PRANAYANA

Historias de Paco Sanz

Parece que el virus ese se contagia por la respiración. Pensar en ella ayuda a concentrarse. Pranayana, se le ha llamado al control de la respiración a fin de descubrir lo que es voluntario y lo que es involuntario al mismo tiempo. Lo que haces y lo que te sucede, en un mismo proceso.
Parece que la mayoría de los que mueren por esta pandemia lo hacen por no poder respirar; al nacer, la primera cosa que hacemos “fuera” es intentarlo. Hasta las plantas lo hacen. Los vegetales de noche respiran con sus mitocondrias, y de día fotosintetizan con sus cloroplastos.

Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si nos tapamos la boca y la nariz y tratamos de dejar de respirar, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido.

Aparte del ritmo, hay también cambios únicos en la proporción de tiempo, dedicada a la inhalación y a la expiración en un movimiento respiratorio dado. Como mejor se mide esto es en el porcentaje que recibe la inhalación en el ciclo respiratorio. Este porcentaje es de cerca del 16% al hablar, 23 al reír, 30 en trabajo mental activo, 43 en descanso, 60 o más en estado de emoción, 70 en individuos que se imaginan en una situación maravillosa o sorprendente y 75% ante un terror súbito. De cómo altera ese ritmo el respirar a través de la mascarilla, ni idea.

Lo primero que me dice el filósofo cuando viene a hablar conmigo es: “Tómate tu tiempo”. Quizá el espíritu deba su origen a un excedente de tiempo, a una respiración pausada. Quien se queda sin aliento se queda sin ánimo, sin espíritu. Ser hombre, es no poder permanecer y a la vez no poder moverse del lugar. Y sólo donde se da la peligrosidad del estremecimiento, se da también la felicidad de la admiración, aquel arrebato despierto que constituye el aliento de todo filosofar.

Los charlatanes estudiamos la respiración de nuestros contertulios para meter baza, también estudiamos las comas, los puntos y coma, los puntos y seguido y los puntos y aparte, para no parecer tan maleducados al empezar a hablar, como esos viejos tipos que debatían el otro día…

Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya terminado. Hay tanta gente así, que uno no sabe qué hacer para dejar de oír tonterías propias de gente de mala crianza, que interrumpir de una vez dando pruebas de la suya, y solidarizarse así con el que no parece dispuesto a callarse así como así.

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