MENTIRA…

Historias de Paco Sanz

Los que mandan mienten para seguir en el poder, los que no, porque quieren mandar. Los que mandan dicen la verdad: quieren seguir en el poder. Los que no, también: quieren conseguirlo. Si trabajo, gano dinero. Si estoy ocioso, me divierto. O gano dinero o me divierto. Si estoy ocioso no gano dinero. Si trabajo no me divierto. O no gano dinero o no me divierto. Los soles de la realidad, el de mentir que se levanta por el este, y el de mentirse que por el oeste se acuesta. Ahora que estamos solos vamos a decir la verdad, vamos a contar mentiras.

Mentir simplemente. Mentir para conseguir algo: no hacer daño, etc. Mentir por mentir. Mentir para ver si se lo creen y acabas creyéndotelo tú. Mentir a base de no decir nada. Mentir contestando otra pregunta. Mentir con la verdad incompleta. Mentir diciendo que esa es toda la verdad. Mentir diciendo la verdad de tal manera, que no se te crea. Mentir diciendo que te crees lo que dices. Mentir haciendo ver que te crees lo que te dicen. Mentir sin decir nada…

La deliberada negación de la realidad fáctica -la capacidad de mentir- y la capacidad de cambiar los hechos, -la capacidad de actuar- se hallan interconectadas. Deben su existencia a la misma fuente: la imaginación. Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja que supone el conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír. Si el político solo tenía que aparentar que creía en lo que decía, el elector solo tiene que aparentar que es en realidad él “quien” se ha equivocado. Las fantasías no son, sólo, mentiras. La frontera entre realidad social y sueños políticos es inestable en la época del duermevela de la tontería.

Con la poesía no hay quién mienta. La poesía va más allá. A ver: “Por como ahora me miras/ comprendo que puede haber/ verdades que son mentiras./ Por como me estás mirando/ comprendo que no me engañas/ aunque me estés engañando”. El abuso de la verdad y de la ciencia están empezando a producir un alza en el valor de la mentira, la tiranía de la prudencia puede hacer germinar una nueva especie de nobleza de alma. Ser noble puede llegar a ser tal vez tener la cabeza llena de pájaros.

Lo que mejor resiste el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la retienes sin que se deteriore. En cambio la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua: incolora, inodora e insípida, el paladar no la percibe, pero nos refresca. El criterio que se suele usar para separar la verdad de la mentira, los discursos falsos de los verdaderos, remite más a la posible utilidad pragmática que a su adecuación a la realidad. A la realidad que le den. ¿A ver si nos viene encima con pretensiones de que estropeemos con un mal recuerdo una buena historia?

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