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Se están muriendo

Historias de Paco Sanz

En mi entorno hay cientos de sanitarios que han pasado a la reserva. Acabo de recibir una comunicación del Colegio de Médicos felicitándose por tener tantos colegas que han salido de sus escondrijos y han dado un paso al frente. En el caso de los jubilados tiene doble mérito. Sé que a determinadas horas la gente jalea a los que siguen en el frente dando la cara. Incluso se ha dicho, pero ya en tono de broma, que habría que buscar también una manera de aplaudir a los maestros. Que nos permiten seguir queriendo como queremos a nuestros hijos.

En la Guerra Civil Española los alféreces provisionales cayeron como moscas. Terminé como alférez mi servicio militar. Pero nunca sentí que se ponía mi vida en peligro. Bueno, sí, una vez en un ejercicio con granadas. Tampoco he sentido estar sometido a mucho riesgo laboral en clínicas y hospitales. Para muchos esto ya no va a ser así. He perdido dos compañeros cercanos. Uno de laboratorio, manipulando mal un placa de Petri con meningococos. Otro al que un paciente psiquiátrico “le entró” con unas tijeras. Pero nunca pensé que eso pudiera pasarme a mí.

¿Dónde está el frente? En el sufrimiento, claro. No hace falta ser budista para entenderlo así. Los que andamos siempre buscando el sentido de las cosas sabemos que el sufrimiento no tiene sentido. La responsabilidad moral frente al sufrimiento estriba en nuestra capacidad de prevenirlo, aliviarlo, acompañarlo y utilizarlo, huyendo de la fantasía de que con nuestra intervención podemos controlarlo en todos sus componentes, circunstancias e intensidades. Debemos evitar caer en el “encarnizamiento moral” que supone la fantasía y la voluntad de dar a cualquier precio un sentido al infortunio. El “hospital sin dolor” puede ser un objetivo, pero perseguir “el hospital sin sufrimiento” no deja de ser una falacia.

No hace falta tener conocimientos de medicina para presentarse voluntario en un hospital en tiempo de pandemia, hacen falta un par, y por decirlo con menos crudeza: Ser bueno. Porque, a ver, ¿qué es bueno? Ser valiente es bueno. Aunque todos los valientes no lo sean, claro. Pienso en los dictadores de los que más he sabido, en Franco y en Hitler. Gente con un par.

Dicen que Amazon no va a distribuir más el Mein Kampf. Es un libro estúpido, no se merece esa propaganda. Cuando lo leí me quedé con la idea de que ese tío era idiota. Sin embargo hay un pasaje del libro que no he olvidado: “El hombre que ha nacido para ser dictador no es obligado a ello; quiere serlo. No es llevado, sino que va por sí mismo. No hay nada inmodesto en ello. ¿Es inmodesto que un trabajador pida un trabajo duro? ¿Es presuntuoso que un hombre dotado de la elevada inteligencia de un pensador cavile durante las noches hasta dar al mundo una invención? El hombre que se siente llamado a gobernar un pueblo no tiene derecho a decir: si me queréis o me llamáis yo cooperaré. No, su deber es dar un paso al frente”.

Nuestros hogares se han convertido en refugios para la guerra microbiológica que está teniendo lugar… fuera. En ellos el frente es el aburrimiento. Sin embargo habría que entender mejor el aburrimiento. Aprender a dejar pasar las horas, a no sentirse mal frente al vacío. Este no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento y la tristeza y la depresión está el frente… en casa.

Historias de Paco Sanz

ES LA GUERRA

Si la única forma que hay de luchar en esta guerra contra el coronavirus es quedarme en casa, voy de culo… Pero porque es la peor de mis guerras posibles ya que siempre he tenido serios problemas para estarme quieto… No estoy acostumbrado a la guerra, pero jamás la he rehusado si la he creído necesaria… El problema para mí de esta lucha en la que estamos, es que permanecer quieto parece ser que es la única arma… Y no soy yo alma inmóvil sino más bien culo de mal asiento.

Con ochenta y cinco años mi madre se muere; pero eso no es lo importante. Todos moriremos; yo, llevo muriéndome cincuenta y tres… El problema, es si tener muchos o pocos años de vida es, condición sine qua non para que te mueras… Pero porque sería ésta una condición que nunca lo ha sido; sería humanamente injusta… La gente desde siempre se ha muerto sólo cuando le llegaba su hora… Por ello, la muerte nunca ha sido cosa de calendarios sino de relojes…

Que se mueran los viejos siempre nos ha parecido que era lo normal. Sin embargo, siempre hemos deseado entre comillas una muerte digna. Aunque obcecados por vivir mucho, morir joven siempre nos ha parecido algo como ejemplar; morir en la flor de la vida… ¡Vaya tontería!

Pues resulta que a día de hoy, mi madre está en la flor de su vida y eso que acaba de enviudar… Tiene la lucidez que ya quisieran muchos treintañeros; la experiencia necesaria que casi ninguno tenemos; la fortaleza mental que a su edad todos desearíamos; y todavía ese instinto maternal, que hace de nuestras madres esas personas imprescindibles para sentirnos seguros… La única ventaja que le tengo, es el tiempo que se supone nos queda a ella o a mí… ¿Pero qué importancia se supone que tiene eso del tiempo…? ¿Acaso es algo tan cierto, y por ello tan importante, lo del tiempo…? Yo, creo que no.

Los viejos en el fondo, siempre han sido más útiles que los jóvenes pero por el simple hecho de que no creaban problemas aparte de los de salud; es más, bien al contrario, solían tener las soluciones… Y desde siempre tras las guerras solo quedaban, para recordarlas, los viejos inservibles para ellas… Lo trágico de esta guerra es que son ellos, los viejos, la primera línea de trinchera; ponen ellos casi solos todos los muertos. Peligra por ello el recuerdo de los viejos; peligra tal vez la civilización…

Mierda de guerra que no me deja luchar…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

SE PEGÓ UN TIRO…

Una edad los treinta y seis años, en aquella época, que hoy equivaldrían a tener más de cincuenta… A principios del siglo XX la esperanza de vida en España era de poco más de treinta y cinco. Él nació justo con el siglo, hace ciento veinte años… Y a la edad aquella, ya talludo, tuvo que elegir entre dejarse matar por ideas ajenas, o disparar defendiendo a su familia…

Y eligió, vaya si eligió.

Yo me enteré de aquello ya tarde, acordándonos un día hablando con mi madre de él… Se había muerto hacía algo más de quince de años, y ya entonces me pareció una historia valiosa… Pero hasta hoy, no me había decidido a contar sobre ella… Tengo un borroso e infantil recuerdo de él; y por ello -por lo infantil especialmente- una casi completa ignorancia de quién fue realmente… Llegué tarde.

Tenía treinta y seis años, dos hijos y uno en camino, un carro, una mula, y un precario trapicheo de venta de harinas… Estraperlo en tiempos de guerra… Y si debido a ésta, hasta los panaderos estaban famélicos por el hambre puta, y eran envidiosos, ladrones, chivatos y peligrosos; imaginaos al resto de la gente acuciados por la misma guerra, pero sin ni siquiera pan para comer… Harina. Hambre. Guerra. Odio.

Cuando lo sacaron, lo metieron en la checa de Catral, y como era costumbre le leyeron la cartilla… O se alistaba y era listo, o a Albatera al campamento. Y como era de los listos se alistó, vaya si se alistó; como no podía ser de otra manera. Tres meses en un Centro de Instrucción de Reclutas en Alicante; sin poder acarrear para alimentar su familia, y ni siquiera por carta poder tampoco saber de ellos…

Pudo volver tres días de permiso a su casa antes de que lo enviaran, seguro, a alguno de los frentes de guerra… Su mujer, a punto de parir…

Al día siguiente de su regreso, y vestido a propósito con su traje impoluto de Sargento Primero de Abastos del Ejército Republicano, se pegó un tiro en el pie… A primera hora de la mañana, lo levantó, y plantándolo con la bota puesta sobre la mesa de su despacho, disparó… Apuntó, sin acercar mucho la Orbea N7 reglamentaria que le habían entregado. Intentaba alejar la pistola al máximo, con la intención de que la bala hiciera sólo el destrozo, justo, de penetrar girando y atravesando el cuero de la bota, la carne y los huesos del pie, pero sin reventar por impacto cercano contra nada… Si te pegas un tiro en el pie, de pie; éste te revienta en mil pedazos, pero por la onda expansiva que se genera por el impacto inmediato de la bala estrellándose contra el suelo.

¿Os imagináis el miedo; os imagináis el valor…? ¿Habéis disparado alguna vez un arma…? Ya quisiera yo, parecerme a él…

Mierda de ideologías, y mierda de memoria histórica… Andad a tomar por culo, y dejad de escarbar para juzgar si el pasado sí, o si el pasado no… Lo que se hizo, hizo está, y ya lo purgaron con reconciliación y perdón nuestros padres, abuelos y bisabuelos …

Imbéciles.

Iros a la mierda los rencorosos…

¡¡VIVA ESPAÑA…!!

🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Dime con quién pactas…

Yo recuerdo, y os lo recuerdo, que el mero sentirse español, allí, te señalaba como a un paria… Te ponía en la diana… Te convertía en un objetivo a eliminar…

Puro racismo… Como hoy.

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Arnaldo Otegui siempre fue, es ahora, y será siempre, escoria humana…

Pero por encima de cualquiera otra consideración, este ripio moral es un reo criminal, convicto aunque no confeso, de al menos tres secuestros; de como mínimo, dos intentos de asesinato con arma de fuego que causaron víctimas de extrema gravedad; y también de extorsión y amenazas a empresarios, periodistas, políticos e intelectuales, casi todos ellos de su misma tierra vasca; casi todos ellos, sus vecinos…

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Y como no podía ser de otra manera, también está más que probada, su pertenencia activa a la banda terrorista eta y su colaboración, necesaria, en la comisión de varios atentados, todos terribles, pero entre ellos, la masacre de Hipercor…

Pena me dan, los que tengan que ir a buscar al wikipedia…

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Pues resulta… que algún malnacido, lleva a este criminal a la televisión española, ¡la de todos…! Y desde tan caro púlpito y en nuestra propia cara, este hijo de la gran puta, insultando hasta la médula a todos los españoles, se atrevió a decirnos ésto :

“Solo pido perdón, por si causamos más muertes de las necesarias…”

¿Pero, se puede ser más perro…?

¡Qué asco por Dios…!

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¿Me pregunto cuántas muertes hubieran sido las necesarias, a juicio de éste redomado hijo de la gran perra…?

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A ver… ¿cuántos, hubieran sido los españoles asesinados, suficientes o necesarios, para satisfacer a esta rapiña vil e irredenta…? ¿Acaso solo tres, doce quizás, tal vez setenta…?

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¿No tenía suficiente esta manada, cuando llegaron a los doscientos muertos a traición; y cuando ya sumaban más de quinientos, tampoco esa cifra era suficiente…? ¿Había que llegar, al bastante más del millar de españoles reventados por la espalda…? Hombres, mujeres, niños… ¿Y sus familias, cuántos miles más de españoles son…?

¿Son ya suficientes víctimas, o todavía les debemos algo…?

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Esta mierda de vascos psicópatas siempre han sido, son ahora, y lo serán siempre y ante todo, unos asesinos… Hijos todos de grandes putas… Sí, putas sus madres, porque como tales educaron esos despojos de hijos: conviviendo y alimentándolos con ese odio racista; alentando o ignorando pero siempre justificando, los asesinatos más deleznables; inoculándoles en vena aquél mismo odio asesino, hasta el punto de que se entregaran a la peor de las vidas posibles… Leed, por favor, “Patria” de Fernando Arramburu, para comprender el grado de culpabilidad de esas madres, en el horror provocado por esas hienas de hijos que malparieron…

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Y ahora, para afrontar el presente de ese infame pasado que los persigue, vemos, a esos perros rabiosos y a las golfas de sus madres, esconder aquellos pecados mortales bajo las alfombras de la insidia, la mentira, la desfachatez, y el silencio de aquello…

Pero en realidad, lo que en verdad vemos, es a ellos mismos mintiéndose; falsificando el asco de sus pasados, para así poder soportar lo amargo de sus pérfidos recuerdos; tragándose, poco a poco, la culpa vitriólica que seguro corroe sus entrañas… Fingiendo, el convivir cada día con el horror canalla de sus remordimientos…

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Buscan desesperadamente, estas alimañas con sus mentiras paranoicas, algo así como un lavado embustero de su podrida conciencia colectiva de tribu bárbara… Pretenden, una también colectiva redención moral, vergonzosa, infame, olvidadiza, y falsa… Especie de bálsamo mendaz, que les permita al menos, mirar a la cara a sus hijos sin que éstos, sepan del estigma de sus asesinatos viles… Ocultan víctimas, dolores, secuestros y crímenes, para eludir con dosis de olvido, el miedo a ese infierno en vida en el que por siempre vivirán, hasta el día que mueran de un reventón de ira…

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Estos malnacidos, de entraña negra y podrida, deberían meterse, aquella pantomima de la entrega de armas, sus tramposas peticiones de perdón, su farisea contrición y su puto arrepentimiento falso, deberían metérselo, repito, por el culo…

Pero todo ello dentro de una celda, ya que no, colgados por el cuello como muchos justamente merecerían…

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Que se pudran en vida, encerrados en el peor agujero que podamos encontrar para ellos; lo más lejos posible de todo aquello que puedan querer, ya que amar no saben; lo más lejos posible de todo lo que pueda consolarles; lo más lejos posible de todo lo que pueda recordarles una humanidad, a la que renunciaron, al empuñar esa mierda de armas que usaron tan cobardemente…

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Que pidan perdón, que se arrepientan, y que entreguen sus pistolas y almas… pero al diablo…

Y que lo hagan en la cárcel perpetua de sus abyectas acciones; en la cárcel de su memoria salpicada de sangre; en la cárcel de la mierda de ejemplo que han dado a sus hijos también de puta… Que se retuerzan lo que quede de sus vidas en la cárcel de odio vital, en la que ellos mismos se encerraron, al aceptar que unas putas ideas valen, más, que las vidas que han segado tan inmisericordemente…

AMÉN

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Drogas

Aparcamos aquel viejo Citroën Dyane 6, tan justo al borde de los acantilados de aquella cala, que, sin asomarnos casi, podíamos ver el mar batiendo implacable las rocas de abajo… Tarde de invierno; el mar se estrellaba violento, furioso contra esos muros pétreos que abrazaban aquel trozo solitario de costa… El cielo gris mugriento, el paraje yermo y aquel viento infernal, húmedo y sucio, como que me enturbiaron la escena ya entonces, y parecería que hasta difuminan mis recuerdos todavía hoy… Apenas el coche se detuvo, ‘El Tamo’ ya tenía el chute casi preparado; lo acabábamos de pillar en el puerto; muy buen material nos dijeron.

Él, fue el primero… Silencio.

Solo había una ‘máquina’…

‘El Rigo’, ansioso, no dudó en arrebatar aquel asco de jeringuilla, todavía tibia de sangre ajena, de esas manos lentas, ya vacilantes y rendidas por el ciego; unas manos parecieran de sarmientos, que recuerdo huesudas, batracias, macilentas… El insensato, volvió a succionar tras mezclar una nueva dosis, en la misma cuchara quemada y sucia; a través de la misma aguja infamada…

Manejaba aquella jeringuilla resobada -que a mí su sola visión mareaba- con una soltura y una precisión de sanitario… Con una destreza que sólo otorga la costumbre, sus dedos daban leves golpecitos a aquel instrumento infernal para asegurarse, minuciosos, de sacar de él cualquier gotita de aire… Gotita que, por ínfima que fuese, transformaría en muerte segura e inmediata, lo que aquella tarde pretendía ser, sólo, un paso más en el camino a una muerte, también segura, pero más lenta…

Tras estirar con sus dientes y un leve giro de cuello, la goma que regulaba la presión de las acribilladas venas de su brazo izquierdo, penetró sin miramientos y con pericia, una de ellas… Transcurrieron un par de minutos creo, lentos… El émbolo emponzoñado, cadencioso, presionaba y succionaba, viciando sin remisión con su bombeo, un torrente de sangre adolescente, inocente, ignorante… La leve caída, como boba, de su mentón; el giro lánguido y vahído hacia la derecha de su cabeza… ‘El Rigo’ sudando, escalofríos; un gigantón a punto del vómito… Gracias a que ‘El Copas’ tomó la iniciativa; porque para evitar que debido al ciego, en un mal movimiento, se le desgarrara aquella vena infamada, arrancó la jeringuilla que como olvidada, colgaba tozuda, bamboleando sanguinolenta ensartada en aquel brazo…

La visión de conductor y copiloto en pleno viaje alcaloide, me hizo pensar estúpidamente en el viaje de vuelta… Era evidente mi pánico; quería irme, desaparecer, escapar de la atmósfera espesa y opresiva del interior de aquel coche. Temblaba de nervios, de asco, y de agudos remordimientos… A mi memoria vinieron mi padre, mi madre, mi novia; recordé mi afición al dibujo, a la música, a la lectura… Ya no me apetecía probarlo; para nada…

Y empezó a oler mal, muy mal…

A diferencia de conductor y copiloto, ‘El Copas’ se preparó un tubo con un billete nuevo; y con él en la boca, empezó a correr detrás del humo azulado de una bolita negra, que se consumía, al quemarse rodando sobre un tembloroso papel de aluminio, calentado sobre la llama de un mechero también tembloroso… Con la última calada de aquellas volutas envenenadas, azuladas y densas, le irrumpió la arcada…

Una asquerosa basta anegó por completo su regazo y mis alrededores, sin darle tiempo si quiera a abrir la puerta trasera para aliviarse… El interior del coche se infectó de ese hedor ácido y nauseabundo; miasmas que se mezclaban, con el rancio de nuestro sudor, además de con otras escatológicas pestilencias… Parece que en exceso, el ciego, relajó los esfínteres y estimuló las glándulas, de mis desconsiderados acompañantes…

Ante el estropicio en su coche, ‘El Rigo’ espabiló de su ciego lo justo, para cagarse varias veces en la puta…

Ahora me tocaba a mí… Lentamente giró su cabeza. Sus tristísimos ojazos azules, desde una oscura lejanía y como a través de una bruma narcótica y vacía, lograron fijarse en los míos… Y vieron, seguro que lo vieron, en mi rostro el rictus del asco y el color del miedo… Y de verdad os aseguro que a día de hoy, no sabría decir, si fueron palabras dichas por él, o las inmensas penas reflejadas en su mirada negra de gigantes pupilas perdidas y resignadas, las que gritando me advirtieron aquello de:

“Si tocas esta mierda, te hincho a hostias…”

Gracias ‘Rigo’…

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