Ángel de la guarda…

Ahora que soy más que talludo todavía siento, que cada vez que la veo, es como si mi ángel de la guarda al verme él, deseoso, corriese a darme un abrazo y un beso en verdad cariñoso; y en ese abrazo y con sincera ternura, me dijese aunque con suavidad: “Hasta los mismísimos huevos me tienes ya; lleva cuidaaao…”

Es chocante mi ángel de la guarda…

Se ve que tiene buen humor, y yo le adoro por éso y por cuánto me dice lo mucho que la cago…. Si solo me diera mimitos tiernos y consejos cuidadosos, desconfiaría… Solo me fio, de quien que me dice sin ambages lo mucho que me equivoco.

Y también se ve que sí, es verdad; que todavía cuida de mí; por cómo me riñe así lo parece… Cuando no le importas a alguien ese alguien simplemente te ignora, no te regaña, no se toma el trabajo…

Tengo la suerte de disfrutar, y de querer mucho más que mucho, a una hermana de ésas de las de verdad; rotunda, concienzuda y cumplidora; muy lista; pilar y sostén de mi familia, y muy muy cariñosa aunque regañona cuando la situación así lo requiera…

Como cuando antes… como cuando éramos pequeños.

Sólo somos ella y yo…

A mis dos hijas, siempre les he dicho que una de las cosas más valiosas que tienen en esta vida, es la una a la otra… Tus padres, se mueren; tus hijos, se van; tus amigos, van y vienen; tu trabajo, suele ser un asco y de ilusiones no se vive… Tu pareja es tu presente más inmediato pero puede que sí o puede que no, por lo que cuídala y gánatela… Pero tu hermano, si de verdad se cultiva la hermandad, casi siempre está o estará justo ahí…

Seguramente tu hermano, será una de las últimas personas que abandonen tu velatorio cuando hayas muerto; y tu tumba, cuando te hayan enterrado…

La relación de hermandad, si en verdad hermana, suele ser la que más tiempo dura en la vida -si llegamos a viejos- ya que dura justo si te fijas, más o menos lo mismo que durará tu propia vida… Es un hecho estadístico que los hermanos -si llegamos a viejos- nos solemos morir, todos, en un breve lapso de tiempo de apenas diez o doce años… Por lo tanto, si vivimos una media de noventa años, significa, que compartiremos casi ochenta de esos años, en relación con nuestros hermanos… Más tiempo, que con nadie…

Ésas, son el tipo de cosas que hacen tan importante a tu hermano. Porque guardará toda su vida el tiempo de aquellos remotos secretos infantiles, y algunas, de tus más tímidas intimidades… Y conservará, lugares de tu personalidad que no conoce nadie.

Tu hermana sabe, en realidad, cómo eran papá y mamá, y por ello todo de vuestro pasado común y original… Sabe, si te meabas o no en la cama; lo que te hacía solo rabiar, y lo que te aterraba hasta meterte bajo la almohada; cuáles eran tus asignaturas nefastas; y cuánto lloraste por aquel amor primerizo…

Y por supuesto que se acuerda de cuántas veces le escarbaste la hucha; o de aquella vez que te apropiaste en secreto y saliste a la calle con su vestido favorito… Sabe, en realidad lo que te gusta y cuando mientes; o si lo escondes, o si simplemente no lo cuentas… Nota si sufres, si disfrutas, o si has llorado hace un rato… También sabe, y recuerda, esos detalles que te hacían realmente feliz…

Por eso la relación entre hermanos, al haber compartido niñez, tiene la cualidad de devolvernos a lo infantil que aún quede, entre los vericuetos de esos adultos en los que nos hemos convertido…

Como cuando antes… como cuando éramos pequeños…

Te quiero Nena…💕

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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