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Sin palabras…

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Hasta ahí me tiene, el lío en el que estamos…

Con verdadera estupefacción y profunda rabia, acabo de escuchar de buena fuente, que la caterva de no sé si llamar políticos, independentistas, catalanes, presos, traidores, infames y aviesos, y que prácticamente están de vacaciones en una mullida y acogedora cárcel catalana, se pueden presentar impunemente, ni más ni menos, que a unas elecciones generales…

Repito: “presos, traidores, infames, y aviesos…”

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Y no solo eso, pásmense…

Libremente, podrán hacer campaña con toda comodidad electoral, desde lo alto del balcón más alto de esa misma cárcel… Además, desde tan cómodo balcón carcelario, se les autoriza también a conceder esas folloneras entrevistas catecúmenas, a las que sus tribus de abducidos, adeptos y adictos, están tan acostumbrados… Y como mierda de colofón a este sainete catalán, ni más ni menos demandan, que los jueces, les consientan perpetrar su infame proselitismo electoral ¡hasta en los recesos del juicio por el golpe de Estado…!

¡Faltaría más…!

Es, el colmo del esperpento

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Toda esta mierda; toda esta filfa ideológica roja e independentista, ha sido creada, apoyada y amplificada, por una legión, cohorte y séquito, de ratas políticas al frente de televisiones de intención oscura. Unos medios de comunicación y unos políticos, rateros, corruptos y rendidos, endogámicos y genuflexos… Televisiones sanguijuela y políticos vampiro, dopados ambos con inyecciones constantes de sangre roja, sucia de dineros negros… Dineros siempre robados, hurtados al bien común del resto de los españoles…

Una pléyade canalla de pseudoperiodistas -éstos tanto nacionales como autonómicos- han convertido los diferentes medios de comunicación, en sediciosos púlpitos multimedia desde los que, sólo, se escupe veneno ideológico en el erial periodístico y moral, en el albañal, en el que pretenden convertir la realidad, la actualidad, la Historia y la cultura, de éste nuestro país, España…

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¿Estamos locos o qué…?

¿Tontos acaso?

Qué vergüenza colectiva…

Y yo me pregunto: ¿esto pasaría también en cualquier otro país, que como tal se estime…?

¿España…?

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Roma, el islám, España y Gran Bretaña, conformaron los imperios más poderosos de la Historia Occidental, y del Mundo… Nadie, se atrevería a negar la afirmación de que España es, sin duda, junto a Estados Unidos, Francia, China y Gran Bretaña, una de las cinco naciones contemporáneas que han sido más determinantes, influyentes y decisorias, en el devenir de los acontecimientos más importantes del curso mundial de la Historia y de la Cultura humanas…

Nuestra pobre España…

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Somos la decimotercera potencia económica mundial, y el nuestro, es el octavo país más influyente en la ‘opinión del mundo…’ Mundo, en el que más de seiscientos millones de personas hablan nuestra lengua… Sesenta o setenta millones de personas nos visitan cada año, y así, nos convierten con su elección en la segunda potencia turística mundial.

‘La gente’ quiere venir a España…

España…

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“Como se vive en España, no se vive en ningún sitio…”

Nuestra solidaridad individual, nos aúpa a la primera posición de países con mayor número, y éxito, de transplantes médicos… Solo los japoneses tienen más esperanza de vida que nosotros a nivel mundial… Es la nuestra, una de las mejores cocinas del mundo; reconocible en el mundo entero: la paella, el jamón, la tortilla de patatas, el gazpacho andaluz… Ni siquiera nos hacen falta los cocineros Michelín…

España no ha inventado nada…

No se entendería el presente de este Mundo sin España; sin los valores universales del Quijote de Cervantes… La valentía, sería un valor distinto sin la gesta ejemplar de aquellos Últimos de Filipinas; o sin Rafa Nadal… No podríamos, entender la pintura contemporánea sin la de Velázquez o la de Picasso, ¿verdad…? Tampoco el cine, como forma de arte, tendría sentido sin Luís Buñuel o sin Pedro Almodovar…

¿Cómo pretender hablar con hondura, sin emular la malicia, el detalle, el humor y la pericia de Quevedo…? ¿Cómo alcanzar la pureza del verbo y del alma, sin descubrir el amor en los trances y éxtasis de Santa Teresa de Ávila…?
¿Ortega y Gasset, Séneca…?

¿Qué sería del orbe sin Hernán Cortés, sin Cristóbal Colón, o sin Juan Sebastián Elcano…? ¿Qué sería de la tragedia moderna sin García Lorca…?

“Caminante no hay camino…”

El valor de los españoles…

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El legado cultural español, es un tesoro incalculable que pertenece al Mundo entero…Pero es éste un preciado patrimonio sólo nuestro… Y pese a las infamias y envidias vertidas por nuestra Leyenda Negra, poseer tal patrimonio es sin duda ninguna un inmenso honor…

Un honor que pertenece, insisto, solo a los españoles, quienes, al tener en suerte semejante propiedad, tienen así mismo el ineludible deber de ensalzarla, de fomentarla, y de defenderla…

¡¡VIVA ESPAÑA…!!

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Antonio Rodríguez Miravete…

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El día del padre

No fue uno de esos comentarios estúpidos y huecos que hacemos a veces, incómodos, para romper un silencio entre extraños; como nos sucede en los ascensores, o en los retretes públicos; o como nos sucedería en una sala repleta de aspirantes a una misma entrevista de trabajo… Pero no, creo que no lo fue…

No tenía la chiquilla el porte claro, por lo que me ofrecí a acercarla en coche a la estación de autobuses de Murcia. A Granada iba… Había comenzado ya, su búsqueda de vida; de vida de verdad…

Aquella hija ajena, al poco, me preguntó a puerta gayola, si, tras ocho años de divorcio y dado que vivían con su madre, echaba yo de menos a las mías…

Supuse que se referiría a cómo, a cuánto, o a porqué las echaba de menos… Empezó, creo, a temblarme la barbilla…

Dolorosamente, siempre, y por amor…

No teníamos mucha costumbre ni oportunidad de charlar, por lo que me agradó de veras disponer de aquel momento de acercamiento; de sinceridad… Poco más de veinte minutos tardamos en llegar, y los invertimos en contarnos y preguntarnos… Y, si bien no pude responder con detalle a aquella primera pregunta, sí hablamos sí…

De la búsqueda de vida, en medio de la ruina de las dudas… De nuestra obligación de encontrar esa vida, sea cual fuere, entre el lento discurrir del tiempo y el arduo recorrer de las distancias…

Llegamos a la estación; se bajó del coche, cogió su maleta y nos despedimos; una joven valerosa, culta, hermosa y honda… Esa muchacha, a la que miraba alejarse, también añoraba como yo -y como todos- tal vez un retorno, un viaje de vuelta… Un volver a no sé qué sitio, donde la esperaría algo, alguien tal vez… Algo o alguien, que dé sentido a todo esto…

Durante el proceso de separación, y debido a nuestras vitriólicas refriegas, volaron por los aires todos los puentes de comunicación entre vuestra madre y yo… Estaba aterrado ante la idea, la posibilidad, de dejar de vernos en completa libertad y con la frecuencia a la que estábamos acostumbrados… Espantado, de que pudiese malograrse nuestra sincera y hermosa intimidad…

¿Que si os echo de menos, me pregunta…?

Aquella vez, en la que me preguntábais, picaronas, no recuerdo qué escabrosos detalles de una, apasionante para vosotras pero del todo inocente, conversación de temática sexual que manteníamos los cuatro… ¡Qué graciosa Paula! cuando, al ver mi embarazo al elegir las palabras adecuadas de mi arriesgada respuesta, y con esa tierna chulería que siempre ha sazonado su carácter, desde sus solo siete años, guiñándome cuca un ojo y con sus bracitos en jarra, me dijo aquello de:

– Papá no te preocupes… Nosotras, ya lo sabemos todo…

Con solo siete años… Lo sabíais todo; de sexo… Adorable…

Era evidente, que no podía dejar enfriar tan hermosa relación… Tenía que distinguir, separar en medio del combate interior que libraba, entre la aversión que no podía dejar de sentir por vuestra madre, y el irresistible amor por vosotras que no estaba dispuesto a perder…

Me sentía ante la posibilidad de vuestra pérdida, como si en medio de un combate, y al descubrir que detrás de ti solo hay un muro, lejos de rendirte al creerte sin salida, arrecias la lucha al saber que tienes al menos, tu flanco trasero cubierto… Te sabes perdido, pero no puedes cejar en esa lucha frente a la que da igual la derrota o la muerte… Una lucha, que no te puedes permitir perder…

Lo siento así; como si a jirones me hubiesen arrancado momentos clave, vitales; míos… Me he perdido vuestra puericia… Me faltan minutos vuestros, horas; años de vuestra vida, meses de tiempo vuestro; muchos momentos… Momentos que, si juntos, podrían haber sido momentos nuestros… Lo siento…

¿Cómo es la habitación donde dormís…? No sé cómo es… Casi no recuerdo vuestro olor por las mañanas, recién levantadas… Echo de menos el ojear vuestros cuadernos y escudriñar los recovecos de vuestra caligrafía; descubrir secretos de vuestro puño y letra… Añoro, el veros salir por la puerta y esperaros al regresar… Privado de tactos cotidianos, roces simples pero imposibles, como el de posar mi mano sobre vuestra frente si enfermáis… Me he perdido el sufrir escuchando vuestros suspiros si, en la intimidad, llorábais tras la puerta de algún cuarto cerrado; perdida está también la posibilidad, de llegar a conocer el porqué de aquellos suspiros…

Pero tenéis que saber que, si bien, como padre tradicional no he tenido oportunidad de disfrutaros, sí presumo de tener con vosotras una relación especial, sincera, una relación verdad, rotunda… Es curioso porque sé que sí, me queréis… Me he convertido en alguien a quien amáis, sin duda; entrañable, sí; con algo de autoridad, también; alguien vuestro, por supuesto… Pero no sé, si soy el padre que me hubiese gustado ser…

Lo que sí habéis de saber es que os adoro… Y que no renuncio a representar ese padre que sí quiero ser: el vuestro…

Que sepáis, que me tenéis; que me tenéis incluso aunque no queráis…

Siempre he procurado que los árboles, de algunas cutres tribulaciones personales, no me impidieran ver el hermoso bosque, de uno de los más importantes objetivos de mi vida:

El de estar a la altura, del amor que habéis depositado en mí…

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Antonio Rodríguez Miravete

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Julen…

…tubos de encamisar murcianos; manos y lágrimas malagueñas; golpes y martillos asturianos; oraciones y paciencias gallegas; máquinas y camiones madrileños; tesón de aragoneses; oraciones catalanas; resignaciones extremeñas… Almas españolas…

Manos que recogen y guardan civiles, nuestros dolores más íntimos…

VIVA ESPAÑA…

“VARONÍA O MACHISMO. ANVERSO Y REVERSO DE LA MASCULINIDAD”

Una delicia, lengua española aderezada con salsa americana…

Salvador Juan Vallone ©®

“VARONÍA O MACHISMO.
ANVERSO Y REVERSO DE LA MASCULINIDAD”
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El justificado desprestigio del machismo no cesa de crecer. Amerita sobradas razones para eso. Grupos de militantes promotoras de la igualdad de los sexos lo definen así: «Conjunto de actitudes y prácticas transmitidas generacionalmente y llevadas a cabo en pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres son sometidas o «discriminadas». Otra pasada en limpio: «Conjunto de leyes, normas, actitudes y rasgos sociales y culturales del hombre, cuya finalidad, explícita y/o implícita, ha sido y es producir, mantener y perpetuar la opresión y sumisión de la mujer en todos los niveles: sexual, procreativo, laboral y afectivo».

Esas actitudes y prácticas son demasiado conocidas como para ventilarlas ahora. A todo esto, tantos cascotazos contra el machismo nos hacen perder de vista su contracara. Es que el sexo masculino (o ‘género’, según se prefiere ahora decir) no se agota en esa abominable actitud despectiva hacia el otro sexo (o género). Allá en un rinconcito, sin alardes ni vocinglerías, segura de sí, con sonrisa inalterable y gesto bonachón, ocupa su lugar la faceta límpida de la masculinidad.

Se trata de LA VARONÍA.

Cotejemos.

  • El machista, jaqueado por sus propias inseguridades, procura modelar a la mujer «a gusto y piacere».
  • El varonista se empeña en que la mujer sea, genuinamente, ella misma.

  • El machista anda siempre a la caza de eventuales errores que pueda cometer la mujer, para refregárselos por el rostro y hacer que se sienta inútil.
  • El varonista comienza por reconocer sus propios errores. Luego, si detecta alguno en la mujer, se lo hace notar amablemente, como si estuvieran aprendiendo juntos.

  • Al machista le conviene la mujer propensa a los estados depresivos y autodescalificadores. Eso lo salva de competir y de que salgan a la luz sus propias imperfecciones e insolvencias.
  • El varonista acompaña amorosamente esos estados, y trata de que ella vaya superándolos por sus propios medios, poniéndole en resalto cada uno de sus méritos y sus valores.

  • Al machista le temblequean las piernas y el bolamen cuando se cruza con una mujer inteligente, racional, analítica, gustosa de escarbar en cada tema hasta llegar a su origen. Es porque él está acostumbrado a reducir los asuntos de la vida a nociones cerradas y frasecitas hechas.
  • Para el varonista es un festival toparse con una mujer de tales características. Mantendrá con ella conversaciones mutuamente abastecedoras. Intercambiarán opiniones y conocimientos sin polemizar ni tratar en momento alguno de imponer sus respectivas opiniones.

  • Para el machista, su aporte a un logro de la mujer, con el exclusivo fin de que ella contraiga una deuda de gratitud, nunca dejará de ser echado en cara ni de ser propagado entre las relaciones.
  • El varonista irá acompañando prudentemente a la mujer, creando y recreando las condiciones para despejarle el camino de obstáculos, y que así ella pueda dedicarse por entero a ese objetivo. Y jamás se atribuirá méritos.

  • El machista detesta todo progreso e independencia de la mujer en el estudio, el trabajo, la economía o el ascenso en la escala social. Necesita que ella permanezca siempre en segundo plano, a la sombra de él.
  • El varonista hará todo lo que esté a su alcance para, si fuera necesario, aportar al éxito de ella. Y nunca dejará de alentarla ni de complacerse por cada logro.

  • El machista se muestra reacio a que la mujer cultive amistades o vínculos que él no pueda controlar. Su temor a perder en las comparaciones registra grado de enfermizo. No ahorra críticas ni observaciones insidiosas.
  • El varonista respeta y estimula la apertura de ella hacia gente variada que la enriquezca afectiva e intelectualmente.

  • Al machista le conviene la mujer indefensa, abandónica, sin recursos, para lucirse y para que ella deba besarle la mano con que él, desde lo alto, le arroja sus limosnas.
  • El varonista le tributará trato de reina. Y se manifestará agradecido por la oportunidad que ella le dio de ayudarla.

  • El machista encubre sus fragilidades y sus necesidades de figura materna bajo un empaque de forzada reciedumbre. Jamás recurrirá a la opinión de la mujer para tomar una decisión ni atenderá advertencia alguna que ella le exprese, aun considerándola sensata.
  • El varonista expone francamente su natural demanda de complemento femenino. No siente menoscabo en su hombría por el sano «destete irresuelto» que lo impulsa a buscar amparo en caso de precisarlo. Tampoco, por pedir opiniones y atender advertencias de la mujer.

  • En trance íntimo, el machista dará exclusiva prevalencia a su goce. En vez de autogestionarse a mano activa, se valdrá de la mano sustituta que localiza en el supremo atributo femenil.
  • El varonista se esmerará en explorar cada pliegue y repliegue corporal de su compañera. Una vez detectados los reflejos querendones, se aplicará a honrarlos minuciosamente. El deleite y la multiorgasmia de ella son compromisos de honor para un varonista cabal. Al cesar el «tsunami», arrullarla en sus brazos mientras la homenajeada va volviendo en sí constituye uno de los momentos sublimes de la varonía. En cuanto a su propio placer, el de él, puede esperar.

  • El machista, acorralado por su propia insignificancia, agobiado por su insoluble pequeñez y enceguecido por su miserable necesidad de tener, sorda y neciamente, unívoca razón, no vacila en cometer agresión física contra la mujer. «Ponerle la mano encima» representa un parche para su harapienta autoestima
  • El varonista posa su mano en el cuerpo de la mujer para darle palmadas de apoyo, protección, camaradería o consuelo; para acariciarla, propocionarle masajes, masajitos y masajazos, encenderle a llama viva los puntos erógenos, recorrerla a pellizquitos, repulgarla a cosquillitas, despeinarla juguetonamente, tomarla tiernamente de la mano y besársela ceremoniosamente, subirla «a upa», llevarla «a caballito», trenzarse con ella en jocosas luchas, propinarle cariñosos culichirlitos, esmerarse en el enjabonado y el enjuague, esparcirle protector solar, llevarla del brazo, de la cintura, abrazarla, rodearle la cintura para bailar apretaditos. Y más.

  • El machista, carente de recursos seductores, instigado por un morboso afán posesivo, y desprovisto de valores humanos esenciales, fuerza sexualmente a la mujer como si se tratara de una pieza cárnica depredable.
  • El varonista «deja fluir» hasta que la mujer se muestre ciento por ciento dispuesta. Noventa y nueve le resulta todavía poco a un varonazo íntegro.

Si se trazara un gráfico con los puntos cardinales de la varonía, ellos serían: NOBLEZA, GRACIA, SENSIBILIDAD, ESTILO.

Póquer de ases.

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Autor: Salvador Juan Vallone ©®

¿¿ UN REFERÉNDUM…?? NO HAY HUEVOS

Perdonad, estimadísimos lectores, que caze vuestra atención con tan tópico, español, y escatológico reto… Pero ya está bien de que estos políticos mequetrefes de ideas, jueguen con nuestro futuro y con el suelo que pisamos; con nuestra herencia institucional, y hasta con el recuerdo y herencia de mis padres y abuelos…

Quieren denostar lo único en lo que fuimos ejemplares como nación en el Siglo XX: la serenidad de nuestra Transición, La Constitución, y la aceptación de la Monarquía Parlamentaria como representación común de nuestra Antigua Nación.

VOTEMOS

No hay huevos…

Antonio Rodríguez Miravete…

MOGGIO y el jazz…

Lo confieso, he vuelto otra vez a tener esa sensación inocente, aunque estúpidamente engreída…

El haber escuchado tanto y tan variado jazz me empuja, con cateta altanería inmerecida, a creer que soy a ese respecto exigente y difícil de sorprender… Pero sí, me sorprendió una vez más la magia de la pura expresión jazzística, el virtuosismo técnico, la improvisación acertada e irrepetible; obrando así el sencillo milagro de convertir una humilde, acústica y municipal sesión jazzística, en un espectáculo de calidad y mérito sobresalientes en verdad…

Acabo de asistir a un concierto de jazz en Formentera del Segura, y reconozco, primero que me he llevado una sorpresa mayúscula, y segundo, que he disfrutado cono un enano con un grupo de paisanos nuestros… Enormes aunque incógnitos músicos de Rojales, también de Almoradí; todos de por aquí, cercanos… Un grupo honesto de músicos virtuosos, que nos han brindado un ejercicio soberbio de estilo, repertorio, y técnica jazzística.

Un sexteto; toda una declaración jazzística… Para “sacar nota…”

Un sostén rítmico apoyado en un batería solvente y versátil, así como en la guía de un bajo serio, suficiente… Un osado, por lo clásico, trío de vientos capitaneado por un trompeta afilado y sobrio; flanqueado con seguridad, a un lado por un trombón entregado e imaginativo, y al otro, por un saxo voluptuoso, ducho y divertidísimo… Y por último, como hebra que cose el traje jazzístico, un teclado con alma… Sencillamente genial, rotundo; con una osadía técnica y musical fruto de un seguro talento. Sus maneras y fraseo musical remiten a los grandes… Monk, Oscar Peterson o Chic Corea, se asoman breve, sutilmente y con acierto, en sus sorprendentes y grandes hechuras musicales…

El repertorio, sorprende a los entrados en el jazz por el acierto, tanto en la meditada elección de los temas, como en la mezcla de estilos jazzísicos: cool, funk, clásico… un lujo.
La ejecución de la banda asombrosamente recuerda, con humildad y mérito, el sonido de otras grandes como la de el genial ‘Art Blakey and the jazz messengers’, o a las legendarias grabaciones con septeto de ‘Chet Baker’, o las del ‘Stan Getz sextet’…

Técnicamente, una más que meritoria sesión… Una verdadera y agradable sorpresa.

Y sobre todos los temas del osado repertorio, me asombró especialmente, el titulado JEREZ… Compuesto por el propio pianista, nos incita con una ejecución técnica simple, impecable; y nos envuelve musicalmente, abrazándonos con una carga melódica complejísima a la vez que fácilmente entendible por cualquier audiencia, debido a un tempo rítmico sugerente, marchoso incluso, casi bailable… Un tema musical con evidentes reminiscencias clásicas y hermosas sugerencias melódicas, inequívocamente españolas, que recuerdan a algo así como al Maestro Rodrigo hábilmente mezclado jazzísticamente con Chano Dominguez… Melodías cuasi aflamencadas, magistralmente hilvanadas con acertados tempos jazzísticos, que rozan la perfección melódica y estimulan evocando nuestra memoria sonora subjetiva…

Un esperanzado hallazgo, que descubre una forma de expresión artística rara de encontrar en nuestros lares, pero que evidencia el hecho de que, el verdadero arte, puede surgir en cualquier lugar que se preste a su expresión sincera…

Moggio, creo que se llama el grupo. Apuntadlo…

El único pero a su actuación, podría ser el de la disposición de los instrumentos en un escenario tan escueto de tamaño… La ubicación de los intérpretes, al solaparse sonoramente, restó precisión y claridad estereofónica al resultado musical final. Musicalidad que podría haber sido prodigiosa, debido precisamente al hecho de tocar en acústico, a calzón quitado, y en un escenario tan íntimo y apropiado por lo reducido y cercano al público…

Por todo lo demás, ha sido un verdaderamente placentero privilegio, el asistir al amanecer de unos destellos, quizá geniales, de un grupo de músicos verdaderos e inteligentes…

 

Antonio Rodríguez Miravete

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El tonto y la “manifa”

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Estoy confundido, lo confieso… Esto de la manada nos ha revuelto las tripas a todos, cómo no… Pero también me está removiendo las meninges el hecho de esta extraña y masiva repercusión mediática y política de un suceso, luctuoso e indignante sí, pero no en puridad más grave que otros que se están cometiendo en la actualidad, a mi juicio de un peso y una gravedad muchísimo más preocupante y de mayor enjundia que este oscuro delito, fruto de los horrores que cinco hijosdeputa han cometido envueltos en vapores machistas, paranoicos y etílicos, y de una inmundicia moral inefable… Los crímenes, o los abusos, o las violaciones como ésta que nos atañe, no son sucesos extraños por desgracia, pero reconozcamos que tampoco frecuentes por suerte, en una sociedad como ésta en la que vivimos, henchida de placeres inmediatos e inanes que solo sirven para calmar un compulsivo deseo de satisfacción de cualquiera de nuestros apetitos desbocados…

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Y estoy confundido, porque no veo manifestarse a “esa masa” social y política con la misma y masiva repercusión mediática, para defendernos del independentismo traidor en Cataluña y terrorista en Alsasua; para librarnos de la política y los políticos rapiña; para acabar con los funcionarios corruptos y vagos; tampoco para acabar con este estado de las autonomías, sectarias y castrantes, que estamos padeciendo los españoles… No los veo manifestarse, no los veo… Y son, a mi juicio, asuntos éstos de mucho mayor calado e importancia vital para todos.

Pero, por otro lado, tampoco veo yo que las mujeres en este país, estén siendo sistemáticamente violadas en cuanto salen a las calles a manos de los infames machos que habitamos estas tierras… Yo, al menos, reivindico mi hombría, mi dignidad y mi bonhomía personal pese a mis originales, y por ello inevitables, atributos de género…

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Y lo reivindico porque muchos, al igual que yo, somos machos trabajadores y diligentes, varoniles y adorables padres proveedores y amantes de sus vástagos, y además, masculina e impecablemente respetuosos con sus semejantes del otro género biológico… Algunos, hasta somos, o intentamos ser, caballerosos, cariñosos y galantes ¿porqué no…?

Por todo ello, vería yo normal que se manifestasen al respecto de este infame suceso que nos abre las carnes; vería normal digo, que grupos de feministas, de familiares y hasta de religiosos porqué no, exteriorizaran con vehemencia su más que justificada indignación, y expresaran sus necesarios gritos de rabia contenida con completa libertad de expresión…

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Pero lo que no acabo de comprender -bueno, sí lo comprendo- es el hecho de que se produzcan estas manifestaciones de virulencia social desmedida, y las declaraciones políticas manidas, extemporáneas y estúpidas, que se suceden después de cada delito de estas características que se perpetra en éste nuestro baqueteado país… Que yo sepa, si a cualquiera de los españoles no le gusta el veredicto de un juez, en vez de manifestarse y gritar a la puerta de su juzgado, lo que tiene por lógica que hacer, es recurrir esa decisión ante una instancia judicial superior que para eso están…

Al menos así sucede en las sociedades occidentales cultas y avanzadas que nos rodean… Toda ley se puede cambiar si para ello, hay acuerdo entre las partes necesarias; pero, ante todo, antes de cambiarlas, lo que hay que hacer con las leyes en vigor es acatarlas y cumplirlas, que por eso son leyes… Y nos las dimos en su día -las leyes- de forma democrática porque se aprobaron en un parlamento representativo de la soberanía nacional; y por ello, de la misma manera al tratar de cambiarlas, han de seguirse los normales cauces democráticos habilitados para esos fines; vamos, así lo creo yo, ¿o no…?

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Es decir: acatar y cumplir las leyes, en vez de “asaltar el palacio de invierno” como justicieros revolucionarios, cada vez que se nos soliviantan los ánimos airados, o nos manipulan con sobreabundancia de información sesgada y artera, manejada y dirigida por quienes se benefician de este estado de eterno conflicto y tensión social…

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Que estos justicieros revolucionarios, utilicen las vías legales de modo ordenado y civilizado para cambiar lo que no les gusta. Que este país, de momento, es España, un gran e histórico país que está a la altura democrática de cualquier otro de nuestro entorno occidental, ¿o no…?

¿Entonces, a qué vienen estos aspavientos sociales, a qué estas turbamultas ciegas de ideología cambiando leyes a golpe de suceso atroz, porqué este buscar culpables inmediatos para arrojarlos a la hoguera pública en la que se ha convertido la crónica de nuestro devenir diario…?

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ZAPATERO A IÑAKI GABILONDO: “Nos conviene que haya tensión. Yo voy a empezar a partir de este fin de semana a dramatizar un poco… Nos conviene mucho; si no la gente…”

Antonio Rodríguez Miravete

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El Arte y la Basura…

ADMIRAD LA “OBRA DE ARTE”

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Una ‘feria’ de arte, en España, retira una serie de copias de retratos pixelados, firmados por un ‘artista’ al que su arte empuja, parece ser que irremisiblemente, a tocar los huevos del resto de españoles que no piensan como él…

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La ‘obra de arte’ consistía en una serie de cuadros burdos, con las fotos de una caterva de delincuentes confesos -alguno de ellos fugados de la justicia española- clavados en una pared… Cada uno de ellos con una leyenda al pie en la que se detallan las andanzas y los méritos, los mitos, leyendas e injusticias, perpetradas por, o en contra de, los ínclitos retratados…

Algunos, todos los conocemos, no han tardado en calificar este acto como falta de libertad de expresión; lo sucedido, simplemente, es que la nula calidad artística de la obra y el insulto flagrante a la realidad española, han provocado que la dirección de la ‘feria’ haya decidido retirar la obra, tal y como semejante basura merecía… Por otro lado, al día siguiente de montar un revuelo así, la misma dirección de la ‘feria’ se retracta, y permite que la ínclita obra se exponga de nuevo…

Este insólito hecho ha producido el consecuente revuelo mediático, que a su vez ha contribuido a que la obra se vendiese, al poco de su retirada, por una suma de nada menos que ochenta mil euros… Ochenta mil pavos por un verdadero bodrio, artístico eso sí, que algún independentista no sé si muy avispado, y al que parece que le sobra el dinero, ha aflojado por el polémico lote de basura expuesto en esa ínclita ‘feria’

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El problema está, en que LLAMAMOS ARTE A CUALQUIER COSA que algún amanerado con algo de gracia nos presenta de forma golosa; siempre y cuando, claro, pertenezca al exclusivo y endogámico lobby artístico…

Y me pregunto yo: ¿dónde está el arte?

Hay que aceptar la necesaria condición de que el arte tiene, y tendrá porque así ha sido siempre, un carácter provocativo, incomprendido, rompedor e impertinente para con la época en la que se ha manifestado. Es más, esta condición transgresora está en la esencia misma del acto artístico, de la creación artística…

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El artista así, en su búsqueda de nuevos caminos, de nuevas vías donde canalizar su arte, quiebra los convencionalismos establecidos para abrir nuevas rutas inéditas a la expresión…

Pero dicho esto, otra de las condiciones indispensables para calificar como arte una obra humana es, sin duda alguna, el mérito artístico…

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Entendido este mérito como el dominio de una técnica artística y de la calidad en su ejercicio; o de la habilidad de aportar una perspectiva original; o quizás, la cualidad de expresar de forma hermosa una sensibilidad, capaz de hacer temblar nuestra concepción del mundo…

El arte tiene que revolverte con un torbellino de ideas nuevas, sensaciones y experiencias, cómo no… Pero también tiene que poseer un toque divino, genial, mágico, que despierte ‘eso’ que la materia expuesta por si misma no puede hacer aflorar, si no va acompañada de una sensibilidad especial que haga surgir un ‘enamoramiento’ por el arte, por ‘esa obra’ de arte… Es por ello que las obras de arte no pueden ser falsas, no deben ser tramposas, tampoco expresiones de lerdas cuitas políticas; simplemente, por la razón de que dejarían de ser arte…

Es clave el hecho de que si nos dejamos idiotizar por amanerados miembros de lobbys guays, y tontamente aceptamos como arte cualquier tipo de expresión, cómo no vamos a dar por buenas también, otras expresiones ya sean insultantes, arbitrarias, injustas, indignas, o insoportables… Si somos capaces de mentirnos con algo tan importante, trascendente y educativo como el arte, cómo no vamos a dejar que nos hurten torticeramente otros temas más nimios…

Por eso digo, que el problema está, en que LLAMAMOS ARTE A CUALQUIER COSA…

No os perdáis este vídeo en el que se desenmascara la gilipollez propia de estos ‘enteraos’ del arte, no dejéis de verlo…

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Relato de un mal rato…

En aquella época de mi infancia las casas permanecían siempre abiertas, de par en par… Solo las cancelas interiores permanecían cerradas, aunque francas a las cuitas de vecinos y transeúntes… Oímos un ligero frenazo frente a mi casa, y el desgarrador aullido al ser aplastado por el neumático del vehículo.

Mi madre se disponía a salir a calle a curiosear el suceso cuando, al abrir la cancela, descubrió espantada que un pobre gato, amenazante, con la mitad del cuerpo machacado y buscando abrigo a su infortunio, se había refugiado en el pequeño espacio del recibidor de mi casa…

El reguero de sangre dejado en el suelo y las escaleras de la entrada, alarmó enormemente a mi madre, que cerró de nuevo, horrorizada, la cancela que impedía que el pobre animal penetrara en casa. No podíamos salir por esa puerta…

Mi cuñado y yo, extrañados, salimos por la cochera y dimos la vuelta a la casa hasta situarnos frente a la puerta de entrada que, completamente abierta, dejaba ver el dantesco espectáculo del pobre animal aplastado, arrinconado al fondo, con la mirada amenazante de ira y perdida de dolor, restregando lo que quedaba de su cuerpo contra el cristal esmerilado de la cancela… Hicimos el amago de entrar cuando, erizados, oímos el ululante y espantoso bufido con el que aquel felino herido de muerte nos amenazaba… Cualquiera que haya visto un gato acorralado sabe de lo que hablo…

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Al sentirse de nuevo intimidado y atacado por nuestra presencia, el gato, enloquecido por el dolor, empezó a arrastrarse con las patas que todavía le respondían, a la vez que aullaba amenazante y convertía el recibidor con sus hemorragias, en un inefable espectáculo de sangre y humores de gato restregados por el piso y las paredes.

No iba a dejarnos cogerle tan fácilmente. El animal, nos advertía de que iba a vender cara la poca vida que le quedaba… Y aunque nuestras intenciones eran las de recogerlo e intentar ayudarle, era algo que, lógicamente, no podíamos “explicar con detalle” al pobre bicho moribundo.

Decidimos hacernos con una manta para atrapar al gato y sacarlo de allí… Volvimos de nuevo a la puerta y entramos al alimón estirando la manta para, cual red, atrapar dentro al gato y poder hacernos con él sin peligro para nuestra integridad… Cuando el pobre animal se vio de nuevo acorralado y cercado por la manta, no os podéis imaginar el estallido de ira, pánico y furia del desdichado gato…

Empezó a aullar endiabladamente; como un torbellino empezó a dar botes violentos y exagerados, estampándose contra las paredes y el cristal de la puerta de la cancela con una violencia y fuerza inusitadas, provocando que mi cuñado y yo nos cagásemos de miedo… Era seguro que no nos íbamos a librar de algunos mordiscos, y de muchos arañazos desesperados… No había forma de sacar al gato de nuestra casa sin que saliésemos mal parados del lance…

Finalmente, en vista de la imposibilidad de hacer nada por el desdichado animal, uno de nuestros vecinos trajo una escopeta de perdigones. Era la única forma que se nos ocurrió de acabar con la situación, pero mi cuñado y yo ya estábamos bastante afectados y nerviosos como para apretar el gatillo… No podíamos hacerlo nosotros…

El revuelo de vecinos, curiosos y espantados por el suceso, se incrementaba a la vez que el desagradable hecho se complicaba. Mi madre, mi hermana y algunas vecinas, estaban fuertemente impresionadas además de horrorizadas por lo sucedido, y lloraban, casi histéricas, impotentes ante el incómodo y repulsivo episodio que estábamos padeciendo. Finalmente, uno de mis vecinos se arrancó y cogió la escopeta… Cada uno de los primeros tres disparos, fueron acompañados de unos espantosos alaridos de dolor intenso y de unos desesperados movimientos frenéticos, desafiantes y estertóreos, del pobre gato desahuciado… Cinco tiros hubo que darle antes de que el infeliz animal rindiese cara su pobre vida…

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El hecho de asistir al horrendo espectáculo de la degollina de aquel pobre animal, malherido y espantado por el dolor y la muerte cercana, nos afectó a todos con una sombra de tristeza, impotencia, pena y asco, que amargó enormemente aquel día, y algunos otros…

Antonio Rodríguez Miravete

LA LÁMPARA… Un caso real

Llevo espantado varios días, sin dormir, y prácticamente sin comer desde que nos enteramos del luctuoso suceso… Con la impresión del acontecimiento, casi sin quererlo, comencé a recordar algunos detalles…

Aquel olor era desagradable sí, ¿pero cómo íbamos a imaginar semejante cosa…? Tampoco es que fuese algo nauseabundo, como se esperaría de un hecho como el sucedido… Creíamos que aquel hedor se debería a emanaciones producidas en algún sumidero sucio o mal ventilado…

Quizás un animal muerto, atrapado en alguna de las tuberías de evacuación de la terraza del edificio, fuera la causa de aquel persistente y pestilente tufo…

Recuerdo, ahora con estupor, aquel ya lejano y caluroso verano, en el que apareció la extraña mancha en el techo de mi habitación… Se había producido al filtrarse aquel líquido de color parduzco por el agujero de la lámpara, empapando la escayola del cielorraso, y deslizándose, denso, por la cadena y el cable blanco y rizado que mantenían suspendida a aquella…

Parecía una mancha casi seca de algo así como óxido; al fregarla y mojarla, reavivaba, difuminado, aquel desagradable aunque familiar olor fétido, como pegajoso y hasta dulzón, que se había adueñado de la totalidad del inmueble y al que, en cierta forma, ya nos habíamos acostumbrado…

También recuerdo el restregar aquella mácula con ahínco y desagrado… En varias ocasiones tuve que limpiarla, porque que de cuando en cuando volvía a aparecer, tozuda, como queriendo avisarnos de lo sucedido…

Pero no nos dimos cuenta…

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Las relaciones entre vecinos anónimos, furtivos y huidizos, de un inmueble ajado y rancio como el nuestro, no fueron nunca las más cordiales ni fluidas… Por ello me conformé al no obtener ninguna respuesta, en todas las veces que toqué la puerta de mi vecino de arriba para comentarle aquello que chorreaba por el cable de la lámpara de mi dormitorio…

Vivimos en esa burbuja aislada y miserable de nuestra cotidianidad lenta, pobre e insulsa; desamparo, cuernos, enfermedades, drogas, vejez, soledad…

El revuelo de la policía primero, y minutos después el de un juez, entrando por la destartalada puerta principal del edificio junto con unos enfermeros, nos alarmó a todos…

Tras hora y media aproximadamente, los enfermeros bajaron un cuerpo en una bolsa de plástico blanca; sobre una camilla que, extrañamente, parecía no pesar nada… La bajaban a mano, maniobrando con dificultad aunque sin esfuerzo, por el estrecho hueco de las angostas escaleras en penumbra…

Finalmente, fuimos informados por la policía de que el cuerpo, era el de don Ramón…

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Fue don Ramón un pobre tipo huraño y taciturno, esquivo; alguien al que se le notaban las heridas abiertas en su vida… No se relacionaba mucho con el resto de los vecinos… más bien nada; sobre todo desde que su mujer y su hija lo abandonaran como a un perro… Lo dejaron justo en el umbral de la puerta de entrada de su mísero piso, tirado, con el corazón hecho jirones y un caudal de lágrimas goteando hasta sus zapatos…

Ninguno de los vecinos recordamos que, desde aquel momento, alguien le hiciese visita alguna; ni familiares, ni amigos, ningún envío. Nadie… Su anodina existencia pasó desapercibida para el resto de los habitantes del inmueble y del mundo.

Hasta ese día…

Después de que su ex-mujer, no tuviese respuesta alguna al intentar notificar a don Ramón la muerte reciente de su única hija, la policía encontró el cadáver seco… momificado.

Habían pasado ocho años desde su muerte; al parecer se suicidó con el gas de una bombona abierta de la estufa que encontraron junto al cuerpo.

Completamente vestido y tirado en el suelo de lado; estaba en medio del minúsculo salón de su casa, justo sobre el punto donde, en el piso de abajo, colgaba la solitaria lámpara de mi dormitorio…

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Antonio Rodríguez Miravete

Este relato es una recreación libre de una noticia real: el hallazgo, en un piso de un edificio cualquiera, de un cuerpo momificado muerto hacía ocho años… Nadie se había dado cuenta ni lo habían echado de menos…

Sucedió hace unos cuantos meses, y me dejó un sabor acre…

El 23-F y la taquilla del cine…

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Eran, solo las seis y pico de la tarde y mi abuelo Manuel entró consternado en la angosta taquilla… Aquella tarde el taquillero era yo… Tras sacudir, con una inusual ternura en él, las guedejas de mi cabeza, me dijo, como preocupado y tajante, que ya había terminado mi trabajo esa tarde, y que ¡se iba a cerrar el cine…!

¡Qué extraño!

Aquello era impensable. Sabía que mi abuelo había estado ‘echando’ cine ininterrumpidamente desde hacía más de veinticinco años… Ni la llegada del hombre a la luna, ni Franco en la inauguración del cercano Pantano de La Pedrera; y ni siquiera la boda de su única hija, habían sido razón suficiente para que el Cine Miravete cerrase sus puertas. Nunca había sucedido…

En aquella época el cine era más importante que el ambulatorio; entre otras cosas porque no había ambulatorios… El cine era ese sitio en el que tenías que estar si querías tener vida social, merendar, refugiarte si hacía mal tiempo, o ligar… ya que aparte de la iglesia, no había otro sitio al que ir… “decente”.

Sucedió que, después de cerrar la taquilla y salir a la calle a recoger las pizarras donde se anunciaban los precios y la cartelera de aquella tarde, varios insólitos y violentos estampidos sacudieron mi ánimo…

Rápidamente, sobresaltado y temeroso volví al interior seguro de la taquilla… Me asomé abriendo de nuevo aquella estrecha portezuela para, muy extrañado, ver un SEAT 1500 atiborrado de energúmenos sacando sus cuerpos por las ventanillas… Bramaban bastante alterados no sé qué de los rojos, de que era el momento , y otras zarandajas que no recuerdo… Alarmado, pude ver que uno de ellos agitaba una escopeta cuyos disparos habían sido la causa de aquellos estampidos, y de mi enorme estupor.

No entendía nada…

Cuando pasado no mucho tiempo, mi abuelo me acompañó con evidente preocupación, anocheciendo, y casi furtivamente hasta mi casa, pudimos ver otro coche; un GORDINI esta vez… Portaba aquel vehículo un cargamento también de otros energúmenos, distintos, así lo dijo mi abuelo, debido a que a grito pelado aullaban no sabía yo qué de fascistas, ni del pueblo, ni yo que sé qué de lucha social…

Algo había oído hablar de lo del golpe de estado, pero a mis catorce años no era consciente de la importancia del hecho sucedido… Tampoco se nos daba a los críos explicación alguna: en aquella época no se hablaba de ciertas cosas, y punto… La visión de aquellos comportamientos, me hicieron tomar por vez primera conciencia de lo extraño de las actitudes políticas de algunas personas…

Empecé a darme cuenta de la importancia de lo sucedido aquel día, cuando ya en la tranquilidad de mi casa, y escuchando de fondo el mensaje del Rey por televisión, me vi de nuevo atisbando temeroso el exterior desde de la portezuela de la taquilla del cine…

Aquella minúscula ventana que solo dejaba ver un pequeño cuadro de luz, enmarcado por la oscuridad de aquel cuartucho, donde vendía las entradas del cine, y a través de la que, a mis quince años, observaba perplejo el mundo…

Una metáfora…

¡ Ay Pablo…!

¡Ay Pablo…! Es una pena, pero el castillo de naipes de tu variopinto partido se está desmoronando por sus flancos, debido a la estulticia de tus mediocres dirigentes; ofuscados, en los entresijos de un politiqueo inútil, estéril, y por completo, nefasto como ejemplo de actitud política…

Justo, a tu imagen y semejanza…

La caterva de piratas de todas las nacionalidades que tenías a tus órdenes, parece, que te están dando de la misma medicina que tú has repartido desde que te iniciaste en ésas, tus tan arteras artes políticas…

Imagínate, qué sucedería en cuanto tocárais pelo; en cuanto tuviérais poder de verdad… Tendríais que ir faca en ristre para protegeros los unos de los otros…. No habría yugular fuera del alcance de vuestros navajazos.

¡Ay Pablo…!

Esta traidora acción de demolición de tus sátrapas, espero que te sirva de escarmiento al demostrar, que esa especie de anarquía asamblearia que tú predicas; esa falta total de compromiso moral con la labor política; y esa total falta de respeto por tu nación y su bandera, por tu historia y tus compatriotas, son incompatibles con la lealtad, con la eficiencia, y con la honestidad…. Es decir: con la práctica de la política…

¡Ay Pablo…! es una verdadera lástima que no hayas utilizado tu innegable talento político con fines más altos y honrados; que no hayas puesto tu evidente intelecto al servicio de ideas decentes, pragmáticas y útiles, en vez de hacerlo al de sórdidas ideologías, que tú, bien sabes aciagas y fallidas a lo largo de la historia…

Con la de cosas que hay por hacer en esta gran nación en la que has tenido la suerte de nacer…

Y recuerda: “El que no quiere a su Madre, no quiere a nadie”

Y vosotros, pareciera que no tenéis Madre… No creéis en nada…

Yo, sí tengo Madre…

¡VIVA ESPAÑA…!

Antonio Rodríguez Miravete

VERGÜENZA INDEPENDENTISTA…

Lunes, 30 de octubre, son casi las cuatro de la tarde…

Estupefacto, acabo de oír por una cadena de radio de las solventes, que el tristemente ínclito y “nada honorapla” señor Puigdemon, apresuradamente se ha marchado a media mañanita a Bruselas, dándose con los talones en el culo, al parecer, cual mañaco en búsqueda de asilo bajo el regazo de no sé qué partiducho belga, nacionalista también…

Ha tardado un solo día en echar a correr delante de la bajeza de sus actos…

Me gustaría poder revolver en los entresijos de los pensamientos de los muchos independentistas, de buena fe pero de poca y mala educación, que han puesto en manos de estos alfeñiques morales e intelectuales sus querencias políticas,

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sus emociones más entrañables y sus legítimas aspiraciones económicas…. ¿Qué cara se les habrá quedado a esos mismos independentistas, “al verle” correr cual conejo, para dejar atrás el erial moral, económico y cultural en que ha convertido a su propia tierra, Cataluña…?

Todos los que se han emocionado hasta el paroxismo con el canto ciego y rendido del els segadors; todos los que han asistido fervorosos a esos multitudinarios aquelarres independentistas; todos los que han creído el discurso purificador de ésa su prístina etnia, elegida por el destino para las más altas estimas… Todos ellos digo, han de tener un nudo, muy amargo y merecido, en sus gargantas quebradas de jalear inútiles consignas embusteras, al ver a éstos sus próceres, amilanados frente a su propia osadía, y reculando, timoratos y cobardes, de sus convicciones se supone más profundas, sinceras y pregonadas…

Han sufrido los independentistas, este vía crucis de sibilina y catalanista abducción, solo para asistir al espectáculo ruin de ver a sus caudillos, furtivos y humillados, “tomar las de villadiego” rumbo al asilo vil de sus cuentas corrientes. Éstas, están a salvo en paraísos fiscales y penales, que tuvieron la cara dura de prevenir y preparar para estos tiempos difíciles, puesto que sabían con certeza que así acontecerían, como consecuencia del latrocinio abyecto de sus actos…

Antonio Rodríguez Miravete

Los árboles del voto, y el bosque de la Ley

Es enormemente perverso, el tufo asqueroso a xenofobia y supremacismo de los independentistas éstos… De forma torticera, sibilina y mendaz, han abducido con odio y propaganda barata a una buena parte de la sociedad catalana, y también a un preocupante número de confundidos e indignados españoles de bien; zurdos éstos de alto espíritu e ideologías, pero anquilosados y flojos de ideas…

el voto

A todos éstos, los ha confundido el independentismo en la idea, deificada, e indeleblemente impresa en la psique por un adoctrinamiento implacable, de que la democracia se fundamenta ‘únicamente’ en la decisión de los votos…

El acto en sí de votar, se torna en oráculo sagrado, revelador… Es por ello el voto, de forma indefectible, omnipotente frente a cualquier argumento que matice, esclarezca, o acaso contradiga, su concepto de valedor final de la democracia, de ‘lo democrático’.

Ésa, es su distópica y excluyente idea de la libertad, de la democracia…

Según ese mantra torpemente admitido, de que ‘todo consiste en votar porque el voto de las mayorías todo lo avala’, cualquier decisión o cualquier concepto -el derecho a decidir o la segregación racial; el genocidio de judíos o el aborto- puede así, ser avalado y beatificado por el voto de las mayorías…

ley

No aceptan el hecho, en sí paradójico, de que para poder ejercer ‘cualquiera’ de las formas de expresar nuestra libertad -de las que el voto es solo un ejemplo- es necesario, que aquella, esté limitada, amparada, regulada y por ello asegurada, mediante una Ley, es decir: mediante la LA LEY.

Los acuerdos de ayer no les valen a estos independentistas cuando ‘parece’ que ya no les convienen… Por lo que lucharon sus abuelos, y luego perdonaron y firmaron sus padres, no tiene para ellos, llegado el momento, valor alguno; lo olvidan de forma lerda e insensible…

Los pretéritos compromisos solemnes adquiridos por sus antecesores, dejan de tener vigencia si suponen un menoscabo de cualquiera de las múltiples ambiciones de la clase política y sus intereses… La traición reclama así su sitio infame entre las opciones posibles, del complejo y artero arte de la política…

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La verdadera memoria, la verdadera historia, les ha sido vedada… Ambas, memoria e historia, han sido torcidas y cercenadas por el independentismo, en aras de la vieja y paranoica idea – hoy entre ellos imperante- de que manipular y esconder el pasado, equivale a algo así como a ‘resetearlo’. Estos traidores pretenden ‘borrar a su favor’ la moral, el honor, los méritos o la ausencia de ellos, y como no, la responsabilidad y la culpa, de los acontecimientos de su presente revanchista y paranoico.

Que los árboles,
no nos impidan ver el bosque…

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Antonio rodríguez Miravete

¡¡¡SOCORRO…!!!

Señoría, miembros de este tribunal…

En primer lugar y con el mayor respeto, quiero pedir disculpas por la osadía, o quizás por el esperpento y seguramente la torpeza, de presentarme ante Ustedes sin un abogado… Es solo un gesto… Un gesto, con el que quiero poner en evidencia la situación de indefensión en la que me encuentro, y frente a la que no tengo otra opción que comparecer ante ustedes “a calzón quitado” con ésta, mi declaración… que es solo un gesto.

Quiero manifestar con toda rotundidad, que esta denuncia de la que soy objeto, está basada en una flagrante falsedad por parte de la madre de mis hijas… Esta maniobra legal es una calumnia evidentemente espuria e interesada, con la intención de volver a disponer de un dinero que ya he pagado, y muy trabajosamente por cierto…

Como dice el clásico: “a Dios pongo por testigo” de que yo he estado abonando mi pensión todo este tiempo, mediante la entrega del dinero en metálico a la mayor de mis hijas… La razón para hacerlo así, es que mi situación económica era -y es- muy mala… No podía hacerlo de otro modo debido a que la madre de mis hijas, al igual que me sucedía a mi, tenía las cuentas embargadas, y por ello realizar el pago mediante transferencias, hubiese supuesto la inmovilización inmediata de las cantidades que yo le entregaba… Nuestra necesaria y obligatoria relación personal como padres -aunque precaria y difícil debido al trance del divorcio- la creía yo lo suficientemente leal como para no esperar unas intenciones tan sibilinas…

Pues bien, después de seis años de un confortable acuerdo tácito para cobrar así… esa señora, aprovechando que por mi parte no tenía forma de justificar documentalmente el abono de la pensión, codiciosamente, decide reclamar ahora, que puede permitírselo, que le pague de nuevo el dinero íntegro de ese período…

Por otro lado, y como información adicional al caso, también ha esperado seis años para, recientemente, demandarme judicialmente por un simple e inofensivo -aunque nuevamente torpe por mi parte- mensaje de whasap… ¡¡Nada menos que una denuncia ¡a los seis años! por acoso y amenazas… por whasap!!… Es evidente, que el motivo real de mi acusación no es otro sino el de que, mediante esta denuncia, la madre de mis hijas pueda acceder a ayudas económicas, que esta ley de género proporciona a las mujeres que realmente se encuentren en situación de acoso y amenazas…

Por todo ello… Pido amparo a Su Señoría, ya que estoy plenamente dispuesto a pagar todo lo que en derecho así me obligue y corresponda… Pero a lo que no estoy dispuesto, es a admitir como justa esta reclamación artera e interesada de la madre de mis hijas; porque a ojos de éstas -que son plenamente conscientes de todos los detalles de la situación- su padre quedaría así como un irresponsable, al que no le han importado sus hijas en absoluto…

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Reitero así de nuevo, mi petición de amparo a Su Señoría, porque no tengo otra manera de probar lo que digo, que aportar el testimonio de mi hija mayor…

Pero estoy plenamente convencido de que no debo prestarme a ponerla en el trance, de tener que declarar públicamente en contra, nada menos, que de su propia madre… Entiendo por mi educación, que no sería ejemplar por mi parte el así obligarla a hacerlo… Supongo que fui estúpido -y nuevamente torpe- al pensar que su madre nunca se atrevería a mentir de esta forma tan miserable, por el simple hecho de que su hija mayor pudiese algún día, saber de su rapiña; es evidente que no le importa, en absoluto…

Desesperadamente quiero manifestar ante Su Señoría, de nuevo con toda rotundidad: que soy yo, el que está siendo sometido a una injusticia que raya en el chantaje… Yo, soy el que está siendo diana de acusaciones infames, sin otro propósito que el de obtener un espurio beneficio… Soy yo además, Su Señoría, el que está siendo cual vil ratero acosado, arrestado y encarcelado, debido a unas acusaciones que son, ya no falsas y por ello injustas, sino que son enormemente denigrantes para mi persona… Y lo que es más importante: ensucian la imagen que ante mis hijas tengo; aspecto éste que es lo que realmente a mí, de esta injusta situación, más me importa.

Por último quiero manifestar, que nunca antes que por estos motivos, había pisado yo jamás una comisaría, jamás un cuartel o juzgado alguno… jamás. Por lo que viéndome ahora, “a los pies de los caballos” ante esta torticera denuncia, ruego con denuedo a Su Señoría que tenga en cuenta ésta mi declaración, y preste su amparo e imparta verdadera justicia a quien la expresa…

La imposibilidad de defenderme es manifiesta debido a que, la situación de estigmatizado social en la que me encuentro, la legislación de género vigente y la opinión general imperante, hacen de mi un injusto culpable, señalado y atrapado en una situación de indefensión… Tal cual cordero, rumbo al matadero.

Por todo lo expuesto… a la espera del justo tino y la segura equidad de su juicio, quedo a la entera disposición de Su Señoría…

Atentamente

Te voy a dar yo “rafarendum…”

AFIRMO…

Preámbulo

Quiero creer que la mayoría de españoles de bien, tras leerlas, coincidiréis conmigo en éstas mis simples afirmaciones:

Primera

Afirmo que los españoles debemos de cuidar del planeta. Pero, después de cuidar el planeta, lo más importante que tenemos que hacer los españoles es cuidar de nosotros mismos y de nuestra nación, España…

Segunda

Afirmo que el principal problema de los españoles -de todos-, es nuestra cada vez más inquietante y evidente división, generada por la actitud de nuestros nefandos políticos…

Tercera

Afirmo que ésta situación de división se debe a la mala gestión que éstos, nuestros corruptos políticos, de forma premeditada, sibilina y parasitaria, han hecho del actual Estado de las Autonomías…

Cuarta

Afirmo que, por todo lo anteriormente expuesto, lo más importante que tenemos que hacer los españoles, es acabar con el actual Estado de las Autonomías y con los políticos que de forma tan espuria lo gestionan…

Quinta

Por último afirmo, que la única forma legal y democrática de hacer efectivas las manifestaciones expresadas en los puntos anteriores, consiste en hacer que los españoles seamos consultados, en un referéndum nacional y vinculante, si queremos seguir con la situación actual, o si queremos revertir esta deriva de debacle nacional en la que nos encontramos…

Si no, ¿para qué seguir cuidando el planeta…?

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Antonio Rodríguez Miravete

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¿Perdón…?

Llevamos unos cuantos días jodiéndonos a cuenta de la entrega de armas de la puta ETA de los cojones -qué vergüenza colectiva, por Dios- Por otro lado no dejo de oir a nuestros señores cagapolíticos decir, hinchando el pecho y con gesto circunspecto, que “lo que tiene que hacer la ETA” es entregar las armas, arrepentirse y pedir perdón a las víctimas…

Déjenme decirles señores cagapolíticos, que de eso nada.

¡¡¡Y una mierda…!!!

La ETA no tiene que hacer nada, “lo que tienen que hacer ustedes”, señores cagapolíticos, es procurar la satisfacción de las víctimas, y que se haga justicia; precísamente porque ellas han sido quienes, de verdad, han sufrido en sus carnes el asesinato, el secuestro, el destierro, el escarnio público, y el lacerante e ignominioso olvido de una importante parte de la sociedad y lamentablemente, señores cagapolíticos, de ustedes en especial… Por ello, que la ETA deje las armas, se arrepienta y pida perdón, “me la bufa” -perdonen la expresión pero estoy harto- “Me la bufa” porque, señores cagapolíticos, eso no nos sirve para nada; no repara, ni consuela, ni redime, ni hace justicia alguna… no coloca adecuadamente en su sitio moral a las víctimas y a los verdugos. Para “ellos”, con esa falaz entrega de armas, ese arrepentimiento mendaz y ese perdón hipócrita y de conveniencia, lo que consiguen es una equiparación justificadora tanto de las víctimas como de los verdugos.

Y saben lo que les digo señores cagapolíticos:

DE ESO NADA…

ELLOS SON ASESINOS, PERROS RABIOSOS EN BUSCA DE UNA REDENCIÓN POLÍTICA QUE LES PERMITA MIRAR A LA CARA A SUS HIJOS -DE PUTA TAMBIÉN- SIN EL ESTIGMA DEL ASESINATO VIL, DEL SECUESTRO, Y DEL INFIERNO QUE SEGURO LES ESPERA, Y EN EL QUE VIVIRÁN HASTA QUE, MUERTOS, REVIENTEN DE IRA…

“Ellos” son unos hijos de puta de entraña negra y podrida, y deberían meterse su entrega de armas, su petición de perdón y su arrepentimiento, por el culo; pero todo ello dentro de una celda, ya que no colgados por el cuello de una soga, como justamente merecen…

Así que, dejen de masturbar sus conciencias con peticiones ridículas y cobardes, señores cagapolíticos… Lo que hay que hacer, es todo lo posible para que se pudran en vida, encerrados en el peor agujero que podamos encontar para ellos; lo más lejos posible de todo lo que puedan querer -ya que amar, seguro que no saben- lo más lejos posible de todo lo que pueda consolarles, lo más lejos posible de todo lo que pueda recordarles a esa humanidad a la que renunciaron, al empuñar las armas que usaron cobardemente…

Que pidan perdón, que se arrepientan y que entreguen sus pistolas; pero en la cárcel perpetua de sus abyectas acciones; en la carcel de sus recuerdos salpicados de sangre; en la carcel del ejemplo que han dado a sus hijos -de puta también- En la carcel de odio vital en la que se encerraron, al aceptar que unas ideas valen más que las vidas que han segado inmisericordemente…

Que se mueran y que todos lo veamos…

Antonio Rodríguez Miravete

La reputación y la cocacola

Recientemente han sucedido dos acontecimientos que hablan bien a las claras del clima político que se vive en nuestro país. Son dos sucesos sin ningún tipo de relación, pero sí similares en cuanto a lo kafkiano de sus características.

El primero de ellos ha consistido en la dimisión de un político relevante -murciano para más señas- por una mera infracción administrativa urbanística; además de por la acusación de un delito que todavía no había cometido. Es decir, una investigación –imputación- “preventiva” sobre unos hechos que podrían haber sido delictivos, pero que, en cualquier caso, ni siquiera habían tenido lugar…

El segundo de esos acontecimientos kafkianos ha sido el de que otro político relevante –madrileño y de un partido totalmente contrapuesto al anterior- ha tenido solemnemente que salir a pedir con urgencia disculpas a su electorado, ni más ni menos que por beber cocacola…

Los hechos en sí no deberían haber constituido motivos lo suficientemente importantes, como para tener que conllevar algún tipo de sanción, atención especial o crítica alguna; quizá algún pequeño rifirafe político recriminatorio a nivel autonómico, pero sin la consideración de acontecimiento digno de mención a nivel nacional… Pero el caso es que ambos hechos se han desencadenado “debido” a que los dos políticos han faltado torpe, estúpida y descaradamente a su palabra dada; cosa ésta que algunos lo verán trivial, pero que en otras culturas supone inmediatamente el descrédito público de quien miente; y más, si son políticos que manejan presupuestos que pagamos todos. La mentira en un político siempre es sospechosa y enmascara algo negativo; por trivial que sea…

No me negarán que los hechos descritos son paradójicos al menos, y describen el kafkiano, histriónico y enrarecido clima político actual de ésta nuestra amada España, el cual, debemos a la escasísima altura política, cultural y a veces hasta moral, de la caterva de representantes políticos que padecemos; quizá con algunas -muy pocas- excepciones.

Antonio Rodríguez Miravete

Géneros de Violencia…

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Había mantenido una, he de reconocerlo, frágil entereza de ánimo durante todo el espurio proceso en el que me veía inmerso. Pero finalmente, con ese pinchazo sutil y esa sensación áspera en la garganta, no pude contener las lágrimas… Rodaron tímidas y amargas por mis mejillas cuando el agente comenzó a tintar mis manos; con un rodillo untado en una especie de betún, de textura densa, como de pomada negra… Negra como el color de las entrañas de la que me había metido en la situación en la que ahora me encontraba…

Todos y cada uno de mis dedos, resignados y dócilmente guiados por las enguantadas manos del agente, dejaron su impronta indeleble y obediente en la ficha policial… Aquél, amablemente dejó que amainasen mi ánimo y mis pucheros, antes de comenzar a hacer las fotos de rigor que el proceso de mi detención requería: sentado, de pie, de frente, de perfil, en escorzo…

Era la primera vez en toda mi vida que me encontraba en una situación semejante; jamás en mis cincuenta años había pisado cuartel, comisaría o retén alguno, jamás…

Aún con las manos sucias de esa grasa negra, como de entraña negra, fui acompañado a una “celda de pre-detención”. Quedé recluido a cal y canto al cerrarse, con un sonoro giro de llaves tras de mi, una extrañamente estrecha puerta de barrotes sólidos e infranqueables. El tiempo, y el sonido reverberante y metálico, parecieron coagularse lentamente…

Una celda absolutamente vacía –para que no pueda lesionarme, me dicen- de seis pasos de largo por tres de ancho… El olor agrio y africano del lugar delataba, junto con la roña amontonada y rancia en las cuatro esquinas del piso basto, que hacía semanas nadie había pasado una escoba, fregona, o cualquier otro útil de limpieza por esa sentina inmunda en la que me encontraba… Los restos de vomitona chorreada en las paredes, y las pintadas bastardas y soeces que los presos aburridos y embrutecidos habían ido dejando en ellas, aumentaban el ambiente morboso y perro de mi lugar de reclusión, y cómo no, de mi ánimo…

Estaba formalmente detenido por la Policía Nacional; todas mis pertenencias en una puta bolsa de plástico con un número en ella. Y encerrado como un vil criminal en una cloaca…

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Meditando en cada una de las, calculo noventa, veces que di la vuelta nerviosamente a la celda en las más de tres horas que duró mi reclusión, iba afirmándome en mi decisión de no involucrar a mi hija en esto… Ella era la única que podía atestiguar, que la afirmación hecha por su madre de que nunca le he pagado la pensión de mis hijas, era totalmente falsa…

Sabía que esa decisión me condenaba, porque no tenía otra forma de demostrar que sí, había pagado la pensión alimenticia de mis hijas… Pero no podía pedirle, y menos obligarla, a que testificara en contra de su propia madre… No iba a hacerlo en ningún caso. Siempre he creido que el ideal, o la imagen arquetípica que debemos tener de nuestros padres -al menos yo sí la tengo- es sagrada, debe ser inmaculada sea cual sea; sean quienes hayan sido nuestros progenitores, e independientemente de su comportamiento y sus posibles aciertos o errores para con nosotros… La familia es sagrada, y ésa a sido una de mis constantes en la educación de mis hijas…

Cuando nos separamos, nuestra relación sentimental estaba en todos los sentidos definitivamente rendida, quebrada y desahuciada… Así estaba también nuestra situación económica (por motivos que no vienen en este relato al caso) y ambos teníamos las cuentas embargadas; precisamente por ello empecé a darle el dinero en metálico a mi hija ya que, hacerlo por el banco, suponía dejar a su madre sin ninguna otra entrada de dinero…Ésta, había sido la forma, acordada tácitamente, del pago de la pensión de manutención de mis hijas durante casi seis años…

¡Qué estúpido fui al pensar que su madre nunca se atrevería a mentir de esta forma tan miserable, por el simple hecho de que su hija mayor pudiese algún día saber de su rapiña…!

Le importan más bien nada sus hijas, y se cisca en el hecho de enviar a su padre a la cárcel por el vil metal; utiliza una de las mentiras más rastreras y miserables que una madre pueda esgrimir: No paga, ergo a su padre le importan una higa sus hijas… No es consciente que, tarde o temprano, ellas sabrán de la vergüenza de su estrategia para conseguir sucia y torticeramente un dinero mendaz e inmerecido. Quiere cobrar por segunda vez algo que penosa y trabajosamente ya le he pagado… Con todo mi esfuerzo; a veces pidiendo la ayuda económica de mis padres, y en alguna ocasión hasta la de mi pareja y amigos…

Y como me dice alguien que me quiere y confidente: esto no ha hecho más que empezar… He de estar preparado para las denuncias subsiguientes: acoso, denigración social, supuestos malos tratos, orden de alejamiento… Ahora, según sus declaraciones judiciales y públicas: soy un mal padre, celoso, violento, posesivo, maltratador, drogadicto…

En fin, que debía estar preparado para el vía crucis de ser arrostrado por cuarteles y comisarías para fomentar al máximo mi público escarnio; y todo ello, sin que pueda rechistar en forma alguna. Así está la ley.

Y ya ha empezado…

Seis años ha tardado en denunciarme, la muy…

Con la mentira se puede llegar muy lejos, pero se pierde la esperanza de poder volver…

Ojalá que no, pero…

Continuará

El grito

El sopor y la morriña que el calor provocaba en la tarde de un miércoles de agosto, en plena canícula estival, era irresistible. Las sombras caían perpendiculares al suelo, apenas rebasando el contorno de los objetos que las proyectaban, el calor espeso parecía que detenía el tiempo, lo ralentizaba pesado y pegajoso. A la hora de la siesta, en la huerta, solo se oían el crujido de mis pasos en la hierba seca y el chirriar de las cigarras…

El grito de auxilio sacudió mi pereza y mis embotados sentidos… Respondí con otro esperando respuesta para poder ubicar el origen de donde provenía. El consiguiente grito hizo cambiar bruscamente el rumbo hacia donde desorientado me dirigía…

No acertaba ver a nadie; largas filas de algodón plantado geométricamente a lo largo y ancho de un enorme bancal frente a mí, más atrás, la línea verde intenso de la acequia bordeada de cañaverales que partía en dos la finca. Volví a gritar y la consiguiente respuesta me mantuvo en la dirección hacia la que me dirigía, pero seguía sin ver a nadie. Corría alarmado a horcajadas evitando pisar las hileras de las plantas, acercándome rápidamente a la acequia, no parecía haber nadie, sin embargo los gritos no cesaban…

Llegué hasta la mota de la acequia, junto a una compuerta, ésta retenía el agua haciéndola subir de nivel hasta que rebosaba hacia una “regaera” que distribuía finalmente el líquido, progresivamente a cada uno de los márgenes del bancal. Las cañas se dejaban caer lánguidamente de las motas hacia el cauce de la acequia cerrándome la vista del mismo; estaba muy cerca del lugar origen de los incesantes gritos pero el espeso follaje me impedía distinguir nada. Finalmente pude atisbar una cabecita que apenas asomaba del nivel del agua, y unos brazos que agarraban frenéticamente cañas y follaje para mantenerse a flote, las paredes lisas de hormigón de la acequia impedían apoyarse en lugar alguno para poder izarse y salir; los dos metros largos de profundidad tampoco ayudaban…

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Al acercarme más pude darme cuenta de que se trataba de una niña. Los gritos cada vez eran más débiles debido al cansancio; el esfuerzo de mantenerse a flote y de luchar contra la corriente, que arreciaba justo en ese punto junto a la compuerta, estaban desgastando la tenacidad de la pequeña. Los remolinos del agua apretujándose por la presión, arrastraban y succionaban a la niña hacia abajo venciendo poco a poco, pero de forma inexorable, su resistencia… Me lancé al agua, con precaución para no golpearme con las paredes de hormigón de la acequia, a la vez que me agarraba de alguna de las cañas que se vencían hacia el cauce… Conseguí acerqué a ella y me di cuenta que era una gitanilla de no más de ocho años que gritaba y se agitaba como una loca.

En cuanto sintió mi contacto al agarrar su bracito, bruscamente se giró; con la agilidad de un mono me agarró ella y, literalmente, trepó primero por mi brazo, luego pisó sin misericordia mi cabeza con sus pies desnudos, arañándome e impulsándose hasta agarrar mi otro brazo que sujetaba la caña que nos sostenía a ambos. Finalmente consiguió otro agarre más arriba hasta que, con una rapidez y habilidad inesperada, en un último impulso y golpeándome sin miramientos con sus piernas, de un brinco consiguió salir del cauce…

Allí me quedé yo, hablándole para tranquilizarla, pidiéndole que me ayudase ahora ella buscando una caña robusta o algo que sostuviese mi peso para salir; me preocupaba mucho que estuviese asustada o herida, no paraba de hablarle y de pedirle que me hablase…

Tras un instante me di cuenta de que se había largado… la cría había salido corriendo dejándome allí tirado, mojado, sin ayuda y hablando solo; ni gracias…

Sin mucho esfuerzo conseguí salir de la acequia y, refrescado eso sí, comencé a “espionar” algodón.

Antonio Rodríguez Miravete

Furtivos

El aspecto exterior del edificio era imponente pero ruinoso, aunque las ajadas y desvencijadas puertas exteriores todavía lo mantenían, aunque precariamente, cerrado y secreto….

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Ellos dos sabían que saltando la valla trasera se podía acceder al patio posterior; éste, comunicaba con el fondo del antiguo escenario, a través de una pequeña puerta casi completamente desarbolada de puro vieja… Yo, en cambio, pese a ser familia de los propietarios del vetusto edificio, casi no sabía absolutamente nada del mismo, y he de confesar que hasta ese momento nunca había tenido curiosidad alguna por él…

Pero la propuesta de colarnos esa tarde, de forma furtiva, era irresistible.

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Esperamos rondando nerviosos por los alrededores el momento adecuado, cuando Luis dio la señal… Tras saltar rápidamente la valla exterior y forzar sin mucho esfuerzo la pequeña puerta de acceso, de repente, nos encontramos al principio de un lóbrego pasillo que iluminábamos apenas con la única linterna de que disponíamos…

Avanzamos, hasta llegar a una pequeña habitación de techo muy bajo, que a su vez comunicaba con el enorme e inquietante patio de butacas… El haz de luz de nuestra raquítica linterna, se perdía en la espesa oscuridad del negro espacio vacío y húmedo, iluminando tan solo, un caótico universo en movimiento de infinitas motas de polvo, suspendido por el tiempo y la desidia…

En penumbra, llegamos hasta el pasillo y casi a tientas nos dirigimos hacia la salida central, llegando hasta lo que parecía el hall de la entrada principal. Allí nos separamos… Fernando se quedó con la linterna, y Luís y yo nos tuvimos que apañar con cerillas y mecheros para abrirnos paso por la aplastante oscuridad que nos rodeaba…

Giré intimidado a la izquierda, llegando hasta un estrecho pasillo lateral por el que se accedía a los palcos; éste, se curvaba ligera e inquietantemente siguiendo la forma elíptica de la enorme sala, lo que hacia que no pudiese ver el final del mismo… La sensación al avanzar era como si ese opresivo, angosto y tétrico pasillo, no acabase, no tuviese al recorrerlo un final definido…

Crujían mis pisadas al aplastar papeles, cristales y pedazos de ajados marcos de madera que, seguramente, alguna vez habían orlado fotos de viejas glorias del espectáculo, hacía mucho tiempo olvidadas. De repente, unos ruidos extraños e inquietantes; rítmicos, tétricos, sobresaltaron mi ánimo erizando cada pelo de mi cuerpo de puro miedo; grité llamado a mis compañeros…

Guiado por el sonido de sus respuestas, llegué a trompicones de nuevo a la zona del patio de butacas, justo al pie de una escalera por la que se subía al escenario; sobre éste, y situado en el centro, se hallaba un fantasmagórico y destrozado piano, cuyas viejas y desgastadas teclas estaban siendo aporreadas nerviosamente por Fernando, de forma que roncas notas metálicas, desafinadas y lúgubres llenaban el espacio espantándonos…

Debido al canguelo que sentíamos los tres, instintivamente, nos reunimos nerviosamente junto al piano, y justo cuando bromeábamos golpeando de nuevo las desgarbadas y sordas teclas, sentimos un gran crujido sobre nuestras cabezas, tras el que se produjo un enorme estruendo, precipitándose sobre nosotros gran parte de la arcaica tramoya situada sobre el escenario…

Los polvos de color rojo cubren a uno de los participantes en el festival de Gauhati, India.

De repente, aunque milagrosamente indemnes de daño físico alguno, quedamos completamente cubiertos de una polvareda sucia, espesa y asfixiante, que nuestra exhausta linterna podía apenas penetrar…

La enorme dificultad para respirar, y el gran susto en mayor medida, hizo que arrancásemos a correr casi a ciegas, espantados, tropezando, y buscando frenética y ansiosamente la salida por la que habíamos penetrado en el edificio…

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Casi sin resuello nos encontrábamos en el exterior del teatro, corriendo, y alejándonos espantados a la vez que exultantes, cubiertos completamente de polvo, y con la respiración entrecortada por el gran susto, la excitación, y la carrera…

A nuestros 13 o 14 años, la experiencia había valido la pena…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

¿Qué era aquello…?

Yo la vi… Oscura, cada vez más y más grande al acercarse, sucia e informe; ¿qué era aquello? De repente la playa se llenó de extraños. En aquella época no había turismo en Guardamar como lo conocemos hoy -cuatro gatos aparte de los que veraneábamos- y éramos casi todos del Pueblo: los Galí, Balín, Pepe Barrera, Santi Soto, Yo…
Los extraños se arremolinaron en semicírculo frente a la playa, como escondiendo algo.

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De repente, una imagen que no habíamos visto nunca: hombres rana, que ahora parecerían ridículos por su primitivo equipo, emergían a unos veinticinco o treinta metros de la playa, quitándose trabajosamente sus escafandras.

Mientras, los extraños comenzaban a advertir a los bañistas de que se alejasen por precaución…

Por la mañana fuimos nosotros, en el primer baño matutino, los que descubrimos esa mancha oscura y como circular, entre la playa y la línea que delimitaban las boyas de señalización.

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Buceábamos, temprano, en una mañana radiante de mediados de septiembre en la que el verano languidecía. El agua estaba fría, muy fría, y era el mejor momento para recoger unas enormes almejas a unos cinco o seis metros de profundidad, semienterradas en la arena del fondo, a la altura de las boyas.

Nos asustamos, todo hay que decirlo, y no poco… No sabíamos qué podría ser esa cosa;

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no parecía el típico montón de algas enmarañadas por el oleaje flotando a la deriva, tampoco se parecía a ningún banco de peces pastando cerca de la orilla… Nos atrevimos apenas a acercarnos a unos cuatro o cinco metros, lo suficiente para advertir unas extrañas e inquietantes protuberancias cilíndricas… Manolo Galí, el más bragado de todos nosotros, fue el único que se atrevió a tocarla… bueno, apenas la rozó, pero era algo a lo que no nos hubiéramos atrevido ninguno, salvo él… Su tacto, duro, rugoso y metálico según nos dijo, no hizo más que aumentar nuestra curiosidad aunque también el temor que empezábamos a sentir respecto a aquella cosa; ¿pero qué era aquello…?

Una vez satisfecha en parte, nuestra normal curiosidad por esa novedad extraña en el tramo final de nuestras vacaciones estivales, corrimos a contar nuestro hallazgo. Tras el inicial revuelo, recuerdo como el padre de uno de nosotros, tras comprobar con evidente alarma nuestro descubrimiento y salir del agua apresuradamente, corrió al restaurante Valentí en busca del único teléfono que había en las inmediaciones… Al poco empezó a llenarse la playa de los extraños.

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A mediodía y tras un frenético ir y venir, comenzaron a llegar guardias civiles uniformados, lo que contribuyó todavía en mayor medida a aumentar nuestra curiosidad por el suceso. Dos o tres de los hombres rana se sumergieron de nuevo con la, nos pareció, evidente intención de sacar esa cosa a la playa…

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Nuestra sorpresa aumentó más tarde al comprobar cómo un pequeño barco militar se situó extrañamente cerca de la playa, maniobrando durante un par de horas, hasta que “eso”, que no pudimos ver claramente debido a la distancia a la que nos encontrábamos, comenzaba a flotar de forma extraña y, enganchado con algo parecido a unas cadenas, era remolcado por el buque aguas adentro hasta perderse de vista.

Más tarde supimos que se trataba de una mina explosiva procedente de quién sabe qué lejana refriega de nuestra infausta guerra civil…

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.