LA MENTIRA

Historias de Paco Sanz

El problema de acabar no creyendo en Dios es acabar creyendo cualquier cosa. El problema de que nos hayan mentido tanto por nuestro bien es que ya no les creemos. Las noticias se han vuelto todas tóxicas, así que a alimentar rumores tocan. Como el que parecía que sabía, no sólo no sabía sino que además miente, tenemos tendencia a pensar, demócratas como somos, que lo que creen más es la verdad. Desgracia es que la mayor prueba de una verdad sea el número de sus creyentes, siendo así que en una multitud los tontos sobrepasan en mucho a los sabios. Como si hubiese cosa más vulgar que no saber juzgar de nada, decía Cicerón. Sanitaris patrocinium est, insanientium turba? (¿Daría testimonio de cordura una turba de insectos?) por decirlo como San Agustín.

Nos tratan como a tontos porque eso funciona. Empieza a extenderse el rumor, no cesa de amplificarse el rumor de que el sistema explicativo necesita perfeccionarse cada vez más para hacer más fáciles las explicaciones para aquellos que no las comprenden como tan fáciles como se las enseñan. La explicación no es necesaria como remedio de una incapacidad de comprender. Es al revés, esa incapacidad es la ficción estructurante de la concepción explicatriz del mundo. Es el explicador el que tiene necesidad del incapaz y no a la inversa, él es el que se constituye en incapaz de explicar. Explicar algo a alguien es, en primer lugar, demostrarle que no puede entenderlo por sí mismo.

Querer tratarlo todo a escondidas de los ciudadanos y no creer que eso no hace más que fomentar los rumores, y querer que a partir de ahí no entiendan todo al revés y emitan juicios falsos es el colmo de la estupidez. Al menos según Spinoza. Nos tratan como a miserables. Se ríen de nosotros: “Todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da priesa; el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila, y el que ayer fue hombre hoy es polvo y mañana nada”. Así lo dejó escrito Gracián.

¿Que quiénes son esos que mienten por nuestro bien? Los que llevan lo de la pandemia esa, claro. Mentiris ut medicum. Mientes como un médico decían en la Edad Media. Con la verdad incompleta, para variar: “¿Dijiste media verdad?/ Dirán que mientes dos veces/ si dices la otra mitad”. En eso estamos.

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