vida ondulante

Historias de Paco Sanz

La vida es ondulante, ahora sabemos que hasta la materia lo es. Mientras no llegue la vacuna la desgracia del virus ese volverá a hacerse presente por oleadas. Ondas intercambian las antenas, ondas cerebrales medimos para saber qué pasa cabeza adentro. La misma simpatía parece una función de onda. Por ejemplo, los asistentes a conciertos en directo sintonizan las ondas cerebrales dentro de un rango de frecuencia de 2 a 4,5 hercios. ¿Hay un efecto de contagio? Cuando no se está en presencia del ejecutor ni en compañía del público no pasa.

Ahora que los políticos tienen que tomar decisiones guiados por los expertos, como no hay experto que valga en lo del COVID-19, es hora de darse cuenta de que esto va para largo. Que viene mala mar. Que contagios y muertes volverán a presentarse en oleadas. Necesitamos todos hacernos una idea acerca de qué va en realidad la cosa. Las limitaciones de nuestra imaginación se traducen en los pobres modelos con que nos hacemos, cuando tenemos que describir algo que no se parece a nada que hayamos experimentado antes. Imaginar cómo la luz puede ser a la vez onda y partícula nos cuesta porque nos cuesta reprimir “un vano e incontrolado deseo de verlo en términos de algo familiar”.

Al marido de mi sobrina le dio por enfermar, mi sobrina que es muy bachillera hizo un master de su enfermedad, un poco como nosotros estamos ahora haciéndolo en microbiología; cuando hablaba con el personal sanitario que atendía a su marido daba conferencias acerca de la fiabilidad de los análisis, la bondad del pronóstico, etc. Más de una vez el pobre enfermo tuvo que oír como le decían, sin la menor ironía, qué suerte tiene usted con que sea médico su señora.

Ahora convendría desarmar el cientificismo entendido, como la pertinaz sospecha de que el sentido común nos la está jugando; un acceso más profundo y más fiable implica abandonar la costa de los paradigmas compartidos por todos, para hacerse a alta mar relativista y cientificista si se pretende sobrevivir a la percepción falsa de la realidad basada en el sentido común. Cuando la ola del poco tiempo y pocas luces para comprender nos alcance.

El clima, la vida se presentan por oleadas también. El océano de la verdad lava los guijarros con cada ola, y estos resuenan y tintinean con el más maravilloso de los estrépitos. Por decirlo en verso: “Tempestades de deseos/ contra los muros del alba/ rompen sus olas. Me ciegan/ los tumultos que levantan./ Nido en el mar. Cuna flote./ La flor que flota en el agua/ me sostiene mar adentro/ y mar afuera me lanza./ Cierro los ojos y siento/ el tiempo interior que canta”.

En fin, que me cuesta deshacerme de la tristeza de darme cuenta que esto de la pandemia no ha hecho más que empezar. Que volverá. Tengo que recordarme que soy un caballero valiente, no una bestia asustada, cuando vuelva a andar la calle. Tengo que volver a escuchar a mi sentido común Sancho Panza para dar la talla de nuevo. “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuesa merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes”.

Y a ver si renuevo mi confianza en la bondad de las personas. Que hay poca gente que sea mala gente. Que los días que veo mucha mala gente a mi alrededor seguramente el malo sea yo.

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