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LA NUEVA SUBNORMALIDAD

¡¡Qué cosas…!!

Lo de la nueva normalidad es en sí mismo un oxímoron, una nadería; otro de vuestros eslóganes tramposos, para que como silbido de pastor, haga entrar a vuestro rebaño por la vereda zurda…

Meteros esa nueva normalidad que por doquier pregonáis por donde os quepa, y poneros a trabajar de una vez para devolvernos la normalidad de siempre… Aquella normalidad de besar a nuestras madres, en vez de acostumbrarnos a este infame presente de distancia y mascarilla… La normalidad, de apoyarnos con naturalidad tanto en la barra de nuestro bar como en el hombro de nuestro amigo… La normalidad, de arrancar nuestro coche para ir donde nos salga de… La normalidad, de volver a confiar en mi médico y él en mí, sin que nos miremos recelosos de reojo, porque ni a él ni a mí nos hayan hecho la dichosa prueba del bicho ése…

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Dejaros de nuevos pactos de la Moncloa, de inventar el hilo negro, de desescaladas locas hacia nuevas normalidades, o de creeros que sois los primeros en asar la manteca… Poneros a trabajar ¡Magantos…! Empezad ya a hacer vuestro trabajo, en vez de hacer vuestro agosto con nuestra ruina..

¡Que llevamos más muertos por millón de habitantes que ningún otro país del mundo…! ¡Miles y miles de españoles muertos o infectados por el virus y vuestra desidia…!

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Nueva normalidad dicen…

Majaderos.

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

LA TOS…

Reventada estoy de toser tanto… Puto coronavirus. Una no sabe nunca de qué sería peor morirse. Por eso mismo no iría ahora a un hospital ni harta de vino peleón… ni público ni privado; deja deja. Nunca hizo falta un matasanos para irse al otro barrio… Y de verdad que prefiero morir asfixiada en mi casa, a perder la vida por ahí sola y con todas mis entradas corporales entubadas… Al igual que mi padre cuando le dijo a los médicos aquello:
– Han sido Ustedes muy amables pero comprenderán que prefiera morir en mi casa… Gracias.
Luego se dirigió a mí:
– ¡Sácame del hospital éste, ya…! Aquella fue la única vez que ingresó en uno…

He decidido fiarme del criterio de mi sobrina la enfermera, y por ello sé desde hace mucho que ahora no se debe ir a urgencias a nada… Todavía no. Y si tengo la suerte de mi padre, el valor suficiente, y el apoyo de los míos cuando me llegue el momento, no querría ir nunca… Al menos ahora no; ni se me ocurre.

Llevo ya cuatro días tosiendo como una perra afónica, y cuarenta de encierro. Y al albur de esta situación desgobernada y opresiva… Y resulta que mi marido, todavía no puede comprar ni una puta mascarilla para protegerse de mí… Menos mal, que al ducharnos mucho juntos y hacer el amor también mucho y sin precaución, se ve que él se ha inmunizado (Nóteseme la ironía…) Y no digamos nada, del simple y barato test de detección del coronavirus que ambos necesitaríamos… Pacientes y galenos dejados de la mano de Dios; todos confinados y engañados…

Y ahora, aterrada he de reconocerme con esta tos perra, seca, rasposa e hijadeputa… Tengo el pecho como un tambor en viernes santo y no hay manera, esto va a más… De un carraspeo pegajoso de fumador, he pasado a una tos de lija, tosferínica e insistente; implacable, como también lo es mi necesidad de respirar…

Me ahogo poco a poco. Cada vez que intento respirar toso; y así, aspiro cada vez menos debido a que el agotamiento que crispa mis músculos torácicos, va haciéndose cada vez más patente, y haciéndome cada vez más y más mella… Cada golpe de tos va doliéndome más aunque valiéndome de menos, porque ya no arranco nada con estas toses… Y se van agotando y encogiendo más mi resuello, la capacidad de mis pulmones, y aquello que los insuflaba… Y va faltándome el aire cada vez más. Me voy ahogando.

Logro poco a poco, y a fuerza de controlar respiración y pánico, conformarme con un hilillo de aire que trabajosamente consigo, que entre y salga con cierta fluidez de mis pulmones… Si solo hablara perdería el hilillo de ése aire vital… La drástica disminución de la cantidad de oxígeno que mis alveolos pueden procesar, ya solo me da, para parpadear un poco, para poder pensar, y para mover algo las manos esforzándome con la intención, de poner un dedo sobre las teclas de cada una de las letras de esta carta…

Pero dicen, que esto del virus se carga sólo a los viejos… ¿Os parecen poco los viejos? ¿Poca pérdida…?

Si es así, iros a la mierda…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

PastorFerreras

Seguramente soy, ya lo sé, machista y patriarcal, además de facha, misógino, homófobo, retrógrado y carcamal. Un verdadero ogro… Peeero, la culpa la tuvo Franco, y yo digo lo que me da la gana…

Es mujer, la Pastor, de piernas imposibles.. ¡Cóoomo las cruza ante las cámaras y tu mirada…!

Y es imposible -entre comillas- que esas piernas puedan encontrar acomodo entre las hechuras de un tipo, al que la presión de la barriga, no le permite cruzar las suyas siquiera sentado en un confortable sillón; y ante los planos abiertos de las cámaras de su Sexta...

Un tipo que parece su padre, y que seguramente no se la ve al mear, a no ser que meta pa’dentro esa barriga o se incline de lado, rodeándola, para poder mirársela…

“Mucha maceta, para tan poca flor…”

En fin… Poderoso caballero Don Dinero.

Estoy escuchando a Ferreras y a Pastor; y estoy pensando que ellos y su relación, en sí mismo son una mentira más… Una gran mentira cornuda, televisiva y roja. Son La Sexta y todo Atresmedia, sin duda, un cúmulo de productos ideológicos, no periodísticos… No son un servicio público. No son un cuarto poder… Son algo, que está pensado para que consumamos por hartazgo… Ideología hasta en la sopa para que la sociedad se la embaule tramposamente…

Ideología…

Y esta pareja de gañanes morales, y su Sexta, son una vía trilera para comunicar mentiras, para sembrar sequía mental, sedición, y quiebra moral… Peeero, para comunicar, al fin y al cabo…

Ferreras y Pastor… Eva, Perón. Pablo Iglesias y la casi trillizos… La Viejita y Errejón. Franco y Doña Carmen… Rivera y Arrimadas. Begoña y Pedro… Y ahora Pedro y Pablo…

Es, como si para ser político tuvieras que mostrar tus calzoncillos recién quitados…

¿Ésto que coño es, Peronismo, hipocresía…?

¿Estamos tontos… o qué?

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Antonio Rodríguez Miravete
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pedazos rotos

Hoy lo he mandado todo a la mierda; y después de treinta y tres días me he saltado, por fin, esta rutina cutre en la que casi he caído. Malas costumbres; desidia y cerveza, autocompasión y escondite, soledad y pan de molde… Pequeñas perezas y vicios veniales tras los que me he refugiado, escondiéndome todo este tiempo…

Tiempo sin salir de casa; solo para trabajar… Oyendo cómo, el soliloquio eterno del mar diluye hasta que engulle, a su alrededor todo sonido, música o pensamiento; toda palabra, vibración o intención… Buscando, el silencio que se esconde tras ese ruido náutico… Atento, para anular cualquier interferencia. Abstraido y por completo concentrado, solo, en aquello que produce ese ruido inmenso del mar… Dejándome inundar por semejante bramido marino, omnímodo, e incansable…

Ese sonido como mágico, líquido y hasta maternal, parece lavar penas y curar heridas… Meditar envuelto en este mantra marino quizá, obre un milagro curativo, echando algún tipo de sal pura y beatífica justo, en los escozores de la conciencia, en las llagas de las soledades y silencios, y en las heridas abiertas de la pérdida…

Como bálsamo de Fierabrás sonoro, aplaca revanchas y calma iras, propicia olvidos necesarios, y es posible que también, consiga el alivio y hasta el perdón de algunos pecados…

Esta mañana, sin más, me he arrancado a correr durante casi media hora; y claro, como no podía ser de otra manera casi tiro la hiel por la boca dado el penoso estado de mi forma física… Pero una vez repuesto de la asfixia y recuperado el resuello, hasta me he atrevido a darme un rapidísimo chapuzón helado y vivificante en el mar… Luego de ducharme y afeitarme, he ido a un restaurante chino que conozco a comer algo decente despues de éste más de un mes: rollito de primavera, y un pato laqueado al estilo Peking sublime.

¿Difícil de superar, eh…?

Ahora, ya solo me falta ordenar algunas pequeñas cosas; detalles no menores, como poner orden al caos horario en el que estoy vegetando; terminar de aprender a poner la lavadora sin que ésta eche a correr cuando centrifuge; decidirme de una vez a hacer la cama como dios manda; también he de ponerme a limpiar y ordenar la casa, antes, de que venga alguien de improviso y crea que principio un síndrome de Diógenes; tampoco se me puede olvidar durante más tiempo el regar las plantas, pobrecillas; y también, tengo pendiente el aprender a planchar…

Y sobre todo, y desde ahora mismo, me propongo abandonar este inútil abandono tan abandonado, en el que tan olvidado me tengo…

Hora es de clausurar éste, mi refugio, donde he podido lamerme con recato las heridas de la decepción, reflexionar, y recomponer algunos, no todos, de mis pedazos rotos y esparcidos por ahí…

Antonio Rodríguez Miravete

HISPANIDAD…

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Muchos de nosotros ni siquiera saben, quienes somos, o qué fuimos…

¿No nos da vergüenza…? ¿Qué coño somos…?

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Ignoramos nuestro excelso pasado, juzgándolo como necios con criterios de presente… Y eso Señores, es de imbéciles; de sociedades lerdas y ciegas…

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Este error maníaco, nos convierte en un pueblo insensato; atrapado en el bucle destructivo de la repetición de sus propios errores… Un vicio patrio, la ignorancia, que nos degrada a caterva humana, condenada a dar bandazos sin rumbo, sin alma ni orgullos comunes, sin tradiciones ni cultura propias…

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Tontamente atontados, por el brillo bobo de quincallas ideológicas con el que sibilinamente a muchos nos han abducido, asistimos inanes al infame oprobio de nuestros inmensos orgullos pasados; consentimos el necio desperdicio de nuestros valores presentes; y ni siquiera nos revelamos, frente al seguro latrocinio de nuestro futuro común…

EL DESASTRE

Una mierda, parece importarnos el olvido y la ruina de nuestra Historia…

Y esto, lo estamos consintiendo justo delante nuestros morros; sin lucha…

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Como que miramos para otro lado; rebañudos… Sin reacción, cual estafermos que sin moverse del sitio, solo giran sobre sí mismos al ser embestidos con saña una y otra vez; golpeados una vez tras otra…

Encajamos cual borregos los constantes insultos, con los que intentan amedrentarnos y someternos tan sólo un puñado de orates, mequetrefes morales…

Son imbéciles no lo olvidemos; unos, solo son zurdos y ciegos de ideas, el resto son nacionalistas zombis; embrutecidos ambos, por su violento pasado y sus odios propios…

HISP TERCIOS

Al igual que avestruces, rendimos escondiendo la cabeza frente a la ignominia, para que no nos llamen acaso fachas, patriotas, o españoles…

Si olvidamos, todos perdemos…
“filo y lumbre…”

HISPANIDAD

HISP TERCIOS

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Antonio Rodríguez Miravete

LA LÁMPARA… Un caso real

Llevo espantado varios días, sin dormir, y prácticamente sin comer desde que nos enteramos del luctuoso suceso… Con la impresión del acontecimiento, casi sin quererlo, comencé a recordar algunos detalles…

Aquel olor era desagradable sí, ¿pero cómo íbamos a imaginar semejante cosa…? Tampoco es que fuese algo nauseabundo, como se esperaría de un hecho como el sucedido… Creíamos que aquel hedor se debería a emanaciones producidas en algún sumidero sucio o mal ventilado…

Quizás un animal muerto, atrapado en alguna de las tuberías de evacuación de la terraza del edificio, fuera la causa de aquel persistente y pestilente tufo…

Recuerdo, ahora con estupor, aquel ya lejano y caluroso verano, en el que apareció la extraña mancha en el techo de mi habitación… Se había producido al filtrarse aquel líquido de color parduzco por el agujero de la lámpara, empapando la escayola del cielorraso, y deslizándose, denso, por la cadena y el cable blanco y rizado que mantenían suspendida a aquella…

Parecía una mancha casi seca de algo así como óxido; al fregarla y mojarla, reavivaba, difuminado, aquel desagradable aunque familiar olor fétido, como pegajoso y hasta dulzón, que se había adueñado de la totalidad del inmueble y al que, en cierta forma, ya nos habíamos acostumbrado…

También recuerdo el restregar aquella mácula con ahínco y desagrado… En varias ocasiones tuve que limpiarla, porque que de cuando en cuando volvía a aparecer, tozuda, como queriendo avisarnos de lo sucedido…

Pero no nos dimos cuenta…

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Las relaciones entre vecinos anónimos, furtivos y huidizos, de un inmueble ajado y rancio como el nuestro, no fueron nunca las más cordiales ni fluidas… Por ello me conformé al no obtener ninguna respuesta, en todas las veces que toqué la puerta de mi vecino de arriba para comentarle aquello que chorreaba por el cable de la lámpara de mi dormitorio…

Vivimos en esa burbuja aislada y miserable de nuestra cotidianidad lenta, pobre e insulsa; desamparo, cuernos, enfermedades, drogas, vejez, soledad…

El revuelo de la policía primero, y minutos después el de un juez, entrando por la destartalada puerta principal del edificio junto con unos enfermeros, nos alarmó a todos…

Tras hora y media aproximadamente, los enfermeros bajaron un cuerpo en una bolsa de plástico blanca; sobre una camilla que, extrañamente, parecía no pesar nada… La bajaban a mano, maniobrando con dificultad aunque sin esfuerzo, por el estrecho hueco de las angostas escaleras en penumbra…

Finalmente, fuimos informados por la policía de que el cuerpo, era el de don Ramón…

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Fue don Ramón un pobre tipo huraño y taciturno, esquivo; alguien al que se le notaban las heridas abiertas en su vida… No se relacionaba mucho con el resto de los vecinos… más bien nada; sobre todo desde que su mujer y su hija lo abandonaran como a un perro… Lo dejaron justo en el umbral de la puerta de entrada de su mísero piso, tirado, con el corazón hecho jirones y un caudal de lágrimas goteando hasta sus zapatos…

Ninguno de los vecinos recordamos que, desde aquel momento, alguien le hiciese visita alguna; ni familiares, ni amigos, ningún envío. Nadie… Su anodina existencia pasó desapercibida para el resto de los habitantes del inmueble y del mundo.

Hasta ese día…

Después de que su ex-mujer, no tuviese respuesta alguna al intentar notificar a don Ramón la muerte reciente de su única hija, la policía encontró el cadáver seco… momificado.

Habían pasado ocho años desde su muerte; al parecer se suicidó con el gas de una bombona abierta de la estufa que encontraron junto al cuerpo.

Completamente vestido y tirado en el suelo de lado; estaba en medio del minúsculo salón de su casa, justo sobre el punto donde, en el piso de abajo, colgaba la solitaria lámpara de mi dormitorio…

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Antonio Rodríguez Miravete

Este relato es una recreación libre de una noticia real: el hallazgo, en un piso de un edificio cualquiera, de un cuerpo momificado muerto hacía ocho años… Nadie se había dado cuenta ni lo habían echado de menos…

Sucedió hace unos cuantos meses, y me dejó un sabor acre…