¡VIVA EL 8 DE MARZO…!

Y no nos damos cuenta.

En la segunda guerra mundial, el orgulloso pero ciego y suicida gobierno japonés, sabiendo perdida su guerra de todas formas y que la derrota por aplastamiento era sólo cuestión de tiempo, no dudó en sacrificar lo mejor que quedaba de sus pilotos cual carne de cañón… Estrelló sus aviones, uno a uno y sin piedad, en un intento último, inútil y postrero, de ataque contra los imponentes buques de guerra norteamericanos… El valor del suicidio. Pura propaganda…

Utilizó el gobierno japonés la censura y el engaño a los japoneses, no sólo para ocultarles su inexorable derrota, sino para además exacerbar sus ánimos de pueblo ignorante… Hicieron mera propaganda, de la muerte y del valor de aquéllos sus héroes kamikazes, sacrificados en pos y la inutilidad, de la gloria, el coraje, y el orgullo japonés…

Dictadura, derrota y alienación ideológica en estado puro. Pura propaganda… Perdieron la guerra sí; pero demostraron tener muchos pero que muchos cojones los japoneses… Hicieron falta dos bombas atómicas para que se rindieran; dos. Y ahí están… Al menos los japoneses, tenían como excusa a su estupidez bélica y su locura, el hambre y la necesidad; el patriotismo y el valor; el orgullo como pueblo… Su gobierno, también.

Acordaros ahora, de los seiscientos mil “liquidadores” de Chernobyl…

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno, para la derrota en esta guerra ya perdida por tantos miles de bajas, y para encima sacrificar carne de cañón sanitaria…? ¿Sin siquiera mascarillas decentes, batas adecuadas, test fiables ni suficientes…?

¿Tampoco líderes en quién confiar…?

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno para hacer propaganda de semejante derrota…?

Están sacrificando a los mejores, solo por la baratura de salvar sus culos…

Pues ahora, pienso en la hidalguía de mi sobrina la enfermera, enfrentándose casi sola y con el solo entusiasmo de sus veintipocos años y una valentía casi ciega, a estos amenazantes molinos de vientos infecciosos… Con el ínfimo yelmo de una mascarilla; con adargas así de antiguas; y subida al rocín de un presente así de flaco… Y por enmedio escurriendo el bulto, mucho galgo corredor…

¡Qué valiente mi sobrina…! “Qué buen vasallo, si tuviere buen Señor…”Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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