CUANDO DIOS NO FUNCIONA

Historias de Paco Sanz

Cuando lo de Dios empezó a no funcionarme me dio por intentar saber por dónde se habría ido, dónde puede que estuviera todavía. En un principio creí que en cierto modo seguiría en las palabras, en la gramática. Más tarde creí encontrarlo en le gusto de dejar bien hechas, bien acabadas las cosas. En la necesidad de un observador o en todo caso de una entidad, a la que poder agradecer la alegría de vivir. Lo incompleto de la verdad, como siempre. Puede que haya algo de eso, que no sea sólo eso, y puede que no…

Le echo de menos. Para algunos la sensación de carencia y el amor andan siempre juntos. Puede que lo que eche de menos sea mi infancia, los verdes paraísos de los amores infantiles, pero hay que poner nombre a las cosas… Cuando llegamos a lo que no entendemos, a lo que no podemos predecir siempre nos ponemos en manos del azar; la extrema vulnerabilidad de mi vida es la suerte, me embriago con ella. ¿Dios…?

Me estoy haciendo muy mayor, sin embargo parece que no me canso de repetir siempre las mismas cosas, además, del mismo modo que los viejos músicos repiten sus temas favoritos, cada vez más despacio, para hacerlo mejor, para sentirlo más profundamente… Me he acordado ahora, pensando en el Dios que me falta, de Demócrito… Creo que en los Ensayos de Montaigne leí, que “advertido Demócrito por la edad de que su mente languidecía, él mismo fue al encuentro de la muerte…” A Montaigne no le sirvió de ayuda esa idea porque tuvo una mala muerte.

Tampoco le sirvió a Cioran saber que iba a morir de Alzheimer. Entre alguna de las cosas que dejó escritas y que quiso que se destruyeran, pero que como gran parte de la obra de Kafka no se hizo: “Para cada individuo hay una especie de límite, que por decencia no debería sobrepasar… Podemos haber cumplido nuestro tiempo a cualquier edad; después, continuar es de mal gusto… Un mal gusto universal porque todo el mundo continua. Por todas partes hay supervivientes… La razón profunda del desprecio hacia uno mismo reside en el hecho de no haber desaparecido cuando había que hacerlo, al primer aviso. Ser uno de esos innumerables supervivientes, eso es la vergüenza, la indignidad, el oprobio”.

Y es que como dijo el poeta: “Y aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Yo ya estaba confinado antes de que me confinaran, y una de las cosas que he perdido al hacerlo es no poder encontrarme por casualidad con amigos. Aparte de que la mayoría de mis amigos han desaparecido, siempre me ha parecido que me hago amigo de cualquiera con facilidad; he terminado siendo amigo de mis parientes y mis vecinos como todo el mundo. Pienso en la suerte de la amistad y la alegría compartida cuando pienso en mis amigos… Creo que casi siempre los amigos se encuentran, nunca se buscan, nunca se persiguen, son un hallazgo; pertenecen al destino, a lo misterioso, a la suerte, a lo maravilloso; a lo que es así, esencialmente, ser en siendo, siempre.

La mejor distopía que he leído se lleva por título “Erehwon”. Aquella gente que se distanciaba de las máquinas, de lo maquinal en sus vidas, y consideraba de mal gusto comentar cosas de salud, quejarse… Me es especialmente querida. “No Where”, dice leído al revés. Y termina así: “Que la suerte ponga a la Providencia de nuestra parte”.

Historias de Paco Sanz.

Gracias Paco Sanz 🙏

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