baterías de patinetes, bicis y coches. Supongo que pronto se cargarán ellos durante la noche. Que habrá, un día que se podrá hacer algo parecido a la comida directamente de la electricidad.

Con la energía “limpia”, “renovable”, que viene del sol, me pasa como con el pecado de Adán y Eva. ¿Quién tentó a Adán?: Eva. ¿Quién tentó a Eva?: la serpiente. ¿Quién tentó a la serpiente?: No blafemes, por favor. ¿De donde sale la electricidad que mueve los coches eléctricos?: Del sol, de la lluvia, del viento, gracias a las placas solares, las centrales hidroeléctricas y los molinos. ¿Y la energía necesaria para construirlos?: Calla, no seas aguafiestas.

Seguro que encima me vendrás con el cuento que a veces no hace viento, no llueve y encima es de noche.

La verdad es que desde el punto de vista biológico somos un desastre. Un animal del tamaño del hombre necesita de dos a tres mil kilocalorías al día. Pero usamos alrededor de cuarenta mil, el equivalente a un animal de cinco a siete toneladas. Y encima si viene el covid y tenemos que parar un poco nos deprimimos.

De los conceptos marxistas, el más aplicable a la economía ecológica es el del fetichismo de la mercancía o, en nuestro vocabulario, la ficción de la capacidad de medirlo todo: o sea, el hecho de que no podemos comparar kilogramos de carbón con horas de trabajo humano en las mismas unidades, aunque a primera vista, una medida en dinero o una medida energética los haga conmensurables.

El uso de los combustibles fósiles supuso un salto exponencial en la disposición de energía. Se estima que un barril de petróleo (159 litros) contiene una energía equivalente a 25.000 horas de trabajo humano. La energía que ellos proporcionaron en 1995 equivalía a la de 280.000 millones de trabajadores, lo cual suponía 55 esclavos por persona. No es de extrañar que las guerras del siglo XX hayan sido motivadas en gran medida por el control del petróleo, y que las perdieran aquellos países que no pudieron asegurarse un flujo suficiente del mismo, como fue el caso de Alemania en las dos guerras mundiales y de Japón en la segunda.

En los últimos cincuenta años nuestra demanda de energía ha sido mayor que toda la energía consumida durante la historia humana precedente. Con toda seguridad la historia de la vida en nuestro planeta nunca había hospedado a parejas criaturas. Hay motivos para preguntarse si, por ser plenamente conscientes de ello, no nos hemos convertido en una generación de monstruos.

Historias de Paco Sanz

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TIRICIA

El hecho de cruzarnos con gente casi sin rostro, enmascarados de mirada gacha, esquiva o ensimismada, nos está acostumbrando a algo así como lo que se debe sentir al cruzarse, y tener que interactuar, con uno de esos inquietantes robots cinematográficos cuasi humanos… Es como el miedo, diríase que una especie de leve repulsa o de extraña tiricia, que actúan como freno irremediable ante la posibilidad siquiera del mero contacto físico con un prójimo ajeno…

Repasaba el expositor de los quesos en el supermercado, cuando al girar la vista a mi izquierda tropecé con la hermosísima mirada de los ojos de Manuela; pese a las mascarillas, noté que ella también había reconocido los míos de inmediato. En su mirada gris verdosa leí alegría sincera, sorpresa, alborozo y hasta cierto rubor… ¡Cuánto tiempo y qué bien te veo…! me dijo, sabiéndola yo algo socarrona tras su mascarilla… Y cogiéndole la broma y sonriéndole yo tras la mía, me separé solo un poco de ella para, con intención de piropearla, dedicarle una miradita lenta y de alto en bajo… ¡Pues anda que tú…! le respondí enmascarado…

Sólo la mirada para comunicar la intención. Esas miradas solitarias; besos sin dar, abrazos castrados, amagos de gestos cariñosos que se quedan solo en éso: en gestos o en amagos… Se te va sin querer, un guiño cálido, una mueca apenas de la intención al menos, de querer abrazar, de dar la mano o de chocar las palmas. Pero lo reprimes, porque no sabes si la otra persona quiere o no ser tocada…

Estamos perdiendo la cualidad de lo espontáneo, al aceptar sin rechistar, esta forma forzosa de autismo gestual y emocional al que estamos siendo sometidos, con el uso obligatorio de las putas mascarillas y el mantenimiento del jodido distanciamiento social.

El uso masivo de mascarillas está causando unos estragos en la sociedad tan trágicos, que pareciera, que las propias mascarillas son más peligrosas que el sentimiento mismo de tragedia, que nos provoca el número de muertos que está causando el mismísimo coronavirus…

Mierda de bicho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL SENTIDO DEL HUMOR

Historias de Paco Sanz

La pandemia arrecia. La tristeza por lo que nos espera también. La tontería se combate con sentido del humor, para la desgracia no sirve. Qué pena. Para alegrarnos la vida en lugar de centrarnos en lo desgraciados que somos por lo de la peste, o para poder perdonarnos lo tontos que hemos sido gestionándola, podríamos intentar reirnos. Lo malo de la tontería es que a veces se ejerce, lo malo del sentido del humor es que muchas veces nos olvidamos de ejercerlo.

Hay que combatir las vanidades personales, las infatuaciones, los tópicos, porque sobre eso se sostiene este lío de nosotros, y de eso se aprovecha todo lo que es tiranía y oscurantismo. El humorismo es lo que merecen los nuevos fanatismos, la nueva desesperación, el nuevo ciclo catequista, la nueva sumisión al martirio. El humorista es un hombre alegre al que ponen tristes los demás. Ramón Gómez de la Serna, el mejor humorista del que recuerdo haber leído, así lo dejó escrito.

Nos dicen que la peste se contagia por aerosoles, que son como una especie de humo de cigarrillo, de humor aéreo. Como la mala leche. Cuando un humor era el causante de alguna enfermedad, se hablaba antes de humor pecante. Sin embargo, cuando la persona tenía equilibrados esos humores, se decía que estaba de buen humor. En nuestros días empieza a ser cada vez más común el humor pecante. Se peca, precisamente, por falta de ventilación, por malos humores. Sólo con el buen humor vamos a poder ver la otra cara de la moneda. Esa moneda que nos empeñamos en que solo tiene cruz.

La pandemia está acabando con nuestro sentido del humor. Poseer un refinado sentido del humor implica una gran capacidad para simular el futuro. Con muchos futuros posibles en la cabeza uno se echa a reír ante cualquier final, a cualquier desenlace le vemos cierta gracia. El futuro al que nos vemos abocados es una atrocidad.

El buen humor relaja el control del pensamiento lento sobre la acción: estando de buen humor nos volvemos más intuitivos y más creativos, pero también menos cautelosos y más propensos a los errores lógicos. El buen humor es una señal de que las cosas van bien en general, de que el entorno es seguro, de que todo está en orden y podemos bajar la guardia. La mala leche nos dice que las cosas no marchan del todo bien, que algo puede amenazarnos y que debemos estar vigilantes.

El dolor y la desesperación deben abrirse al alborozo de la ligereza y la alegría, en el buen humor: ”Toda tarea intelectual es esencialmente humorística”. Así hablaba Zarathustra. Salta la paradoja, la chispa jocosa de la aparente incompatibilidad entre dos ideas, que sin embargo deben ir juntas.

Historias de Paco Sanz

INTELIGENCIA. CONSCIENCIA. DIOS.

Historias de Paco Sanz

De la inteligencia a la consciencia hay una gran brecha. De momento, no parece que la inteligencia no viva, haya podido saltársela. La idea de que existe inteligencia fuera de la vida, inteligencia artificial, la hemos “realizado” ya mediante algoritmos y dispositivos. Cuando esos mismos matemáticos armados con esas mismas herramientas, van al origen mismo de la vida, se dan cuenta de que algo no cuadra.

Pudiera ser, que fuera de una intervención sobrenatural y fuera del ciego azar, existiera una tercera vía para explicar el origen de la vida y la evolución. Vendría a ser como el resultado de una ley natural, de una necesidad inherente a la naturaleza misma. No sé si creerme éso, de que la Inteligencia es anterior a la Vida. Pero veo posible, pensar que algún tipo de inteligencia sea posterior a ella.

«Raffiniert ist der Herrgott, aber boshaft ist Er nicht». Refinado es el Señor, pero nunca malicioso. Decía Einstein. También dijo que Dios no juega a los dados con el Universo. Planck, le replicó en tono jocoso que eso de decir, lo que Dios podía o no podía hacer, era mucho decir… Pero el que existe una especie de ley natural, que tiene que orientar nuestra comprensión, más acá, de la mera probabilidad de fenómenos tan improbables como el que surja la vida, parece que está incluso en la mente de los más escépticos. “Todo es posible” significa que Dios existe. Bueno, pero con condiciones. El mero azar como explicación, no nos basta ni a los ateos.

Ahora, que me encamino hacia mi casa de la eternidad, me da por pensar más en la que me precedió. Los mismos primeros segundos después del Big Bang, ya son un misterio tan grande que no lo entiende ni Dios… Siempre me ha hecho gracia la deriva religiosa de los de la tercera edad: ahora me toca a mí. Con lo joven que me siento… Y como me muevo más a gusto en la biología que en la física, intento entender qué era esa Inteligencia anterior a la Vida. Porque lo de lo anterior al Big Bang, como recordó el anterior papa: “Que no digan nada los que no van a la iglesia…”

En cuanto a la inteligencia que vamos a dejar atrás, cuando no haya vida, me ha hecho volver a pensar en ello, lo de empezar a guardar información en la doble hélice del ADN. Por no decir nada de los intentos de Greg Bear de conseguir alguna manera de introducir información, en un caldo prebiótico, para conseguir que de ahí surja vida y poder enviar esa información, mediante haces de luz láser, orientados hacia entornos de agua y carbono que estén relativamente a nuestro alcance.

En una de las “Pruebas” de la existencia de Dios, se dice, que al poder concebir el ser más perfecto, no podemos concebir el que no exista. Siempre me ha parecido algo así como la “típica” gracia sacerdotal; pero he vuelto a ella, cuando he pensado que el ser más inteligente tiene que ser también el más consciente… Y he pensado en el momento, que supongo que está al caer, en que la Inteligencia Artificial se convierta en Consciencia Artificial… ¿Qué tendremos entonces que hacer con ella…? ¿O qué va a ser entonces de nosotros…?

¡Ay, la consciencia, esa misteriosa capacidad de distanciarse de las cosas para hacerlas presentes! La consciencia, entendida como más allá de la inteligencia, parece ser más que la vida misma… La idea ingenua, de que la consciencia es segregada por la conducta de las neuronas, pero que una vez segregada, adquiere una vida propia… Como Dios.

Historias de Paco Sanz

SEÑORITAS DE SALÓN

En serio: íbamos allí casi casi por amor; y él era mi mejor amigo. Ligaba el pobre menos que el chófer del papa, aparte de por que era algo feíco, porque también entonces era inexperto, inocente; buena gente pero muy cortaíco. Yo, tenía novia ya. Y vaya, digamos, que le había cogido mi amigo mucho cariño, a una de las Señoritas de un salón de ésos que había en la carretera nacional.

Pues resulta, que aquella noche cuando fuimos, las otras Señoritas nos dijeron que habían trasladado de tugurio a su chorba. A otra zona.

¿Cómo iba a dejar yo entonces, sólo a mi amigo y viernes por la noche, subiendo por esa garganta oscura, en busca de un lupanar barato y perdido en medio de ninguna parte…? Al fin, en un collado de aquella sierra, envueltas por la oscuridad entre los montes y donde la carretera se retorcía en una doble curva, languidecían, las luces tristonas y encarnadas del rótulo aquél del puticlub: ‘La Garganta’

Aparcamos.

Sólo fue entrar, y aquella Señorita chisporroteante apareció y se abalanzó al cuello de mi amigo, dándole un beso breve pero con un toque de lengua. Me fijé… Fue un beso de esos calentones, pero como corto, discreto y meloso. Me gustó ella, porque estuvo en ese beso el tiempo justo, para que no pareciese por su parte algo obsceno ni interesado. Diríase que fue hasta sincero; pareció sincero.

Una vez adentro y en cuanto pude reaccionar, me di cuenta de que mi amigo se esfumaba, desapareciendo tras unas cortinillas bamboleándose, al ritmo de la música y del culo de aquella Señorita que tan efusivamente nos (le) había recibido cuando entramos en… no sé cómo describir aquel garito.

Pedí una copa. Girando por ahí, recuerdo los reflejos cutres de aquella bola de cristal colgada del techo, iluminada tan solo por un par de focos uno verde y otro rojo; girando, en el centro de una pista como oscura, cuadrada, y de color como lúgubre. Y es que, me mareaba un poco con esa oscuridad y esos tonos verdirojos, mezclándose, girando. El medio porrito que nos habíamos fumado también contribuía a esa especie de mareo, o de sugestión debido a semejante momento… Era la primera vez, lo juro, que yo siquiera, entraba en un antro así.

A solas, una vez bien acodado en una punta de la barra, y cuando ya me había embaulado bastante más de media copa, noté, que me hizo la muestra una Señora desde el otro extremo de la barra. Guiñándome el ojo derecho, se levantó lenta, dirigiéndose sinuosa caminando hacia mí… De repente, un parroquiano, oculto tras la sombra de una de las columnas del local se le cruzó bamboleante, y mirándola beodo, amenazante y como despechado, va, y le dijo:

– Eres una puuuta. ¿Dooonde vas…?

– ¡Eh, eh, eh…! ¡Deje Usted en paz a esta Señora, pero ya…! Tercié.

– ¿Qué mierda…? ¡Si te pego una ostia te esclafo, mañaco…! Me dijo.

Y recordé, a mi abuelo cuando decía aquello de que cuando no había oportunidad de librase de un problema, pégale tú primero.

Pero oye: en aquel momento, justo, se cruzó entre nosotros un negro enorme, con unas manos y un olor agrio también enormes, para advertirnos de que si no nos estábamos quietecitos lloverían guantás… Y no, yo no conocía al negro ése de nada, pero parece ser que aquel parroquiano borrachín sí. Y oye, mano de santo: le hicimos caso, y de inmediato se acabó la discusión.

Entonces, al girarme, se me plantaron enfrente la Señora y su escotazo; hermosísima; y clavándome con sus ojazos verdes y vidriosos me agradeció el haber terciado como un caballero; como un Quijote me dijo luego… Me fijé, en que era una hembra andaluza de belleza ya marchita; una todavía hermosura, lejana, de ojos verdes muy maduros, y que seguro tuvo que estar muy muy buena en su día, pero que seguramente había exprimido ya en exceso los jugos de sus deleites.

– “Guapo, estoy a farta de cariño, de caricias, y de amor…” Me dijo, taladrándome lentamente con la coquetería de aquellos ojos verdes, y después, de haberse relamido despacito y golosa el labio superior.

En aquel momento reapareció el cachondo y ruidoso de mi amigo, apartando, medio enredado entre aquellas cortinillas… Había acabado ya de festear y le brillaba la cara, y como en trance, satisfecho él, va y me dice el cabrón:

– “¿Qué, nos vamos ya…?”

Reconozco, que a esas alturas, yo, ya estaba tan encabritado por las hechuras caídas del escotazo de aquella Señora tan atractiva, que hubiera estado dispuesto a todo.

🤣😂

💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

BANDAZOS…

Historias de Paco Sanz

Hubo una vez, que tuvimos que enterarnos de que éramos una especie de primos del mono. Del Manual de Civismo para Jovencitas recuerdo un consejo: Si te dicen que el hombre se distingue del mono porque no tiene cola, no remuevas diciendo que sí tiene una.

El hecho de que un hombre se entienda a sí mismo, bien como imagen de Dios o bien como la de un mono que ha tenido éxito, establecerá una clara diferencia en su comportamiento con relación a los hechos reales. También en ambos casos oirá muy distintos tipos de mandatos dentro de sí mismo.

Para que los niños no se comporten como animales, vamos a no decirles que lo son, que descienden de ellos. Es el argumentum ad consecuentiam, falacia muy querida por los antievolucionistas, que hacen como si una cosa fuera verdadera o falsa, según nos gusten o no sus consecuencias. Como exclamó una dama de la alta sociedad, al escuchar las noticias sobre sus menos que nobles orígenes: “Esperemos que no sean ciertos. Pero si lo son, esperemos que no se haga público”.

Veo que la gente descendemos de una larga secuencia de ancestros humanos y animales, en una serie interminable de acontecimientos fortuitos, encuentros accidentales, rapiñas brutales, escapatorias afortunadas, esfuerzos sostenidos, supervivencias a la guerra y la enfermedad. Se necesitó una concatenación intrincada e improbable de acontecimientos para llegar a cada uno de nosotros, una inmensa historia que otorga a cada persona la sacralidad de un sequoya milenario, o a cada niño la exquisitez de un secreto.

Nuestro sistema de vida se ha estropeado, es hora de dejar hacer a la evolución su trabajo. Una vez que la selección natural ha solventado un problema, suele quedarse en esa solución siguiendo la máxima: “Si no está estropeado no lo arregles”. Dicho de otro modo, en ausencia de una presión selectiva para cambiar, los sistemas no se renuevan y ostentan muchas huellas de su pasado evolutivo. Puede, que un proceso se lleve a cabo de una cierta manera simplemente porque primero evolucionó de esa manera, no porque ésa sea en absoluto la mejor y más eficaz.

Tengo miedo de que se nos hinche un lado de la cabeza, debido a que el éxito evolutivo de los hombres rápidos, acabe conduciendo a una hipofunción del pensamiento lento; con la consiguiente hipertrofia de estructuras nerviosas, probablemente del hemisferio derecho, idóneas para reforzar el pensamiento rápido.

Y en la medida que vaya tratándose, más de sintonizar que de hacer encajar; que las cuestiones clave, sean cuestiones más de buen gusto que de buenas razones, tengo miedo también de que acabemos, yendo así, siendo cada vez menos humanos, más mala gente.

Historias de Paco Sanz

ENAMORADO

Historias de Paco Sanz
Siempre me sorprende volver a ver la cara de mi amada. Y no he olvidado nunca la pregunta de un amigo, de esos que dan clases de psiquiatría, de por qué no van al psiquiatra las parejas que siguen enamoradas después de tantos años. Mi padre cuando envejeció estaba celoso de los cuidados que nos daba nuestra madre. Mis hijos hace muchos años que no viven con nosotros. Ahora que tengo mi Santa para mí solo lo entiendo.

Que después de tantos años sigamos enamorados tengo que atribuirlo no sólo al conformismo, o a lo solo que me doy cuenta que por lo visto estaba antes de empezar a vivir con ella, sino también a la tiranía de las costumbres. Una especie de sentido común de aquellos de antes de la revolución: “Ya que no podemos librarnos de estos aristócratas, al menos querámoles un poco”. La vida resultará así más agradable.

Decían que antes pierde el hombre el diente que la simiente. Supongo que entre otras cosas para explicar que los hijos sean de ciertos maridos decrépitos. Me he parecido siempre a mi padre; cuando le preguntaba si era hijo suyo solía contestar: “Al menos te mantengo”. De que la menopausia llegue a las parejas antes que la andropausia, surgen tantas separaciones como de que los hijos se vayan de casa. Cuando todavía era sociable había visto a menudo, como habían maridos que no odiaban a sus mujeres sólo porque las engañasen. Para San Jerónimo, en el siglo IV, no hay nada tan infame como amar a la esposa como a la amante.

Mis amigas viudas y separadas parecen encantadas de la vida. Y demasiadas veces he visto a amigos mucho más felices sin pareja, como para no preguntarme si en lugar de tanto amar, estudiar y aprender, no estaría mejor sin ella.

Supongo que estaba casado ya antes de estarlo. Para los solteros natos no existe el matrimonio. Del mismo modo que algunos maridos imaginarios, que cada noche esperan que vuelva su mujer a pesar de estar viviendo en una isla deshabitada y no haber estado casados jamás, ellos esperan que por fin llegue; encontrar a alguien digno de ser seducido, es su única esperanza. Y si viene, si llama a su puerta, ellos no la oirán siquiera, escucharán tan sólo sus pasos que se alejan y se dirán tan sólo: no ha venido, no es ella. Decía Ramón que el mal del solterón es que se va volviendo viudo.

Los solteros por definición no quieren a los niños, no quieren la revolución. Hay demasiados solteros, ese es el mal de nuestro siglo y de nuestro mundo, está lleno de eslabones sueltos, de especies agotadas en su propia trivialidad, de hombres sin hijos que han perdido el respeto por las cosas necesitadas de un futuro, en el que llegar a ser mejor de lo que somos. Lo contrario de la soltería no es el matrimonio, sino el amor. Y lo contrario de estar soltero no es estar casado sino estar enamorado.

Historias de Paco Sanz

El infierno son los otros

Historias de Paco Sanz

A ciertas relaciones se nos condena. Para hacernos entender que ”el infierno son los otros” Sartre escribió A Puerta Cerrada. Para darnos cuenta de que “será siempre demasiado tarde”, Camus escribió La Caída. A la combinación de las dos cosas cada uno llega por su cuenta.

En Sartre, los tres personajes, que están encerrados en una habitación, se dedican a torturarse. Cuando el ángel viene por fin a abrir la puerta, tienen muchas cosas todavía con las que machacarse y se niegan a salir; la conclusión del ángel es que el infierno son los otros.

En Camus, un abogado encuentra por fin el momento en que empezó a ser una mala persona. Lo encuentra: Es el momento en el que vio a alguien cayendo al Sena y no hizo nada por socorrerle; a partir de eso ya se lo permitió todo. Hubiera querido volver a ese momento y haberle socorrido… Pero suponed, querido maestro, que se nos tome la palabra: habría que cumplir, y el agua estaba tan fría… Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde ahora, será siempre demasiado tarde. Felizmente.

Se achaca a los responsables sanitarios el haber llegado demasiado tarde. Tener que estar cerca de ellos es para muchos un infierno. Están siempre siguiendo protocolos de urgencias. Como si no supiéramos todos que cuando es urgente, es demasiado tarde. Pobres de nosotros.

Ver jugando a estas alturas a los responsables de la gestión sanitaria y política, a lo de derechas e izquierdas, a conservadores y progresistas, es tan patético… Como dijo un viejo pensador, al elegir el mal menor se olvida con demasiada frecuencia, que se elige un mal.

Cuando se acerca el peligro las operaciones de salvamento acaban con la distinción entre conservar y mejorar. Cuando no quedan esperanzas, el que hace como si las hubiera es un quintacolumnista de la catástrofe. A medida que la sombra de lo irreversible va cerrando los caminos, en las sociedades democráticas, el difundir esperanzas debe ser sustituido por el establecimiento de protocolos de urgencias.

Estamos cayendo, y como antes nos iba muy bien el asunto es trágico. Los personajes de la tragedia tienen que ser regios, para que la desgracia, tenga la magnitud suficiente para que al espectador le parezca terrible. La caída desde lo alto es sin duda mayor. Un especialista en caídas era Napoleón. Napoleón fue el hombre de la caída absoluta hacia delante. “Se empieza, luego se verá” era su lema. No se podía pronunciar delante de él la palabra imposible. “Imposible n’est pas français”, es otra de las frases que se le atribuyen.

Dicen los que se han caído que lo que duele no es caer sino el dejar de caer. Por lo visto lo último que oyes antes de perder la consciencia es el ruido de tus huesos al romperse. La caída hacia delante, es lo que entre pilotos se llama volar; y para ciertos vuelos está prohibida la idea de aterrizaje.

Historias de Paco Sanz

MENTE REBAÑO

En un rebaño la paternidad no sabes bien lo que es. La seguridad, no te la das ni tú ni los tuyos sino los otros haciéndote de escudo; y por eso, no te importa una mierda lo que les pase a esos otros, porque solo tienes miedo; encima tú ni tienes garras ni llevas espada… No sabes nunca, ni dónde vas realmente, ni dónde está el lobo… Sólo te preocupa comer… Duermes cuando te dejan. Cagas donde te pilla.

En un rebaño no te alimenta solo tu madre porque mamas de múltiples tetas, y claro, cuando te haces mayor no tienes recuerdos entrañables: está todo mezclado, borroso, difuso. No te educan en un rebaño: te crían… Cada individuo, va, no donde le dice su padre y su madre sino donde dice el jefe; nunca hay jefas…

En el rebaño, normalmente, solo hay un macho alfa padre de casi todo el rebaño: por eso es un rebaño… Los otros machos se convierten en carne de cañón que alimenta el sistema. Las hembras también alimentan el sistema; y extrañamente y por instinto todas, dejan de follar cuándo ni con quién quieren, para hacerlo sólo cuando les toca el celo a todas; y curiosamente, eligen siempre machos con grandes cornamentas…

Siendo el rebaño concepto, desde el que todos venimos-provenimos, paradójicamente todos pretendemos individualizarnos, destacarnos, y ser originales dentro de ese mismo rebaño del que por otra parte no nos podemos desprender, alejar del todo… Un contrasentido.

El ser humano no sería nada sin un rebaño matriz que lo críe… Hasta los ocho o nueve años somos tan frágiles, que seríamos devorados sin remisión, si solo se nos dejase abandonados y al albur de la naturaleza y sin los cuidados de un rebaño maternal, familiar, vecinal… Sin la protección rebañuda, sólida y acogedora, de nuestros recuerdos paternales y sin nuestro rebaño de amigos de la infancia, no seríamos nada. Presas.

Pues os aseguro que casi todo lo dicho anteriormente es mentira; es falso, a menos que cambiemos la palabra rebaño por la de familia

El problema de las familias asociadas en rebaños, en sectas o bajo las ideologías, es que pierden precisamente el vínculo familiar que las une, y dejan de serlo: se vuelven como comunistas…. Entonces, el nosotros se vuelve más valioso que el tú; la salud de grupo, se vuelve más importante que la conciencia; y el fin colectivo, se vuelve justificante de cualquier medio que lo logre… La moral individual deja así de existir puesto que todo se hace común: y no hay moral común ni colectiva si no la hay primero individual…

En una familia todos los miembros atacarían para defenderla… En un rebaño todo son presas; en una secta todo son víctimas; y bajo las ideologías todos somos peones…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PRANAYANA

Historias de Paco Sanz

Parece que el virus ese se contagia por la respiración. Pensar en ella ayuda a concentrarse. Pranayana, se le ha llamado al control de la respiración a fin de descubrir lo que es voluntario y lo que es involuntario al mismo tiempo. Lo que haces y lo que te sucede, en un mismo proceso.
Parece que la mayoría de los que mueren por esta pandemia lo hacen por no poder respirar; al nacer, la primera cosa que hacemos “fuera” es intentarlo. Hasta las plantas lo hacen. Los vegetales de noche respiran con sus mitocondrias, y de día fotosintetizan con sus cloroplastos.

Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si nos tapamos la boca y la nariz y tratamos de dejar de respirar, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido.

Aparte del ritmo, hay también cambios únicos en la proporción de tiempo, dedicada a la inhalación y a la expiración en un movimiento respiratorio dado. Como mejor se mide esto es en el porcentaje que recibe la inhalación en el ciclo respiratorio. Este porcentaje es de cerca del 16% al hablar, 23 al reír, 30 en trabajo mental activo, 43 en descanso, 60 o más en estado de emoción, 70 en individuos que se imaginan en una situación maravillosa o sorprendente y 75% ante un terror súbito. De cómo altera ese ritmo el respirar a través de la mascarilla, ni idea.

Lo primero que me dice el filósofo cuando viene a hablar conmigo es: “Tómate tu tiempo”. Quizá el espíritu deba su origen a un excedente de tiempo, a una respiración pausada. Quien se queda sin aliento se queda sin ánimo, sin espíritu. Ser hombre, es no poder permanecer y a la vez no poder moverse del lugar. Y sólo donde se da la peligrosidad del estremecimiento, se da también la felicidad de la admiración, aquel arrebato despierto que constituye el aliento de todo filosofar.

Los charlatanes estudiamos la respiración de nuestros contertulios para meter baza, también estudiamos las comas, los puntos y coma, los puntos y seguido y los puntos y aparte, para no parecer tan maleducados al empezar a hablar, como esos viejos tipos que debatían el otro día…

Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya terminado. Hay tanta gente así, que uno no sabe qué hacer para dejar de oír tonterías propias de gente de mala crianza, que interrumpir de una vez dando pruebas de la suya, y solidarizarse así con el que no parece dispuesto a callarse así como así.

Historias de Paco Sanz

DEBERES Y DERECHOS

Historias de Paco Sanz

Algo falla cuando veo a los niños pasando tanto tiempo haciendo los deberes en casa. Me pasa con los deberes en casa como con los exámenes, no se me ocurren alternativas. De examinarme a mí mismo estoy harto y eso de examinar a los demás me parece un asunto de mal gusto. En cuanto a los deberes, quiero decir de los deberes hacia mí mismo, que paso tanto de ellos como hubiera querido pasar de los deberes del colegio.

Cuando a Jaime Gil de Biedma le invitaban a seguir escribiendo, a escribir más poesía… con una inolvidable mirada al personal, en la que la fatiga, el odio al tópico y una nerviosa insolencia, trataba sin embargo de mantener el decoro, comentó más allá del bien y del mal: “Es que, sabes, para mí es ya como si hiciera los deberes del colegio”. Poco después se suicidaría.

La noción de obligación es anterior a la de derecho, que le es subordinada y relativa… Un hombre considerado en sí mismo sólo tiene deberes, entre los cuales se encuentran algunos deberes hacia sí mismo. Los demás hombres, consideraros desde su punto de vista, tienen sólo derechos.

En 1795, durante la Revolución Francesa no sólo se redactó la Declaración de los Derechos del Hombre, sino que simultáneamente se hizo también la Declaración de los Deberes de los Ciudadanos, algo que es por lo visto demasiado de derechas como para celebrarlo. La segunda no se recuerda nunca cuando se habla de revolución, el victimismo sigue vendiendo mejor, los moralistas nunca descansan. Hay que hacer lo posible para no ser uno de ellos. Uno protesta en nombre de los demás porque pisotean sus derechos, no porque no le dejen ejercer sus poderes. En cuanto a los deberes, ¿que es eso? ¡Ah, sí! Lo que hacen los niños en casa. ¿Tienen los niños derecho a que no les manden deberes que hacer en casa? Quién sabe.

La forma de exclusión más importante, al menos en el sentido de su extensión y de las dificultades que comporta, es la que viene asegurada por la distinción entre hombre y ciudadano… Esto significa que si no hay derechos más que donde aparecen deberes correlativos por parte de otros, y si no hay un “deber de solidaridad universal” y tampoco existe un sujeto al que pueda atribuirse la competencia -ergo la carga- de satisfacer ese deber, difícilmente cabe seguir hablando de derechos universales, pues al no existir deberes correlativos a escala universal, no hay a quién dirigiese de forma segura para exigir respeto en ese ámbito.

Los deberes, según Kant, se compendian en dos: buscar la propia perfección y promover la felicidad de los demás. Gandhi por su parte decía que si dejando los deberes sin cumplir corremos detrás de los derechos, éstos se escaparán de nosotros como fuegos fatuos. Lo fundamental no son los derechos humanos ni las necesidades humanas, sino qué tipo de personas queremos ser; éste ha sido siempre el problema fundamental, hasta que la riqueza nos transformó en idiotas.

Historias de Paco Sanz

Facebook

Eres muuu tonto, mucho… Te lo dijeron muchas veces; y tú: que nunca, que no… Y mira: ¿lo ves…? Que sí. Eres tonto.

Lo malo del caralibro éste de mierda, no es que te inunde con publicidades sino que a la vez, tiene la desfachatez de decirte lo que no tienes que comprar… ¿No te has dado cuenta? Son dos cosas distintas: puedo a regañadientes adaptarme a la primera, pero la segunda me toca profundamente los huevos… ¿Quién es caralibro para decidir qué publicaciones puedo ver y cuáles no, de mi prima Paula por ejemplo…?

Me encantaría poder seguir libremente a la buena de mi prima Paula, sin que me pusieran como un filtro en la cara que decidiera qué cosas sí y cuáles no, son las que más me convienen saber de las que mi parienta cuenta… También, tengo un amigo en Perú -Iván Figueroa- que sé que es un fiera, y del que caralibro también ha decidido que yo no sepa nada… Y mira que lo sigo con el dedito ok y él sabe, que tengo muchas ganas de saber de él y que lo quiero mucho, pero nada, no hay manera: caralibro no nos deja… Inexplicablemente, caralibro no quiere que él sepa -aunque yo sé que en el fondo él sí lo sabe- que a mí me gustaría mucho saber de él…

¡Qué extraño, y qué siniestro…! ¡Vaya mierda de red social…!

¿Y la política…? ¿Por qué nos encierra caralibro a cada uno en un corralito ideológico…? ¿Por qué, solo vemos una y otra vez las publicaciones de los mismos cansinos repitiendo lo mismo…? Y sabéis que todos sois mis cansinos favoritos. Mis queridos cansinos…

Caralibro pareciera ser que sí, que sí te informa de cuánta mierda hay en tu mundo, pero lo que no te deja es pasar la fregona de la verdad; ni siquiera la de tu verdad porque gritas y no se te oye; ni siquiera los tuyos te oyen. Caralibro te asfixia si le conviene, y te deja sumergido y solo, ahogándote en sus algoritmos siniestros… Y te pierdes, en el éter del silencio en tu línea de tiempo sin que nadie oiga el grito en tu muro… Y como si detrás de un muro, y aunque te estuvieras muriendo a gritos, esos algoritmos lerdos son capaces de bloquearte digamos que por facha o por suicida… Y claro, te morirías como un sordomudo, solo, y como que detrás de un muro…

Inteligencia artificial lo llaman. ¡Vaya mieeerda de red social…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

TRAMPA

Historias de esta gente…

Gora ETA. GC jota bertan hil

“Viva ETA. Guardia Civil muere aquí…”

No pude evitar parar mi coche y telefonear desde una cabina al cuartel, para denunciar de una vez la mierda de pancarta ésa que colgaba ya dos días del puente sobre la carretera nacional… Nadie se atrevía entonces ni se atrevería ahora a quitar una pancarta de ETA; nadie. No quise dar mi nombre porque estaba de permiso, y porque sabía de sobra que traía problemas…

Gora ETA. GC jota bertan hil
“Viva ETA. Guardia Civil muere aquí…”

También lucía aquella pancarta el dibujo de una diana en rojo, con la silueta negra y como sangrante, de un tricornio en su centro… Tomaron nota del aviso, y esa misma tarde enviaron un operativo a quitar la infamia aquella…

Fue al día siguiente en el cuartel, al volver de permiso, cuando me enteré de que habían reventado a mi compañero Juan Carlos con al menos quince kilos de amonal y otros quince de tuercas y tornillos… Lo peor, fue cuando me informaron de que el atentado sucedió, justo, cuando se personaron para quitar un asco de pancarta sobre el puente de la nacional, que un desconocido denunció por teléfono… El equipo forense necesitó muchas horas para recoger concienzudamente, todos y cada uno de sus pedazos esparcidos en un radio de al menos cuarenta metros.

No encontraron mecanismo alguno asociado a la pancarta, nada, por lo que una vez comprobado ese detalle, procedieron el sargento y el cabo a retirar la leyenda infame:

Gora ETA. GC jota bertan hil
“Viva ETA. Guardia Civil muere aquí…”

La bomba, enterrada de forma que orientara bien su onda expansiva, explotó a solo un par o dos de metros de la pancarta y del cabo… Uno de aquellos hijosdeloba tuvo que estar al menos tres días agazapado a medio kilómetro del lugar, pendiente noche y día tan solo del latir de su odio y de unos prismáticos, para terminar apretando el botón asesino en cuanto se acercara el primer guardia civil a retirar aquella pancarta del demonio…

¡Qué valientes…!

Los otros cuatro componentes del operativo se salvaron de la muerte, aunque no del horror de contemplarla ni del dolor de las heridas. Todos, resultaron en mayor o menor medida malheridos por esas tuercas y tornillos volando a doscientos metros por segundo. Tornillos y tuercas asesinas incrustándose y sangrando en sus carnes, reventando sus ojos o desfigurado sus caras, quebrando sus huesos, y casi destrozando del todo sus vidas…

Juan Carlos Beiro Montes, de 32 años de edad, estaba casado con María José Rama y tenían dos hijos: un niño y una niña, mellizos de 6 años. Era natural de Cotorraso, en el municipio de Langreo (Asturias) y vivía en el barrio de La Milagrosa de Pamplona. Beiro Montes llevaba tres meses destinado en Leiza cuando fue asesinado.

Sigo atormentado, por el remordimiento del secreto de haber sido yo la espoleta que activó aquella bomba, llamando por teléfono… Quizás, si no hubiese llamado, tal vez, aquel hijodeloba se habría cansado con los días de espera, y quién sabe, si se hubiera marchado a su guarida sin apretar el botón y sin su presa…

Gora ETA. GC jota bertan hil
“Viva ETA. Guardia Civil muere aquí…”

¡Qué valientes…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

SILENCIO. CONVERSACIÓN.

Historias de Paco Sanz

Me cuentan del silencio que hay ahora en las aulas al volver a clase en plena segunda oleada. Es más antinatural que el bullicio. El latín distingue dos formas de silencio: tacere es un verbo activo, cuyo sujeto es una persona, que significa interrupción o ausencia de palabra; silere es un verbo intransitivo que no sólo se aplica al hombre sino también a la naturaleza, a los objetos y a los animales, y que expresa la tranquilidad, una presencia apacible que ningún ruido interrumpe.

Una es la pausa que permite el “por turno” de una conversación, el silere. Da sentido, despeja el sentido. Es la respiración del discurso. Interrúmpese para escucharse. Pero hay otra clase de interrupción, más enigmática y más grave, el tacere, que mide la irreductible distancia entre los interlocutores. Una permite el intercambio, la otra es la del cansancio, la del dolor, de la desgracia, del advenimiento de lo neutro entre nosotros. Maldita pandemia.

Recuerdo haber tenido que copiar cien veces lo de “No hablaré en clase”. En mi página cuadriculada, dejando una línea sin escribir cada diez para llevar mejor la cuenta. Los charlatanes administramos el silencio y las interrupciones con mucho cuidado. La interrupción es necesaria en cualquier sucesión de hablas; hace posible el devenir, asegura la continuidad de la escucha. El discurso se convierte en diálogo, en dis-curso. En direcciones diferentes.

Cuando el poder de hablar se interrumpe, no se sabe, nunca se puede saber a las claras qué está actuando: si la interrupción que permite el intercambio, o la que suspende el habla para restaurarla en otro ámbito, o la interrupción negativa que, lejos de ser habla que toma aliento y respira, pretende -si es posible- asfixiarla y destruirla para siempre.

He visto una pancarta que reza: “El silencio es violencia”. Me he quedado de piedra. He pensado en mis nietos que han vuelto a clase estos días, que no se pueden quitar la mascarilla, que se tienen que lavar las manos cinco veces al día, que tienen que untarse de geles cuando entran en la tienda con su madre… y en el silencio que dicen las maestras que hay en el aula. Pobres niños. Ninguna civilización es posible fuera de la imitación del silencio. Pero nuestra locuacidad es prenatal. Raza de charlatanes, espermatozoides verbosos, estamos químicamente unidos a la palabra.

Sin poder hablar la libertad desparece. Sería ingenuo creer que este silencio, que esta anulación del libre albedrío tiene remedio. No somos nosotros quienes controlamos la técnica, es la técnica la que nos controla a nosotros. Y a un maestro desfalleciente o estúpido, nada le hace más feliz que un colegio silencioso y pacífico con todos los niños pegados a la pantalla. Cicerón ya dijo hace 20 siglos que la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Historias de Paco Sanz

LAS VACUNAS

Todos alojamos en nuestro organismo aunque desactivados por la inmunidad de las vacunas, al virus del sarampión, el de la varicela, la rabia, el tétanos, el tifus, la gripe o hasta el de la viruela… Ésto funciona así. Lo que no tenemos desactivado es la tendencia humana a la estupidez gregaria, al obcecamiento borrego, y a los sinsentidos ideológicos… Debería haber vacuna también para eso.

Nos hacen creer que enmascarados y encerrados en casa vamos a acabar con ésto. ¡Qué hijoputas…! En vez de en politiqueo, deberíais gastar el dinero en hospitales y en médicos, en trajes de astronauta o en cohetes a la luna; pero no nos culpéis de lo inevitable: vamos a morir todos…

Que nos vamos a infectar todos es una verdad matemática, impepinable; dos y dos son cuatro…. Es algo seguro. Ésto es tan contagioso que hasta te cascan trescientos euros de multa si te dejas la nariz fuera de la mascarilla; vamos, no me jodas… Por ello, el verdadero problema no está en que inevitablemente tarde o temprano me voy a contagiar sí o sí, sino en cómo me puedo curar… ¿No…? Otra verdad matemática y de sentido común dice, que no se debe luchar contra lo inevitable: los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía… Por eso, a invertir en hospitales.

En la edad media, la ignorancia o el sentido común culpaba a los mismos hombres, a su suciedad, a sus pecados y su comportamiento, de los estragos de las epidemias. Castigos divinos: peste, gripe, poliomielitis, cólera, tifus, viruela… Éramos nosotros los pecadores, los sucios; era Dios el que castigaba… El ser humano aún se sabía en cierto modo responsable de su destino y consciente de su futilidad. Ahora no: ahora nos creemos dioses de no sé qué mundo pero sin responsabilidades. Ahora no: ahora la culpa es de los chinos, de Trump, de Bill Gates, o del murciélago de Pedro Sánchez… Queremos una solución, queremos la vacuna, ahora; somos gilipollas…

La clave para ganar cualquier guerra está en poner la atención en tus propias zonas críticas. Pero aquí no… Aquí la atención, tramposa, la estamos poniendo en ensuciar a La Monarquía, en Franco, y en el odio viejo de la memoria de unos muertos hace ochenta años, que olvida a los viejos actuales y a otros no tan viejos, muertos sin embargo hace tan poco…

Y mientras, nos están jodiendo.

No lo dudéis: a invertir en hospitales…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

ABUSO. PODER.

Historias de Paco Sanz

Que los que se han hecho con el poder abusen, se podía esperar. Todo poder es abuso de poder, es de derechas. Cada vez se saben más cosas de cada uno de nosotros. Del abuso de memoria se pasa muy fácilmente al abuso de poder. El poder sin abuso pierde su encanto. El poder se convierte en abuso en cuanto se olvida de toda responsabilidad, particularmente la de informar, la de formar, y la de delegar.

Yo también he abusado. He abusado de mi hastío. ¿Pero que otro vocablo escoger para designar un estado, en el que la exasperación está sin cesar corregida por la lasitud y la lasitud por la exasperación? Todo es locura, vanidad, naderías, pero sólo una cosa es pecado: el abuso de la palabra. Lo dice un libro sagrado. También dice que no hay que tomar el nombre de Dios en vano. Abuso de la palabra Dios, la utilizo con frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo y necesito un vocablo para nombrar lo que hay después. Prefiero Dios a lo Inconcebible.

Las máquinas son cada vez más inteligentes, pero no abusan de nosotros. Los hombres las usamos para abusar unos de otros. No todo el mundo ve con buenos ojos que los sistemas cognitivos se hagan más inteligentes o que incluso nos superen. Temen que vendedores o políticos, servicios secretos u organizaciones criminales, puedan cometer abusos si los ordenadores descubren fácilmente nuestras preferencias a través de nuestro lenguaje.

Algo de eso hay. Existe un uso ideológico de internet en orden de aparentar cercanía, limitar la participación, protegerse mediante la simulación de transparencia, o simular comunicación. La construcción política de un espacio deliberativo, capaz de generar relaciones de responsabilidad, empatía y respeto entre representantes y representados, puede hacerse más difícil precisamente por el abuso de inputs y outputs en pantallas táctiles.

En la naturaleza humana existen, al menos en la medida en que el hombre convive con otros hombres, tres causas principales de conflicto: La competencia, la desconfianza, y el afán de fama. La primera conduce al abuso de las ganancias, la segunda al abuso de la seguridad y la tercera al abuso del prestigio.

En algún rincón de mi biblioteca, detrás de alguna fila de libros deben estar durmiendo, enrollados en un tubo de plástico, los documentos que certifican mis dos licenciaturas. Nunca he tenido los huevos de enmarcarlos y colgarlos en la pared, pero en cierto modo he disfrutado de la posibilidad de abuso que me conferían. La palabra para expresar abuso era en el mundo romano licencia. La licencia implica permiso, y si me apuras abuso. Por ejemplo la licencia de armas.

En la comunidad de regantes a la que pertenecía mi abuelo materno era preceptivo que el presidente de la comunidad, ante la autoridad competente, tomara una vez al año agua del canal con un vaso y se la bebiera. Decía entonces: ¡Uso!. Luego tomaba otro vaso. Se llenaba la boca y la escupía. Decía entonces: ¡Abuso!, levantando claramente la voz.

Historias de Paco Sanz

censurado-bloqueado-tocadoloshuevos

Llevo muy a gala el que estos enanos, anónimos, que controlan el rollo éste del Facebook, me hayan censurado-bloqueado-tocadoloshuevos, muchas veces ya… Debe de ser porque parece que tengo el honor, de que o bien a Ana Pastor o a vaya Usted a saber quién, o le gustan mucho mis huevos o me tiene algo de ojeriza…

Escribo mal según dicen, porque cuando utilizo palabras simples como mierda o coño, subnormal, rojo, negro o maricón, parece ser que saltan las alarmas del mecanismo imbécil éste de la red social: no sé qué coño del odio, dicen… Mierda de tela de araña; que no es red social sino mecanismo que hace de la mera palabra, trampa ideológica, siniestra, y comercial… Aaanda y que le den por culo al Facebook… ¡Qué cambien de algoritmos…!

Mi único consuelo es que de vez en cuando, me leéis… Os quiero.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Fracasan, fracasan de nuevo…

“…todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado…”

Historias de Paco Sanz

Adaptarse, hacerlo cuanto antes: a lo de no poder echar a estos tíos que lo están haciendo fatal. Fracasan, fracasan de nuevo, fracasan peor. Se explican, se explican de nuevo, se explican peor. Galbraith dijo una vez que debería haber, en todas las cuestiones económicas y políticas, una regla según la cual todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado… Debemos ser amables con aquellos que hayan tenido una pobre actuación. Pero no debemos llevar nuestra benevolencia hasta el extremo de mantenerles en sus cargos.

Siempre he encontrado curiosas las críticas de la gente con mentalidad práctica, con respecto a las comunidades utópicas y los experimentos comunistas, basándose en que a menudo fracasan y desaparecen muy rápidamente. No estoy seguro de que lo peor que pueda decirse de una institución humana, sea que posee la flexibilidad orgánica que le permitirá descomponerse tras haber fracasado, dejando ahí terreno libre para un nuevo crecimiento.

Existe una posibilidad más funesta: puede negarse a morir cuando ha sobrevivido a su fase de inutilidad, puede seguir funcionando y realizando su tarea obsoleta, imponiéndose a la gente para la que ya carece de valor, agotando su lealtad y energía. Creo que ésta es la situación con que nos encontramos en las organizaciones demasiado desarrolladas de la sociedad industrial informacional. Ponen en peligro a la persona y al planeta, pero no por ello se extinguirán y dejarán el paso libre… No son biodegradables.

Son filósofos. Estamos por fin gobernados por filósofos como quería Platón. La filosofía es cosa de perdedores, ayuda a serlo. Tomarse las cosas con filosofía es adaptación pura y dura. Pépin distingue entre los fracasos que nos vuelven más combativos, los que nos hacen más sabios, y los que nos devuelven la disponibilidad para hacer otra cosa nueva. Nuestra clase política, combativa sí es.

He visto a demasiadas buenas personas, a gente especialmente brillante apartarse de la política, hasta yo me he apartado sin serlo. “Desde que tengo uso de razón asisto al indefectible fracaso de nuestros mejores hombres, rendidos por tener que emplear sus facultades arcangélicas contra boxeadores cotidianos”. Ortega lo dijo así. Otros lo sentimos así, pero lo decimos de cualquier manera.

Personalmente “en la guerra que sostengo, siendo mi ser contra mí, pues como yo mismo me combato, defiéndame Dios de mí…” Con otras palabras: en mi guerra contra el mundo defiendo al mundo. Los que estamos acostumbrados a carreras contra nosotros mismos estamos acostumbrados a fracasar.

Asistimos al fracaso del antigénico. La vía exitosa de defensa contra algún antígeno, nos lleva a pretender la misma para otro diferente, aunque los anticuerpos que se generan ya no sirvan contra el nuevo enemigo.

Es como ese viejo dicho militar de que los generales, especialmente los vencedores: “combaten como en la última guerra que libraron…” Parece como si el sistema inmunitario confiara más en reforzar las viejas defensas que en organizar otras nuevas, sobre todo si la antigua estrategia pareció funcionar razonablemente bien, con gran rapidez, y contra un enemigo tan parecido…

Historias de Paco Sanz

SEÑORÍAS DEL CGPJ…

Mierda de siglas las del Consejo General del Poder Judicial…
😳

El amigo Garzón 😡

SEÑORES JUECES…

¿Cuando de tanto prevaricar por política hayáis manchado bien vuestras togas con el polvo del camino, y destrozado nuestro derecho a La Justicia y nuestra creencia en ella al anegarla de mierda, de corruptelas e injusticias y por ello de dudas… qué haremos entonces, dónde o a quién recurriremos…?

¿Compraremos una pistola…?

El juez Marlaska 🍓

SEÑORES DIPUTADOS…

¿Cuando ya os hayáis cagado en el Rey, y tengáis que entronizar cada cuatro años a un reyezuelo arribista sin ninguna preparación ni amor por su patria; a uno de estos maquiavelos de medio pelo como Coleta Embustera, Sánchez El Traidor, Garzón El Seminarista, o El Pequeño Marlaska…? ¿Qué coño haréis entonces, qué coño haremos…?

Otro Garzón…🤔

Permitidme que me ría a carcajadas de vosotros, y que a la vez llore a manta por nosotros…

Compraremos libros de Historia de España…

La jueza Margarita 😳

SEÑORES DEL GOBIERNO…

Preguntas:

¿Presidiría verbigracia, el léxico florido de Mariló Montero quizás la RAE, o a lo mejor el Instituto Cervantes…? ¿Llegaría El Banco de España tal vez a ser manejado porqué no, por las manos tramposas y la voluntad traidora de Rufián El Charnego…? ¿Veríamos acaso, a un hombre de paz como a Otegui El Gordo Secuestrador porqué no a cargo del Ministerio del Interior, o mejor el de Defensa…? Me pregunto, ¿cuánto lo haría de bien digamos que como Ministra de Sanidad, Educación o Industria, una cualquiera del gremio vuestro como Adriana Lastra, cuyos únicos méritos parecen ser la sumisión canina a su partido, y su pareciera que recién terminado bachillerato…?

Compraré, otros libros, distintos…

SEÑORES DE LA GUARDIA CIVIL…

¿Cómo es posible que el mismo día en que se conmemoran a las víctimas del terrorismo, consintáis que sean olvidadas, y sin embargo aceptéis envolveros vosotros y vuestro escudo en ese fular arcoiris lgtbi que ahora os imponen para denigraros…? Mirad lo que han hecho con los vehículos de correos…

¿Tan lista tan lista que es la Guardia Civil, y no veis la trampa legal de obediencia debida en la que os quieren meter…? ¡No me jodáis coooño, que sois la Guardia Civil…!

Yo, mientras, me envolveré con la bandera aquella de La España que juré… Y cuando de una vez por todas consigáis saliros con la vuestra, y cambiéis la bandera española por la horterada republicana que pregonáis, no sé qué haré…

Como dice mi socio: ¿Y ahora qué hacemos…?

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA CAJA DE HERRAMIENTAS

Historias de Paco Sanz

No quiero saber cómo funciona mi móvil. Es una caja negra, es magia. Entiendo por cajanegrismo al punto de vista según el cual, la conversión de cajas negras en cajas translúcidas mediante el relleno de las primeras con “mecanismos definidos”, no es necesario ni deseable. ¿No entiendo lo que no puedo crear? Hemos dejado atrás eso de Feynman. ¡La comprensión, está tan pasada de moda, es tan de otra época! ¿Quién quiere comprensión, cuando todos podemos ser los beneficiarios de artefactos que nos ahorran todo ese arduo trabajo? Se puede saber más, de lo que se puede demostrar.

El éxito limitado en el intento de establecer relaciones directas entre fenómenos observables, es el que nos lleva advertir que la diversidad del universo actual, debe ser superior a la diversidad que nos revelan nuestros sentidos. Desde un punto de vista lógico, el cajanegrismo es semejante al holismo y al Gestalismo, en cuanto estas escuelas igualmente desean detener el análisis, esto es, limitar la razón. Aceptar la magia.

Tener que aceptar la magia de cosas que no entiendes en nombre de la mejora de la capacidad predictiva, es algo contra lo que los investigadores siempre han luchado. Einstein diría que Dios no juega a los dados con el Universo, y los que dicen que entienden la mecánica cuántica, es que no la han entendido. Feynman lo dijo. Hay personas que nos pasamos la vida intentando comprender.

Von Neuman, recordaba Feynman, me dio una idea interesante: que no tienes que responsabilizarte del mundo en el que estás. De modo que, como consecuencia de su consejo, he desarrollado un sentimiento muy fuerte de irresponsabilidad social. Eso ha hecho que yo sea un hombre feliz desde entonces.

Al conjunto de métodos de aprendizaje automático, que permiten a un humano saber cómo y porqué se ha vuelto un valor concreto, se les denomina métodos de caja blanca, y en gran medida coinciden con los métodos simbólicos. Por otra parte, al conjunto de métodos que no permiten interpretar fácilmente los motivos que han llevado a la máquina a arrojar un resultado determinado, se les denomina métodos de caja negra. Usualmente los métodos de caja negra muestran una mejor capacidad predictiva, mientras que los métodos de caja blanca ofrecen una mejor capacidad explicativa.

Me paso la vida intentando blanquear cajas. Intentando comprender libros. Para Proust un libro debe ser como unas gafas, si te las pones y ves mejor, ¡adelante!, ¡úsalas! Si no: ¡busca otras! No es algo a comprender sino a utilizar. Foucault decía que debía usarse como una caja de herramientas, Nietzsche pensaba en un hacha… que quiebre el hielo que cubre nuestro mar.

Ahora que llega la pobreza, más que blanquear cajas o conformarse con su negrura habría que mejorar nuestras herramientas. La proletarización entre los obreros, no está consumada más que con la destrucción de toda capacidad autónoma de producir su subsistencia. En tanto que el obrero posea una caja de herramientas que le permita atender sus propias necesidades; en tanto que disponga de un pequeño jardín en que cultivar legumbres o cuidar gallinas, su proletarización le parecerá accidental y remediable, ya que convencido por la experiencia de una autonomía posible: debe ser posible salir de ella, establecerse por su cuenta un día, comprar con sus ahorros una pequeña granja, bricolear para atender a sus necesidades una vez jubilado. En resumen, que si van mal las cosas sólo es por mala suerte… Como tiene su propio subsuelo, puede aceptarla, o no.

Historias de Paco Sanz

ESTAR PENSANDO…

Historias de Paco Sanz

Mi hijo ha compartido conmigo la tara de la precocidad. No sólo cuando se tarda en saber, en comprender, puede uno convertirse en un “retrasado”, también haciéndolo antes de hora. Tuvo la suerte de tener una maestra que le puso en su sitio a tiempo. A mí no me pasó lo mismo, de haber sido puesto tanto como ejemplo por los maristas en clase, no me he recuperado nunca.

Su maestra, con la que compartí el gusto por ciertos libros y a la que ayudé cuanto pude en los “conciábulos y conventículos” con los padres de alumnos, me dijo que una vez encontró a mi hijo solo en el patio “encantado”, es decir con cara de no estar haciendo nada. Se acercó y le dijo “ Hola, ¿qué estás haciendo?”. El niño la miró de arriba abajo y contestó: “No me moleste, señorita, no ve que estoy pensando”. La pobre mujer se retiró de lo más cortada. En Oriente se considera una impertinencia interrumpir a alguien cuando está en contacto con su ángel bueno, y ella era un poco budista, como yo.

Hoy día eso de pensar por pensar ha ido a menos. No me extraña, y es que el pensar no conduce a un saber como las ciencias. El pensar no produce ninguna sabiduría aprovechable para la vida. El pensar no descifra enigmas del mundo. El pensar no infunde inmediatamente fuerzas para la acción.

Y es que no estamos para eso, con tanta necesidad por tener algo que hacer, no hay quien piense. Si el pensar actualiza la diferencia dentro de nuestra identidad dada en la conciencia, y ello produce la conciencia como subproducto; entonces el juzgar -el subproducto del efecto liberador del pensar- realiza el pensamiento, lo hace manifiesto en el mundo de las apariencias, donde nunca estoy solo y siempre demasiado ocupado para pensar… La manifestación del viento del pensar no es el conocimiento; es la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo.

Supongo que el niño estaba encantado porque todavía podía pensar sin palabras. Lo que es todo un lujo, todo un nivel. Luego las necesitamos -a las palabras- tanto para pensar que no sólo dejamos de poder hacerlo sin ellas, sino que a veces, da la sensación de que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos en la mente. Más tarde cuando nos da por escribir esto se acentúa, no sabes lo que piensas hasta no darte cuenta de lo que estás escribiendo. Y es que la pluma es al pensar lo que el bastón al caminar. El caminar más ligero se realiza sin bastón, el pensar más perfecto sin pluma. Pero cuando uno empieza a hacerse viejo usa de buena gana tanto el bastón como la pluma. Y los imbéciles (palabra que deriva de in-baculus: uno que lleva un bastón por compañía) ya no saben salir a pasear sin bastón o a pensar sin pluma o teclado. La imbecilidad no es mala, lo malo es ejercerla.

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MÉS QUE UN CLUB

Y que conste que ni soy del Madrid, ni he sido nunca de equipo de fútbol, partido político, o club de fans alguno, jamás.

Uno de los pocos defectos, que al principio de nuestras relaciones vi en Mi Señora, es que fuese del Barcelona. Bueno, como explicación y excusa diré que ella se quedó cuando Iniesta, su ídolo futbolístico: un albaceteño del barsa; os acordaréis del gol en la final del Campeonato del Mundo y tal… Por eso se salva Mi Señora: porque ni le gusta ni tiene idea de fútbol; ni lo entiende ni falta que le hace… Pero a mí, sí me gusta la Historia.

Recuerdo aquella noche de marcha en Sabadell… Fuimos a que viese a su familia y amigos de la infancia. El caso es que estaríamos ocho, nueve o diez de aquellos amigos en un garito de la zona, y cuando me embaulé el primer cubata se me ocurrió, como hacíamos en Alicante, pagar yo una ronda… ¡Chico, chico, y chico…! ¡No sabéis la que se armó…!

Cuando el camarero empezó a colocar los ocho o diez vasos con hielo en la barra frente a nosotros, noté que surgió especialmente entre los chicos del grupo, una extraña inquietud a la que se sucedieron unos ansiosos cruces de miradas, primero entre ellos y luego hacia mí… Interrumpieron con un gesto de fastidio la faena del camarero, y me miraron de una manera muy incómoda, por lo que retador, les pregunté a bocajarro a todos que qué coño pasaba… Muy extrañado, noté que se cortaron un poco aunque no dejaban de mirarse de soslayo, pero ahora solo entre ellos y como cuchicheando…

Estaba a punto de que se me terminaran de hinchar los cojones, de mandarlos a la mierda y de salir cortando de allí, cuando se me acercó algo ufano uno de aquellos amigos. Éste, me aclaró que aquella invitación había sido como un gesto de mal gusto para ellos… ¿Perdonaaa…? Era evidente que ahora, concluí, los roñosos se veían en la obligación de rascarse el bolsillo y pagar una ronda cada uno… “Y perdona, però és que a Sabadell cada un es paga el d’ell…” Me dijo el cicatero queriendo tener razón, y casi como si haciéndose el gracioso… Me quedé, no sé si llegó a tres segundos, mirándolo con desdén y fijamente a los ojos… Anda y que os den, miserables. Y salimos de allí cortando.

Por este tipo de cosas, ese rollo tan catalán de que el barcelona es més que un club es pura filfa; la pela es la pela y solo es otro más de los eslóganes trileros que se han tragado sin rechistar allá en los Condados… Frasecitas capciosas cargadas de odio y racismo, como la infame de Espanya ens roba y otras muchas, mezcladas sibilinamente con ideología, nazionalismo e ignorancia… Ya digo que me gusta la Historia, y muchísimo más que el fútbol.

Echaron casi a palos a Abelardo a que se muriera por ahí él solo; porque lo dejaron solo con las drogas, solo… Se les fue Maradona hasta los cojones… Shuster y Laudrup hablaron pestes cuando se fueron… Largaron a Romario, a Rivaldo, a Ronaldo y a Ronaldiño, a Iván De la Peña y a Neymar; incluso a Cesc Fábregas; y seguro que me dejo otros muchos… Y claro, hasta Messi se les ha ido, harto de catalanes…

No saben tratar personas… Sólo les importa el argentino, porque han invertido mucha pela y saben, que todavía será decisivo para ganar títulos en cualquier equipo durante los próximos tres o cuatro años… Tiene ya treinta y pocos pero sigue siendo futbolísticamente un portento; un portento que han perdido, y que han perdido ellos solitos… Porque son unos desaboríos somierdas que solo se tocan el bolsillo, y que desprecian hasta a los suyos cuando creen que ya no les van a servir… La gente se les va, huyendo. Y claro, si desprecian así a los suyos, ¡cómo no van a despreciar también y profundamente al resto de España…!

He de confesar que me alegro que el barsa, el athletic, la real y demás ralea ideologicofutbolística, lo pierdan absolutamente todo, hasta los entrenamientos… Que los del barsa pierdan a Messi, y que encima se les derrumbase el Camp nou, sería ya la ostia… Que se coman toda la mierda con la que nos insultan, y ojalá se ahoguen silbando nuestro himno hasta el último de esos catalanes racistas y traidores… Es por eso que yo me cago en to’susmuertos; porque a mí no me insultan estos miserables y me quedo igual…

¡Que les den por el culo con una caña…! Yo no jugaría en ese club aunque me la chuparan cinco veces al día… ¡Qué asco, todo el día mamando revancha y catalanismo…!

aaanda y que les den.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA MÚSICA ESTÁ CAMBIANDO

Historias de Paco Sanz

Las cosas están cambiando, y ante los cambios si no has podido anticiparte toca adaptarte. Nos adaptamos perfeccionando las madrigueras, las defensas, la ayuda mutua, o cambiando de lugar, de entorno. Pero mejor anticiparse, claro. Y para anticiparse en las cosas de la vida hay que recordar que está es ondulante, que la cronobiología es determinante. Por ejemplo: Tengo la regla.

Hay ritmos circadianos, alrededor del día; mareales, de 14 días; lunares, de 28; anuales de 365; y hasta septanos, de siete años. Las plantas siguen a veces ritmos de luz a luz, de 24 horas, y también de luz a oscuridad, de 10 horas. En cronobiología se usa el término reloj de arena para designar aquellos procesos rítmicos, que no son autosotenidos, y que requieren un acontecimiento periódico que dispara cada ciclo.

En nuestro cuerpo ondulan muchas cosas como la glucemia o la tensión arterial, es bueno que lo hagan. En el organismo sano, el intervalo entre latidos cardíacos es caótico, fluctúa pero no responde a ningún patrón periódico. Unos días antes de una muerte cardíaca súbita el ritmo cardíaco es sospechosamente regular, y trece horas antes del infarto es prácticamente constante.

Eso de adivinar el fluir natural y luego seguirlo, es muy fácil de decir y muy difícil de hacer, porque a veces el que puedes seguir mejor no es el natural. Cuando les fue provisionalmente concedido el derecho del trabajador a seguir su “ritmo natural” llegaron rápidamente a la conclusión de que “nuestro ritmo natural es el de no trabajar” al menos en las condiciones técnicas y sociales existentes.

También es sabido que es más fácil cambiar el tiempo de vigilia a base de retrasar la hora de irse a dormir, que madrugando. Por eso en las fábricas en las que se rotan turnos, se toleran mucho peor los que lo hacen hacia atrás, de noche-tarde-mañana, que los que lo hacen hacia adelante, mañana-tarde-noche. Y cuando nos cambian la hora protestamos más, llevamos peor la que nos hace madrugar, que la que nos deja estar un rato más en la cama por la mañana que de costumbre.

Los mecanismos de acción de las feromonas y la cronobiología son dos de los sentidos que nos quedan por investigar. Y los misteriosos caminos de la simpatía, o la coincidencia de la gente que ha estado en contacto con nosotros, son los otros dos. Pero para misterios, ondas y ritmos, nada como la música recuerda la vida.

En música el ritmo se refiere a la fragmentación temporal de una melodía, la cual se compone, a su vez, de una serie de sonidos y silencios. Se basa en la repetición regular del compás. No todos los compases son iguales. El típico compás 3/4 del vals vienés consiste en una serie de un pulso acentuado y dos sin acentuar. Este patrón conforma la métrica de una pieza musical. Mientras el ritmo y la métrica configuran la sucesión temporal de los sonidos, la armonía corresponde a su combinación simultánea.

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EL JAZZ…

En primer lugar he de confesar que no sé hacer música ni con un tambor; pero soy muy cantaorico, muy melómano, y lo que sí sé es silbar, aunque no como Toots Thielemans…

Compré hace mucho un curso por correspondencia y a un amigo una guitarra vieja, pero no me dio tiempo la paciencia, siquiera para empezar a poner los dedos en los trastes como Dios manda. Me cansé muy pronto, pero en cambio, me dio por gastar una pequeña fortuna en discos originales. Hermosa inversión, pero mal negocio…

Mis hijas mostraban mucha curiosidad por aquella música desde bien pequeñas, porque sin decirles nada, cuando empezaba a sonar, ellas solitas venían y se sentaban frente a aquellos enormes altavoces de mi casa: cerca, despacito y en silencio, y se quedaban quietas, atentas… Y ésa era la clave: la atención y la quietud, para dedicarlo todo a la escucha y a la observación consciente, al embelesamiento…

“¿Papá, porqué te gusta tanto esta música tan rara…? Parece, que cada uno va por su lado…”

Hace tiempo que quiero escribir algo sobre música, sobre jazz… Y como no sé por dónde empezar, voy a improvisar y a ponerme a sonar el tema Paris Blues, de una grabación en directo maravillosa que tengo de Duke Ellington… Que suene, a ver qué pasa.

Y pasa… Es una grabación sucia, antiquísima, de los cincuenta; pero siempre me pasa lo mismo cuando empiezan a tocar aquellos veinte músicos: que se me mueve el pie; y que me suena, como si toda la orquesta en sí misma fuese un único instrumento… El Duque hacía las cosas así. No es que fuese un pianista sobresaliente ni genial -era un buen pianista- lo que sí fue es a mi juicio, el mejor director de la Historia de una big band de jazz… Y lo era, porque sabía destilar de cada uno de sus intérpretes esas gotas de genio individual que formaban la lluvia maravillosa de su música, como si todos aquellos instrumentos, de viento, cuerdas y percusión, fuesen su instrumento…

Ese Blues en París, es el relato musicalizado y arrebatador de la historia de un amor imposible. Del encuentro inicial y furtivo con ese amor, del cortejo y del ardor de la pasión, del fuego del sexo… Pero también del abandono, de los finales sin explicación, de las despedidas sin consuelo… Maravilloso Ray Nance llorando al violín. Música maravillosa, casi sin necesidad de partitura…

¿Que qué se necesita para tocar o entender el jazz…? Pues un músico en el alma, creo. Pero un alma de músico que tenga como mínimo tres méritos: el primero es un cierto dominio virtuoso de su instrumento; el segundo y fruto del primero, es una buena capacidad de improvisación; y el tercero es experiencias, muchas, cuántas más mejor…

¿Y así, si te gusta y te sabes de sobra la canción, para qué coño cantarla siempre igual?

Con muy mala leche, le preguntaron una vez a la pobre de Billie Holiday, que, siendo ella tan golfa como había sido, si no le daba un poco de vergüenza haber cantado esas letras tan moñas y horteras de los años treinta y cuarenta. Ella, respondió que le importaban un pijo las letras… Que para ella que no sabía de solfeo, y que tan solo tenía el oído, la garganta, el coño y el whisky, lo único importante era la música, the beat, el pie moviéndose al mismo tiempo que el corazón latiendo…

Y yo añadiría: la piel de gallina…

Lo demás, o es clasicismo, o se convierte en filfa musical, polución sonora, repetición, tuerking, karaoke, o perreo y chunda chunda…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

En la casa que va a ser de mi nieto hay veinte o treinta mil libros. Mi consuegro y yo hemos heredado libros de nuestros mayores, nuestros amigos nos los han dado, otros los hemos comprado. En el casoplón del pueblo, antigua mansión de algún noble, han ido quedándose los libros. He ramoneado en bibliotecas y librerías desde niño. En una ciudad nueva mientras los demás van de tiendas y museos yo me pierdo en ellas. Sigo haciéndolo en la casa que va a ser de mi nieto, me maravillan. Como Borges, siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Decía Ramón que cuando sacamos unos libros de la estantería, los otros se atraviesan en su hueco como para no volverlos a dejar entrar.

Cuando a mi primo el loco de la montaña le dije que nadie iba a leerlos, que me sabía mal tirarlos pero que estaban empezando a ocupar demasiado sitio, a acumular demasiado polvo, incluso en la gran casa que nadie vive; me dijo que no se me ocurriera tirarlos, que volverá a hacer frío en invierno, que si se queman despacio arden bien, dan calor, que hay otras formas más caras de devolver el carbono a la atmósfera. Me he acordado de Farenheit 451. Ahora no hace falta quemarlos, basta dejarlos en sus estanterías para que mueran solos. Cada vez hay menos gente que lee libros… viejos. La curiosidad sigue otros caminos. Y como dice la primera frase del libro ese: “It was a pleasure to burn”.

Pedir a los niños que dejen la tableta es como pedir a la gente que vive sola que no vea tanta televisión, es inútil. Si encontraran algo mejor que hacer lo harían. Además, las virtudes de la lectura están sobrevaloradas. Cuando los godos devastaron Grecia, uno de ellos salvó las bibliotecas de ser quemadas diciendo que convenía dejarlas a los enemigos, como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Mega biblion, mega kakón.

Creo que en los libros veo a las personas que los escribieron, tradujeron, editaron, compraron, regalaron, almacenaron, e incluso a los que los leyeron. A veces recuerdo al que era cuando leí alguno de ellos. Siempre me han gustado los cuentos de los abuelitos, tirarles de la lengua a los que vivieron cuando yo era niño. Siempre he pensado que cuando un anciano muere, aunque sea en una remota aldea de la selva, es como si ardiera una biblioteca entera. Los mayores eran las bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos podría ser una cuestión de vida o muerte, similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

Incluso cuando los androides replicantes se mueren, desaparecen como lágrimas en la lluvia, pasa algo parecido: “I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die”.

En los monasterios, y estoy viviendo la pandemia ahora en lo que fue uno de ellos, al lado de la biblioteca había otro recinto más íntimo aun: el scriptolorium. El nombre procede del pequeño espacio en el que en la Edad Media los cistercienses copiaban los códices. Era un scriptorium de menores dimensiones: un simple rincón donde escribir, de paredes desnudas, y con sólo una mesa, una silla y un atril. Los copistas, muchas veces tenían que memorizar el texto antes de escribirlo.

Las bicicletas han vuelto a las ciudades, y las bibliotecas, ¿volverán?

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Cumpleaños…

Que cuántos cumplo, me preguntan. ¡Pues coño, uno…!

Cumplo uno, los otros cincuenta y tres ya los tenía. Otra cuestión es cuántos tengo o si realmente los tengo, o si los tenía, si realmente los tuve; o si viviendo los he perdido, los he quemado, fundido o gastado, acaso dilapidado; o si quizás, los he aprovechado… Finalmente, la última controversia es, cuál es en verdad mi edad.

Y como es precisamente el tiempo, transcurrido en experiencias vitales, lo que en verdad nos marca realmente los anhelos, me siento todavía diríase que con el mismo tiempo que yo tenía, justo, en el momento justo que asistí al tiempo justo que duró el parto de mi segunda hija. ¡Vaya momento, justo a tiempo, y vaya experiencia tan vital…! ¡Qué ganas de vivir…!

Y sí, yo soy aquél, mentalmente aún soy aquél. Algunas cosas ya no funcionan igual pero en el fondo yo soy el mismo; incluso algo más mañaco; como que aún más niño. El tonto de mí… Pero bueno, como en este juego mental de tontos te puedes plantar cuando quieras, yo, me planto en aquella época. Me quedo, en aquellos los años de la potencia de fuego; del vigor máximo, y de la mente abierta también al máximo pero a golpes de experiencia… Luego, la vida ya me la pondrá dura o no.

¿Qué cuántos cumplo…? Yo qué sé; siempre he necesitado que me llevaran las cuentas.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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EL SABIO Y LA MUERTE

Historias de Paco Sanz

Una vez un sabio me recomendó no cansarme de volver a sentir los efectos de fenómenos, sobre todo cuando eran agradables. Parecía algo de sentido común. Pero lo que no me dijo es que ciertas cosas dejaban de funcionar solas, perdían solas su gracia. Será por eso porque buscamos cosas nuevas, por ver si nos podemos sentir como nos sentíamos con un nuevo amante, con una nueva música, en otro sitio. Sin embargo cuando uno envejece, hay que saber quedarse en un peldaño determinado.

He ido diciendo adiós a unas cosas, a unas relaciones, sin saber muy bien por qué, y otras se han quedado y siguen conmigo y tampoco tengo mucha idea de por qué. Supongo que todos envejecemos como podemos, y aun peor, a veces. Panero, Don Leopoldo María, dedicaba un libro de poesías: “A mi desoladora madre, con esa extraña mezcla de compasión y náusea que puede sólo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto desastre”. Otro poeta, Gil de Biedma, habla de aquel momento en el que envejecer, morir, es el único argumento de la obra.

Un viejo de mi pueblo que acaba de volver del entierro de un pariente de 98 años me dice que “a viejo se llega, pero no se pasa”. Ya me gustaría poder alcanzar, como en la Edad de Oro que describe Hesíodo, ese estadío en el que los seres humanos vivían sin envejecer y, llegada su hora, quedaban dulcemente vencidos por el sueño. Sería bueno tomar de los griegos su juicio de la vejez: Detestaban el envejecimiento más que la muerte, y preferían morir cuando sentían que empezaban a devenir razonables, y se volvían tan viejos como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia.

Esta mañana en la piscina hablaba con mi tía levantado un poco la voz ambos, pues somos de esos hipoacúsicos resignados, acerca de como han llevado nuestros parientes eso de irse quedando sordos. Me he acordado de aquel cuento de uno, que le echa una mano a la Muerte; que no sé en qué lío se había metido, ni siquiera cómo pudo haberse metido en un lío; pero bueno, un cuento es un cuento… La Muerte agradecida, le dice que quisiera devolverle el favor.

“Ya sé que me tengo que morir, pero si no te importa unos meses antes de que vengas a por mí házmelo saber”. Pasan los años y ella viene a buscarle. El hombre protesta, ¿pero no quedamos que me avisarías? Pero si no he dejado de hacerlo, contesta ella. A qué crees que ha venido el que hayas necesitado, un año gafas para ver, otro audífonos para oír, y ayuda hasta para las cosas más elementales. Pues menos mal que no se lo ha dejado más claro, pensé cuando me contaron el cuento.

Al envejecer pasan cosas muy raras. Por ejemplo envejeciendo aprendemos a convertir nuestros terrores en sarcasmos. Envejecer es retirarse gradualmente de la apariencia. Hay que desaparecer a tiempo, vaya. Siempre es otro el que se muere.

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