Archivo de la categoría: HUMOR

EL PARTO

Como le interesaban tanto lo de las energías, lo del yoga, el karma y eso de los chacras y el despertar del tercer ojo, le pregunté ¿que si entendiéramos la vida como una sucesión de ese tipo intercambios energéticos, cuál, diría que es el acto más energético que podríamos experimentar…?

Tardó, un poco, en responderme que hacer el amor; vamos, que follar… Que estar dentro de o tener dentro a alguien. Porque sin duda es un acto aquél, en el que se intercambian multitud de energías humanas y de fluidos esenciales para la vida y tal…

Yo le dije, que seguramente lo más energético que hay en este mundo es hacer explotar una bomba atómica… O tal vez parir… Pero, porque no debe haber forma más energética de sentir o sentirse dentro de alguien, que pariendo o naciendo… Ese empujar de una misma y desde dentro; desde tus propias entrañas, sin remedio y sin siquiera punto de apoyo… Esa condena a parir o a morir, a salir o a matar. Esa hemorragia de vida. Todo ese mal trago. Todo, solo por tener o ser un hijo… Energía pura.

Recuerdo abrir la puerta del paritorio del hospital con terror, y ver de repente a aquella parturienta sudando encendida y congestionada, retorcida, gritando a no sé quién y mirando a no sé dónde: “¡Que te salgas…! ¡Que te vayas de aquí…! ¡Que me dejes…!” Estaba como fuera de sí.

¿Y yo qué sabía…? No sabía, ni dónde meterme en medio de tanto grito de las al menos cuatro o cinco hembras pariendo en aquella sala. Los dolores de verdad ya habían empezado… Rotas las aguas, las contracciones aumentaban, la tensión me espantaba. Ya, de parto… El dolor en todas sus formas siempre me había aterrado, superado.

Estaba a su derecha cagado de miedo agarrándole la mano, cuando los ojos de la matrona emergieron por encima de aquel monte de Venus que paría, para urgirme a que fuera corriendo a cortar el cordón umbilical… ¡Vamos, ven, ahora…! ¡Ya está aquí…!

¿Cómo coño iba yo cortar semejante cosa… Yo, que me mareo siquiera al pincharme cortando una rosa…?

Deja deja, córtalo tú, le dije en un puro mareo… Casi que me caigo al suelo en redondo. ¡Qué nervios! Entre gritos nacemos… Y yo, como un pollo sin cabeza, blanco como el papel, y enredando por allí enmedio…

Me la dejaron echada como ahí; como en el mostrador de una tienda. Solita… Recién lavada eso sí, pero como desamparada y envuelta ella, tan solo en una ligera muselina también de color verde hospital claro… Como si me la hubiesen dejado en un dispensario cualquiera, a la espera de que alguien viniera y se me la llevara… Y claro, no me separé de ella ni un solo segundo.

Recuerdo a mi derecha a un tipo como desagradable, con gorro, mascarilla y bata verde como yo; luego, supe que era el doctor jefe de maternidad del hospital. No paraba de mirarme de soslayo aquel tipo, ni de enumerar un sin fin de detalles médicos varios e incidencias técnicas del parto; luego, supe que estaba dictando los detalles del certificado de nacimiento… Cuando ya llevaba descritos muchos detalles de aquellos, se paró extrañado. Me miró ahora fijamente, y me dijo el desagradable ¿que qué coño hacía yo que no tomaba notas…?

¿Notas yooo…? ¡Ufff qué nervios…!

Sosteniéndole la mirada y muy sorprendido por lo maleducado de su pregunta, le respondí algo retador ¿que qué coño noootas…? No se había percatado el doctor de que yo era el padre… Como de puro nervioso no me estaba quieto por ahí, me confundió, con el enfermero encargado de rellenar el formulario certificando el nacimiento… ¡Ufff qué nervios…!

Entonces, aquellos ojos de matrona con mascarilla abandonaron por un momento la episiotomía en la que estaban, y volvieron a emerger de aquel mismo monte de Venus ahora ya parido, para decirme casi encanada de la risa que dejara ya de enredar por ahí, que me portara bien y me estuviera tranquiliiico… Y que ya, faltaba poco para que todos saliéramos de allí… Hasta la madre recién parida empezó a reírse de lo chocante de la situación…

Y no te digo nada, cuando pretendieron subir a mi pequeña a la planta de neonatos sin que yo la acompañara… Una enfermera me dijo sin más que me apartase, que iban a subirla… Yo le dije “que nanai, que lo que había en esa incubadora era mío; y que tenía que acompañarla sí o sí para saber dónde me la dejaban, no fuera a ser que por error me la cambiasen por otra…”

Aquella enfermera bufaba, e insistía: “que no dijera tonterías y que no podía subir y punto… Que entendiera que estaba prohibido; que esto era un hospital y que era las normas y tal…”

Y yo, cabezón, también le insistí mirándola fijamente: “que era ella la que no lo había entendido… Que yo era el padre, y que me daba igual todo; porque iba a subir a planta con mi hija sí o sí, se pusiera ella como quiera que se pusiera…”

Y al final claro, subí con mi hija y ella…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

mi primer coche

Desde finales del verano de aquel año estuve currando hasta de albañil; y convenciendo pacientemente a mis padres de que con mi dinero, iba a hacer lo que me diera la gana…

fotos simca (1)

Compré aquella tartana con urgencia porque acababa de conseguir un buen trabajo en Alicante, a cuarenta y cinco kilómetros de casa; necesitaba sí o sí un coche para trabajar… Al final tomé la decisión, digamos que precipitada, de elegir un ajado Simca 1200 modelo TI, del año 1974, creo… Una máquina de cincuenta y cinco caballos algo ausentes eso sí, pero que en aquella época colmaban de sobra mis novatas aspiraciones automovilísticas. Lo encontré en un rastro y me costó el equivalente a mil euros de hoy… No había ahorrado absolutamente nada de mi magro sueldo, y tuve que comprar aquella joya a plazos; poco a poco, semana a semana, pagué por adelantado y en billetes el equivalente a los quinientos y pico primeros euros…

Era ya la víspera de la nochevieja de aquel año y quería conducir ese coche ya… Sí o sí. Por ello, con lágrimas fingidas de bisoño veninteañero y al tiempo que depositaba en su mano un muy esforzado fajo de billetes, supliqué al Rebagliato ¡que por Dios! me dejase disfrutar de mi anhelado vehículo pese a los poco más de trescientos euros que todavía le debía…

Argumenté insistente y lastimosamente: que si era la víspera de nochevieja; que si ligaba menos que el chofer del Papa; que si yo era formal ¡y qué coño! éramos del mismo pueblo; que si necesitaba echarme una novia con muchísima urgencia… Le rogué abiertamente que se apiadara, y se fiase de mí en definitiva, porque me moría por agarrar aquel volante…

Clavando sus amenazantes ojos azules en los míos, tras advertirme de la deuda que con él quedaría por saldar, El Rebagliato cedió a mis súplicas entregandome las llaves con renuencia; refunfuñaba, y mascullaba no sé qué de que iría a mi casa a final de mes, si no le pagaba según lo acordado…

carretera-ingimage.png

Dioooss qué gusto el clavarle el pie al acelerador de aquél mi primer coche. La mejor nochevieja hasta el momento: por fin tenía vehículo… Y no paró un momento de llevarme de fiesta en fiesta, de un lugar a otro. Pim pam, pim pam… Nos repartía sin descanso por doquier hubiera un sarao, o una juerga de cualquier tipo fuera nochevieja, año nuevo o día de reyes… Se portó como un campeón.

Pero llegó el día ocho de enero, y empezó el primer día laborable de mi primer contrato laboral con mi primer coche… Ahora tocaba probar de veras la solvencia mecánica de mi joya, ya que tenía que hacerle ciento y pico kilómetros todos los días…

Pantalones de tergal, corbata, chaqueta y frío, mucho frío. Aún recuerdo aquellos primeros viajes de ida, somnoliento, por la carretera de la Úrsula y rumbo a la calle Reyes Católicos en pleno centro de Alicante; y un enorme plano callejero de papel desplegado sobre mis rodillas. Toda una aventura a mis veinte años… En aquella época se podía aparcar casi en la puerta del establecimiento al que te dirigías; eran otros tiempos…

Pero, en especial, vienen a mi memoria los viajes de vuelta… Ya por la tarde, ya sin sueño. Alentaba mi inexperto espíritu de piloto el hecho, de dominar los inquietantes temblores del volante de aquel coche al tomar con cierto arrojo las curvas traicioneras de la carretera. Ignoraba por completo el inminente peligro que aquellos tembleques aseguraban…

Llevaba poco más de quince días dándole caña a aquella joya mecánica con mis trajines laborales… El Rebagliato me dio las llaves del día 30 de Diciembre; por lo que no habrían pasado apenas ni cuatro semanas desde que tenía coche…

Arranqué el motor aquella fría mañana de Enero, y aunque áspero, el ruido de aquel desperezar mecánico no presagiaba el desastre que se me avecinaba… El Simca carraspeaba en frío y se arrastraba tremolante y lento por la vieja carretera de Dolores… Así, hice unos tres kilómetros hasta que llegué a la altura de la sempiterna gasolinera, a partir de la cual, una ligera cuesta de la carretera advertía del cruce con la hoy desaparecida vía del tren…

Fue al cruzar aquel paso a nivel… Algo extraño al frenar, un quejido metálico, como un golpe quebrado hacia abajo… Una breve caída y un arrastre… Los vaivenes y la inercia del coche al cruzar las destartaladas vías terminaron bruscamente, en seco; como cayendo…

fotos simca (2)

Noté que mi culo quedó sentado casi a ras del suelo. Estupefacto y algo asustado salí del coche; la puerta arrastró en el suelo al abrirla, y al incorporarme por completo -casi tuve que salir a gatas- vi las ruedas delanteras. Ruedas como abiertas de piernas, desvencijadas… ¿Y el motor…? También en el suelo con los soportes retorcidos y vencidos. El chasis mostraba unas soldaduras infames, que desgarradas ahora, habían ocultado la estafa, la ruina y el riesgo que el conducir aquel vehículo suponía… Mientras, los humores intestinos de aquel motor caído, se derramaban lentamente, como una hemorragia negra sobre las traviesas mojadas de la vía.

Tierra, trágame…

Era hora punta, y se formó una cola tremenda de coches exasperados por la extrañeza y las prisas; bocinazos tensos, nerviosos; gritos, muchos ternos… Qué vergüenza…

Yo, pantalones de tergal, corbata, chaqueta y frío, mucho frío… Con fingido gesto impasible, entré casi a rastras de nuevo en el coche a recoger solo mi agenda. No paraban los bocinazos… No recogí por dignidad ni la documentación, ni el aparato de radio, ni los casetes, ni ningún otro chisme de los que llevaba en el coche. Ni siquiera quité las llaves ¿para qué…?

Resultaba un espectáculo patético; más bocinazos… Cerré el coche con un impotente portazo de rabia, y totalmente abochornado comencé a caminar estoicamente en dirección de vuelta al pueblo, con la poca dignidad que todavía me podía permitir…

Andando enrabietado caminito de mi casa y al pasar frente al taller de los Albaladejo, vi, y compré en ese mismo momento, un Seat 131 Supermirafiori 1430 de gasolina azul, bonito; también de segunda mano… Me lo quedé con urgencia, sin regatear, con la sola condición indispensable, de que recogieran sin falta aquel despojo de chatarra que embotellaba la carretera, y de que se deshicieran de él lo antes posible… Nunca más quise saber nada de aquel coche.

Por supuesto, no pagué el dinero que me faltaba pese a que El Rebagliato, aún a sabiendas de mi percance con la joya, tuvo la desfachatez de venir a mi casa en un par de ocasiones a exigirme que terminase de pagarle…

Casi, terminamos mal.

Me duró, creo que veintinueve días el coche…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

redes sociales

Nos da la sensación de que ahí, al menos, somos alguien en la pantalla; de que tenemos eso que llamamos seguidores; y de que quién sabe si quizás, también tenemos algún que otro amigo…

Algo tan bonito, como la idea de una red social en la que pudieras ver solo lo que te saliera del capullo o de la seta, vienen a jodértela un puñado de inversores e ingenieros informáticos para lo que se llama monetizar la idea… Hacerla negocio, vamos.

Espero haber respetado el lenguaje inclusivo éste de ahora…

No nos engañemos; ésto del feisbuc, tuiter, istagrán y tal, se ha convertido en algo así como una especie de vertedero de tiempo, de tiempo muerto… Un desperdicio de tiempo humano; tiempo embobado de pantalla en pantalla, y por ello, mandado casi por entero a la mierda. Un tiempo-basura, del que algunos se aprovechan escarbando en busca de nuestros datos…

¡Qué cosas los datos!

Qué te gusta; qué haces con tu tiempo; dónde vas y a qué hora vuelves; cuántas pulsaciones tienes en este momento; si se te pone o no dura… Y por supuesto tu dinero, todo… Recuerda que hoy tener metálico en el bolsillo, es cosa solo de delincuentes. Hemos consentido ya no que nos lo controlen, sino hasta que nos lo prohíban… La posesión libre de dineros en metálico legal, siempre ha sido uno de los más simples ejercicios de nuestro derecho a la propiedad privada; pero claro, eso era cuando vivíamos en libertad…

Hemos convertido el móvil, y sobre todo las redes sociales, en un refugio egocéntrico donde camuflar cosas. Es hoy el teléfono un escondite, un parapeto tras el que nos refugiamos y aparentamos inmunes, frente esta rotunda soledad tecnológica que nuestros tiempos propician; como disimulándola…

Por ejemplo: ese tiempo en el que entras en la sala de espera de la consulta de tu dentista, y refugias la mirada amable que le debes a los que esperan como tú, escondiéndola tras la atención a tu istagrán. No mirándoles… Es la excusa perfecta para no atender a nadie, para aislarte. Les dices apenas buenos días, pero te la sudan…

O como cuando estás algo cohibido en esa entrevista de trabajo con otros seis candidatos, sentados en silencio, esperando en la misma estancia… Y para hacer frente al incómodo silencio abres tu feisbuc, sin otro motivo que el de eludir en lo posible la interacción con ellos… Así, escondes o disimulas tus ganas competitivas de que ojalá se esfumaran… Pero también escondes tras la pantalla tu nerviosismo, tu timidez, y la ansiedad…

Otro ejemplo: terminas de cenar en casa un día cualquiera con tu pareja; y como no te hace caso porque está absorta en el sofá chateando por guasap con la hija menor de su anterior matrimonio, te plantas el móvil delante tuyo para matar ese tiempo muerto, viendo en el feisbuc qué coño pasa por ahí… Y lo que pasa es una hora y media, o dos… Y cada uno a lo suyo.

Paradójico; mucho medio de comunicación tecnológica y multimedia, pero poca comunicación humana, medianamente auténtica…

Por otro lado, las redes sociales éstas, se han convertido en una forma más de dominación social, de control del pensamiento; una manera más, de las muchas que tenemos, de dejar que nos metan el dedo por el culo con los algoritmos ésos, a cambio de que nos dejen hocicar en el barro de vidas de otros…

Y nos entretenemos embobados con la pantalla dándole hacia abajo al dedito nuestro, sin darnos cuenta de que formamos parte -estamos dentro- de una especie de gran valla publicitaria de egos… Un enorme escaparate planetario y falsario; una ventana gigantesca y estrafalaria, dentro de la que creemos que se nos ve y oye, pero en la que somos mero público para que solo algunos se hagan ver y oír…

He encontrado lo que parece ser un remanso, para los que ya estamos cansados de tener esa sensación de censura, control y reprimenda; para los que tenemos la certeza de que manipulan, escarban y retuercen nuestra información e intimidad cada vez que entramos en el feisbuc; o para los que nos la trae al pairo la vida y naderías de famosos sin mérito, políticos lerdos, empresarios negros, deportistas mercenarios, o frikis de todo pelaje y condición…

Parece ser que es otro portal, otra red social que no sé yo si se convertirá también en vertedero, pero que de momento no te clavan todavía ni publicidad, ni esos algoritmos de mierda para que te conformes, te informes, y finalmente te intoxiques, sin saberlo, solo con las cosas que Gran Hermano sabe que te convienen…

Y no nos engañemos, repito, porque en último término siempre somos nosotros los que encendemos o apagamos el jodido aparatito; ya sea el teléfono, la televisión, el ordenador; o si fuera preciso hasta la bombilla, la lavadora, la radio o el frigorífico… Yo recuerdo cuando se vivía igual de intensamente sin ninguno de esos aparatos… A la sola luz de una vela en las noches…

Que no nos la metan doblada…🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El algoritmo

Hoy, con un algoritmo -y vete tú a saber qué coño es un algoritmo- parece ser que hay gente que cree que se puede saber casi cualquier cosa…. De verdad, que hay gente, que o pierde el culo o se hace rica con el algoritmo… ¡Qué cosas…!

Desde predecir o pretenderlo, cuánto tiempo aproximadamente va a durar tu matrimonio dados tus datos y los de tu mujer; hasta saber si tienes posibilidades, o no, de follar en los próximos dos días en vista de esos mismos datos… Y todo ello así, y de paso, para recomendarte un restaurante donde cenar y pelar la pava, o un buen hotelito donde por si acaso echar el polvo…

Alguien, que sabe dónde estuviste anoche y a qué hora llegaste a casa, cree saber dado el jodido algoritmo, si hoy te va a apetecer comida china a mediodía, o tal vez, quizás, una pizza a deshoras… Alguien, pega la oreja espiándote en ésa tu propia casa, y te va indicando hasta que terminas creyendo, que realmente has elegido solo tú la película en Netflix…

Los atresmedia de turno, parece como si te enchufaran, metiendo cada uno su dedo índice en tu culo multimedia, para decidir tus noticias, condicionar tus conocimientos, y tergiversar tus decisiones… Como violadores, te estarán esperando en todos los centros comerciales con la intención de que, en cuanto entres, te detecte el güifi y uses cualquiera de esas aplicaciones tan alucinantes que te dan el oro y el moro, te dejes violar una y otra vez con las requetechulas ofertas personalizadas que ahí te ofrecen…

Y todo ello gratis, claro. Solo se paga en especie, entregándoles tu intimidad.

¡Vaya, con el algoritmo!

…🤓

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Nos vamos a la mierda…

Acabo de ver por televisión que, gracias a Dios, ya te pueden regalar un cepillo de dientes que se sincroniza por blutuz con tu smartphone, para, sin necesidad ninguna de conexión güifi y mediante un complejo algoritmo, indicarte si la presión que aplicas sobre la dentina de tu dentadura es, o no, excesiva para que afecte, o no, a la totalidad de toda tu estructura dental y personal… Y todo ello claro está, para evitar que te quedes gilipollas calentándote la cabeza…

No sé, cómo hemos podido estar bastante más de cincuenta mil años, sin semejante y tan importante artefacto tecnológico dental…

…eeen fin, nos vamos a la mierda.

🤣

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

El amor y un condón…

El amor, debería ser como la sensación de estar unidos por una largísima goma elástica… Atados, con algo así como con un condón gigante y muy usado… De tal forma, que cuanto más estirases para alejarte libremente de tu amor; con más fuerza ese condón, esa goma enorme, tirase de ti inevitablemente de vuelta hacia aquél…

💞 🤣

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

NO TE CREAS NADA

Lejos de mí está, te lo juro lector, el pretender expresar aquí verdades o certezas… Aunque sí es mi deseo, el conseguir acercarme si quiera a describir con palabras esos sutiles y secretos filamentos, que forman la trama y la urdimbre donde se tejen nuestras emociones… Porque son éstas en verdad, de lo que os quiero hablar en mis relatos… Pero hay dos cosas, que procuro nunca hacer al escribir: una es contaros verdades, realidades; y la otra es mentir…

Solo pretendo, lector, que te quedes conmigo cuatro, cinco o seis minutos.. Que me permitas tocarte con letras y si es posible, que vibres o se te erize el vello cuando junto esas letras… Y si no, que al menos te sirva para algo el leer mi intento de expresar; de escribir…

……….

Tras tomar aquella decisión juntos, encanados a llorar, decidimos que iríamos también juntos a la clínica con tal de solucionarlo de una vez… Una decisión muy muy difícil… Recuerdo que cada vez que si quiera pensábamos en ello, rompíamos a llorar de puta culpa y de vergüenza… Éramos tan jóvenes, tan ignorantes…

Y no, no dijimos nada; a nadie…

Entramos creo que temblando, cruzando unas puertas automáticas translúcidas; de esas de apertura lenta y sensación aséptica, típicas de clínicas privadas y caras… Una impoluta enfermera, al vernos titubear agarrados de la mano nos atendió solícita, se ve, que pretendiendo calmarnos con una de esas fingidas y frías sonrisas de buzón abierto de par en par… Una sonrisa como automática, maquinal, corporativa… Comprobó, lo primero, la tarjeta de crédito al rellenar la ficha con nuestros datos…

Como en todas las salas de espera de este tipo de clínicas caras, olía a un exceso de ambientador de notas sofisticadas y como pretenciosas; se ve que para disimular ese otro tufo, mezcla de miasmas, secreciones y ansiedades, propio de toda clínica ya fuere de ricos o de pobres… Antros éstos, que desinfectan y adormecen el olvido y la culpa, y en los que por igual te operaban para abortar, que para implantarte una polla artificial o enderezarte la nariz; siempre y cuando claro, la tarjeta estuviera a la altura…

Nos llamaron a la vez, y nos despedimos con un beso fuerte. Él a la habitación 16 y yo a la 14. Y llegó el momento de que abriésemos las piernas…

Casi tres horas después, nos volvimos a encontrar, temblando, de nuevo en aquella sala de espera de lujo… Ambos lucíamos un rictus espantado, y un evidente y extraño bulto doloroso en la entrepierna…

……….

Lo que sí confieso que hago, lector, es darme algo así como una especie de capricho… Quiero contar algo; y tengo un hecho real que lo ilustra… Pero sobre todo lo que tengo es la potestad de poder cambiar cualquier relato a mi antojo, siempre y cuando claro, sea fiel a la historia y a éso que te quiero contar… Ansío hablar de pequeñas verdades en las que creo, y es cierto que disfruto al contarlas; jugando a mezclar lo verdad y la mentira, la realidad y lo imaginario, el presente y lo pasado; hablando de risas entre lágrimas, o al contrario…

………..

Menos mal que la tarjeta de papá no tenía límite de disposición, porque en aquella casquería de lujo, nos clavaron tres mil quinientos pavos por un par de cortes en los bajos… Su fimosis curó en unos cuantos días; pero costó semanas que el corte en mi vulva cicatrizara, y dejara expedita ya de una vez la estrechez de mi coño… Vulvitis adhesiva congénita, me dijeron…

Menos mal que ya podríamos follar sin que nos doliera… Lo que sí nos dolió, y mucho, fueron los tres mil quinientos sesenta y cinco pavos que nos estafaron… Porque en aquella clínica, nos tangaron con nuestra propia prisa…

……….

Adolescentes, queriendo colmar y aplacar sus urgencias carnales… Un oscuro negocio de matarifes frustrados…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

.

.

¿Cómo se hacen los niños?

Todavía recuerdo aquella mañana de domingo, en la que se ve que me desperté algo más temprano de la cuenta; y como siempre hacía, fui a retozar un rato en la cama de mis padres. Tendría yo siete u ocho años… Al ir acercándome al dormitorio, sin duda, noté algo raro… La puerta estaba entornada al máximo; y tanta oscuridad en la habitación se debía, a que también las persianas estaban casi completamente cerradas. Me paré, indeciso y furtivo ante el umbral de la puerta… En completo silencio la empujé, poco a poco, lo justo para colarme. Y la vista se me fue acomodando a la oscuridad…

Nada se percató de mí, y no sé porqué me agaché y volví a entornar la puerta…

¡Qué extraño! En vez de encontrarme dos personas durmiendo bajo las sábanas, como sería de esperar, apenas distinguí entre la penumbra una especie de bulto semoviente, blanquecino; algo grande e informe… Algo, envuelto bajo los pliegues de la inmensa sábana de aquella cama… Y como que palpitaba el bulto ése; pero con impulsos lentos, diríase acompasados y muy sigilosos… Se movía aquello en una especie de caótico y suave vaivén; un subibaja repetitivo; piiim pam, piiim pam… Y sólo se oían lo que me parecieron como cuchicheos guturales, o gruñidos suspirados, o reprimidos; y una especie de bisbiseos ininteligibles…

No, no lo tenía claro… Viendo lo visto y muy extrañado, no me atreví a interrumpir aquello…

Así que, con un silencio ofídico y volviendo lentamente sobre mis pasos, regresé a mi cama pensativo y atribulado…

Dejé transcurrir la mañana hasta que los oí removerse; y noté, que lo hicieron tarde y de muy buen humor… Desayunábamos ya a eso las diez de la mañana, cuando me preguntaron extrañados el porqué, de no haber ido esa mañana a jugar con ellos en su cama…

– Me había quedadooo, durmiendo…

El recuerdo de lo acontecido, no me dejaba parar de mirar constantemente a mi padre… Estuve toda la mañana creyendo detectar algo extraño entre sus gestos, o quizá en sus facciones; le observaba con detalle, sin que él se apercibiese… Me parecía verlo como más chulo y hasta más guapo; diferente… Creo, que hasta noté un extraño brillo que parecía aureolar su figura… No sé, serían cosas mías.

Y mi madre, si te fijabas, también lucía enigmática, distinta, contenta…

¿Cómo se hacen los niños..?

Si habéis tenido hijos sabéis, que cuando llega el momento, es ésta una pregunta que a no ser que llevéis mucho cuidado, te enreda en un nudo dialéctico y didáctico del cual es difícil salir airoso ante a tu crianza… Que si París y el amor; que si el papá y la mamá porque duermen juntos; que si aquellos monos del zoo; que si el huevo y el pollito; que si las chicas porque los chicos; o que si la manida cigüeña… Un problema.

Pues imaginaos a los niños en mi infancia… Hace cuarenta años cuando preguntabas por asuntos de cintura para abajo, todo eran silencios; sapos y culebras… Es decir, o no te decían nada; o como mucho, te contaban alguna filfa para salir del paso y que te callaras… Sí, pero no. Y como fueses descarado, incluso te llevabas un buen cuesco o un pellizco, dependiendo si le preguntabas a papá o a mamá…

Estábamos solos, ante un tupido velo de puritanismo cándido. Te enfrentabas a un páramo sexual, ignoto… Las chicas con las chicas; los chicos con los chicos; aquéllas, eran siempre un completo misterio… Descapullar era un verbo imposible; y si tú mismo te la tocabas mucho, se te reblandecían las rodillas y los nudillos; y te salían, unos granos en la cara de una pus muy sospechosa… Casi todo era pecado, malo, o estaba prohibido…

Pero a diferencia de hoy, había tanta libertad entonces, que nos saltábamos todas aquellas normas y prohibiciones veniales con suma facilidad… O bien haciéndonos a hurtadillas con las páginas más picantes del Interviú. O bien colándonos, escondidos en los retretes del cine, para después ver una película X… O mezclándonos con los mayores para ver si nos enterábamos ya de una vez, de qué coño era aquello de hacerse pajas, lo de comerse un torrao, o lo de darse un magreo…

No sabíamos nada. Y no había Internet… Subíamos sin miedo a los árboles a robar fruta; jugábamos juegos sin juguetes; salíamos en bicicleta sin cuidado, sin límites ni permiso; y aprendíamos, a estudiar con libros de verdad, o también a fumar tabaco negro sin toser… Aprendíamos…

Yo ya tendría mis doce o trece años; una tarde de verano en aquella pinada… Éramos amigos de ésos temporales; desconocidos conocidos en un par de meses de vacaciones: un madrileño, vasco, murciano, y hasta un alemán… Competíamos, en una de esas típicas exhibiciones de pichas inexpertas, propias de adolescentes salidos… Que si yo la más grande, que si la tuya la más dura, o que si la de aquél la más gorda.

– ¿Y qué se hace con ésto…?

– ¿Y los niños qué, no eran cuestión de amor…?

– ¡Pero qué amor ni qué amooor…!

– Picha en breva.

Sé, que quedé como un tontaina; pero aquella tarde, aunque me lo explicaron riéndose sentí, que en ese preciso momento me convertía en un hombre.

Y luego, muuucho más tarde, me convertí en padre…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Nuestro niño interior…

Ahora tenemos Internet, Instagram y Facebook, y WhatsApp…

Menos mal…

A nuestras órdenes siempre están los secadores de pelo, el mando a distancia del aire acondicionado, o los dos botoncitos de los elevalunas eléctricos… Para hacernos la vida aún más ociosa e inane, disponemos de alivios como la moda, la inteligencia artificial, o una multitud de fármacos multiusos que hasta nos la ponen dura… Y una de las cosas, creo yo, más inquietantes: coches, que dentro de poco van, ni más ni menos que a conducirnos…

Os acordáis del anuncio aquél de BMW: ¿Te gusta conducir…? Un BMV con las ventanillas abiertas y la carretera fluyendo frente ti… Tu mano abierta, fuera del coche, abanicada libremente por el placer de conducir a contraviento de la velocidad… La otra de tus manos agarraba el volante; conducías tú…

Pues hasta eso nos quieren quitar… Porque es el coche, al igual que lo fue el caballo, una de las grandes conquistas humanas: la de la libertad de movimientos a nuestro albur… Y no dudéis de que es éso justo -después del dinero en metálico- lo segundo que nos quieren arrebatar: el libre albedrío….

O bicicletas y transporte público barato, o coches para pobres. Cochecitos capados, obedientes, que tengan como mucho tres o cuatrocientos kilómetros de autonomía, y que chiven a cada paso, cualquiera de los que tú des… Que siempre sepa George Orwell por dónde vas, y cuándo y porqué usas tu tarjeta de crédito.

Tooonto…

George Orwell ha empezado a tener razón mucho más aprisa, de lo que cualquiera hubiéramos podido imaginar.

Dejamos una especie de rastro, como de baba rastrera, a cada paso digital que damos en Internet… Nuestros datos, son muestra y carnaza para oscuros sabuesos; perros de olfatos prestos a interpretar nuestra realidad presente, y a decidir, lo mejor para todos y cada uno de nosotros. Y así, alguien siempre nos usa… Usan constantemente nuestro horario y nuestros gustos, para invadir con impunidad, hasta la intimidad de esos minutos en los que vas a cagar tranquilo en casa, y te llevas el móvil… O hasta cuando estás yendo al trabajo en el autobús, y repasas en el jodido aparatito tus menesteres varios.

Tooonto…

Hemos creado una sociedad mullida de tantas perezas, que la gente se ha creido que puede salvar el mundo y comprar barato…

Soplar y sorber a la vez… Ansiamos bóbamente, gustar a todo el mundo y volver a recuperar aquél nuestro niño interior… La niñez -lo infantil- es un estadío que está mariconamente sobrevalorado… Los niños al igual que las flores, son muy monos; pero dan fruto sólo, cuando dejan de serlo… Pretendemos recuperar una felicidad mañaca y cutre, como turistas que repiten todos, las mismas aventuras ya sin riesgos, y en sitios ya trillados…

Yo en cambio, querría olvidar toda esta nadería vital que nos domestica, y recuperar mi animal salvaje interior… Ansiaría volver a lo de carnívoro y lo de nómada; lo de animal prístino que aún quede en mí… Regresar a mi ser homínido perdido y primigenio, omnívoro y depredador. Sentir de nuevo dentro de mí a aquel bruto lleno de pelos y miedo; bestia dejada al albedrío del frío, del torbellino, y de la completa intemperie de esta puta naturaleza nuestra…

Con lo que ahora sé, quiero dejar de ser insensible ante este presente de mierda, esta estupidez y esta ñoñería flagrantes… Es más, quiero que se me revuelvan las tripas y vomitar de vergüenza ajena, frente a tanta hipocresía… Quiero atacar para defenderme si me atacan… No quiero permanecer impasible ante este suicidio vital en el que nos estamos embutiendo lentamente… Una trituradora moral, una confusión, en la que olvidamos nuestro deber de ser humanos; de ser gente amigable, receptiva, ignorante, y por ello curiosa…

Quiero luchar todos los días para ganar mi comida mientras me sea posible y duren mis fuerzas… Continuar porfiando para follar, mientras esa pulsión animal así me empuje. Y proteger hasta la muerte mi cueva y a los míos… Me gustaría que se me volviesen a afilar los colmillos para volver a devorar carne cruda si fuera preciso, arrancándola a estirones de los huesos de mis presas…

Quiero matarme en una curva cualquiera, o en el intento de colmar cualquier pequeña cumbre… Peleando, malfollando, o persiguiendo un sueño ¿qué más da…?

Y cuando no sea así, piedras sobre mí…

Antonio Rodríguez Miravete

.

¡Viene el coronavirus 😱!

Miedo a vivir…

El café sin cafeína; el lenguaje políticamente correcto; el creer que se puede comer sin engordar; la cerveza sin alcohol y la leche sin lactosa; también las hamburguesas vegetales, los teléfonos inteligentes o el sexo seguro, y por supuesto, el querer soplar y sorber a la vez, están cambiando el mundo…

El otro día cerraron una playa, no sé dónde, porque alguien encontró una medusa; una… Eso sí, francamente peligrosa; una carabela portuguesa según dijeron algunos listos… Una especie de medusa aquélla, casi imposible por nuestros mares porque es oriunda de nuestras antípodas; peeero, el miedo es como el culo, y cada uno tiene el suyo… Dos días tardaron, en volver a permitir el baño al rebaño… Menos mal…

¿Y las olas de calor…? Hasta hace algunos años yo no había asistido a ninguna; de niño nunca; se ve que en que en aquella época el sol estaría más lejos; o se sudaba menos; no sé… ¿Pero ahoraaa…? Toma, tres tazas; una ola de calor cada quince días durante tres meses. Pues eso…

Y la gente… que oye no sé qué coño del glúten y ¡Ostias! ¡Cuidado con el glúten! ¡Medio mundo celíaco…!

Coooño, que vemos un celíaco y parece como que mola; como que está de moda o bien el serlo, o el quedar como un histérico alimentario… Voy a quitarme eso del glúten no sea qué…. Igual adelgazo, o se me pone la piel fina; o el éso duro… O a lo mejor, me transformo en hermosa alevilla ligera, o en bella candelilla luminosa… Y es casi seguro que hasta logro ¿porqué no? alargar mi senilidad seis u ocho años más… ¡Cuaaanto tonto…!

¿Y la carne…? ¡Ni se te ocurra porque morirás…! O bien de pena por el bicho muerto, o bien de exceso de colesterol, o bien cuando te revienten las venas de tanto llevar cuidado con las arterias… La solución: el forraje. Oootra vez el rebaño.

¿Y la listeria…? ¡Que se han muerto tres o cuatro de eso joder…! ¿Y el coronavirus…? ¡Que la gente se muere coño…!

Siempre, siempre, y desde siempre, teníamos la obligación de de lavarnos las manos después de cagar… No sé a qué, tanta alarma y semejante histeria…

¿Y ahora qué hacemos con el rebaño…?

¿Qué hacemos ahora que hemos sembrado tanto miedo a vivir; eh… qué hacemos?

Y recordad:

POLÍTICOS NO, EXPERTOS SI…

Que no nos engañen 🤔Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Mi primera vez… (censurada)

Ella no se acordará, pero yo sí…

Continuó con su cortejo en aquella pinada donde nos apartamos… Era ya de noche y me llevó al abrigo ciego de una pendiente; tumbados en la ligera cuesta de una duna a cubierto de cualquier mirada voyeur… Oíamos la música cercana de los coches de choque. Éstos, eran la atracción estrella de la feria en aquel puebluco y el sitio donde por casualidad nos habíamos tropezado ella y yo… Lo recuerdo como si hubiera sido ayer justo; justo ayer…

Era imposible no fijarse en el palmito de aquel cuerpón paseándose delante mío, pese a su vestido… Ella no es que me gustara ni mucho ni poco, pero a mis quince o dieciséis años confieso que la veía como a una irresistible oportunidad; mi oportunidad; mi primera oportunidad…

Olía maravillosamente y me daba igual que fuese un poco ampulosa en carnes; que luciera aquel pelo negro ensortijado y tan corto; o que mirara un poco extraño con uno de sus ojos desde aquella cara tan pálida…

Ni siquiera recuerdo cuál era el vizco, si el derecho o el izquierdo… Tampoco me importó su reputación picante y famosa en el pueblo; no era el mío.

No podría recordar su cara con precisión, pero lo que sí recuerdo es lo excitante para mí de su nombre: Mari… Y asombrosamente, diríase que todavía hoy me excito imaginándome oyendo su hermosa, su hipnótica voz… Es curioso que recuerde aún vívidamente, aquel tono de voz grave de chica mayor, jugoso y sugerente. Y su delicioso deje valenciá…

Y es chocante porque el extraño atractivo de su voz no le hacía juego para nada, ni con ese cuerpo como que difícil, ni con su cara de mirada digamos que compleja…

Pero con esa voz embaucadora y sus casi diez años de ventaja, consiguió cual flautista de Hammelín hacerme seguir el rastro de sus feromonas hambrientas, carnívoras… Me eligió ella a mí como no podía ser de otra manera… Aunque supongo que también el rastro de mis feromonas así mismo necesitadas, desbocadas y receptivas a cualquier estímulo, ayudaron a la cosa. Pero juro que me eligió ella a mí…

Desarmado, me rendí ante aquel paseillo de exuberancias… Jamás había visto un escote así ni así de cerca; y nunca, se me había permitido deleitarme en la observación detenida, de las voluptuosas hechuras de tetas ni culo semejantes…

Y no digamos nada de mi rendición cuando ya palpando, bajé las manos de su cintura…

No estaba buena como entenderíamos hoy pero era fragante, rotunda y excitante, limpia y mullida, sobrada de recovecos cálidos y húmedos donde incitar mis manos vírgenes e inexpertas…

He de reconocer que recuerdo todo de aquella chica con una especie de agradecimiento y de verdadero cariño; seguramente provocado por esa cercanía entrañable, de mantener cómplice un muy antiguo y trascendental secreto… Algo en mi vida que debo a ‘aquella chica’, y al arrebato del delicioso recuerdo de su olor…

Y claro, cuando ella empezó a exigir yo me asusté un poco, lo reconozco; pero no así mi excitación, que siguió encabritada pese al susto…

Y recuerdo la arena de aquella duna y aquellas urgencias caldosas, ¡cómo restregaron a contrapelo mis carnes ansiosas…!

¡Qué daño…! ¡Pero qué gusto…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletra

E.T. el extraterrestre

Están locos estos humanos…

Que si la muerte o la vida; la fiesta y la muerte… Un truhán o un señor. Ésto o lo otro; vienen, van. Salvación o infierno; el bien y el mal… El día del sol, o la noche de la luna; cara y cruz… El hombre y la mujer…

No hacen sino copiarse; repetir a sus madres, replicarse en sus hijos… Nada nuevo bajo este sol…

Muy inteligentes, eso sí…

Uno por uno, al observarlos detenidamente como individuos vivos, hemos de reconocer que son absolutamente maravillosos; y gracias a la muerte, también son casi biológicamente perfectos… Polvo de estrellas enormemente valioso… Están compuestos por buena parte de la totalidad de los elementos de la tabla periódica; y son, muy eficientes en su funcionamiento fisiológico; y lo son, durante casi cien, de sus posibles años solares de vida… Una especie muy bien adaptada sin duda.

Pero hay cosas que ya, no entendemos… Se creen, como predestinados o inducidos, conducidos o empujados, constantemente obligados a elegir o a creerse que eligen algo… Una y otra vez, parece que desde el inicio de los tiempos caen, en la trampa vital de creerse libres…

Mira, que llevamos ya un par de miles de sus años solares observándolos, pero no sabemos qué tipo de miedo cerval colectivo, o qué retorcido impulso natural intrínseco, empuja inexorablemente al abismo a esta extraña tribu humana que ahora nos ocupa… Y a la que en particular observamos y estudiamos, para intentar entender con detalle científico al conjunto de la especie que devasta este planeta, que hoy, nos toca salvar…

Se devoran, se depredan entre ellos… Siglos solares, milenios llevan, conquistándose y siendo conquistados, en un estúpido y estéril empeño fratricida de acabar consigo mismos; robándose o matándose; enamorándose y traicionándose; escondiéndose o mintiendo… Pero a la vez, sabemos de su enorme capacidad para cosas, tan extrañas, como eso de amarse con locura…

O de su habilidad de comunicarse sin tecnología, haciendo palmas; de gestionar la incertidumbre y el riesgo; de emocionarse hasta apasionarse… Juegan con la mismísima muerte a los toros, y crean, con esa misma muerte, conceptos como familia, historia, fe, orgullo, o arte… Fabrican tanto guitarras, como navajas… Impredecibles, capaces a la vez de lo mejor y de lo peor… Incluso a veces creen, saberse felices… Música, amor, envidia, la risa… Conceptos éstos, y aquéllos, que, desde nuestro evolucionado y exacto punto de vista racional, hemos de reconocer que ya no logramos comprender en su puridad científica…

Cual máquinas biológicas cuasi divinas, y con solo su primitivo ingenio, la totalidad de esta especie humana está rozando las honduras de una ciencia, la nuestra, para la que sabemos que todavía no están en forma alguna, ni mental, ni intelectual, ni moralmente preparados…

Pero dan… como que envidia, porque todavía no han perdido eso… Ahora están, en ese crucial momento evolutivo en el que aún, no han olvidado que el sexo o el fuego, el caos y lo violento, el choque o la explosión, los cataclismos y la ignorancia, impulsan y son a la vez energía y motor de éste nuestro Universo… Algo que nosotros olvidamos, hace ya milenios, al dejarnos guiar solo en pos de la seguridad de nuestras tecnologías…

Y ellos están empezando -como hicimos nosotros- a olvidar su Historia arrumbada entre tanto cachivache tecnológico… Y claro, comienzan a tener tanto miedo que no pueden -les es casi imposible- discernir nada con claridad, con sensatez, o con cierto grado de seguridad…

Siempre, como espiritualmente ahítos, ora de un atracón de ocio mendaz, ora de una panzada de multimedias basura… Saturados de wikipedias torticeras; henchidos de datos corruptos; saturados hasta la arcada, de vídeos y opiniones de famosos, listillos, fantoches, youtubers, juaneslanas, y somierdas…

Todo, completamente vacío; carente de cualquier valor al que, realmente, poder aferrarse tan solo con las manos…

Tal, y como nos pasó a nosotros en aquella época olvidada, en la que perdimos ese poder mágico que se generaba, al juntar al calor y amor de una pequeña fogata, a familias amigables contando historias…

Están locos estos humanos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

La cincuentena…

Si cuando brincas la cincuentena, te levantas de la cama una mañana, y no te duele absolutamente nada… lleva mucho cuidado, mucho, porque puede que estés muerto…

Me pone de muy buen humor el hecho de que todavía, muchas mañanas parece, como que amanezco con la promesa de una alegría al despertarme con una bonita erección… Peeero, si no puedo disponer de la oportunidad de cumplir con la alegría de tal promesa, lo primero, me cuelgo del cuello las gafas de cerca…

Luego, legañoso y espeso por el sopor perezoso, me llevan mis pasos al baño, bostezando, lento… En el trayecto, alivio con gusto y sin pudicia esos irresistibles picores inguinales que a los hombres nos avasallan recién levantados… Así adormilado, entro, enciendo la luz, y en tres pasos más me planto frente al retrete; termino de rascarme, y meo… Y al mear, aunque no mi buen humor, sí va cediendo poco a poco lo enhiesto de aquel ánimo inicial… Y así, ahí me quedo, unas veces pensando en ello, y otras, sólo me quedo embobado, rascándome un ratico más…

Luego me giro, y de pronto aparezco frente al espejo… O más bien podría decirse que comparezco, ante esa realidad especular, siempre tornadiza, como de clon zurdo, que de mí rebota en todos los espejos con los que me cruzo… Y al mirarme así casi de cuerpo entero, diríase que por instinto, el tonto de mí se engaña, presumido, al forzar una leve contracción ventral que apenas esconde mi ya barriga… Parecería como que me cuadro; como estirando un poco de mi altura y de mi anchura; como queriendo timar la opinión a ese reflejo mutante…

Para afeitarme, me acerco poco a poco a ese rostro simétrico… Y para evitar que se manchen, me descuelgo del cuello las gafas de cerca…

Menos mal que hace tiempo ya, que la presbicia, piadosa, me evita el castigo de asistir con nitidez, al espectáculo lento y lamentable de ver crecer cada vez más, pelos en mi nariz y en mis orejas… Esa misma degeneración natural del cristalino, también me salva, de contemplar con todo detalle, el inexorable arrugarse de las comisuras de mis párpados, la nevada del encanecimiento en mis sienes, o la huída lenta de mis formas y vigor…

Con vista cansada asisto, impotente, al hecho de ver ahondarse unos surcos en las líneas de mi semblante. Señal de que el tiempo va… sí, pero estragando mis vestigios, a la vez que acercando inexorablemente mi destino… Hace ya bastante que acepté la forzosa habilidad de afeitarme al palpón, ya que no termina uno de ver con claridad sus propios detalles… Y oye, sin problemas. A todo se adapta uno…

Después de afeitado y tras ducharme, vuelvo al escrutinio de ésa mi imagen ahora en cueros; efigie la mía que, tonta, no cede en lo de mantener esa casi imperceptible contracción ventral que no engaña a nadie… Y ahora hay que peinar a esa apariencia, y arreglarla para que salga decente a la calle… Toca ponerme a ordenar casi uno por uno los pelos de mi otrora cabellera, para camuflar pérdidas, para maquillar apariencias… Y me consuela, el que todavía entraría en algunos vaqueros de cuando soltero con treinta y tantos…

Una camisa; y finalmente, cuelgo en mi cuello de nuevo las gafas de cerca…

¡Qué sabio es el tiempo, cómo gasta poco a poco…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

.

Voy a morir en un mes…

Seguro…

Es, una certeza matemática… Así me lo han dicho. Es siempre ésta una mierda de noticia, y claro, llevo varios días rumiando la idea de desaparecer, de irme; de tener que irme…

Pareciera que la vida siempre ha transcurrido como girando, pero en espiral, atrapada en el inexplicable remolino de una especie de desagüe de tiempo; la vida, formando parte del material caótico de un extraño torbellino… Vorágine a cuyo centro, inexorablemente nos acercamos con el devenir de ese girar… Tal vez, la llegada de la muerte consiste, sólo, en el transcurrir de un último giro…

Puede que por eso, el tiempo en nuestra niñez parezca lento, porque giramos todavía por el amplio exterior del torbellino… Poco a poco, como cayendo, imperceptiblemente el tiempo, se acelera al reducirse el diámetro de la espiral de nuestros giros… Es un hecho que, con el paso de los años, la sensación del tiempo se nos acorta, corre más, mucho más aprisa…

A todos nos espanta el vértigo de la muerte; el solo pensarla… Su sola idea… Su llegada implacable, irremediable, ineludible… Aterra el solo imaginarnos, desvalidos, girando y rodando al girar, zarandeados, atrapados sin remedio en ese oscuro remolino… Torbellino que, al desatarse y girar fuera de nuestro control, consume en su vorágine centrípeta, el alma de todo aquello cuanto fuimos, las experiencias de todo aquello que recordamos, y absolutamente todas aquellas cosas que alguna vez creímos poseer… Rumbo al vacío, o tal vez no, en sólo un momento nos engulle; y somos arrastrados sin remedio, directos al frío eterno de un vórtice negro…

Y nada más, se acabó… Todo.

Así, de sopetón. ¿Da miedo, no…?.

Sólo me asusta el hecho de que, no sé, si tengo que prepararme de alguna manera… Mis hijas, mi amor, mis padres tan viejos; mis amigos; proyectos… Tengo, me he dado cuenta, muchas cosas por hacer, pendientes todavía…. Perdones que no he pedido, por traiciones secretas que no he purgado… Te quieros no dichos, clavados como remordimientos en el alma… Cadáveres enterados en cunetas de caminos secretos y tormentosos… Deudas por pagar… Pecados y confesiones; llantos y risas… Valores y miedos…

Por otro lado, solo tengo un mes para… ¿Para qué…?

Correr, saltar, follar, comer, llorar, reír, gozar, viajar, amar, beber, regresar, fumar, marcharse, acariciar, quedarse, imaginar, conseguir, esperar…

Parece ser que he de darme prisa… Un colapso o un infarto, quizá un ictus o un enfisema; tal vez, una mala mierda de mis tripas en forma de cáncer de colon, va a acabar conmigo, seguro… En un mes…

Lo que no sé, es si será este abril, o en un enero, o en un julio; o quizá a mediados de un septiembre cualquiera… Tampoco sé de qué año; si éste o el próximo tal vez, ¿dentro de cinco quizás….?.

¿Quién sabe cuándo daremos la última vuelta, de nuestro torbellino vital…?

Sólo sé, al igual que tú lector, que me voy a morir dentro de un mes, seguro; lo que no sabemos, es, de qué año…

Una certeza matemática…

¿Y ahora, qué hacemos…?

Menandro. Comediógrafo griego: “Comamos, bebamos, que mañana moriremos…”

Antonio Rodríguez Miravete

Rae. Materia idiomática

Salvador Juan Vallone

Me inclino ante el ingenio, la sátira, el humor, la inteligencia, la sensibilidad, y la palabra…

Gracias una vez más…

Y vosotros disfrutad malditos, disfrutad leyendo…🤔

…….

NOVEDADES EN MATERIA IDIOMÁTICA

La Real Academia de la Lengua dará a conocer próximamente una reforma de la ortografía española. Se trata de un plan quinquenal que entrará en vigor en forma paulatina, para evitar confusiones. Su aplicación tornará más simple el castellano de todos los días, pondrá fin a los problemas ortográficos que suelen tender trampas a boxeadores, economistas, ingenieros y arquitectos, y logrará que nos entendamos de manera universal quienes hablamos esta noble lengua.


De acuerdo con lo trascendido hasta el momento, la reforma se introducirá en las siguientes cinco etapas anuales:

1) Supresión de las diferencias entre ‘c’, ‘s’, ‘z’ y ‘k’.

Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la ‘k’ será asumido por esta letra.

En adelante, pues, se escribirá “kasa”, “keso”, “kijote”. También se simplifikará el sonido de ‘s’ en este úniko signo; kon lo kual sobrarán la ‘c’ y la ‘z’: “El sapato de Sesilia es asul”.

Desapareserá la ‘doble c’ y será reemplasada por ‘x’: “Tuve un axidente en la Avenida Oxidental”. Grasias a esta modifikasión, los hispanohablantes no tendrán ventajas ortográfikas por su estraña pronunsiasión de siertas letras.

2) Se funden la ‘b’ kon la ‘v’, así komo la ‘y’ kon la ‘ll’.

No existe diferensia alguna entre entre el sonido de la ‘b’ larga y la ‘v’ chikita; por lo kual, a partir del segundo año desapareserá la ‘v’, y beremos kómo bastará kon la ‘b’ para que bibamos felises y kontentos.

SAVE_20190304_225341.jpeg

Pasa lo mismo kon la ‘y’ y la ‘ll’. Sobra la ‘ll’. Todo se eskribirá con ‘y’: “Yébeme de paseo a Sebiya, señor Biyar”.

Esta integrasión probokará agradesimiento general de kienes hablan kastellano, desde Benesuela hasta Bolivia. Toda ‘b’ será de “baka”; toda ‘b’ será de “burro”.

3) ‘R’ es “erre”; fuera la ‘h’; fusión de ‘g’ y ‘j’.

A partir del terser año, y para mayor konsistensia, todo sonido de ‘erre’ se eskribirá con ‘rr’: “Rroberto me rregaló un rramo de flores”.

castigo.jpg

Asimismo, la ‘h’, kuya presensia es fantasmal en nuestra lengua, será eliminada. Nuestros ijos ya no tendrán ke pensar kómo se eskribe “sanaoria”, y se akabarán esas komplikadas y umiyantes distinsiones entre “echo” y “hecho”. Ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos. Tampoko, en la diferensia entre la ‘g’ y la ‘j’, ke muchas beses suenan igual. Todo irá kon ‘j’: “El jeneral jestionó la jerencia”. Sin duda, esta sensiya modifikasión ará que ablemos y eskribamos todos kon más rregularidad y más rápido ritmo.

4) Abolición de tildes; muerte a konsonantes finales.

Horrible kalamidad del kastellano son, en general, las tildes o asentos gráfikos… Esta sankadiya kotidiana jenerara una axion desisiva en la rreforma. Aremos komo el ingles, que se a impuesto internasionalmente sin tildes. Kedaran ellas kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada vokablo. Berbigrasia: “¡Komo komo!”.

maestra.png

Tambien seran proibidas siertas konsonantes finales ke incomodan y poko ayudan al siudadano komun. Se dira: “¿Ke ora es en tu relo?”, “As un ueko en la pare” y “La mita de los aorros son de eya”.

5) Eliminasion de la d interbokalika del partisipio pasao y kanselasion de artikulos.

El uso a impuesto ya ke no se diga “bailado”, “nacido” y “venido”, sino “bailao”, “nacio” y “venio”. Kabisbajos, aseptaremos esta kostumbre bulgar, ya ke, al fin y al kabo, es el pueblo yano el ke manda.

Desde el kinto año kedaran suprimidas esas ‘des’ interbokalikas ke la jente no pronunsia. Ademas, y konsiderando ke el latin no tenia artikulos, y ke nosotros no debemos inbentar kosas que nuestro padre latin rechasaba, kastellano karesera de artikulos. Sera poko enrredao en prinsipio, y ablaremos komo futbolistas yugoslabos; pero después, niños y niñas de kolegios beran ke tareas eskolares resultan mas fasiles.

face-8685_960_720Profesores terminaran benerando akademikos ke an desidio aser rreformas klabe para ke seres umanos ke bibimos en nasiones hispanohablantes gosemos berdaderamente del idioma de Serbantes y Kebedo.

Eso si: nunka aseptaremos ke potensias estranjeras token kabeyos de letra ‘ñ’. ‘Ñ’ rrepresenta balores mas elebaos de tradision kultural ispanica, y primero kaeremos kadaberes antes ke aseptar bejamenes a simbolo ke a sio korazon bibificante de istoria kasteyana.

Identida kultural no se bende ni alkila.

Salvador Juan Vallone

……..🤣😄

Maravilla de letras hispanas mezcladas con ingenio… Don Salvador Juan Vallone, me ha permitido publicar aquí esta prueba de amor por el verbo español, sea cual sea el sitio donde se haya escrito… Viva lo Hispano, lo español, lo nuestro.

Este hombre es mi hermano a no sé cuantos miles de kilómetros de mi casa; pero lo es, solo porque me habla y le entiendo, y le admiro… Ésa y no otra es nuestra ventaja: la palabra…

¡¡ VIVA LA HISPANIDAD…!!

el dentista…

Ese tercer pinchazo sí me dolió; en el paladar; ya me lo había advertido… Más que tumbado volcado; casi cabeza abajo aunque boca arriba en aquel sillón albino… Mi carrillo izquierdo estirado con ahínco, y mis manos crispadas, agarrándose al miedo; el resto de mi cuerpo contorsionado, retorcido y rígido…

Una lagrima diríase contenida, solitaria, asomó tímidamente por la comisura exterior de mi párpado derecho; se deslizaba lenta, como buscando recogerse en el cuenco de mi oreja… No sé cuál sería la razón de aquella lágrima, si el dolorcito picante del último pinchazo, tal vez los nervios, quizá la tensión muscular, o seguramente el puro miedo… Tampoco sé, si alguien se dio cuenta de tan minúsculo detalle…

Mis ojos decidieron no abrirse, eludiendo el asistir al truculento espectáculo de ver manos introduciendo artefactos espantosos en mi boca; los mantuve cerrados encomendándome a aquéllas… Manos duchas, que trajinaban con pericia la mitad inerme de mi cara como harían con una vulgar carrillera. Carne y hueso, insensibles a los agresivos manejos de aquellas manos que abrían cinco centímetros en canal mi encía superior izquierda, para luego introducir tres tornillos metálicos en no sé qué parte de mi hueso maxilar. Ufff… Todavía me mareo casi, incluso al escribirlo…

Tengo cincuenta y dos años y no puedo evitarlo, es un pánico irracional, instintivo, real para mí; cuasi infantil lo reconozco; canguelo puro, puro miedo… Un miedo estéril; lo sé…

Hoy los dentistas no provocan dolor, y es evidente que desde siempre, han contribuido a aliviar precisamente uno de los peores, de los más implacables…

La humanidad ha recurrido a mañosos sacamuelas desde tiempo inmemorial… Suplicantes, atormentados y hasta enloquecidos, nos sometíamos a ese dolor supremo, insoportable pero momentáneo, de arrancar en vivo del tirón un diente o una muela… Todo fuere con tal de terminar, aunque de cuajo, la convivencia con un verdadero suplicio, con un calvario de dolor tirano, constante, y mucho más insoportable… O te sacabas la muela o reventabas, inevitablemente; tarde o temprano…

Con los ojos apretados prefería no imaginarme si quiera, esa especie de berbiquí con el que sentía taladrar pareciera que toda mi testuz… Oía su giro eléctrico; notaba la presión suave pero implacable de aquella broca, sobre mi maxilar superior izquierdo, girando lenta, horadando, penetrando poco a poco… Sentía su vibración hasta en los huesos del interior de la oquedad cóncava de mi cráneo, haciendo reverberar mi cabeza entera como una campana sorda…

Mi pánico se desbocó cuando al borde de la contractura y al retorcerme un poco intentando aliviar la rigidez de mi postura, el dentista, con un grito imperativo y tajante me advirtió, que en ese preciso momento no me moviese si quiera un ápice… Noté al galeno conteniendo la respiración, parece ser que por lo trascendente de la faena que le acuciaba en ese instante… Solo se oía de vez en cuando un pitido como apagado, tras el que se olía un leve pero desagradable tufo a algo quemado…

En semejante trance intenté evadirme nuevamente… Rememoré una de mis citas con el dentista en la que, con tal de no ir solo, llegué incluso a hacerme acompañar por la mayor de mis hijas; de tan solo cinco años…

Recuerdo a la pobre que, en su papel de cuidadora, no paraba de intentar calmar mi miedo acariciando tiernamente mi cara y mi pelo con sus manitas; tampoco dejaba de hablarme, dándome docenas de sensatas razones para calmarme… Cuando al fin me llamaron, no consintió el separarse en ningún momento de mí, y se empecinó como una jabata, en situarse todo el tiempo a mi lado junto al sillón del dentista “por si mi papá llora, o algo…”

También recordé escarmentado que, hace ya muchos años, en una de las pocas ocasiones que mi dentista Don Fernando me veía por su consulta, como buen argentino socarrón y corrosivo, sentenciando me preguntó:

– Antooonio, vos habés tenido hasta ahora mucha suerte con esa boooca… ¿pero la querés para comer, o para guardar el auto…?

Además, no dejéis de ir al dentista, por ‘la cuenta’ que os trae…
.
.
.
.
Antonio Rodríguez Miravete

.

el borracho…

bar

Eran las tantas de una de aquellas madrugadas escarchada de invierno, y todavía estábamos en el WAY-KAY… Un sempiterno garito de mi pueblo. Apurábamos nuestro cuarto o quinto gintonic de aquella noche cuando oímos abrirse la puerta de entrada… Nos giramos con desgana para ver quién era el parroquiano que, a semejantes horas, buscaba refugio a su noche…

Al ver entrar a Vicente, nuevamente nos giramos al unísono esta vez pero para mirar a Pepe, el dueño del establecimiento…

bar1

Éste, frunció el ceño y cordialmente aunque con cierta superioridad paternalista, salió de la barra para con unos empujoncitos insistentes, conminarle a que se marchase a su casa.

Vicente, se le acercaba trabajosamente. Le miraba nebuloso y beodo… Los vaivenes cruzados de sus pasos y el pícaro desatino de su mirada, evidenciaban su animoso y espeso estado etílico…

Había sido Vicente toda su vida aparcero de mi abuelo Antonio en nuestra finca de El Saladar, y yo le recordaba siempre cercano y familiar desde que tengo memoria. Era un tipo chaparro, bajo y ancho en exceso aunque no gordo sino ligeramente como chafado; tenía sin duda una figura algo grotesca… Su cara, también como aplastada, así como su chata expresión, estaban surcadas por unas arrugas de tiempo indefinible, que le daban el aspecto de un raro y feo treintañero, pero cincuentón…

bar2

Como trabajador era algo maganto, pero era valioso por lo leal y por lo gracioso, y especialmente, porque poseía una enorme experiencia y algo parecido a un don especial para casi todas las labores de la agricultura… Derrochaba, una simpatía ramplona y sincera aunque en absoluto estúpida ya que no era tardo ni mucho menos… Y tenía una conversación siempre chocante, ácida y bullanguera y algo ‘salida’, cosa que yo en mis tiempos mozos siempre le agradecí, dada la falta de fuentes de información que había a esos respectos…

Vicente, pese a los empellones que Pepe le daba en dirección a la puerta de salida, con toda la corrección que su pedal le permitía y dejándose arrastrar, le imploraba para que le sirviese una copa de soberano…

bar7.jpg

En ésas estaban cuando en su tira y afloja pasaron por delante de nosotros, y Vicente, al reconocerme, con el suplicar de su mirada me pidió que intercediese por él para conseguir aquella copa…

No me pude resistir, era amigo mío… Haciendo un gesto condescendiente a Pepe, aplaqué a regañadientes su intención de sacar a empujones de su establecimiento a tan estrafalario parroquiano… Accedió a ponerle la copa finalmente.

Se la sirvió con desgana; dejando caer poco a poco aquel líquido ambarino mientras fijaba molesto sus ojos en los desvalidos de su cliente… Éste, oscilaba espirituosamente frente a él con la suavidad de su pedal, mirando la copa, y agarrándose a la barra con sus dos manos; abriendo ligera y aunque trabajosamente las piernas, debido a su constante búsqueda temblequeante de estabilidad corporal…

Una vez servida la copa, de forma desabrida y rotunda, Pepe le dijo:

– ¡Vicente, ésta es la última copa que te pongo…!

bar3

Vicente abrió como platos sus ojos de curda mirando a los de Pepe; a la vez, beodo perdido, seguía meciendo suavemente su cabeza cuando estiró de repente los brazos que le agarraban a la barra, hasta el punto de casi caer de espaldas… Pasaron unos segundos de silencio entre mutuas miradas extrañadas, hasta que Vicente consiguió aclarar lo justo sus pensamientos… En aquel momento, incorporándose apenas y casi retador, va, y le dice con voz caldosa, mirándole todo lo fijamente que podía y con un bamboleo borracho y socarrón:

– ¡Ootiaa Pepe…! ¿la údtima…? ¿Eg que te vasss aa moriiirr…?

Justo estaba escuchando la respuesta con el trago de gintonic en la boca, cuando de la risa, la pedorreta inevitable me hizo escupir hasta por las narices aquél combinado…

bar4.jpg

El pub entero comenzó a reír por lo ocurrente de la respuesta hilarante, ágil e inesperada, de un tipo tan sencillo como Vicente… Aquello no pareció gustarle demasiado a Pepe, quien haciéndose el sueco empezó a enredar con sus labores propias de barman, restándole importancia a la chocante derrota dialéctica que acababa de sufrir a manos de alguien como Vicente…

bar5

Estábamos apenas reponiéndonos de nuestras carcajadas cuando del tirón, Vicente se embauló de un trago la copa… Con garbo chocarrero y con sus pasos cruzados por el pedal, se despidió de mí y del resto de los feligreses nictálopes que ahí quedábamos en el garito… La bonita curda que llevaba hizo que, del impulso al abrir la puerta para salir, se golpease fuertemente los hocicos con la misma, cayendo de espaldas con una marcada línea roja en la cara que le cruzaba verticalmente el ojo derecho y parte de la nariz…

bar6.jpg

No pude evitar el recoger del suelo a Vicente y acompañarle durante los acaso cien metros que nos separaban de su casa, a la que llegamos haciendo eses, abrazados, y parloteando de forma viscosa y embarullada de nuestros recuerdos comunes…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Mis primeras tetas

El alpargate subía y bajaba sobre el vientre de mi madre, acompasando perezosamente su sueño ligero de siesta escasa; mi hermana durmiendo a su lado, y yo al otro haciendo como que dormía… Ese alpargate, era la garantía de que como dictaba la norma no escrita entre los vecinos: “durante la siesta, los sagales estaban cada uno en su casa para no dar cancán”. Por ello, en el caso de que mi madre detectara algún sonido o anómala vibración, distinta de las habituales que causaría el sopor canicular a tres personas en una misma cama, ese calzado liviano, súbitamente se convertía en fusta lacerante y sonora ¡plafff…! que cortaba de raíz el impulso de escamotear la anteriormente descrita norma no escrita.

Quería bañarme sí o sí… las posibilidades eran escasas, pero tras agotar la espera mi paciencia, con movimientos de caracol pude deslizarme, descolgándome del borde de la enorme, alta y vetusta cama… Con un silencio de ofidio y cual tal, conseguí reptar hasta la puerta de la habitación cuya apertura era la justa, para escabullirme sin que sus goznes oxidados por el salitre chirriasen delatores mis intenciones transgresoras.

Tenía la playa parecía que para mí solo; las tempestuosas jornadas anteriores habían trastocado en una maravillosa tarde, de un tardío día de agosto… El mar rizado y brioso, aunque noble al mostrar con su irregular oleaje sus ocultas y peligrosas cicatrices, invitaba de nuevo al baño confiado.

Entonces, el rugido batiente de las olas pareció silenciado completamente debido a unos alaridos de auxilio desesperados, angustiosos, entrecortados…. Miré alrededor hasta localizar a duras penas una cabeza y unos brazos, que rendían su intento de permanecer a flote… La chica se ahogaba, y mis trece o catorce años dudaron a la hora de lanzarme en su auxilio, esperando que aquel hombre, como a unos treinta metros de la ella, lo hiciese…

-¿Es que no vas a ayudarla? Grité muy nervioso.

Era evidente que no… El tipo estaba petrificado; me miraba con ojos ovinos, de canguelo… Tras unos cincuenta metros de trabajoso esfuerzo contracorriente, me encontré jadeando y zarandeado cual pelele por la inmisericorde resaca, justo a un par de metros de ella…

Antes de que me diese tiempo a reaccionar me vi agarrado, arañado, mesado y sumergido, por una vorágine histérica en lucha a muerte por un vital resuello… La chica, al batallar por su vida de forma ciega, asustada y visceralmente egoísta, me utilizaba cual salvavidas pingajo sin reparar en mi también urgente necesidad de respirar, al menos de vez en cuando…

El croché submarino y desesperado que me vi obligado a estampar contra su rostro, claro que la hizo reaccionar, y puso una distancia entre nosotros que sirvió para que se diese cuenta que la calma, era lo único que nos hacía realmente falta, a los dos… El intento vano de hablar con ella se esfumó al darme cuenta de que era extranjera; así que, acercándome de nuevo con precaución, la agarré esta vez yo de la muñeca, firmemente. Sin dejar de mirarla a los ojos le solté el brazo e inmediatamente le tendí mi mano, dándole a entender que solo debía apoyarse en ella… Me sumergí empujándola hacia arriba, y pese al lastre que aquel cuerpo encima mío suponía, apenas podía agarrarme a la movediza arena del fondo anclando en ella mis pies intentando llegar al rompeolas, para lo que necesité varias agónicas e interminables inmersiones…

El avance hacia la orilla se hacía casi imposible por la corriente; suerte que el peso de ambos jugaba a nuestro favor y penosamente, nos permitió ir avanzando hasta el banco arenoso, sobreelevado del resto del fondo marino donde las olas rompían con más fuerza, pero donde también pudimos ambos hacer pie, y descansar con la respiración desbocada y el agua literalmente al cuello.

Extrañado, me di cuenta que llevaba algo como anudado en mi brazo, cual brazalete de tela casi a la altura del hombro… Varias veces tuve que mirarlo para darme cuenta de que era la braga del bikini de la chica, que en el fragor de la refriega marina por su vida y la mía, se deslizó de su trasero y sus rollizos muslos hasta que, Dios sabe debido a qué casualidad, terminó abrazada a mi brazo derecho…

Ella no se dio cuenta y yo no le di más importancia hasta que, a medida que el nivel del agua delataba nuestro esforzado avance hasta la salvadora orilla, me percaté de un par de prominentes bultos con puntas sobresalientes, como de azúcar tostada, flotando y asomando caóticamente del agua a poco más de un palmo bajo la barbilla de la chica… Con el agua por la cintura, comprobé que tampoco había rastro alguno del sujetador entre las generosas y temblorosas lorzas de la moza.. Ésta, en estado de shock no se daba cuenta del desnudo integral que estaba regalando a la no muy concurrida audiencia, que prestaba indolente atención a los detalles de nuestra peligrosa peripecia en la playa…

Con el agua en los gemelos, la madre de la chica se acercó tremulosa y con lágrimas corriendo por su barbilla, con una toalla para tapar los excesos magros de su hija. Ésta, al reconocer su desnudez comenzó a proferir unos aullidos extraños, perdiendo de forma más histérica que en el verdadero trance que acabada de sortear, los papeles y el sentido del decoro… Algo descompuesta, comenzó a correr por la playa delante de su madre y chillando en no sé qué idioma, con el consiguiente despliegue de sus orondas hechuras tremolantes… Ésto, qué duda cabe contribuyó, a aumentar el interés de los espectadores que nos contemplaban…

culo2

Yo, derrengado, subía la pendiente de la playa arenosa hasta mi casa, envuelto en tribulaciones de carne y roces temblorosos que soliviantaron mi ánimo esa tarde y muchas otras, sólo con su mero recuerdo…

Al fin y al cabo eran las primeras tetas que había… rescatado.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El grito

El sopor y la morriña que el calor provocaba en la tarde de un miércoles de agosto, en plena canícula estival, era irresistible. Las sombras caían perpendiculares al suelo, apenas rebasando el contorno de los objetos que las proyectaban, el calor espeso parecía que detenía el tiempo, lo ralentizaba pesado y pegajoso. A la hora de la siesta, en la huerta, solo se oían el crujido de mis pasos en la hierba seca y el chirriar de las cigarras…

El grito de auxilio sacudió mi pereza y mis embotados sentidos… Respondí con otro esperando respuesta para poder ubicar el origen de donde provenía. El consiguiente grito hizo cambiar bruscamente el rumbo hacia donde desorientado me dirigía…

No acertaba ver a nadie; largas filas de algodón plantado geométricamente a lo largo y ancho de un enorme bancal frente a mí, más atrás, la línea verde intenso de la acequia bordeada de cañaverales que partía en dos la finca. Volví a gritar y la consiguiente respuesta me mantuvo en la dirección hacia la que me dirigía, pero seguía sin ver a nadie. Corría alarmado a horcajadas evitando pisar las hileras de las plantas, acercándome rápidamente a la acequia, no parecía haber nadie, sin embargo los gritos no cesaban…

Llegué hasta la mota de la acequia, junto a una compuerta, ésta retenía el agua haciéndola subir de nivel hasta que rebosaba hacia una “regaera” que distribuía finalmente el líquido, progresivamente a cada uno de los márgenes del bancal. Las cañas se dejaban caer lánguidamente de las motas hacia el cauce de la acequia cerrándome la vista del mismo; estaba muy cerca del lugar origen de los incesantes gritos pero el espeso follaje me impedía distinguir nada. Finalmente pude atisbar una cabecita que apenas asomaba del nivel del agua, y unos brazos que agarraban frenéticamente cañas y follaje para mantenerse a flote, las paredes lisas de hormigón de la acequia impedían apoyarse en lugar alguno para poder izarse y salir; los dos metros largos de profundidad tampoco ayudaban…

nina-gritando

Al acercarme más pude darme cuenta de que se trataba de una niña. Los gritos cada vez eran más débiles debido al cansancio; el esfuerzo de mantenerse a flote y de luchar contra la corriente, que arreciaba justo en ese punto junto a la compuerta, estaban desgastando la tenacidad de la pequeña. Los remolinos del agua apretujándose por la presión, arrastraban y succionaban a la niña hacia abajo venciendo poco a poco, pero de forma inexorable, su resistencia… Me lancé al agua, con precaución para no golpearme con las paredes de hormigón de la acequia, a la vez que me agarraba de alguna de las cañas que se vencían hacia el cauce… Conseguí acerqué a ella y me di cuenta que era una gitanilla de no más de ocho años que gritaba y se agitaba como una loca.

En cuanto sintió mi contacto al agarrar su bracito, bruscamente se giró; con la agilidad de un mono me agarró ella y, literalmente, trepó primero por mi brazo, luego pisó sin misericordia mi cabeza con sus pies desnudos, arañándome e impulsándose hasta agarrar mi otro brazo que sujetaba la caña que nos sostenía a ambos. Finalmente consiguió otro agarre más arriba hasta que, con una rapidez y habilidad inesperada, en un último impulso y golpeándome sin miramientos con sus piernas, de un brinco consiguió salir del cauce…

Allí me quedé yo, hablándole para tranquilizarla, pidiéndole que me ayudase ahora ella buscando una caña robusta o algo que sostuviese mi peso para salir; me preocupaba mucho que estuviese asustada o herida, no paraba de hablarle y de pedirle que me hablase…

Tras un instante me di cuenta de que se había largado… la cría había salido corriendo dejándome allí tirado, mojado, sin ayuda y hablando solo; ni gracias…

Sin mucho esfuerzo conseguí salir de la acequia y, refrescado eso sí, comencé a “espionar” algodón.

Antonio Rodríguez Miravete