DE DIFUNTOS…

Historias de Paco Sanz

Ya sé que mi familia no es la leche, que no soy yo el centro del mundo, ya sé que no es lo consciente lo determinante en mi mente, que no es mi cultura la mejor para todos, que no es mi especie la primera que se creó ni la que sobrevivirá a las demás, que no podemos seguir manteniendo que la inteligencia es anterior a la vida; ya está claro que nuestra sociedad es incapaz de gestionar la vida en este planeta, ya no apunta hacia nosotros el fin de la evolución, no está la tierra en el centro del Universo.

No tenemos razones para creer que éste es el único Universo posible, aunque solo sea porque la mayor parte de la materia de este Universo parece ser materia oscura, no-bariónica, materia de un tipo distinto a aquél del que nosotros estamos hechos.

Hay que desandar este camino y volver hasta los míos, hasta el logos y el yo, hacia mí, hacia el que todos los objetos del Universo perpetuamente confluyen, para el que todos los enunciados han sido creados, para así dar fe de su sentido. Para cambiar esta sociedad, para llegar a ser la especie que nos sucederá.

Si hoy tenemos el genoma, un disco duro que almacena más de veinticinco mil genes y que sirve como plano guía, como modelo para formar nuestro cuerpo, ¿tendremos en el futuro, otro disco, al que podemos llamar conectoma? ¿Lograríamos así sacar la mente del cuerpo? ¿Habrá en el futuro bibliotecas de “almas”, con nuestra memoria y nuestra personalidad almacenadas en un disco?¿Podrá tener conciencia mi conectoma tras mi muerte? ¿Podría yo perpetuarme en él?

El individuo humano puede ser comparado a una gota de agua, que al final de su existencia temporal se une al mar de la Divinidad. El temor a la pérdida de la individualidad, puede conducir a la pretensión de perpetuarla como única forma de realizarla. Pero, ¿qué somos?, ¿la gota de agua o el agua de la gota?

Ahora que se muere más gente que nunca en anteriores tiempos de paz, no nos dejan ir a los cementerios. El 1 de noviembre celebrábamos el día de todos los santos y el 2 el de todos los fieles difuntos. También para celebrar hay clases. Ya puestos el 3 podríamos celebrar el del resto de los difuntos, que no son ni santos ni fieles. Pero bien pensado a esos mejor dejarles en paz. Perpetuamente también.

La idea escéptica de que el mito es falso es tan tonta, como la idea religiosa de que es verdadero. El escepticismo es el heredero de la religión, y como todo heredero, está demasiado interesado en la perpetuación del material que hereda, como para no ser secretamente respetuoso con él.

Me he parado a pensar en la fidelidad de los difuntos. Mis únicos difuntos fieles, a los que guardo fidelidad, con los que siempre estoy hablando están para mí en los libros, en las viejas poesías. Sigo, ahora más viejo y confinado que nunca, con ellos: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”.

Sigo en el desierto, con Burton, allí: “El frío del pesar entumece mi pensamiento/ creo oír el toque de difuntos/ al apagarse por aquella fina línea azul/ el tintineo de la campana del camello”. Y en fin, y por seguir agavillando: “Ayer se fue: mañana no ha llegado/ y hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue, un será y un es causado./ En el hoy y mañana y ayer junto/ pañales y mortaja, y he quedado/ presente en sucesiones de difunto”.

Historias de Paco Sanz

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