MEMORIA HISTÉRICA

Para mi es una verdadera paradoja la idea establecida, y la ley promulgada, de eso que llaman memoria histórica; no acierto a entender el hecho de que una sociedad que se supone moderna y culta, como la nuestra, necesite que los políticos le digan qué es Historia, y qué, no lo es… Siempre pensé que la Historia era cosa de estudiosos; asunto universitario, erudito y académico que, por su propia naturaleza, admitía -la Historia- distintos puntos de vista a la hora de abordar su interpretación.

Creía yo que la Historia se escribía con mayúsculas, desde la rigurosidad, mediante la investigación y el estudio; y sobre todo desde la objetividad, o al menos desde su anhelo… Los datos históricos, si bien es cierto que por su naturaleza nunca serán verdades matemáticas inmutables, tampoco pueden ser, salvo por espurias intenciones, mercadería ideológica con la que inundar a los ciudadanos con el fin de que, cual corderos ideológicos, pasten ideológicamente en uno u otro corralito, también ideológico…

Que los políticos se dejen de monsergas de derechas o de izquierdas, y hagan por aumentar el nivel real de la cultura de este país y de su Historia; que damos pena… No consintamos que nos digan qué tenemos que pensar o decidir.

Ése es el juego de políticos inmorales y carentes de ideas; adanistas sin los cuales estaríamos perdidos en los procelosos mares de la Historia y de la moral, de la política y hasta del criterio y el buen juicio; necesitándoles así -a los políticos- parece ser que hasta para ir a mear…

Por todo ello, yo me pregunto: ¿qué hacen los políticos decidiendo de cosas de la Historia? ¿Qué hacen en las universidades…? ¿Qué coño hacen pretendiendo imponer, uno u otro criterio, de lo acontecido en una Historia que es de todos los españoles? ¿Acaso lo que quieren, no es sino dar por ciertos sus criterios, en contra de los del otro…?

¿No es ése su juego acaso: quítate tú para que me ponga yo…?

Finalmente, creía que la memoria era algo subjetivo, tan personal e íntimo, que necesitar también que esos políticos nos digan cuál debe ser nuestra memoria adecuada, es ya el colmo de la estupidez colectiva…

Es la memoria un territorio profundamente personal, una propiedad privada tan valiosa, tan sujeta a las experiencias y emociones vividas, que consentir injerencias ridículas -ni más ni menos que de políticos lerdos- es como necesitar que te digan la veces que tienes que respirar por minuto. Y yo respiro, y meo, las veces que me da la gana…

Tenemos multitud de ejemplos en la Historia, de veces que los políticos han intervenido en cosas, que posteriormente han destrozado al corromperlas con sus intereses y su nefasta gestión.

Que no piensen ni decidan por mí… por favor.

El que quiera conocer la Historia, ya sabe: ¡a estudiar! que cultiva la memoria.

Antonio Rodríguez Miravete

2 comentarios sobre “MEMORIA HISTÉRICA

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