carta a mis hijas

Llevo, casi un mes sin poderos ver y es lo que peor llevo… Y es cada vez peor porque pareciera que incluso nos vamos acostumbrando.

Pero por hablar de otras cosas, no sabéis lo significativa e importantísima que es para mí la noticia de esa vuestra decisión, sólo vuestra, de que para aliviar esta mierda de encierro, os haya dado ahora por el deporte… ¡Ahora! ¡Qué chocante! ¡Qué cosas…!

Siempre fue el deporte una de vuestras aficiones digamos menores (nótese la ironía) Y resulta que ahora motu proprio, afrontáis ésta que está cayendo con lo de la cuarentena, siendo capaces, de retorceros bruscamente y cambiar vuestros hábitos, gustos, deseos… Os adaptáis.

¿Pues sabéis qué…? Que en estos casos se hace justo así, y vosotras, ya lo habíais hecho antes… Acordaros, cuando hace unos años fuimos caminando, juntos, casi doscientos kilómetros hasta Santiago de Compostela… Recordad, que tuve el cuajo de haceros dormir a la intemperie pero al abrigo, del soportal de aquella pequeña ermita; tan cerca, de las bonitas tumbas de su coqueto cementerio… Sumábais, entre las dos poco más de veinte años y esa noche a la luz de la luna sacasteis, allí y entonces, vuestro carácter… Y contándonos historias nocturnas me enseñasteis así la madera de la que estábais hechas… Y me gustó. Y no me sorprendió el comprobar la nobleza, la resistencia y el verdadero valor, del material que os conforma como personas… Dormimos; mal pero dormimos… Y al día siguiente, visteis también el sufrimiento de cara en la fortísima subida al Cebreiro; aquella pájara mía, nos lo hizo pasar verdaderamente mal… Pero, finalmente cada uno subió su mochila.

No se me podrá olvidar tampoco nunca, cuando le disteis a aquel desvalido la última lata y el único panecillo decente que nos quedaba… Lo visteis escarbar en el cubo de la basura y saltasteis, cual resorte, para que le diésemos de comer a ese pobre hombre al precio que fuera… Menos mal, que aún nos quedó para los tres poco más de un palmo de aquella salchicha inolvidable, y sobras de mendrugos de pan ya duro…

Ánimo Mis Amores, ánimo… Sabéis, que las soluciones a los problemas que se nos plantean, casi siempre las tenemos dentro, a veces sin saberlo; latentes, agazapadas, listas para ser puestas en marcha… No sé cómo ni cuándo terminará ésto, pero precisamente por eso huid del anquilosamiento y de la desidia, estudiad mucho y leed; no penséis tanto; y que no os dé miedo equivocaros porque es requisito imprescindible para acertar de vez en cuando. Ya tendréis tiempo…

¡Cuántos “os quiero” que siento que os debo…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

2 comentarios sobre “carta a mis hijas

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