EL MAL MENOR

Historias de Paco Sanz.

Si no nos vacunamos todos vamos mal, si nos obligan a vacunarnos peor. En el primer caso se perderán vidas, en el segundo libertad. Las cárceles son malas, el que nadie pudiera ser libre para delinquir, peor. Necesitamos a los idiotas, a los delincuentes, para poder seguir siendo libres de serlo. Además váyase usted a saber quién es el idiota, o quién delinque.

En medicina hay cuatro principios: Justicia, no maleficencia, autonomía y beneficencia. ¿Hay jerarquía entre ellos? En caso de conflicto con los deberes públicos, justicia y no maleficencia, tienen prioridad sobre los privados, autonomía y beneficencia. Señalando una regla clásica en nuestra tradición ética y legal: la superioridad del bien común sobre el bien individual. La prioridad de las éticas de justicia sobre las de la felicidad. ¿Están ya tan mal las cosas como para tener que obligar a la gente que se vacune? ¿Sanitaria o políticamente?

Cuando las enfermedades son agudas es más importante la no maleficencia (evitar el daño) que la beneficencia (hacer el bien). Primero la cura, luego el cuidado. Cuando los recursos son escasos, la justicia (el administrarlos bien) es prioritario a la autonomía (respetar la voluntad de los agentes).

Los avances en áreas como la biotecnología, la genómica o la proteinómica nos hacen creer que estamos en la época de la medicina personalizada. Este virus ha desmontado eso. Además, curiosamente el término “personalización” se populariza, cuando los médicos pasan más tiempo mirando la pantalla del ordenador que escuchando y mirando a los ojos a los pacientes, y cuando los pacientes de carne y hueso se van transformando, poco a poco, en e-pacientes.

Me he pasado media vida en los hospitales, y como ya soy muy mayor he visto cómo cambiaban las cosas. Ahora desde el otro lado de la barrera veo como siguen cambiando. Aun recuerdo la vergüenza que pasé la primera vez que tuve que hacer firmar un consentimiento informado a un paciente, o los primeros protocolos de protección de datos, como si uno no pudiera ya fiarse de nadie. O cuando la colaboración entre colegas se fue a paseo, llevándose a la profesionalidad por compañía.

Cuando los litigios por mala praxis se hicieron comunes, los médicos modificaron sus procedimientos: ordenaron más pruebas, derivaron más casos a los especialistas y aplicaron tratamientos convencionales aunque sirvieran de poco. Estos actos protegían a los médicos más que beneficiaban a los pacientes, potenciando los conflictos por interés. La responsabilidad acrecentada tiene sus pros y sus contras.

Hay que pensar en nosotros como si fuéramos nuestros propios hijos. Quien se encuentra ante la decisión de vacunarse o vacunar a sus hijos se enfrenta a un dilema moral: por lo general, consideramos peor perjudicar a alguien de manera activa, que pasiva. En consecuencia, se opta por el “mal menor” y se rechaza la vacunación. No hacer nada parece más sencillo que actuar.

Desde esta perspectiva, nuestro entendimiento nos lleva a una conducta irracional, porque elegimos una responsabilidad mínima y un remordimiento de conciencia menor, en lugar de orientarnos por el mayor beneficio posible o el menor perjuicio.

Historias de Paco Sanz

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