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MIERDA DE AUTONOMÍAS

Alguien tenía que decirlo. ¿No…?

Era el año 78 y semejante cosa -lo de las autonomías- entonces nos pareció digamos que razonable… Resolver algunas gestiones, en aquellos años, costaba mucho tiempo y desplazamientos a las capitales de provincia; y pedir y pagar favores; y esperar, y hacer colas… No como ahora (nóteseme la ironía…) Las mejores carreteras de entonces eran todas malas, como comarcales de ahora; nueve horas mínimo, se tardaba en coche de Murcia a Madrid… No podíamos ni imaginarnos un teléfono móvil, tampoco algo parecido a internet y menos aún, la tontuna ésta de lo de las redes sociales… El medio más rápido de contar algo era un teléfono, y el de comunicar algo todavía era la radio.

“Para acercar el gobierno y la justicia a los españoles…”

Ése fue el lema y se supone la razón, que todos nos creímos para crear este monstruo de diecisiete cabezas, que ahora, nos desgobierna como si fuéramos pollos espantados corriendo de un lado a otro sin norte ni rumbo… Resulta, pues, que por el contrario lo que hemos conseguido es, alejar casi por completo a los españoles de la posibilidad un verdadero gobierno y de una verdadera justicia, común, que impulse y haga realidad nuestras ilusiones como pueblo histórico, como pueblo franco, amistoso, mestizo, jovial y solidario…

Sólo se beneficiaron los políticos. No los vimos venir… Nunca, hubiéramos pensado que nos iban a volver a llevar de nuevo a episodios tan vergonzosos como aquél del Cantón de Cartagena… No podíamos imaginar que aquellos mismos flamantes políticos autonómicos, volverían a crear aquél mismo ambiente cochino de rapiña desleal entre sí mismos… Y lo que es peor: entre nosotros mismos…

Todo español que al menos haya estudiado, viajado y leído algo, aunque solo sea un poco, en su fuero interno sabe que esto de las autonomías ha devenido en una verdadera mierda, una ruina. Idea agotada y fallida que nos está haciendo vagar como pueblo en una cuerda floja, y como a la espera pasiva y sumisa de un destino incierto para nuestro futuro… Somos un pueblo viejo, viajado y curtido, y nuestra Historia está llena de episodios parecidos o peores que el actual, de los cuales, si hubiéramos tenido una apropiada educación común ya tendríamos que haber aprendido algo…

Eso, que desde hace mucho saben nuestros sempiternos archienemigos los ingleses cuando las cosas se les ponen feas: se repliegan, refugiándose, tras la fuerza de la creencia en sí mismos y el valor de sus tradiciones. Defienden sin ambages sus intereses y sus leyes, sus fronteras, y siempre a su gente… Y se envuelven todos, con la sensación de seguridad que les insufla ese admirable espíritu británico tan patriótico que los une… Se unen.

Y nosotros que si Madrit y que si Barsalona; que si A Coruña o el asco del Gobierno Vasco; que si la mentira del País Valenciá o la de la Junta de Andalusía… ¿Es que no tenemos suficientes pruebas ya…? ¿O aparte del fiasco común y la desgracia mortal del puto coronavirus éste, necesitamos más evidencias que certifiquen la estupidez, el tremendo derroche, la completa inutilidad y el absoluto carajal, que supone para los españoles el rollo éste de las autonomías…?

¿Y el independentismo del cada uno pa’su pancha…? ¿Y el suicidio de la Educación de mierda que le estamos suministrando a nuestros hijos…? ¿Y la tan cacareada Sanidad Pública; la pobre…?

¿Tampoco lo vemos ahora que ha pasado el tiempo…?

Desde siempre, todos nos hemos sentido patriachicos gallegos o de Alicante; vascos o riojanos; extremeños, malagueños o catalanes; e incluso, muchos de nosotros se han sentido hasta hermanos americanos o portugueses… Pero también desde hace muchísimo, todos, hemos sido en algún momento españoles, o hispanos, o íberos, o hispanoamericanos. Pero todos, con cierto espíritu común y desde hace muchísimo, unidos con una lengua millonaria y franca: el castellano… Solo hay que ir a Portugal o a Brasil para ver que nos entendemos perfectamente. ¿Entonces, pa’qué coño tanta frontera y tanto marcar cada uno, el paquete de sus cojones y el peso de sus diferencias…?

¿Políticos jugando a los soldaditos…?

No lo olvidemos: ya lo éramos; lo fuimos; desde hace mucho que lo somos… Es un hecho querámoslo o no; y no sé porqué, hemos desperdiciado siempre esa Hispanidad que nos une…

Disgregar voluntades nunca hizo sociedades más libres sino más díscolas y engreídas, más endiosadas, más pequeñas y más ridículas al defender con esa pueblerina cabezonería, cada una su propio endemismo… Por el contrario, toda sociedad fundada en voluntades unidas, siempre, torna más coherente y eficiente, más lógica, menos estúpida, y muchísimo más fuerte y justa… Y más divertida por diversa y tolerante, por inclusiva y versátil; por verdadera, auténtica…

Todo, se ha diluido en un soma ideológico, que consumimos tóntamente como zombis sin cerebro

….eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LO ESCRITO…

Historias de Paco Sanz

Había escrito para la Providencia… Para ser coherente con ella los papeles iban a la papelera, y cuando estaba llena, uno de los días en los que bajaba la basura la vaciaba. Más tarde empecé a guardar lo que escribía. Al principio no ponía ni la fecha, pequeños cuentos, poesías, llevar más allá las buenas ideas, de entre las cosas que había leído y otras por el estilo. Luego empecé a poner no sólo la fecha sino desde dónde escribía, o algún acontecimiento que me hubiera llamado la atención. Como en su día había estudiado grafología intentaba hacer buena letra, quiero decir que no disimulaba en el trazo lo que estaba sintiendo al escribir.

Hace ya cuarenta años llegaron los ordenadores, poco después los procesadores de texto. Seguí haciendo lo mismo, ya sin caligrafía, adecuando el tipo de letra, tipografía le llaman a eso, al tema del que quisiera escribir. Eliminarlo era mucho más fácil que cuando tiraba lo “escrito a mano”. Pero también eso lo empecé a guardar. Una vez al año llevaba al encuadernador los manuscritos. Y luego con lo de las pantallas, empecé a imprimirlo; hacía hacer de ello un libro que acababa ignorado en una estantería.

Más tarde me dio por publicar. Escribía como ahora, pero con algo más de cuidado. Como si alguien lo fuera a leer. Muchas de las webs en las que publicaba cerraron, de alguna me echaron, y de otras muchas me fui. No contestaba, sigo sin hacerlo casi nunca. Una muestra más de mi mala educación. Prefiero no saber nada del lector. También lo publicado, como lo escrito para no ser publicado, acompañaron a las cartas a mis amigos y parientes en su destino de pantalla, encuadernador y estantería.

Pero, y ahora viene lo bueno, me he puesto a ojear lo escrito después de tantos años. Y he constatado que lo escrito a pluma es sorprendente, como si lo hubiera escrito alguien al que me cuesta reconocer pero que me cae bien; lo escrito a pantalla para mis ojos sólo, y también las cartas salientes o entrantes, no están mal del todo; pero todo lo que escribí pensando que igual lo publico apesta. Quiero decir que no quiero saber nada con ese tío, es como mi voz grabada, que no puedo ser ese panoli, vaya. Pedantones al paño, llamaba Machado a gente así. No le soporto. ¿Qué es lo que está fallando ahí?

Unas personas prefieren la emoción del reconocimiento, otras prefieren la sorpresa. El hemisferio izquierdo parece estar especializado en el procesamiento de estímulos altamente estructurados, que pueden encajar como si de repente se produjese un clic entre ellos; mientras, el derecho integra informaciones nuevas e imperiosas como una súbita iluminación. El izquierdo esencialmente reconoce la relación que guarda el estímulo, con lo que ya antes conocía. El derecho maneja materiales de los que no tiene previa experiencia.

¿Estilo? Depende del tipo al que crees dirigirte. Aquel que conoce al lector ya nada hace por el lector. Olvido una y otra vez que como lector es clave escoger la correcta soledad, y también las buenas compañías. Y reconocer cuando las dilatadas bibliografías no son sino el camuflaje de un pensamiento pusilánime que, sin embargo, quiere imponerse. Asumir que, aunque abundan los libros, los que realmente ayudan son un bien escaso, que uno llega a poder leer bien pocos en el tiempo de una vida… A menudo más vale leer dos veces un determinado libro que dos libros; los que no merecen la relectura acaso no valga la pena leerlos ni una sola vez. Los que he escrito yo, por ejemplo.

Historias de Paco Sanz

CONDUCÍAMOS A PELO

Era un modelo raro de ver, creo que no había entonces ninguno igual en el pueblo. Sentado al volante de aquel coche tenías el culo a poco más de un palmo de la carretera, y ésta, fluía ante tus ojos de una forma muy especial vista desde tan bajo punto de vista…

Todavía recuerdo lo robusto de aquel motor. Nunca dio problema alguno ni falló jamás en todo el tiempo que lo disfruté… Para ponerlo en marcha, antes había que darle siempre un par de pisotones al acelerador, para así, inundar por completo de gasolina el estárter del arranque. Luego, solo había que girar apenas la llave para que aquellos cuatro cilindros explotaran, y sus caballos despertaran relinchando broncos, como nerviosos… Oías, el brusco abrirse del segundo carburador cuando pisabas a fondo. Sentías lo blando o duro de tus neumáticos, agarrándose o no a la carretera. Conducías a pelo, sin ningún tipo de ayuda electrónica… Solos, el hierro y el fuego, la carretera, las gomas… y tú.

Acababa de estrenar aquel precioso Ford Capri 2.0 blanco; un coupé del 78… Bueno, lo de estrenarlo es un decir porque lo compré de segunda mano, en el 89… Aunque confieso, que me hizo la misma ilusión de uno nuevo porque fue un verdadero amor a primera vista; además, en aquella época nunca me hubieran dado mis haberes para estrenar un coche así; y encima, es que estaba completamente nuevo, impecable… El interior era del todo original, de fábrica. Unos maravillosos asientos Recaro de cuero negro y textil a cuadros. Volante deportivo de tres brazos de acero forrado con el mismo cuero negro, también a juego con el del pomo del cambio de marchas, el del salpicadero, y el del resto de la tapicería. Equipo de música Pioneer. Techo solar retráctil… Y todo, absolutamente todo funcionaba a la perfección. Como nuevo, gracias a la calidad de los materiales con que estaba fabricado, y a aquellas simples tecnologías de manivela, pestillo y pisotón…

Tenía aquel haiga una salvaje tracción trasera que convertía su manejo, si a fondo, en un peligro si no estabas acostumbrado a aquella sensación de empuje de popa tan excitante: la de ser impelido desde atrás y con fuerza a correr un riesgo, peligroso pero delicioso, excitante, calculado… No solían tener los coches de aquella época siquiera ni dirección asistida, por lo que ésta sí era algo dura -por ejemplo para aparcar- comparada con las de ahora que las mueves con una mano… Pero con el coche en movimiento, esa misma dirección te proporcionaba una sensación fantástica del control de la potencia, de suavidad, y un tacto muy preciso de la carretera…

Por otro lado, aquellos nerviosos 115 CV y un cambio de marchas maravilloso, con cuatro larguísimas velocidades, eran más que suficientes para empujar con rotundidad aquel hermoso coupé blanco por donde quiera que fueres… Unos eficaces frenos de disco delanteros, la sensación del peso del motor delante tuyo y la tracción trasera tan bruta, hacían que conducir con garra aquel bicho mecánico fuera una experiencia inolvidable, solo limitada, por tu pericia al volante y por la cantidad de gasolina que quisieras quemar…

Poco más de once años impecables tenía cuando lo compré. Y sólo unos cincuenta mil kilómetros, hechos por una señora para la que la maniobra más arriesgada con el coche, seguramente habría sido la de guardalo todos los días a cubierto en su cochera, y sin rayarlo… Y mira por dónde, solo al tercer año de tenerlo, lo esclafó el listo de mí, estrellándolo y casi matándome en un siniestro total contra un bancal de palmeras, al salirme de una curva en una carretera conocidísima, y debido solo al par de segundos transcurridos en un descuido de mierda…

¡Qué cosas…!

…eeen fin. La vida.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

MAMÁ, QUIERO SER POLÍTICO

Tengo de aquel día, un gran recuerdo de Don Antonio Alonso, un Señor Alcalde que lo fue de mi pueblo… Detrás de aquel imponente escritorio que presidía el mobiliario de su despacho, estaba aposentado cómoda aunque solemnemente en un también pomposo sillón giratorio y reclinable, de cuero rojo brillante… Nosotros cinco, sentados en semicírculo frente a él expectantes y atentos; todos con veintiún años poco más o menos: Paco, María José, Sara, Fernando, y yo… Nos había citado él personalmente.

“…Que como éramos de los espabilaos y de los mejores estudiantes de nuestra quinta, necesariamente, tendríamos que ser el futuro del pueblo… Que si ahora, ésa y no otra era nuestra responsabilidad, y que se lo debíamos a la honorable historia del apellido de nuestras familias… Que si dentro de poco, impepinablemente nos tocaría a nosotros conducir el futuro… Vamos, que nos planteáramos el hecho de entrar en política porque más pronto que tarde, haría falta savia nueva y de calidad para dirigir nuestro pueblo…”

Como nací dibujante, siempre he sido en el fondo y sobre todo, solo un mirón… Un mero observador tímido e introvertido, hipersensible hasta casi lo llorica; un voyeur furtivo y empedernido… Y no sé en el fondo tampoco porqué, pero siempre intenté disimular todas esas creía yo entonces mariconadas sensibleras, haciéndome el duro y el rebelde tras una apariencia de porrero con buenas notas, de inquieto e insensato juerguista; que gustaba, de saltarse toda norma que creyera inútil, y de vivir al límite que permitieran tanto su bolsillo como sus jovenzuelas entendederas…

¿Cómo voy a ser político, pensé, si no conozco a nadie a fondo con más defectos que yo mismo…? ¿Quién, conociendo mi pereza y lo perdulario de mi carácter, me iba a votar…? Siempre me podrían decir aquello del “y tú más…” Siempre, he sido un idealista y seguramente algo tontolaba. Pero a diferencia de ahora, al menos entonces tenía la excusa de que era rabiosamente joven…

No sé a vosotros; pero cuando al mirar mi pasado y escarbar, en las entrañas de alguno de aquellos secretos errores de juventud que cometí -ahora vergüenzas inconfesables por tanto tiempo inconfesadas- se me quitan las ganas de tirarle la primera piedra a nadie… Y encima, el tonto de mí siempre ha creído que a todo el mundo le ocurre lo mismo, que absolutamente todos tenemos algún gran pecado, fallo o error secreto, escondido en nuestro debe…

¿Ooo no…?

Yo, no me votaría nunca a mí mismo porque siempre, he creído que había que votar a los mejores… Aunque si en aquella época hubiera sabido lo golfos y rastreros, lo lerdos, incultos y desleales que serían la mayoría de nuestros políticos actuales, quizá le hubiera dicho que sí a Don Antonio… Quizá no me hubiera sentido inferior; con menos virtudes que algunos…

Pero no quiero elucubrar más porque la verdadera intención de este escrito es, cómo no, dar caña a estos políticos vacíos y desmayaos de hoy… Y como conclusión, quiero resaltar que la pérdida de nivel tan dramática que sufre la calidad democrática de nuestro país, y la deriva sin rumbo que padecemos son, sin duda, debidas a que en éste nuestro país de ciegos, cualquier tuerto cree que podría ser El Rey…

Y como nos descuidemos, lo consigue… ¡Ay de nosotros…!

Democracia y ley es lo que necesitamos. Cultura de verdad y verdadera Historia. Auténtico Arte y Ciencia de altura. Humanidades, Periodismo… Y verdades, y compromisos, y lealtades, y amores… Y que os metáis la ideología, toda, por el culo…

He dicho.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

NATURALIZAR LOS INSULTOS

Ven, que te voy a naturalizar yo. ¡Gañán…!

¡Forastero…! Si de verdad fueras un macho alfa y la tuvieras tan grande como dices, ya deberías saber que del insulto a una ostia en la trompa, a veces hay muy muy poco… Por eso pistolero, lleva mucho cuidado con lo que naturalizas, y con lo que no naturalizas… Cuidadito con los insultos, si no quieres que algún día te sorprendan con un guantazo en la cara: acuérdate de Rajoy… Y recuerda, lo que todo macho alfa sabe: del insulto a la ostia, e incluso al fuego o al tiro en la frente, a veces hay muy muy poco…

Y como tú no eres un valiente, naturalizar los insultos solo significa para tí, algo así como que te suda el capullo que te digan de tó, que tú, ni dimites ni te bajas del machito rojo en el que ahí estás, así fueras jarto hasta las trancas de vino malo y picao…

Yo, que soy un verdadero malhablao y que me cago siempre en lo primero que pillo; yo, que presumo de usar no sé si con garbo el terno, el exabrupto y la palabrota; me quedo muerto con lo lerdo del aprendiz éste de Maquiavelo, cuando va, y dice: “que en política hay que naturalizar los insultos…” La oratoria es lo que tiene, que te deja en cueros: cada uno expresa con palabras realmente cómo es, y cómo de grande la tiene; y en consecuencia así, defiende su honor… Con palabras solo, solo con palabras… Valiente güaltrapas.

El hortera desaseado éste, se cisca en los usos y costumbres más elementales del respeto al prójimo y la buena educación, del decoro, del buen gusto en la oratoria, y de la prudencia o de la gallardía; valiosísimas cualidades todas, de las que siempre hicimos gala los españoles de bien y con dos dedos de frente… Éste, quiere hacer de la vida pública española una reyerta, constante… Nada nuevo bajo este sol comunista… No quiero ni imaginarme los terrores, la desidia ni el desamparo que tuvo que sufrir este individuo en su niñez, al ver que a sus familiares todo les importaba una mierda dado que él, no tiene un mínimo de principios decentes en los que creer que no sean meros pastiches ideológicos…

Vale que los exabruptos los use yo, literariamente un don nadie pretendiendo emular a un Camilo o a un Fernán Gómez. Pero que un alto representante de mi país, debido a tanta mierda que lleva encima, acepte acusaciones e insultos merecidos sin inmutarse ni dimitir, porque no tiene otro sitio donde pacer ni caerse muerto que no sea el machito político que se ha montado, es demasiado asqueroso… ¡Qué asco…!

El verdadero problema de la verbena de insultos que nos propone este comunista ayuno de ideas, no es que a nosotros como a zombis, por repetidos los insultos se nos embrutezcan los oídos, oyéndolos sin inmutarnos con la boca entreabierta y babeando… El problemón, es que los políticos, cuando reciban acusaciones veraces e insultos merecidos, también se acostumbren a recibirlos a discreción, y también sin inmutarse y con la boca entreabierta y babeando… Y además sin dimitir y sin siquiera cortarse ni sonrojarse, solo porque su cohorte de seguidores zombis aplaude sin inmutarse, con la boca entreabierta y también babeando…

Lo mejor del español bienhablao es su precisión, su capacidad de describir con todo detalle tanto la profundidad de un amor, la hondura de un dolor o la veracidad de un argumento, como la rotundidad de un desprecio… Y todo ello sin necesidad de chabacanerías…

eeen fin…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LOS ENCANTOS

Historias de Paco Sanz

Tengo suerte, mi pareja es encantadora. Soy víctima de sus encantos, sin duda. Estar libre de encantamientos puede ser una suerte, Don Quijote que no lo estaba, y que se sabía “malquiso” de los encantadores, tuvo que padecerlos a consecuencia de haber pasado tanto tiempo entre libros como un servidor. La primera vez que los menciona es cuando llega a la posada: “Quizá por no ser armados caballeros como yo lo soy, no entenderán con vuesas mercedes los encantamientos deste lugar, y tendrán los entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como son real y verdaderamente, y no como a mi me parecen”.

Los que estamos encantados de estar encantados puede que no seamos ni príncipes ni caballeros, pero lo estamos al cuadrado. La intelectualización y racionalización crecientes, no significan un creciente conocimiento de las condiciones generales de nuestra existencia. Su significado es muy distinto; significa que se sabe o se cree que en cualquier momento, si se quisiera se podría comprobar que no existen sobre nuestras vidas poderes ocultos o imprevisibles, sino que por el contrario, todo puede ser dominado por el cálculo y la previsión… Pero esto significa el desencantamiento del mundo. Y eso sí que no. Pues bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible.

Cuando vemos a alguien que de repente parece no estar con nosotros, a veces, decimos que se ha quedado encantado. Los monjes zen budistas, los sadu hindúes, los sufís islámicos, los hasidin judíos o los místicos cristianos comparten técnicas de encantamiento, de estar ahí, de prestar atención. Cuando terminas con un pensamiento, y antes de empezar el siguiente, ¿no se produce una pequeña pausa, no pareces haberte quedado encantado? Es la entrada a tu casa de eternidad. Alarga el momento, agranda tu casa, sigue ahí. En un lugar así se está definitivamente bien.

Mi vida, el que siga vivo, es un misterio, no lo entiendo pero me encanta. Cuando Einstein decía: “¿Y qué si tengo la tonta impresión, aquí y allá, de que sobre mis teorías no entienden ni una palabra? Creo que resulta divertido e incluso interesante de observar. Estoy seguro, de que es el misterio de no comprender nada lo que les atrae… les impresiona, tiene el color y el encanto de lo misterioso”. Estaba pensando en personas como yo.

Más de una vez también me he sentido como uno de esos últimos hombres nietzschianos. El “último hombre” es el consumidor místico, el utilizador integral del mundo, es decir, un hombre que no se reproduce pero que disfruta de sí mismo, como en un estado final de la evolución. Encuentra una especie de devoción, un encantamiento religioso, en la idea de su propia existencia. En las grandes ciudades lleva una vida en solitario con una nada amueblada.

He tenido suerte, he conocido mucha más gente encantadora, que de esa que está encantada de haberse conocido; creo como O. Wilde que es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o aburrida. Y es que por caprichos de la fortuna me he relacionado, casi siempre, más con personas a las que les han ido bien las cosas que con gente que trata de hacer algo por el mundo, que suelen ser insoportables; cuando el mundo ha hecho algo por ellos, en cambio son encantadores.

Pienso que ella sabe lo que es el encanto; una manera de escuchar decir sí, sin haberse planteado ninguna pregunta clara. No me une a ella tanto el amor, como el espanto de perderla, será por eso que me encanta tanto… Alguna vez se lo he dicho.

Historias de Paco Sanz

Se tocaban los huevos

Justo ayer; se tocaban los huevos al inicio de la pandemia pendientes solo de su rollito ideológico y maricolésbico tipo 8M y tal… “Mata más el machismo que el virus” ¡Recordad…! Nos engañaron vilmente escondiendo los muertos y su número; y siguen… Somos todavía hoy, creo que el país del mundo con más muertos por millón de habitantes. Más incluso, que Brasil con más del triple de habitantes que España y se supone que una mucho peor sanidad pública…

Pues hoy, nos hacen comulgar con ese tal Simón, endiosándolo; aún siendo se supone, el responsable científico de lo irresponsable del espantoso comportamiento de este desgobierno, que miraba solo hacia su ombligo ideológico mientras tantos de nosotros morían…

Se pasan por el bajo de los cojones las leyes españolas, con la mierda ésa de la mesa de negociación catalana ya que, con todo descaro, consienten la suelta de golpistas catalanes por la cara, mientras se ríen abiertamente en la nuestra… Y no contentos con semejante traición a España, ceden y acercan a los hijosdeputa de ETA, muy cerquita de las golfas de sus madres… Y además, pactan con los que jalean a esos mismos hijosdeputa que asesinaron incluso a compañeros suyos… ¡Qué asco…!

Aunque no quiero señalar, incluso hay en este desgobierno quien se folla todo lo que pilla y tiene la desfachatez de dejar los condones usados por ahí; y oye, nada… No le pasa absolutamente nada, porque bienpaga a sus hetairas con ministerios, cortesanías, nepotismos, asistencias personales, y quién sabe con cuáles otras baratijas las compra, con esa vieja forma de pago de la braga o la bragueta… “Me llaman la bien pagá…”

Nos suben los impuestos… Nos tienen por tontos. Nos toman el pelo.

Vale que para salir de esta ruina el PP no puede ser la solución; vale, de acuerdo… Pero me reconoceréis que lo rancio, lo hortera de este comunismo tan pueril como avejentado que disfrutamos ahora en España, tampoco nos servirá de nada sino más bien al contrario, nos arruinará como es un hecho que siempre hace el comunismo…

Y como dice mi socio: ¿Ahora que hacemos…?

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

UN DADO AL AIRE

Historias de Paco Sanz

Más acá de la microbiología está la biología molecular, allí, es donde la química orgánica deviene en vida… La parte de la química orgánica que no está viva, la necrosfera, es considerable. En la Tierra, la cantidad de materia orgánica muerta (necromasa) es 8-14 veces mayor que la materia contenida en la biosfera viva. Sin contar materiales fósiles antiguos (gas, carbón, petróleo…)

El principal supuesto de la mayoría de los científicos en cuanto al origen de la vida, es que ésta se originó a partir de la materia inanimada, a través de un incremento gradual y espontáneo de la complejidad molecular y funcional. Lo inorgánico devino en orgánico a nivel microscópico merced a los microorganismos… En una primera fase, la amonización transformó en amonio el nitrógeno molecular de la atmósfera; y sólo las arqueas y las bacterias podían. En una segunda, la nitrificación convirtió el amonio en nitrito y luego el nitrito en nitrato; ésa fase, de momento, también depende casi exclusivamente de microorganismos.

¡Cómo mueren las cosas es algo fascinante…! es la condición para otra cosa también fascinante: ¡Que “algo” que no vivía consiga vivir…! A nivel celular y a nivel humano la muerte es condición de vida, de nueva vida… Cuando estás dejando atrás el otoño de tu vida, cuando has visto desaparecer a algún amigo porque una parte de su cuerpo no ha sabido morirse a tiempo, cuando has visto convertirse en zombis a tantos, uno llega a agradecer que ciertas cosas mueran.

Pero hasta para morir a nivel celular hace falta una cierta gracia. Apoptosis: de apó y ptosis; en griego separar y caer, como las hojas de los árboles en otoño. Las células que la experimentan mantienen íntegra su membrana, por lo que su fagocitosis y posterior metabolización es mejor para el organismo, que las que mueren por muerte “involuntaria”, por necrosis, que al hacerlo así envenenan el entorno… En la apoptosis la membrana celular externaliza fosfatidilserina, un fosfolípido que hace que el macrófago la identifique como muerta y empiece a fagocitarla fácilmente…

Los divulgadores de cómo creen que se comporta el virus ése no paran de soltar trolas… Como a los que siguen viviendo de las noticias inventadas, les dé por hacernos entender, cómo podemos ser también virus y bacterias, cómo somos y cómo convivimos y coevolucionamos con toda esa parte de nuestro cuerpo que no lleva genes propiamente humanos, la de “inexactitudes” que pueden soltar a este respecto sería mucho mayor…

Hay más diferencia de ser humano a ser humano que de virus a virus. Del virus tenemos el genoma. Lo nuestro es una maraña de microvida y de relaciones, células y humores del carajo. Mejor que no empiecen a intentar divulgar eso. Porque para lío con los números de los epidemiólogos, ya hay de sobra.

Un dado al aire es nuestra vida. Cómo nos va a ir con la enfermedad, la desgracia, la muerte… se tiran los dados.. El juego por excelencia, el juego de los dados (ad zardum), de donde viene la palabra azar. Rima con rezar.

Historias de Paco Sanz

CINCUENTA SEGUNDOS

Sólo necesitaría unos cincuenta de tus segundos lector; aproximadamente lo que duran treinta o cuarenta de tus respiraciones; o lo que tarda tu corazón en latir entre sesenta y setenta veces… Necesito, para comenzar ésta nuestra relación epistolar, disponer del total de tu atención durante estos vitales primeros cincuenta segundos; importantísimos para aceptar el iniciar cualquier tipo de relación… Ese instante breve, efímero y subconsciente, en el que la mente sin dar cuentas a la consciencia ya ha tomado una decisión. Ya ha elegido… Elígeme pues tú, y tenme paciencia; y aguanta aquí leyendo conmigo…

No sé dónde vamos a llegar a parar pero llegaremos seguro. Qué te cuento o con qué te atrapo es la cuestión… Y sí, ya sé que se nos ha hecho un poco tarde, pero no tanto porque todavía estás ahí, leyéndome… Ésto es un lío.

Seguro que érase una vez, aquélla vez, en la que como yo ahora, creíste necesitar que perduraran en el tiempo cosas, momentos importantes, tuyos… Aquella vez, que quisiste contar eso que te pasó, inventar un cuento para tus hijas, preservar la Historia, o conservar recuerdos de tus ancestros…

¡Qué milagro, y qué suerte el que ya llevemos más de cincuenta segundos juntos…! ¿No…?

Yo te hablo al oído; tú, te dejas… A ver, qué historia te cuento ahora…

Te quiero 💞…

Y gracias…🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA MUERTE Y LOS NÚMEROS

Historias de Paco Sanz

El Emperador está desnudo. El saberlo, el que se sepa. Esa es la consecuencia última de la crisis sanitaria que estamos viviendo y de la económica que nos aguarda. El Imperio es una farsa, la dulzura del libre comercio no es tal, la desconfianza en la bondad de instituciones, profesionales y expertos, se va a ir hacia la asíntota; y la Mano Invisible empezamos a notarla en nuestro gaznate.

Estamos empezando a detener la velocidad de la expansión de la epidemia. Pero la inercia de los grandes números, lo terrible del común denominador sigue su canto, pone en entredicho la posibilidad de volver a creer en los trajes del emperador. Por lo visto por la sangre de la décima parte de la población española, ha pasado el virus ese… Y hay más o menos cuarenta y siete mil muertos no esperados. En España hay cuarenta y siete millones de habitantes. Si nos alcanza a pasarlo todos habrá cuatrocientos y pico mil muertos más. Sigo creyendo en los quebrados como un bachiller.

He vuelto de unas fiestas de San Juan, y como si esto pudiera no acabar pasando, las mascarillas y el distanciamiento han brillado por su ausencia. La crisis económica y social tendrán que esperar. En geopolítica, la mascarilla de las fronteras y el distanciamiento de la insolidaridad, vamos a tardar tiempo en poder volver a quitárnoslos. Porque de algún modo seguimos creyendo en lo que nos enseñaron en el bachillerato.

El “olvido del denominador” hace que el numerador se valore, desproporcionadamente. Es algo parecido a la desconsideración de la tasa base en la inferencia bayesiana. Preocupa mucho más que vayan a morir 1000 personas en una gran ciudad, que que vayan a morir una de cada mil. Se está haciendo política con los números. Siempre se ha hecho. Se hace política con lo que uno puede. Pero además nos gusta jugar con ellos, también lo hemos hecho siempre. A saber qué pensar, decidir qué hacer, o predecir lo que nos espera de ellos, estamos acostumbrados; y a hacerlo mal también.

Das positivo en una prueba de enfermedad que padece una de cada 600 personas. El médico te dice que uno de cada 25 positivos en la prueba es un falso positivo. Sales con la idea de que tienes un 96% de posibilidades de padecerla… El médico te recuerda lo de la regla de Bayes, que los números no son así. No lo entiendes… Hablas con un amigo matemático para que te aclare lo de la regla de Bayes. La Regla de Bayes recuerda que la probabilidad posterior es el producto de la tasa base por la razón de probabilidad. Uno de cada seiscientos enfermará. Tasa base. Uno de cada 25 positivos en la prueba es un falso positivo. Razón de probabilidad. 1/600*25= 25/600=4%. Si das positivo en la prueba tienes un 4% de probabilidades de estar enfermo de eso.

No es lo mismo.

Gödel acabó con el Entcheidungsproblem, con el problema de la decisión, demostrando que existían afirmaciones sobre los números enteros que, a pesar de ser perfectamente razonables, no podían probarse ni refutarse. Turing lo amplió a cualquier otra proposición matemática. El ordenador de programa almacenado, tal como fue concebido por Alan Turing y construido por Von Neuman, vino a romper la distinción entre números que significan cosas y números que hacen cosas. Nuestro universo ya nunca volvería a ser el mismo.

Ya conoces el terrible secreto de las matemáticas: está todo basado en nada… La pregunta clave no era si nuevos tipos de números existían “realmente”, sino si sería útil suponer que existían.

Historias de Paco Sanz

HIJAS Y CONFINAMIENTO

CARLA…

Valentía, es estar sola y menesterosa en Barcelona con la que está cayendo y encima querer quedarse… Arrojo, es el perseguir esa música casi imposible pero sin dudar. Y encima, no cejar en el empeño de buscarse una misma entre esas notas perdidas sin encontrarse nunca del todo… Porque justo detrás de esas melodías que se te esconden, te escondes, te encuentras… Valor, es aprender sola a estar sola cuando nunca lo habías estado.

ROSA…

Amor es el de Roberto, el chorbo de mi hija la mayor. Que en estos tiempos de reclusión cuasi carcelaria, se jugaba con solo dieciocho años una buena multa cuando diciendo que hacía deporte, venía solo a rondármela… A veces, seguro que sólo tras una verja y una mascarilla cual Romeo coronavírico… Eso debe ser el amor. Y también lo debe ser la expresión de la sonrisita y el leve rubor en la cara de mi hija, cuando me lo cuenta…

NURIA…

Riesgo, es encerrarte tú sola dos meses y medio con un pequeño león de siete años; en un piso de poco más de veinte pasos de largo. Con siete años ya no hay forma de escapar de él a menos que lo domes; no que lo domestiques… La doma se basa en un respeto entre especies; la domesticación es mera sumisión. Domas un caballo; un pollo está domesticado… Todos sabemos que no se puede domesticar un león; tarde o temprano saltará el león… Hay que ganarle, imponerse o poderle; o al menos que él así lo crea… Educar para domar leones no debe ser fácil; no lo fue con mis leonas…

PAULA…

Mérito es el de mi hija la menor, una leona que ahora domina sus pulsiones… El coronavirus seguro que la ha obligado a pasar por encima de sí misma, viéndose veinticuatro horas al día, reflejada en el bichico de su hermana la pequeña; cuidándola, y sabiendo lo que vale un peine cuando tienes que cuidar niños. Como por otro lado hacen los padres… Es maravilloso, que semejante carácter volcánico haya tenido que rebuscar en sí misma para encontrar, cosas en las que empeñarse y poder enseñar a su hermana la pequeña…

Olé sus redaños…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

VER MORIR…

Historias de Paco Sanz

Siempre he andado a la greña con mis costumbres, a ser tiranizado por ellas no me hago. Hace muchos años cuando se me moría el alma después de asistir a la muerte de un paciente, la hermana me dijo, para consolarme, que no me preocupara, que ya me acostumbraría. Le dije que no quería acostumbrarme. Cuando uno está dolido suele ser impertinente. La verdad es que no me he acostumbrado a eso, a otras miserias sí, para mi vergüenza.

Además de ver morir en clínicas y hospitales, aparte de amigos y familiares, por enfermedades y vejeras, he sido testigo de primera línea de muerte por accidente en tres ámbitos que no he podido olvidar. El primero en la montaña, a mis dos compañeros de mesa, de una de esas cenas en hoteles de montaña que por ser mis parientes hoteleros solía disfrutar cuando era muy joven, se los llevó un alud, delante mío, o detrás, porque a mí me pilló adentrándome en el bosque y no se me llevó por un pelo. Tuvieron que sacarme, a ellos nadie pudo hacerlo. El alud cayó por la mañana, hasta la tarde del día siguiente no dimos con ellos.

Cuando ya estaba terminando mis estudios fui testigo de la muerte de un compañero de excursión a caballo. Era un hombre grande, montaba a la española un caballo blanco, como él, más grande que los demás. Con estribos de esos de que aunque te caigas no puedes quedarte estribado. Llegaron ambos caballo y caballero, con uno de esos galopes cortos que hacen tan agradable la monta, donde estábamos los demás decidiendo dónde íbamos a merendar aquel día. Uno de los caballos al llegar el nuevo al grupo puso el culo, y se fueron ambos a la cuneta. Le vi caer mal. Se rompió el cuello. Uno de los caballistas era adjunto de cátedra en quirúrgicas, saltamos los que solemos saltar en estas ocasiones, él le puso el cuello bien y a mí me tocó lo del boca a boca, no ens en vam sortir como dicen los catalanes, no salimos bien de esa. Inolvidable.

La tercera vez no fui testigo pero sí era compañero de hospital y de café de media mañana del padre del muerto. Es uno de esos casos que si se hace una película hay que remarcar que se basa en hechos reales. Un servidor siempre iba a trabajar al hospital en bici. Mi compañero, traumatólogo, en moto. Habíamos bromeado más de una vez acerca de quién ponía más su vida en juego por jugar a eso. Mi amigo vivía en una finca en las afueras, en bici no habría llegado en el poco tiempo que le costaba llegar en moto. Yo vivía más cerca, así que iba de ecologista avant-la-léttre.

Su hijo que aun no tenía carnet todavía usaba una pequeña moto para moverse por la finca. Por fin iba a tener un hermanito. Su padre estaba en el hospital mientras que su madre estaba de parto, cuando el guarda le dice al joven que su padre se ha dejado la moto fuera del garaje. Y parece que va a llover. El joven se ofrece a ayudar a entrarla. Es una moto grande. La pone en marcha, le da demasiado gas, la moto se le encabrita y le cae encima. El niño no pierde el sentido, pero le dice al guarda que se ha hecho mucho daño, que llame a su padre. Muere en el traslado al hospital mientras su madre está dando a luz.

¿Se puede uno acostumbrar a cosas como esas? Cosas como esas no se olvidan nunca.

Historias de Paco Sanz

¿PARA QUÉ PREDICAS…?

Historias de Paco Sanz

Dice Woody Allen en su autobiografía que lo que ha hecho más a gusto en el mundo ha sido escribir. Simpatizo con él porque seguro que piensa con alegría en que además le han pagado por ello… Simpatizo también con aquel rabino que no es que dejara de leer sino incluso de escribir, al comprender que no lo estaba haciendo sólo para su Creador. O con los que saben que el predicar no conduce a nada: “¿Por qué continúas predicando, si sabes que no puedes cambiar a los malvados?” le preguntaron a un rabino. “Para no cambiar yo”, fue la respuesta.

Oigo el canto de Federico al “agua que no desemboca, que no desemboca”. Y me encanta la separación entre la teoría y la práctica en todos los terrenos, del mismo modo que la separación entre la realidad y la verdad. Recuerdo las palabras de aquel chico que tras escuchar un bello cuento que le había narrado un viejo, preguntó: “¿Pero es cierto? ¿Ocurrió de verdad?” A lo que el viejo respondió: “No ocurrió realmente, pero es verdad”.

Los escritores, los investigadores, los artistas no están creando nada… Los creativos abundan, los padecemos, me tienen harto. Mi hija vino una vez muy contenta de la escuela porque para no decirle lo mal que había hecho no sé qué, le dijeron que era muy creativa. Un servidor que a veces se pone en plan “jodón” incluso con la gente que más quiere, le dijo a su madre, pero procurando que la niña lo oyera, que hay dos tipos de alumnos: los inteligentes y los creativos…

Desde hace no sé cuantos años no he parado de escribir para nada, miento diciendo que es porque me gusta; me gusta, pero es que además no puedo evitarlo… He caído bajo el hechizo de “maya”. Con el paso de los siglos, la palabra “maya” -uno de los términos más importantes de la filosofía hindú- cambió de significado. De representar el poder creativo de brahmán, pasó a significar, el estado psicológico de todo aquel que se halla bajo el influjo de la magia de la obra. Si confundimos las formas materiales de la obra con la realidad objetiva, sin percibir la unidad de brahmán subyacente en todas ellas, estamos bajo el hechizo de maya.

Las cosas bellas, las cosas buenas, no se crean, se descubren. Con las leyes pasa algo semejante. Al no ser las leyes otra cosa que la expresión de las relaciones que existen entre los hombres, y al estar determinadas por su naturaleza, la relación de una nueva ley es sólo una declaración nueva de aquello que existía previamente. La ley no es pues la disposición del legislador, éste no es su creador espontáneo. El legislador es para el orden social lo que el físico es para la naturaleza. Newton no pudo más que observar, y no declarar, las leyes que reconocía o creía reconocer. No se imaginaba sin duda que él fuese el creador de estas leyes.

Supongo que como acabo leyendo lo que escribo me tomo por mi discípulo, aunque incluso pensarme como mero receptor, me fastidia bastante. Con razón observó Nietzsche que la función más importante de un sistema filosófico es convencer a su propio autor. Se puede probar el acierto de esa observación preguntando a los autores considerados, cuándo, y con qué frecuencia, repiten sus principios fundamentales.

Le pregunto al esclavo: ¿Qué es entonces lo tuyo? El uso de las representaciones imaginativas. Quiero pensar además que eso es lo que poseo como algo inviolable: Nadie puede impedirme, nadie puede forzarme a usar mi imaginación sino como quiero.

Historias de Paco Sanz

¿QUE QUIÉN SOY YO…

“¿Que quién soy yo pa’escribir por ahí…?” Nótense las negritas.

Amplía para admirar…

Hay quienes se quejan, hasta de que los minutos duren sesenta segundos… Todo lo malo les pasa. Todo conjura en su contra: el pasado, el presente, y por supuesto el futuro. ¡Qué mala es la ignorancia…! Se quejan, de que haya que cumplir con la ley y de que haya que estudiar para aprobar o que trabajar para vivir; ignoran, que es necesario amar al prójimo y honrar a tu padre y a tu madre; y en defensa de su ideología son capaces de negar, cosas como que dos y dos sean cuatro y otras muchas verdades por el estilo… Son pensadores de lo inútil y especialistas del gafe; demócratas rojos; artistas de lo vacuo, escritores de la filfa; filósofos de lo desastroso y periodistas de lo falso… Meros esclavos del “y tú, más…” Tergiversadores en cadena…

La Historia del hombre es la que es, y juzgar el pasado con criterios de presente es de imbéciles…

Amplía con tus dedos… ¡Racista…!

Porque no le gusta lo que escribo, va, y me pregunta un gañán rojo de éstos que ahora nos toca sufrir en las redes “que ¿quién soy yo pa’escribir por ahí…?” Nótense las negritas.

Líbreme Dios de compararme, pero imaginemos a un Miguel, cualquiera. O a un pringao de Almoradí; de al’lao; de cerca… A catorce o quince kilómetros justos de su casa vivo: sí, de la de Miguel. De la de Miguel Hernández el de Orihuela, el las ‘Nanas de la cebolla…’ Con poco, siempre hicimos mucho en mi tierra… Se piensa desde hace mucho y muy bien a la sombra de Alicante.

¿Habéis visto el contraste, de lo humilde de su casa en el centro de Orihuela, justo al’lao, casi paré con paré con con el imponente palacio centenario del Colegio de Santo Domingo…? Un cabrero, un disidente, un matao, fusilao por valentones… ¿Que porqué escribo yo qué sé? Yo no lo sé pero pasa: empiezo, sucede, y acaba, como si saliera de los cojones…

Perdonadme el pareado pero ha salido… Yo aquí lo pienso, lo dejo y lo doy: la gente luego, que haga lo que quiera…

¿Que quién soy yo pa’escribir…? Va, y me pregunta el gañán…

Según él, en su día, hace quince mil años, habría que haberle preguntado con impertinencia al pintor de Altamira que qué coño hacía, ensuciando de humo y pintarrajeando a su antojo la cueva…

eeen fin…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LEALTAD

Historias de Paco Sanz

La Unión Europea, el Estado de las Autonomías, la ONU, la OMS… los estados federales, ¿por qué fracasan?, porque falta lealtad. Para que las relaciones entre gobiernos y administraciones funcionen adecuadamente se precisa de ese lubricante que los alemanes denominan “lealtad federal”, una actitud por la que todas las partes se esfuerzan en facilitar el ejercicio de las competencias ajenas, y procuran resolver las controversias de un modo amistoso y ágil.

Ahora se nota más. La gran mayoría de mis relaciones se han basado en ella. Cuando, llegados los malos tiempos mis amigos me han fallado o he fallado a mis amigos lo he llevado muy mal. Ha sido para mí más de una vez una sorpresa, ver quienes son verdaderamente capaces de mantener la palabra. No han sido siempre los que consideraba buenas personas, con buenas palabras y modos se ha vendido siempre mala mercancía.

La nuestra es una sociedad de contratos, en la que incluso para vivir juntos hay que firmar uno; está claro lo poco que se confía en la lealtad, incluso a nivel personal. Cuando les he dicho a mis amigos psiquiatras, que a las personas fieles a nuestra pareja nos da la sensación de que tendríamos que hacérnoslo mirar, no se lo han tomado en absoluto a broma. Tratan con demasiados adictos, a las drogas, a las malas costumbres… como para no tomarse eso de ser fiel a tu pareja como una posible adición más…

Confundimos el machismo con la virilidad porque lo de la lealtad, lo de la fidelidad no se lleva. La virilidad, es decir la pasión de la unión y la lealtad, se convirtió en machismo, acabemos con él… En efecto, es posible ablandar a los hombres, pero hacerles “cuidar” es otra cosa, y el proyecto tiene que fracasar inevitablemente.

En culturas anteriores a las nuestras, distantes de las nuestras, pero de hombres más sensatos, la lealtad no se la tomaban a broma. Por ejemplo en Japón, el chu significaba lealtad incondicional a la cabeza de la jerarquía social, ya se llamara ésta emperador o shogun, ya fuera de origen divino o terrenal; el chu era el primer mandamiento de la ética japonesa; el ko, la lealtad que se debe a los padres y antepasados, era el segundo, todas las demás normas de conducta venían después.

Para Confucio la lealtad era la virtud clave: lealtad a Dios, al Estado, a la propia familia y a los verdaderos significados de las palabras que uno utiliza. Primeros pasos en la formación hasta la Edad de la razón. La formación profesional y como ciudadano. El trabajo social y el cuidado de la familia. Y el leer y el escribir.

Para saber de nosotros no está mal preguntarse por cuáles son nuestras identificaciones, cuáles son nuestras lealtades, cuál nuestra comunidad, ante quiénes nos sentimos responsables. No me gustan las élites, me gusta la gente. Las élites son cosmopolitas, la gente local. Cuanto mayor es el nivel educativo y de renta de las personas más condicionada es su lealtad.

Historias de Paco Sanz

LOCURA

Historias de Paco Sanz.

Por lo visto de tanto estar en casa hay más gente chalada. Y ahora que ya podemos salir a la calle, más loco suelto. Mi padre cuando volvía de trabajar decía estar absolutamente cansado. Se hacía mimar por mi madre, y como estaba tan cansado de trabajar se le perdonaba todo. Cuando empecé a trabajar con él me di cuenta de que menudo cuento tenía mi padre, nunca le vi tan feliz como cuando trabajaba.

La parte que tiene lo que hacemos fuera de casa en nuestra salud mental es toda una lección de humildad. Eso de ser profundo es un rollo. La “profundidad” es la dimensión de aquellos que no pueden cambiar de pensamientos ni de apetitos, y se ven reducidos a explorar la misma región del placer y del dolor. Uno se vuelve profundo dejándose invadir por las propias taras.

Es una vieja historia, la de la includencia: proponerse objetivos por encima de las posibilidades. Rigideces inseguibles que terminan paralizando y en la remanencia: ir dejando cada vez más cosas por hacer. Las vías para pasar de la melancolía neurótica a la psicosis depresiva. En confinamiento es fácil, porque lo que podías hacer con gusto solías hacerlo fuera de casa.

Para volver a encontrarnos con el que solíamos ser necesitamos el volver a trabajar, o al menos a alternar. Muchas personas se han olvidado hasta de su nombre a base de no salir de casa. Eso de no ser nadie cansa, enloquece. Si para sobrevivir se ha de ser nadie, como Ulises en la Odisea ante Polifemo, es decir, permanentemente invisible, no habrá identidad, ni autoestima, ni integración social, y consecuentemente, tampoco salud mental.

El tipo más corriente de locura estos días es la depresión. Lo que antes llamaban melancolía. Paracelso había distinguido los lunatici en los cuales la enfermedad tenía su origen en la luna, y en los cuales la conducta, en sus irregularidades aparentes, se ordena secretamente a sus fases y a sus movimientos; los insani que debían su mal a su herencia, a menos que la hubieran contraído, justo antes de nacer, en el vientre de su madre; los vesani que habían perdido sus sentidos y el uso de razón por las bebidas y por el mal uso de los alimentos; los melencholici que parecen estar locos por algún vicio de su naturaleza interna. Enloquecidos por el mundo exterior, la herencia y el nacimiento, los defectos de la alimentación y finalmente los conflictos interiores. Melancolía, el inevitable resultado de todo esfuerzo inútil.

¿Será ya inevitable la melancolía?

Resquiencebat in amaritudine decía de si mismo San Agustín, “me complacía en la amargura”. Hay, en efecto, un estado de ánimo caedizo, que disfruta sintiéndose resto de una edad gloriosa, como el viejo impotente recuerda su juventud disoluta. Parece por fin que la pandemia amaina, que llega la paz. Que no nos pase como a aquel rey que descubrió que la anhelada paz, lograda a un precio tan amargo, engendraba más amarguras que la angustia padecida para alcanzarla.

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EL PARTO

Como le interesaban tanto lo de las energías, lo del yoga, el karma y eso de los chacras y el despertar del tercer ojo, le pregunté ¿que si entendiéramos la vida como una sucesión de ese tipo intercambios energéticos, cuál, diría que es el acto más energético que podríamos experimentar…?

Tardó, un poco, en responderme que hacer el amor; vamos, que follar… Que estar dentro de o tener dentro a alguien. Porque sin duda es un acto aquél, en el que se intercambian multitud de energías humanas y de fluidos esenciales para la vida y tal…

Yo le dije, que seguramente lo más energético que hay en este mundo es hacer explotar una bomba atómica… O tal vez parir… Pero, porque no debe haber forma más energética de sentir o sentirse dentro de alguien, que pariendo o naciendo… Ese empujar de una misma y desde dentro; desde tus propias entrañas, sin remedio y sin siquiera punto de apoyo… Esa condena a parir o a morir, a salir o a matar. Esa hemorragia de vida. Todo ese mal trago. Todo, solo por tener o ser un hijo… Energía pura.

Recuerdo abrir la puerta del paritorio del hospital con terror, y ver de repente a aquella parturienta sudando encendida y congestionada, retorcida, gritando a no sé quién y mirando a no sé dónde: “¡Que te salgas…! ¡Que te vayas de aquí…! ¡Que me dejes…!” Estaba como fuera de sí.

¿Y yo qué sabía…? No sabía, ni dónde meterme en medio de tanto grito de las al menos cuatro o cinco hembras pariendo en aquella sala. Los dolores de verdad ya habían empezado… Rotas las aguas, las contracciones aumentaban, la tensión me espantaba. Ya, de parto… El dolor en todas sus formas siempre me había aterrado, superado.

Estaba a su derecha cagado de miedo agarrándole la mano, cuando los ojos de la matrona emergieron por encima de aquel monte de Venus que paría, para urgirme a que fuera corriendo a cortar el cordón umbilical… ¡Vamos, ven, ahora…! ¡Ya está aquí…!

¿Cómo coño iba yo cortar semejante cosa… Yo, que me mareo siquiera al pincharme cortando una rosa…?

Deja deja, córtalo tú, le dije en un puro mareo… Casi que me caigo al suelo en redondo. ¡Qué nervios! Entre gritos nacemos… Y yo, como un pollo sin cabeza, blanco como el papel, y enredando por allí enmedio…

Me la dejaron echada como ahí; como en el mostrador de una tienda. Solita… Recién lavada eso sí, pero como desamparada y envuelta ella, tan solo en una ligera muselina también de color verde hospital claro… Como si me la hubiesen dejado en un dispensario cualquiera, a la espera de que alguien viniera y se me la llevara… Y claro, no me separé de ella ni un solo segundo.

Recuerdo a mi derecha a un tipo como desagradable, con gorro, mascarilla y bata verde como yo; luego, supe que era el doctor jefe de maternidad del hospital. No paraba de mirarme de soslayo aquel tipo, ni de enumerar un sin fin de detalles médicos varios e incidencias técnicas del parto; luego, supe que estaba dictando los detalles del certificado de nacimiento… Cuando ya llevaba descritos muchos detalles de aquellos, se paró extrañado. Me miró ahora fijamente, y me dijo el desagradable ¿que qué coño hacía yo que no tomaba notas…?

¿Notas yooo…? ¡Ufff qué nervios…!

Sosteniéndole la mirada y muy sorprendido por lo maleducado de su pregunta, le respondí algo retador ¿que qué coño noootas…? No se había percatado el doctor de que yo era el padre… Como de puro nervioso no me estaba quieto por ahí, me confundió, con el enfermero encargado de rellenar el formulario certificando el nacimiento… ¡Ufff qué nervios…!

Entonces, aquellos ojos de matrona con mascarilla abandonaron por un momento la episiotomía en la que estaban, y volvieron a emerger de aquel mismo monte de Venus ahora ya parido, para decirme casi encanada de la risa que dejara ya de enredar por ahí, que me portara bien y me estuviera tranquiliiico… Y que ya, faltaba poco para que todos saliéramos de allí… Hasta la madre recién parida empezó a reírse de lo chocante de la situación…

Y no te digo nada, cuando pretendieron subir a mi pequeña a la planta de neonatos sin que yo la acompañara… Una enfermera me dijo sin más que me apartase, que iban a subirla… Yo le dije “que nanai, que lo que había en esa incubadora era mío; y que tenía que acompañarla sí o sí para saber dónde me la dejaban, no fuera a ser que por error me la cambiasen por otra…”

Aquella enfermera bufaba, e insistía: “que no dijera tonterías y que no podía subir y punto… Que entendiera que estaba prohibido; que esto era un hospital y que era las normas y tal…”

Y yo, cabezón, también le insistí mirándola fijamente: “que era ella la que no lo había entendido… Que yo era el padre, y que me daba igual todo; porque iba a subir a planta con mi hija sí o sí, se pusiera ella como quiera que se pusiera…”

Y al final claro, subí con mi hija y ella…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

NO ES QUE MIENTAN…

Historias de Paco Sanz.

No es que mientan, no sólo es que mientan, es que enredan, es que lo enredan todo. Enredar, primera acepción: prender con red. Cuarta acepción: Meter discordia o cizaña. Coloquialmente: amancebarse. Follar, primera acepción: soplar con fuelle. Cuarta acepción: Practicar el coito. Coloquialmente: joder. Joder, quinta acepción: Molestar o fastidiar a alguien. Nos están jodiendo. Como los jueces, que como bien saben los abogados, cuando fallan, follan.

Pobres expertos, malditos divulgadores. Pobres políticos, malditos periodistas. Alguien tiene que saber, todos no podemos investigar. Alguien tiene que decidir, todos no podemos decidir. Una sociedad sin aristocracia, sin jerarquía no es una sociedad, es una pasta informe. Si no existieran hechos, sólo interpretaciones ¿por qué caray las interpretaciones atroces sean las que más nos ponen? El que la mayoría de las noticias sean declarativas, lo que ha dicho o escrito uno u otro; ser pasto de periodistas con lo que cobran por escandalizar, son ganas de joderse.

El colmo de las ganas de fastidiar es poner las cosas en manos de los jueces. Cuando el espacio entre lo prohibido y lo expresamente perseguido se hace pequeño, la sociedad se para, el engranaje pierde aceite, el motor se gripa, las piezas quedan agarrotadas. La gran ilusión, que el dulce comercio acabara con la pobreza, se apaga, deja de iluminarlo todo, de lucir.

Para algunos la verdadera decadencia es quedarse sin nadie a quién poder fastidiar. Qotelet dijo: Toda mi vida he intentado ir contra la naturaleza humana. He sido recto y franco, no me he humillado, he mantenido mi palabra, me he sacrificado… Y el resultado: He perdido mi fe en el hombre, en mí mismo, en mi ideal. He sido vencido. No se puede ir contra la naturaleza humana. El hombre debe tener todo tipo de vicios imaginables.

Un tipo sin vicios es forzosamente un monstruo, un idiota o un mártir. He terminado comprendiéndolo, pero demasiado tarde. No tengo nadie a quién traicionar. Nadie a quién engañar. Nadie a quién hacer daño. ¡Demasiado tarde, hermano! Ya no puedo fastidiar a nadie, he aquí que grado de decadencia he alcanzado.

Por haber estado tanto en casa hemos aprendido a aburrirnos solos, las circunstancias nos han empujado a pasar más, a pasar mejor, de todo.

Que alguien tenga más razones para buscar a los seres humanos o para evitarlos, depende de que tema más al aburrimiento o al fastidio. Ahora por pura afición a la retórica en lugar de volver a la normalidad nos amenazan con una nueva normalidad, por ver si sigue habiendo, a palabras necias oídos sordos. Un lógico diría: Ex falso sequitur quodlibet, de lo falso cualquier cosa puede seguirse.

Puede suceder que vayamos dejando de poder participar interiormente en las redes. Todo lo que nos rodea se vuelve parte de nosotros, se nos infiltra en la sensación de la carne y de la vida, y, baba de la gran araña, nos liga suavemente a lo que nos rodea, enredándonos en un lecho suave de muerte lenta, donde oscilamos al viento.

Con lo del virus todos somos pacientes. Ahora se trata de reírse de ello. Los pacientes contentos se curan mejor. La risa contribuye a liberar hormonas euforizantes: Las endorfinas, el mejor anestésico natural; la serotonina, la molécula de la felicidad; la dopamina, la de la motivación; la oxitocina, la del amor.

Son un chute tremendo contra el estrés. El trabajador se siente mejor, no se deprime, no se quema, no se suicida, no se va a la competencia. Y la empresa puede seguir jodiéndole impunemente. La producción aumenta mediante la risoterapia. No está el mundo para otro tipo de bromas.

Historias de Paco Sanz

APRENDÍ HACE AÑOS

Aprendí hace muchos años, Geografía y sobre todo Historia de España cuando todavía casi no había autonomías. Bueno, estaban recién estrenadas porque recuerdo, hasta el momento en que en mi colegio cambiaron el mapa político de las antiguas regiones de España, que colgaba desde siempre junto a la pizarra y el crucifijo, por aquel nuevo mapa… Uno nuevo, autonómico decían… Cuando lo colgaron me pareció exactamente igual que el anterior aunque con más colores; pero era diferente, insistían…

¿En aquella época, con diez, doce o catorce años, qué coño íbamos a saber…? Quedó colgado solemnemente en la pared frontal de mi clase, ésa hacia la que todos mirábamos cuando los maestros querían enseñarnos algo… Hoy para aprender algo solo miramos pantallas frías, sin pizarras ni maestros… Poco después se descolgaron también los crucifijos; no sabemos si gracias a Dios…

Tengo más años ya, que la orilla de la playa…

Y precisamente por eso, justo por aprender de España en ausencia de autonomías, creo que todavía recordaría el nombre de la mayoría de los ríos de la península y de sus afluentes principales; el de los cabos y golfos más importantes de nuestras costas; el de nuestras hermosas cordilleras y macizos montañosos, y el de sus picos más altos e importantes…. Me sé, el nombre creo que de casi todas nuestras islas… Crecí, entendiendo que era España desde Gerona al Ferrol, y que tan españoles éramos los de Bilbao como los de mi pueblo, o los de Segorbe, Cuenca o Barbate…

Se ve que soy un romántico. O un facha que dicen ahora…

Una de las cosas de las que más presumo es de conocer esta España nuestra casi entera, pero por haberla recorrido desde siempre y con entera libertad… Nada que ver con lo de ahora en que se masca una tensión, una estúpida diferencia entre nosotros como inducida, como obligada, por un ambiente político irrespirable creado por nuestra panda de reyezuelos nacionales y autonómicos.

Unas diferencias entre españoles, por las que se arrancan los políticos hasta los ojos unos a otros; todo sea por defender sus prebendas, sus carguicos, y sus propias cuentas pendientes… ¡Qué asco…!

Cuando en el ochenta y seis hice el servicio militar obligatorio, para no aburrirme, me fui voluntario ni más ni menos que al Cuerpo de Operaciones Especiales del Ejército… Una vez todos allí solo éramos españoles extrañados unos de otros. Pero completamente iguales y por completo ignorantes, de la dureza que nos esperaba tras nuestra equivocación voluntaria… Solo un montón de jovenzuelos locos e insensatos, debido seguramente a una acumulación excesiva de testosterona en nuestros cojones… Éramos poco más que adolescentes, inocentes, bragados, y seguramente patriotas… Y la mayoría, estoy seguro de que simplemente buscábamos aventura… De Córdoba, de Granada, de Cuenca, de Toledo, de Alicante, de Lugo, de Albacete, de Murcia, de Málaga… En fin.

Ahora parece que buscamos la aventura en partirnos entre nosotros la cara en trozos, para comprobar una vez más lo gilipollas que somos como sociedad; como colectivo. Sufrimos una metástasis roja fruto de un cáncer siniestro, que nuestro país sufre mucho y desde hace mucho… Tanto, que hasta yo estoy a punto de odiarme a mí mismo…

Cuando salgamos de ésta, querría que saliésemos a recuperar unas calles que de verdad todos sintiéramos nuestras. Que volviéramos a pasear por ellas asumiendo como propias nuestras propias calles… Que aprendiésemos como desde pequeños hacen los anglosajones, que nuestra casa no acaba cuando salimos de ella, sino que todos somos responsables de cuidar lo público, porque también es nuestra casa…

Que sintiéramos, que ese suelo que estos días no hemos podido casi ni pisar, es profunda y rotundamente de nuestra propiedad; de todos nosotros, los españoles…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

TODAS LAS TARDES CON ÉL

Historias de Paco Sanz

Fui consciente de cómo desaparecía la mente de mi padre, de cómo la mala suerte dejaba a mi cargo durante unos años el cuerpo del que había sido mi padre. Había ido siempre después de comer a cultivar su jardín, durante casi toda la vida. Cuando empezó a no poder ir solo íbamos los dos. Cuando vi cómo iba a tratarle la fortuna me entristecí… Tanto, que mi querida compañera me dijo que no hacía falta que fuera todas las tardes con él.

Mi padre tenía una magnífica memoria. Era esa persona que hay en todas las familias que sabe más que los demás de los antepasados. Era capaz de recitar por orden 32 de sus apellidos, siempre había una anécdota familiar que asociar a cualquier acontecimiento. En poco menos de dos años, no era capaz no sólo de decir mi nombre sino de reconocerme. Ya antes de que acabara de morirse empecé a hacer el trabajo de duelo, el trauerarbeit que ayuda a olvidar como Dios manda, es decir a recordar lo mejor.

Con ayuda de programas de genealogía me convertí en el que más sabía de mi familia, de la familia de mi señora, de la de mis hijos, sobrinos y sobrinos segundos políticos. Antes de que lo de la privacidad fuera un problema, no me corté en preguntar a los viejos de la familia acerca de los recuerdos que tenían de sus abuelos, a los jóvenes por la fecha de nacimiento de sus hijos, etc. Cerca de los mil parientes, algunos del siglo XVII… Me detuve. Dejé de hacer el idiota, el pelma que siempre habla de lo mismo, el trabajo de duelo se había acabado.

En un rincón de la memoria de la nube esa a la que han desembocado tantos archivos, y puede que incluso en algún disco duro de algún ordenador viejo; en algún DVD de esos que duermen en el fondo polvoriento de un cajón casi olvidado, seguirán los datos de mis parientes… Muchas fotos, algún archivo de voz, galimatías de familias endogámicas y separaciones familiares, que sin los ordenadores serían prácticamente incomprensibles, irrepresentables.

Hace mucho que dejé eso atrás. Tengo el recuerdo de lo que me afectó volver a escuchar los archivos de voz, mucho más que los de vídeo… De cómo se han quedado en mi memoria, sólo los parientes cuyo nombre o relaciones están asociados a alguna historieta… Antes no me importaba dar datos, por ejemplo una tabla de antepasados al que me lo pidiera. Luego me volví como todos, un poco más reticente a darlos, incluso antes que defender nuestra privacidad se convirtiera en algo prioritario… Cuando yo ya no esté, alguien se hará con ellos… Seguro. No es cierto que no dejemos huellas, dejamos huellas… El tiempo se encarga de borrarlas.

Hace poco borrando archivos de WhatsApp escuché la voz de algún amigo que ya no está entre nosotros. El mismo estremecimiento, que cuando me dio por volver las orejas a los archivos de voz del árbol genealógico. Supongo que es nuestro inconsciente el que se ocupa, de la manera animal que acostumbra, en reconstruir la presencia del ausente basándose sólo en los sonidos, de la voz…

Como diría Richard Burton, el poeta del desierto: “Cualquier otra vida es la muerte viviente/ un mundo dónde sólo habitan fantasmas/ un aliento, un viento, un sonido, una voz,/ un tintineo en la cadena del camello”. Por decirlo como otro poeta: “En las sombras de la noche,/ como un tropel de fantasmas,/ ideas y pensamientos/ son duendes y musarañas./ Son melusinas del aire,/ ecos de voz sin palabras./ Son pajarracos nocturnos/ que huyen a la madrugada”.

Historias de Paco Sanz

SOLO.

Cuando un humano se siente profundamente solo, instintivamente, tarde o temprano tiende a alzar la mirada al cielo… Observando ese cielo y si lo hace con atención y detalle, ese humano, sin duda terminará percatándose de que la Tierra lo único que hace es dar vueltas y vueltas en torno al Sol; y de que todos los humanos con él, seguramente lo único que hacemos es girar y girar en torno a no sabemos dónde y por no sabemos qué… Entonces, es solo cuestión de tiempo que su inteligencia humana busque un reloj, y mirando a las estrellas, fije una, y coja un rumbo con intención de llegar a alguna parte o a alguna conclusión…

“Curioso elemento el tiempo” ¿Y las estrellas…? La inteligencia tiende a sentirse sola. ¿Qué coño hacemos aquí entonces, dando vueltas? ¿Cuánto tiempo nos queda? ¿Estamos solos?

Sidharta y el budismo, simplemente mirando a las estrellas y a un río cualquiera, nos sugirieron que con sólo el fluir de nuestra experiencia personal se podría aprender casi todo lo esencial: lo que nos salve… Y que tan solo sería decisión nuestra, el llegar o no a ese estado catártico de verdadera sabiduría sin siquiera la ciencia ni la experiencia… Bastaría tan sólo, con el sacrificio de respetar y someternos siempre, a la razón impepinable de la lógica y a un verdadero amor al prójimo… Siendo éste prójimo, curiosa y paradójicamente lo contrario al estar solo… Hay que recordar que sin un otro no habría nada, aunque podamos aprender casi todo sin maestro…

“Amarás al prójimo como a ti mismo…”

No hay que pecar nunca… No hay que matar nada prójimo banálmente. Ni siquiera a las serpientes, a la ratas o a las arañas, ni a las moscas, ni a las hormigas ni a las bacterias, ni siquiera a los virus… Sólo el hambre y la supervivencia deberían marcar la línea de dar muerte a un ser si no ansías nada… Y pese a que sólo es una corta novela lo de Sidharta y Herman Hesse, el budismo, sí es una filosofía que a los pacíficos perezosos solitarios y autodidactas, nos ha apasionado siempre… Pero porque nos conviene; porque nos viene como Dios; como nuestro anillo frente al dedo del destino… La posibilidad de conseguir un nirvana, un valhalla, un cielo en la Tierra casi a coste cero, con sólo dedicarle todo tu tiempo, toda tu atención y tu misericordia; y aunque eso sí, también todo tu tesón… Difícil, pero no imposible.

Como para mí que inculto y solo, con poco más que unos estudios bachilleres y seguro que burda osadía, intento, convencerme de que hay un cierto orden, y contaros sólo lo que pienso cuando estoy solo, pasa el tiempo, y miro al cielo… Sólo es eso.

¡Qué difícil…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

CUANDO DIOS NO FUNCIONA

Historias de Paco Sanz

Cuando lo de Dios empezó a no funcionarme me dio por intentar saber por dónde se habría ido, dónde puede que estuviera todavía. En un principio creí que en cierto modo seguiría en las palabras, en la gramática. Más tarde creí encontrarlo en le gusto de dejar bien hechas, bien acabadas las cosas. En la necesidad de un observador o en todo caso de una entidad, a la que poder agradecer la alegría de vivir. Lo incompleto de la verdad, como siempre. Puede que haya algo de eso, que no sea sólo eso, y puede que no…

Le echo de menos. Para algunos la sensación de carencia y el amor andan siempre juntos. Puede que lo que eche de menos sea mi infancia, los verdes paraísos de los amores infantiles, pero hay que poner nombre a las cosas… Cuando llegamos a lo que no entendemos, a lo que no podemos predecir siempre nos ponemos en manos del azar; la extrema vulnerabilidad de mi vida es la suerte, me embriago con ella. ¿Dios…?

Me estoy haciendo muy mayor, sin embargo parece que no me canso de repetir siempre las mismas cosas, además, del mismo modo que los viejos músicos repiten sus temas favoritos, cada vez más despacio, para hacerlo mejor, para sentirlo más profundamente… Me he acordado ahora, pensando en el Dios que me falta, de Demócrito… Creo que en los Ensayos de Montaigne leí, que “advertido Demócrito por la edad de que su mente languidecía, él mismo fue al encuentro de la muerte…” A Montaigne no le sirvió de ayuda esa idea porque tuvo una mala muerte.

Tampoco le sirvió a Cioran saber que iba a morir de Alzheimer. Entre alguna de las cosas que dejó escritas y que quiso que se destruyeran, pero que como gran parte de la obra de Kafka no se hizo: “Para cada individuo hay una especie de límite, que por decencia no debería sobrepasar… Podemos haber cumplido nuestro tiempo a cualquier edad; después, continuar es de mal gusto… Un mal gusto universal porque todo el mundo continua. Por todas partes hay supervivientes… La razón profunda del desprecio hacia uno mismo reside en el hecho de no haber desaparecido cuando había que hacerlo, al primer aviso. Ser uno de esos innumerables supervivientes, eso es la vergüenza, la indignidad, el oprobio”.

Y es que como dijo el poeta: “Y aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Yo ya estaba confinado antes de que me confinaran, y una de las cosas que he perdido al hacerlo es no poder encontrarme por casualidad con amigos. Aparte de que la mayoría de mis amigos han desaparecido, siempre me ha parecido que me hago amigo de cualquiera con facilidad; he terminado siendo amigo de mis parientes y mis vecinos como todo el mundo. Pienso en la suerte de la amistad y la alegría compartida cuando pienso en mis amigos… Creo que casi siempre los amigos se encuentran, nunca se buscan, nunca se persiguen, son un hallazgo; pertenecen al destino, a lo misterioso, a la suerte, a lo maravilloso; a lo que es así, esencialmente, ser en siendo, siempre.

La mejor distopía que he leído se lleva por título “Erehwon”. Aquella gente que se distanciaba de las máquinas, de lo maquinal en sus vidas, y consideraba de mal gusto comentar cosas de salud, quejarse… Me es especialmente querida. “No Where”, dice leído al revés. Y termina así: “Que la suerte ponga a la Providencia de nuestra parte”.

Historias de Paco Sanz.

Gracias Paco Sanz 🙏

NOS CONVIENE LA TENSIÓN

“Nos conviene la tensión, mucho. Si no, la genteee…”

Zapatitos dixit. Año 2008.

Es en el fondo, una de las confesiones más asquerosas a las que hemos asistido en toda la democracia…

Dale al vídeo, son solo quince o veinte segundos. No creo que vomites…

Por mucho tiempo que haya pasado no dejo de acordarme, de que las infamias sin número ni límites de éste nuestro actual desgobierno, provienen sin duda para el que tiene memoria, de aquellos polvos zapateriles que a la vista está, tan nefastos fueron por lo que han sido para España, ya que mira cómo estamos con estos lodos…

En las frases furtivas de esta famosa y corta conversación escondida, tramposa y sibilina, entre dos de los más falsarios personajes que ha dado nuestra historia reciente, está condensada toda la porquería ideológica roja que nos estamos embaulando hoy en día…

“Nos conviene la tensión…” decía este gañán infame. No sé puede ser más rastrero. Políticos, que en vez de servir a su pueblo se sirven de él enviscándolo contra sí mismo, usando mentiras espurias acerca de pasados tergiversados… Pues estamos parece ser justo donde el inepto de Zapatitos quería que estuviésemos: hasta el cuello de tensión…

Asco de tensión política que habéis generado. Asco de tensión social entre las dos Españas que anheláis resucitar, solo para que vuelvan a chocar entre ellas, y así medrar vosotros en medio del caos que habéis creado al ejercer vuestra completa inutilidad… Asco de tensión en nuestras Instituciones. Asco de tensión en el periodismo, en la justicia, en la economía, en la enseñanza, en la sanidad… ¡Y qué asco de tensión la de vuestras almas cegadas, por tanta mierda ideológica que habéis mamado…!

¡Pero qué asco…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

ASCO DE IZQUIERDA…

Historias de Paco Sanz

En su metamorfosis los Aparatos Ideológicos del Estado se convierten en Aparatos Represores del Estado. Se van endureciendo a base transformar el fútbol en noticias, las noticias en educación, la publicidad deviene propaganda, y cuando de la política se salta a la sanidad la represión es ya evidente. El poder del Estado estos días ha sido, está siendo más grande que nunca.

Es muy distinto actuar por medio de leyes y decretos en el aparato (represivo) del Estado, que “actuar” por medio de la Ideología Dominante en los Aparatos Ideológicos del Estado. Sería necesario detallar la diferencia que, sin embargo, no puede enmascarar la realidad de una profunda identidad. Por lo que sabemos, ninguna clase puede tener en sus manos el poder en forma duradera sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía, sobre, y en los Aparatos Ideológicos del Estado. En lenguaje palatino, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante.

La globalización y el comunismo parecían opuestos, la pandemia, el enemigo común, los acerca. Si la idea de Globalización sustituye a la idea de Comunismo, como proyecto de sociedad global universal, es porque puede sustituirla, es decir, porque comparte elementos comunes decisivos. En consecuencia, tanto la ideología de la Globalización, como la ideología del Comunismo, sin perjuicio de su oposición profunda, comparten una actitud común frente al mismo enemigo: Contraria sunt circa eadem, los contrarios se acercan al mismo sitio.

No tengo nada contra las ideologías y las religiones, pero me doy cuenta de que me repugnan. En sí misma toda idea es neutra, o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, toma la figura de un acontecimiento: el pasaje de la lógica a la epilepsia ha sido consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas. La ideología médica socava la libertad, más radicalmente todavía de lo que lo hacían los curas.

La ideología se convierte en represión, la multitud en muchedumbre, la democracia en oclocracia. Ejemplos cabales de oclócratas son los podemitas, y todos los grupos encaramados a la cuadriga de los jamelgos del neoapocalipsis posmoderno: el buenismo, el multiculturalismo, la ideología de género y la corrección política. El galope de esa recua de mulas ciegas, suministra el estrépito necesario para que “los estratos más pícaros, tatuados, vagos, envidiosos y subvencionados de la sociedad nos vayan imponiendo sus códigos, su lenguaje, su conducta y, a la postre, su ley”.

El árbol de las ideologías está siempre reverdeciendo. Con los recortes, más.

Historias de Paco Sanz

MENESTRA

Dime con quien vas, y te diré quien eres…

Cada vez que oigo a esta señora hablando y expresándose de esa forma tan calamitosa, y luego caigo en el hecho de que es ni más ni menos que la Ministra Portavoza del Gobierno de mi España, siento verdadera vergüenza ajena; y hasta propia… Y hasta miedo…

Peor no se puede hablar en público el español… Confunde parecería que a propósito, lerda y pertinazmente, la pronunciación distinta y culta de la letra C, con la de la letra S… Y claro, también confunde todo lo contrario y al revés… Al contrario de muchos otros andaluces ilustres y de mérito: Carlos Herrera, Antonio Gala, Felipe González, Juan Ramón Jiménez, Picasso, y hasta el rojo de Alberti… Todos ellos sublimaron sus esencias andaluzas dándole lustre al uso del español, de lo español.

No como otras…

“Y Asín, se mescla la ciensia con las ideah del socialimmo sociá, que se preocupa por las personah humanah frente a er coronaviruh y la urtraderecha… Y si no ma’beis entendídido, os lo repito… Porcai que confiá ener gobienno de Ehpaña, ya que noay tantoh muertoh como dicen lorde la estremaderecha…”

Todo ello sin rubor alguno y vestida de Dior, saliendo por la tele detrás de un atril y hablando, delante de las banderas española y europea en representación tuya y mía… No se aclara, la pobre…

Y además, como al hablar siempre miente; siempre parece que está como a la defensiva, de mala ostia y como con prisas… Constantemente, se come la música de los matices sonoros de nuestras hermosas palabras españolas, al rebuznarlas de forma tan desolada y chabacana… Hay verduleras en el mercado de mi pueblo con mejor oratoria, y más creíbles, que semejante maganta con cargo público…

Parece que un pobre esquema verbal, y por ello mental, convierten su habla en mera emisión sonora de una especie de menestra lingüística de verborrea insufrible… Su verbo es por ello, no más que una expresión hortera y sin un solo mensaje distinguible… Un verdadero bodrio, un esperpento son, absolutamente todas sus comparecencias en público; ésas en las que se cubre de gloria arreándole patadas como una choni, a un lenguaje tan hermoso como el nuestro… Y oye, repito, sin ruborizarse siquiera un poco.

La progresista ésta, encima, parece como si alardeara de su progresismo, cuando usa con esa cerrazón su acento y dicción dizque andaluzas…

Y de lo que no se da cuenta es, de que ése mismo acento suyo y dicción, la dejan como Cagancho en Almagro ya que su expresión suena fatal, inculta y burda… Y encima, no se le entiende una mierda.

Que no nos engañen… Y que Dios nos pille confesaos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LÁGRIMAS DE MUJER

Hace solo unos meses que lo enterramos, y no quiero siquiera imaginarme que lo tuviésemos que enterrar hoy en día, con lo del coronavirus éste de mierda…

Y no sé porqué, pero últimamente me arranco a llorar con una insólita frecuencia. Se ve, que ahora estoy de lágrima floja porque siempre fui de lágrima fácil… Aunque también siempre he necesitado un buen motivo, un buen porqué para que se me soltaran esas lágrimas: el tormento del amor bien retratado en el cine; los actos de heroísmo; la añoranza de mis hijas; anhelos de viejos reencuentros; los remordimientos… Cosas así eran las que me hacían llorar…

Como no sé estar en la cama sin dormir me levanté, Manuela dormía a mi lado la siesta desde hacía un rato… Me dio por recordar cuando de pequeño también hacía como que la dormía, echado junto a mi padre… Entonces, casi abrazado a él y oyéndolo respirar, solo esperaba con impaciencia a que despertase para irnos toda la tarde a la huerta montados en su bicicleta… No había aventura mejor.

Eché a andar fuera de la habitación, y el caso es que sin venir a cuento, me asaltaron unas inesperadas pero imperiosas ganas de llorar muy extrañas; diríase como que femeninas; de ésas, que ellas muchas veces intentan explicarnos a los hombres. No sabes porqué coño estás llorando, pero lloras y lloras… Me encontré en medio de la cocina de casa, a lágrima viva, a las cuatro y pico de la tarde, y sin tener ninguna de las razones para llorar de las que antes os hablaba… Lloraba solo y porque sí.. Y oye, he de confesar mi sorpresa, al sentirme tan a gusto sollozando sin motivo alguno, aparentemente…

¡Qué cosas…!

Luego recordé a mi hija la pequeña, cuando con solo ocho días de vida tuvo que luchar, a muerte y con la sola arma de su llanto, llorando contra un atragantamiento… Estuvo más allá que aquí; se puso azul, y prácticamente dejó de respirar… Pero desde el primer momento y como una jabata salvaje chillando por su vida, mi pequeña plantó batalla, guerreando hasta el último segundo de aquellos quince angustiosos e interminables minutos… Y tanto combatió mi pequeña guerrera recién nacida, que venció llorando, chillando y así recuperando, aquel resuello vital que finalmente la mantuvo aquí sin irse allá…

¡Por muy poco, pero ganamos…! A veces hay que tener los redaños de hierro…

Así que lloremos sin miedo. No debe ser malo…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

MULTIVERSOS

Historias de Paco Sanz

Dicen los cosmólogos cosas alucinantes. Antes de que los telescopios montados en satélites lo confirmaran, en el límite de resolución de los observatorios astronómicos montados en tierra ya aparecían más galaxias que estrellas. Luego aparecerían la materia y la energía oscura y lo de los multiversos (muchos universos), y todos volvimos a pensar que ahora sí que no entendíamos nada. ¿Quién logra hacerse una imagen del cosmos que tenga en cuenta los resultados de la astrofísica más reciente? ¿Cómo se puede “mostrar” eso?

La idea, de que si se va con la mirada lo suficientemente lejos aparece nuestro cogote, me parece fascinante… Es una una manera curiosa de creer en la bondad del eterno retorno, del azar como determinante de tu destino. O lo que decían los viajeros de antes de los aviones, que el camino más corto para encontrarse a sí mismo era dar la vuelta al mundo.

Nunca he sido ajeno a aquello de que “vive para ti sólo si pudieres. Pero no sólo porque sólo para ti mueres si mueres, sino porque provincia mayor del mundo eres…” El Fénix de los ingenios, el Don Lope de Vega y Carpio de mis clases de bachillerato, lo clavó en aquel inolvidable poema acerca de sus soledades: “A mis soledades voy,/ de mis soledades vengo,/ porque para andar conmigo/ me bastan mis pensamientos./ ¡No sé qué tiene la aldea/ donde vivo y donde muero,/ que con venir de mí mismo/ no puedo venir de más lejos!”

A la banalidad del mal, siempre me ha gustado oponer la conveniencia de la frivolidad… Al menos para no ser un pesado, para no seguir aplastado por el espíritu de la pesadez. Nadie accede de golpe a la frivolidad… Es un privilegio y un arte; es la búsqueda de lo superficial entre los que habiéndonos apercibido de la imposibilidad de toda certidumbre, ésta, ha llegado a disgustarnos… Es la huida lejos de los abismos que, siendo naturalmente sin fondo, no pueden conducir a parte alguna. Así la frivolidad es el antídoto más eficaz contra el mal de ser lo que se es… Por ella abusamos del mundo y disimulamos los inconvenientes de nuestras profundidades. Sin esos artificios ¿cómo no enrojecer por tener un Alma…? Nuestras soledades a flor de piel ¡qué infierno para los demás! Pero es siempre por ellos, y alguna vez por nosotros, que inventamos nuestras apariencias…

“Soledades”, eso sí que es un oxímoron, no lo de la vuelta a la normalidad con lo que nos están machacando. “Pero sepamos: ¿a quién/ le cuento yo todo esto?/ ¿Hay semejante locura?/ ¡Que hablando conmigo venga,/ y otro cuidado no tenga/ hallándome en la espesura/ destas bárbaras crueldades/ destos ásperos retiros/ diciendo mil necedades/ aquí, donde mis suspiros/ pueblan estas soledades”.

Seguramente espero que tú me oigas, y que te rías de tanta tontería, porque “Tu risa me hace libre,/ me pone alas,/ soledades me quita,/ cárcel me arranca”.

Igual Lope se refería a lo de la soledad en pareja cuando hablaba de soledades, o de la aldea donde vivo y donde muero. Nietzsche acuñó el término Zweisiedler, una manera de ser eremita (Einsiedler), en compañía… Como ahora durante el confinamiento. Sin darnos cuenta nos hemos aposentado cada uno en un lado de la casa durante horas; así que volvemos a echarnos algo de menos, al encontrarnos para cenar juntos, como cuando nos cortejábamos…

También el cosmos social de los conocidos, de los matrimonios, de las amistades, reposa, igual que el cosmos astronómico, en ese equilibrio entre la fuerza centrífuga y la gravedad. La parte más agradable de la vida, su música, y su danza, armonizan la diferencia y la repetición.

Historias de Paco Sanz

MANERAS DE COMPARTIR

Historias de Paco Sanz

Busco modelos para saber cómo tendremos que acabar montándonoslo. Maneras de compartir. Recuerdo a mi nieto y a mi consuegro que por una cuestión de apreturas en una cena en la bodega tenían que compartir plato. Mi amigo hablaba y comía más o menos como siempre, el niño aprovechando un silencio le dice a su abuelo: Abuelo, esto no es compartir. Si vamos a compartir, mejor fijarse. También recuerdo a mi hija, que era la que comía más despacio. Si había había algo bueno que compartir ponía su parte en su plato y que compartieran los demás. Demasiadas veces se había quedado sin cerezas.

Hubo un tiempo en que, seguramente por no haber vivido nunca en ellas y haber deseado muchas veces hacerlo, me dio por estudiar las comunas. Tuve amigos que vivían, tengo amigos que aun viven en ellas. Venían a por libros a mi casa, olían a maría, a humo y a ropa vieja, eran valientes, divertidos, generosos, amables. Una vez me llevé a una caterva de hijos y sobrinos a una de ellas. Había artesanos y macrobióticos, niños jugando descalzos y familias desdibujadas. Uno a veces criaba a los hijos de una mujer de la que se había separado, que incluso estaba en otra comuna, sin darle mucha importancia, de buen rollo.

La ayuda que recibían de los padres era el lado que mi compañera usaba para mostrar lo falso de toda la situación, a los jóvenes que vinieron conmigo no les gustó nada. Que yo sepa a ninguno de ellos se le ocurriría nunca aceptar como buena una forma de vida alternativa como esa. Les vacuné.

Para que las comunas duren tiene que haber un factor religioso por medio. O la necesidad de una reconstrucción como con los kibutzs en Israel, o una guerra como las comunas agrarias y anarquistas en nuestra Guerra Civil. De hecho las comunas que más han durado son los monasterios. Israel ya se reconstruyó y nuestra guerra acabó, y la necesidad de Dios y el número de monjes van a menos en todo el mundo.

Eran los setenta, estábamos viendo como la alegría por la posibilidad de otro mundo posible de Mayo del 68 se desvanecía, cómo el mercado devoraba el movimiento jipi, cómo amanecía el feminismo poniendo en solfa la idea del patriarcado como única forma de familia posible.

Era el final de la idea de la bondad de la vida en regímenes comunistas. Algunos de mis amigos dejaban la universidad en busca de alternativas relacionales. Me sentí un cobarde muchas veces por no seguirles, así que por el viejo camino de los hombres perversos, me apliqué en convertir las dificultades prácticas en teóricas para poder pensar de una manera y vivir de otra, como esos burgueses, que viven como capitalistas y votan comunista. Me dio por estudiar alternativas vitales y familiares como las comunas, o acabar siempre hablando de la autogestión de Tito en Yugoslavia, o lo de Solidaridad de Walesa en Polonia.

La cabeza a pájaros siempre sigue algo con nosotros, ahora que las residencias de ancianos están en la picota por el virus, estamos considerando la posibilidad de crear comunas de jubilados donde los más jóvenes de ellos cuidarían de los que no pueden valerse por si mismos. Al haber cada vez menos gente joven, algunas escuelas y enclaves universitarios podrían albergar monasterios de gente de una cierta edad que se ha quedado sola. En el “banco de ancianos” los ancianos más jóvenes donarían horas o dinero para ayudar a los más viejos en la confianza de que, cuando ellos envejezcan más, recibirán a su vez ayuda.

Historias de Paco Sanz

ESCRIBIRTE

Describirte…

Con palabras solo.

Torpemente consigo acercarme
donde me gustaría llegar,
apenas, sin tocarte…
Sin acertar a decirlo todo,
sin abarcar con palabras cuánto…

¿Cómo merecer, yo solo,
las alturas y honduras de tu persona…?
Solo. Al quedarme solo.
Al cerrar los ojos e imaginar sin ti,
la amenaza de tu ausencia implacable,
muestra esa necesidad insondable
que de mí, hace de tu amor su esclavo.

Solo por eso Amor Mío,
acógeme con tu paciencia y tus sonrisas,
regresa deseosa al alejarte,
y perdona sin agriarte mis torpezas…

Solo lo mucho que te amo me redime,
si llego a ser el porqué de tus anhelos…
Si llego acaso a escalar tus alturas,
y si a esas tus honduras
descender y hollar me atrevo.

Escribirte…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

FRONTERAS…

Historias de Paco Sanz

Cuando se ve venir el golpe de viento se rizan las velas, el génova se guarda, se iza el foque más pequeño, nada de lo que pueda ir de un lado a otro se deja suelto. Vivir una tormenta lejos de la costa es algo que no se olvida nunca. La verdad es que de lo oscuro que está el cielo se puede suponer lo que se nos viene enciama. Un cielo tan cargado no se despeja sin tormenta So foul a sky clears not without a storm. Habrá que esperar que amaine. La recesión económica ya estaba avisando antes de la pandemia, hasta que la tormenta no pase el rumbo lo fija ella.

Me doy cuenta de que el mal tiempo no ha terminado porque cuesta mucho hablar de otra cosa, de cómo nos está afectando, y de cómo nos lo vamos a montar cuando amaine, de dónde ha salido el virus, de donde va a salir el dinero para pagar la deuda, qué vamos a necesitar para arrancar de nuevo…

Otra manera de entender el Estado, nuevas fronteras, nuevas costumbres… aguardan. Estos días me han resultado especialmente oportunos los libros que relatan cómo era el mundo de Europa antes de la Primera Guerra Mundial, la Dolce Vita di nobili prima della rivoluzione, la vida bajo la Pax Romana… El virus no ha respetado ni estados ni fronteras ni costumbres. Lo que venga después tampoco lo hará.

Como el advenimiento del cristianismo hubiera coincidido con el Imperio algunos Padres sostuvieron que esta coincidencia tenía un sentido profundo: un Dios, un Emperador. En realidad fue la abolición de las barreras nacionales, la posibilidad de circular a través de un vasto Estado sin fronteras, lo que permitió al cristianismo infiltrarse y hacer estragos. Sin esa facilidad para extenderse se hubiera quedado en una simple disidencia en el seno del judaísmo en lugar de convertirse en una religión invasora y lo que es peor en una religión de propaganda.

Supongo que cuando vuelva el buen tiempo lo de empezar la mejora del mundo mejorando uno mismo será imperativo. Estos días hemos visto comportamientos ciudadanos de una ejemplaridad inaudita. A partir de ahora va a quedar mucho más claro que nunca que la mejora del mundo que no consista en la mejora de uno mismo es un camelo. La cuestión entonces es delimitar las fronteras y definir cuales son las partes sanas del organismo que hay que defender a toda costa. Si, en suma, hay algo por lo que se pueda morir.

Nuevas fronteras, nuevas maneras de entenderlas, de gestionarlas. La frontera entendida como lugar de unión, no de separación, como pasaje, como vacío concebido para los encuentros, los intercambios, los contrabandeos. Toda frontera es eso: un entre-deux. Inter-course, inter-faz; inter-nos; un inter-es; inter-net.

Una nueva idea de lo común aguarda. Que permita creer más en las puertas que en las brechas y entender las fronteras como un asunto de delimitación de gradientes y direcciones de aproximación.

Historias de Paco Sanz

BUENA CONVERSACIÓN

Historias de Paco Sanz

Una vez le pregunté a mi cuñado qué pensaba sobre algo de lo que sabía mucho más que yo. No lo sé, me contestó, no lo tengo hablado con nadie. Echo de menos hablar las cosas como cuando las hablaba después de comer con mis amigos. ¿Cómo voy a saber lo que pienso de ellas? Tres meses ya sin intentar entenderlas conversando, ¡qué palo! Uno busca alguien que le ayude a dar a luz a sus pensamientos, otro alguien a quien poder ayudar; así es como surge una buena conversación.

Me da la sensación que uno se puede convertir en un charlatán escribiendo, sin darme cuenta de cómo caen mis palabras, sin intentar entender cómo defienden mis interlocutores más sabios que yo, unas posturas contrarias a las mías, ¿cómo no acabar pensando que me estoy quedando sin entendimiento? Los chiflados, por definición creen en sus propias teorías, y los charlatanes, no; pero eso no impide que una persona pueda ser ambas cosas.

Tengo ganas de descansar de mí mismo hablando con los amigos. Cuando me los encuentro por la calle, al otro lado de las mascarillas, a más de dos metros, parece que no pudiéramos decir más que tonterías. Dos pueden hablar yendo de camino, pero para ser más los que hablamos necesitamos la mesa, la sobremesa, el café, la copa. Comprobar si puedo poner a los reidores de mi parte, o al menos ponerme de la suya. En las horas en que estamos abiertos a los demás por la conversación, en cierta medida estamos cerrados a nosotros mismos. Por fin.

Y es que si un individuo acapara la conversación con alguna de sus irrelevantes obsesiones, el grupo puede llegar a un consenso de forma natural -palabras, entonaciones, expresiones faciales, gestos incluso- para transmitir su impaciencia. El mundo de las relaciones cara a cara está plagado de encuestas improvisadas que tantean la opinión colectiva. Las mayorías tiene lugar tan rápidamente que ni siquiera nos enteramos de que estamos participando en ellas, y por ello, entre otras cosas, son tan eficaces. En el mundo real, todos somos termostatos sociales: leemos la temperatura grupal y ajustamos nuestra conducta de acuerdo con ella.

Y eso que soy un letraherido, quiero decir un hombre de libros, pero es que eso de estar tantos días: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ viviendo en conversación con los difuntos/ y escuchando con mis ojos a los muertos…” acaba cansando.

Recuerdo aquello que dijo Freud de su entrevista con Einstein: Ha sido una conversación maravillosa, yo no sabía nada de física y él no sabía nada de psicología. Siempre olvido que si hablo con un científico, o con un niño, mejor que no le pregunte por lo que sabe, sino por lo que él quiere saber. La filosofía es la sabiduría práctica necesaria para participar en una conversación, o dicho de otro modo, el intento de impedir que la conversación derive en investigación. El amar y el hablar están esencialmente ligados.

Historias de Paco Sanz

LOS MUERTOS TIENEN NOMBRE

Al igual que tú, lector, ya no recuerdo casi…

In memoriam. Almoradí.

Paco Martínez “El Caballero”

¡Que fuésemos a Elche me decía…! ¡Ni más ni menos que a treinta y tantos kilómetros del pueblo, a comprarme un traje de novio…! ¡Chica calla…! Mi madre estaba casi histérica con lo de mi boda. Y yo, no sé cuántos kilómetros llevaba ya hechos repartiendo las invitaciones, como para que ahora tuviese que ir como un pollo sin cabeza por ahí probándome trajes de novio… Deja deja.

Es extraño, pero nunca me gustó comprar y menos comprarme ropa… Los que me quieren bien saben, que es raro, pero llevo como veinte años sin comprarme yo siquiera unos calzoncillos. Ellos me regalan casi toda la ropa que necesito… No conozco a nadie a quién le suceda como a mí semejante cosa. Y quizá, sea porque en el fondo nunca me he gustado del todo… ¿Quién sabe en realidad porqué, somos lo que somos?

En aquella época el único sitio donde yo me quitaba los pantalones fuera de casa -con decencia- era en los probadores de la tienda de ropa de La Casa del Caballero… Curiosamente, cerca de casa.

Como siempre fui de pata gorda y cintura estrecha, claro, siempre había que “meterle o sacarle” a mis pantalones… No habían entonces ni tantas tallas como hay ahora, ni los tejidos tenían tampoco nada que ver con los de ahora. Siempre, siempre, necesitabas un arreglico…

“Wrangler resiste, si tú resistes…” Ése era el eslogan de aquella entonces nueva y ahora legendaria marca de ropa vaquera… Fue un alivio el comprobar que primero mis muslos, y luego todo mi culo y cintura, se deslizaron, acoplándose a la perfección a las hechuras de esos vaqueros. Ese mismo culo mío nunca más se vería deslucido, embutido en aquellos otros horribles pantalones de tergal de la época… Por fin se me marcaban bien el culo y las piernas; ganaba bastante con aquellos vaqueros puestos… Y encima, me duraron ocho o diez años.

En cuanto entré con mi madre arrastrando en la tienda, Paco El Caballero detectó mi incomodidad; mi desasosiego… Y como me conocía bien y desde siempre, en seguida hizo gala de su apodo, y dejó todo lo que estaba haciendo para atenderme personalmente… Con la tranquilidad de su temple profesional y un evidente cariño, me preguntó algo extrañado:

– ¿Qué pasa Antonio…?
– ¡Me caso, Paco…!

Creo, que se lo dije como suplicándole con la mirada, y en seguida, me leyó… Y tras una larga mirada ahora suya en silencio y de alto en bajo a mis hechuras, se metió en la trastienda sacándome, al momento, tres trajes impolutos envueltos en fundas de plástico transparentes… Se paró delante mía, me miró con una ligerísima sonrisa entre socarrona y cómplice, y me dijo:

– Como ves, hay uno marrón, uno azul y uno negro…

– ¡Paco, coooño…! ¡No tengo bastante con el follón que me da mi madre, que encima vengo yo aquí a que tú me lo compliques más… !

Le rogué que por favor, me hiciese el inmenso favor, de emparejarme de novio enteramente a su gusto y dejarme a mí de líos… Que a mí, de verdad que no hacía falta que me preguntara nada y a mi madre menos… Que me ponía completamente en sus manos; completamente…

Y oye, no hizo falta más. Se giró, y tras unos segundos de valoración descartó dos de los tres trajes; luego, deshizo su giro y casi me ordenó:

– Pruébate éste.

¡Y coño! entré a la primera en aquel traje negro como si en un guante… Solo me sobraron unos centímetros de camal, pero yo, ya me veía hecho un pincel… Luego todo pasó muy de prisa; que si la camisa y la corbata; que si el chaleco y el pañuelo; los calcetines, cómo no los calzoncillos, y hasta un fajín… Y claro, no me podía ir sin zapatos; por lo que también los compré allí mismo aquella tarde… Como un pimpollo salí; ya te digo… Y todo, justo al ladito de casa.

Un artista…

En su memoria…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

REZAR, LLORAR…

Historias de Paco Sanz

He echado de menos dos cosas que una vez sabía hacer y que el tiempo se ha llevado: rezar y llorar. Recuerdo de niño cuando lo hacía, ¡qué sensación de adentrarme en la luz o en la oscuridad conseguía o padecía haciéndolo! Mi compañera cuando va a rezar el rosario con sus amigas, quiero decir a hacer yoga, me dice que me envía vibraciones positivas, antes hubiera rezado por mí. Me acuerdo de las últimas veces que vi humedecerse los ojos de mi hija, pero no a partir de qué momento yo ya no pude llorar más, por mucho que las circunstancias lo propiciaran. El lamento es una forma de comunicarse, el llanto es un asunto privado.

Creo que no se puede sentir intensamente ni alegría ni pena si no se saben hacer esas dos cosas. Creo que alegría como la que sienten los místicos ante la sensación de presencia o de unión con Dios hay pocas. Los que enseñaban a rezar decían: Arrodíllate y reza… y creerás, arrodíllate y creerás que te has arrodillado porque creías, arrodíllate en público y consiguiendo hacer creer que crees creerás que crees, arrodíllate y de este modo harás que alguien crea. Arrodíllate, actúa como si creyeras, y ya no tendrás que creerte a ti mismo, tu creencia existe objetivada en el acto de rezar. Para rezar hay que saber humillarse lo suficiente.

Vivir es exagerar, creo que el poder experimentar alegría o tristeza con intensidad ayuda a dar relieve a la vida. Sin embargo para llorar o rezar con querer no basta. Jorge Manrique que vivió más de cerca la Reconquista sabía de la bondad del saber rezar o llorar: “El vivir que es perdurable/ no se gana con estados/ mundanales,/ ni con vida delectable/ donde moran los pecados/ infernales;/ mas los buenos religiosos/ gánanlo con oraciones/ y con lloros,/ los caballeros famosos/ con trabajos y aflicciones/ contra moros”.

Supongo que empecé a darme cuenta de que más que endurecerme me estaba secando por dentro, al darme cuenta de que no era capaz de llorar en los funerales de mis padres y amigos, y ver como además de las mujeres que vivieron cerca de ellos, mis primos y amigos lo hacían.

No creo que cuando me muera llore nadie, claro. Y es que me he hecho muy mayor. He visto que en los funerales cuanto más años tiene el muerto menos se llora. Y eso que llorar es lo primero que hacemos, que al venir al mundo uno llora y los demás se alegran; es necesario morir riendo y que los demás lloren. Y durante la vida no hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo. A veces me he sorprendido de verla llorar leyendo: ¿Por qué lloras, si todo en este libro es de mentira? Lo sé, me dice. Pero lo que yo siento es de verdad.

Un día que Honoré de Balzac se encontraba escribiendo en su estudio, un amigo entró sin avisar. Al notar su presencia, se dio la vuelta y se puso en pie de un respingo. Muy exaltado, se le acercó. Lo agarró del brazo y, con lágrimas en los ojos, exclamó: «¡Qué horror! La duquesa de Langeais ha muerto». El amigo, que conocía bien la alta sociedad parisina, se quedó perplejo. Nunca había oído hablar de tal dama. Tras observarlo detenidamente, Balzac reparó desconcertado en su propia confusión. La duquesa no existía, era la protagonista de la novela en la que estaba trabajando y, justo en ese instante, él mismo acababa de darle muerte con su pluma sobre el papel.

Historias de Paco Sanz

SOÑAMOS…

Historias de Paco Sanz

Los primeros relatos de Ciencia Ficción que cayeron en mis manos llevaban por título: Soñadores Expertos. Entonces se la llamaba también Anticipación, hoy Fantasía. En aquella época todavía recordaba bien mis sueños, como entonces el psicoanálisis estaba de moda lo primero que hacía cuando me despertaba era anotarlos, para que no se me olvidaran. En algún momento me cansé del juego, pero aún hoy si he soñado mucho, aunque no lo recuerde, sé que he dormido bien. Pero, ¿cómo sabes que has soñado mucho si no lo recuerdas? Porque me he despertado sonriendo.

Estos días de encierro he echado de menos el agua, mis sueños han sido de agua: “El dormir es como un puente/ que va del hoy a mañana./ Por debajo, como un sueño,/ pasa el agua”. Debo haber también echado de menos a mis amigos, sobre todo a los muertos, porque estos días he soñado más en ellos de lo normal.

Estos días de estar en casa es como si nos estuviéramos recuperando de alguna enfermedad. Convalecemos. En general, somos criaturas que no aprendemos ningún arte u oficio, ni siquiera el de disfrutar de la vida. Extraños a convivencias prolongadas, nos aburrimos en general de los mejores amigos después de estar con ellos media hora; sólo ansiamos verlos cuando pensamos en verlos, y las mejores horas en que los acompañamos son aquellas en que sólo soñamos que estamos con ellos. No sé si esto indica poca amistad. Las cosas que más amamos, o creemos amar, sólo tienen su pleno valor real cuando son simplemente soñadas.

Hoy todavía no sabemos dónde se oculta la vida, qué clase de sitio es ése ni cómo se llama. Si nos abandonan, si nos retiran libros y pantallas, nos veremos inmediatamente en un embrollo, todo lo confundiremos, no sabremos adónde ir ni cómo ir, ignoraremos lo que se debe amar y lo que se debe odiar, lo que debe respetarse y lo que sólo merece desprecio. Empezaremos a soñar de cualquier manera. “Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos/ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado/ Todas estas cosas/ había una vez/ cuando yo soñaba/ un mundo al revés”.

Necesitamos seguir soñando, porque necesitamos haber dormido bien. Hay que defender los sueños, los deseos, lo que deseamos lo necesitamos siempre. Los necesitamos para volver a trabajar. Cada trabajo tiene su onirismo, cada materia trabajada aporta sus sueños íntimos. El respeto a las fuerzas psicológicas profundas debe conducirnos a preservar contra todo atentado el onirismo del trabajo. Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un día en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírico, en que cada manufactura tenga su oficina poética!

“Como en el bosque umbroso los caminos,/ he perdido en un sueño mi esperanza:/ un sueño tan oscuro, tan profundo,/ que no puedo encontrarla./ Si alguna vez despierto de este sueño/ al clarear el alba/ creeré que estoy soñando todavía/ y seguiré buscándola”. Para huir de la gran enfermedad del horror del domicilio salimos a reconstruir nuestras ciudades con la esperanza de poder así soñar nuevas islas.

Me parece bien que mis hijos se hayan ido de casa, el “ganao” a su aire, decían mis bisabuelos, pastores. Sueño pocas veces con ellos. ¿Por qué se alejarán tanto de nosotros los hijos, hasta volverse inaccesibles, mucho más que los padres, con los que soñamos con frecuencia, con mucha más frecuencia de lo que sabemos? Los padres están siempre presentes.

Historias de Paco Sanz

DISCUTIR EN LA RED

Hace unos cuantos años me denunciaron arteramente y por el vil metal, esgrimiendo ella ante el juez lo muy amenazada que se sintió, debido a un inocuo comentario que le hice por escrito en una de nuestras tan frecuentes como inútiles discusiones (creía yo privadas) por WhatsApp… Cosas de la ideología de género…

Por ello, ya debería yo de haber aprendido que estos modernos medios de comunicación tecnológica, son nefastos para disentir… Medios éstos de comunicación paradójica, ya que cuando se desata de verdad una discrepancia, es casi imposible comunicar argumentando… Y voy a intentar explicarme.

Los que alguna vez hayáis discutido de verdad y agriamente con alguien por las redes, y si os fijáis un poco me lo reconoceréis, que en medio de la indignación y el acaloramiento de esas discusiones epistolares, todos, sentimos una especie de urgencia, de prisa rabiosa por teclear y explicarle al otro lo irrefutable de nuestros argumentos…

Pero fijaros también, en el hecho de que al no percibir presencia física alguna, no tenemos ningún mensaje del lenguaje corporal de ése otro con el que discutimos… Y por ello no percibimos, esos otros matices tan necesarios para mantener una comunicación intensa, como sin duda lo es una discusión… Y así, a ciegas, al no ver ni el rostro ni la expresión en los ojos del prójimo, solo sentimos una estéril aunque imperiosa necesidad de justificarnos constantemente; de defendernos…

Y precisamente ese tipo de detalles hacen, que no estemos atentos a lo que el otro nos argumenta… Pareciera, que solo estamos como esperando a que él termine de teclear, para darle su merecido escarmiento dialéctico, tecleando ahora nosotros nuestras propias razones…

Es un hecho comprobado, que es casi imposible discutir con hondura y ordenadamente por estas redes sociales de los cojones… Siempre, casi siempre, terminan interrumpiéndose emisor y receptor, pisándose las réplicas, y sin poder llegar razonablemente a ningún sitio común, acuerdo, o conclusión…

El otro día he de confesar que cometí la torpeza de discutir, nada menos que de política y por WhatsApp, con un muy viejo y buen amigo. Un antiguo camarada, con el que por otra parte no me une casi nada aparte de un profundo y verdadero cariño, ya que fuimos y somos hermanos boinas verdes; viejas glorias… Nos queremos mucho porque sí, y porque además nos da la gana… El caso es que él es muy de izquierdas, y yo no soy muy de casi nada.

Al comunismo sí que no le he votado ni le votaré nunca; pero se ve que fui de centro cuando voté a la UCD… Creo, que de izquierdas también fui, porque voté tres veces al PSOE… También de derechas se ve que podría ser tras votar otras dos al PP, creo… Y ahora, porque he votado a VOX según dicen, debo de haberme convertido en un fascista. En fin…

Yo, si hay que cambiar, se cambia…

El problema de muchos de nosotros es, la casi total incapacidad para cambiar nuestra opinión acerca de ciertas ideas adquiridas, bien por la costumbre o bien por inducción… Lo que se llaman comúnmente prejuicios.

La costumbre, nos hace añorar aquella cocina de nuestra madre pero no porque fuera la mejor, sino simplemente porque crecimos con ella. Y así, también nos acostumbramos a la lengua materna… Y nos convierte la costumbre, por ejemplo en zurdos, en lectores, o en dibujantes… Las costumbres de nuestros hábitos hacen, y luego dicen de nosotros, si somos buenas o malas personas, educados o maleducados, atentos o casquivanos…

Las ideas inducidas en cambio nos influyen, en detalles diríase más primitivos como por ejemplo el de ser de nuestro equipo de fútbol; a muerte con nuestra tribu aunque juegue como el culo; a muerte somos del Betis ‘manque’ pierda… Debido a ese mismo tipo de tribales resortes psicológicos, somos inducidos también y por multitud de razones, a identificarnos o a simpatizar, a alinearnos, o hasta finalmente afiliarnos a tal o cual partido político; y nos suscribimos de por vida a una ideología ya sea diestra o zurda… Las ideas inducidas, también nos convierten por ejemplo en adictos al tabaco o a las drogas; o nos inducen a dar por hecho, cosas tan extrañas y erróneas, como que nuestra pareja no solo ha de acompañarnos sino que también nos pertenece…

Creo, que todos deberíamos relajar el músculo de la intransigencia, y acostumbrarnos a llamar al pan pan y al vino vino; y disponernos, a cambiar aunque sea algunas de nuestras muchas convicciones erróneas…

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LAS ESPERANZAS…

Historias de Paco Sanz

Sólo los muy valientes o los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Ahora más que tener esperanzas estamos a la espera de que esta pesadilla pase. Esperamos poder por fin salir, volver a ver a los nuestros, que no nos coja el virus ni la pobreza, que inventen algo… Antes esperábamos cosas mucho más vagas: que les siguiera yendo bien a los chicos, suerte para envejecer como Dios manda, que gane mi equipo, mejorar como personas…

¿Estamos a la espera o tenemos esperanzas? Esa es la cuestión. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social.

Me gusta mucho la historia porque estoy siempre modificando mi pasado. Si resulta que las cosas de mi vida no fueron como me parecía mis esperanzas mejoran. “Esto hiciste, dice la memoria. No hice eso, contesta el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Los que quieren que su pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

La reforma del pasado que acometen todas nuestras actividades internas se conjuga con la confianza en un incierto futuro. Por anodina que pueda parecer la vida de un adulto en comparación con los grandes proyectos que trazara en su infancia y adolescencia, la firme esperanza en que un golpe del destino le vaya a convertir en el héroe o semidiós que una vez soñara no lo abandonará del todo en ningún momento; las primeras esperanzas constituyen la últimas decepciones.

Como ni soy muy valiente ni muy tonto alimento cada día mis esperanzas, me ayuda a dormir mejor. Como los poetas: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas… Mientras que se sienta que se ríe el alma/ sin que los labios rían;/ mientras se llore, sin que el llanto acuda/ a nublar la pupila;/ mientras el corazón y la cabeza/ batallando prosigan,/ mientras haya esperanzas y recuerdos,/ ¡habrá poesía!”

Historias de Paco Sanz

LA NUEVA SUBNORMALIDAD

¡¡Qué cosas…!!

Lo de la nueva normalidad es en sí mismo un oxímoron, una nadería; otro de vuestros eslóganes tramposos, para que como silbido de pastor, haga entrar a vuestro rebaño por la vereda zurda…

Meteros esa nueva normalidad que por doquier pregonáis por donde os quepa, y poneros a trabajar de una vez para devolvernos la normalidad de siempre… Aquella normalidad de besar a nuestras madres, en vez de acostumbrarnos a este infame presente de distancia y mascarilla… La normalidad, de apoyarnos con naturalidad tanto en la barra de nuestro bar como en el hombro de nuestro amigo… La normalidad, de arrancar nuestro coche para ir donde nos salga de… La normalidad, de volver a confiar en mi médico y él en mí, sin que nos miremos recelosos de reojo, porque ni a él ni a mí nos hayan hecho la dichosa prueba del bicho ése…

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Dejaros de nuevos pactos de la Moncloa, de inventar el hilo negro, de desescaladas locas hacia nuevas normalidades, o de creeros que sois los primeros en asar la manteca… Poneros a trabajar ¡Magantos…! Empezad ya a hacer vuestro trabajo, en vez de hacer vuestro agosto con nuestra ruina..

¡Que llevamos más muertos por millón de habitantes que ningún otro país del mundo…! ¡Miles y miles de españoles muertos o infectados por el virus y vuestra desidia…!

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Nueva normalidad dicen…

Majaderos.

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

¡VIVA EL 8 DE MARZO…!

Y no nos damos cuenta.

En la segunda guerra mundial, el orgulloso pero ciego y suicida gobierno japonés, sabiendo perdida su guerra de todas formas y que la derrota por aplastamiento era sólo cuestión de tiempo, no dudó en sacrificar lo mejor que quedaba de sus pilotos cual carne de cañón… Estrelló sus aviones, uno a uno y sin piedad, en un intento último, inútil y postrero, de ataque contra los imponentes buques de guerra norteamericanos… El valor del suicidio. Pura propaganda…

Utilizó el gobierno japonés la censura y el engaño a los japoneses, no sólo para ocultarles su inexorable derrota, sino para además exacerbar sus ánimos de pueblo ignorante… Hicieron mera propaganda, de la muerte y del valor de aquéllos sus héroes kamikazes, sacrificados en pos y la inutilidad, de la gloria, el coraje, y el orgullo japonés…

Dictadura, derrota y alienación ideológica en estado puro. Pura propaganda… Perdieron la guerra sí; pero demostraron tener muchos pero que muchos cojones los japoneses… Hicieron falta dos bombas atómicas para que se rindieran; dos. Y ahí están… Al menos los japoneses, tenían como excusa a su estupidez bélica y su locura, el hambre y la necesidad; el patriotismo y el valor; el orgullo como pueblo… Su gobierno, también.

Acordaros ahora, de los seiscientos mil “liquidadores” de Chernobyl…

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno, para la derrota en esta guerra ya perdida por tantos miles de bajas, y para encima sacrificar carne de cañón sanitaria…? ¿Sin siquiera mascarillas decentes, batas adecuadas, test fiables ni suficientes…?

¿Tampoco líderes en quién confiar…?

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno para hacer propaganda de semejante derrota…?

Están sacrificando a los mejores, solo por la baratura de salvar sus culos…

Pues ahora, pienso en la hidalguía de mi sobrina la enfermera, enfrentándose casi sola y con el solo entusiasmo de sus veintipocos años y una valentía casi ciega, a estos amenazantes molinos de vientos infecciosos… Con el ínfimo yelmo de una mascarilla; con adargas así de antiguas; y subida al rocín de un presente así de flaco… Y por enmedio escurriendo el bulto, mucho galgo corredor…

¡Qué valiente mi sobrina…! “Qué buen vasallo, si tuviere buen Señor…”Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

MENTIRA…

Historias de Paco Sanz

Los que mandan mienten para seguir en el poder, los que no, porque quieren mandar. Los que mandan dicen la verdad: quieren seguir en el poder. Los que no, también: quieren conseguirlo. Si trabajo, gano dinero. Si estoy ocioso, me divierto. O gano dinero o me divierto. Si estoy ocioso no gano dinero. Si trabajo no me divierto. O no gano dinero o no me divierto. Los soles de la realidad, el de mentir que se levanta por el este, y el de mentirse que por el oeste se acuesta. Ahora que estamos solos vamos a decir la verdad, vamos a contar mentiras.

Mentir simplemente. Mentir para conseguir algo: no hacer daño, etc. Mentir por mentir. Mentir para ver si se lo creen y acabas creyéndotelo tú. Mentir a base de no decir nada. Mentir contestando otra pregunta. Mentir con la verdad incompleta. Mentir diciendo que esa es toda la verdad. Mentir diciendo la verdad de tal manera, que no se te crea. Mentir diciendo que te crees lo que dices. Mentir haciendo ver que te crees lo que te dicen. Mentir sin decir nada…

La deliberada negación de la realidad fáctica -la capacidad de mentir- y la capacidad de cambiar los hechos, -la capacidad de actuar- se hallan interconectadas. Deben su existencia a la misma fuente: la imaginación. Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja que supone el conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír. Si el político solo tenía que aparentar que creía en lo que decía, el elector solo tiene que aparentar que es en realidad él “quien” se ha equivocado. Las fantasías no son, sólo, mentiras. La frontera entre realidad social y sueños políticos es inestable en la época del duermevela de la tontería.

Con la poesía no hay quién mienta. La poesía va más allá. A ver: “Por como ahora me miras/ comprendo que puede haber/ verdades que son mentiras./ Por como me estás mirando/ comprendo que no me engañas/ aunque me estés engañando”. El abuso de la verdad y de la ciencia están empezando a producir un alza en el valor de la mentira, la tiranía de la prudencia puede hacer germinar una nueva especie de nobleza de alma. Ser noble puede llegar a ser tal vez tener la cabeza llena de pájaros.

Lo que mejor resiste el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la retienes sin que se deteriore. En cambio la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua: incolora, inodora e insípida, el paladar no la percibe, pero nos refresca. El criterio que se suele usar para separar la verdad de la mentira, los discursos falsos de los verdaderos, remite más a la posible utilidad pragmática que a su adecuación a la realidad. A la realidad que le den. ¿A ver si nos viene encima con pretensiones de que estropeemos con un mal recuerdo una buena historia?

Historias de Paco Sanz

adiós, Facebook…

y adiós, WhatsApp...

El próximo lunes día 27 de Abril de 2020 cerraré, completamente aunque no sé si para siempre, mis cuentas de Facebook y de WhatsApp… Estoy, hasta los cojones de que un puñado de izquierdosos me escarben y utilicen de forma tan espuria y tan tramposa. ¡Que les den…!

Abandono estos corralitos desinformativos e ideológicos harto, de tener la certeza de que algún somierda al otro lado de la pantalla se ríe de mí, y maneja a su antojo entre mis cosas tergiversando y castrando mis intenciones… ¿De qué coño me sirven mis ciento y pico contactos, si estos chivatos muñidores del Facebook siempre usan alguna mierda de algoritmo, para que solo veinticinco o treinta de esos contactos puedan saber de mí o yo de ellos…? ¿No tenéis muchas veces la inquietante sensación en Facebook, de que necesitáis gritar algo muy importante en medio del gentío de vuestros contactos, y parece que no os oye ni Dios; nadie…?

¡Pues vaya mierda de redes sociales ahora monetizadas y completamente prostituidas…! Convertidas en meras aunque gigantescas vallas publicitarias planetarias; solo están al servicio y de parte, solo de la parte roja de esta sociedad, la nuestra… Que conste que en otros sitios, ésto, no pasa… Pero en España se ve, que han renunciado a su espíritu inicial de ser medios de comunicación e intercambio social, para convertirse en viejas de visillo ideológico…

Yo recuerdo cuando la viralidad de esas aplicaciones era completa, y tan solo con talento, mérito o ingenio, podías dar un salto y hacerte algo famoso por ahí… ¡Qué tiempos aquellos en el que uno de mis humildes escritos, tuvo mil seiscientos y pico lectores en una tarde y sin gastar un céntimo…! Tan solo el mérito del éxito de aquel relato entre mis lectores, leído en un humilde blog gratuito, sin dominio propio…

Os espero en Telegram en lugar de WhatsApp; y en MeWe en vez de Facebook…

Con MeWe puedo publicar mis escritos y tener hilo directo, a la vez y en tiempo real, con todos y cada uno de mis lectores sin injerencias de Gran Hermano… Con Telegram puedo enviaros lo que a mi menda dé la gana, y a cuántos de vosotros como me apetezca o considere…

De momento, tanto Telegram como MeWe son aplicaciones muchísimo menos invasivas de tu intimidad, y no te mangonean con censuras, anuncios, ni restricciones ideológicas rojas… También es verdad, que todavía no pueden competir con la escala planetaria de esos otros gigantescos espías sociales que nos manejan… Pero si no conocemos muchas veces ni a nuestro propio vecino ¿para qué querríamos abarcar el mundo entero…? Me conformo, con estar en contacto verdadero con mis verdaderos amigos…

Adiós. Seguro que será un hasta luego… Si no, espero que al menos el teléfono me siga funcionando…😂🤣

Y también, os esperaré como siempre en mi blog de Historias en un folio:

http://www.historiasenunfolio.wordpress.com

Que no nos engañen…

🤗

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

FALTA DE OLFATO

Historias de Paco Sanz

El distanciamiento social, miseria que va a seguir al confinamiento doméstico, y que va a durar mucho más que lo de tener que quedarse en casa, va a hacer más difícil no sólo tocarnos, sino incluso olernos. Dicen que uno de los síntomas de que te has contagiado de la enfermedad esa que nos confina y distancia es la anosmia, que pierdes el olfato.

Los que se mueren de ella se mueren ahogados. Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si dejamos de dejar que entre aire para dejar de oler, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido. Algunos ahora además sueltan aire envenenado, como si quisieran devolver el golpe.

Estos días he visto llenarse de hojas los árboles del parque que está delante de mi casa. No he podido esta primavera ser testigo de su llegada como cada año. Me he acordado de aquello que pedía Ramón: “Debería haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos”. Lo que uno no puede oler tendrá que mirarlo de cerca. “What a man cannot smell out, a man may spy into” si no puedes sacar el olor, puedes fisgar dentro. Pues bien, hoy ni eso.

De momento no hay manera de dar a oler, de conseguir saber a qué huelen las personas, las cosas que están al otro lado de la pantalla. Una de mis nueras ha jugado a fabricar perfumes con sus hijos. Los niños nos los enseñaban. El más pequeño en un momento dado lo acercó a la pantalla para que lo oliéramos. ¡Pobres de nosotros! Me consuelo pensando que no tener que oler según a quién no está tan mal.

Mi abuela, que era cocinera profesional, de esas que son capaces de pillar los mil y un ingredientes de un guiso, perdió el olfato. Nunca recuperó la alegría y la mala leche que la caracterizaban. Un poco como si al desterrarla de la cocina la hubieran dejado sin aliento. Me acordé del sentimiento del mundo de la pantera de Rilke, que da vueltas en su jaula sin olfatear mundo alguno tras los barrotes, se corresponde con el diseño del mundo del depresivo, que no alcanza siquiera a lo más próximo.

Que no nos falte la poesía. Decía Federico que la poesía tiene un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Con ellos se puede nutrir ese gramo de locura que todos llevamos dentro y sin el cual es imprudente vivir, para ponerse el odioso monóculo de la pedantería libresca que lleva prescindir de ella. Para los mexicanos es el aliento de los dioses. La poesía y su milagro, la creación de un ámbito, igual que un perfume.

Historias de Paco Sanz

LA TOS…

Reventada estoy de toser tanto… Puto coronavirus. Una no sabe nunca de qué sería peor morirse. Por eso mismo no iría ahora a un hospital ni harta de vino peleón… ni público ni privado; deja deja. Nunca hizo falta un matasanos para irse al otro barrio… Y de verdad que prefiero morir asfixiada en mi casa, a perder la vida por ahí sola y con todas mis entradas corporales entubadas… Al igual que mi padre cuando le dijo a los médicos aquello:
– Han sido Ustedes muy amables pero comprenderán que prefiera morir en mi casa… Gracias.
Luego se dirigió a mí:
– ¡Sácame del hospital éste, ya…! Aquella fue la única vez que ingresó en uno…

He decidido fiarme del criterio de mi sobrina la enfermera, y por ello sé desde hace mucho que ahora no se debe ir a urgencias a nada… Todavía no. Y si tengo la suerte de mi padre, el valor suficiente, y el apoyo de los míos cuando me llegue el momento, no querría ir nunca… Al menos ahora no; ni se me ocurre.

Llevo ya cuatro días tosiendo como una perra afónica, y cuarenta de encierro. Y al albur de esta situación desgobernada y opresiva… Y resulta que mi marido, todavía no puede comprar ni una puta mascarilla para protegerse de mí… Menos mal, que al ducharnos mucho juntos y hacer el amor también mucho y sin precaución, se ve que él se ha inmunizado (Nóteseme la ironía…) Y no digamos nada, del simple y barato test de detección del coronavirus que ambos necesitaríamos… Pacientes y galenos dejados de la mano de Dios; todos confinados y engañados…

Y ahora, aterrada he de reconocerme con esta tos perra, seca, rasposa e hijadeputa… Tengo el pecho como un tambor en viernes santo y no hay manera, esto va a más… De un carraspeo pegajoso de fumador, he pasado a una tos de lija, tosferínica e insistente; implacable, como también lo es mi necesidad de respirar…

Me ahogo poco a poco. Cada vez que intento respirar toso; y así, aspiro cada vez menos debido a que el agotamiento que crispa mis músculos torácicos, va haciéndose cada vez más patente, y haciéndome cada vez más y más mella… Cada golpe de tos va doliéndome más aunque valiéndome de menos, porque ya no arranco nada con estas toses… Y se van agotando y encogiendo más mi resuello, la capacidad de mis pulmones, y aquello que los insuflaba… Y va faltándome el aire cada vez más. Me voy ahogando.

Logro poco a poco, y a fuerza de controlar respiración y pánico, conformarme con un hilillo de aire que trabajosamente consigo, que entre y salga con cierta fluidez de mis pulmones… Si solo hablara perdería el hilillo de ése aire vital… La drástica disminución de la cantidad de oxígeno que mis alveolos pueden procesar, ya solo me da, para parpadear un poco, para poder pensar, y para mover algo las manos esforzándome con la intención, de poner un dedo sobre las teclas de cada una de las letras de esta carta…

Pero dicen, que esto del virus se carga sólo a los viejos… ¿Os parecen poco los viejos? ¿Poca pérdida…?

Si es así, iros a la mierda…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Mi tío Miguel

In memoriam.

Miguel ‘Hilarión’

Recuerdo, cuando coincidía con mi tío Miguel por ahí y yo iba con alguna chorva. Veintipocos años… Daba igual dónde estuviéramos; se acercaba, posaba paternalmente su mano en mi hombro y me llevaba a un aparte; socarrón… Y mirándola de soslayo, apenas señalándomela con el gesto furtivo de su mirada, me decía como en un susurro chocante, como en un secreto entre picardías nuestras: “no seas tooonto sobriiino…”

Cuando ya con treinta y muchos, le presenté y le gustó la que luego sería madre de mis hijas, también me llevó a un aparte… Pero esa vez, me agarró del brazo y sin dejar de mirarme a los ojos, me dijo también sonriendo aunque algo más en serio: “ya es hora de que te recooojas sobriiino…”

Ahora tengo cincuenta y tres años y espero, que todavía me quedarán algunos más de quince, de aquella salud como Dios mandaba y que tanto y tan bien pregonaba el ateo de mi tío: “mientras se me siga empinando el ánimo, es vida…” decía entre golpe y golpe…

“Sobrino, cuando ya no se te ponga dura, malo…” El resto, la decrepitud, afirmaba mi tío que no sería ni salud ni vida ni ná… O sea, que había que ir buscando cosas en la vida que te la pusieran dura…

Y no murió muy joven, pero tampoco murió muy viejo: de cáncer de pulmón… Fumó mi tío Miguel hasta casi su último día tabaco negro… Cuanto más negro mejor. Tomó un berrinche de cojones cuando se enteró, de la mariconada ésa de que iban a dejar de fabricar los legendarios Celtas Cortos sin boquilla. Como si a partir de ese momento fuera mejor morirse un poco más tarde… Pero en seguida; casi al mismo día siguiente, empezó a fumarlos con boquilla… Éso era adaptarse…

Era un cuasi filósofo aunque sociólogo de estudios, agricultor de herencia y de corazón, sabio de palabra… Un lector, bebedor y polemista empedernido. Que igual, podía tirarse una noche durmiendo en el suelo acurrucado junto a la lumbre de la casa del gitano que siempre regaba nuestra finca; que al día siguiente y con solo ducharse, era recibido en el despacho del Presidente de la Diputación Provincial de Alicante porque habían estudiado juntos… Eso lo vi yo.

Tenía el don, de saberle hablar a cada persona de forma, que prácticamente siempre se le entendiese casi a la perfección… Pero claro, para eso hacía falta tener palabra, no solo el don de la palabra… Un verdadero genio mi tío. Un tío chulo.

Una vez me confesó, que su peor experiencia en la vida era el repetir a menudo la pesadilla, de tener que revivir la muerte de una gran amiga en el accidente de un coche que él conducía…

Casi como ahora -he pensado- que provocamos muertes sin quererlo.

Y, ya no me acuerdo de qué es lo que era de lo que os quería hablar…

eeen fin… Que os quiero mucho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

vida ondulante

Historias de Paco Sanz

La vida es ondulante, ahora sabemos que hasta la materia lo es. Mientras no llegue la vacuna la desgracia del virus ese volverá a hacerse presente por oleadas. Ondas intercambian las antenas, ondas cerebrales medimos para saber qué pasa cabeza adentro. La misma simpatía parece una función de onda. Por ejemplo, los asistentes a conciertos en directo sintonizan las ondas cerebrales dentro de un rango de frecuencia de 2 a 4,5 hercios. ¿Hay un efecto de contagio? Cuando no se está en presencia del ejecutor ni en compañía del público no pasa.

Ahora que los políticos tienen que tomar decisiones guiados por los expertos, como no hay experto que valga en lo del COVID-19, es hora de darse cuenta de que esto va para largo. Que viene mala mar. Que contagios y muertes volverán a presentarse en oleadas. Necesitamos todos hacernos una idea acerca de qué va en realidad la cosa. Las limitaciones de nuestra imaginación se traducen en los pobres modelos con que nos hacemos, cuando tenemos que describir algo que no se parece a nada que hayamos experimentado antes. Imaginar cómo la luz puede ser a la vez onda y partícula nos cuesta porque nos cuesta reprimir “un vano e incontrolado deseo de verlo en términos de algo familiar”.

Al marido de mi sobrina le dio por enfermar, mi sobrina que es muy bachillera hizo un master de su enfermedad, un poco como nosotros estamos ahora haciéndolo en microbiología; cuando hablaba con el personal sanitario que atendía a su marido daba conferencias acerca de la fiabilidad de los análisis, la bondad del pronóstico, etc. Más de una vez el pobre enfermo tuvo que oír como le decían, sin la menor ironía, qué suerte tiene usted con que sea médico su señora.

Ahora convendría desarmar el cientificismo entendido, como la pertinaz sospecha de que el sentido común nos la está jugando; un acceso más profundo y más fiable implica abandonar la costa de los paradigmas compartidos por todos, para hacerse a alta mar relativista y cientificista si se pretende sobrevivir a la percepción falsa de la realidad basada en el sentido común. Cuando la ola del poco tiempo y pocas luces para comprender nos alcance.

El clima, la vida se presentan por oleadas también. El océano de la verdad lava los guijarros con cada ola, y estos resuenan y tintinean con el más maravilloso de los estrépitos. Por decirlo en verso: “Tempestades de deseos/ contra los muros del alba/ rompen sus olas. Me ciegan/ los tumultos que levantan./ Nido en el mar. Cuna flote./ La flor que flota en el agua/ me sostiene mar adentro/ y mar afuera me lanza./ Cierro los ojos y siento/ el tiempo interior que canta”.

En fin, que me cuesta deshacerme de la tristeza de darme cuenta que esto de la pandemia no ha hecho más que empezar. Que volverá. Tengo que recordarme que soy un caballero valiente, no una bestia asustada, cuando vuelva a andar la calle. Tengo que volver a escuchar a mi sentido común Sancho Panza para dar la talla de nuevo. “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuesa merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes”.

Y a ver si renuevo mi confianza en la bondad de las personas. Que hay poca gente que sea mala gente. Que los días que veo mucha mala gente a mi alrededor seguramente el malo sea yo.

Historias de Paco Sanz

Sabiondos

Historias de Paco Sanz

Los aceleracionistas son una panda que pretende mejoras acelerando los procesos. Huir hacia adelante ha sido la tentación de Trump y Johnson para hacer frente al proceso, que lo pasen los que lo tengan que pasar, que se mueran los que se tengan que morir, y que los supervivientes se hagan cargo lo mejor que puedan de lo que quede en pie. Vaya, que no decaiga. No acertaron. Como decían los machos de antes, se la han tenido que envainar.

A nivel poblacional hay dos estrategias que se están siempre equilibrando, la de la “K” a base de adaptarse a lo que hay, y la de la “r”, reproducirse más y mejor. Un poco en plan cuestiones de fuente y de sumidero. Si hay suficientes recursos o si hay demasiados venenos. Los ricos será más ricos y los pobres tendrán más hijos. Los que gustan de metáforas bélicas podrán recordar que con la táctica artillera y de trincheras, la muerte en batalla había dejado de ser una muerte en el movimiento para convertirse en una muerte en posición.

Comparados con los macroorganismos los microorganismos parecen ser todos estrategas de la r y así han sido considerados. Los estrategas de la K suelen tener éxito en situaciones de limitación de nutrientes. Cuando esto del virus ese pase ya sabemos lo que nos toca. Nada como el ajedrez para experimentar la diferencia entre estrategia y táctica. La táctica consiste en saber lo que hay que hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber qué hay que hacer cuando no hay nada que hacer.

La táctica de las megacorporaciones genéticas en los últimos años ha sido echar el resto -en un ataque rápido y frontal- para intentar crear una situación sin vuelta atrás, ocupando un terreno de dónde no pueden ser desalojados, lo que los estudiosos de filosofía de la ciencia y la técnica llaman una tecnología atrincherada. Un poco como el “too big to fail” de las grandes corporaciones. Por ejemplo Europa ha adoptado la estrategia de la casa a medio construir: Uno empieza construir una casa sabiendo que resultaría demasiado costoso interrumpir las obras, y no tiene más alternativa que terminarla.

La llamada a los contramundos de la desaceleración está llegando algo tarde. Los aceleracionistas, los impacientes por acceder al futuro me cansan. Han dado forma, con sus prisas al mundo tal como lo conocemos. La DARPA (Defense Advancet Research Proyects Agency) creada en 1957 para recuperase del avance que habían tomado los soviéticos con el Sputnik, tenía como única regla la “innovación radical”, y la sola justificación de su existencia es “acelerar la llegada del futuro”. Se le atribuye Arpanet que acabaría siendo Internet, también el proyecto 57, que era para guiar misiles y acabó siendo el GPS. Ahora tiene el punto de mira en la interfaz cerebro-máquina. Eso sí que es acelerar la llegada del futuro.

“Fotografiamos las cosas para auyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos”. Kafka. Ante la pura masa de imágenes hipervisibles, no es posible cerrar los ojos. Cerrar los ojos es una negatividad, que compagina mal con la positividad y la hiperactividad de la sociedad de la aceleración. La coacción de la hipervigilia dificulta cerrar los ojos. Y es responsable también del agotamiento neuronal del sujeto de rendimiento.

Cuando mi padre me enseñaba a conducir, harto de ver lo despacio que iba cantaba a veces, cuando lo que estaba por delante era una recta, aquello de: “Para ser conductor de primer, acelera, acelera… para ser conductor de primera acelera el buen conductor”. Pues bien, ahora vienen curvas.

Historias de Paco Sanz

UN BUENA IDEA

No dejo de pensar en ésto del encierro, porque eso del distanciamiento social todavía me da más grima… Ya no recuerdo donde lo leí, pero sí la canción que oí de Billy Holiday “Wrap your troubles in dreams” donde se decía aquello de que se podían transformar los problemas en sueños… Pues resulta que a mí ahora se me ha ocurrido una buena idea… Me asombra el páramo en el que se ha convertido nuestro mundo debido al simple hecho de que nos hemos apartado tan solo un poco de él… Metiéndonos en nuestras casas.

¿Lo veis…?

La industria del petróleo por los suelos. Los traficantes más vigilados. Las tan potentes industrias automovilísticas con un nudo en la garganta. Las putas sin trabajo; políticos y periodistas espantados… Las redes sociales haciendo de alcahuetas o de viejas de visillo… Las televisiones vendidas al mejor postor y traicionándose a sí mismas.

El turismo mundial arruinado. El transporte en la cuerda floja. Las empresas energéticas temblando; las tecnológicas no tanto… El mundo entero y casi todas sus grandes empresas y proyectos, todos por el suelo por el mero hecho de que todos, nos hemos quedado en casa… Todos.

Fijaros en el detalle; quedaros con él.

¡Tan solo permaneciendo todos quietos, hemos cambiado el mundo y de qué forma! ¿No os parece maravilloso…? ¿Veis el tremendo poder que hemos desatado?

¡Pues vaya un bodrio de novedad…!

“Simplemente dejando de comprar podemos provocar un tremendo quebranto a esas empresas que sostenemos, y que tanto se supone que han abusado de nosotros…” dijo un rojo célebre.

Deberíamos haber sabido ésto desde siempre, y nos habríamos ahorrado muchos de los disgustos que nos han dado tanto el comunismo como el capitalismo… Solidaridad. La huelga honrada, la huelga con razón, el antiguo concepto de la huelga por justicia… Huelga no para acomodar salarios como hacen los sindicados, sino para repartir la justicia como deberían perseguir quienes promueven huelgas justas…

Si abusan con el recibo de la luz, apágala y enciende verlas… Si te censura el Facebook que le den por culo, desinstálalo… ¿Que el whasap te toca los huevos? escribe cartas, postales, visita a tu amiga o llámala… Si tu coche todavía tira, dale… Si tu pareja te ama después de todo ésto no la cambies; y si la echas de menos díselo… Si todavía funciona bien no lo tires, porque lo nuevo muchas veces no es lo mejor sino solo lo nuevo…

Pero todo ello deberíamos hacerlo juntos, a la vez, como ahora… De golpe.

Porque dime de qué te sirve ahora ese nuevo coche sin pagar en el garaje, cuando el que cambiaste todavía estaba para tirar algún kilómetro más… Dime, de qué te sirve ahora ese monísimo vestidor lleno de ropajes, que solo te servían para que quedaseis bien el espejo y tú… Confiesa, que cambiarías sin duda esa horterada de vacaciones que tenias contratadas sólo, por abrazar a tu vieja y que no estuviese tan en peligro…

¿Tanto papel higiénico para qué…?

Mi único problema es que hoy me he quedado sin chocolate… Pero drogas hay muchas para soportar este encierro: el whisky y la lectura o el Pilates; acordarme muchas veces al día de mis hijas; escribir todo lo que pueda o llamar a mi madre; dibujar y cocinar; preocuparme de mi sobrina la enfermera y saber de mi otro sobrino en Madrid…. Mirar a Manuela.

Y escribirte, y acordarme también de ti mi amigo que estás leyéndome…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

mi empresa

Tenía cincuenta años entonces y ahora tengo cincuenta y tres, y no soy amante yo de dorarle la píldora a nadie; más bien al contrario, suelo ser bastante crítico con lo que me rodea, y con cierta frecuencia tengo el vicio de cultivar pequeños conflictos para mantener mi vida en forma…

Bastante más de un año dando tumbos laborales, y me llamaron para decirme que me iban a hacer una entrevista por videoconferencia. Y me preguntaron, que qué tal se me daba la tecnología…

No pude evitar el sonreir un poco al teléfono y el pensar, por el tono tan joven de la voz de aquella joven, que seguramente yo ya manejaba Photoshop, Coreldraw y Autocad; pirateaba y editaba vídeos; hacía mis pinitos con el diseño 3D y dominaba el paquete Office de Windows como un experto, cuando ella, no tendría ni ocho años… Solo lo pensé claro, y le confirmé que no habría ningún problema… Y no lo hubo, porque al día siguiente de la videoentrevista me enviaron un billete a Madrid para conocer las instalaciones de la empresa y hacer el típico curso de ventas… Uno más pensé.

Pero oye, fue entrar, y enseguida me gustaron aquellas estancias abiertas, pareciera que sin despachos, iluminadas y diáfanas y con un montón de jovenzuelos desperdigados por ahí… Una bulla constante de gente junta. No se parecía en nada a las empresas donde yo había trabajado antes… Esa apariencia de moderno trajín desordenado, he de reconocer que me conquistó… Olía a talento, a idea nueva cociéndose y a buen rollo.

Tardaron poco, en presentarme al tipo que más desprendía aquel fuerte olor a talento: un tal Guillermo…

Muy joven; cercano y asequible; con cara y aspecto como de adorable seminarista, hablaba con convicción fervorosa de innovación y de tecnología; de confianza y de compromiso; de equipo, y de cambiar el sector y tal… Parecía tener algo verdaderamente especial entre las manos, de eso no había duda… Creo, que era liderazgo.

Poco a poco sentí como que él, y esos jóvenes que no conocía de nada, ponían a mi disposición su entusiasmo y depositaban en mis manos, una idea genial en la que invertir mi energía laboral acumulada en aquellos tiempos de tumbos y desilusión… Un sugestivo proyecto de trabajo nuevo.

Luego, resultó que se superaron todas las expectativas, porque la fe mueve montañas y cuando crees en una idea, da igual cómo de cuesta arriba se ponga el camino que te lleve a ella; la buscas, la sigues. O más bien la persigues, porque la mayoría de las grandes ideas como la fe, parece que nunca se culminan del todo…

Érase una vez ese chico, Guillermo, y una chica llamada Carmen, que no sé en qué orden se equivocaron, pero el caso es que confiaron en mí para formar parte de la ilusión por esta empresa… Y digo equivocarse porque creo que por lo díscolo, tengo el dudoso honor de ser el miembro de la empresa que más warnings tiene… Pero por otro lado, creo también tener el honor cierto, de ser uno de los que más ha trabajado por esta empresa cobrando menos… Yo, ahí lo dejo…

Y por todo ello, yo, por esta idea igual plancharía huevos que freiría corbatas… Lo que hiciese falta.

Y gracias; es un honor navegar en este barco.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Salir, cómo salir

Historias de Paco Sanz

Salir, cómo salir. Esa es la cuestión. Fenómenos de membrana, de presión osmótica. A un lado y a otro de una membrana empezó la vida. Superficie hidrofóbica por un lado, hidrofílica por el otro. Vacuolas. Célula. Una parte mira hacia adentro de la célula, la otra hacia fuera. Se hace una vacuola, dentro, ¿hacia dónde mira la parte interior de la vacuola? Dentro de ella una muñeca rusa más. Está saliendo como los zen, hacia dentro, interior íntimo meo, superior superio meo, como San Agustín.

Mi padre en sus últimos días, cuando ya había que atarle a la silla de ruedas. Decía una y otra vez : y ¿qué más?, y ¿qué más? Pues bien como diría Atahualpa: “Teniendo rancho y caballo/ Es más liviana la pena/ De todo aquello que tuve/ Solo el recuerdo me queda./ Nada más”. A mi padre ni eso.

Veo que el hombre es tan inconsciente como el perro o el gato; habla debido a una inconsciencia de otro orden; se organiza en sociedad debido a una inconsciencia de otro orden. Me impresiona entonces, siempre que así siento, la vieja frase de no sé qué escolástico: Deus est anima brutorum, Dios es el alma de los brutos. Así entendió el autor de esta frase, que es maravillosa, explicar la seguridad con que el instinto guía a los animales inferiores, en los que no se divisa inteligencia, o nada más que un esbozo de ella. Pero todos somos animales inferiores -hablar y pensar no son más que nuevos instintos, menos seguros que los otros porque son nuevos. Y la frase del escolástico, tan justa en su belleza, se ensancha y digo: Dios es el alma de todo.

Y cada uno de sus dioses: silencio. Hay varios tipos de silencio. Está, por ejemplo el silencio que los poderes hacen reinar por razones políticas, el silencio de la reprobación moral o religiosa, el silencio cómplice que se impone a otro en nombre de la omertá. Son silencios restrictivos con el objeto de prohibir toda palabra, es el terrorismo del lenguaje.

Pero también existe el silencio de la saciedad, de la satisfacción del deseo, del apaciguamiento, de la felicidad sin palabras ni palabrería. Un silencio en la intimidad sin inquietud. En tercer lugar hay un silencio del fin, cuando todo se para por falta de voluntad o de energía. Es el silencio del “no hay nada más que decir”.

Pero existe también una cuarta forma de silencio, el del recogimiento que acompaña toda escucha. Escucha de otro o escucha de sí. Para esta relación entre el silencio y la escucha, que deja llegar la música, venir la palabra, es posible encontrar lugar en una habitación. Que no me hagan odiarla…

Porque a puerta cerrada, como en la obra de teatro de Sartre, el infierno son los otros. Una sociedad que maximaliza la digitalización sin prestar atención apenas a sus efectos negativos puede esperar dos consecuencias ya evidentes: No sabes lo que sabes, y empiezas a odiar a todo el mundo.

Historias de Paco Sanz

EN FRANCA RETIRADA

Historias de Paco Sanz

A los que nos había tocado retirarnos del mundanal ruido, y que además no necesitamos salir de casa para trabajar, eso de tener que quedarnos en ella es un mal menor. Si encima somos más asociales de la media, pues parece que nos estuvieran dando nuestro merecido. Aunque no es lo mismo no salir de casa o no relacionarse porque no quieres que porque no te dejan. Algunos a eso no le acabamos de ver la gracia. Así que en cómo lo estarán llevando los demás mejor no pensar.

El uso de metáforas bélicas para describir esta situación en la que estamos no es afortunado. Por mucho que estemos en franca retirada. La retirada ordenada de un posición insostenible es la quintaesencia del arte de la guerra; todos los buenos estrategas han sabido eso, y todos los bisoños lo han olvidado. Vamos cambiando de estado de ánimo, de maneras de aburrirnos como el hombre ante la muerte. Negación, ira, negociación, depresión, aceptación. Hay algo así en la sucesión de aburrimientos:

El indiferente: Uno se retira del entorno, se relaja, no está y está bien de esa manera. El de calibración: Uno no se plantea hacer otra cosa, pero tiene la mente en otro sitio, está algo incómodo, deja de estar satisfecho. El de búsqueda: Uno está inquieto, mira la salida, el móvil, hace lo posible por hacer otra cosa. El reactivo: Llega el mal gesto, el malhumor e incluso la agresividad. El apático: La persona resignada desconecta, se rinde resignada a su destino. Al aceptar la muerte o el confinamiento jugamos a eso.

Antes de que el del hospital te diga que no estás para intubarte a los jubilados ya nos habían sacado de en medio. Cuando el funcionario te dice que no puedes tener más sueldo que el de la jubilación lo que está haciendo es retirarte de la circulación, descatalogarte. Lo que en los pueblos se decía antes del que no tenía trabajo: “está de más”. De hecho antes en los pueblos no tocaban a muerto, “tocaban a clamor”. Para la misa de difuntos se tocaba un clamor. Cuando moría una mujer se tocaban dos clamores. Cuando moría un hombre se tocaban tres clamores. Cuatro, si se moría un sacerdote.

La verdad es que con eso de la pérdida de las libertades sí parece que estemos en guerra. Entre las libertades que de manera casi inevitable se pierden en tiempos de guerra se encuentra la libertad de desesperar a propósito del futuro del país en el que uno casualmente reside, e incluso del futuro mismo del ser humano. El pesimismo pasa a ser una suerte de traición; prevalece un optimismo casi obligatorio. Ayuda en la lucha.

En la Última Guerra Mundial a lo largo de cuatro años todo lo que se publicó en la prensa francesa como en la inglesa, tuvo que concurrir con un pronóstico optimista sobre el resultado final de la contienda. Las retiradas a gran escala y los desastres imprevistos e indeseables tuvieron que presentarse al público como si fueran parte de una estrategia general concebida con especial brillantez. Hubo que dar a entender que en la época de posguerra se fundarían formas y estructuras políticas capaces de garantizar a todos cierta media de prosperidad, de justicia y de felicidad. Y debido a una horrenda paradoja, fue preciso insistir en que si tantas vidas se habían perdido, la vida misma era algo que realmente merecía la pena.

En fin: “Qué descansada vida/ la que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que del mundo han sido”.

Historias de Paco Sanz

en cuanto salga…

Ayer fue un día melancólico, hoy ya veremos… En cuanto pueda salir lo primero que voy a hacer está muy claro: correré como un loco a ver a mis hijas…

Lo segundo que voy a hacer, será llevarme a Manuela de viaje por ahí aunque sea cerca o muy cerca; los dos solos… A infectarnos de nuevo una y otra vez; como hasta ahora, y como ha sido siempre entre ella y yo… Tengo una mujer de ésas que no me la acabo, y claro, no me canso de infectarme por mucho que nos sobemos…

Pero es más inquietante lo tercero que todos tendremos que hacer, como por ejemplo, cuando nos tengamos que ver frente a un amigo…

¿Nos quitaremos la máscara al hablar? ¿Le daremos la mano, subiremos en su coche o palmearemos su hombro? ¿Aceptaremos sin renuencia el pitillo que nos ofrezca; fumaremos acaso de su porro? ¿Nos dará solo cierta repulsión, asco, o nada…? ¿Cuánto de cerca nos situaremos al apoyarnos en la barra del bar? ¿Iremos acaso al bar…? Todos sabemos, que no se podía estar más cerca de los buenos amigos que en un bar; al menos para un español. ¿Pediremos caña, o por el contrario botellín que es más higiénico? ¿Necesitaremos mesas separadas para comer juntos…? ¿Podremos contarnos secretos al oído, o compartir el postre?

¿Me abrazará si lo necesito…?

Llamar mascarilla a lo que ahora quieren que nos pongamos, es una mentira piadosa, porque lo que desde hace algún tiempo necesitamos los españoles parece ser, que es más bien un yelmo para protegernos frente a nuestras propias guerras, o una verdadera máscara carnavalesca para escondemos tras el asco, la repulsión o el miedo… Llevamos mascarilla en vez de máscara o yelmo, en este asco de carnaval macabro donde ahora muere gente en guerra.

La peste bubónica, el tifus, la rabia o la viruela, te aseguraban una muerte horrible; este puto coronavirus parece como si se la asegurara a otros… No sabemos a quién.

¿Seguiremos desviando hasta la mirada al cruzarnos demasiado cerca unos de otros? ¿Saludaremos, o llegaremos hasta a evitar el saludo para no contagiarnos de saludar? Salud, saludar, dar salud… ¡Qué paradoja de palabra en este momento que nos toca vivir…!

¿Y si ya nos hacen trampas enmascarando las noticias, y encima nos enmascaran la expresión y la sonrisa, qué nos queda…? ¿La palabra? ¿Dios?

¿Sabéis qué? Yo sí…

Cada vez más.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

Ángeles. Leyendas.

Historias de Paco Sanz

Hay un viejo relato malgache que cuenta que al principio el hombre fue creado por dos dioses. El dios de la tierra lo hizo de madera o arcilla, el dios del cielo le dio la vida. Pero los creadores discutieron entre si, y por tanto cada uno volvió a llevarse lo suyo. Por esta razón mueren los hombres, lo que implica que la vida regresa al cielo, mientras el cuerpo vuelve a la tierra. Ahora con tanto quemar a los muertos parece que quisiéramos que también ellos, quiero decir sus cuerpos, subieran al cielo.

Ahora que tantos están necesitados de cuidados viene a cuento una vieja historia, que dice que al ángel bueno de los hombres se le ha llamado Cura, siguiendo una vieja fábula griega. Dicen que una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando cogió uno de ellos y empezó a modelarlo. Mientras empieza a darle vueltas a qué ha hecho se acerca Júpiter, que casualmente pasaba por allí. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer Cura poner su nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió diciendo que debería darle el suyo. Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre se levantó la tierra Gaia y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto era ella quien había dado parte para la misma de un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron para juez a Saturno.

Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu lo recibirás a su muerte; tú Gaia, por haber ofrecido tu cuerpo, recibirás su cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio por su nombre, que se llame “homo” puesto que está hecho de humus, tierra fértil. Cura prima fixit, Cura teneat, quamdiu vixit. Cura lo hizo, que lo tenga Cura a su cuidado. El “ser en el mundo” tiene la acuñación ontológica de “cuidado”. Nuestro ángel bueno, Cura, nos tiene a su cuidado.

Para Benjamin los ángeles eran creados por casualidad, entendía lo “efímero” como la verdadera actualidad. Una vieja leyenda talmúdica dice que los ángeles son creados (cantidades ingentes de ángeles nuevos a cada instante) para, una vez que han entonado su himno a Dios, terminar y disolverse ya en la nada. Lo efímero entendido como la actualidad que se conformaría en la presencia de Dios, que por ello sería verdadera. Ángelus novus.

Aunque haya muchas clases de seres seráficos, para hablar con propiedad, deberíamos distinguir entre: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potencias, Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los encargados de los asuntos humanos. Una manera más profana de aventurarse por los órdenes angélicos llevaría a distinguir los ángeles de las preguntas y los de los finales. Así podríamos hablar de Incentívere, Escónditur y Revelatio, los ángeles del enigma; Nullius, Anonadatis, Noseris y Terminatio, los de la muerte.

Pregunta el poeta: ¿Quién, si yo gritase me oiría desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel me cogiese de repente contra su corazón: ¿me desharía por su más fuerte existencia? Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos; y lo admiramos tanto porque como al desgaire desdeña aniquilarnos… Todo ángel es terrible.

Al final: “Como las rejas de una cárcel mi cama tenía/ los barrotes de hierro./ Trompetas finales sonaban en la noche/ sin luz y sin sueño./ Los ángeles blancos partían y venían volando /los ángeles negros”.

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El placer engendra

Historias de Paco Sanz

El placer engendra, pero el dolor da a luz. Supongo que es por eso que poner alguien a parir no es hacerle ningún favor. Por lo visto eso viene de que cuando la gestación se terminaba iba la gente a tu casa para ponerte nerviosa y así te ponías a parir de una vez por todas. Y lo conseguían diciéndote todas las cosas que se habían callado para que pudieras gestar como Dios manda.

¿Está a término ya la nueva sociedad post pandémica? Igual aceleramos su llegada a base de poner a parir a los que la han gestado. Quiero decir a estos “expertos sanitario políticos” que han llegado a hacerlo tan mal. Han hecho lo que han podido. Vale. Pues que sigan otros, por favor.

Cuando vimos que los chinos desinfectaban paredes, cuando supimos que el portador sano supercontagiador era posible, cuando vimos lo que se nos venía encima empezamos algunos, en mi familia no soy el único que de estas cosas ya sabía un huevo antes, a decir a los que creíamos que tendríamos que estar haciendo más ante lo que se avecinaba, que no estaban haciendo nada. Llegaron tarde y mal, pobres de nosotros.

Malos días para estar al cargo del gobierno, desde luego. Vamos a ver, me he pasado gran parte de mi vida profesional llevando una mascarilla en la cara. ¿Por qué nos mintieron, por qué van nuestros políticos sin ellas y los chinos no?, ¿es que son más listos? No, amigo, son más tontos. Cada vez que oía a un sabio de esos decir que no servían para nada, y a continuación rematar diciendo que sólo servían si estabas contagiado me daban ganas de levantar la voz. ¿Cómo sabes que no lo estás, que no estás contagiando a los de tu alrededor, majo?

Esta gente, de números hace como si no entendiera. Entiendo que si han llegado tarde a lo de las mascarillas mejor que digan que no hacen falta para que no le falten al personal sanitario. Pero es que no ha habido ni para ellos. Los problemas de logística son problemas de intendencia cuando vienen mal dadas, ¿nadie se lo había dicho? Cuando las cosas no iban tan mal, pero los que estaban en primera línea no tenían mascarillas, veo al farmacéutico de mi pueblo con una sonrisa de oreja a oreja; qué pasa, le pregunto, pues aquí estoy, timando a la gente, ¿y eso?, pues ya me ves, vendiendo mascarillas a diez euros.

Siempre me ha parecido un desastre que la física pretenda engendrar a las matemáticas, pues las matemáticas pretendiendo parir a la filosofía todavía da más grima. Pero para ponerse a llorar, los filósofos haciendo política o los políticos yendo de economistas. Cada vez más abiertamente la economía “paga” la política. Y se muestra orgullosa de ello. Y de vez en cuando da miedo para que se la tema. Nada le gusta más que ver con qué prudencia hablan de ella los políticos, y lo mal que llevan la intendencia…

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mi primer coche

Desde finales del verano de aquel año estuve currando hasta de albañil; y convenciendo pacientemente a mis padres de que con mi dinero, iba a hacer lo que me diera la gana…

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Compré aquella tartana con urgencia porque acababa de conseguir un buen trabajo en Alicante, a cuarenta y cinco kilómetros de casa; necesitaba sí o sí un coche para trabajar… Al final tomé la decisión, digamos que precipitada, de elegir un ajado Simca 1200 modelo TI, del año 1974, creo… Una máquina de cincuenta y cinco caballos algo ausentes eso sí, pero que en aquella época colmaban de sobra mis novatas aspiraciones automovilísticas. Lo encontré en un rastro y me costó el equivalente a mil euros de hoy… No había ahorrado absolutamente nada de mi magro sueldo, y tuve que comprar aquella joya a plazos; poco a poco, semana a semana, pagué por adelantado y en billetes el equivalente a los quinientos y pico primeros euros…

Era ya la víspera de la nochevieja de aquel año y quería conducir ese coche ya… Sí o sí. Por ello, con lágrimas fingidas de bisoño veninteañero y al tiempo que depositaba en su mano un muy esforzado fajo de billetes, supliqué al Rebagliato ¡que por Dios! me dejase disfrutar de mi anhelado vehículo pese a los poco más de trescientos euros que todavía le debía…

Argumenté insistente y lastimosamente: que si era la víspera de nochevieja; que si ligaba menos que el chofer del Papa; que si yo era formal ¡y qué coño! éramos del mismo pueblo; que si necesitaba echarme una novia con muchísima urgencia… Le rogué abiertamente que se apiadara, y se fiase de mí en definitiva, porque me moría por agarrar aquel volante…

Clavando sus amenazantes ojos azules en los míos, tras advertirme de la deuda que con él quedaría por saldar, El Rebagliato cedió a mis súplicas entregandome las llaves con renuencia; refunfuñaba, y mascullaba no sé qué de que iría a mi casa a final de mes, si no le pagaba según lo acordado…

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Dioooss qué gusto el clavarle el pie al acelerador de aquél mi primer coche. La mejor nochevieja hasta el momento: por fin tenía vehículo… Y no paró un momento de llevarme de fiesta en fiesta, de un lugar a otro. Pim pam, pim pam… Nos repartía sin descanso por doquier hubiera un sarao, o una juerga de cualquier tipo fuera nochevieja, año nuevo o día de reyes… Se portó como un campeón.

Pero llegó el día ocho de enero, y empezó el primer día laborable de mi primer contrato laboral con mi primer coche… Ahora tocaba probar de veras la solvencia mecánica de mi joya, ya que tenía que hacerle ciento y pico kilómetros todos los días…

Pantalones de tergal, corbata, chaqueta y frío, mucho frío. Aún recuerdo aquellos primeros viajes de ida, somnoliento, por la carretera de la Úrsula y rumbo a la calle Reyes Católicos en pleno centro de Alicante; y un enorme plano callejero de papel desplegado sobre mis rodillas. Toda una aventura a mis veinte años… En aquella época se podía aparcar casi en la puerta del establecimiento al que te dirigías; eran otros tiempos…

Pero, en especial, vienen a mi memoria los viajes de vuelta… Ya por la tarde, ya sin sueño. Alentaba mi inexperto espíritu de piloto el hecho, de dominar los inquietantes temblores del volante de aquel coche al tomar con cierto arrojo las curvas traicioneras de la carretera. Ignoraba por completo el inminente peligro que aquellos tembleques aseguraban…

Llevaba poco más de quince días dándole caña a aquella joya mecánica con mis trajines laborales… El Rebagliato me dio las llaves del día 30 de Diciembre; por lo que no habrían pasado apenas ni cuatro semanas desde que tenía coche…

Arranqué el motor aquella fría mañana de Enero, y aunque áspero, el ruido de aquel desperezar mecánico no presagiaba el desastre que se me avecinaba… El Simca carraspeaba en frío y se arrastraba tremolante y lento por la vieja carretera de Dolores… Así, hice unos tres kilómetros hasta que llegué a la altura de la sempiterna gasolinera, a partir de la cual, una ligera cuesta de la carretera advertía del cruce con la hoy desaparecida vía del tren…

Fue al cruzar aquel paso a nivel… Algo extraño al frenar, un quejido metálico, como un golpe quebrado hacia abajo… Una breve caída y un arrastre… Los vaivenes y la inercia del coche al cruzar las destartaladas vías terminaron bruscamente, en seco; como cayendo…

fotos simca (2)

Noté que mi culo quedó sentado casi a ras del suelo. Estupefacto y algo asustado salí del coche; la puerta arrastró en el suelo al abrirla, y al incorporarme por completo -casi tuve que salir a gatas- vi las ruedas delanteras. Ruedas como abiertas de piernas, desvencijadas… ¿Y el motor…? También en el suelo con los soportes retorcidos y vencidos. El chasis mostraba unas soldaduras infames, que desgarradas ahora, habían ocultado la estafa, la ruina y el riesgo que el conducir aquel vehículo suponía… Mientras, los humores intestinos de aquel motor caído, se derramaban lentamente, como una hemorragia negra sobre las traviesas mojadas de la vía.

Tierra, trágame…

Era hora punta, y se formó una cola tremenda de coches exasperados por la extrañeza y las prisas; bocinazos tensos, nerviosos; gritos, muchos ternos… Qué vergüenza…

Yo, pantalones de tergal, corbata, chaqueta y frío, mucho frío… Con fingido gesto impasible, entré casi a rastras de nuevo en el coche a recoger solo mi agenda. No paraban los bocinazos… No recogí por dignidad ni la documentación, ni el aparato de radio, ni los casetes, ni ningún otro chisme de los que llevaba en el coche. Ni siquiera quité las llaves ¿para qué…?

Resultaba un espectáculo patético; más bocinazos… Cerré el coche con un impotente portazo de rabia, y totalmente abochornado comencé a caminar estoicamente en dirección de vuelta al pueblo, con la poca dignidad que todavía me podía permitir…

Andando enrabietado caminito de mi casa y al pasar frente al taller de los Albaladejo, vi, y compré en ese mismo momento, un Seat 131 Supermirafiori 1430 de gasolina azul, bonito; también de segunda mano… Me lo quedé con urgencia, sin regatear, con la sola condición indispensable, de que recogieran sin falta aquel despojo de chatarra que embotellaba la carretera, y de que se deshicieran de él lo antes posible… Nunca más quise saber nada de aquel coche.

Por supuesto, no pagué el dinero que me faltaba pese a que El Rebagliato, aún a sabiendas de mi percance con la joya, tuvo la desfachatez de venir a mi casa en un par de ocasiones a exigirme que terminase de pagarle…

Casi, terminamos mal.

Me duró, creo que veintinueve días el coche…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

frente al virus, conclusiones

Día no sé cuántos, de la veremos a ver si solo cuarentena…

PRIMERA CONCLUSIÓN

Somos simios, fuimos monos… Todos tenemos miedo a morir, y al hambre; aunque desde siempre sepamos que miedo y hambre son algo natural, intrínseco a nuestra existencia… Nos hizo bajar de los árboles el miedo a morir de hambre; y nos obliga a volver a subir a esos mismos árboles, el miedo a morir devorados por el miedo al hambre de los demás…

SEGUNDA CONCLUSIÓN

Nuestro estado autonómico hoy es una verdadera mierda porque nos separa y no nos protege. No nos une; no nos sirve… Lo divide todo; lo empequeñece…

TERCERA CONCLUSIÓN

El miedo a morir es relativo porque yo no lo tengo tanto, tal y como está el mundo… Lo que sí da miedo, es tener que morir sin posibilidad de luchar. Mi tío Miguel siempre decía que lo que más temía en este mundo era a la decrepitud… Y dado cómo de mal están muriéndose los que son tan viejos como lo era él entonces, se ve que tenía razón…

CUARTA CONCLUSIÓN

Los españoles somos ciudananía adorable, como colectivo autonómico, como Nación, o como nos salga del capullo… (nóteseme la ironía)

¡Que se dejen de Ostias…! Solidarios, viejos como pueblo y duros, nos queremos mucho los españoles; y somos capaces de asumir casi cualquier sacrificio por el prójimo próximo, y por el prójimo lejano… Una vez dominamos el mundo, recordadlo.

Y QUINTA CONCLUSIÓN

Casi la totalidad de nuestros políticos son basura fermentando; como así mismo lo son muchos periodistas listos… No nos sirven, se sirven; de nosotros claro… Y si huele tan mal lo que nos dan, seguramente es mierda. Pensadlo.

Que no nos engañen…

¡VIVA ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…..

El mundo ha muerto

¡Vaya mieeerda…!

Tengo la tele enchufada y tan solo asoman noticias pagadas, falsas, putas; programas viejos y tiempo muerto, mucho… Da igual el canal que pongas. Nuestras televisiones son una extensión de la sociedad que las genera y su escaparate… Y, ya no la totalidad de las televisiones sino también casi todo el periodismo actual, son en general una verdadera sentina llena con mierda de intereses espurios, a rebosar de cagadas de rata…

“Si un traidor puede más que unos cuántos,/ que esos cuántos no lo olviden fácilmente…”

Pues yo, no me resisto a irme. Me voy, me bajo…

Me voy directo a la rebeldía de mis letras. Voy, a refugiarme tras el parapeto seguramente erróneo de mis convicciones, de mis creencias e instintos más profundos. Dice mi maestro Paco Sanz algo así como que escribir es pasear, o algo así debería ser… Fluido, rítmico, agradable. Algo, que te permita respirar mientras lo practicas porque no ofusca el habla, ni el pensamiento, ni la atención; porque son precisamente estas tres habilidades las que marcan nuestros pasos con las letras… Atrapar con la atención lo fugaz del pensamiento, para que haga pensar a otros atentamente; y todo ello sólo con el habla…

Tengo la infinita suerte de que este infierno de encierro me haya pillado junto al amor de mi vida; beatífico, redentor… Las penas son menos si te pillan unido muy fuerte a la mujer con la que quieres futuro… “Se pare el mundo que yo me bajo,/ si no te puedo ver…”

Pero es curioso ésto del amor porque echo de menos también muchos otros amores, ésos que corrían por las calles… Vosotros. Vosotras mis hijas alejadas. Nuestros hijos. Nuestros viejos padres enclaustrados por el peor miedo posible, que no es otro que el de perderlos inmediatamente…

Extraño tiempo éste que en el siglo XXI, nos exige sacrificios ascetas en medio de tanta tecnología… Claustro, resignación, paciencia y silencio; y el que sepa: oración, comedimiento, análisis, reflexión…

Eso solo le pido a Dios…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

esperar…

Historias de Paco Sanz

Estamos en unos días en los que la vida tal como la habíamos conocido se ha terminado, y mientras la que la que va a seguir no se ha presentado, se ha quedado con nosotros la supervivencia, su necesidad. De momento buscamos, como animales enjaulados, escondrijos en nuestras propias madrigueras. Los de mi casa pasamos más tiempo cada uno en una punta de lo que lo hacíamos cuando podíamos salir de ella. Los que se han quedado solos en casa sin poder salir supongo que no necesitarán jugar al escondite.

Uno de los supervivientes de los 33 mineros que estuvieron encerrados bajo tierra durante 69 días en el accidente de una mina en Chile en el 2010, declaró, más tarde, que la posibilidad de esconderse en las galerías le había salvado. A pesar de que el contacto con el exterior quedó cortado, los mineros podían “desaparecer” entre los rincones y permanecer a solas cierto tiempo. También los astronautas explican una y otra vez que echan en falta, sobre todo, la soledad.

En uno de esos relatos de ciencia ficción que me encantaba contar a los niños cuando todavía los tenía a mi cargo, la protagonista está en manos de un asesino del que sabe que no va a poder librarse, que va a acabar matándola. Se sabe todos los trucos, la pilla se esconda donde se esconda. No se le ocurre otra cosa que abrazarse a él y caer con él en un pozo de tiempo de esos en los que un segundo fuera allí dura un año. Allí uno no puede moverse, ni ver, ni oír nada. La protagonista tiene subsuelo, se le ocurren muchas cosas que pensar, el asesino es un hombre de acción, cuando salen del pozo a él se le ha frito la cabeza y ella sale con ganas de escribir un libro, de empezar a vivir la vida de otra manera.

Bueno, pues en nuestro pozo doméstico hay que caerse así, confiando en saber esperar. La espera no es simplemente un paso del tiempo que hay que atravesar, sino una condición de nuestra existencia. En la espera, el tiempo penetra en nuestros cuerpos: somos el tiempo que pasa.

Esperamos aunque no seamos conscientes de que estamos esperando. La espera es una oportunidad para enfrentarse a esos aspectos de la vida que permanecen más profundamente escondidos bajo nuestro ajetreo diario. Si conseguimos reivindicar nuestra experiencia de la espera, en lugar de sentirnos sólo sometidos a ella, estaremos resistiendo bien: tenemos nuestro propio tiempo, le reconocemos su valor, nos damos valor. En la espera al oír la íntima melodía de la duración, conseguimos armonizarnos con nuestro ser.

He vivido la llegada de los microprocesadores como si los cuentos de ciencia ficción de mi juventud se hubieran hecho reales. Las ciudades desiertas por una pandemia las había también imaginado en ese tipo de cuentos, el que me haya tocado vivir a este otro lado de la realidad antes de morirme una situación como ésta, ha sido toda una sorpresa.

Historias de Paco Sanz

PRESENCIA DE DIOS

Historias de Paco Sanz

Siempre he pensado que la mejor prueba de la presencia de Dios es la necesidad de agradecer; que el no poder dar las gracias a nadie ni a nada por nuestra alegría, por las buenas cosas de la vida, o al menos por nuestra no tan mala suerte, es una pena. Usar la idea de Dios para otras cosas, como por ejemplo para encontrar sentido a la vida me parece conformarse con un Dios de rebajas, es algo así como creer en su existencia.

En cuanto a la idea de Dios como artífice de castigos y condenas me parece tan repugnante como el rebrote del nacionalismo en Europa ahora que vienen mal dadas. Mis antepasados por la línea paterna en las tierras altas de Soria, que cinco generaciones arriba eran pastores, solían dirigirse a sus hijos llamándoles cariñosamente: “¡Hijo de un condenao!” Y a mi querida compañera de vida y actual amante le ha sonado siempre algo blasfemo decir: “¡Dios te ha castigao!”

En fin, condena o castigo, de Dios o del Azar, que así algunos a Dios le llaman, la peste ha venido; y un poco como la primavera, nadie sabe como ha sido; se ha presentado porque sí.

La manera de morir de estos apestados parece hacer innecesaria la presencia de Dios. Eso de poder agradecer va bien para poder despedirse, para poder morir bien, como Dios manda. El ver cómo se están muriendo estos días nuestros mayores es como para ponerse a llorar. Como diría Campoamor “se ha muerto porque sí otro canario viejo”.

Cuando España era un imperio, Felipe II ordenó que se construyera cerca del Escorial un hospital cuyo reglamento preveía entre otras cosas: “Para dar la extremaunción a los moribundos, que se disponga una habitación aparte, a fin de que ese espectáculo no afecte a los otros enfermos… Cuando uno de ellos está agonizando, que se haga sonar una campana, para que en el monasterio y en el pueblo se rece por él y no muera como una bestia”. Ahora no se puede. Ya no nos preguntamos por quién doblan las campanas; las iglesias, esos monumentos funerarios a Dios, están cerradas, abandonadas, calladas.

Ahora sí que está quedando claro que en esas ciudades vacías, silenciosas como en una película de ciencia ficción, estamos de funeral. Celebrando el funeral del mundo de antes de lo del maldito virus y la madre que lo parió. El ocaso de ciertas teorías se produce por muerte lenta, y si procede tan despacio es porque, como apuntó en su día Max Planck, los investigadores más veteranos suelen aferrarse a las viejas maneras de hacer ciencia. “La ciencia progresa de funeral en funeral”. La física que aun desconocemos tiene mucho margen para ponerse en contra de nosotros. La biología, por lo visto, más todavía.

Vuelvo a mis cosas esenciales, al despertar de las viejas poesías que permanecían dormidas en los recovecos de la mente, al ver lo que veo desde mi ventana: “Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora,/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa./ De su invencible gente,/ sólo quedan memorias funerales/ donde erraron ya sombras de alto ejemplo./ Este llano fue plaza, allí fue templo,/ de todo apenas quedan las señales”.

“Yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,/ y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma/ … y aquel que camina una sola legua sin simpatía camina amortajado hacia su propio funeral./ Yo digo a todos los hombres y mujeres: Serenad y componed vuestra alma ante un millón de universos”. Walt Whitman cantándose a sí mismo.

Historias de Paco Sanz

carta a mis hijas

Llevo, casi un mes sin poderos ver y es lo que peor llevo… Y es cada vez peor porque pareciera que incluso nos vamos acostumbrando.

Pero por hablar de otras cosas, no sabéis lo significativa e importantísima que es para mí la noticia de esa vuestra decisión, sólo vuestra, de que para aliviar esta mierda de encierro, os haya dado ahora por el deporte… ¡Ahora! ¡Qué chocante! ¡Qué cosas…!

Siempre fue el deporte una de vuestras aficiones digamos menores (nótese la ironía) Y resulta que ahora motu proprio, afrontáis ésta que está cayendo con lo de la cuarentena, siendo capaces, de retorceros bruscamente y cambiar vuestros hábitos, gustos, deseos… Os adaptáis.

¿Pues sabéis qué…? Que en estos casos se hace justo así, y vosotras, ya lo habíais hecho antes… Acordaros, cuando hace unos años fuimos caminando, juntos, casi doscientos kilómetros hasta Santiago de Compostela… Recordad, que tuve el cuajo de haceros dormir a la intemperie pero al abrigo, del soportal de aquella pequeña ermita; tan cerca, de las bonitas tumbas de su coqueto cementerio… Sumábais, entre las dos poco más de veinte años y esa noche a la luz de la luna sacasteis, allí y entonces, vuestro carácter… Y contándonos historias nocturnas me enseñasteis así la madera de la que estábais hechas… Y me gustó. Y no me sorprendió el comprobar la nobleza, la resistencia y el verdadero valor, del material que os conforma como personas… Dormimos; mal pero dormimos… Y al día siguiente, visteis también el sufrimiento de cara en la fortísima subida al Cebreiro; aquella pájara mía, nos lo hizo pasar verdaderamente mal… Pero, finalmente cada uno subió su mochila.

No se me podrá olvidar tampoco nunca, cuando le disteis a aquel desvalido la última lata y el único panecillo decente que nos quedaba… Lo visteis escarbar en el cubo de la basura y saltasteis, cual resorte, para que le diésemos de comer a ese pobre hombre al precio que fuera… Menos mal, que aún nos quedó para los tres poco más de un palmo de aquella salchicha inolvidable, y sobras de mendrugos de pan ya duro…

Ánimo Mis Amores, ánimo… Sabéis, que las soluciones a los problemas que se nos plantean, casi siempre las tenemos dentro, a veces sin saberlo; latentes, agazapadas, listas para ser puestas en marcha… No sé cómo ni cuándo terminará ésto, pero precisamente por eso huid del anquilosamiento y de la desidia, estudiad mucho y leed; no penséis tanto; y que no os dé miedo equivocaros porque es requisito imprescindible para acertar de vez en cuando. Ya tendréis tiempo…

¡Cuántos “os quiero” que siento que os debo…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

La culpa…

Historias de Paco Sanz

¿Quién ha tenido la culpa? ¿A quién le vamos a cargar el muerto, los muertos? Paso lista: a los chinos, a los gobernantes, a la globalización, al capitalismo, a la ignorancia puñetera… a la mala suerte, o como dicen en los test: ¿Todos los anteriores? La verdad es que no es el mejor camino para encontrar un sentido a la desgracia eso de buscar culpables, pero a veces no hay otro. Encontrar culpables es castigar tierra sorda.

Personalmente buscar culpables me parece tan tonto como decir que ya te lo dije. Hay tantos culpables como gente que ya lo había dicho, al menos. Las cosas hubieran podido ser de otro modo, es posible. Saber por qué han sido como han sido igual hace que el que vuelvan a pasar sea más difícil, también es posible. Decir que todos son culpables implica decir: “Pero yo menos que vosotros puesto que lo digo”. Como aquel sabio que decía que no sabía nada y se esforzaba en mostrar que sabía más que los demás.

Esos pobres científicos que han estado fingiendo saber lo que decían desde el trampolín, desde ese sitio que mejor que no te pillen meando. Esos pobres gobernantes que han tenido que estar al frente de todo estos malditos días… mejor fijarse en mi vecino, que cuando sale a fumar a la terraza y le digo la de compañeros que han caído enfermos por falta de material, de información, me pide que baje la voz. Tiene más años que yo y si le llaman para reincorporarse al hospital irá, y mejor que su mujer no lo sepa.

Necesitamos hablar de gente así. Y no andar buscando culpables. Necesitamos premios no castigos. Porque queremos aprender, no hacer mala leche. Resolver el asunto lo mejor posible, no vengarnos. La mayoría de los hombres no son malos. No tienen tiempo de ser verdaderamente malos. Se vuelven malos y culpables porque hablan y actúan sin imaginarse el efecto de sus propias palabras y actos. Son sonámbulos, no malvados.

Decía Camus, cuyo libro “La Peste” se está vendiendo y descargando ahora más que nunca que: “Estamos en una época en la que los hombres, empujados por mediocres y feroces ideologías, se habitúan a tener vergüenza de todo. Vergüenza de sí mismos, vergüenza de ser felices, de amar y de crear. O sea, que hay que sentirse culpables. Se nos arrastra al confesionario laico, el peor de todos”.

La psiquiatría tiene la tendencia a despsiquiatrizar al enfermo y psiquiatrizar a la sociedad, aquí como en otras cosas se empieza por buscar causas y se acaba encontrando culpables. La enfermedad llama a algunos enfermos como los remordimientos a los grandes culpables.

Historias de Paco Sanz

La alegría…

Historias de Paco Sanz

Escribir como si leyeras, leer como si escribieras, vivir como si comprendieras, comprender como si vivieras. Pero algo hay que hacer, por mucho que nos digan, que nos digamos, que no se puede hacer nada. Conatus, la palabra con la que Spinoza designaba la voluntad de perseverar en su ser de todas las criaturas. Que no falte. Que nos pillen haciendo por mejorar.

Intento adivinar eso del tener que quedarse en casa, esa devastación que nos encontraremos al salir, cómo nos va a cambiar. Pienso que va a cambiar la manera de entendernos a nosotros mismos, que nos espiritualizará y politizará de manera que acabaremos siendo distintos, y distintas serán nuestras instituciones.

Cuando la espiritualidad adquiere protagonismo, cuando hay que quedarse en casa sin hacer nada, lo místico parece volver; lo político, lo identitario, lo laboral se quedan sin patrimonio. Se impone el believing without belongin de los individuos y la inquietud cunde entre nosotros. Es como si los muy politizados no quisieran ser representados. Como si a los compradores compulsivos ya no pudieran vendernos nada.

Cuando uno empieza practicar la meditación, lo primero que se encuentra son las molestias corporales, lo segundo son las distracciones mentales y lo tercero las heridas del alma. Tanto las molestias, como las distracciones y las heridas nos van poniendo más y más nerviosos. De ahí que huyamos del silencio. Que no podamos aceptar la falta de estímulos. El que busca su verdadero rostro, que se tranquilice pues lo hallará convulso de inquietud, con los ojos desorbitados. “Caracasa, ¿tiemblas?”, decía Turenne camino del cadalso, “¡más temblarías si supieras dónde te llevo!”

Durante el ocio la existencia vaga por el mundo lejano y ajeno, para apropiárselo sólo por su aspecto, para quedarse mirándolo de hito en hito, mira a lo lejos, desde la distancia: ve la televisión. No busca demorarse observando, sino la inquietud y la excitación de lo permanentemente nuevo y la alternancia de aquello con lo que se encuentra. La existencia zapea por el mundo.

¡Huye! Me decía antes de que por los muchos años y por los malos microbios, me hayan obligado a quedarme en casa. Huye, que sólo el que huye escapa. Pascal advirtió ya de la desorientación vital que suponía la huída permanente. Porque la huída, como tránsito de un entorno hostil a un entorno propicio, debe conducir a la felicidad, no a la inquietud, una inquietud que a su vez impulse a una nueva huida, y ésta otra vez a la inquietud, y de nuevo a una huída, en una repetición incesante. A esta huida permanente la llamó Pascal divertissement (que se ha traducido por divertimento), y por agitación, alienación, y que probablemente resulte más preciso llamar aturdimiento. Según él la única cosa que nos consuela de nuestras miserias es el aturdimiento, y, sin embargo es la más grande de nuestras miserias. Porque es lo que nos impide pensar en nosotros y lo que nos hace perdernos ‘insensible mente’.

Quisiera como Spinoza ver si pillo alegría, su idea de ella: “Tras haberme enseñado la experiencia lo fútil y vano de todas las cosas con que tropezamos de ordinario en la vida corriente, y habiendo comprobado que los motivos y objetos de mis inquietudes nada tenían en si mismos de bueno o malo, sino solo en cuanto el alma se veía afectada por ellos, me determiné a averiguar si había un verdadero bien capaz de comunicarse, por el que el alma pudiera verse afectada con exclusión de todo lo demás; si existía realmente algo cuya adquisición me hiciera poseedor de una alegría continua y suprema para siempre”.

Historias de Paco Sanz

Se están muriendo

Historias de Paco Sanz

En mi entorno hay cientos de sanitarios que han pasado a la reserva. Acabo de recibir una comunicación del Colegio de Médicos felicitándose por tener tantos colegas que han salido de sus escondrijos y han dado un paso al frente. En el caso de los jubilados tiene doble mérito. Sé que a determinadas horas la gente jalea a los que siguen en el frente dando la cara. Incluso se ha dicho, pero ya en tono de broma, que habría que buscar también una manera de aplaudir a los maestros. Que nos permiten seguir queriendo como queremos a nuestros hijos.

En la Guerra Civil Española los alféreces provisionales cayeron como moscas. Terminé como alférez mi servicio militar. Pero nunca sentí que se ponía mi vida en peligro. Bueno, sí, una vez en un ejercicio con granadas. Tampoco he sentido estar sometido a mucho riesgo laboral en clínicas y hospitales. Para muchos esto ya no va a ser así. He perdido dos compañeros cercanos. Uno de laboratorio, manipulando mal un placa de Petri con meningococos. Otro al que un paciente psiquiátrico “le entró” con unas tijeras. Pero nunca pensé que eso pudiera pasarme a mí.

¿Dónde está el frente? En el sufrimiento, claro. No hace falta ser budista para entenderlo así. Los que andamos siempre buscando el sentido de las cosas sabemos que el sufrimiento no tiene sentido. La responsabilidad moral frente al sufrimiento estriba en nuestra capacidad de prevenirlo, aliviarlo, acompañarlo y utilizarlo, huyendo de la fantasía de que con nuestra intervención podemos controlarlo en todos sus componentes, circunstancias e intensidades. Debemos evitar caer en el “encarnizamiento moral” que supone la fantasía y la voluntad de dar a cualquier precio un sentido al infortunio. El “hospital sin dolor” puede ser un objetivo, pero perseguir “el hospital sin sufrimiento” no deja de ser una falacia.

No hace falta tener conocimientos de medicina para presentarse voluntario en un hospital en tiempo de pandemia, hacen falta un par, y por decirlo con menos crudeza: Ser bueno. Porque, a ver, ¿qué es bueno? Ser valiente es bueno. Aunque todos los valientes no lo sean, claro. Pienso en los dictadores de los que más he sabido, en Franco y en Hitler. Gente con un par.

Dicen que Amazon no va a distribuir más el Mein Kampf. Es un libro estúpido, no se merece esa propaganda. Cuando lo leí me quedé con la idea de que ese tío era idiota. Sin embargo hay un pasaje del libro que no he olvidado: “El hombre que ha nacido para ser dictador no es obligado a ello; quiere serlo. No es llevado, sino que va por sí mismo. No hay nada inmodesto en ello. ¿Es inmodesto que un trabajador pida un trabajo duro? ¿Es presuntuoso que un hombre dotado de la elevada inteligencia de un pensador cavile durante las noches hasta dar al mundo una invención? El hombre que se siente llamado a gobernar un pueblo no tiene derecho a decir: si me queréis o me llamáis yo cooperaré. No, su deber es dar un paso al frente”.

Nuestros hogares se han convertido en refugios para la guerra microbiológica que está teniendo lugar… fuera. En ellos el frente es el aburrimiento. Sin embargo habría que entender mejor el aburrimiento. Aprender a dejar pasar las horas, a no sentirse mal frente al vacío. Este no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento y la tristeza y la depresión está el frente… en casa.

Historias de Paco Sanz

ES LA GUERRA

Si la única forma que hay de luchar en esta guerra contra el coronavirus es quedarme en casa, voy de culo… Pero porque es la peor de mis guerras posibles ya que siempre he tenido serios problemas para estarme quieto… No estoy acostumbrado a la guerra, pero jamás la he rehusado si la he creído necesaria… El problema para mí de esta lucha en la que estamos, es que permanecer quieto parece ser que es la única arma… Y no soy yo alma inmóvil sino más bien culo de mal asiento.

Con ochenta y cinco años mi madre se muere; pero eso no es lo importante. Todos moriremos; yo, llevo muriéndome cincuenta y tres… El problema, es si tener muchos o pocos años de vida es, condición sine qua non para que te mueras… Pero porque sería ésta una condición que nunca lo ha sido; sería humanamente injusta… La gente desde siempre se ha muerto sólo cuando le llegaba su hora… Por ello, la muerte nunca ha sido cosa de calendarios sino de relojes…

Que se mueran los viejos siempre nos ha parecido que era lo normal. Sin embargo, siempre hemos deseado entre comillas una muerte digna. Aunque obcecados por vivir mucho, morir joven siempre nos ha parecido algo como ejemplar; morir en la flor de la vida… ¡Vaya tontería!

Pues resulta que a día de hoy, mi madre está en la flor de su vida y eso que acaba de enviudar… Tiene la lucidez que ya quisieran muchos treintañeros; la experiencia necesaria que casi ninguno tenemos; la fortaleza mental que a su edad todos desearíamos; y todavía ese instinto maternal, que hace de nuestras madres esas personas imprescindibles para sentirnos seguros… La única ventaja que le tengo, es el tiempo que se supone nos queda a ella o a mí… ¿Pero qué importancia se supone que tiene eso del tiempo…? ¿Acaso es algo tan cierto, y por ello tan importante, lo del tiempo…? Yo, creo que no.

Los viejos en el fondo, siempre han sido más útiles que los jóvenes pero por el simple hecho de que no creaban problemas aparte de los de salud; es más, bien al contrario, solían tener las soluciones… Y desde siempre tras las guerras solo quedaban, para recordarlas, los viejos inservibles para ellas… Lo trágico de esta guerra es que son ellos, los viejos, la primera línea de trinchera; ponen ellos casi solos todos los muertos. Peligra por ello el recuerdo de los viejos; peligra tal vez la civilización…

Mierda de guerra que no me deja luchar…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Ooolé España…

Ooolé esta España nuestra aunque confinada en sus aposentos… España ahora sólo de balcón y aplauso, de buen o de mal humor, y resignada pero con cojones… Sí, cojones. Seguro, porque hay muchos españoles que como yo están sin ver durante demasiado tiempo a sus hijas, y nos sobrarían redaños para infectarnos o morir si hiciese falta solo por verlas, porque ya no sabe uno cómo pueda terminar esto…

Peeero… El otro día caí en la cuenta de que lo esencial no soy yo, ni los locos como yo; que no es cosa solo de cojones ni valentías; que lo importante son ellas, mis hijas… Que lo importante son los otros; es decir, nosotros; todos nosotros. Es vital que salvemos lo que justo ahora, tanto echamos de menos: ese cruzarse y mirarse en una acera, pararse y saludarse; y besarse; acercarse y tocarse sin temor a esos menos de dos metros y medio… No sé si llamarlo precaución, sumisión y miedo; o valentía, respeto o solidaridad; no sé… pero diría que me inclino más por lo segundo.

¡Mierda coño! Os echo de menos. Mucho… Os quiero, y vamos a por el bicho ése al precio que sea.

Dependemos de la fluidez del cuello de botella que supone, la humana capacidad y de medios de nuestros héroes sanitarios. Somos limitados querámoslo o no…

Y estoy ahora acordándome de mis sobrinas, María y Cristina… Están, con poco más de veinte años, jugándose su vocación y su futuro y seguro que ya infectadas, por trabajar para todos nosotros en un hospital a muchos kilómetros de sus habitaciones de cuando niñas… Ellas, como profesionales, mejor que yo lo sabrán porque yo solo lo supongo, que impepinablemente estamos todos en este ajo. Todos… Solo, que el tremendo peso de las muertes de este maldito trance, recae en ellas… Y eso, es mucho peso.

Que la luz del mérito de su sacrificio, ilumine, lo se ve que largo de nuestro esfuerzo….

Ésto, debería hacernos pensar en los imbéciles que quieren cargarse eso, que nos mantiene juntos y unidos… ¡Que se vayan a la mierda ahora que es el momento de la verdad…! Porque la pregunta es: ¿nos queremos…?

Yo a ti sí.

Por mis hijas, por mis sobrinas, y por los españoles de bien:

Ooolé España, con dos cojones…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

¡Qué gran oportunidad…!

Supón que apagas whatsapp, facebook y netflix; y finalmente hasta el wifi… Y decides, que le den por culo a tu móvil en un lejanísimo cajón, habiéndolo silenciado antes por completo claro. ¿Un poco de ansiedad al principio sí, no…? Pues no.

Yo recuerdo el ir a la huerta en carro; subido encima justo del lomo caliente de la mula que tiraba de él. Y ahora, resulta que ya casi no sé escribir a mano de tanto que me gusta escribir en un teclado. Y sin embargo, sigue siendo escribir aunque ya no haya carros, porque yo en cierta forma sigo yendo en aquel carro; sigo escribiendo… Dejaros de ostias, el hombre siempre ha sabido pensar por sí mismo… Y yo escribiría, aunque fuese con la pluma de un pollo.

Tanto rollo de tecnología tanto rollo, y resulta que es solo una filfa… Una caja más de herramientas. Luz, agua o fuego; basuras, desagües, medicinas; comunicación o compañía; necesidad de amor… Las necesidades del hombre siempre han sido las mismas; y así siempre ha sido desde que lo somos. Lo que pasa es que a día de hoy, ya no sé si somos tan hombres…

Por whatsapp, me dice mi hija mayor que se aburre en su casa. Por whatsapp le respondo, que si se acuerda de aquel libro que hace años le recomendé: Sinuhé el Egipcio… Se lo dejó a medio leer porque se puso farragoso; como el tiempo que corre…

Solo sé que yo, tal y como está el mundo, voy a seguir fiándome solo de mis instintos, y de lo que mi madre siempre ha dicho: trata de amar al prójimo como a ti mismo…

Que no nos engañen…

…..

LA MENTIRA

Historias de Paco Sanz

El problema de acabar no creyendo en Dios es acabar creyendo cualquier cosa. El problema de que nos hayan mentido tanto por nuestro bien es que ya no les creemos. Las noticias se han vuelto todas tóxicas, así que a alimentar rumores tocan. Como el que parecía que sabía, no sólo no sabía sino que además miente, tenemos tendencia a pensar, demócratas como somos, que lo que creen más es la verdad. Desgracia es que la mayor prueba de una verdad sea el número de sus creyentes, siendo así que en una multitud los tontos sobrepasan en mucho a los sabios. Como si hubiese cosa más vulgar que no saber juzgar de nada, decía Cicerón. Sanitaris patrocinium est, insanientium turba? (¿Daría testimonio de cordura una turba de insectos?) por decirlo como San Agustín.

Nos tratan como a tontos porque eso funciona. Empieza a extenderse el rumor, no cesa de amplificarse el rumor de que el sistema explicativo necesita perfeccionarse cada vez más para hacer más fáciles las explicaciones para aquellos que no las comprenden como tan fáciles como se las enseñan. La explicación no es necesaria como remedio de una incapacidad de comprender. Es al revés, esa incapacidad es la ficción estructurante de la concepción explicatriz del mundo. Es el explicador el que tiene necesidad del incapaz y no a la inversa, él es el que se constituye en incapaz de explicar. Explicar algo a alguien es, en primer lugar, demostrarle que no puede entenderlo por sí mismo.

Querer tratarlo todo a escondidas de los ciudadanos y no creer que eso no hace más que fomentar los rumores, y querer que a partir de ahí no entiendan todo al revés y emitan juicios falsos es el colmo de la estupidez. Al menos según Spinoza. Nos tratan como a miserables. Se ríen de nosotros: “Todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da priesa; el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila, y el que ayer fue hombre hoy es polvo y mañana nada”. Así lo dejó escrito Gracián.

¿Que quiénes son esos que mienten por nuestro bien? Los que llevan lo de la pandemia esa, claro. Mentiris ut medicum. Mientes como un médico decían en la Edad Media. Con la verdad incompleta, para variar: “¿Dijiste media verdad?/ Dirán que mientes dos veces/ si dices la otra mitad”. En eso estamos.

Historias de Paco Sanz

¡nooo me toques…!

El jodido coronavirus…

Los rebaños, sólo se mueven por miedo, o por hambre.

El instinto rebañudo que todos tenemos, me empuja a quedarme en casa pero no por el miedo mío, sino por respeto al miedo de los demás. Como creo que debe de ser, si somos solidarios… Pero por otro lado, mi instinto de rebeldía me dice que el actual estado de las cosas es, para mandarnos a todos la mierda por histéricas…

Porque lo de los supermercados y lo del papel higiénico, convendréis todos conmigo en que es muy muy significativo… Seguro que en unos cuantos meses no podríamos los españoles limpiarnos el culo lo suficiente, como para acabar con las reservas nacionales de semejante producto se ve que de primera necesidad…

Me voy a quedar en mi casa, sí, pero rabiando.

Ni tocarnos podemos ya… Este mundo moña y cobardón que nos hemos creado, chilla y echa a correr a las primeras de cambio tal como una espantada de pavos azuzados…

Toda nuestra historia como especie matándonos hasta por millones en guerras y hambrunas, y resulta que ahora, hoy, en el siglo XXI y como pollos sin cabeza, nos cagamos de miedo porque nos entra la tos y se mueren cuatro gatos…

Yo, voy a seguir ofreciendo siempre mi mano; y hasta deseando que la paz sea contigo con un beso, como hacía mi padre… Y seguiré tocando siempre a mi prójimo, si él se deja…

Y jamás, jamás, haré acopio de papel del culo.

Sé, que soy un poco bruto perooo, en fin.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El ovni…

A mí amigo Carmelo Martínez…

Apurábamos Carmelo y yo aquella larga noche de farra y playa todavía charrando y bromeando, bebiéndonos a chupitos lo que restaba de la botella de whisky, y haciendo como que pescábamos frente a mi casa… Lucíamos ambos ya, sendos bonitos pedales dadas las horas que eran y todo el whisky que había sido… Nos divertíamos, enredando de aquí para allá con lo de la pesca y nuestra propia joda…

Las cañas de pescar esperaban, sin suerte, clavadas en la franja de arena mojada… Nosotros también esperábamos, pero sentados playa arriba en unas banquetas, junto a una mesa plegable y a una linterna apagada…

Aquella noche, teníamos ante nosotros el inmenso fanal de la luna llena y la estela de su reflejo en el mar justo, frente a nosotros; evolviéndonos e irradiándolo todo con un difuminio de esplendor plateado… Enorme; más cercana de la cuenta parecía aquella luna; como si se pudiese lanzar contra ella una piedra y alcanzarla…

Y recuerdo que yo en aquel preciso momento, jugueteaba enterrando mis pies, abrigándolos con la tibieza del calor residual que la arena seca aún guardaba, tras todo el día siendo abrasada por el sol… Y entonces, pasó.

– ¡Ostias mira…!

Levanté la cabeza, justo, para asistir solo al desaparecer de una silueta de algo volando en completo silencio sobre nuestras cabezas; en dirección norte y a poco más de cien metros de altura… Carmelo lo vio un instante antes. Yo, tuve apenas un segundo para poder observar aquel objeto, del que solo podría asegurar que era metálico o de algún otro material bruñido, oscuro, y de forma lanceolada… Y puedo asegurarlo, porque pude distinguir aquellos reflejos lunares en su casco, que perfilaron sin duda alguna aquel objeto a mis ojos…

Lo vimos a la vez; sí, lo vimos; vaya si lo vimos… Extrañados y boquiabiertos, transcurrieron dos o tres segundos hasta que reaccionamos cruzando el pasmo de nuestras miradas… ¿Qué coño había sido eso?

¿Un ovni…? ¿Un avión nocturno? ¿Un pájaro? No nos lo podíamos creer, pero poco a poco y a fuerza de bromear y hablar de lo visto, fuimos olvidando el hecho mientras acabábamos con la botella de whisky y seguíamos con nuestra joda…

Al día siguiente, entre las brumas del sopor mañanero y de la resaca del whisky, recién levantados y con un café con leche en la mano, nos vino a la memoria el extraño suceso de la noche anterior…

– ¡Ostias…! ¿Te acuerdas…?

Volvimos a cruzar lo todavía perplejo de nuestras miradas, y le propuse que dibujásemos en un papel cada uno lo que vio, no fuese a ser que el whisky o nuestros sentidos nos hubiesen jugado una extraña pasada…

Y entonces, volvió a suceder.

Algo inexplicable…

…🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…..

Las esperanzas…

Historias de Paco Sanz

¿Cuál es el sueño de los que están despiertos? Sus esperanzas. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

En cierto modo sigo esperando, ¡ay!, “pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada y entre la olas sola; ¿adónde vas perdida? ¿adónde di te engolfas? que no hay deseos cuerdos con esperanzas locas”. Decía Zaratustra haber conocido algunos hombres nobles que perdieron sus más elevadas esperanzas. Y a partir de ese momento comenzaron a calumniar las altas esperanzas.

Esperanzas de recuerdos y recuerdos de esperanzas. Cambiarlos, cambiarlas. Los que quieren que el pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

Sólo los muy valientes y los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Los muy pobres no pueden, pobres. Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social. La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

De las personas que moderamos nuestras esperanzas locas se ha dicho que nos tomamos las cosas con filosofía. La filosofía, nacida del asombro, se instala en la incomodidad. Ahí es donde reside. Acampa en los callejones sin salida, explora la dificultad de hallar una escapatoria. Permite plantearse la existencia como un patchwork en el que se entrelazan esperanzas y desilusiones, resistencia e impaciencia… sin olvidar evidentemente, dichas y desdichas. Indefinidamente entretejidas unas con otras. Por eso, en definitiva, no dan la felicidad, ¡ni falta que le hace!
Ahora vamos menos al cine, decía Salinas que “La yerba de los cines está llena/ de esperanzas marchitas”. Será por eso. Para seguir pensando en verso: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas”. Feliz de aquél que puede pasar rápidamente de todo esto, o al que una benéfica educación ha provisto ya antes de una clara fantasía, de suerte que esta dulce confusión de su alma no le inspira sino hermosas esperanzas y al final lo conduce, por sobre un suelo encantado, hasta la bella criatura, trocando en deliciosa certeza una fascinante incertidumbre.

Historias de Paco Sanz

LA LIBERTAD Y EL PECADO

Historias de Paco Sanz

Los hombres estamos capacitados para la libertad en la exacta proporción en que estamos dispuestos a controlar nuestros deseos; en la proporción en que nuestro amor por la justicia está por encima de nuestra rapacidad, en la que nuestra corrección y sobriedad de entendimiento está por encima de nuestra vanidad y presunción, en la que estamos dispuestos a escuchar los consejos de los sabios y buenos antes que la adulación de los bribones.

Ni la buena sociedad ni los hombres como Dios manda pueden existir sin que exista un poder hegemónico sobre la tentación de hacer lo que te venga en gana. Las sociedades que son permisivas con los malvados o los hombres de mente intemperante no pueden ser libres. Sus debilidades forjan sus grilletes.

Deo parere libertas est, decía uno de los latinajos de mi juventud. Otro rezaba: Patere legem, quam tibi ipse tuleris. Puede que obedecer a Dios sea la libertad, pero eso de tener que padecer la ley que uno mismo se puso lo tengo mucho más claro. Decía Wilde que podía resistir cualquier cosa menos la tentación. Y Emerson que tenemos la fuerza de la tentación que resistimos. No sé cual de los dos estaba más de broma, claro.

Los médicos echan mucho de menos los atajos de los sacerdotes para estas situaciones. Quisieran poner el pecado otra vez en el lugar que ahora ocupa la enfermedad. En Irlanda e Israel el problema de abuso de drogas es insignificante, mientras que en Suecia y Estados Unidos – y en otros países en los que el consumo de drogas no se considera tentación sino impulso, en términos psiquiátricos en lugar de religiosos, enfermedad en lugar de pecado – el problema es inmenso e ingobernable. Es más, cuando un pecado se convierte en delito, cuando la infracción de los mandamientos divinos en la de las leyes humanas… algo se ha perdido.

El pecado por excelencia es la idolatría, fuente de los demás pecados. Ésta nunca ha sido mayor y más dominante que ahora. Pasa casi totalmente inadvertida, precisamente por ser tan abrumadoramente universal. Está presente en todo. Nada queda fuera de su alcance. Fetichismo de máquinas, propiedades, títulos, privilegios… La bomba, que puede acabar con toda nuestra civilización, es el ídolo final.

Puedo entender que el obedecer la ley sea el fundamento de mi libertad. Pero no me acostumbro nunca a ser indulgente con el pecado de haber permitido que se me imponga la precisión de qué es pecado. No he olvidado las palabras del apóstol: “Todo lo que no nace de le fe es pecado”. Por dejar hablar al salmista: “¡Oh, Dios mío, purifícame de los pecados que ignoro y perdóname los demás!”

Historias de Paco Sanz

Que no nos engañen…

La trinchera infinita…

Más de lo mismo… Después de verla, no puedo evitar dos formas de afrontar una crítica seria a esta película: la primera como un impecable ejercicio cinematográfico en lo visual; y la segunda, como un ideológico y paupérrimo pastiche cinematográfico en lo intelectual…

Bajo la primera de las perspectivas la película es más que buena… Pero casi solo, por el detalle del acierto en la elección de mi tocayo el actor principal, que es un verdadero genio… Un artista comecámaras que absorbe cualquier historia haciéndotela real, creíble (os recomiendo que veáis Balada triste de trompeta) Este monstruo interpretativo, es capaz de dar vida a casi cualquier cosa, y dotarla de una tensión interior y de una verdad que pocos actores consiguen… Por otro lado está ella, Belén, que es el contrapunto de toda la historia… Magnífica ella. Con estos actores y poco más de quinientos pavos, también podría hacer yo una buena película…

Pero por otro lado, si analizamos la película como ejercicio cinematográfico en lo intelectual, ésta se deshilacha, como los intelectos de quienes hayan financiado semejante panfleto ideológico de casi dos horas y media… Menos mal, que lo que yo he visto es una copia pirata y no he pagado un céntimo por ella…

Las simples definiciones de palabras al inicio de las escenas, como en el cine mudo; cual si fuésemos ágrafos o lelos… Esos tres polvos mal echados y como a destiempo en el relato de la historia; o el cartero maricón que se hace amigo suyo, su único amigo en toda la película… ¡Y qué mala siempre la Guardia Civil…!

Mediocre en el plagio de recursos técnicos manidos; torticera en sus diálogos; vulgar en el lenguaje por el uso de unos acentos cerrados en los personajes, que son un verdadero desperdicio de lo que esa historia habría podido ser… Partidaria, sectaria. En ningún momento habla ni de errores ni de perdón. Ni de evolución. Ni de España…

Al final, él, un felón, se va a esperar a la puerta de la casa de su vecino, otro felón; no lo sabemos, pero todo parece que para vengarse… Una buena historia, pero una mieeerda de relato revanchista de malos y buenos… Un asco más del cine rojo español éste de ahora.

…y el fantasma del guardia civil, violador, y asesinado por el protagonista, diciéndole lo héroe que en el fondo ha sido por no suicidarse…

…eeen fin, una filfa, un mejunje, metralla ideológica para que os atontéis más todavía… Meteros los Goya por donde os quepan. Una película muy a tener en cuenta si nos queremos parecer a algo así… Si queremos seguir así, en este agujero: el relato revanchista de la izquierda…

Que no os engañen…

💞💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Mirar, escribir.

Historias de Paco Sanz

Una persona muy bien intencionada me dice que abra los ojos y que vea lo bellas que son las cosas, los edificios, los paisajes, etc. Ciertamente esas cosas son bellas de ver; pero otra cosa completamente distinta es serlas. ¿Es que acaso el mundo es un caleidoscopio? Se diría que por eso lo tomamos, porque estamos siempre viendo lo que hay al otro lado de las pantallas. MacLuhan veía en las tecnologías modernas “extensiones del hombre”, ahora estamos empezando a verlas como “expulsiones del hombre”.

De la misma manera en la que los escribidores estamos siempre leyendo mal y escribiendo demasiado, los mirones estamos a menudo mirando mal y haciendo demasiadas fotos. Estamos entrando en la era de la postfotografía digital: Uno: Invertimos más tiempo y energía en tomar fotos que en mirarlas. Hacemos tantas fotos que luego no encontramos el momento de verlas y lo vamos postergando ante una acumulación que no cesa. Dos: Existe todavía desajuste entre los métodos digitales de producción de imágenes y los métodos analógicos de lectura de esas imágenes. Estamos necesitando ayuda para ver todo lo que podría interesarnos. Los RIS (Reverse Image Search) motores de búsqueda inversa de imágenes, que inquieran en busca de patrones o elementos indexables y rastreables, no han hecho más que empezar.

Soy un paseante compulsivo, en mis paseos busco auras, es mi manera de mirar, busco ojos, miradas. Me ven, a veces me devuelven la mirada, incluso a veces alegremente. Decía Benjamin que la persona que miramos, o que siente que está siendo mirada, a veces nos devuelve su mirada a su vez. Percibir el aura de un objeto que miramos significa otorgarle la habilidad de mirarnos a su vez. ¿Existe milagro mayor que el mirarnos a los ojos?

Mi santa es capaz de darse cuenta de las tiendas que han cerrado o han abierto, busca lo digno de mirarse en los escaparates. Yo soy el que busca caras, como si estuviera todavía en el pueblo y pudiera encontrar a alguien conocido. Esa facilidad para enamorarme de los desconocidos, de encontrarles maravillosos con tanta facilidad, sí que es para hacérselo mirar.

Decía Ramón que donde comienza uno a volverse loco es en casa del fotógrafo, mirando fijamente y sonriendo a donde no había por qué mirar ni sonreír. ¿Qué habría dicho de los selfies? Miramos la cámara para vernos mirar.

Hay un tipo muy peculiar de ceguera que consiste en no prestar atención más que a lo que ha sido fotografiado. Así sabe lo que en realidad ha visto, lo sostiene en la mano, puede poner el dedo encima y abrir tranquilamente los ojos en vez de desperdigar miradas sin ningún sentido.

Autor: Paco Sanz

La bicicleta

Era genial. Con seis años, veía a mi padre cual superhéroe llevándome en volandas de aventura en aventura por ahí… Era capaz de meterse por la estrechez de casi cualquier recoveco conmigo, sentado en el macho de su bicicleta… Yo, absorto, miraba hacia abajo mis pies colgando del lado izquierdo del marco; y a los suyos pedaleando; y al camino, que parecía hacerme guiños arrugándose bajo nuestro paso… Todos, nos hemos quedado mirando alguna vez a la carretera cuando pasa bajo nuestro…

El contraviento del aire a su pedalear cadencioso, y la sombra protectora que a mediodía proyectaba su cuerpo al agarrar el manillar inclinándose sobre mí, refrescaban mi ánimo ante el sopor de aquellas tardes de faena y huerta, con mi padre…

¡Qué maravilla a mis ojos aquellos viajes de no sé cuántos kilómetros…! No había cosa mejor que me pudieran proponer, que subir por las tardes con mi padre en su bici… Sentía algo así como la sensación que evoca esa mítica escena cinematográfica, de unos enamorados con los brazos abiertos y en la proa del Titanic… El viento en tu rostro y en el suyo; al frente la aventura y un paisaje maravilloso; y tu amor detrás, cuidando de ti… Mi padre.

Los cañaverales a los lados de las veredas por las que pasábamos, recuerdo que parecían, desde mi perspectiva, correr en nuestra contra… Y a veces se estrechaban tanto las sendas a nuestro paso, que las hojas volcadas de aquellas cañas golpeaban ante nuestra velocidad, como pequeños látigos en los brazos fuertes de mi padre…

Y sus fuertes brazos a cada uno de mis lados, eran mi mejor refugio; pero no le gustaba que me agarrara a ellos mientras montábamos, porque así peligraría nuestro sutil equilibrio… Y por ello, debía asirme fuertemente al manillar, aunque fuera peligroso… Aquel manillar con frenos de varillas de hierro, podía darte un buen y doloroso pellizco en los dedos si te descuidabas… Cosa que yo, ya sabía por experiencia…

Y no podía descuidarme, porque ir en bicicleta así con él era realmente cosa de dos. Por pocos años que yo tuviera… Me acuerdo bien.

Hoy, los niños, van siempre en bicicleta creemos que protegidos por una especie especial de cesta o de jaula; y casi siempre en la parte de atrás de la bici… Con casco, cinturón, coderas y rodilleras. Yo, los he visto con un teléfono móvil fijado a la parte de atrás del tubo del sillín de su papá, y ellos solitos conectados a unos auriculares viendo Bob Esponja… Y hasta con un protector bucal…

Convendréis conmigo, que para un niño no es lo mismo ir delante o detrás en una bici… Y se va mucho mejor delante, sin auriculares y sin protector bucal; os lo aseguro…

Tenía mi padre una relación especial con la tierra que lo había sido del suyo. Y como le gustaba volver a casa razonablemente limpio, se quitaba en la intimidad de su huerto casi toda su ropa de calle.. Lo primero que hacía si era verano era quedarse en cueros, solo a calzón puesto. Y en calzoncillos, tranquilamente, dejaba que el polvo de su propia tierra, el sol, y las ramas de su propio huerto, mancharan, doraran y arañaran su piel… Y empezaba la faena… Cuarenta y tantos años y con una agilidad felina, se movía entre la maraña de arañazos de las ramas de nuestro huerto.

Y ahora, voy a por una mascarilla y a ponerme un supositorio, pero no por miedo al contagio sino por asco… ¡Qué asco, cuánto miedo…!

En fin. Que no os engañen…