EL VOTO Y LA VIOLENCIA

Historias de Paco Sanz

¡A las urnas, ciudadanos, formad vuestras colas…! El “refrain” de la marsellesa dice: Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons! ¡A las armas ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Caminemos, caminemos! ¡Que la sangre impura… Riegue los surcos que vamos dejando!

En días de elecciones recuerdo sin querer a los revolucionarios de antaño. ¿Qué ocurriría si la humanidad, sin aquellos que en todas las épocas producen su liberación con la violencia, cae más profundamente en la barbarie? ¿Y si la violencia fuese necesaria? ¿Y si asimilamos nuestra “armonía” con la renuncia a la ayuda al prójimo? Esta pregunta anula la tranquilidad.

El voto electrónico no ha llegado todavía, pero lo de las encuestas no cesa. Se puede aumentar la probabilidad de que el público acuda a las urnas, con sólo preguntar si tiene intención de votar. Cuando las encuestas no funcionan me siento como en casa. Y es que buena parte de los españoles se atiene a las encuestas como a la vieja conseja, según la cual “al que quiera saber, mentiras con él”. Y es que ya se sabe: ”mal de muchos… epidemia”. Antes se acababa la frase diciendo “…consuelo de tontos”.

Votar es el penúltimo refugio de la impotencia política, el último es dar nuestra opinión a un encuestador. El votante que emite un voto malo, se asemeja al criminal, que se aproxima sigilosamente al lugar del delito. Se encuentra en el aprieto siguiente: lo ha invitado a tomar una decisión libre un poder, que no piensa atenerse a las reglas del juego. Es el mismo poder que le exige un juramento, mientras ése poder mismo, vive de perjurar.

Si los votos son de todos, ¿cómo es que no votamos para que las cosas sean de todos? Iure natural sunt omnia omnibus. La ley natural es que todo sea de todos. Iure divino omni sunt communia. El derecho divino es que todo sea común. Habebant omnia communia. Que mantengamos todo en común. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar, desde el momento en el que el voto pertenece a cualquiera, hasta el de que la propiedad pertenezca a cualquiera?

Como cuando antes nos venían con chorradas religiosas en nombre del orden y la seguridad, ahora, van y nos vienen con las democráticas. Lo arbitrado en aras de la seguridad, gesta amenazas inauditas a la libertad. Más derechos inútiles de voto, menos derechos personales decisivos. ¿Qué derechos personales decisivos? Los que empiezan con la autonomía del placer propio, y acaban, en la autonomía para resolver la manera y el momento de la propia muerte.

Historias de Paco Sanz

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