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HIJAS Y CONFINAMIENTO

CARLA…

Valentía, es estar sola y menesterosa en Barcelona con la que está cayendo y encima querer quedarse… Arrojo, es el perseguir esa música casi imposible pero sin dudar. Y encima, no cejar en el empeño de buscarse una misma entre esas notas perdidas sin encontrarse nunca del todo… Porque justo detrás de esas melodías que se te esconden, te escondes, te encuentras… Valor, es aprender sola a estar sola cuando nunca lo habías estado.

ROSA…

Amor es el de Roberto, el chorbo de mi hija la mayor. Que en estos tiempos de reclusión cuasi carcelaria, se jugaba con solo dieciocho años una buena multa cuando diciendo que hacía deporte, venía solo a rondármela… A veces, seguro que sólo tras una verja y una mascarilla cual Romeo coronavírico… Eso debe ser el amor. Y también lo debe ser la expresión de la sonrisita y el leve rubor en la cara de mi hija, cuando me lo cuenta…

NURIA…

Riesgo, es encerrarte tú sola dos meses y medio con un pequeño león de siete años; en un piso de poco más de veinte pasos de largo. Con siete años ya no hay forma de escapar de él a menos que lo domes; no que lo domestiques… La doma se basa en un respeto entre especies; la domesticación es mera sumisión. Domas un caballo; un pollo está domesticado… Todos sabemos que no se puede domesticar un león; tarde o temprano saltará el león… Hay que ganarle, imponerse o poderle; o al menos que él así lo crea… Educar para domar leones no debe ser fácil; no lo fue con mis leonas…

PAULA…

Mérito es el de mi hija la menor, una leona que ahora domina sus pulsiones… El coronavirus seguro que la ha obligado a pasar por encima de sí misma, viéndose veinticuatro horas al día, reflejada en el bichico de su hermana la pequeña; cuidándola, y sabiendo lo que vale un peine cuando tienes que cuidar niños. Como por otro lado hacen los padres… Es maravilloso, que semejante carácter volcánico haya tenido que rebuscar en sí misma para encontrar, cosas en las que empeñarse y poder enseñar a su hermana la pequeña…

Olé sus redaños…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LÁGRIMAS DE MUJER

Hace solo unos meses que lo enterramos, y no quiero siquiera imaginarme que lo tuviésemos que enterrar hoy en día, con lo del coronavirus éste de mierda…

Y no sé porqué, pero últimamente me arranco a llorar con una insólita frecuencia. Se ve, que ahora estoy de lágrima floja porque siempre fui de lágrima fácil… Aunque también siempre he necesitado un buen motivo, un buen porqué para que se me soltaran esas lágrimas: el tormento del amor bien retratado en el cine; los actos de heroísmo; la añoranza de mis hijas; anhelos de viejos reencuentros; los remordimientos… Cosas así eran las que me hacían llorar…

Como no sé estar en la cama sin dormir me levanté, Manuela dormía a mi lado la siesta desde hacía un rato… Me dio por recordar cuando de pequeño también hacía como que la dormía, echado junto a mi padre… Entonces, casi abrazado a él y oyéndolo respirar, solo esperaba con impaciencia a que despertase para irnos toda la tarde a la huerta montados en su bicicleta… No había aventura mejor.

Eché a andar fuera de la habitación, y el caso es que sin venir a cuento, me asaltaron unas inesperadas pero imperiosas ganas de llorar muy extrañas; diríase como que femeninas; de ésas, que ellas muchas veces intentan explicarnos a los hombres. No sabes porqué coño estás llorando, pero lloras y lloras… Me encontré en medio de la cocina de casa, a lágrima viva, a las cuatro y pico de la tarde, y sin tener ninguna de las razones para llorar de las que antes os hablaba… Lloraba solo y porque sí.. Y oye, he de confesar mi sorpresa, al sentirme tan a gusto sollozando sin motivo alguno, aparentemente…

¡Qué cosas…!

Luego recordé a mi hija la pequeña, cuando con solo ocho días de vida tuvo que luchar, a muerte y con la sola arma de su llanto, llorando contra un atragantamiento… Estuvo más allá que aquí; se puso azul, y prácticamente dejó de respirar… Pero desde el primer momento y como una jabata salvaje chillando por su vida, mi pequeña plantó batalla, guerreando hasta el último segundo de aquellos quince angustiosos e interminables minutos… Y tanto combatió mi pequeña guerrera recién nacida, que venció llorando, chillando y así recuperando, aquel resuello vital que finalmente la mantuvo aquí sin irse allá…

¡Por muy poco, pero ganamos…! A veces hay que tener los redaños de hierro…

Así que lloremos sin miedo. No debe ser malo…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

MANERAS DE COMPARTIR

Historias de Paco Sanz

Busco modelos para saber cómo tendremos que acabar montándonoslo. Maneras de compartir. Recuerdo a mi nieto y a mi consuegro que por una cuestión de apreturas en una cena en la bodega tenían que compartir plato. Mi amigo hablaba y comía más o menos como siempre, el niño aprovechando un silencio le dice a su abuelo: Abuelo, esto no es compartir. Si vamos a compartir, mejor fijarse. También recuerdo a mi hija, que era la que comía más despacio. Si había había algo bueno que compartir ponía su parte en su plato y que compartieran los demás. Demasiadas veces se había quedado sin cerezas.

Hubo un tiempo en que, seguramente por no haber vivido nunca en ellas y haber deseado muchas veces hacerlo, me dio por estudiar las comunas. Tuve amigos que vivían, tengo amigos que aun viven en ellas. Venían a por libros a mi casa, olían a maría, a humo y a ropa vieja, eran valientes, divertidos, generosos, amables. Una vez me llevé a una caterva de hijos y sobrinos a una de ellas. Había artesanos y macrobióticos, niños jugando descalzos y familias desdibujadas. Uno a veces criaba a los hijos de una mujer de la que se había separado, que incluso estaba en otra comuna, sin darle mucha importancia, de buen rollo.

La ayuda que recibían de los padres era el lado que mi compañera usaba para mostrar lo falso de toda la situación, a los jóvenes que vinieron conmigo no les gustó nada. Que yo sepa a ninguno de ellos se le ocurriría nunca aceptar como buena una forma de vida alternativa como esa. Les vacuné.

Para que las comunas duren tiene que haber un factor religioso por medio. O la necesidad de una reconstrucción como con los kibutzs en Israel, o una guerra como las comunas agrarias y anarquistas en nuestra Guerra Civil. De hecho las comunas que más han durado son los monasterios. Israel ya se reconstruyó y nuestra guerra acabó, y la necesidad de Dios y el número de monjes van a menos en todo el mundo.

Eran los setenta, estábamos viendo como la alegría por la posibilidad de otro mundo posible de Mayo del 68 se desvanecía, cómo el mercado devoraba el movimiento jipi, cómo amanecía el feminismo poniendo en solfa la idea del patriarcado como única forma de familia posible.

Era el final de la idea de la bondad de la vida en regímenes comunistas. Algunos de mis amigos dejaban la universidad en busca de alternativas relacionales. Me sentí un cobarde muchas veces por no seguirles, así que por el viejo camino de los hombres perversos, me apliqué en convertir las dificultades prácticas en teóricas para poder pensar de una manera y vivir de otra, como esos burgueses, que viven como capitalistas y votan comunista. Me dio por estudiar alternativas vitales y familiares como las comunas, o acabar siempre hablando de la autogestión de Tito en Yugoslavia, o lo de Solidaridad de Walesa en Polonia.

La cabeza a pájaros siempre sigue algo con nosotros, ahora que las residencias de ancianos están en la picota por el virus, estamos considerando la posibilidad de crear comunas de jubilados donde los más jóvenes de ellos cuidarían de los que no pueden valerse por si mismos. Al haber cada vez menos gente joven, algunas escuelas y enclaves universitarios podrían albergar monasterios de gente de una cierta edad que se ha quedado sola. En el “banco de ancianos” los ancianos más jóvenes donarían horas o dinero para ayudar a los más viejos en la confianza de que, cuando ellos envejezcan más, recibirán a su vez ayuda.

Historias de Paco Sanz

FRONTERAS…

Historias de Paco Sanz

Cuando se ve venir el golpe de viento se rizan las velas, el génova se guarda, se iza el foque más pequeño, nada de lo que pueda ir de un lado a otro se deja suelto. Vivir una tormenta lejos de la costa es algo que no se olvida nunca. La verdad es que de lo oscuro que está el cielo se puede suponer lo que se nos viene enciama. Un cielo tan cargado no se despeja sin tormenta So foul a sky clears not without a storm. Habrá que esperar que amaine. La recesión económica ya estaba avisando antes de la pandemia, hasta que la tormenta no pase el rumbo lo fija ella.

Me doy cuenta de que el mal tiempo no ha terminado porque cuesta mucho hablar de otra cosa, de cómo nos está afectando, y de cómo nos lo vamos a montar cuando amaine, de dónde ha salido el virus, de donde va a salir el dinero para pagar la deuda, qué vamos a necesitar para arrancar de nuevo…

Otra manera de entender el Estado, nuevas fronteras, nuevas costumbres… aguardan. Estos días me han resultado especialmente oportunos los libros que relatan cómo era el mundo de Europa antes de la Primera Guerra Mundial, la Dolce Vita di nobili prima della rivoluzione, la vida bajo la Pax Romana… El virus no ha respetado ni estados ni fronteras ni costumbres. Lo que venga después tampoco lo hará.

Como el advenimiento del cristianismo hubiera coincidido con el Imperio algunos Padres sostuvieron que esta coincidencia tenía un sentido profundo: un Dios, un Emperador. En realidad fue la abolición de las barreras nacionales, la posibilidad de circular a través de un vasto Estado sin fronteras, lo que permitió al cristianismo infiltrarse y hacer estragos. Sin esa facilidad para extenderse se hubiera quedado en una simple disidencia en el seno del judaísmo en lugar de convertirse en una religión invasora y lo que es peor en una religión de propaganda.

Supongo que cuando vuelva el buen tiempo lo de empezar la mejora del mundo mejorando uno mismo será imperativo. Estos días hemos visto comportamientos ciudadanos de una ejemplaridad inaudita. A partir de ahora va a quedar mucho más claro que nunca que la mejora del mundo que no consista en la mejora de uno mismo es un camelo. La cuestión entonces es delimitar las fronteras y definir cuales son las partes sanas del organismo que hay que defender a toda costa. Si, en suma, hay algo por lo que se pueda morir.

Nuevas fronteras, nuevas maneras de entenderlas, de gestionarlas. La frontera entendida como lugar de unión, no de separación, como pasaje, como vacío concebido para los encuentros, los intercambios, los contrabandeos. Toda frontera es eso: un entre-deux. Inter-course, inter-faz; inter-nos; un inter-es; inter-net.

Una nueva idea de lo común aguarda. Que permita creer más en las puertas que en las brechas y entender las fronteras como un asunto de delimitación de gradientes y direcciones de aproximación.

Historias de Paco Sanz

BUENA CONVERSACIÓN

Historias de Paco Sanz

Una vez le pregunté a mi cuñado qué pensaba sobre algo de lo que sabía mucho más que yo. No lo sé, me contestó, no lo tengo hablado con nadie. Echo de menos hablar las cosas como cuando las hablaba después de comer con mis amigos. ¿Cómo voy a saber lo que pienso de ellas? Tres meses ya sin intentar entenderlas conversando, ¡qué palo! Uno busca alguien que le ayude a dar a luz a sus pensamientos, otro alguien a quien poder ayudar; así es como surge una buena conversación.

Me da la sensación que uno se puede convertir en un charlatán escribiendo, sin darme cuenta de cómo caen mis palabras, sin intentar entender cómo defienden mis interlocutores más sabios que yo, unas posturas contrarias a las mías, ¿cómo no acabar pensando que me estoy quedando sin entendimiento? Los chiflados, por definición creen en sus propias teorías, y los charlatanes, no; pero eso no impide que una persona pueda ser ambas cosas.

Tengo ganas de descansar de mí mismo hablando con los amigos. Cuando me los encuentro por la calle, al otro lado de las mascarillas, a más de dos metros, parece que no pudiéramos decir más que tonterías. Dos pueden hablar yendo de camino, pero para ser más los que hablamos necesitamos la mesa, la sobremesa, el café, la copa. Comprobar si puedo poner a los reidores de mi parte, o al menos ponerme de la suya. En las horas en que estamos abiertos a los demás por la conversación, en cierta medida estamos cerrados a nosotros mismos. Por fin.

Y es que si un individuo acapara la conversación con alguna de sus irrelevantes obsesiones, el grupo puede llegar a un consenso de forma natural -palabras, entonaciones, expresiones faciales, gestos incluso- para transmitir su impaciencia. El mundo de las relaciones cara a cara está plagado de encuestas improvisadas que tantean la opinión colectiva. Las mayorías tiene lugar tan rápidamente que ni siquiera nos enteramos de que estamos participando en ellas, y por ello, entre otras cosas, son tan eficaces. En el mundo real, todos somos termostatos sociales: leemos la temperatura grupal y ajustamos nuestra conducta de acuerdo con ella.

Y eso que soy un letraherido, quiero decir un hombre de libros, pero es que eso de estar tantos días: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ viviendo en conversación con los difuntos/ y escuchando con mis ojos a los muertos…” acaba cansando.

Recuerdo aquello que dijo Freud de su entrevista con Einstein: Ha sido una conversación maravillosa, yo no sabía nada de física y él no sabía nada de psicología. Siempre olvido que si hablo con un científico, o con un niño, mejor que no le pregunte por lo que sabe, sino por lo que él quiere saber. La filosofía es la sabiduría práctica necesaria para participar en una conversación, o dicho de otro modo, el intento de impedir que la conversación derive en investigación. El amar y el hablar están esencialmente ligados.

Historias de Paco Sanz

LOS MUERTOS TIENEN NOMBRE

Al igual que tú, lector, ya no recuerdo casi…

In memoriam. Almoradí.

Paco Martínez “El Caballero”

¡Que fuésemos a Elche me decía…! ¡Ni más ni menos que a treinta y tantos kilómetros del pueblo, a comprarme un traje de novio…! ¡Chica calla…! Mi madre estaba casi histérica con lo de mi boda. Y yo, no sé cuántos kilómetros llevaba ya hechos repartiendo las invitaciones, como para que ahora tuviese que ir como un pollo sin cabeza por ahí probándome trajes de novio… Deja deja.

Es extraño, pero nunca me gustó comprar y menos comprarme ropa… Los que me quieren bien saben, que es raro, pero llevo como veinte años sin comprarme yo siquiera unos calzoncillos. Ellos me regalan casi toda la ropa que necesito… No conozco a nadie a quién le suceda como a mí semejante cosa. Y quizá, sea porque en el fondo nunca me he gustado del todo… ¿Quién sabe en realidad porqué, somos lo que somos?

En aquella época el único sitio donde yo me quitaba los pantalones fuera de casa -con decencia- era en los probadores de la tienda de ropa de La Casa del Caballero… Curiosamente, cerca de casa.

Como siempre fui de pata gorda y cintura estrecha, claro, siempre había que “meterle o sacarle” a mis pantalones… No habían entonces ni tantas tallas como hay ahora, ni los tejidos tenían tampoco nada que ver con los de ahora. Siempre, siempre, necesitabas un arreglico…

“Wrangler resiste, si tú resistes…” Ése era el eslogan de aquella entonces nueva y ahora legendaria marca de ropa vaquera… Fue un alivio el comprobar que primero mis muslos, y luego todo mi culo y cintura, se deslizaron, acoplándose a la perfección a las hechuras de esos vaqueros. Ese mismo culo mío nunca más se vería deslucido, embutido en aquellos otros horribles pantalones de tergal de la época… Por fin se me marcaban bien el culo y las piernas; ganaba bastante con aquellos vaqueros puestos… Y encima, me duraron ocho o diez años.

En cuanto entré con mi madre arrastrando en la tienda, Paco El Caballero detectó mi incomodidad; mi desasosiego… Y como me conocía bien y desde siempre, en seguida hizo gala de su apodo, y dejó todo lo que estaba haciendo para atenderme personalmente… Con la tranquilidad de su temple profesional y un evidente cariño, me preguntó algo extrañado:

– ¿Qué pasa Antonio…?
– ¡Me caso, Paco…!

Creo, que se lo dije como suplicándole con la mirada, y en seguida, me leyó… Y tras una larga mirada ahora suya en silencio y de alto en bajo a mis hechuras, se metió en la trastienda sacándome, al momento, tres trajes impolutos envueltos en fundas de plástico transparentes… Se paró delante mía, me miró con una ligerísima sonrisa entre socarrona y cómplice, y me dijo:

– Como ves, hay uno marrón, uno azul y uno negro…

– ¡Paco, coooño…! ¡No tengo bastante con el follón que me da mi madre, que encima vengo yo aquí a que tú me lo compliques más… !

Le rogué que por favor, me hiciese el inmenso favor, de emparejarme de novio enteramente a su gusto y dejarme a mí de líos… Que a mí, de verdad que no hacía falta que me preguntara nada y a mi madre menos… Que me ponía completamente en sus manos; completamente…

Y oye, no hizo falta más. Se giró, y tras unos segundos de valoración descartó dos de los tres trajes; luego, deshizo su giro y casi me ordenó:

– Pruébate éste.

¡Y coño! entré a la primera en aquel traje negro como si en un guante… Solo me sobraron unos centímetros de camal, pero yo, ya me veía hecho un pincel… Luego todo pasó muy de prisa; que si la camisa y la corbata; que si el chaleco y el pañuelo; los calcetines, cómo no los calzoncillos, y hasta un fajín… Y claro, no me podía ir sin zapatos; por lo que también los compré allí mismo aquella tarde… Como un pimpollo salí; ya te digo… Y todo, justo al ladito de casa.

Un artista…

En su memoria…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DISCUTIR EN LA RED

Hace unos cuantos años me denunciaron arteramente y por el vil metal, esgrimiendo ella ante el juez lo muy amenazada que se sintió, debido a un inocuo comentario que le hice por escrito en una de nuestras tan frecuentes como inútiles discusiones (creía yo privadas) por WhatsApp… Cosas de la ideología de género…

Por ello, ya debería yo de haber aprendido que estos modernos medios de comunicación tecnológica, son nefastos para disentir… Medios éstos de comunicación paradójica, ya que cuando se desata de verdad una discrepancia, es casi imposible comunicar argumentando… Y voy a intentar explicarme.

Los que alguna vez hayáis discutido de verdad y agriamente con alguien por las redes, y si os fijáis un poco me lo reconoceréis, que en medio de la indignación y el acaloramiento de esas discusiones epistolares, todos, sentimos una especie de urgencia, de prisa rabiosa por teclear y explicarle al otro lo irrefutable de nuestros argumentos…

Pero fijaros también, en el hecho de que al no percibir presencia física alguna, no tenemos ningún mensaje del lenguaje corporal de ése otro con el que discutimos… Y por ello no percibimos, esos otros matices tan necesarios para mantener una comunicación intensa, como sin duda lo es una discusión… Y así, a ciegas, al no ver ni el rostro ni la expresión en los ojos del prójimo, solo sentimos una estéril aunque imperiosa necesidad de justificarnos constantemente; de defendernos…

Y precisamente ese tipo de detalles hacen, que no estemos atentos a lo que el otro nos argumenta… Pareciera, que solo estamos como esperando a que él termine de teclear, para darle su merecido escarmiento dialéctico, tecleando ahora nosotros nuestras propias razones…

Es un hecho comprobado, que es casi imposible discutir con hondura y ordenadamente por estas redes sociales de los cojones… Siempre, casi siempre, terminan interrumpiéndose emisor y receptor, pisándose las réplicas, y sin poder llegar razonablemente a ningún sitio común, acuerdo, o conclusión…

El otro día he de confesar que cometí la torpeza de discutir, nada menos que de política y por WhatsApp, con un muy viejo y buen amigo. Un antiguo camarada, con el que por otra parte no me une casi nada aparte de un profundo y verdadero cariño, ya que fuimos y somos hermanos boinas verdes; viejas glorias… Nos queremos mucho porque sí, y porque además nos da la gana… El caso es que él es muy de izquierdas, y yo no soy muy de casi nada.

Al comunismo sí que no le he votado ni le votaré nunca; pero se ve que fui de centro cuando voté a la UCD… Creo, que de izquierdas también fui, porque voté tres veces al PSOE… También de derechas se ve que podría ser tras votar otras dos al PP, creo… Y ahora, porque he votado a VOX según dicen, debo de haberme convertido en un fascista. En fin…

Yo, si hay que cambiar, se cambia…

El problema de muchos de nosotros es, la casi total incapacidad para cambiar nuestra opinión acerca de ciertas ideas adquiridas, bien por la costumbre o bien por inducción… Lo que se llaman comúnmente prejuicios.

La costumbre, nos hace añorar aquella cocina de nuestra madre pero no porque fuera la mejor, sino simplemente porque crecimos con ella. Y así, también nos acostumbramos a la lengua materna… Y nos convierte la costumbre, por ejemplo en zurdos, en lectores, o en dibujantes… Las costumbres de nuestros hábitos hacen, y luego dicen de nosotros, si somos buenas o malas personas, educados o maleducados, atentos o casquivanos…

Las ideas inducidas en cambio nos influyen, en detalles diríase más primitivos como por ejemplo el de ser de nuestro equipo de fútbol; a muerte con nuestra tribu aunque juegue como el culo; a muerte somos del Betis ‘manque’ pierda… Debido a ese mismo tipo de tribales resortes psicológicos, somos inducidos también y por multitud de razones, a identificarnos o a simpatizar, a alinearnos, o hasta finalmente afiliarnos a tal o cual partido político; y nos suscribimos de por vida a una ideología ya sea diestra o zurda… Las ideas inducidas, también nos convierten por ejemplo en adictos al tabaco o a las drogas; o nos inducen a dar por hecho, cosas tan extrañas y erróneas, como que nuestra pareja no solo ha de acompañarnos sino que también nos pertenece…

Creo, que todos deberíamos relajar el músculo de la intransigencia, y acostumbrarnos a llamar al pan pan y al vino vino; y disponernos, a cambiar aunque sea algunas de nuestras muchas convicciones erróneas…

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LAS ESPERANZAS…

Historias de Paco Sanz

Sólo los muy valientes o los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Ahora más que tener esperanzas estamos a la espera de que esta pesadilla pase. Esperamos poder por fin salir, volver a ver a los nuestros, que no nos coja el virus ni la pobreza, que inventen algo… Antes esperábamos cosas mucho más vagas: que les siguiera yendo bien a los chicos, suerte para envejecer como Dios manda, que gane mi equipo, mejorar como personas…

¿Estamos a la espera o tenemos esperanzas? Esa es la cuestión. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social.

Me gusta mucho la historia porque estoy siempre modificando mi pasado. Si resulta que las cosas de mi vida no fueron como me parecía mis esperanzas mejoran. “Esto hiciste, dice la memoria. No hice eso, contesta el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Los que quieren que su pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

La reforma del pasado que acometen todas nuestras actividades internas se conjuga con la confianza en un incierto futuro. Por anodina que pueda parecer la vida de un adulto en comparación con los grandes proyectos que trazara en su infancia y adolescencia, la firme esperanza en que un golpe del destino le vaya a convertir en el héroe o semidiós que una vez soñara no lo abandonará del todo en ningún momento; las primeras esperanzas constituyen la últimas decepciones.

Como ni soy muy valiente ni muy tonto alimento cada día mis esperanzas, me ayuda a dormir mejor. Como los poetas: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas… Mientras que se sienta que se ríe el alma/ sin que los labios rían;/ mientras se llore, sin que el llanto acuda/ a nublar la pupila;/ mientras el corazón y la cabeza/ batallando prosigan,/ mientras haya esperanzas y recuerdos,/ ¡habrá poesía!”

Historias de Paco Sanz

LA NUEVA SUBNORMALIDAD

¡¡Qué cosas…!!

Lo de la nueva normalidad es en sí mismo un oxímoron, una nadería; otro de vuestros eslóganes tramposos, para que como silbido de pastor, haga entrar a vuestro rebaño por la vereda zurda…

Meteros esa nueva normalidad que por doquier pregonáis por donde os quepa, y poneros a trabajar de una vez para devolvernos la normalidad de siempre… Aquella normalidad de besar a nuestras madres, en vez de acostumbrarnos a este infame presente de distancia y mascarilla… La normalidad, de apoyarnos con naturalidad tanto en la barra de nuestro bar como en el hombro de nuestro amigo… La normalidad, de arrancar nuestro coche para ir donde nos salga de… La normalidad, de volver a confiar en mi médico y él en mí, sin que nos miremos recelosos de reojo, porque ni a él ni a mí nos hayan hecho la dichosa prueba del bicho ése…

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Dejaros de nuevos pactos de la Moncloa, de inventar el hilo negro, de desescaladas locas hacia nuevas normalidades, o de creeros que sois los primeros en asar la manteca… Poneros a trabajar ¡Magantos…! Empezad ya a hacer vuestro trabajo, en vez de hacer vuestro agosto con nuestra ruina..

¡Que llevamos más muertos por millón de habitantes que ningún otro país del mundo…! ¡Miles y miles de españoles muertos o infectados por el virus y vuestra desidia…!

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Nueva normalidad dicen…

Majaderos.

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

¡VIVA EL 8 DE MARZO…!

Y no nos damos cuenta.

En la segunda guerra mundial, el orgulloso pero ciego y suicida gobierno japonés, sabiendo perdida su guerra de todas formas y que la derrota por aplastamiento era sólo cuestión de tiempo, no dudó en sacrificar lo mejor que quedaba de sus pilotos cual carne de cañón… Estrelló sus aviones, uno a uno y sin piedad, en un intento último, inútil y postrero, de ataque contra los imponentes buques de guerra norteamericanos… El valor del suicidio. Pura propaganda…

Utilizó el gobierno japonés la censura y el engaño a los japoneses, no sólo para ocultarles su inexorable derrota, sino para además exacerbar sus ánimos de pueblo ignorante… Hicieron mera propaganda, de la muerte y del valor de aquéllos sus héroes kamikazes, sacrificados en pos y la inutilidad, de la gloria, el coraje, y el orgullo japonés…

Dictadura, derrota y alienación ideológica en estado puro. Pura propaganda… Perdieron la guerra sí; pero demostraron tener muchos pero que muchos cojones los japoneses… Hicieron falta dos bombas atómicas para que se rindieran; dos. Y ahí están… Al menos los japoneses, tenían como excusa a su estupidez bélica y su locura, el hambre y la necesidad; el patriotismo y el valor; el orgullo como pueblo… Su gobierno, también.

Acordaros ahora, de los seiscientos mil “liquidadores” de Chernobyl…

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno, para la derrota en esta guerra ya perdida por tantos miles de bajas, y para encima sacrificar carne de cañón sanitaria…? ¿Sin siquiera mascarillas decentes, batas adecuadas, test fiables ni suficientes…?

¿Tampoco líderes en quién confiar…?

¿Qué excusa tiene nuestro gobierno para hacer propaganda de semejante derrota…?

Están sacrificando a los mejores, solo por la baratura de salvar sus culos…

Pues ahora, pienso en la hidalguía de mi sobrina la enfermera, enfrentándose casi sola y con el solo entusiasmo de sus veintipocos años y una valentía casi ciega, a estos amenazantes molinos de vientos infecciosos… Con el ínfimo yelmo de una mascarilla; con adargas así de antiguas; y subida al rocín de un presente así de flaco… Y por enmedio escurriendo el bulto, mucho galgo corredor…

¡Qué valiente mi sobrina…! “Qué buen vasallo, si tuviere buen Señor…”Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

adiós, Facebook…

y adiós, WhatsApp...

El próximo lunes día 27 de Abril de 2020 cerraré, completamente aunque no sé si para siempre, mis cuentas de Facebook y de WhatsApp… Estoy, hasta los cojones de que un puñado de izquierdosos me escarben y utilicen de forma tan espuria y tan tramposa. ¡Que les den…!

Abandono estos corralitos desinformativos e ideológicos harto, de tener la certeza de que algún somierda al otro lado de la pantalla se ríe de mí, y maneja a su antojo entre mis cosas tergiversando y castrando mis intenciones… ¿De qué coño me sirven mis ciento y pico contactos, si estos chivatos muñidores del Facebook siempre usan alguna mierda de algoritmo, para que solo veinticinco o treinta de esos contactos puedan saber de mí o yo de ellos…? ¿No tenéis muchas veces la inquietante sensación en Facebook, de que necesitáis gritar algo muy importante en medio del gentío de vuestros contactos, y parece que no os oye ni Dios; nadie…?

¡Pues vaya mierda de redes sociales ahora monetizadas y completamente prostituidas…! Convertidas en meras aunque gigantescas vallas publicitarias planetarias; solo están al servicio y de parte, solo de la parte roja de esta sociedad, la nuestra… Que conste que en otros sitios, ésto, no pasa… Pero en España se ve, que han renunciado a su espíritu inicial de ser medios de comunicación e intercambio social, para convertirse en viejas de visillo ideológico…

Yo recuerdo cuando la viralidad de esas aplicaciones era completa, y tan solo con talento, mérito o ingenio, podías dar un salto y hacerte algo famoso por ahí… ¡Qué tiempos aquellos en el que uno de mis humildes escritos, tuvo mil seiscientos y pico lectores en una tarde y sin gastar un céntimo…! Tan solo el mérito del éxito de aquel relato entre mis lectores, leído en un humilde blog gratuito, sin dominio propio…

Os espero en Telegram en lugar de WhatsApp; y en MeWe en vez de Facebook…

Con MeWe puedo publicar mis escritos y tener hilo directo, a la vez y en tiempo real, con todos y cada uno de mis lectores sin injerencias de Gran Hermano… Con Telegram puedo enviaros lo que a mi menda dé la gana, y a cuántos de vosotros como me apetezca o considere…

De momento, tanto Telegram como MeWe son aplicaciones muchísimo menos invasivas de tu intimidad, y no te mangonean con censuras, anuncios, ni restricciones ideológicas rojas… También es verdad, que todavía no pueden competir con la escala planetaria de esos otros gigantescos espías sociales que nos manejan… Pero si no conocemos muchas veces ni a nuestro propio vecino ¿para qué querríamos abarcar el mundo entero…? Me conformo, con estar en contacto verdadero con mis verdaderos amigos…

Adiós. Seguro que será un hasta luego… Si no, espero que al menos el teléfono me siga funcionando…😂🤣

Y también, os esperaré como siempre en mi blog de Historias en un folio:

http://www.historiasenunfolio.wordpress.com

Que no nos engañen…

🤗

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

FALTA DE OLFATO

Historias de Paco Sanz

El distanciamiento social, miseria que va a seguir al confinamiento doméstico, y que va a durar mucho más que lo de tener que quedarse en casa, va a hacer más difícil no sólo tocarnos, sino incluso olernos. Dicen que uno de los síntomas de que te has contagiado de la enfermedad esa que nos confina y distancia es la anosmia, que pierdes el olfato.

Los que se mueren de ella se mueren ahogados. Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si dejamos de dejar que entre aire para dejar de oler, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido. Algunos ahora además sueltan aire envenenado, como si quisieran devolver el golpe.

Estos días he visto llenarse de hojas los árboles del parque que está delante de mi casa. No he podido esta primavera ser testigo de su llegada como cada año. Me he acordado de aquello que pedía Ramón: “Debería haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos”. Lo que uno no puede oler tendrá que mirarlo de cerca. “What a man cannot smell out, a man may spy into” si no puedes sacar el olor, puedes fisgar dentro. Pues bien, hoy ni eso.

De momento no hay manera de dar a oler, de conseguir saber a qué huelen las personas, las cosas que están al otro lado de la pantalla. Una de mis nueras ha jugado a fabricar perfumes con sus hijos. Los niños nos los enseñaban. El más pequeño en un momento dado lo acercó a la pantalla para que lo oliéramos. ¡Pobres de nosotros! Me consuelo pensando que no tener que oler según a quién no está tan mal.

Mi abuela, que era cocinera profesional, de esas que son capaces de pillar los mil y un ingredientes de un guiso, perdió el olfato. Nunca recuperó la alegría y la mala leche que la caracterizaban. Un poco como si al desterrarla de la cocina la hubieran dejado sin aliento. Me acordé del sentimiento del mundo de la pantera de Rilke, que da vueltas en su jaula sin olfatear mundo alguno tras los barrotes, se corresponde con el diseño del mundo del depresivo, que no alcanza siquiera a lo más próximo.

Que no nos falte la poesía. Decía Federico que la poesía tiene un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Con ellos se puede nutrir ese gramo de locura que todos llevamos dentro y sin el cual es imprudente vivir, para ponerse el odioso monóculo de la pedantería libresca que lleva prescindir de ella. Para los mexicanos es el aliento de los dioses. La poesía y su milagro, la creación de un ámbito, igual que un perfume.

Historias de Paco Sanz

LA TOS…

Reventada estoy de toser tanto… Puto coronavirus. Una no sabe nunca de qué sería peor morirse. Por eso mismo no iría ahora a un hospital ni harta de vino peleón… ni público ni privado; deja deja. Nunca hizo falta un matasanos para irse al otro barrio… Y de verdad que prefiero morir asfixiada en mi casa, a perder la vida por ahí sola y con todas mis entradas corporales entubadas… Al igual que mi padre cuando le dijo a los médicos aquello:
– Han sido Ustedes muy amables pero comprenderán que prefiera morir en mi casa… Gracias.
Luego se dirigió a mí:
– ¡Sácame del hospital éste, ya…! Aquella fue la única vez que ingresó en uno…

He decidido fiarme del criterio de mi sobrina la enfermera, y por ello sé desde hace mucho que ahora no se debe ir a urgencias a nada… Todavía no. Y si tengo la suerte de mi padre, el valor suficiente, y el apoyo de los míos cuando me llegue el momento, no querría ir nunca… Al menos ahora no; ni se me ocurre.

Llevo ya cuatro días tosiendo como una perra afónica, y cuarenta de encierro. Y al albur de esta situación desgobernada y opresiva… Y resulta que mi marido, todavía no puede comprar ni una puta mascarilla para protegerse de mí… Menos mal, que al ducharnos mucho juntos y hacer el amor también mucho y sin precaución, se ve que él se ha inmunizado (Nóteseme la ironía…) Y no digamos nada, del simple y barato test de detección del coronavirus que ambos necesitaríamos… Pacientes y galenos dejados de la mano de Dios; todos confinados y engañados…

Y ahora, aterrada he de reconocerme con esta tos perra, seca, rasposa e hijadeputa… Tengo el pecho como un tambor en viernes santo y no hay manera, esto va a más… De un carraspeo pegajoso de fumador, he pasado a una tos de lija, tosferínica e insistente; implacable, como también lo es mi necesidad de respirar…

Me ahogo poco a poco. Cada vez que intento respirar toso; y así, aspiro cada vez menos debido a que el agotamiento que crispa mis músculos torácicos, va haciéndose cada vez más patente, y haciéndome cada vez más y más mella… Cada golpe de tos va doliéndome más aunque valiéndome de menos, porque ya no arranco nada con estas toses… Y se van agotando y encogiendo más mi resuello, la capacidad de mis pulmones, y aquello que los insuflaba… Y va faltándome el aire cada vez más. Me voy ahogando.

Logro poco a poco, y a fuerza de controlar respiración y pánico, conformarme con un hilillo de aire que trabajosamente consigo, que entre y salga con cierta fluidez de mis pulmones… Si solo hablara perdería el hilillo de ése aire vital… La drástica disminución de la cantidad de oxígeno que mis alveolos pueden procesar, ya solo me da, para parpadear un poco, para poder pensar, y para mover algo las manos esforzándome con la intención, de poner un dedo sobre las teclas de cada una de las letras de esta carta…

Pero dicen, que esto del virus se carga sólo a los viejos… ¿Os parecen poco los viejos? ¿Poca pérdida…?

Si es así, iros a la mierda…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Mi tío Miguel

In memoriam.

Miguel ‘Hilarión’

Recuerdo, cuando coincidía con mi tío Miguel por ahí y yo iba con alguna chorva. Veintipocos años… Daba igual dónde estuviéramos; se acercaba, posaba paternalmente su mano en mi hombro y me llevaba a un aparte; socarrón… Y mirándola de soslayo, apenas señalándomela con el gesto furtivo de su mirada, me decía como en un susurro chocante, como en un secreto entre picardías nuestras: “no seas tooonto sobriiino…”

Cuando ya con treinta y muchos, le presenté y le gustó la que luego sería madre de mis hijas, también me llevó a un aparte… Pero esa vez, me agarró del brazo y sin dejar de mirarme a los ojos, me dijo también sonriendo aunque algo más en serio: “ya es hora de que te recooojas sobriiino…”

Ahora tengo cincuenta y tres años y espero, que todavía me quedarán algunos más de quince, de aquella salud como Dios mandaba y que tanto y tan bien pregonaba el ateo de mi tío: “mientras se me siga empinando el ánimo, es vida…” decía entre golpe y golpe…

“Sobrino, cuando ya no se te ponga dura, malo…” El resto, la decrepitud, afirmaba mi tío que no sería ni salud ni vida ni ná… O sea, que había que ir buscando cosas en la vida que te la pusieran dura…

Y no murió muy joven, pero tampoco murió muy viejo: de cáncer de pulmón… Fumó mi tío Miguel hasta casi su último día tabaco negro… Cuanto más negro mejor. Tomó un berrinche de cojones cuando se enteró, de la mariconada ésa de que iban a dejar de fabricar los legendarios Celtas Cortos sin boquilla. Como si a partir de ese momento fuera mejor morirse un poco más tarde… Pero en seguida; casi al mismo día siguiente, empezó a fumarlos con boquilla… Éso era adaptarse…

Era un cuasi filósofo aunque sociólogo de estudios, agricultor de herencia y de corazón, sabio de palabra… Un lector, bebedor y polemista empedernido. Que igual, podía tirarse una noche durmiendo en el suelo acurrucado junto a la lumbre de la casa del gitano que siempre regaba nuestra finca; que al día siguiente y con solo ducharse, era recibido en el despacho del Presidente de la Diputación Provincial de Alicante porque habían estudiado juntos… Eso lo vi yo.

Tenía el don, de saberle hablar a cada persona de forma, que prácticamente siempre se le entendiese casi a la perfección… Pero claro, para eso hacía falta tener palabra, no solo el don de la palabra… Un verdadero genio mi tío. Un tío chulo.

Una vez me confesó, que su peor experiencia en la vida era el repetir a menudo la pesadilla, de tener que revivir la muerte de una gran amiga en el accidente de un coche que él conducía…

Casi como ahora -he pensado- que provocamos muertes sin quererlo.

Y, ya no me acuerdo de qué es lo que era de lo que os quería hablar…

eeen fin… Que os quiero mucho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

vida ondulante

Historias de Paco Sanz

La vida es ondulante, ahora sabemos que hasta la materia lo es. Mientras no llegue la vacuna la desgracia del virus ese volverá a hacerse presente por oleadas. Ondas intercambian las antenas, ondas cerebrales medimos para saber qué pasa cabeza adentro. La misma simpatía parece una función de onda. Por ejemplo, los asistentes a conciertos en directo sintonizan las ondas cerebrales dentro de un rango de frecuencia de 2 a 4,5 hercios. ¿Hay un efecto de contagio? Cuando no se está en presencia del ejecutor ni en compañía del público no pasa.

Ahora que los políticos tienen que tomar decisiones guiados por los expertos, como no hay experto que valga en lo del COVID-19, es hora de darse cuenta de que esto va para largo. Que viene mala mar. Que contagios y muertes volverán a presentarse en oleadas. Necesitamos todos hacernos una idea acerca de qué va en realidad la cosa. Las limitaciones de nuestra imaginación se traducen en los pobres modelos con que nos hacemos, cuando tenemos que describir algo que no se parece a nada que hayamos experimentado antes. Imaginar cómo la luz puede ser a la vez onda y partícula nos cuesta porque nos cuesta reprimir “un vano e incontrolado deseo de verlo en términos de algo familiar”.

Al marido de mi sobrina le dio por enfermar, mi sobrina que es muy bachillera hizo un master de su enfermedad, un poco como nosotros estamos ahora haciéndolo en microbiología; cuando hablaba con el personal sanitario que atendía a su marido daba conferencias acerca de la fiabilidad de los análisis, la bondad del pronóstico, etc. Más de una vez el pobre enfermo tuvo que oír como le decían, sin la menor ironía, qué suerte tiene usted con que sea médico su señora.

Ahora convendría desarmar el cientificismo entendido, como la pertinaz sospecha de que el sentido común nos la está jugando; un acceso más profundo y más fiable implica abandonar la costa de los paradigmas compartidos por todos, para hacerse a alta mar relativista y cientificista si se pretende sobrevivir a la percepción falsa de la realidad basada en el sentido común. Cuando la ola del poco tiempo y pocas luces para comprender nos alcance.

El clima, la vida se presentan por oleadas también. El océano de la verdad lava los guijarros con cada ola, y estos resuenan y tintinean con el más maravilloso de los estrépitos. Por decirlo en verso: “Tempestades de deseos/ contra los muros del alba/ rompen sus olas. Me ciegan/ los tumultos que levantan./ Nido en el mar. Cuna flote./ La flor que flota en el agua/ me sostiene mar adentro/ y mar afuera me lanza./ Cierro los ojos y siento/ el tiempo interior que canta”.

En fin, que me cuesta deshacerme de la tristeza de darme cuenta que esto de la pandemia no ha hecho más que empezar. Que volverá. Tengo que recordarme que soy un caballero valiente, no una bestia asustada, cuando vuelva a andar la calle. Tengo que volver a escuchar a mi sentido común Sancho Panza para dar la talla de nuevo. “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuesa merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes”.

Y a ver si renuevo mi confianza en la bondad de las personas. Que hay poca gente que sea mala gente. Que los días que veo mucha mala gente a mi alrededor seguramente el malo sea yo.

Historias de Paco Sanz

Sabiondos

Historias de Paco Sanz

Los aceleracionistas son una panda que pretende mejoras acelerando los procesos. Huir hacia adelante ha sido la tentación de Trump y Johnson para hacer frente al proceso, que lo pasen los que lo tengan que pasar, que se mueran los que se tengan que morir, y que los supervivientes se hagan cargo lo mejor que puedan de lo que quede en pie. Vaya, que no decaiga. No acertaron. Como decían los machos de antes, se la han tenido que envainar.

A nivel poblacional hay dos estrategias que se están siempre equilibrando, la de la “K” a base de adaptarse a lo que hay, y la de la “r”, reproducirse más y mejor. Un poco en plan cuestiones de fuente y de sumidero. Si hay suficientes recursos o si hay demasiados venenos. Los ricos será más ricos y los pobres tendrán más hijos. Los que gustan de metáforas bélicas podrán recordar que con la táctica artillera y de trincheras, la muerte en batalla había dejado de ser una muerte en el movimiento para convertirse en una muerte en posición.

Comparados con los macroorganismos los microorganismos parecen ser todos estrategas de la r y así han sido considerados. Los estrategas de la K suelen tener éxito en situaciones de limitación de nutrientes. Cuando esto del virus ese pase ya sabemos lo que nos toca. Nada como el ajedrez para experimentar la diferencia entre estrategia y táctica. La táctica consiste en saber lo que hay que hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber qué hay que hacer cuando no hay nada que hacer.

La táctica de las megacorporaciones genéticas en los últimos años ha sido echar el resto -en un ataque rápido y frontal- para intentar crear una situación sin vuelta atrás, ocupando un terreno de dónde no pueden ser desalojados, lo que los estudiosos de filosofía de la ciencia y la técnica llaman una tecnología atrincherada. Un poco como el “too big to fail” de las grandes corporaciones. Por ejemplo Europa ha adoptado la estrategia de la casa a medio construir: Uno empieza construir una casa sabiendo que resultaría demasiado costoso interrumpir las obras, y no tiene más alternativa que terminarla.

La llamada a los contramundos de la desaceleración está llegando algo tarde. Los aceleracionistas, los impacientes por acceder al futuro me cansan. Han dado forma, con sus prisas al mundo tal como lo conocemos. La DARPA (Defense Advancet Research Proyects Agency) creada en 1957 para recuperase del avance que habían tomado los soviéticos con el Sputnik, tenía como única regla la “innovación radical”, y la sola justificación de su existencia es “acelerar la llegada del futuro”. Se le atribuye Arpanet que acabaría siendo Internet, también el proyecto 57, que era para guiar misiles y acabó siendo el GPS. Ahora tiene el punto de mira en la interfaz cerebro-máquina. Eso sí que es acelerar la llegada del futuro.

“Fotografiamos las cosas para auyentarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos”. Kafka. Ante la pura masa de imágenes hipervisibles, no es posible cerrar los ojos. Cerrar los ojos es una negatividad, que compagina mal con la positividad y la hiperactividad de la sociedad de la aceleración. La coacción de la hipervigilia dificulta cerrar los ojos. Y es responsable también del agotamiento neuronal del sujeto de rendimiento.

Cuando mi padre me enseñaba a conducir, harto de ver lo despacio que iba cantaba a veces, cuando lo que estaba por delante era una recta, aquello de: “Para ser conductor de primer, acelera, acelera… para ser conductor de primera acelera el buen conductor”. Pues bien, ahora vienen curvas.

Historias de Paco Sanz

UN BUENA IDEA

No dejo de pensar en ésto del encierro, porque eso del distanciamiento social todavía me da más grima… Ya no recuerdo donde lo leí, pero sí la canción que oí de Billy Holiday “Wrap your troubles in dreams” donde se decía aquello de que se podían transformar los problemas en sueños… Pues resulta que a mí ahora se me ha ocurrido una buena idea… Me asombra el páramo en el que se ha convertido nuestro mundo debido al simple hecho de que nos hemos apartado tan solo un poco de él… Metiéndonos en nuestras casas.

¿Lo veis…?

La industria del petróleo por los suelos. Los traficantes más vigilados. Las tan potentes industrias automovilísticas con un nudo en la garganta. Las putas sin trabajo; políticos y periodistas espantados… Las redes sociales haciendo de alcahuetas o de viejas de visillo… Las televisiones vendidas al mejor postor y traicionándose a sí mismas.

El turismo mundial arruinado. El transporte en la cuerda floja. Las empresas energéticas temblando; las tecnológicas no tanto… El mundo entero y casi todas sus grandes empresas y proyectos, todos por el suelo por el mero hecho de que todos, nos hemos quedado en casa… Todos.

Fijaros en el detalle; quedaros con él.

¡Tan solo permaneciendo todos quietos, hemos cambiado el mundo y de qué forma! ¿No os parece maravilloso…? ¿Veis el tremendo poder que hemos desatado?

¡Pues vaya un bodrio de novedad…!

“Simplemente dejando de comprar podemos provocar un tremendo quebranto a esas empresas que sostenemos, y que tanto se supone que han abusado de nosotros…” dijo un rojo célebre.

Deberíamos haber sabido ésto desde siempre, y nos habríamos ahorrado muchos de los disgustos que nos han dado tanto el comunismo como el capitalismo… Solidaridad. La huelga honrada, la huelga con razón, el antiguo concepto de la huelga por justicia… Huelga no para acomodar salarios como hacen los sindicados, sino para repartir la justicia como deberían perseguir quienes promueven huelgas justas…

Si abusan con el recibo de la luz, apágala y enciende verlas… Si te censura el Facebook que le den por culo, desinstálalo… ¿Que el whasap te toca los huevos? escribe cartas, postales, visita a tu amiga o llámala… Si tu coche todavía tira, dale… Si tu pareja te ama después de todo ésto no la cambies; y si la echas de menos díselo… Si todavía funciona bien no lo tires, porque lo nuevo muchas veces no es lo mejor sino solo lo nuevo…

Pero todo ello deberíamos hacerlo juntos, a la vez, como ahora… De golpe.

Porque dime de qué te sirve ahora ese nuevo coche sin pagar en el garaje, cuando el que cambiaste todavía estaba para tirar algún kilómetro más… Dime, de qué te sirve ahora ese monísimo vestidor lleno de ropajes, que solo te servían para que quedaseis bien el espejo y tú… Confiesa, que cambiarías sin duda esa horterada de vacaciones que tenias contratadas sólo, por abrazar a tu vieja y que no estuviese tan en peligro…

¿Tanto papel higiénico para qué…?

Mi único problema es que hoy me he quedado sin chocolate… Pero drogas hay muchas para soportar este encierro: el whisky y la lectura o el Pilates; acordarme muchas veces al día de mis hijas; escribir todo lo que pueda o llamar a mi madre; dibujar y cocinar; preocuparme de mi sobrina la enfermera y saber de mi otro sobrino en Madrid…. Mirar a Manuela.

Y escribirte, y acordarme también de ti mi amigo que estás leyéndome…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

mi empresa

Tenía cincuenta años entonces y ahora tengo cincuenta y tres, y no soy amante yo de dorarle la píldora a nadie; más bien al contrario, suelo ser bastante crítico con lo que me rodea, y con cierta frecuencia tengo el vicio de cultivar pequeños conflictos para mantener mi vida en forma…

Bastante más de un año dando tumbos laborales, y me llamaron para decirme que me iban a hacer una entrevista por videoconferencia. Y me preguntaron, que qué tal se me daba la tecnología…

No pude evitar el sonreir un poco al teléfono y el pensar, por el tono tan joven de la voz de aquella joven, que seguramente yo ya manejaba Photoshop, Coreldraw y Autocad; pirateaba y editaba vídeos; hacía mis pinitos con el diseño 3D y dominaba el paquete Office de Windows como un experto, cuando ella, no tendría ni ocho años… Solo lo pensé claro, y le confirmé que no habría ningún problema… Y no lo hubo, porque al día siguiente de la videoentrevista me enviaron un billete a Madrid para conocer las instalaciones de la empresa y hacer el típico curso de ventas… Uno más pensé.

Pero oye, fue entrar, y enseguida me gustaron aquellas estancias abiertas, pareciera que sin despachos, iluminadas y diáfanas y con un montón de jovenzuelos desperdigados por ahí… Una bulla constante de gente junta. No se parecía en nada a las empresas donde yo había trabajado antes… Esa apariencia de moderno trajín desordenado, he de reconocer que me conquistó… Olía a talento, a idea nueva cociéndose y a buen rollo.

Tardaron poco, en presentarme al tipo que más desprendía aquel fuerte olor a talento: un tal Guillermo…

Muy joven; cercano y asequible; con cara y aspecto como de adorable seminarista, hablaba con convicción fervorosa de innovación y de tecnología; de confianza y de compromiso; de equipo, y de cambiar el sector y tal… Parecía tener algo verdaderamente especial entre las manos, de eso no había duda… Creo, que era liderazgo.

Poco a poco sentí como que él, y esos jóvenes que no conocía de nada, ponían a mi disposición su entusiasmo y depositaban en mis manos, una idea genial en la que invertir mi energía laboral acumulada en aquellos tiempos de tumbos y desilusión… Un sugestivo proyecto de trabajo nuevo.

Luego, resultó que se superaron todas las expectativas, porque la fe mueve montañas y cuando crees en una idea, da igual cómo de cuesta arriba se ponga el camino que te lleve a ella; la buscas, la sigues. O más bien la persigues, porque la mayoría de las grandes ideas como la fe, parece que nunca se culminan del todo…

Érase una vez ese chico, Guillermo, y una chica llamada Carmen, que no sé en qué orden se equivocaron, pero el caso es que confiaron en mí para formar parte de la ilusión por esta empresa… Y digo equivocarse porque creo que por lo díscolo, tengo el dudoso honor de ser el miembro de la empresa que más warnings tiene… Pero por otro lado, creo también tener el honor cierto, de ser uno de los que más ha trabajado por esta empresa cobrando menos… Yo, ahí lo dejo…

Y por todo ello, yo, por esta idea igual plancharía huevos que freiría corbatas… Lo que hiciese falta.

Y gracias; es un honor navegar en este barco.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Salir, cómo salir

Historias de Paco Sanz

Salir, cómo salir. Esa es la cuestión. Fenómenos de membrana, de presión osmótica. A un lado y a otro de una membrana empezó la vida. Superficie hidrofóbica por un lado, hidrofílica por el otro. Vacuolas. Célula. Una parte mira hacia adentro de la célula, la otra hacia fuera. Se hace una vacuola, dentro, ¿hacia dónde mira la parte interior de la vacuola? Dentro de ella una muñeca rusa más. Está saliendo como los zen, hacia dentro, interior íntimo meo, superior superio meo, como San Agustín.

Mi padre en sus últimos días, cuando ya había que atarle a la silla de ruedas. Decía una y otra vez : y ¿qué más?, y ¿qué más? Pues bien como diría Atahualpa: “Teniendo rancho y caballo/ Es más liviana la pena/ De todo aquello que tuve/ Solo el recuerdo me queda./ Nada más”. A mi padre ni eso.

Veo que el hombre es tan inconsciente como el perro o el gato; habla debido a una inconsciencia de otro orden; se organiza en sociedad debido a una inconsciencia de otro orden. Me impresiona entonces, siempre que así siento, la vieja frase de no sé qué escolástico: Deus est anima brutorum, Dios es el alma de los brutos. Así entendió el autor de esta frase, que es maravillosa, explicar la seguridad con que el instinto guía a los animales inferiores, en los que no se divisa inteligencia, o nada más que un esbozo de ella. Pero todos somos animales inferiores -hablar y pensar no son más que nuevos instintos, menos seguros que los otros porque son nuevos. Y la frase del escolástico, tan justa en su belleza, se ensancha y digo: Dios es el alma de todo.

Y cada uno de sus dioses: silencio. Hay varios tipos de silencio. Está, por ejemplo el silencio que los poderes hacen reinar por razones políticas, el silencio de la reprobación moral o religiosa, el silencio cómplice que se impone a otro en nombre de la omertá. Son silencios restrictivos con el objeto de prohibir toda palabra, es el terrorismo del lenguaje.

Pero también existe el silencio de la saciedad, de la satisfacción del deseo, del apaciguamiento, de la felicidad sin palabras ni palabrería. Un silencio en la intimidad sin inquietud. En tercer lugar hay un silencio del fin, cuando todo se para por falta de voluntad o de energía. Es el silencio del “no hay nada más que decir”.

Pero existe también una cuarta forma de silencio, el del recogimiento que acompaña toda escucha. Escucha de otro o escucha de sí. Para esta relación entre el silencio y la escucha, que deja llegar la música, venir la palabra, es posible encontrar lugar en una habitación. Que no me hagan odiarla…

Porque a puerta cerrada, como en la obra de teatro de Sartre, el infierno son los otros. Una sociedad que maximaliza la digitalización sin prestar atención apenas a sus efectos negativos puede esperar dos consecuencias ya evidentes: No sabes lo que sabes, y empiezas a odiar a todo el mundo.

Historias de Paco Sanz

en cuanto salga…

Ayer fue un día melancólico, hoy ya veremos… En cuanto pueda salir lo primero que voy a hacer está muy claro: correré como un loco a ver a mis hijas…

Lo segundo que voy a hacer, será llevarme a Manuela de viaje por ahí aunque sea cerca o muy cerca; los dos solos… A infectarnos de nuevo una y otra vez; como hasta ahora, y como ha sido siempre entre ella y yo… Tengo una mujer de ésas que no me la acabo, y claro, no me canso de infectarme por mucho que nos sobemos…

Pero es más inquietante lo tercero que todos tendremos que hacer, como por ejemplo, cuando nos tengamos que ver frente a un amigo…

¿Nos quitaremos la máscara al hablar? ¿Le daremos la mano, subiremos en su coche o palmearemos su hombro? ¿Aceptaremos sin renuencia el pitillo que nos ofrezca; fumaremos acaso de su porro? ¿Nos dará solo cierta repulsión, asco, o nada…? ¿Cuánto de cerca nos situaremos al apoyarnos en la barra del bar? ¿Iremos acaso al bar…? Todos sabemos, que no se podía estar más cerca de los buenos amigos que en un bar; al menos para un español. ¿Pediremos caña, o por el contrario botellín que es más higiénico? ¿Necesitaremos mesas separadas para comer juntos…? ¿Podremos contarnos secretos al oído, o compartir el postre?

¿Me abrazará si lo necesito…?

Llamar mascarilla a lo que ahora quieren que nos pongamos, es una mentira piadosa, porque lo que desde hace algún tiempo necesitamos los españoles parece ser, que es más bien un yelmo para protegernos frente a nuestras propias guerras, o una verdadera máscara carnavalesca para escondemos tras el asco, la repulsión o el miedo… Llevamos mascarilla en vez de máscara o yelmo, en este asco de carnaval macabro donde ahora muere gente en guerra.

La peste bubónica, el tifus, la rabia o la viruela, te aseguraban una muerte horrible; este puto coronavirus parece como si se la asegurara a otros… No sabemos a quién.

¿Seguiremos desviando hasta la mirada al cruzarnos demasiado cerca unos de otros? ¿Saludaremos, o llegaremos hasta a evitar el saludo para no contagiarnos de saludar? Salud, saludar, dar salud… ¡Qué paradoja de palabra en este momento que nos toca vivir…!

¿Y si ya nos hacen trampas enmascarando las noticias, y encima nos enmascaran la expresión y la sonrisa, qué nos queda…? ¿La palabra? ¿Dios?

¿Sabéis qué? Yo sí…

Cada vez más.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

Ángeles. Leyendas.

Historias de Paco Sanz

Hay un viejo relato malgache que cuenta que al principio el hombre fue creado por dos dioses. El dios de la tierra lo hizo de madera o arcilla, el dios del cielo le dio la vida. Pero los creadores discutieron entre si, y por tanto cada uno volvió a llevarse lo suyo. Por esta razón mueren los hombres, lo que implica que la vida regresa al cielo, mientras el cuerpo vuelve a la tierra. Ahora con tanto quemar a los muertos parece que quisiéramos que también ellos, quiero decir sus cuerpos, subieran al cielo.

Ahora que tantos están necesitados de cuidados viene a cuento una vieja historia, que dice que al ángel bueno de los hombres se le ha llamado Cura, siguiendo una vieja fábula griega. Dicen que una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando cogió uno de ellos y empezó a modelarlo. Mientras empieza a darle vueltas a qué ha hecho se acerca Júpiter, que casualmente pasaba por allí. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer Cura poner su nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió diciendo que debería darle el suyo. Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre se levantó la tierra Gaia y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto era ella quien había dado parte para la misma de un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron para juez a Saturno.

Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu lo recibirás a su muerte; tú Gaia, por haber ofrecido tu cuerpo, recibirás su cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio por su nombre, que se llame “homo” puesto que está hecho de humus, tierra fértil. Cura prima fixit, Cura teneat, quamdiu vixit. Cura lo hizo, que lo tenga Cura a su cuidado. El “ser en el mundo” tiene la acuñación ontológica de “cuidado”. Nuestro ángel bueno, Cura, nos tiene a su cuidado.

Para Benjamin los ángeles eran creados por casualidad, entendía lo “efímero” como la verdadera actualidad. Una vieja leyenda talmúdica dice que los ángeles son creados (cantidades ingentes de ángeles nuevos a cada instante) para, una vez que han entonado su himno a Dios, terminar y disolverse ya en la nada. Lo efímero entendido como la actualidad que se conformaría en la presencia de Dios, que por ello sería verdadera. Ángelus novus.

Aunque haya muchas clases de seres seráficos, para hablar con propiedad, deberíamos distinguir entre: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potencias, Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los encargados de los asuntos humanos. Una manera más profana de aventurarse por los órdenes angélicos llevaría a distinguir los ángeles de las preguntas y los de los finales. Así podríamos hablar de Incentívere, Escónditur y Revelatio, los ángeles del enigma; Nullius, Anonadatis, Noseris y Terminatio, los de la muerte.

Pregunta el poeta: ¿Quién, si yo gritase me oiría desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel me cogiese de repente contra su corazón: ¿me desharía por su más fuerte existencia? Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos; y lo admiramos tanto porque como al desgaire desdeña aniquilarnos… Todo ángel es terrible.

Al final: “Como las rejas de una cárcel mi cama tenía/ los barrotes de hierro./ Trompetas finales sonaban en la noche/ sin luz y sin sueño./ Los ángeles blancos partían y venían volando /los ángeles negros”.

Historias de Paco Sanz

El placer engendra

Historias de Paco Sanz

El placer engendra, pero el dolor da a luz. Supongo que es por eso que poner alguien a parir no es hacerle ningún favor. Por lo visto eso viene de que cuando la gestación se terminaba iba la gente a tu casa para ponerte nerviosa y así te ponías a parir de una vez por todas. Y lo conseguían diciéndote todas las cosas que se habían callado para que pudieras gestar como Dios manda.

¿Está a término ya la nueva sociedad post pandémica? Igual aceleramos su llegada a base de poner a parir a los que la han gestado. Quiero decir a estos “expertos sanitario políticos” que han llegado a hacerlo tan mal. Han hecho lo que han podido. Vale. Pues que sigan otros, por favor.

Cuando vimos que los chinos desinfectaban paredes, cuando supimos que el portador sano supercontagiador era posible, cuando vimos lo que se nos venía encima empezamos algunos, en mi familia no soy el único que de estas cosas ya sabía un huevo antes, a decir a los que creíamos que tendríamos que estar haciendo más ante lo que se avecinaba, que no estaban haciendo nada. Llegaron tarde y mal, pobres de nosotros.

Malos días para estar al cargo del gobierno, desde luego. Vamos a ver, me he pasado gran parte de mi vida profesional llevando una mascarilla en la cara. ¿Por qué nos mintieron, por qué van nuestros políticos sin ellas y los chinos no?, ¿es que son más listos? No, amigo, son más tontos. Cada vez que oía a un sabio de esos decir que no servían para nada, y a continuación rematar diciendo que sólo servían si estabas contagiado me daban ganas de levantar la voz. ¿Cómo sabes que no lo estás, que no estás contagiando a los de tu alrededor, majo?

Esta gente, de números hace como si no entendiera. Entiendo que si han llegado tarde a lo de las mascarillas mejor que digan que no hacen falta para que no le falten al personal sanitario. Pero es que no ha habido ni para ellos. Los problemas de logística son problemas de intendencia cuando vienen mal dadas, ¿nadie se lo había dicho? Cuando las cosas no iban tan mal, pero los que estaban en primera línea no tenían mascarillas, veo al farmacéutico de mi pueblo con una sonrisa de oreja a oreja; qué pasa, le pregunto, pues aquí estoy, timando a la gente, ¿y eso?, pues ya me ves, vendiendo mascarillas a diez euros.

Siempre me ha parecido un desastre que la física pretenda engendrar a las matemáticas, pues las matemáticas pretendiendo parir a la filosofía todavía da más grima. Pero para ponerse a llorar, los filósofos haciendo política o los políticos yendo de economistas. Cada vez más abiertamente la economía “paga” la política. Y se muestra orgullosa de ello. Y de vez en cuando da miedo para que se la tema. Nada le gusta más que ver con qué prudencia hablan de ella los políticos, y lo mal que llevan la intendencia…

Historias de Paco Sanz

frente al virus, conclusiones

Día no sé cuántos, de la veremos a ver si solo cuarentena…

PRIMERA CONCLUSIÓN

Somos simios, fuimos monos… Todos tenemos miedo a morir, y al hambre; aunque desde siempre sepamos que miedo y hambre son algo natural, intrínseco a nuestra existencia… Nos hizo bajar de los árboles el miedo a morir de hambre; y nos obliga a volver a subir a esos mismos árboles, el miedo a morir devorados por el miedo al hambre de los demás…

SEGUNDA CONCLUSIÓN

Nuestro estado autonómico hoy es una verdadera mierda porque nos separa y no nos protege. No nos une; no nos sirve… Lo divide todo; lo empequeñece…

TERCERA CONCLUSIÓN

El miedo a morir es relativo porque yo no lo tengo tanto, tal y como está el mundo… Lo que sí da miedo, es tener que morir sin posibilidad de luchar. Mi tío Miguel siempre decía que lo que más temía en este mundo era a la decrepitud… Y dado cómo de mal están muriéndose los que son tan viejos como lo era él entonces, se ve que tenía razón…

CUARTA CONCLUSIÓN

Los españoles somos ciudananía adorable, como colectivo autonómico, como Nación, o como nos salga del capullo… (nóteseme la ironía)

¡Que se dejen de Ostias…! Solidarios, viejos como pueblo y duros, nos queremos mucho los españoles; y somos capaces de asumir casi cualquier sacrificio por el prójimo próximo, y por el prójimo lejano… Una vez dominamos el mundo, recordadlo.

Y QUINTA CONCLUSIÓN

Casi la totalidad de nuestros políticos son basura fermentando; como así mismo lo son muchos periodistas listos… No nos sirven, se sirven; de nosotros claro… Y si huele tan mal lo que nos dan, seguramente es mierda. Pensadlo.

Que no nos engañen…

¡VIVA ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…..

El mundo ha muerto

¡Vaya mieeerda…!

Tengo la tele enchufada y tan solo asoman noticias pagadas, falsas, putas; programas viejos y tiempo muerto, mucho… Da igual el canal que pongas. Nuestras televisiones son una extensión de la sociedad que las genera y su escaparate… Y, ya no la totalidad de las televisiones sino también casi todo el periodismo actual, son en general una verdadera sentina llena con mierda de intereses espurios, a rebosar de cagadas de rata…

“Si un traidor puede más que unos cuántos,/ que esos cuántos no lo olviden fácilmente…”

Pues yo, no me resisto a irme. Me voy, me bajo…

Me voy directo a la rebeldía de mis letras. Voy, a refugiarme tras el parapeto seguramente erróneo de mis convicciones, de mis creencias e instintos más profundos. Dice mi maestro Paco Sanz algo así como que escribir es pasear, o algo así debería ser… Fluido, rítmico, agradable. Algo, que te permita respirar mientras lo practicas porque no ofusca el habla, ni el pensamiento, ni la atención; porque son precisamente estas tres habilidades las que marcan nuestros pasos con las letras… Atrapar con la atención lo fugaz del pensamiento, para que haga pensar a otros atentamente; y todo ello sólo con el habla…

Tengo la infinita suerte de que este infierno de encierro me haya pillado junto al amor de mi vida; beatífico, redentor… Las penas son menos si te pillan unido muy fuerte a la mujer con la que quieres futuro… “Se pare el mundo que yo me bajo,/ si no te puedo ver…”

Pero es curioso ésto del amor porque echo de menos también muchos otros amores, ésos que corrían por las calles… Vosotros. Vosotras mis hijas alejadas. Nuestros hijos. Nuestros viejos padres enclaustrados por el peor miedo posible, que no es otro que el de perderlos inmediatamente…

Extraño tiempo éste que en el siglo XXI, nos exige sacrificios ascetas en medio de tanta tecnología… Claustro, resignación, paciencia y silencio; y el que sepa: oración, comedimiento, análisis, reflexión…

Eso solo le pido a Dios…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

PRESENCIA DE DIOS

Historias de Paco Sanz

Siempre he pensado que la mejor prueba de la presencia de Dios es la necesidad de agradecer; que el no poder dar las gracias a nadie ni a nada por nuestra alegría, por las buenas cosas de la vida, o al menos por nuestra no tan mala suerte, es una pena. Usar la idea de Dios para otras cosas, como por ejemplo para encontrar sentido a la vida me parece conformarse con un Dios de rebajas, es algo así como creer en su existencia.

En cuanto a la idea de Dios como artífice de castigos y condenas me parece tan repugnante como el rebrote del nacionalismo en Europa ahora que vienen mal dadas. Mis antepasados por la línea paterna en las tierras altas de Soria, que cinco generaciones arriba eran pastores, solían dirigirse a sus hijos llamándoles cariñosamente: “¡Hijo de un condenao!” Y a mi querida compañera de vida y actual amante le ha sonado siempre algo blasfemo decir: “¡Dios te ha castigao!”

En fin, condena o castigo, de Dios o del Azar, que así algunos a Dios le llaman, la peste ha venido; y un poco como la primavera, nadie sabe como ha sido; se ha presentado porque sí.

La manera de morir de estos apestados parece hacer innecesaria la presencia de Dios. Eso de poder agradecer va bien para poder despedirse, para poder morir bien, como Dios manda. El ver cómo se están muriendo estos días nuestros mayores es como para ponerse a llorar. Como diría Campoamor “se ha muerto porque sí otro canario viejo”.

Cuando España era un imperio, Felipe II ordenó que se construyera cerca del Escorial un hospital cuyo reglamento preveía entre otras cosas: “Para dar la extremaunción a los moribundos, que se disponga una habitación aparte, a fin de que ese espectáculo no afecte a los otros enfermos… Cuando uno de ellos está agonizando, que se haga sonar una campana, para que en el monasterio y en el pueblo se rece por él y no muera como una bestia”. Ahora no se puede. Ya no nos preguntamos por quién doblan las campanas; las iglesias, esos monumentos funerarios a Dios, están cerradas, abandonadas, calladas.

Ahora sí que está quedando claro que en esas ciudades vacías, silenciosas como en una película de ciencia ficción, estamos de funeral. Celebrando el funeral del mundo de antes de lo del maldito virus y la madre que lo parió. El ocaso de ciertas teorías se produce por muerte lenta, y si procede tan despacio es porque, como apuntó en su día Max Planck, los investigadores más veteranos suelen aferrarse a las viejas maneras de hacer ciencia. “La ciencia progresa de funeral en funeral”. La física que aun desconocemos tiene mucho margen para ponerse en contra de nosotros. La biología, por lo visto, más todavía.

Vuelvo a mis cosas esenciales, al despertar de las viejas poesías que permanecían dormidas en los recovecos de la mente, al ver lo que veo desde mi ventana: “Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora,/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa./ De su invencible gente,/ sólo quedan memorias funerales/ donde erraron ya sombras de alto ejemplo./ Este llano fue plaza, allí fue templo,/ de todo apenas quedan las señales”.

“Yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,/ y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma/ … y aquel que camina una sola legua sin simpatía camina amortajado hacia su propio funeral./ Yo digo a todos los hombres y mujeres: Serenad y componed vuestra alma ante un millón de universos”. Walt Whitman cantándose a sí mismo.

Historias de Paco Sanz

carta a mis hijas

Llevo, casi un mes sin poderos ver y es lo que peor llevo… Y es cada vez peor porque pareciera que incluso nos vamos acostumbrando.

Pero por hablar de otras cosas, no sabéis lo significativa e importantísima que es para mí la noticia de esa vuestra decisión, sólo vuestra, de que para aliviar esta mierda de encierro, os haya dado ahora por el deporte… ¡Ahora! ¡Qué chocante! ¡Qué cosas…!

Siempre fue el deporte una de vuestras aficiones digamos menores (nótese la ironía) Y resulta que ahora motu proprio, afrontáis ésta que está cayendo con lo de la cuarentena, siendo capaces, de retorceros bruscamente y cambiar vuestros hábitos, gustos, deseos… Os adaptáis.

¿Pues sabéis qué…? Que en estos casos se hace justo así, y vosotras, ya lo habíais hecho antes… Acordaros, cuando hace unos años fuimos caminando, juntos, casi doscientos kilómetros hasta Santiago de Compostela… Recordad, que tuve el cuajo de haceros dormir a la intemperie pero al abrigo, del soportal de aquella pequeña ermita; tan cerca, de las bonitas tumbas de su coqueto cementerio… Sumábais, entre las dos poco más de veinte años y esa noche a la luz de la luna sacasteis, allí y entonces, vuestro carácter… Y contándonos historias nocturnas me enseñasteis así la madera de la que estábais hechas… Y me gustó. Y no me sorprendió el comprobar la nobleza, la resistencia y el verdadero valor, del material que os conforma como personas… Dormimos; mal pero dormimos… Y al día siguiente, visteis también el sufrimiento de cara en la fortísima subida al Cebreiro; aquella pájara mía, nos lo hizo pasar verdaderamente mal… Pero, finalmente cada uno subió su mochila.

No se me podrá olvidar tampoco nunca, cuando le disteis a aquel desvalido la última lata y el único panecillo decente que nos quedaba… Lo visteis escarbar en el cubo de la basura y saltasteis, cual resorte, para que le diésemos de comer a ese pobre hombre al precio que fuera… Menos mal, que aún nos quedó para los tres poco más de un palmo de aquella salchicha inolvidable, y sobras de mendrugos de pan ya duro…

Ánimo Mis Amores, ánimo… Sabéis, que las soluciones a los problemas que se nos plantean, casi siempre las tenemos dentro, a veces sin saberlo; latentes, agazapadas, listas para ser puestas en marcha… No sé cómo ni cuándo terminará ésto, pero precisamente por eso huid del anquilosamiento y de la desidia, estudiad mucho y leed; no penséis tanto; y que no os dé miedo equivocaros porque es requisito imprescindible para acertar de vez en cuando. Ya tendréis tiempo…

¡Cuántos “os quiero” que siento que os debo…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

La alegría…

Historias de Paco Sanz

Escribir como si leyeras, leer como si escribieras, vivir como si comprendieras, comprender como si vivieras. Pero algo hay que hacer, por mucho que nos digan, que nos digamos, que no se puede hacer nada. Conatus, la palabra con la que Spinoza designaba la voluntad de perseverar en su ser de todas las criaturas. Que no falte. Que nos pillen haciendo por mejorar.

Intento adivinar eso del tener que quedarse en casa, esa devastación que nos encontraremos al salir, cómo nos va a cambiar. Pienso que va a cambiar la manera de entendernos a nosotros mismos, que nos espiritualizará y politizará de manera que acabaremos siendo distintos, y distintas serán nuestras instituciones.

Cuando la espiritualidad adquiere protagonismo, cuando hay que quedarse en casa sin hacer nada, lo místico parece volver; lo político, lo identitario, lo laboral se quedan sin patrimonio. Se impone el believing without belongin de los individuos y la inquietud cunde entre nosotros. Es como si los muy politizados no quisieran ser representados. Como si a los compradores compulsivos ya no pudieran vendernos nada.

Cuando uno empieza practicar la meditación, lo primero que se encuentra son las molestias corporales, lo segundo son las distracciones mentales y lo tercero las heridas del alma. Tanto las molestias, como las distracciones y las heridas nos van poniendo más y más nerviosos. De ahí que huyamos del silencio. Que no podamos aceptar la falta de estímulos. El que busca su verdadero rostro, que se tranquilice pues lo hallará convulso de inquietud, con los ojos desorbitados. “Caracasa, ¿tiemblas?”, decía Turenne camino del cadalso, “¡más temblarías si supieras dónde te llevo!”

Durante el ocio la existencia vaga por el mundo lejano y ajeno, para apropiárselo sólo por su aspecto, para quedarse mirándolo de hito en hito, mira a lo lejos, desde la distancia: ve la televisión. No busca demorarse observando, sino la inquietud y la excitación de lo permanentemente nuevo y la alternancia de aquello con lo que se encuentra. La existencia zapea por el mundo.

¡Huye! Me decía antes de que por los muchos años y por los malos microbios, me hayan obligado a quedarme en casa. Huye, que sólo el que huye escapa. Pascal advirtió ya de la desorientación vital que suponía la huída permanente. Porque la huída, como tránsito de un entorno hostil a un entorno propicio, debe conducir a la felicidad, no a la inquietud, una inquietud que a su vez impulse a una nueva huida, y ésta otra vez a la inquietud, y de nuevo a una huída, en una repetición incesante. A esta huida permanente la llamó Pascal divertissement (que se ha traducido por divertimento), y por agitación, alienación, y que probablemente resulte más preciso llamar aturdimiento. Según él la única cosa que nos consuela de nuestras miserias es el aturdimiento, y, sin embargo es la más grande de nuestras miserias. Porque es lo que nos impide pensar en nosotros y lo que nos hace perdernos ‘insensible mente’.

Quisiera como Spinoza ver si pillo alegría, su idea de ella: “Tras haberme enseñado la experiencia lo fútil y vano de todas las cosas con que tropezamos de ordinario en la vida corriente, y habiendo comprobado que los motivos y objetos de mis inquietudes nada tenían en si mismos de bueno o malo, sino solo en cuanto el alma se veía afectada por ellos, me determiné a averiguar si había un verdadero bien capaz de comunicarse, por el que el alma pudiera verse afectada con exclusión de todo lo demás; si existía realmente algo cuya adquisición me hiciera poseedor de una alegría continua y suprema para siempre”.

Historias de Paco Sanz

Se están muriendo

Historias de Paco Sanz

En mi entorno hay cientos de sanitarios que han pasado a la reserva. Acabo de recibir una comunicación del Colegio de Médicos felicitándose por tener tantos colegas que han salido de sus escondrijos y han dado un paso al frente. En el caso de los jubilados tiene doble mérito. Sé que a determinadas horas la gente jalea a los que siguen en el frente dando la cara. Incluso se ha dicho, pero ya en tono de broma, que habría que buscar también una manera de aplaudir a los maestros. Que nos permiten seguir queriendo como queremos a nuestros hijos.

En la Guerra Civil Española los alféreces provisionales cayeron como moscas. Terminé como alférez mi servicio militar. Pero nunca sentí que se ponía mi vida en peligro. Bueno, sí, una vez en un ejercicio con granadas. Tampoco he sentido estar sometido a mucho riesgo laboral en clínicas y hospitales. Para muchos esto ya no va a ser así. He perdido dos compañeros cercanos. Uno de laboratorio, manipulando mal un placa de Petri con meningococos. Otro al que un paciente psiquiátrico “le entró” con unas tijeras. Pero nunca pensé que eso pudiera pasarme a mí.

¿Dónde está el frente? En el sufrimiento, claro. No hace falta ser budista para entenderlo así. Los que andamos siempre buscando el sentido de las cosas sabemos que el sufrimiento no tiene sentido. La responsabilidad moral frente al sufrimiento estriba en nuestra capacidad de prevenirlo, aliviarlo, acompañarlo y utilizarlo, huyendo de la fantasía de que con nuestra intervención podemos controlarlo en todos sus componentes, circunstancias e intensidades. Debemos evitar caer en el “encarnizamiento moral” que supone la fantasía y la voluntad de dar a cualquier precio un sentido al infortunio. El “hospital sin dolor” puede ser un objetivo, pero perseguir “el hospital sin sufrimiento” no deja de ser una falacia.

No hace falta tener conocimientos de medicina para presentarse voluntario en un hospital en tiempo de pandemia, hacen falta un par, y por decirlo con menos crudeza: Ser bueno. Porque, a ver, ¿qué es bueno? Ser valiente es bueno. Aunque todos los valientes no lo sean, claro. Pienso en los dictadores de los que más he sabido, en Franco y en Hitler. Gente con un par.

Dicen que Amazon no va a distribuir más el Mein Kampf. Es un libro estúpido, no se merece esa propaganda. Cuando lo leí me quedé con la idea de que ese tío era idiota. Sin embargo hay un pasaje del libro que no he olvidado: “El hombre que ha nacido para ser dictador no es obligado a ello; quiere serlo. No es llevado, sino que va por sí mismo. No hay nada inmodesto en ello. ¿Es inmodesto que un trabajador pida un trabajo duro? ¿Es presuntuoso que un hombre dotado de la elevada inteligencia de un pensador cavile durante las noches hasta dar al mundo una invención? El hombre que se siente llamado a gobernar un pueblo no tiene derecho a decir: si me queréis o me llamáis yo cooperaré. No, su deber es dar un paso al frente”.

Nuestros hogares se han convertido en refugios para la guerra microbiológica que está teniendo lugar… fuera. En ellos el frente es el aburrimiento. Sin embargo habría que entender mejor el aburrimiento. Aprender a dejar pasar las horas, a no sentirse mal frente al vacío. Este no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento y la tristeza y la depresión está el frente… en casa.

Historias de Paco Sanz

ES LA GUERRA

Si la única forma que hay de luchar en esta guerra contra el coronavirus es quedarme en casa, voy de culo… Pero porque es la peor de mis guerras posibles ya que siempre he tenido serios problemas para estarme quieto… No estoy acostumbrado a la guerra, pero jamás la he rehusado si la he creído necesaria… El problema para mí de esta lucha en la que estamos, es que permanecer quieto parece ser que es la única arma… Y no soy yo alma inmóvil sino más bien culo de mal asiento.

Con ochenta y cinco años mi madre se muere; pero eso no es lo importante. Todos moriremos; yo, llevo muriéndome cincuenta y tres… El problema, es si tener muchos o pocos años de vida es, condición sine qua non para que te mueras… Pero porque sería ésta una condición que nunca lo ha sido; sería humanamente injusta… La gente desde siempre se ha muerto sólo cuando le llegaba su hora… Por ello, la muerte nunca ha sido cosa de calendarios sino de relojes…

Que se mueran los viejos siempre nos ha parecido que era lo normal. Sin embargo, siempre hemos deseado entre comillas una muerte digna. Aunque obcecados por vivir mucho, morir joven siempre nos ha parecido algo como ejemplar; morir en la flor de la vida… ¡Vaya tontería!

Pues resulta que a día de hoy, mi madre está en la flor de su vida y eso que acaba de enviudar… Tiene la lucidez que ya quisieran muchos treintañeros; la experiencia necesaria que casi ninguno tenemos; la fortaleza mental que a su edad todos desearíamos; y todavía ese instinto maternal, que hace de nuestras madres esas personas imprescindibles para sentirnos seguros… La única ventaja que le tengo, es el tiempo que se supone nos queda a ella o a mí… ¿Pero qué importancia se supone que tiene eso del tiempo…? ¿Acaso es algo tan cierto, y por ello tan importante, lo del tiempo…? Yo, creo que no.

Los viejos en el fondo, siempre han sido más útiles que los jóvenes pero por el simple hecho de que no creaban problemas aparte de los de salud; es más, bien al contrario, solían tener las soluciones… Y desde siempre tras las guerras solo quedaban, para recordarlas, los viejos inservibles para ellas… Lo trágico de esta guerra es que son ellos, los viejos, la primera línea de trinchera; ponen ellos casi solos todos los muertos. Peligra por ello el recuerdo de los viejos; peligra tal vez la civilización…

Mierda de guerra que no me deja luchar…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Ooolé España…

Ooolé esta España nuestra aunque confinada en sus aposentos… España ahora sólo de balcón y aplauso, de buen o de mal humor, y resignada pero con cojones… Sí, cojones. Seguro, porque hay muchos españoles que como yo están sin ver durante demasiado tiempo a sus hijas, y nos sobrarían redaños para infectarnos o morir si hiciese falta solo por verlas, porque ya no sabe uno cómo pueda terminar esto…

Peeero… El otro día caí en la cuenta de que lo esencial no soy yo, ni los locos como yo; que no es cosa solo de cojones ni valentías; que lo importante son ellas, mis hijas… Que lo importante son los otros; es decir, nosotros; todos nosotros. Es vital que salvemos lo que justo ahora, tanto echamos de menos: ese cruzarse y mirarse en una acera, pararse y saludarse; y besarse; acercarse y tocarse sin temor a esos menos de dos metros y medio… No sé si llamarlo precaución, sumisión y miedo; o valentía, respeto o solidaridad; no sé… pero diría que me inclino más por lo segundo.

¡Mierda coño! Os echo de menos. Mucho… Os quiero, y vamos a por el bicho ése al precio que sea.

Dependemos de la fluidez del cuello de botella que supone, la humana capacidad y de medios de nuestros héroes sanitarios. Somos limitados querámoslo o no…

Y estoy ahora acordándome de mis sobrinas, María y Cristina… Están, con poco más de veinte años, jugándose su vocación y su futuro y seguro que ya infectadas, por trabajar para todos nosotros en un hospital a muchos kilómetros de sus habitaciones de cuando niñas… Ellas, como profesionales, mejor que yo lo sabrán porque yo solo lo supongo, que impepinablemente estamos todos en este ajo. Todos… Solo, que el tremendo peso de las muertes de este maldito trance, recae en ellas… Y eso, es mucho peso.

Que la luz del mérito de su sacrificio, ilumine, lo se ve que largo de nuestro esfuerzo….

Ésto, debería hacernos pensar en los imbéciles que quieren cargarse eso, que nos mantiene juntos y unidos… ¡Que se vayan a la mierda ahora que es el momento de la verdad…! Porque la pregunta es: ¿nos queremos…?

Yo a ti sí.

Por mis hijas, por mis sobrinas, y por los españoles de bien:

Ooolé España, con dos cojones…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

¡nooo me toques…!

El jodido coronavirus…

Los rebaños, sólo se mueven por miedo, o por hambre.

El instinto rebañudo que todos tenemos, me empuja a quedarme en casa pero no por el miedo mío, sino por respeto al miedo de los demás. Como creo que debe de ser, si somos solidarios… Pero por otro lado, mi instinto de rebeldía me dice que el actual estado de las cosas es, para mandarnos a todos la mierda por histéricas…

Porque lo de los supermercados y lo del papel higiénico, convendréis todos conmigo en que es muy muy significativo… Seguro que en unos cuantos meses no podríamos los españoles limpiarnos el culo lo suficiente, como para acabar con las reservas nacionales de semejante producto se ve que de primera necesidad…

Me voy a quedar en mi casa, sí, pero rabiando.

Ni tocarnos podemos ya… Este mundo moña y cobardón que nos hemos creado, chilla y echa a correr a las primeras de cambio tal como una espantada de pavos azuzados…

Toda nuestra historia como especie matándonos hasta por millones en guerras y hambrunas, y resulta que ahora, hoy, en el siglo XXI y como pollos sin cabeza, nos cagamos de miedo porque nos entra la tos y se mueren cuatro gatos…

Yo, voy a seguir ofreciendo siempre mi mano; y hasta deseando que la paz sea contigo con un beso, como hacía mi padre… Y seguiré tocando siempre a mi prójimo, si él se deja…

Y jamás, jamás, haré acopio de papel del culo.

Sé, que soy un poco bruto perooo, en fin.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

La bicicleta

Era genial. Con seis años, veía a mi padre cual superhéroe llevándome en volandas de aventura en aventura por ahí… Era capaz de meterse por la estrechez de casi cualquier recoveco conmigo, sentado en el macho de su bicicleta… Yo, absorto, miraba hacia abajo mis pies colgando del lado izquierdo del marco; y a los suyos pedaleando; y al camino, que parecía hacerme guiños arrugándose bajo nuestro paso… Todos, nos hemos quedado mirando alguna vez a la carretera cuando pasa bajo nuestro…

El contraviento del aire a su pedalear cadencioso, y la sombra protectora que a mediodía proyectaba su cuerpo al agarrar el manillar inclinándose sobre mí, refrescaban mi ánimo ante el sopor de aquellas tardes de faena y huerta, con mi padre…

¡Qué maravilla a mis ojos aquellos viajes de no sé cuántos kilómetros…! No había cosa mejor que me pudieran proponer, que subir por las tardes con mi padre en su bici… Sentía algo así como la sensación que evoca esa mítica escena cinematográfica, de unos enamorados con los brazos abiertos y en la proa del Titanic… El viento en tu rostro y en el suyo; al frente la aventura y un paisaje maravilloso; y tu amor detrás, cuidando de ti… Mi padre.

Los cañaverales a los lados de las veredas por las que pasábamos, recuerdo que parecían, desde mi perspectiva, correr en nuestra contra… Y a veces se estrechaban tanto las sendas a nuestro paso, que las hojas volcadas de aquellas cañas golpeaban ante nuestra velocidad, como pequeños látigos en los brazos fuertes de mi padre…

Y sus fuertes brazos a cada uno de mis lados, eran mi mejor refugio; pero no le gustaba que me agarrara a ellos mientras montábamos, porque así peligraría nuestro sutil equilibrio… Y por ello, debía asirme fuertemente al manillar, aunque fuera peligroso… Aquel manillar con frenos de varillas de hierro, podía darte un buen y doloroso pellizco en los dedos si te descuidabas… Cosa que yo, ya sabía por experiencia…

Y no podía descuidarme, porque ir en bicicleta así con él era realmente cosa de dos. Por pocos años que yo tuviera… Me acuerdo bien.

Hoy, los niños, van siempre en bicicleta creemos que protegidos por una especie especial de cesta o de jaula; y casi siempre en la parte de atrás de la bici… Con casco, cinturón, coderas y rodilleras. Yo, los he visto con un teléfono móvil fijado a la parte de atrás del tubo del sillín de su papá, y ellos solitos conectados a unos auriculares viendo Bob Esponja… Y hasta con un protector bucal…

Convendréis conmigo, que para un niño no es lo mismo ir delante o detrás en una bici… Y se va mucho mejor delante, sin auriculares y sin protector bucal; os lo aseguro…

Tenía mi padre una relación especial con la tierra que lo había sido del suyo. Y como le gustaba volver a casa razonablemente limpio, se quitaba en la intimidad de su huerto casi toda su ropa de calle.. Lo primero que hacía si era verano era quedarse en cueros, solo a calzón puesto. Y en calzoncillos, tranquilamente, dejaba que el polvo de su propia tierra, el sol, y las ramas de su propio huerto, mancharan, doraran y arañaran su piel… Y empezaba la faena… Cuarenta y tantos años y con una agilidad felina, se movía entre la maraña de arañazos de las ramas de nuestro huerto.

Y ahora, voy a por una mascarilla y a ponerme un supositorio, pero no por miedo al contagio sino por asco… ¡Qué asco, cuánto miedo…!

En fin. Que no os engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¿no tenéis sangre en las venas…?

Estamos perdiendo tontamente jugando al solitario, haciéndonos trampas queriendo soplar y sorber a la vez.

Nos están robando; sirlando… Nos están secuestrando en Estocolmo. Nos están traicionando en nuestra casa. Nos están insultando en nuestra jeta. Nos están engañando como a chinos. Nos están intoxicado como a secta. Nos están jodiendo en nuestra cama.

Nos están enviscando a unos con otros… Nos están hurtado el futuro; ni siquiera nos lo roban ni nos lo arrebatan; simplemente nos dejamos…

Se ríen a costa nuestra y consentimos.

¿No tenéis ojos en la cara…?

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PECADOS CAPITALES

PECADO:

“Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido”

Hablar de pecados en un mundo como en el que hoy vivimos, para algunos puede parecer una filfa ya superada, o una estupidez per se… Pero los remordimientos y la conciencia, las tradiciones y el tiempo, casi siempre tienen razón… Y querámoslo o no, han sido siempre verdad aquellos siete pecados nuestros, los capitales; pero porque han existido siempre; y porque sí, son pecado…

Y son capitales debido al hecho indiscutible, de que todo ser humano que habita esta Tierra, por virtuoso que sea, seguro, que a lo largo de su vida ha cometido alguno de ellos… Y seguro, que no sólo uno y no una sola vez… Yo, por ejemplo, soy esclavo de varios de esos pecados; de unos más que de otros… Lo soy en especial de la pereza, y cómo no, de la soberbia…

“Y de esos siete pecados innegables, mi favorito es la soberbia…”

La ira, la gula y la lujuria, son pecados como más primarios porque tienen que ver con la satisfacción de instintos… La envidia, la pereza y la avaricia, son en cambio pecados más evolucionados, más reflexivos, porque afectan a nuestra relación con las cosas que deseamos, o que nos creemos con derecho a poseer…

Un gorila o un león pueden, sin duda, experimentar la ira al luchar a muerte por su territorio y su harem; sentir la gula al devorar ensangrentado y hambriento a su presa; retorcerse de envidia al ver copular a su vecino; abandonarse a la pereza una vez ahítos sus instintos; sucumbir a la lujuria dando rienda suelta a su celo salvaje; o consumirse de avaricia al pretender acaparar cosas, o poder, sobre sus semejantes…

Pero la limitación de sus instintivas y cortas entendederas de bestia salvaje, no le alcanzarán, ni al gorila ni al león, para sentir nada parecido a la soberbia… Pero porque éste sí es un pecado en el fondo, una culpa… Y requiere, de un intelecto complejo y consciente que pueda asimilar, la percepción personal de un propio ser, racional…

“Pienso, luego existo…”

Por ello, es sin duda la soberbia el pecado que más nos define como humanos; el que mejor nos perfila así, justo como somos de simples, de miedosos y de gilipollas… Verdaderos majaderos insignificantes creyéndonos alguien. Simples hormigas a escala universal, erigiéndonos en el centro de no sé qué mundo… Soberbia en estado puro, induciéndonos a pensar que somos alguien en medio del caos que nos rodea… Imprescindibles nos creemos para que ésto gire; cuando ésto ya giraba mucho antes de que llegásemos.

Si alguna vez perdiste algo muy muy valioso, seguro que sentiste ira ante esa merma, además de avaricia y envidia porque otro se lo encontrara… Pero en realidad, lo que más te jodió fue la soberbia al experimentar tu detrimento… Porque la soberbia detesta la pérdida.

Y si alguna vez, quizás por ira autodestructiva o por lujuria bulímica, vomitaste después de un atracón de gula; que sepas que fue la soberbia, para no ver tu imagen frente a los espejos, el sentimiento que te indujo a provocar la arcada… Es la soberbia la que no soporta tus inseguridades…

Y si tanto te gustaba y no te dejaste enternecer, por aquella puta en medio de la lujuria y la gula, fue porque tu soberbia ya sabía que te quedarías solo, en cuanto se te ablandara la polla o se te endureciera la cartera; y que ella, se iría de todos modos… Y porque esa misma soberbia, no te dejó reconocer la vergüenza de tu inefable soledad.

O aquella vez, que la avaricia te empujó a ganar con trampas… Fue la soberbia, la que te impidió reconocerlo ante el timado y así, salvarte…

Es la soberbia el pecado sin duda más humano, el más sutil y el más refinado. Es en el fondo una pulsión simia, homínida, instintiva y a la vez reflexiva, que nos compara con el resto de la manada; que nos pone en relación con el prójimo y frente a nosotros mismos; y que nos coloca en una escala, si como mejores o peores, dentro del clan al que pertenecemos… Y claro, siempre nos creemos mejores de lo que realmente somos… Imbéciles.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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¡Viene el coronavirus 😱!

Miedo a vivir…

El café sin cafeína; el lenguaje políticamente correcto; el creer que se puede comer sin engordar; la cerveza sin alcohol y la leche sin lactosa; también las hamburguesas vegetales, los teléfonos inteligentes o el sexo seguro, y por supuesto, el querer soplar y sorber a la vez, están cambiando el mundo…

El otro día cerraron una playa, no sé dónde, porque alguien encontró una medusa; una… Eso sí, francamente peligrosa; una carabela portuguesa según dijeron algunos listos… Una especie de medusa aquélla, casi imposible por nuestros mares porque es oriunda de nuestras antípodas; peeero, el miedo es como el culo, y cada uno tiene el suyo… Dos días tardaron, en volver a permitir el baño al rebaño… Menos mal…

¿Y las olas de calor…? Hasta hace algunos años yo no había asistido a ninguna; de niño nunca; se ve que en que en aquella época el sol estaría más lejos; o se sudaba menos; no sé… ¿Pero ahoraaa…? Toma, tres tazas; una ola de calor cada quince días durante tres meses. Pues eso…

Y la gente… que oye no sé qué coño del glúten y ¡Ostias! ¡Cuidado con el glúten! ¡Medio mundo celíaco…!

Coooño, que vemos un celíaco y parece como que mola; como que está de moda o bien el serlo, o el quedar como un histérico alimentario… Voy a quitarme eso del glúten no sea qué…. Igual adelgazo, o se me pone la piel fina; o el éso duro… O a lo mejor, me transformo en hermosa alevilla ligera, o en bella candelilla luminosa… Y es casi seguro que hasta logro ¿porqué no? alargar mi senilidad seis u ocho años más… ¡Cuaaanto tonto…!

¿Y la carne…? ¡Ni se te ocurra porque morirás…! O bien de pena por el bicho muerto, o bien de exceso de colesterol, o bien cuando te revienten las venas de tanto llevar cuidado con las arterias… La solución: el forraje. Oootra vez el rebaño.

¿Y la listeria…? ¡Que se han muerto tres o cuatro de eso joder…! ¿Y el coronavirus…? ¡Que la gente se muere coño…!

Siempre, siempre, y desde siempre, teníamos la obligación de de lavarnos las manos después de cagar… No sé a qué, tanta alarma y semejante histeria…

¿Y ahora qué hacemos con el rebaño…?

¿Qué hacemos ahora que hemos sembrado tanto miedo a vivir; eh… qué hacemos?

Y recordad:

POLÍTICOS NO, EXPERTOS SI…

Que no nos engañen 🤔Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

La cincuentena…

Si cuando brincas la cincuentena, te levantas de la cama una mañana, y no te duele absolutamente nada… lleva mucho cuidado, mucho, porque puede que estés muerto…

Me pone de muy buen humor el hecho de que todavía, muchas mañanas parece, como que amanezco con la promesa de una alegría al despertarme con una bonita erección… Peeero, si no puedo disponer de la oportunidad de cumplir con la alegría de tal promesa, lo primero, me cuelgo del cuello las gafas de cerca…

Luego, legañoso y espeso por el sopor perezoso, me llevan mis pasos al baño, bostezando, lento… En el trayecto, alivio con gusto y sin pudicia esos irresistibles picores inguinales que a los hombres nos avasallan recién levantados… Así adormilado, entro, enciendo la luz, y en tres pasos más me planto frente al retrete; termino de rascarme, y meo… Y al mear, aunque no mi buen humor, sí va cediendo poco a poco lo enhiesto de aquel ánimo inicial… Y así, ahí me quedo, unas veces pensando en ello, y otras, sólo me quedo embobado, rascándome un ratico más…

Luego me giro, y de pronto aparezco frente al espejo… O más bien podría decirse que comparezco, ante esa realidad especular, siempre tornadiza, como de clon zurdo, que de mí rebota en todos los espejos con los que me cruzo… Y al mirarme así casi de cuerpo entero, diríase que por instinto, el tonto de mí se engaña, presumido, al forzar una leve contracción ventral que apenas esconde mi ya barriga… Parecería como que me cuadro; como estirando un poco de mi altura y de mi anchura; como queriendo timar la opinión a ese reflejo mutante…

Para afeitarme, me acerco poco a poco a ese rostro simétrico… Y para evitar que se manchen, me descuelgo del cuello las gafas de cerca…

Menos mal que hace tiempo ya, que la presbicia, piadosa, me evita el castigo de asistir con nitidez, al espectáculo lento y lamentable de ver crecer cada vez más, pelos en mi nariz y en mis orejas… Esa misma degeneración natural del cristalino, también me salva, de contemplar con todo detalle, el inexorable arrugarse de las comisuras de mis párpados, la nevada del encanecimiento en mis sienes, o la huída lenta de mis formas y vigor…

Con vista cansada asisto, impotente, al hecho de ver ahondarse unos surcos en las líneas de mi semblante. Señal de que el tiempo va… sí, pero estragando mis vestigios, a la vez que acercando inexorablemente mi destino… Hace ya bastante que acepté la forzosa habilidad de afeitarme al palpón, ya que no termina uno de ver con claridad sus propios detalles… Y oye, sin problemas. A todo se adapta uno…

Después de afeitado y tras ducharme, vuelvo al escrutinio de ésa mi imagen ahora en cueros; efigie la mía que, tonta, no cede en lo de mantener esa casi imperceptible contracción ventral que no engaña a nadie… Y ahora hay que peinar a esa apariencia, y arreglarla para que salga decente a la calle… Toca ponerme a ordenar casi uno por uno los pelos de mi otrora cabellera, para camuflar pérdidas, para maquillar apariencias… Y me consuela, el que todavía entraría en algunos vaqueros de cuando soltero con treinta y tantos…

Una camisa; y finalmente, cuelgo en mi cuello de nuevo las gafas de cerca…

¡Qué sabio es el tiempo, cómo gasta poco a poco…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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Voy a morir en un mes…

Seguro…

Es, una certeza matemática… Así me lo han dicho. Es siempre ésta una mierda de noticia, y claro, llevo varios días rumiando la idea de desaparecer, de irme; de tener que irme…

Pareciera que la vida siempre ha transcurrido como girando, pero en espiral, atrapada en el inexplicable remolino de una especie de desagüe de tiempo; la vida, formando parte del material caótico de un extraño torbellino… Vorágine a cuyo centro, inexorablemente nos acercamos con el devenir de ese girar… Tal vez, la llegada de la muerte consiste, sólo, en el transcurrir de un último giro…

Puede que por eso, el tiempo en nuestra niñez parezca lento, porque giramos todavía por el amplio exterior del torbellino… Poco a poco, como cayendo, imperceptiblemente el tiempo, se acelera al reducirse el diámetro de la espiral de nuestros giros… Es un hecho que, con el paso de los años, la sensación del tiempo se nos acorta, corre más, mucho más aprisa…

A todos nos espanta el vértigo de la muerte; el solo pensarla… Su sola idea… Su llegada implacable, irremediable, ineludible… Aterra el solo imaginarnos, desvalidos, girando y rodando al girar, zarandeados, atrapados sin remedio en ese oscuro remolino… Torbellino que, al desatarse y girar fuera de nuestro control, consume en su vorágine centrípeta, el alma de todo aquello cuanto fuimos, las experiencias de todo aquello que recordamos, y absolutamente todas aquellas cosas que alguna vez creímos poseer… Rumbo al vacío, o tal vez no, en sólo un momento nos engulle; y somos arrastrados sin remedio, directos al frío eterno de un vórtice negro…

Y nada más, se acabó… Todo.

Así, de sopetón. ¿Da miedo, no…?.

Sólo me asusta el hecho de que, no sé, si tengo que prepararme de alguna manera… Mis hijas, mi amor, mis padres tan viejos; mis amigos; proyectos… Tengo, me he dado cuenta, muchas cosas por hacer, pendientes todavía…. Perdones que no he pedido, por traiciones secretas que no he purgado… Te quieros no dichos, clavados como remordimientos en el alma… Cadáveres enterados en cunetas de caminos secretos y tormentosos… Deudas por pagar… Pecados y confesiones; llantos y risas… Valores y miedos…

Por otro lado, solo tengo un mes para… ¿Para qué…?

Correr, saltar, follar, comer, llorar, reír, gozar, viajar, amar, beber, regresar, fumar, marcharse, acariciar, quedarse, imaginar, conseguir, esperar…

Parece ser que he de darme prisa… Un colapso o un infarto, quizá un ictus o un enfisema; tal vez, una mala mierda de mis tripas en forma de cáncer de colon, va a acabar conmigo, seguro… En un mes…

Lo que no sé, es si será este abril, o en un enero, o en un julio; o quizá a mediados de un septiembre cualquiera… Tampoco sé de qué año; si éste o el próximo tal vez, ¿dentro de cinco quizás….?.

¿Quién sabe cuándo daremos la última vuelta, de nuestro torbellino vital…?

Sólo sé, al igual que tú lector, que me voy a morir dentro de un mes, seguro; lo que no sabemos, es, de qué año…

Una certeza matemática…

¿Y ahora, qué hacemos…?

Menandro. Comediógrafo griego: “Comamos, bebamos, que mañana moriremos…”

Antonio Rodríguez Miravete

nos queremos, y mucho…

Somos cumbre en el mundo a la hora de donar y trasplantar corazones, riñones, o partes de nuestro hígado; y hasta dolorosos trozos literales de nuestra propia médula… Somos solidarios hasta el exceso en algunas ocasiones; nuestros bomberos, policías y guardias civiles, y nuestra UME, son ejemplo sin duda para el mundo… Como colectivo, los españoles somos capaces de dar casi todo lo nuestro; casi todo… Compartimos gustosos nuestras casas, nuestra comida, nuestros paisajes, nuestro sentido del humor…

Nos queremos, los españoles nos queremos… Sabemos acoger, dar asilo y amar al prójimo…

Por eso nos han engañado unos gañanes, pero nos han engañado los nuestros; nuestros propios gañanes…

Tenéis que reconocerlo, aceptarlo. España nunca invadió; nadie de fuera nos roba… Nadie nos odia, y no somos diferentes ni especiales en nada… Tan solo somos vascos, de Cuenca o catalanes, y como el resto de españoles, somos bragados aunque rebañudos por provincianos; también un poco incultos y, para nuestra común desgracia, fácilmente manejables aunque no dóciles… Tal, si os fijáis, como podrían ser andaluces, gallegos, murcianos, riojanos o aragoneses…

Los españoles nos queremos, mucho, y desde hace mucho… Desde hace siglos la tempestad de la Historia, pese a sus embates y resacas, nos ha mantenido siempre juntos y a flote; en una nave, a bordo de la que a veces en fiera tempestad y otras en calma, unidos, hemos navegado a través de océanos de tiempo proceloso hasta el hoy, nuestro presente…

Ese barco común es España, y quizás la nave esté algo averiada por el “mal del tiempo…” Puede, que ajadas por la insidia, crujan sus centenarias cuadernas con lastimoso quejido al soportar, heroicas como siempre, el peso de nuestros pecados como Nación… ¿Pero vamos a dejar que esas venerables cuadernas que nos han sostenido como Pueblo, terminen de pudrirse en el légamo de la patraña, del odio, de la ideología, o de aquella insidiosa Leyenda Negra..? ¿Vamos a consentir sin lucha, tornar nuestro barco heroico en pecio hundido…?

¿Dónde está el amor por el pasado, dónde el respeto…? ¿Dónde, el sano orgullo que hace de la Madre un sagrado y de la Patria un honor, un hogar y un vecindario; siempre un regreso…?

No sé de otro lugar al que ir, o al que volver, salvo a España… con mi Madre…

Recuerdo mis viajes, hace treinta años… cuando España era mía. Y era de verdad mía porque cada parada era un hogar; y cada petición de ayuda era, en verdad, una deuda contraída…

Recuerdo que regresábamos cuando, al reparar en aquel hermoso paisaje orensano, de repente di un volantazo y paré el coche… Salvo para poco más que la gasolina necesaria para volver, no nos quedaba dinero para continuar nuestro viaje; pero sí nos sobraban ganas y dos días, que no estábamos dispuestos a desperdiciar… Era un prado idílico, precioso y verde hasta doler… Inocentes, plantamos la tienda en medio de aquellos pastos. Éramos inmunes a nuestra inmediata indigencia, debido al ánimo henchido ante tan prodigioso paisaje…

Ya comeríamos…

La tarde pasó tranquila leyendo y fumando y charlando, hasta que aquella vaca irrumpió parsimoniosa en medio del prado… Al salir, espantados y casi envueltos en nuestra propia tienda, vimos venir lentamente a nuestro encuentro un anciano, de esos venerables, como de postal típica, con boina calada hasta las cejas, y pidiéndonos disculpas en un gallego adorable que nos tranquilizó al instante…

La vaca pastaba tranquila, y nosotros podíamos quedarnos en medio de aquel prado; el tiempo que nos diera la gana…

Pasábamos aquella hermosa tarde en nuestras cosas hasta que, la quebrada pero cantarina voz del anciano de la vaca, nos llamó para que saliésemos una vez más de la tienda… Traía el hombre un capazo de esparto, cubierto con una coqueta servilleta rojiblanca de tela a cuadros, y venía con la intención de regalarnos una botella de dos litros de coca-cola llena de leche recién ordeñada… También, nos obsequiaba el paisano una de aquellas fiambreras antiguas de aluminio, con casi medio kilo de miel en un bote de cristal y un irresistible queso fresco casero… Finalmente, de una bolsa de tela que también portaba en el capazo, sacó una hermosa hogaza de pan tibio, con un mullido, dorado e irresistible aspecto de ensaimada mallorquina gigante… Viandas aquéllas humildes pero sublimes, que nos abrigaron el estómago esa noche; y al día siguiente, despertaron con su recuerdo el desayuno, solucionaron la comida, y hasta aliviaron la cena de nuestro inevitable viaje de vuelta…

Aquel buen hombre nos conmovió hasta el tuétano, con esa hospitalidad natural de vecino bien nacido…

Podríamos preguntar a cualquier español de bien -y que como tal se reconozca- si detesta, repudia o margina, a los vascos o a los de Ceuta; si quizá odia a catalanes o extremeños; y si no soporta a los portugueses, o tal vez a los canarios…

Sería esto una estupidez contra natura, ya que somos el fruto de una bella mixtura de sangres, historias y razas. Fuimos creadores de un mestizaje sincero de espíritus, religiones y almas… Y desde hace mucho, juntos hemos convivido, con un torbellino de dudas existenciales como Pueblo…

Valores, Historia e idiosincrasia, que hacen de los españoles una sociedad ya escaldada de odios rancios, generosa en solidaridades, y hambrienta de verdadero futuro juntos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

lee Paula…

Como de pura pereza no te gusta leer, empecé a escribir historias lo más cortas posibles; para dejarte sin tu única excusa, y para que así, acaso te picase la curiosidad por conocer experiencias de tu padre. Y me gustaría también que si fuera posible, hasta disfrutaras, te divirtieras, o te emocionaras con mi forma de contarlas. Por eso empecé a escribir este blog de historias en un folio… Tuyo es el primer relato que escribí, y para ti escribo… para que leas.

Fui un poco exigente en vuestra educación inicial, lo sé…

“Si un niño no ha aprendido a dar las gracias y a pedir por favor a los tres años, cuanto más se tarde en enseñarle, peor para todos…”

Hacía calor aquella tarde, mucho. Volvíais exultantes, con vuestro anhelado regalo después de dar una vuelta por la feria… Solo fue cruzar la puerta de entrada del piso y ya corríais, casi frenéticas, a vuestro cuarto a jugar con aquella única y flamante muñeca Barby…

Todo normal hasta que, poco a poco, severos e intolerables, comenzaron aquellos gritos de vuestra seria regañina… La algarada en verdad me extrañó y alarmó, ya que rara vez os peleabais, y menos aun así… Como un resorte, salté de mi sillón corriendo hacia vuestra habitación; de un golpe abrí la puerta…

Ahí estabais, las dos; aullidos, insultos, pelea… In fraganti os pillé estirando muy enrabietadas, la una de la pierna y la otra de la cabeza, de aquella condenada muñeca… Nunca os habíais peleado así entre vosotras; con esa violencia nunca… Decidí que había que daros un buen escarmiento para que nunca volvieseis a reñir así; así no, nunca más…

“Tenéis que compartir hasta el aire que respiráis…”

Ipso facto dejasteis de discutir cuando entré en vuestro cuarto… No sé si recuerdas como, ya los tres en un brusco y completo silencio, me acerqué rápidamente y muy enfadado a vosotras, arrancando súbitamente de vuestras manos, la muñeca objeto de tan macarra disputa. En ese mismo instante, visto y no visto, con un latigazo de mi brazo, la arrojé sin remedio por la ventana abierta de nuestro séptimo piso…

Abiertas aunque silenciosas vuestras bocas por la sorpresa y el desconcierto, ambas me mirabais estupefactas… De soslayo, también mirasteis desconsoladas, la caja vacía y el triste envoltorio recién rasgado de aquella pobre muñeca voladora…

Inmóviles, los tres; pasaron unos segundos espesos, lentos, tensos… Ni nos asomamos si quiera por la ventana para ver dónde habría aterrizado la desdichada pepona…

– ¿Es que, de verdad, no vamos a bajar a cogerla papá…? Me preguntaste, retadora.

– No, no vamos a bajar…

– Es nueva… Replicaste feroz, aunque con retintín…

Tu hermana nos miraba, prudente, casi en shock tras mi drástica reacción; pero no decía ni media…

– Y vale mucho dinero. Insistías tenaz, mirándome fijamente…

– Da igual… Si algo nos hace pelearnos de esa horrible manera, sin duda es mejor tirarlo lejos… ¿No estáis de acuerdo…?

Y sin esperar vuestra respuesta, me di la vuelta flemático y así, sentencié la discusión… De aquella muñeca nunca más se supo, y tardasteis algún día que otro en volver a hablarme, especialmente tú… A cambio, conseguí el no volver a veros pelear así, nunca…

Tú estás casi completamente en otras cosas, lo sé… al igual que la mayoría de los jóvenes de tu edad… Son otros tiempos. Pero has de saber que el hecho de adolecer de tan imprescindible hábito, como que cava un hueco hondo en tu persona, convirtiéndose en una falta esencial; en un debe que siempre tendrás contigo misma… Una merma que, sin duda, frena sino cercena tus capacidades presentes y tus posibilidades futuras; porque la palabra escrita con precisión, tiene una trascendencia que no tendrá nunca la solo hablada… Aunque sé, que tú ahora no lo percibes así…

Creo que todas las personas albergamos un genio en potencia, escondido, huidizo, recóndito… Cada uno de nosotros seguro tenemos habilidades increíbles que desconocemos; o virtudes especiales, que nunca terminamos de creer que las tenemos… Pero esto es así porque necesitamos al otro, al prójimo… Es necesario, siempre, que otra persona ejerza de catalizador, de detonante que haga explotar ésas nuestras habilidades geniales; alguien, que despierte el espíritu que nos hace crecer en todos los sentidos…

Tú has sido una de esas personas en mi vida. Y yo espero serlo de alguna manera para ti. Tu genio indomable, tu sensibilidad y tu inteligencia, cambiaron mi forma de miraros como hijas, y terminaron de hacerme sentir profundamente padre…

Tu hermana inició mi experiencia paternal de una forma deliciosamente fácil; como sabes, es un cielo en la tierra que jamás me dio berrinche alguno. Y su sensibilidad e inteligencia, pero sobre todo su sentido común, hicieron de mi inicial paternidad un período maravilloso y de muy feliz recuerdo…

Peeeero… luego llegaste tú; y tu risa… Todo cambió con tu risa y con ese sagaz temperamento dominante que tienes… Vehemencia la tuya, que no ha empañado nunca tu honda nobleza; sino al contrario ha hecho de tu presencia y tu adorable compañía, un reto constante y una verdadera aventura…

A penas andabas ni hablabas y ya jugabas, con ahínco y astucia, al escondite; disfrutabas como una loca especialmente cuando te tocaba buscarme… Al final siempre ganabas tú claro, buscándome concienzuda en todos los rincones de la casa; y recuerdo cómo terminabas el juego: mezclando tus entusiasmados gritos de “te pillé” con el hermoso estruendo de tu risa desbocada…

Gastabas bromas con apenas un año… Me hacías el avioncito tú a mí con la comida… Lo salpicabas todo alrededor con tu pedorreta cuando, muerta de la risa, hacías el ruido del motor del dichoso avioncito…

Recuerdo cómo te descuajaringabas cuando me pasabas, lenta, pícara y socarrona, aquella cuchara voladora por delante de la cara. Aquella cuchara, que lógicamente nunca aterrizaba en mi boca, porque siempre la derramabas por ahí encanada de risa y, pese a mi fingido enfado, lo pringabas absolutamente todo a nuestro alrededor…

A tu edad yo, ya conocía al pirata Sandokan y su mundo, gracias a Emilio Salgari; Conan Doyle me sorprendió, asombrándome con la enorme sagacidad de Sherlock Holmes; también había alucinado con el fantástico Viaje a La Luna de Julio Verne; y ya, Mica Waltari, casi había acabado de cuajo con mi adolescencia, de la mano de Sinhué el Egipcio… Todos ellos, y mi timidez, contribuyeron a dotarme del hábito maravilloso de la lectura atenta…

Hábito que indefectiblemente despierta nuestra curiosidad y lucidez; y forja criterios con tempo lento, palabras hondas, e ideas nuevas… Leer cultiva la paciencia y la atención; acostumbra y enseña a reconocerse a solas, y a pensar… La lectura así, se convierte en maravilloso camino para penetrar y ser penetrado, por ignotos paisajes humanos a través de palabras ajenas, sueños imposibles e ideas extrañas…

Una excelente costumbre donde invertir pasión y tiempo, mucho tiempo… Un fresco e inacabable manantial de experiencias nuevas y, sobre todo, de verdaderos deleites…

“Portaos siempre como señoritas…”

“Si levantas la mano, y no das; luego, no tienes fuerza pa’ná…”

💕💕💕💕

Antonio Rodríguez Miravete

EL NACIONALISMO Y EL CUCO

Tiene el pájaro cuco un comportamiento vital muy peculiar; nace en un nido ajeno, usurpado a otra especie, con la única condición que ésta sea de menor tamaño que el cuco mismo. Sus haraganes pero arteros padres, seleccionan cuidadosamente el nido a ocupar, para poner de forma furtiva un solo huevo…

Con ello, entre otras cosas, se descargan de la responsabilidad y del peso de la crianza, desentendiéndose completamente y para siempre, del futuro de su progenie… Engañan a los legítimos y esforzados propietarios del nido, haciéndoles creer que de ese extraño huevo, nacerá una de sus crías…

Aquellos, ignorantes y bienintencionados, procuran siempre el cuidado; corren de forma abnegada con las responsabilidades de mantener el nido, y con el denodado esfuerzo de alimentar a todos los que creen sus hijos…

Una vez nacidos los poyuelos, el cuco, instintiva e inexorablemente obedece al impulso terrible y depredador, de ir empujando al resto de sus hermanastros hasta el borde del nido, con la implacable intención asesina de arrojarlos, a todos, al abismo; uno a uno…

Así, Poco a poco, durante semanas a veces, el cuco va ejecutando sibilinamente a los legítimos inquilinos del nido asaltado, para instalarse tirano en él, y parasitar así a sus legítimos dueños… Así, queda solo el vástago del cuco como único receptor del alimento y los cuidados de esos abnegados padres, quienes son incapaces de detectar el espurio engaño del que son objeto…

Finalmente, una vez cuidado y crecido lo suficiente como para valerse por sí mismo, el cuco abandona sin más, cual infame rufián, ese nido profanado y esquilmado…

Deja así a sus padres adoptivos, en medio de la estafa y la completa tragedia de no haber podido cumplir, ni con la instintiva misión de continuar su estirpe, ni con su imperativo vital de perpetuar la especie… Todo ello, pese al esfuerzo titánico y baldío, de haber cumplido con creces con las tremendas obligaciones que la paternidad exige a los padres de cualquier especie…

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Yo, al menos, sí encuentro gran parecido con el comportamiento aprovechado y canalla de cualquier tipo de nacionalismo; y especialmente del catalán…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MEMORIA DE UN FANTASMA

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Era uno de esos típicos días del norte, de color plomo y olor a tierra y sirimiri… Un cartucho de guerra de 16mm parabellum disparado a bocajarro desde atrás de mi coche, como a unos cinco metros de distancia, hizo estallar la luneta trasera, mi cráneo, el cristal delantero, y el trasero del vehículo aparcado justo a continuación del mío.

El estampido del disparo pareció reventar el tiempo, que quedó detenido, con el eco retumbando en los tímpanos y las conciencias…

La inercia de semejante proyectil disparado a tan poca distancia, empujó violentamente mi cuerpo hacia delante; y mi desvencijada cabeza cayó, desgranada, inerte y desangrada, presionando el claxon del volante de forma tozuda, enervante y acusadora; durante casi media hora…

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La constancia delatora del alarido desgañitado de la bocina, no logró remover lo más mínimo ni las fibras sensibles, ni las sordas entrañas de los vecinos -por llamarles de alguna manera- que asistían, inanes, al execrable crimen que acababa de perpetrarse justo delante de ellos…

NADIE salió de los portales cercanos a socorrerme; ni siquiera a cotillear… Tampoco se alzaron con precaución las persianas aledañas debido a la curiosidad espantada o indignada; ningún grito femenino, ni masculino… NADA.

Los bares de la zona continuaron abiertos, como si nada, con los parroquianos dentro -por llamarles de alguna manera-. Éstos, infames, hacían como que atendían de forma impostada y cobarde a sus también ahora fingidas partidas de cartas, o de dominó, o de cualquiera otra miserable cosa que estuviesen haciendo…

Un silencio hiriente y espeso de felonía, que seguro los condenará al infierno, sustituyó a las animadas conversaciones chocantes, agrias y anisadas propias de cualquier bar.

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Las miradas, temerosas, conniventes y rendidas al suelo; las dignidades, aún más abajo, aún más rendidas… NADIE hizo NADA, para intentar socorrerme en vista de que acababan de esparcir mis sesos a las puertas mismas de sus propias casas, de su bar cercano y en su propio barrio; delante de hijos propios y ajenos, de amigos y vecinos…

No parecía notarse en el exterior alarma o interés alguno por lo que me había ocurrido; algún breve asomo furtivo, quizá cómplice, pero nada más… Esos callados miserables sin signo alguno de contrición, buscaban, hipócritas, algo de consuelo y justificación con el comentario cómplice, podrido e ignominioso, de “ALGO HABRÁ HECHO”.

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Era extraño, y vergonzante, pero NADIE hizo NADA por mí durante esa corrosiva media hora. NADIE… NADA.

Finalmente, en vista del implacable aullido plañidero y culpable de aquel claxon, completamente a solas y sin mirones ya fueren cómplices o afligidos, se acercó con parsimonia una pareja de la policía local… Su actitud no era la de la urgente prestación de ayuda, propia de su condición de agentes de la ley, sino más bien la de un evidente fastidio, y una mal disimulada y contenida repugnancia; renuente al auxilio incluso…

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Solo me movieron lo justo, para dejar de presionar ese insoportable botón de la culpa colectiva en el que se había convertido el claxon de mi coche.

Mi cuerpo quedó torcidamente echado hacia atrás, mostrando una mueca quebrada de la mitad de mi rostro destrozado, empapado por la sangre y los humores de la otra mitad reventada por el disparo.

Al cabo de un rato, los transeúntes -por llamarles de alguna manera- reiniciaron su deambular fingidamente tranquilo; como si pasar ante los restos esparcidos de un vecino asesinado, chorreando sesos y sangre, fuese igual que pasear junto a un cubo de basura volcado: desagradable sí, pero sin mayor importancia…

Dos horas más dejaron mi cuerpo allí tirado, como expuesto en el coche, hasta que un juez se acercó solapadamente, como a hurtadillas, a levantar mi cadáver.

“ALGO HABRÁ HECHO” decían.

Se llevan mi cuerpo, pero yo no me puedo ir…

Antonio Rodriguez Miravete. Juntaletras