LA VIDA. Un caso real.

El grito de terror nos hizo dar un respingo a todos; eché a correr alarmado por el pasillo mientras su madre salía hasta el umbral de la puerta del dormitorio, con La Niña en brazos; inerte, amoratada por el atragantamiento…

Me la entregó suplicante, aterrada; ocho días de vida colgando flacidamente de mis brazos… Mientras la tomaba en mi regazo, un regusto de impotencia desgarraba mis entrañas…

Frenéticos, corrimos hasta el coche… Hice el ademán de entregarle La Niña a mi hermana para ponerme rápidamente al volante; pero era evidente la expresión de gravedad en su cara: es tu hija…

Era conmigo con quien mejor podía estar en este trance. Posteriormente me confesó que, al verla tan mal, pensó que lo que tuviera que pasarle, era mejor que le pasase en mis brazos…

No respiraba… solo podía susurrarle cariñosamente de forma entrecortada debido al pánico y al llanto; solo podía darle ánimos… hablarle, rogarle… acunarla. Era tan, tan pequeña, que no encontraba forma alguna de ayudarla… Estaba aterrorizado tratando de hacer algo por ella, cuando casualmente descubrí que soplando suavemente en su carita, de forma refleja, La Niña intentaba aspirar aunque de forma muy tenue y trabajosa…

No respiraba, apenas inhalaba, pero continué soplándole suavemente, intentando acompasar mi ritmo con el de su hálito trabajoso… Solo algunos gestos vitales, apenas perceptibles, casi estertóreos; pero estaba viva…

El pánico invadía hasta el último resquicio de mi cuerpo, aumentando la presión de mi miedo hasta límites que no había experimentado nunca. He visto la muerte varias veces, también la violencia y el delito; he visto la droga, el desamor y la decepción, pero jamás el miedo había impregnado de ese modo mi ánimo.

Entramos en el ambulatorio como una exhalación, tropezando; cegados por las lágrimas y por el espanto; dando alaridos, imploramos una ayuda que sabíamos imprescindible para salvarle la vida…

Ya llevaba varios minutos en apnea; y su color macilento, y la casi completa atonía de su cuerpecito, evidenciaban lo crítico de la situación…

Recuerdo, las miradas de estupor del personal del ambulatorio al ver el estado de La Niña y el del padre… Pude detectar la renuencia lógica de la mayoría de ellos, al ver a la diminuta criatura que yo les llevaba casi muerta… Era evidente que no querían cargar con la posibilidad de que “eso”, sucediese en sus manos…

Alarmado, salió a nuestro encuentro un doctor veterano (el Dr. Rodríguez) a quien entregué -yo rendido y empapado en llanto- el cuerpecito de mi pequeña…

…El intento de sondarla para proporcionarle oxígeno fue inútil; era demasiado pequeña para utilizar el catéter o cualquier otro instrumental de que disponía… Un rictus de impotencia y temor asomó también en la cara del doctor.

¡¡¡Dios mío…!!!

Finalmente, como último y creo que único recurso, el doctor inició unas simples maniobras con los bracitos y una serie de masajes en el vientre… En ese momento rompió a llorar… Me sorprendí sonriendo a lágrima viva… Me sonó extraño, solo la conocía ocho días… Había estado muchos minutos (parecieron horas, lo juro) sin emitir sonido alguno y casi totalmente inerte. La Niña lloraba, y eso significaba que había conseguido llenar sus pequeños pulmones de aire.

En ese momento presentí a Dios…

Reaccioné, arrancando brusca e instintivamente la criatura de los brazos y cuidados del doctor, con la intención de llevarla cuanto antes al hospital…

Al principio el doctor se sorprendió de lo impulsivo de mi acción, pero inmediatamente, y sin decir palabra, comprendió que mi intención era también la mejor opción: había estado demasiado tiempo en apnea y era imprescindible hacerle otras pruebas, que eran imposibles de realizar allí…

Balbuceando y envueltos en lágrimas, dimos las gracias, y a trompicones, salimos a toda prisa, sin hablar; hacia el hospital…

Podría haber muerto en mis brazos; peeero…

Gracias a Dios, la Niña hoy tiene 12 años y es uno de los grandes amores de mi vida.

Antonio Rodríguez Miravete

5 comentarios sobre “LA VIDA. Un caso real.

  1. “En ese momento presentí a Dios…” y es lo que pasa siempre cuando nos encontramos frente a los momentos mas terribles en la vida…mas alla de toda creencia lo invocamos y “vemos” su presencia..Me toco vivir algo muy similar a lo que contaste magistralmente con mi hijo recen nacido y doy fe de lo que se siente… Cariños

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