VERGÜENZA INDEPENDENTISTA…

Lunes, 30 de octubre, son casi las cuatro de la tarde…

Estupefacto, acabo de oír por una cadena de radio de las solventes, que el tristemente ínclito y “nada honorapla” señor Puigdemon, apresuradamente se ha marchado a media mañanita a Bruselas, dándose con los talones en el culo, al parecer, cual mañaco en búsqueda de asilo bajo el regazo de no sé qué partiducho belga, nacionalista también…

Ha tardado un solo día en echar a correr delante de la bajeza de sus actos…

Me gustaría poder revolver en los entresijos de los pensamientos de los muchos independentistas, de buena fe pero de poca y mala educación, que han puesto en manos de estos alfeñiques morales e intelectuales sus querencias políticas,

indepetontos

sus emociones más entrañables y sus legítimas aspiraciones económicas…. ¿Qué cara se les habrá quedado a esos mismos independentistas, “al verle” correr cual conejo, para dejar atrás el erial moral, económico y cultural en que ha convertido a su propia tierra, Cataluña…?

Todos los que se han emocionado hasta el paroxismo con el canto ciego y rendido del els segadors; todos los que han asistido fervorosos a esos multitudinarios aquelarres independentistas; todos los que han creído el discurso purificador de ésa su prístina etnia, elegida por el destino para las más altas estimas… Todos ellos digo, han de tener un nudo, muy amargo y merecido, en sus gargantas quebradas de jalear inútiles consignas embusteras, al ver a éstos sus próceres, amilanados frente a su propia osadía, y reculando, timoratos y cobardes, de sus convicciones se supone más profundas, sinceras y pregonadas…

Han sufrido los independentistas, este vía crucis de sibilina y catalanista abducción, solo para asistir al espectáculo ruin de ver a sus caudillos, furtivos y humillados, “tomar las de villadiego” rumbo al asilo vil de sus cuentas corrientes. Éstas, están a salvo en paraísos fiscales y penales, que tuvieron la cara dura de prevenir y preparar para estos tiempos difíciles, puesto que sabían con certeza que así acontecerían, como consecuencia del latrocinio abyecto de sus actos…

Antonio Rodríguez Miravete

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