Mirar, escribir.

Historias de Paco Sanz

Una persona muy bien intencionada me dice que abra los ojos y que vea lo bellas que son las cosas, los edificios, los paisajes, etc. Ciertamente esas cosas son bellas de ver; pero otra cosa completamente distinta es serlas. ¿Es que acaso el mundo es un caleidoscopio? Se diría que por eso lo tomamos, porque estamos siempre viendo lo que hay al otro lado de las pantallas. MacLuhan veía en las tecnologías modernas “extensiones del hombre”, ahora estamos empezando a verlas como “expulsiones del hombre”.

De la misma manera en la que los escribidores estamos siempre leyendo mal y escribiendo demasiado, los mirones estamos a menudo mirando mal y haciendo demasiadas fotos. Estamos entrando en la era de la postfotografía digital: Uno: Invertimos más tiempo y energía en tomar fotos que en mirarlas. Hacemos tantas fotos que luego no encontramos el momento de verlas y lo vamos postergando ante una acumulación que no cesa. Dos: Existe todavía desajuste entre los métodos digitales de producción de imágenes y los métodos analógicos de lectura de esas imágenes. Estamos necesitando ayuda para ver todo lo que podría interesarnos. Los RIS (Reverse Image Search) motores de búsqueda inversa de imágenes, que inquieran en busca de patrones o elementos indexables y rastreables, no han hecho más que empezar.

Soy un paseante compulsivo, en mis paseos busco auras, es mi manera de mirar, busco ojos, miradas. Me ven, a veces me devuelven la mirada, incluso a veces alegremente. Decía Benjamin que la persona que miramos, o que siente que está siendo mirada, a veces nos devuelve su mirada a su vez. Percibir el aura de un objeto que miramos significa otorgarle la habilidad de mirarnos a su vez. ¿Existe milagro mayor que el mirarnos a los ojos?

Mi santa es capaz de darse cuenta de las tiendas que han cerrado o han abierto, busca lo digno de mirarse en los escaparates. Yo soy el que busca caras, como si estuviera todavía en el pueblo y pudiera encontrar a alguien conocido. Esa facilidad para enamorarme de los desconocidos, de encontrarles maravillosos con tanta facilidad, sí que es para hacérselo mirar.

Decía Ramón que donde comienza uno a volverse loco es en casa del fotógrafo, mirando fijamente y sonriendo a donde no había por qué mirar ni sonreír. ¿Qué habría dicho de los selfies? Miramos la cámara para vernos mirar.

Hay un tipo muy peculiar de ceguera que consiste en no prestar atención más que a lo que ha sido fotografiado. Así sabe lo que en realidad ha visto, lo sostiene en la mano, puede poner el dedo encima y abrir tranquilamente los ojos en vez de desperdigar miradas sin ningún sentido.

Autor: Paco Sanz

2 comentarios sobre “Mirar, escribir.

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