El 23-F y la taquilla del cine…

taquilla

Eran, solo las seis y pico de la tarde y mi abuelo Manuel entró consternado en la angosta taquilla… Aquella tarde el taquillero era yo… Tras sacudir, con una inusual ternura en él, las guedejas de mi cabeza, me dijo, como preocupado y tajante, que ya había terminado mi trabajo esa tarde, y que ¡se iba a cerrar el cine…!

¡Qué extraño!

Aquello era impensable. Sabía que mi abuelo había estado ‘echando’ cine ininterrumpidamente desde hacía más de veinticinco años… Ni la llegada del hombre a la luna, ni Franco en la inauguración del cercano Pantano de La Pedrera; y ni siquiera la boda de su única hija, habían sido razón suficiente para que el Cine Miravete cerrase sus puertas. Nunca había sucedido…

En aquella época el cine era más importante que el ambulatorio; entre otras cosas porque no había ambulatorios… El cine era ese sitio en el que tenías que estar si querías tener vida social, merendar, refugiarte si hacía mal tiempo, o ligar… ya que aparte de la iglesia, no había otro sitio al que ir… “decente”.

Sucedió que, después de cerrar la taquilla y salir a la calle a recoger las pizarras donde se anunciaban los precios y la cartelera de aquella tarde, varios insólitos y violentos estampidos sacudieron mi ánimo…

Rápidamente, sobresaltado y temeroso volví al interior seguro de la taquilla… Me asomé abriendo de nuevo aquella estrecha portezuela para, muy extrañado, ver un SEAT 1500 atiborrado de energúmenos sacando sus cuerpos por las ventanillas… Bramaban bastante alterados no sé qué de los rojos, de que era el momento , y otras zarandajas que no recuerdo… Alarmado, pude ver que uno de ellos agitaba una escopeta cuyos disparos habían sido la causa de aquellos estampidos, y de mi enorme estupor.

No entendía nada…

Cuando pasado no mucho tiempo, mi abuelo me acompañó con evidente preocupación, anocheciendo, y casi furtivamente hasta mi casa, pudimos ver otro coche; un GORDINI esta vez… Portaba aquel vehículo un cargamento también de otros energúmenos, distintos, así lo dijo mi abuelo, debido a que a grito pelado aullaban no sabía yo qué de fascistas, ni del pueblo, ni yo que sé qué de lucha social…

Algo había oído hablar de lo del golpe de estado, pero a mis catorce años no era consciente de la importancia del hecho sucedido… Tampoco se nos daba a los críos explicación alguna: en aquella época no se hablaba de ciertas cosas, y punto… La visión de aquellos comportamientos, me hicieron tomar por vez primera conciencia de lo extraño de las actitudes políticas de algunas personas…

Empecé a darme cuenta de la importancia de lo sucedido aquel día, cuando ya en la tranquilidad de mi casa, y escuchando de fondo el mensaje del Rey por televisión, me vi de nuevo atisbando temeroso el exterior desde de la portezuela de la taquilla del cine…

Aquella minúscula ventana que solo dejaba ver un pequeño cuadro de luz, enmarcado por la oscuridad de aquel cuartucho, donde vendía las entradas del cine, y a través de la que, a mis quince años, observaba perplejo el mundo…

Una metáfora…

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