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en cuanto salga…

Ayer fue un día melancólico, hoy ya veremos… En cuanto pueda salir lo primero que voy a hacer está muy claro: correré como un loco a ver a mis hijas…

Lo segundo que voy a hacer, será llevarme a Manuela de viaje por ahí aunque sea cerca o muy cerca; los dos solos… A infectarnos de nuevo una y otra vez; como hasta ahora, y como ha sido siempre entre ella y yo… Tengo una mujer de ésas que no me la acabo, y claro, no me canso de infectarme por mucho que nos sobemos…

Pero es más inquietante lo tercero que todos tendremos que hacer, como por ejemplo, cuando nos tengamos que ver frente a un amigo…

¿Nos quitaremos la máscara al hablar? ¿Le daremos la mano, subiremos en su coche o palmearemos su hombro? ¿Aceptaremos sin renuencia el pitillo que nos ofrezca; fumaremos acaso de su porro? ¿Nos dará solo cierta repulsión, asco, o nada…? ¿Cuánto de cerca nos situaremos al apoyarnos en la barra del bar? ¿Iremos acaso al bar…? Todos sabemos, que no se podía estar más cerca de los buenos amigos que en un bar; al menos para un español. ¿Pediremos caña, o por el contrario botellín que es más higiénico? ¿Necesitaremos mesas separadas para comer juntos…? ¿Podremos contarnos secretos al oído, o compartir el postre?

¿Me abrazará si lo necesito…?

Llamar mascarilla a lo que ahora quieren que nos pongamos, es una mentira piadosa, porque lo que desde hace algún tiempo necesitamos los españoles parece ser, que es más bien un yelmo para protegernos frente a nuestras propias guerras, o una verdadera máscara carnavalesca para escondemos tras el asco, la repulsión o el miedo… Llevamos mascarilla en vez de máscara o yelmo, en este asco de carnaval macabro donde ahora muere gente en guerra.

La peste bubónica, el tifus, la rabia o la viruela, te aseguraban una muerte horrible; este puto coronavirus parece como si se la asegurara a otros… No sabemos a quién.

¿Seguiremos desviando hasta la mirada al cruzarnos demasiado cerca unos de otros? ¿Saludaremos, o llegaremos hasta a evitar el saludo para no contagiarnos de saludar? Salud, saludar, dar salud… ¡Qué paradoja de palabra en este momento que nos toca vivir…!

¿Y si ya nos hacen trampas enmascarando las noticias, y encima nos enmascaran la expresión y la sonrisa, qué nos queda…? ¿La palabra? ¿Dios?

¿Sabéis qué? Yo sí…

Cada vez más.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

carta a mis hijas

Llevo, casi un mes sin poderos ver y es lo que peor llevo… Y es cada vez peor porque pareciera que incluso nos vamos acostumbrando.

Pero por hablar de otras cosas, no sabéis lo significativa e importantísima que es para mí la noticia de esa vuestra decisión, sólo vuestra, de que para aliviar esta mierda de encierro, os haya dado ahora por el deporte… ¡Ahora! ¡Qué chocante! ¡Qué cosas…!

Siempre fue el deporte una de vuestras aficiones digamos menores (nótese la ironía) Y resulta que ahora motu proprio, afrontáis ésta que está cayendo con lo de la cuarentena, siendo capaces, de retorceros bruscamente y cambiar vuestros hábitos, gustos, deseos… Os adaptáis.

¿Pues sabéis qué…? Que en estos casos se hace justo así, y vosotras, ya lo habíais hecho antes… Acordaros, cuando hace unos años fuimos caminando, juntos, casi doscientos kilómetros hasta Santiago de Compostela… Recordad, que tuve el cuajo de haceros dormir a la intemperie pero al abrigo, del soportal de aquella pequeña ermita; tan cerca, de las bonitas tumbas de su coqueto cementerio… Sumábais, entre las dos poco más de veinte años y esa noche a la luz de la luna sacasteis, allí y entonces, vuestro carácter… Y contándonos historias nocturnas me enseñasteis así la madera de la que estábais hechas… Y me gustó. Y no me sorprendió el comprobar la nobleza, la resistencia y el verdadero valor, del material que os conforma como personas… Dormimos; mal pero dormimos… Y al día siguiente, visteis también el sufrimiento de cara en la fortísima subida al Cebreiro; aquella pájara mía, nos lo hizo pasar verdaderamente mal… Pero, finalmente cada uno subió su mochila.

No se me podrá olvidar tampoco nunca, cuando le disteis a aquel desvalido la última lata y el único panecillo decente que nos quedaba… Lo visteis escarbar en el cubo de la basura y saltasteis, cual resorte, para que le diésemos de comer a ese pobre hombre al precio que fuera… Menos mal, que aún nos quedó para los tres poco más de un palmo de aquella salchicha inolvidable, y sobras de mendrugos de pan ya duro…

Ánimo Mis Amores, ánimo… Sabéis, que las soluciones a los problemas que se nos plantean, casi siempre las tenemos dentro, a veces sin saberlo; latentes, agazapadas, listas para ser puestas en marcha… No sé cómo ni cuándo terminará ésto, pero precisamente por eso huid del anquilosamiento y de la desidia, estudiad mucho y leed; no penséis tanto; y que no os dé miedo equivocaros porque es requisito imprescindible para acertar de vez en cuando. Ya tendréis tiempo…

¡Cuántos “os quiero” que siento que os debo…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

EL EFECTO MARIPOSA

“La insoportable levedad del ser…”

Es inquietante, la frecuencia con la que podemos descubrir que el famoso efecto mariposa, es un fenómeno del todo cierto y comprobable, empírico; además de inevitable… En cuanto cambias cualquier pieza de tu puzzle vital, puedes quizás desencadenar acontecimientos que no podrías haber tenido previstos en forma alguna… De la misma manera que un pequeño gesto confiado, que te despiste solo un poco al conducir, puede desembocar en algo inesperado por una autovía a ciento treinta kilómetros por hora… Prender un cigarrillo, girar la cara para fijarte en ese hermoso atardecer del que te alejas; una llamada en el móvil, un inesperado vahído de sueño… Tragedia, susto o quizás nada… Un ligero cambio, un leve despiste, un tenue movimiento bastaría, para cambiar el sino de los acontecimientos que te sucederán.

…Como cuando te alejas de algo queriendo evitar un mal que supones cierto, y como de la sarten a la lumbre, te sorprendes habiendo saltado al fuego peor de otro de tus errores garrafales…

Formamos, de nosotros mismos algo así, como una de esas complejas figuras compuestas por fichas de dominó puestas de pie; pero creyéndonos, que las colocamos nosotros mismos y por propia voluntad… Esa figura, la nuestra, la vemos perfecta desde nuestro punto de vista; pero siempre y cuando no la toquemos mucho, o no nos la toquen… Se compone de miles de piezas, colocadas a propósito y con cuidado, por lo que creemos es nuestra personalidad… Pero si solo se nos volcara una de esas pequeñas piezas vitales, comprobaríamos, cómo se derrumba irremisiblemente esa imagen que de nosotros mismos tenemos; cómo se destrozaría, envuelta en el caos del caos que desencadenan las cosas cuando se caen… Pero gracias a no se quién, ni somos fichas ni somos cosas; y la imagen, para nosotros seguiría ahí…

O como cuando eres joven y crees, que tienes que tomar esa decisión que supones crucial; y la tomas por huevos, porque en el fondo ignoras si en verdad va a cambiar o no en algo tu destino… No sabes que simplemente esa decisión, va a formar parte de otras muchas, que como ladrillos de los que estamos construidos, nunca terminarán hasta nuestra muerte, de formar del todo el edificio de nuestra persona…

Pero de todas formas, continuamos con la carambola de nuestro viaje… Porque tanto el peligro como el hambre, la curiosidad y la ignorancia; el acierto, el error, y la muerte o el amor, son motores que nos mueven…

No nos engañemos…

Antonio Rodríguez Miravete…

Juntaletras.

NO TE CREAS NADA

Lejos de mí está, te lo juro lector, el pretender expresar aquí verdades o certezas… Aunque sí es mi deseo, el conseguir acercarme si quiera a describir con palabras esos sutiles y secretos filamentos, que forman la trama y la urdimbre donde se tejen nuestras emociones… Porque son éstas en verdad, de lo que os quiero hablar en mis relatos… Pero hay dos cosas, que procuro nunca hacer al escribir: una es contaros verdades, realidades; y la otra es mentir…

Solo pretendo, lector, que te quedes conmigo cuatro, cinco o seis minutos.. Que me permitas tocarte con letras y si es posible, que vibres o se te erize el vello cuando junto esas letras… Y si no, que al menos te sirva para algo el leer mi intento de expresar; de escribir…

……….

Tras tomar aquella decisión juntos, encanados a llorar, decidimos que iríamos también juntos a la clínica con tal de solucionarlo de una vez… Una decisión muy muy difícil… Recuerdo que cada vez que si quiera pensábamos en ello, rompíamos a llorar de puta culpa y de vergüenza… Éramos tan jóvenes, tan ignorantes…

Y no, no dijimos nada; a nadie…

Entramos creo que temblando, cruzando unas puertas automáticas translúcidas; de esas de apertura lenta y sensación aséptica, típicas de clínicas privadas y caras… Una impoluta enfermera, al vernos titubear agarrados de la mano nos atendió solícita, se ve, que pretendiendo calmarnos con una de esas fingidas y frías sonrisas de buzón abierto de par en par… Una sonrisa como automática, maquinal, corporativa… Comprobó, lo primero, la tarjeta de crédito al rellenar la ficha con nuestros datos…

Como en todas las salas de espera de este tipo de clínicas caras, olía a un exceso de ambientador de notas sofisticadas y como pretenciosas; se ve que para disimular ese otro tufo, mezcla de miasmas, secreciones y ansiedades, propio de toda clínica ya fuere de ricos o de pobres… Antros éstos, que desinfectan y adormecen el olvido y la culpa, y en los que por igual te operaban para abortar, que para implantarte una polla artificial o enderezarte la nariz; siempre y cuando claro, la tarjeta estuviera a la altura…

Nos llamaron a la vez, y nos despedimos con un beso fuerte. Él a la habitación 16 y yo a la 14. Y llegó el momento de que abriésemos las piernas…

Casi tres horas después, nos volvimos a encontrar, temblando, de nuevo en aquella sala de espera de lujo… Ambos lucíamos un rictus espantado, y un evidente y extraño bulto doloroso en la entrepierna…

……….

Lo que sí confieso que hago, lector, es darme algo así como una especie de capricho… Quiero contar algo; y tengo un hecho real que lo ilustra… Pero sobre todo lo que tengo es la potestad de poder cambiar cualquier relato a mi antojo, siempre y cuando claro, sea fiel a la historia y a éso que te quiero contar… Ansío hablar de pequeñas verdades en las que creo, y es cierto que disfruto al contarlas; jugando a mezclar lo verdad y la mentira, la realidad y lo imaginario, el presente y lo pasado; hablando de risas entre lágrimas, o al contrario…

………..

Menos mal que la tarjeta de papá no tenía límite de disposición, porque en aquella casquería de lujo, nos clavaron tres mil quinientos pavos por un par de cortes en los bajos… Su fimosis curó en unos cuantos días; pero costó semanas que el corte en mi vulva cicatrizara, y dejara expedita ya de una vez la estrechez de mi coño… Vulvitis adhesiva congénita, me dijeron…

Menos mal que ya podríamos follar sin que nos doliera… Lo que sí nos dolió, y mucho, fueron los tres mil quinientos sesenta y cinco pavos que nos estafaron… Porque en aquella clínica, nos tangaron con nuestra propia prisa…

……….

Adolescentes, queriendo colmar y aplacar sus urgencias carnales… Un oscuro negocio de matarifes frustrados…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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La desconfianza y el amor

Y fue condenado eternamente por los dioses, a subir rodando una y otra vez la misma enorme roca, hasta lo alto del pico de la misma colina; pero sólo, para sufrir el castigo de ver caer esa piedra una vez tras otra, rodando, cuesta abajo…

El mito de Sísifo, describe así la paradoja de someternos constantemente a los mismos esfuerzos inútiles. De nuestro celo compulsivo, inconsciente y subconsciente, de cometer siempre los mismos errores repitiendo nuestros miedos… De engañarnos creyéndonos salvados, seguros y guarnecidos de todo peligro, en esas trincheras cavadas con nuestros temores y costumbres; parapetados tras nuestras propias estupideces, creencias, y vicios adquiridos… Una, y otra vez. Todo, pese a que sin duda conocemos lo sutil y evanescence de esta vida: se va, en un momento…

Y perdemos el tiempo… pendientes, solo de nosotros mismos…

Siempre he creído que la confianza, al igual que el verdadero amor bien entendido, es un sentimiento endógeno… Ambos, al ser dones a entregar, tienen que ser engendrados primero en nosotros; han de nacer en nuestro interior, en ese lugar difuso a medio camino entre nuestro corazón y nuestra psique… Y desde ahí, tienen que fluir y ser otorgados sinceramente y sin condiciones al otro; si es que en verdad lo amamos…

Y si no es así; si solo esperamos que sea el otro el que se gane esa confianza o conquiste ese amor, esperaremos en vano… Pero precisamente, porque al esperar nos crearemos expectativas; nos formaremos una idea onanista y estereotipada, de éso que esperamos y de cómo deseamos que suceda… Y la otra persona, ciertamente nos defraudará siempre; pero porque seguro tendrá conceptos diferentes a los nuestros al respecto, de los matices en la expresión del sentimiento amoroso, o de cómo se demuestra o se gana uno la auténtica confianza del otro…

Cuando tenemos hijos, tenemos la obligación de confiar en ellos por amor… Confiar, en que surtan efecto nuestros consejos y la educación que les hemos dado; que hagan su trabajo, tanto lo mucho que los queremos como el tiempo necesario para que maduren… Del mismo modo hemos de obrar con el amor y la confianza en nuestra pareja. De lo contrario, tristemente, nos habremos acostumbrado a entender el amor, o la confianza, sólo como nos gusta; justo como nosotros esperamos que sea… Nos perderemos así otras formas de amor o de confianza; formas que quizá al principio no entendamos, pero que podrían apasionarnos y hacernos gozar, solo, si nos entregásemos…

Y si tu amor quiere cobrarse, porque es celoso, exigente o avaro; o si tu confianza duda constantemente de cada paso que ignoras en el otro; sin remisión ambos sentimientos, tan hermosos, se convertirán en algo así como en un patrimonio; en una cuenta a llevar; en una simple propiedad que como tal, tendremos que defender frente al robo o la traición. Y esos sentimientos tornarán en dominio en vez de amor, o en control en vez de confianza… Y se convertirán por ello, esclavizándonos, en meras sensaciones u objetos de posesión; perdiendo la hermosa cualidad vivificante que ambos sentimientos tienen, para hacernos la vida todavía más libre, más feliz y más fácil, junto al otro…

💕❤️

Antonio Rodríguez Miravete

¿pero, y el amor…?

¿Y si os amo con locura…?

Soy, pese a ser vuestro padre, quizás una mala influencia para Vos; eso podría admitirlo… Pero ha de saber Vuesa Merced que los malos ejemplos son, para correr esta vida, tan importantes si no, más que los buenos…

Por eso, escuchadme con atención:

No necesito saber siempre dónde estáis, porque no sois objeto de mi propiedad; aunque sabed que sí, lo sois de mis anhelos… Solo necesitaría saber cómo vais, cómo os conducís… Cuál, es vuestra actitud frente a lo que os acontece en la vida…

Ahora, que asisto al despertar de vuestra madurez, tenéis que perdonarme el que quiera entrometerme; pero, sabe más el que os habla por padre viejo que por padre sabio… Señoritas sois; no lo olvidéis nunca…

Es, sin duda cierto, que nos alejamos… Y por ello, solo anhelo el que nunca os distancieis del todo de vuestro pasado; de quién sois… Que no reneguéis de la madera de la que estáis hechas; porque, si logramos mantener encendida la llama de nuestro amor, esa madera os mantendrá siempre cálidas, envueltas y abrigadas, al calor del fuego de vuestro íntimo pasado… Y no habrá ni frío ni distancia que nos separe; nunca…

Y siempre, siempre, podréis volver…

Pero dudad, dudad de cada cosa que yo afirme hoy, porque ya os tengo dicho que no soy el mejor espejo donde miraros Vos…

¿Debemos fiar, al amor la vida…?

A Paula y a Rosa; y a Nati, y a Inma…

Antonio Rodríguez Miravete

El dilema

Va a hacer nueve años ya, desde que tuvimos que romper la infancia de mis hijas; nueve… ¿No fue suficiente con que inevitablemente, tuvieran que sufrir aquéllo…? No acierto a entender porqué, para hacerme daño a cualquier precio, tiene que volver a avergonzarlas y a hacerlas sufrir con esta infamia…

Después de todo este tiempo, resulta, que el próximo día 21 de este mes de Octubre, a las doce en punto y en la ciudad de Orihuela, como denunciado tengo obligación de asistir a juicio penal en calidad de acusado, onerosa, cicatera y falsamente, de un delito por impago de la pensión de mis hijas…

Y ahora que faltan solo unos días, he de confesar que sí, que ya tengo miedo…

La única manera que tengo de probar mi inocencia ante esta denuncia ratera, es, ni más ni menos, que subir al estrado a mis hijas… Usarlas cual armas arrojadizas como testigos, para que declaren, contradiciendo y por ello acusando a su madre en público y bajo juramento, que han sido siempre ellas las que todos los meses, han ido recibiendo de mis manos y en metálico, la práctica totalidad de la cuantía de esa mensualidad… Haberes que con tanta penuria y esfuerzo -a dios pongo por testigo- les he ido sin falta entregando…

Y mi gravísimo dilema es, que tengo que elegir entre defender legalmente mi libertad, o luchar moralmente por mi hondura y ejemplaridad como padre… Me encuentro ante la decisión salomónica de, o bien asumir el cáliz amargo del oprobio y la prisión; o bien de ser yo también la causa del trauma, que seguro sería para mis hijas el verse en la obligación, de tener que testificar ante un juez contra de las mentiras avaras de su madre. Con ello tal vez conseguiría librarme de la prisión, sí; pero traicionaria el lema que siempre he pretendido inculcar en mis hijas: aquél de que la familia, es siempre lo primero…

No estoy dispuesto, ni a obligar a mis hijas declarar en contra de su madre, ni a consentir que siquiera el juez lo haga… Solo consentiría que fueran su libre albedrío y su conciencia, lo que las hiciese subir al estrado…

Y como tampoco estoy dispuesto en forma alguna a volver pagar, un dinero que ya he pagado, precisamente porque el hacerlo sería aceptar esa espuria acusación de que no lo había hecho antes, creo que, a menos que suceda un milagro, voy a ir a la cárcel… Pagaré, con cárcel.

Me siento tan impotente y tan atrapado, tan enmarañado entre la injusticia y la indefensión de esta denuncia, que hace tiempo decidí plantarme ese día yo solo y a calzón quitado, en la Sala de lo Penal Número Tres de Orihuela… Voy a presentarme allí, siempre con el máximo de los respetos, pero a portagayola… Ni me he preocupado siquiera de disponer o no de abogado, ya que ni lo quiero, ni lo necesito dado cómo de en mi contra están estas leyes… Voy a comparecer, con las armas solas de mis palabras, la tranquilidad de mi conciencia, mis cojones, y mi profunda indignación…

Pero, pese a ésta mi pose digna y chulesca, confieso que necesito alivio y consejo, porque estoy comenzando a temblar ante la proximidad de los padecimientos de este cáliz que me espera… Cáliz, que no puedo apartar de mí en forma alguna, y cuyos tragos amargos son, precisamente, lo que quiero describir aquí, y ahora…

Antonio Rodríguez Miravete

Cumpleaños feliz…

Comenzamos nuestras vidas, querámoslo o no, unidos siempre a otras personas; siendo el hijo de alguien, y con suerte, tal vez siendo también el hermano de alguien…

Más tarde, quizá igualmente por suerte nos convertimos, o no, en padres y hasta en abuelos de alguien; y aún más tarde todavía, nos convertimos en nada, en nadie…

Por eso hay que ocuparse, siempre y sobre todo, de alguien; cuidar de alguien… Y de vez en cuando preocuparse de ser feliz. Recuérdese…

Quiero felicitarte a ti Papá, o a ti lector, porque seguro seguro, que también tenéis a alguien…

Llevo tiempo deseando escribirte algo como ésto: una felicitación de cumpleaños de verdad, agradecida, y que te sirva para siempre…

Dan igual los años que cumplas; cuántos cumplas; pero si los cumples ¡felicidades…! Conozco a muchos a los que eso, ya no les pasa… Ya no cuentan años; al menos entre nosotros. Sí que cuentan en nuestro recuerdo, pero solo ahí, en la remembranza de nuestro pasado…

Así, que ése es tu mayor regalo a los ochenta y ocho: seguir, sufrir y aprender, perseverar, reír y envejecer; cumplir, o no, tanto con lo que se espera de uno, como con lo que la ruleta de la vida nos tenga reservado. Y si es posible, ello con valentía…

¿Hay mayor presente, que el presente…?

Felicidades. Y un abrazo…

Te quiero Papá, luego te daré la botella de whisky…

Antonio Rodríguez Miravete.

……….

No ganamos pa’ sustos…

Vaya unos días llevamos ¿eh paisanos…?

No ganamos pa’ sustos… Pero, estoy orgulloso de vosotros, de nosotros, de ellos y de ellas; de ti…

He dado una vuelta nerviosa por el pueblo esta tarde para ver cómo iba la cosa, y me he llevado una grata sorpresa… No me gustaría minusvalorar las seguras desgracias que se hayan podido producir -mi huerto también está bajo un metro de agua- pero me refiero a que he visto calma, organización, gente por las calles; solidaridad, y hasta humor… Me he tropezado con guardiaciviles, concejales y niños; con policías y bomberos, con jóvenes y viejos anónimos; vecinos todos… Los he visto preocupados pero dispuestos, listos, para hacer cualquier cosa por el prójimo…

Gracias Vecinos, gracias Protección Civil, gracias Señora Alcaldesa, gracias Señor Policia, gracias Señor Bombero y gracias Señor Guardiacivil… Y gracias Almoradí…

Y me he dado cuenta que Almoradí funciona, si funcionamos juntos….

El único ‘pero’ que yo pondría a nuestro comportamiento como pueblo, sería, el de que durante toda la tarde solo estuvo un bar abierto, sólo uno: el Bar del ‘R’. Ahí sus…🤣😅

Os quiero…

Así que vaaamos, vaaamos…❤️

Antonio Rodríguez Miravete.

lee Paula…

Como de pura pereza no te gusta leer, empecé a escribir historias lo más cortas posibles; para dejarte sin tu única excusa, y para que así, acaso te picase la curiosidad por conocer experiencias de tu padre. Y me gustaría también que si fuera posible, hasta disfrutaras, te divirtieras, o te emocionaras con mi forma de contarlas. Por eso empecé a escribir este blog de historias en un folio… Tuyo es el primer relato que escribí, y para ti escribo… para que leas.

Fui un poco exigente en vuestra educación inicial, lo sé…

“Si un niño no ha aprendido a dar las gracias y a pedir por favor a los tres años, cuanto más se tarde en enseñarle, peor para todos…”

Hacía calor aquella tarde, mucho. Volvíais exultantes, con vuestro anhelado regalo después de dar una vuelta por la feria… Solo fue cruzar la puerta de entrada del piso y ya corríais, casi frenéticas, a vuestro cuarto a jugar con aquella única y flamante muñeca Barby…

Todo normal hasta que, poco a poco, severos e intolerables, comenzaron aquellos gritos de vuestra seria regañina… La algarada en verdad me extrañó y alarmó, ya que rara vez os peleabais, y menos aun así… Como un resorte, salté de mi sillón corriendo hacia vuestra habitación; de un golpe abrí la puerta…

Ahí estabais, las dos; aullidos, insultos, pelea… In fraganti os pillé estirando muy enrabietadas, la una de la pierna y la otra de la cabeza, de aquella condenada muñeca… Nunca os habíais peleado así entre vosotras; con esa violencia nunca… Decidí que había que daros un buen escarmiento para que nunca volvieseis a reñir así; así no, nunca más…

“Tenéis que compartir hasta el aire que respiráis…”

Ipso facto dejasteis de discutir cuando entré en vuestro cuarto… No sé si recuerdas como, ya los tres en un brusco y completo silencio, me acerqué rápidamente y muy enfadado a vosotras, arrancando súbitamente de vuestras manos, la muñeca objeto de tan macarra disputa. En ese mismo instante, visto y no visto, con un latigazo de mi brazo, la arrojé sin remedio por la ventana abierta de nuestro séptimo piso…

Abiertas aunque silenciosas vuestras bocas por la sorpresa y el desconcierto, ambas me mirabais estupefactas… De soslayo, también mirasteis desconsoladas, la caja vacía y el triste envoltorio recién rasgado de aquella pobre muñeca voladora…

Inmóviles, los tres; pasaron unos segundos espesos, lentos, tensos… Ni nos asomamos si quiera por la ventana para ver dónde habría aterrizado la desdichada pepona…

– ¿Es que, de verdad, no vamos a bajar a cogerla papá…? Me preguntaste, retadora.

– No, no vamos a bajar…

– Es nueva… Replicaste feroz, aunque con retintín…

Tu hermana nos miraba, prudente, casi en shock tras mi drástica reacción; pero no decía ni media…

– Y vale mucho dinero. Insistías tenaz, mirándome fijamente…

– Da igual… Si algo nos hace pelearnos de esa horrible manera, sin duda es mejor tirarlo lejos… ¿No estáis de acuerdo…?

Y sin esperar vuestra respuesta, me di la vuelta flemático y así, sentencié la discusión… De aquella muñeca nunca más se supo, y tardasteis algún día que otro en volver a hablarme, especialmente tú… A cambio, conseguí el no volver a veros pelear así, nunca…

Tú estás casi completamente en otras cosas, lo sé… al igual que la mayoría de los jóvenes de tu edad… Son otros tiempos. Pero has de saber que el hecho de adolecer de tan imprescindible hábito, como que cava un hueco hondo en tu persona, convirtiéndose en una falta esencial; en un debe que siempre tendrás contigo misma… Una merma que, sin duda, frena sino cercena tus capacidades presentes y tus posibilidades futuras; porque la palabra escrita con precisión, tiene una trascendencia que no tendrá nunca la solo hablada… Aunque sé, que tú ahora no lo percibes así…

Creo que todas las personas albergamos un genio en potencia, escondido, huidizo, recóndito… Cada uno de nosotros seguro tenemos habilidades increíbles que desconocemos; o virtudes especiales, que nunca terminamos de creer que las tenemos… Pero esto es así porque necesitamos al otro, al prójimo… Es necesario, siempre, que otra persona ejerza de catalizador, de detonante que haga explotar ésas nuestras habilidades geniales; alguien, que despierte el espíritu que nos hace crecer en todos los sentidos…

Tú has sido una de esas personas en mi vida. Y yo espero serlo de alguna manera para ti. Tu genio indomable, tu sensibilidad y tu inteligencia, cambiaron mi forma de miraros como hijas, y terminaron de hacerme sentir profundamente padre…

Tu hermana inició mi experiencia paternal de una forma deliciosamente fácil; como sabes, es un cielo en la tierra que jamás me dio berrinche alguno. Y su sensibilidad e inteligencia, pero sobre todo su sentido común, hicieron de mi inicial paternidad un período maravilloso y de muy feliz recuerdo…

Peeeero… luego llegaste tú; y tu risa… Todo cambió con tu risa y con ese sagaz temperamento dominante que tienes… Vehemencia la tuya, que no ha empañado nunca tu honda nobleza; sino al contrario ha hecho de tu presencia y tu adorable compañía, un reto constante y una verdadera aventura…

A penas andabas ni hablabas y ya jugabas, con ahínco y astucia, al escondite; disfrutabas como una loca especialmente cuando te tocaba buscarme… Al final siempre ganabas tú claro, buscándome concienzuda en todos los rincones de la casa; y recuerdo cómo terminabas el juego: mezclando tus entusiasmados gritos de “te pillé” con el hermoso estruendo de tu risa desbocada…

Gastabas bromas con apenas un año… Me hacías el avioncito tú a mí con la comida… Lo salpicabas todo alrededor con tu pedorreta cuando, muerta de la risa, hacías el ruido del motor del dichoso avioncito…

Recuerdo cómo te descuajaringabas cuando me pasabas, lenta, pícara y socarrona, aquella cuchara voladora por delante de la cara. Aquella cuchara, que lógicamente nunca aterrizaba en mi boca, porque siempre la derramabas por ahí encanada de risa y, pese a mi fingido enfado, lo pringabas absolutamente todo a nuestro alrededor…

A tu edad yo, ya conocía al pirata Sandokan y su mundo, gracias a Emilio Salgari; Conan Doyle me sorprendió, asombrándome con la enorme sagacidad de Sherlock Holmes; también había alucinado con el fantástico Viaje a La Luna de Julio Verne; y ya, Mica Waltari, casi había acabado de cuajo con mi adolescencia, de la mano de Sinhué el Egipcio… Todos ellos, y mi timidez, contribuyeron a dotarme del hábito maravilloso de la lectura atenta…

Hábito que indefectiblemente despierta nuestra curiosidad y lucidez; y forja criterios con tempo lento, palabras hondas, e ideas nuevas… Leer cultiva la paciencia y la atención; acostumbra y enseña a reconocerse a solas, y a pensar… La lectura así, se convierte en maravilloso camino para penetrar y ser penetrado, por ignotos paisajes humanos a través de palabras ajenas, sueños imposibles e ideas extrañas…

Una excelente costumbre donde invertir pasión y tiempo, mucho tiempo… Un fresco e inacabable manantial de experiencias nuevas y, sobre todo, de verdaderos deleites…

“Portaos siempre como señoritas…”

“Si levantas la mano, y no das; luego, no tienes fuerza pa’ná…”

💕💕💕💕

Antonio Rodríguez Miravete

LA VIDA EN UN MOMENTO

HABITACION

Me despertó bruscamente aquel sordo ronquido, entre agónico y estertóreo, que apartó de mí el rácano pero necesario sueño que comenzaba a conciliar… Eran las once de la noche; del cuarto día ya…

Mis lumbares crujieron al incorporarme de aquel sillón infernal de la habitación del hospital donde la habían operado… Una vez que embotado conseguí levantarme sin quebrarme, observé los labios amoratados y me alarmó su respiración sibilante, trabajosa y desacompasada; síntomas que, a sus ochenta y cuatro años, no presagiaban nada bueno…

La llamé por su nombre, y solo acertó a balbucear sonidos guturales deslavazados que, junto con lo perdido de su mirada, confirmaban el síncope inesperado que estaba sufriendo tras su colectomía de la víspera… Como aturdido, y embridando el miedo y mi alarma, llamé a las enfermeras de guardia; quedé en silencio y a solas con ella, con la frustración de comprobar lo poco que yo podía hacer…

Mi entereza estaba a punto de romperse por el pánico de asistir, a solas, a la muerte de mi madre… Pensaba en llamar a mi única hermana cuando, de repente, entraron en tromba al menos tres enfermeros y un médico, quién con una rotundidad calculada, me sugirió que era mejor que saliese de la habitación…

El pánico seguía ganando terreno en mi espíritu cuando, al controlar mentalmente lo desbocado de mi respiración asustada, y así, aquietar aquel redoble miedoso de mi corazón, extraña y lentamente experimenté, rompiendo a llorar, una especie de revelación al recordar…

En esos críticos momentos, un extraño carrusel de instantes de mi vida, de alguna manera, se proyectaron desordenadamente frente a mí… Me di cuenta de que ahora, éste, y no otro, era el mejor sitio donde podía estar dado el trascendente momento…

Si mi madre iba a morir, no había nada más importante que hacer que estar a su lado; pero no solo por ella, sino también por mí.

regalo

El ejemplo que mis padres siempre me han dado, ha sido un verdadero regalo de amor; y con el ejercicio constante de ese amor, me han dotado de un universo moral hermoso, basado en la verdad y en el sacrificio personal. He sido inculcado con nobles principios que creo han hecho de mí, al menos, una buena persona…

He de reconocer que la mayoría de la multitud de mis defectos, de mis fracasos y decepciones, han sido precisamente fruto de las veces en las que, de forma insensata, he ignorado las normas de mis padres, desoído sus consejos, y ninguneado sus ejemplos.

Untitled. (Photo by LJ)

He visto a mis padres honrar a los suyos con un sempiterno respeto; los he visto, a ambos, cuidar de sus ancestros con sincera compasión, en la vejez y hasta la muerte; haciendo de ello no una obligación sino un orgullo, al devolverles con verdadero sacrificio y verdadero agrado, aquellos cuidados que un día sus padres les entregaron amorosos, cuando niños…

Oyendo el ruido acompasado del taconeo de mis pasos en el pasillo, me percaté de que el control de mi agitada respiración y mis latidos, la reflexión del curso calmado de mis pensamientos, y el disfrutar del tierno vagar de mis recuerdos,

acallaron mi pánico inicial; dando paso a una sensación calmada, como de una obligatoria aunque feliz aceptación del inevitable dolor por venir…

Tenía, la trascendente oportunidad de asistir a la muerte tranquila de uno de mis progenitores, y de honrarles a ambos con la dignidad de mi entereza…

El caso es que a día de hoy, a meses de este suceso que os relato, por suerte todavía sigo disfrutando de la presencia y del ejemplo de ambos…

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Antonio rodríguez Miravete

8 de Marzo…

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Me preguntan mis dos hijas, desde su inocente adolescencia, mi opinión acerca de la huelga feminista del ocho de Marzo…

Les respondo que, hasta que yo recuerdo, siempre se había celebrado el ocho de marzo, como el DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA… Que siempre había sido ese día, jornada no de huelga sino de merecida celebración insisto; y de justas reivindicaciones, como no podía ser de otra manera…

Celebración de lo femenino, del mérito de ser mujer en toda época y circunstancia. Y siempre habían hecho las mujeres de este día, repito, no uno de de tensión social y huelga cuasi obligatoria, sino algo así como un ‘día feriado’ en el que la que podía, no trabajaba… Pero ese ‘no trabajar’ era algo así como un gesto casi festivo, de demanda y exigencia de de unos derechos y libertades más que merecidos.

Había sido siempre el ocho de marzo una ocasión para alabar la valentía de la maternidad trabajada; el coraje de engendrar, parir, educar y nutrir amorosamente…

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Una fecha histórica para exaltar las virtudes del trabajo, el esfuerzo y la dignidad femeninas. Un día éste, para ensalzar a la mujer en la figura de las esposas amadas y las amantes deseadas; de las hijas adoradas; de las madres abnegadas y de las hermanas cercanas… Un gesto para amigas sinceras y compañeras… Era en el fondo un rendido homenaje a un género, el femenino, que si no existiera, habría que inventarlo…

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Creo que el hacer de una celebración así, ocasión para enfrentar casi agresivamente en una huelga tramposa a hombres contra mujeres, no es sino un intento sibilino de instaurar, la perversión paranoica de un complejo maníaco depresivo, que persigue la disolución de lo femenino en favor de una sectaria ideología de género, ya no feminista, sino represora, oscura y revanchista; además de segregadora y completamente inútil…

Que no os engañen

¡¡¡ VIVA EL DÍA DE LA MUJER…!!!

Antonio rodríguez Miravete. Juntaletras

Maltrato y Amor – JM de Prada

Nunca antes había colgado en mi blog un artículo que no sea mío. Pero este escrito de Juan Manuel de Prada me parece una maravilla, y por ello lo comparto con vosotros.

Artículo de Juan Manuel de Prada, publicado el 27 de Noviembre de 2017 en ABC

“Remedios Maltratadores”

Allá donde no hay sacrificio, el amor se convierte en orgullo narcisista de poseer y dominar

Los remedios con que nuestra época pretende combatir la calamidad del maltrato a la mujer sólo contribuirán a exacerbarla, como ocurre siempre que se desarrollan remedios contra las calamidades sin querer renegar de la filosofía que las inspira.

Al fondo de esta calamidad hay una antropología nefasta que se afirma en principios tan aborrecibles como el narcisismo, la codicia de mando, la divinización de la sensualidad, la búsqueda egoísta y utilitaria del goce inmediato, la sed vulgar de una felicidad impermeable al compromiso y al deber. Pero, en lugar de combatir esta antropología nefasta que convierte a muchos hombres en maltratadores, se pretende que las mujeres afirmen también los mismos principios aborrecibles, lo que inevitablemente redundará en mayor número de mujeres maltratadas; pues, allá donde dos bandos defienden los mismos principios erróneos, se impone el que tiene mayor fuerza bruta.

Para combatir la calamidad del maltrato habría que empezar por combatir lo que nuestra época diviniza: una felicidad que se logra a través de la satisfacción inmediata del propio deseo y la exaltación del yo. Es grotesco que una época que aplaude la infestación pornográfica y la sexualidad más pluriforme y animalesca, a la vez que persigue y escarnece las virtudes domésticas, pretenda al mismo tiempo que los hombres vean en las mujeres seres dignos de respeto.

Es por completo demente que una época que glorifica el utilitarismo, la soberanía de la pasión y la búsqueda constante de goces inmediatos y novedosos pretenda al mismo tiempo castigar las violencias que brotan de las aberraciones que glorifica.

Para combatir el maltrato a la mujer hay que asumir primeramente que toda relación humana digna del tal nombre se funda sobre la noción de sacrificio.

No hay vida feliz sin sacrificio mutuo, sin renuncia a uno mismo, sin paciencia abnegada y constante. Los seres viles se afanan por imponer su voluntad y su deseo; los seres nobles se esfuerzan por cumplir con su deber, por aprender a donarse, por dejar de pertenecerse. Sólo así uno se siente ligado al otro e invadido por su destino, incluso cuando se extingue la pasión, incluso cuando acecha el tedio vital; de lo contrario, el tedio vital y la extinción de la pasión hacen odioso a quien nos acompaña.

Decía Thibon que cuando falta el sacrificio uno sólo puede amar en el otro un brillo superficial que no tarda en desgastarse; y cuando ese brillo se desgasta, el amor se convierte en aversión y desprecio. Y a las cosas que despreciamos terminamos tratándolas, inevitablemente, a patadas. Allá donde no hay sacrificio, el amor se convierte en orgullo narcisista de poseer y dominar. Así las relaciones entre hombres y mujeres se convierten en un duelo de egoísmos en donde no tardan en aflorar las susceptibilidades, las desconfianzas, los recelos, las irritaciones y, finalmente, la animadversión y el aborrecimiento.

Cuando en las relaciones entre los dos sexos media el sacrificio, el amor es una ofrenda; y el ser amado se convierte en una auténtica patria: una tierra que se cultiva y se cuida, que se hace grata y fecunda a través de nuestros desvelos. Cuando en las relaciones entre los dos sexos media la exaltación del yo, el amor es codicia y afán de anexión; y el ser amado se convierte en una triste colonia: una tierra que se expolia y ordeña, que se pisotea y escupe, para después abandonarla.

En lugar de hacer del otro una auténtica patria, mediante una antropología fundada en la entrega y el sacrificio, nuestra época pretende hacer de hombres y mujeres odiosos colonizadores. Así sólo lograrán exacerbar la calamidad que dicen combatir.

Juan Manuel de PradaJuan Manuel de Prada

¿que porqué escribo…?

Es curioso, pero cuando la indignación hace hervir mi sangre, a mis meninges les da por escribir de forma casi compulsiva, vehemente, y hasta violenta a veces… Me provoca una sensación agobiante y extraña la indignación… Y al intentar en vano acercarme a describir sus efectos, solo se me ocurre decir que se parecen un poco a esas borrosas sensaciones, emocionales y físicas, que todos experimentamos antes del llanto; justo justo, antes de romper a llorar…

Percibes esa punzada difusa, amarga y cuasi dolorosa; en la parte baja de la garganta, que, como ascendiendo por el cuello hasta nuestra psique, se transforma en sincera gota de lágrima emocionada en el caso del llanto; pero torna en pérfida gota de corrosiva impotencia en el caso de la indignación…

El hecho es que me vengo arriba escribiendo, espoleado por la indignación… Ésta, se va transmutando en dinamita verbal, a punto de estallar… La indignación así, se va transformando en violencia contenida que, mezclada con la impotencia, afortunadamente, solo aciertan a sacar de mí palabras, como éstas, torpemente entrelazadas…

Solo palabras pero, eso sí, diríase con cierto aire de impotente revancha verbal; como un inocente alivio de una tensión inútil, o como un enconado deseo de escarmiento a no sé quién, y por no sé qué…

En esos momentos, casi en trance, sigo tecleando, y la indignación emerge sin remedio en forma de palabras ardientes, espesas, como lava… Poco a poco, ese verbo incandescente y caótico va tomando forma, como de grito escrito; una especie de alarido epistolar; algo así como una manifestación solitaria; como una impotencia potenciada…

No sé si servirán para algo útil, pero las voces surgen por sí mismas… Y llega un momento, que al ir poniendo orden en esa erupción de palabras solitarias y dispersas, se van aplacando aquellos ímpetus indignados que me impulsaron a escribirlas…

Y me funciona… porque creo que la indignación, plasmada negro sobre blanco, ordena mis pulsiones peores, calma mis ardores justicieros, y satisface mis anhelos de implicación por las causas que me indignaron y me empujaron a escribir…

Así, como a parturienta a quien el fruto de sus entrañas irremisiblemente empuja a romper aguas; a mi, la indignación, inevitablemente me empuja a romper a escribir… o a llorar.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Los Pactos de La Moncloa

Salvo por los hijos de perra de la ETA, fue un período feliz -lo recuerdo bien- el dictador estaba muerto… Esperanza, ilusión, conciliación; se palpaba en el ambiente una vibración compartida, una excitación común; se lo notaba incluso, y especialmente, a mi padre…

Era mi padre un tipo dulce, moderado, conservador, casi anodino ideológicamente por prudente… rondaba la cincuentena y expresaba con tiento y recato sus escasas opiniones políticas; detalle éste que era normal en las personas de su generación, ya que habían vivido enteramente bajo el régimen franquista.

Eran evidentes sus inocentes expectativas por el momento que estábamos viviendo; estaba extrañamente ilusionado… Él, con discreción, pero con determinación, se definía como “cristianodemócrata” y recuerdo que al decirlo, se le notaba un tono así como de alivio, como de alegría largo tiempo contenida… La estrechez censora en la que se había criado desde que recordaba, siempre había coartado sus expresiones políticas, y seguramente también las de otras índoles…

Recuerdo especialmente el viernes santo que legalizaron al Partido Comunista (25 de Abril de 1977) Fue especialmente reseñado y celebrado por mi padre –de derechas- como un gran día.

Un día en el que los españoles decidieron atarse nuevamente con un abrazo simbólico que, al abarcar a toda la izquierda, concernía por ello a la totalidad de españoles, que en tropel casi unánime quisieron unirse a ese gesto.

Estaban todos: los franquistas de falange y la derecha renovadora de UCD; un Partido Socialista moderno e innovador, deslumbrante de ideas y defensor de principios comunes; por supuesto el Partido Comunista y, aunque hoy nos parezca mentira, hasta el incipiente aunque influyente nacionalismo prácticamente al completo.

Lo digo porque yo estaba allí, y lo recuerdo, aunque en aquél momento no pudiese valorar con criterio la enorme importancia histórica de lo que estaba sucediendo; tenía 13 años y mi inocente percepción, era que había sin duda alguna una enorme ilusión colectiva. Era evidente que empezaba algo importante…

La “gente” hablaba de convivencia y de perdón, de reconciliación y de legalización; de libertad, de “libertad sin ira…”

Quiero que quede claro que yo jamás he pertenecido a partido político alguno; tampoco soy de ningún equipo de fútbol, ni de ningún club de fans; nunca he sido “de nada” ni, por supuesto, “de nadie…” Siempre he sido un verso suelto, con ideas seguramente equivocadas en muchos casos, pero con criterio propio y, voluntaria y expresamente, sin adscripción ideológica alguna.

Por todo lo anteriormente expuesto, y salvo revanchismo o por la pura avaricia del poder, no acierto a entender porqué una parte muy importante de la izquierda de éste, nuestro país España, insensatamente, está empeñada en la felonía de dar por buena la falaz infamia de afirmar que “lo del 78” fue la imposición de un supuesto “Antiguo Régimen” con la espuria finalidad de crear otro: “El régimen del 78…”

Asco me da la expresión, ¡Coño…!

Perdonad lo grueso de las palabras “felonía e infamia” pero es que, pretender enmerdar de forma falsaria, sectaria y torticera, un período tan trascendente de nuestra historia inmediata -y del que sin dudar tendríamos que estar profundamente orgullosos- es algo intrísecamente infame y traidor, además de enteramente falso…

Lo que resultó de aquel período no fue en ningún caso una imposición, ni el triunfo de ningún contubernio, conspiración o confabulación alguna. Hasta para un niño de 13 años, era palpable el sentimiento de libertad y de crucial oportunidad; había que decidir algo trascendental… Algo que yo todavía no alcanzaba a entender en profundidad…

Algo, que posteriormente fue calificado en el mundo entero como “el ejemplo español” Fuimos el caso arquetípico de forma pacífica y respetuosa de “transición” de un régimen dictatorial a uno impecablemente democrático; y fuimos ejemplo por ello para el resto de las naciones…

Y yo sí sé, que fue algo colectivamente hermoso; que no sé con qué intención, algunos, están empeñados en denostar…

Antonio Rodríguez Miravete

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