E.T. el extraterrestre

Están locos estos humanos…

Que si la muerte o la vida; la fiesta y la muerte… Un truhán o un señor. Ésto o lo otro; vienen, van. Salvación o infierno; el bien y el mal… El día del sol, o la noche de la luna; cara y cruz… El hombre y la mujer…

No hacen sino copiarse; repetir a sus madres, replicarse en sus hijos… Nada nuevo bajo este sol…

Muy inteligentes, eso sí…

Uno por uno, al observarlos detenidamente como individuos vivos, hemos de reconocer que son absolutamente maravillosos; y gracias a la muerte, también son casi biológicamente perfectos… Polvo de estrellas enormemente valioso… Están compuestos por buena parte de la totalidad de los elementos de la tabla periódica; y son, muy eficientes en su funcionamiento fisiológico; y lo son, durante casi cien, de sus posibles años solares de vida… Una especie muy bien adaptada sin duda.

Pero hay cosas que ya, no entendemos… Se creen, como predestinados o inducidos, conducidos o empujados, constantemente obligados a elegir o a creerse que eligen algo… Una y otra vez, parece que desde el inicio de los tiempos caen, en la trampa vital de creerse libres…

Mira, que llevamos ya un par de miles de sus años solares observándolos, pero no sabemos qué tipo de miedo cerval colectivo, o qué retorcido impulso natural intrínseco, empuja inexorablemente al abismo a esta extraña tribu humana que ahora nos ocupa… Y a la que en particular observamos y estudiamos, para intentar entender con detalle científico al conjunto de la especie que devasta este planeta, que hoy, nos toca salvar…

Se devoran, se depredan entre ellos… Siglos solares, milenios llevan, conquistándose y siendo conquistados, en un estúpido y estéril empeño fratricida de acabar consigo mismos; robándose o matándose; enamorándose y traicionándose; escondiéndose o mintiendo… Pero a la vez, sabemos de su enorme capacidad para cosas, tan extrañas, como eso de amarse con locura…

O de su habilidad de comunicarse sin tecnología, haciendo palmas; de gestionar la incertidumbre y el riesgo; de emocionarse hasta apasionarse… Juegan con la mismísima muerte a los toros, y crean, con esa misma muerte, conceptos como familia, historia, fe, orgullo, o arte… Fabrican tanto guitarras, como navajas… Impredecibles, capaces a la vez de lo mejor y de lo peor… Incluso a veces creen, saberse felices… Música, amor, envidia, la risa… Conceptos éstos, y aquéllos, que, desde nuestro evolucionado y exacto punto de vista racional, hemos de reconocer que ya no logramos comprender en su puridad científica…

Cual máquinas biológicas cuasi divinas, y con solo su primitivo ingenio, la totalidad de esta especie humana está rozando las honduras de una ciencia, la nuestra, para la que sabemos que todavía no están en forma alguna, ni mental, ni intelectual, ni moralmente preparados…

Pero dan… como que envidia, porque todavía no han perdido eso… Ahora están, en ese crucial momento evolutivo en el que aún, no han olvidado que el sexo o el fuego, el caos y lo violento, el choque o la explosión, los cataclismos y la ignorancia, impulsan y son a la vez energía y motor de éste nuestro Universo… Algo que nosotros olvidamos, hace ya milenios, al dejarnos guiar solo en pos de la seguridad de nuestras tecnologías…

Y ellos están empezando -como hicimos nosotros- a olvidar su Historia arrumbada entre tanto cachivache tecnológico… Y claro, comienzan a tener tanto miedo que no pueden -les es casi imposible- discernir nada con claridad, con sensatez, o con cierto grado de seguridad…

Siempre, como espiritualmente ahítos, ora de un atracón de ocio mendaz, ora de una panzada de multimedias basura… Saturados de wikipedias torticeras; henchidos de datos corruptos; saturados hasta la arcada, de vídeos y opiniones de famosos, listillos, fantoches, youtubers, juaneslanas, y somierdas…

Todo, completamente vacío; carente de cualquier valor al que, realmente, poder aferrarse tan solo con las manos…

Tal, y como nos pasó a nosotros en aquella época olvidada, en la que perdimos ese poder mágico que se generaba, al juntar al calor y amor de una pequeña fogata, a familias amigables contando historias…

Están locos estos humanos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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