39 grados

Mi madre estaba descompuesta y preocupadísima, y recuerdo, que yo no paraba de llorar angustiosamente en mi cuna colorao como un pavo… Había comido, cagado, estaba bañado y limpio, y era la hora de dormir; pero no dejaba de llorar; no cejaba el pobre de mí de berrear mi berrinche… Mi hermana en cambio, reposaba plácida en la cama de al lado, acurrucada junto a su bolsa de agua caliente en un frío mes de enero de los de aquella época. Así se calentaban las camas… El problema, era que mi madre puso también una bolsa de aquellas en mi cuna, y la pobre, parece que tardó en darse cuenta que yo, lo que estaba es cociéndome en mi jugo… Lo único que tenía yo en aquel momento era mucho, muchísimo calor… Creo, que fue en ese momento cuando cambió mi vida y adquirí mi superpoder… Al poco, mi madre cayó en la cuenta de de la razón de mi llantera y me dejó casi en cueros, y al momento, quedé durmiendo al fresco de aquel enero cual angelito en el cielo…

Me pone de muy muy mala ostia, y me afecta tanto este calor canicular veraniego, húmedo y asqueroso, que siempre he creído que tengo que tener algo así como la temperatura media corporal de los perros… En vez de treinta y seis grados y medio, como las personas, se ve que he de tener treinta y ocho, o treinta y nueve…

Ese posible par de grados de temperatura míos de más, y este puto calor que hace, me están matando sudando… Pero no como a un perro precisamente, porque ése es el problema de los pobres canes: que con estos calores casi no sudan. Se mueren pobrecillos con la lengua fuera… A mí, al contrario, me está matando este calor porque ya estoy hasta las ingles, de que que me chorreen hasta los cojones, después de que mis gotas de sudor hayan recorrido mis mejillas, mi cuello, mis tetillas y mi bajo pecho…

Una vez me dijo un médico, que lo que yo tenía era una verdadera ventaja fisiológica frente a el calor. Y una mierda… Será eso. Será que, cual superpoder, puedo expulsar toxinas por los poros de mis glándulas sudoríparas con enorme eficacia, a la vez que quemo lípidos corporales fácilmente, contribuyendo al metabolismo celular de todos mis órganos y a la reposición de fluidos en los mismos… Y aunque a veces mi Manuela me diga que me pongo como un basilisco y pareciera como que me va a dar algo, se ve, que según los médicos no debe ser algo tan malo…

Sólo, que siempre he pensado que me moriré de un berrinche de ésos, en un día de mucho calor, como éstos…

Lo que en verdad me gustaría poder expulsar de la misma manera que el sudor con este calor, es la mala hostia que me entra cuando ahora miro a España, la impotencia, la tensión contenida en la cuerda del arco, o la presión sobre el gatillo… O la rabia, con la que aprieto el bolígrafo o pulso las teclas al escribir ésto…

Mierda de calor.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

3 comentarios sobre “39 grados

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