El infierno son los otros

Historias de Paco Sanz

A ciertas relaciones se nos condena. Para hacernos entender que ”el infierno son los otros” Sartre escribió A Puerta Cerrada. Para darnos cuenta de que “será siempre demasiado tarde”, Camus escribió La Caída. A la combinación de las dos cosas cada uno llega por su cuenta.

En Sartre, los tres personajes, que están encerrados en una habitación, se dedican a torturarse. Cuando el ángel viene por fin a abrir la puerta, tienen muchas cosas todavía con las que machacarse y se niegan a salir; la conclusión del ángel es que el infierno son los otros.

En Camus, un abogado encuentra por fin el momento en que empezó a ser una mala persona. Lo encuentra: Es el momento en el que vio a alguien cayendo al Sena y no hizo nada por socorrerle; a partir de eso ya se lo permitió todo. Hubiera querido volver a ese momento y haberle socorrido… Pero suponed, querido maestro, que se nos tome la palabra: habría que cumplir, y el agua estaba tan fría… Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde ahora, será siempre demasiado tarde. Felizmente.

Se achaca a los responsables sanitarios el haber llegado demasiado tarde. Tener que estar cerca de ellos es para muchos un infierno. Están siempre siguiendo protocolos de urgencias. Como si no supiéramos todos que cuando es urgente, es demasiado tarde. Pobres de nosotros.

Ver jugando a estas alturas a los responsables de la gestión sanitaria y política, a lo de derechas e izquierdas, a conservadores y progresistas, es tan patético… Como dijo un viejo pensador, al elegir el mal menor se olvida con demasiada frecuencia, que se elige un mal.

Cuando se acerca el peligro las operaciones de salvamento acaban con la distinción entre conservar y mejorar. Cuando no quedan esperanzas, el que hace como si las hubiera es un quintacolumnista de la catástrofe. A medida que la sombra de lo irreversible va cerrando los caminos, en las sociedades democráticas, el difundir esperanzas debe ser sustituido por el establecimiento de protocolos de urgencias.

Estamos cayendo, y como antes nos iba muy bien el asunto es trágico. Los personajes de la tragedia tienen que ser regios, para que la desgracia, tenga la magnitud suficiente para que al espectador le parezca terrible. La caída desde lo alto es sin duda mayor. Un especialista en caídas era Napoleón. Napoleón fue el hombre de la caída absoluta hacia delante. “Se empieza, luego se verá” era su lema. No se podía pronunciar delante de él la palabra imposible. “Imposible n’est pas français”, es otra de las frases que se le atribuyen.

Dicen los que se han caído que lo que duele no es caer sino el dejar de caer. Por lo visto lo último que oyes antes de perder la consciencia es el ruido de tus huesos al romperse. La caída hacia delante, es lo que entre pilotos se llama volar; y para ciertos vuelos está prohibida la idea de aterrizaje.

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