esperar…

Historias de Paco Sanz

Estamos en unos días en los que la vida tal como la habíamos conocido se ha terminado, y mientras la que la que va a seguir no se ha presentado, se ha quedado con nosotros la supervivencia, su necesidad. De momento buscamos, como animales enjaulados, escondrijos en nuestras propias madrigueras. Los de mi casa pasamos más tiempo cada uno en una punta de lo que lo hacíamos cuando podíamos salir de ella. Los que se han quedado solos en casa sin poder salir supongo que no necesitarán jugar al escondite.

Uno de los supervivientes de los 33 mineros que estuvieron encerrados bajo tierra durante 69 días en el accidente de una mina en Chile en el 2010, declaró, más tarde, que la posibilidad de esconderse en las galerías le había salvado. A pesar de que el contacto con el exterior quedó cortado, los mineros podían “desaparecer” entre los rincones y permanecer a solas cierto tiempo. También los astronautas explican una y otra vez que echan en falta, sobre todo, la soledad.

En uno de esos relatos de ciencia ficción que me encantaba contar a los niños cuando todavía los tenía a mi cargo, la protagonista está en manos de un asesino del que sabe que no va a poder librarse, que va a acabar matándola. Se sabe todos los trucos, la pilla se esconda donde se esconda. No se le ocurre otra cosa que abrazarse a él y caer con él en un pozo de tiempo de esos en los que un segundo fuera allí dura un año. Allí uno no puede moverse, ni ver, ni oír nada. La protagonista tiene subsuelo, se le ocurren muchas cosas que pensar, el asesino es un hombre de acción, cuando salen del pozo a él se le ha frito la cabeza y ella sale con ganas de escribir un libro, de empezar a vivir la vida de otra manera.

Bueno, pues en nuestro pozo doméstico hay que caerse así, confiando en saber esperar. La espera no es simplemente un paso del tiempo que hay que atravesar, sino una condición de nuestra existencia. En la espera, el tiempo penetra en nuestros cuerpos: somos el tiempo que pasa.

Esperamos aunque no seamos conscientes de que estamos esperando. La espera es una oportunidad para enfrentarse a esos aspectos de la vida que permanecen más profundamente escondidos bajo nuestro ajetreo diario. Si conseguimos reivindicar nuestra experiencia de la espera, en lugar de sentirnos sólo sometidos a ella, estaremos resistiendo bien: tenemos nuestro propio tiempo, le reconocemos su valor, nos damos valor. En la espera al oír la íntima melodía de la duración, conseguimos armonizarnos con nuestro ser.

He vivido la llegada de los microprocesadores como si los cuentos de ciencia ficción de mi juventud se hubieran hecho reales. Las ciudades desiertas por una pandemia las había también imaginado en ese tipo de cuentos, el que me haya tocado vivir a este otro lado de la realidad antes de morirme una situación como ésta, ha sido toda una sorpresa.

Historias de Paco Sanz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .