LA REBELIÓN

Historias de Paco Sanz

¿Hasta qué punto puedes aguantar según qué? Es un misterio. Recuerdo una propia de nazis: dejaban a un sujeto en una habitación con un niño que lloraba constantemente, con un llanto especialmente angustiante, y que no dejaba de hacerlo hasta que le daban de comer. Era una habitación pequeña, mal iluminada. El niño estaba en una cuna. Era vigilado por una cámara.

Cuando el pobre tipo se había cansado de sostener al llorón, cuando se había cansado de acariciarle, de intentar calmarle, de pasar de él a base de acurrucarse al otro lado de la habitación tapándose los oídos… llegaba un momento que iba a por el niño con malas intenciones, entonces se abría la puerta y se acababa el experimento… Se intentaba relacionar la formación, el sexo, la raza, la edad de los sujetos, con el momento de no poder aguantar más. El intento de maltrato era en todos los casos una cuestión de tiempo. No sé si creérmelo.

Nos han obligado a quedarnos en casa, a no salir de la ciudad, del territorio. A guardar la distancia de seguridad, a llevar la mascarilla, a usar guantes, a untarnos de gel, nos han recomendado no tocarnos tanto la cara, ahora incluso no nos dejan fumar en la calle. Lo han hecho tan mal en tantas cosas que dan ganas de llorar. ¿Hasta qué punto aguantaremos? Es un misterio. Estos bichos de dentro y de fuera nos están convirtiendo en bichos a nosotros mismos. El heroísmo de quedarse aguantándolo todo, es el heroísmo de la cucaracha.

Vuelvo a Cumbres Abismales, aquella novela de Zinoviev de cuando en la Unión Soviética estaban a punto de no poder aguantar más, y viene alguien de fuera a ayudar: “¿Qué siente usted ahora? Preguntó el Visitante. Confusión, dijo el Charlatán. ¿Qué desea? Preguntó el Visitante. Tranquilidad, dijo el Charlatán. Tenga fé, dijo el Visitante. La fé no da seguridad, dijo el Charlatán. Resígnese, dijo el Charlatán. Nos imponen un estado de angustia e ira. Luche, dijo el Visitante. No puedo, dijo el Charlatán. Hay que luchar pero no por eso. Y bien, dijo el Visitante, aguante. Falta poco.”

Nos están obligando a desobedecer ya. Antes de embarcarse en un acto de desobediencia civil deberíamos: Informarnos de los hechos, la injusticia de los hechos que nos llevan a esta acción, contrastarlos adecuadamente, considerar cómo pueden cambiar por lo que vamos a hacer. Negociar a muerte apurando todas les medidas legales a nuestro alcance. Examinarnos para precisar si somos lo bastante fuertes para aguantar lo que se nos viene encima, por ejemplo una enfermedad. Y finalmente: Hacerlo, y mantenernos firmes en ello, sin dar marcha atrás.

Entiendo a esos que hartos ya van a por el bebé… En los términos de hoy, que hacen por contagiarse. Una vez en la vida el hombre tiene que hacer experiencia de su pobreza, de su soledad y desarraigo frente al mundo. A lo largo de una noche tiene que aguantar a pie firme, mirando a los ojos de la muerte.

Historias de Paco Sanz

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