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INMIGRACIÓN ILEGAL

Bungalows Vistaflor. Gran Canaria.

Lo mejorcito de cada casa…

Españoles

Que estemos alojando intrusos ilegales (me niego a llamarles inmigrantes) ni más ni menos que en hoteles, con las excusas primero de que los centros de acogida están saturados, y segundo porque así, además, los trabajadores de esos establecimientos no pierden su trabajo, es de imbéciles, de estúpidos suicidas… Cosas así, no se le ocurren ni a aquél que asó la manteca, ni al que vendió el coche para comprar gasolina, y ni siquiera, a ése otro que dicen que era más tonto que Abundio…

Lo primero que hacen esos intrusos ilegales en el hotelito, una vez que se han duchado, puesto la ropa limpia que les dan y de comida hasta las trancas en el bufet libre, lo primero que hacen repito, es tumbarse a la bartola a media mañana ya tranquilos en una de las tumbonas de las terrazas, y llamar sin falta a sus familiares para convencerles de que se vengan echando ostias pa’cá… Que ésto es Jauja.

Y quién paga semejante despropósito y a quién beneficia, convendréis conmigo que está muy claro. ¿No…?

La ignorancia

La cobardía

La traición

La maldad

Repetid conmigo: ¡Somos giiilipollas, Somos giiilipollas, Somos giiilipollas…!

– Otra vez: ¡Somos giiilipollas, Somos giiilipollas, Somos giiilipollas…!

– Y una más: Vaaamos…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

COMITÉ CONTRA LA DESINFORMACIÓN

¿¿CÓOOMO…😳??

Pues no que, después de que un troll energúmeno se cansara de llamarme fascista de mierda entre otras muchas lindezas, y justo en el momento que yo me defendí calificándole de mierda roja y asegurándole, eso sí con corrección, que de tan maleducado le saltaría los dientes si lo tuviera enfrente, va el feisbuc e ipso facto me bloquea la cuenta… Hasta ahí podría entenderlo, por voceras que soy. ¿Pero qué curioso…? sólo me la bloquean a mí.

Unos, usan constantemente y sin recato la mentira, el odio larvado, la desmemoria histórico-democrática, y el burdo insulto… Y resulta que otros, no pueden siquiera defenderse usando exabruptos parejos a los que reciben, porque son bloqueados siempre y al instante como si fueran niños castigados a la silla de pensar.

Ya estoy hasta el capullo de esta red social convertida en asocial, que como araña te atrapa en su tela pegajosa, y una vez inmovilizado al embobarte con tanta basura ideológica y publicitaria, finalmente se alimenta sorbiéndote los fluidos vivos que aún queden en tu intelecto, o en tu criterio…

Tres días de bloqueo dicen; y una mierda. Que le den definitivamente por el culo al feisbuc éste: he eliminado por completo mis publicaciones y mi cuenta, y la de istagrán también. Harto estoy de este corralito, me voy.

– “¡Si me queréis, irse…!” dijo Lola Flores aquella vez agobiada entre la muchedumbre… Para encontrarnos, algunas veces hay que irse.

¿Hay vida fuera del feisbuc y del rollo éste de las redes sociales…? Mi padre no supo lo que eran, y el rojo de mi tío Miguel, o ahora mi amigo Eugenio, tampoco… José Luis Garci no las tiene, ni Jiménez Losantos. Ni Escohotado o De Prada. Muchos tienen a un negro a cargo de sus redes; y yo, ya estoy negro pero de gangrenarme el ánimo, sufriendo esa vorágine de desinformación sesgada y prostituta, administrada por no sé qué infame empresa, ente, o siniestros personajes…

Me arrogo el mérito de ser una de las muchísimas personas, censuradas a los pocos minutos -diez o quince- de conocerse la oficialidad de la entrada en vigor de esta mierda de comité contra la desinformación, que esta mierda de desgobierno rojo se ha sacado no de la chistera sino de la faltriquera, cual navaja trapera… Así reventara, el que haya decidido dar luz verde a un puto comité de censura pura y dura…

Lo he borrado todo. Estoy muerto para feisbuc, o eso me creo… ¡Qué alivio…! Y sé, que el no participar hoy en día del rollito éste de las redes sociales, es una forma voluntaria de aceptar la condena a un tipo de ostracismo. Sí, pero bendita condena y bendito ostracismo que me liberan de este mundo mentira y virtual tipo Matrix, en el que o caminas en el mismo sentido que camina la multitud, o eres una anomalía, un dejavú, un peligro, y por todo ello un objetivo a eliminar…

Y como para el feisbuc éste, parece ser que fuésemos unas meras mierdas secas que flotaran en su sentina de aguas fecales, flotamos sí, pero nadie distingue nada entre tanto detritus al no vernos unos a otros, casi ahogándonos en basura mediática…

¿Entonces, qué coño hacemos aquí dentro, si es un sitio donde ni se nos estima ni se nos respeta…?

aaanda y que le den…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

….

¡ MANIFESTACIONES PERO YA…!

Érase una vez, en un país que si nos descuidamos dentro de poco estará muy muy lejano y de cuyo nombre no hay día que no me acuerde, no ha mucho tiempo que vivía gente tranquila, alegre, laboriosa y confiada. Un pueblo que podía hacer planes a largo plazo porque las instituciones funcionaban, se respetaba la ley, y a los políticos todavía les quedaba algo de vergüenza… Pero llegaron unos bárbaros sin memoria ni cultura suficiente, mérito ninguno y sin escrúpulos… Un puñado de mañacos adanistas, chulos, faltos tanto de moral como de una mínima educación y hasta de aseo… Y trajeron espíritus macarras, lenguajes soeces, modales sin desbastar…

eeen fin…

¡Vamos a la calle todos, pero ya…! Pero vamos a dejarnos de pegar fuego a contenedores por ahí ni ostias. Ni que fuésemos borrokasSi hay que salir a la calle a manifestarnos que sea por algo digno y de forma digna, coño. No somos hienas peleando carroña ¿o sí…?

Paz señores, paz siempre. La única guerra justa sería una guerra a la defensiva pero ya no las hay defensivas; ya no quedan. En todo caso serían un oxímoron porque toda guerra ha pretendido siempre una derrota. Entonces, vamos todos a las calles sí, pero no a la guerra. A la paz.

Vayamos a las calles, sí pero como se hacía antes, como al principio, con redaños: esgrimiendo una barra de pan en una mano y en la otra a nuestros hijos y a nuestros viejos enseres; para que se nos vea tal y como somos de verdad… Vayamos sí, pero para ver cuántos y cuántos somos, y para comprobar lo mucho que todavía nos queremos… Salgamos todos, pero para saber cómo estamos de humor haciéndonos reír unos a otros; o para saber qué o cuál coño necesitamos de verdad… Tomemos las calles pero yendo a por algo digno; vayamos a esa manifestación con un pan en una mano y una flor en la otra; vayamos, a por algo que sea para todos, a por algo en beneficio de todos...

¡Y ojo…! Hay que reventar esta basura de redes sociales ya, de verdad… Pero no solo porque no nos informan realmente de lo mal o bien que van las cosas, sino porque encima, no nos sirven tampoco para insuflar de forma colectiva y manifestar las ganas que en verdad todos tenemos de vivir intensamente, de innovar, y de buscarnos y ganarnos justo ésta vida nuestra, aunque haya a quién pueda parecerle una vida de mierda…

Yo recuerdo, en los inicios, cuando era solo y puramente viral, todo este rollo de caralibro y demás plataformas virtuales junta-gentes… Y lo era porque de verdad funcionaba eso de los like: cuantos más tenías más gente te veía, compartía, se corría la voz, y tal… Y claro, poco a poco creabas tu red social. Así de sencillo. Pues con una idea tan bonita y que funcionaba tan bien, en vez de buscar, o al menos no interferir en la difusión espontánea del talento y de la verdad de las cosas, estas redes siniestras se decidieron por lo que se llama monetizar la idea: o sea, importa una mierda la calidad de tus habilidades, solo quieren dinero…

Ahora, esto es basura publicitaria; da igual lo bien o mal que escribas, pintes, cantes, fotografíes o esculpas… Ahora algo, decide por su cuenta que sólo si gastas dinero tendrás audiencia. ¡Ah amigo, así cualquiera…! Pues que les den ¿Porque para qué queremos entonces estas redes dizque sociales, si en absoluto nos mejoran siquiera socialmente…?

¡Vamos a la calle todos, pero ya…!

Os quiero.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

TIRICIA

El hecho de cruzarnos con gente casi sin rostro, enmascarados de mirada gacha, esquiva o ensimismada, nos está acostumbrando a algo así como lo que se debe sentir al cruzarse, y tener que interactuar, con uno de esos inquietantes robots cinematográficos cuasi humanos… Es como el miedo, diríase que una especie de leve repulsa o de extraña tiricia, que actúan como freno irremediable ante la posibilidad siquiera del mero contacto físico con un prójimo ajeno…

Repasaba el expositor de los quesos en el supermercado, cuando al girar la vista a mi izquierda tropecé con la hermosísima mirada de los ojos de Manuela; pese a las mascarillas, noté que ella también había reconocido los míos de inmediato. En su mirada gris verdosa leí alegría sincera, sorpresa, alborozo y hasta cierto rubor… ¡Cuánto tiempo y qué bien te veo…! me dijo, sabiéndola yo algo socarrona tras su mascarilla… Y cogiéndole la broma y sonriéndole yo tras la mía, me separé solo un poco de ella para, con intención de piropearla, dedicarle una miradita lenta y de alto en bajo… ¡Pues anda que tú…! le respondí enmascarado…

Sólo la mirada para comunicar la intención. Esas miradas solitarias; besos sin dar, abrazos castrados, amagos de gestos cariñosos que se quedan solo en éso: en gestos o en amagos… Se te va sin querer, un guiño cálido, una mueca apenas de la intención al menos, de querer abrazar, de dar la mano o de chocar las palmas. Pero lo reprimes, porque no sabes si la otra persona quiere o no ser tocada…

Estamos perdiendo la cualidad de lo espontáneo, al aceptar sin rechistar, esta forma forzosa de autismo gestual y emocional al que estamos siendo sometidos, con el uso obligatorio de las putas mascarillas y el mantenimiento del jodido distanciamiento social.

El uso masivo de mascarillas está causando unos estragos en la sociedad tan trágicos, que pareciera, que las propias mascarillas son más peligrosas que el sentimiento mismo de tragedia, que nos provoca el número de muertos que está causando el mismísimo coronavirus…

Mierda de bicho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Facebook

Eres muuu tonto, mucho… Te lo dijeron muchas veces; y tú: que nunca, que no… Y mira: ¿lo ves…? Que sí. Eres tonto.

Lo malo del caralibro éste de mierda, no es que te inunde con publicidades sino que a la vez, tiene la desfachatez de decirte lo que no tienes que comprar… ¿No te has dado cuenta? Son dos cosas distintas: puedo a regañadientes adaptarme a la primera, pero la segunda me toca profundamente los huevos… ¿Quién es caralibro para decidir qué publicaciones puedo ver y cuáles no, de mi prima Paula por ejemplo…?

Me encantaría poder seguir libremente a la buena de mi prima Paula, sin que me pusieran como un filtro en la cara que decidiera qué cosas sí y cuáles no, son las que más me convienen saber de las que mi parienta cuenta… También, tengo un amigo en Perú -Iván Figueroa- que sé que es un fiera, y del que caralibro también ha decidido que yo no sepa nada… Y mira que lo sigo con el dedito ok y él sabe, que tengo muchas ganas de saber de él y que lo quiero mucho, pero nada, no hay manera: caralibro no nos deja… Inexplicablemente, caralibro no quiere que él sepa -aunque yo sé que en el fondo él sí lo sabe- que a mí me gustaría mucho saber de él…

¡Qué extraño, y qué siniestro…! ¡Vaya mierda de red social…!

¿Y la política…? ¿Por qué nos encierra caralibro a cada uno en un corralito ideológico…? ¿Por qué, solo vemos una y otra vez las publicaciones de los mismos cansinos repitiendo lo mismo…? Y sabéis que todos sois mis cansinos favoritos. Mis queridos cansinos…

Caralibro pareciera ser que sí, que sí te informa de cuánta mierda hay en tu mundo, pero lo que no te deja es pasar la fregona de la verdad; ni siquiera la de tu verdad porque gritas y no se te oye; ni siquiera los tuyos te oyen. Caralibro te asfixia si le conviene, y te deja sumergido y solo, ahogándote en sus algoritmos siniestros… Y te pierdes, en el éter del silencio en tu línea de tiempo sin que nadie oiga el grito en tu muro… Y como si detrás de un muro, y aunque te estuvieras muriendo a gritos, esos algoritmos lerdos son capaces de bloquearte digamos que por facha o por suicida… Y claro, te morirías como un sordomudo, solo, y como que detrás de un muro…

Inteligencia artificial lo llaman. ¡Vaya mieeerda de red social…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LAS VACUNAS

Todos alojamos en nuestro organismo aunque desactivados por la inmunidad de las vacunas, al virus del sarampión, el de la varicela, la rabia, el tétanos, el tifus, la gripe o hasta el de la viruela… Ésto funciona así. Lo que no tenemos desactivado es la tendencia humana a la estupidez gregaria, al obcecamiento borrego, y a los sinsentidos ideológicos… Debería haber vacuna también para eso.

Nos hacen creer que enmascarados y encerrados en casa vamos a acabar con ésto. ¡Qué hijoputas…! En vez de en politiqueo, deberíais gastar el dinero en hospitales y en médicos, en trajes de astronauta o en cohetes a la luna; pero no nos culpéis de lo inevitable: vamos a morir todos…

Que nos vamos a infectar todos es una verdad matemática, impepinable; dos y dos son cuatro…. Es algo seguro. Ésto es tan contagioso que hasta te cascan trescientos euros de multa si te dejas la nariz fuera de la mascarilla; vamos, no me jodas… Por ello, el verdadero problema no está en que inevitablemente tarde o temprano me voy a contagiar sí o sí, sino en cómo me puedo curar… ¿No…? Otra verdad matemática y de sentido común dice, que no se debe luchar contra lo inevitable: los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía… Por eso, a invertir en hospitales.

En la edad media, la ignorancia o el sentido común culpaba a los mismos hombres, a su suciedad, a sus pecados y su comportamiento, de los estragos de las epidemias. Castigos divinos: peste, gripe, poliomielitis, cólera, tifus, viruela… Éramos nosotros los pecadores, los sucios; era Dios el que castigaba… El ser humano aún se sabía en cierto modo responsable de su destino y consciente de su futilidad. Ahora no: ahora nos creemos dioses de no sé qué mundo pero sin responsabilidades. Ahora no: ahora la culpa es de los chinos, de Trump, de Bill Gates, o del murciélago de Pedro Sánchez… Queremos una solución, queremos la vacuna, ahora; somos gilipollas…

La clave para ganar cualquier guerra está en poner la atención en tus propias zonas críticas. Pero aquí no… Aquí la atención, tramposa, la estamos poniendo en ensuciar a La Monarquía, en Franco, y en el odio viejo de la memoria de unos muertos hace ochenta años, que olvida a los viejos actuales y a otros no tan viejos, muertos sin embargo hace tan poco…

Y mientras, nos están jodiendo.

No lo dudéis: a invertir en hospitales…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

censurado-bloqueado-tocadoloshuevos

Llevo muy a gala el que estos enanos, anónimos, que controlan el rollo éste del Facebook, me hayan censurado-bloqueado-tocadoloshuevos, muchas veces ya… Debe de ser porque parece que tengo el honor, de que o bien a Ana Pastor o a vaya Usted a saber quién, o le gustan mucho mis huevos o me tiene algo de ojeriza…

Escribo mal según dicen, porque cuando utilizo palabras simples como mierda o coño, subnormal, rojo, negro o maricón, parece ser que saltan las alarmas del mecanismo imbécil éste de la red social: no sé qué coño del odio, dicen… Mierda de tela de araña; que no es red social sino mecanismo que hace de la mera palabra, trampa ideológica, siniestra, y comercial… Aaanda y que le den por culo al Facebook… ¡Qué cambien de algoritmos…!

Mi único consuelo es que de vez en cuando, me leéis… Os quiero.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA REBELIÓN

Historias de Paco Sanz

¿Hasta qué punto puedes aguantar según qué? Es un misterio. Recuerdo una propia de nazis: dejaban a un sujeto en una habitación con un niño que lloraba constantemente, con un llanto especialmente angustiante, y que no dejaba de hacerlo hasta que le daban de comer. Era una habitación pequeña, mal iluminada. El niño estaba en una cuna. Era vigilado por una cámara.

Cuando el pobre tipo se había cansado de sostener al llorón, cuando se había cansado de acariciarle, de intentar calmarle, de pasar de él a base de acurrucarse al otro lado de la habitación tapándose los oídos… llegaba un momento que iba a por el niño con malas intenciones, entonces se abría la puerta y se acababa el experimento… Se intentaba relacionar la formación, el sexo, la raza, la edad de los sujetos, con el momento de no poder aguantar más. El intento de maltrato era en todos los casos una cuestión de tiempo. No sé si creérmelo.

Nos han obligado a quedarnos en casa, a no salir de la ciudad, del territorio. A guardar la distancia de seguridad, a llevar la mascarilla, a usar guantes, a untarnos de gel, nos han recomendado no tocarnos tanto la cara, ahora incluso no nos dejan fumar en la calle. Lo han hecho tan mal en tantas cosas que dan ganas de llorar. ¿Hasta qué punto aguantaremos? Es un misterio. Estos bichos de dentro y de fuera nos están convirtiendo en bichos a nosotros mismos. El heroísmo de quedarse aguantándolo todo, es el heroísmo de la cucaracha.

Vuelvo a Cumbres Abismales, aquella novela de Zinoviev de cuando en la Unión Soviética estaban a punto de no poder aguantar más, y viene alguien de fuera a ayudar: “¿Qué siente usted ahora? Preguntó el Visitante. Confusión, dijo el Charlatán. ¿Qué desea? Preguntó el Visitante. Tranquilidad, dijo el Charlatán. Tenga fé, dijo el Visitante. La fé no da seguridad, dijo el Charlatán. Resígnese, dijo el Charlatán. Nos imponen un estado de angustia e ira. Luche, dijo el Visitante. No puedo, dijo el Charlatán. Hay que luchar pero no por eso. Y bien, dijo el Visitante, aguante. Falta poco.”

Nos están obligando a desobedecer ya. Antes de embarcarse en un acto de desobediencia civil deberíamos: Informarnos de los hechos, la injusticia de los hechos que nos llevan a esta acción, contrastarlos adecuadamente, considerar cómo pueden cambiar por lo que vamos a hacer. Negociar a muerte apurando todas les medidas legales a nuestro alcance. Examinarnos para precisar si somos lo bastante fuertes para aguantar lo que se nos viene encima, por ejemplo una enfermedad. Y finalmente: Hacerlo, y mantenernos firmes en ello, sin dar marcha atrás.

Entiendo a esos que hartos ya van a por el bebé… En los términos de hoy, que hacen por contagiarse. Una vez en la vida el hombre tiene que hacer experiencia de su pobreza, de su soledad y desarraigo frente al mundo. A lo largo de una noche tiene que aguantar a pie firme, mirando a los ojos de la muerte.

Historias de Paco Sanz

¿QUE QUIÉN SOY YO…

“¿Que quién soy yo pa’escribir por ahí…?” Nótense las negritas.

Amplía para admirar…

Hay quienes se quejan, hasta de que los minutos duren sesenta segundos… Todo lo malo les pasa. Todo conjura en su contra: el pasado, el presente, y por supuesto el futuro. ¡Qué mala es la ignorancia…! Se quejan, de que haya que cumplir con la ley y de que haya que estudiar para aprobar o que trabajar para vivir; ignoran, que es necesario amar al prójimo y honrar a tu padre y a tu madre; y en defensa de su ideología son capaces de negar, cosas como que dos y dos sean cuatro y otras muchas verdades por el estilo… Son pensadores de lo inútil y especialistas del gafe; demócratas rojos; artistas de lo vacuo, escritores de la filfa; filósofos de lo desastroso y periodistas de lo falso… Meros esclavos del “y tú, más…” Tergiversadores en cadena…

La Historia del hombre es la que es, y juzgar el pasado con criterios de presente es de imbéciles…

Amplía con tus dedos… ¡Racista…!

Porque no le gusta lo que escribo, va, y me pregunta un gañán rojo de éstos que ahora nos toca sufrir en las redes “que ¿quién soy yo pa’escribir por ahí…?” Nótense las negritas.

Líbreme Dios de compararme, pero imaginemos a un Miguel, cualquiera. O a un pringao de Almoradí; de al’lao; de cerca… A catorce o quince kilómetros justos de su casa vivo: sí, de la de Miguel. De la de Miguel Hernández el de Orihuela, el las ‘Nanas de la cebolla…’ Con poco, siempre hicimos mucho en mi tierra… Se piensa desde hace mucho y muy bien a la sombra de Alicante.

¿Habéis visto el contraste, de lo humilde de su casa en el centro de Orihuela, justo al’lao, casi paré con paré con con el imponente palacio centenario del Colegio de Santo Domingo…? Un cabrero, un disidente, un matao, fusilao por valentones… ¿Que porqué escribo yo qué sé? Yo no lo sé pero pasa: empiezo, sucede, y acaba, como si saliera de los cojones…

Perdonadme el pareado pero ha salido… Yo aquí lo pienso, lo dejo y lo doy: la gente luego, que haga lo que quiera…

¿Que quién soy yo pa’escribir…? Va, y me pregunta el gañán…

Según él, en su día, hace quince mil años, habría que haberle preguntado con impertinencia al pintor de Altamira que qué coño hacía, ensuciando de humo y pintarrajeando a su antojo la cueva…

eeen fin…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DISCUTIR EN LA RED

Hace unos cuantos años me denunciaron arteramente y por el vil metal, esgrimiendo ella ante el juez lo muy amenazada que se sintió, debido a un inocuo comentario que le hice por escrito en una de nuestras tan frecuentes como inútiles discusiones (creía yo privadas) por WhatsApp… Cosas de la ideología de género…

Por ello, ya debería yo de haber aprendido que estos modernos medios de comunicación tecnológica, son nefastos para disentir… Medios éstos de comunicación paradójica, ya que cuando se desata de verdad una discrepancia, es casi imposible comunicar argumentando… Y voy a intentar explicarme.

Los que alguna vez hayáis discutido de verdad y agriamente con alguien por las redes, y si os fijáis un poco me lo reconoceréis, que en medio de la indignación y el acaloramiento de esas discusiones epistolares, todos, sentimos una especie de urgencia, de prisa rabiosa por teclear y explicarle al otro lo irrefutable de nuestros argumentos…

Pero fijaros también, en el hecho de que al no percibir presencia física alguna, no tenemos ningún mensaje del lenguaje corporal de ése otro con el que discutimos… Y por ello no percibimos, esos otros matices tan necesarios para mantener una comunicación intensa, como sin duda lo es una discusión… Y así, a ciegas, al no ver ni el rostro ni la expresión en los ojos del prójimo, solo sentimos una estéril aunque imperiosa necesidad de justificarnos constantemente; de defendernos…

Y precisamente ese tipo de detalles hacen, que no estemos atentos a lo que el otro nos argumenta… Pareciera, que solo estamos como esperando a que él termine de teclear, para darle su merecido escarmiento dialéctico, tecleando ahora nosotros nuestras propias razones…

Es un hecho comprobado, que es casi imposible discutir con hondura y ordenadamente por estas redes sociales de los cojones… Siempre, casi siempre, terminan interrumpiéndose emisor y receptor, pisándose las réplicas, y sin poder llegar razonablemente a ningún sitio común, acuerdo, o conclusión…

El otro día he de confesar que cometí la torpeza de discutir, nada menos que de política y por WhatsApp, con un muy viejo y buen amigo. Un antiguo camarada, con el que por otra parte no me une casi nada aparte de un profundo y verdadero cariño, ya que fuimos y somos hermanos boinas verdes; viejas glorias… Nos queremos mucho porque sí, y porque además nos da la gana… El caso es que él es muy de izquierdas, y yo no soy muy de casi nada.

Al comunismo sí que no le he votado ni le votaré nunca; pero se ve que fui de centro cuando voté a la UCD… Creo, que de izquierdas también fui, porque voté tres veces al PSOE… También de derechas se ve que podría ser tras votar otras dos al PP, creo… Y ahora, porque he votado a VOX según dicen, debo de haberme convertido en un fascista. En fin…

Yo, si hay que cambiar, se cambia…

El problema de muchos de nosotros es, la casi total incapacidad para cambiar nuestra opinión acerca de ciertas ideas adquiridas, bien por la costumbre o bien por inducción… Lo que se llaman comúnmente prejuicios.

La costumbre, nos hace añorar aquella cocina de nuestra madre pero no porque fuera la mejor, sino simplemente porque crecimos con ella. Y así, también nos acostumbramos a la lengua materna… Y nos convierte la costumbre, por ejemplo en zurdos, en lectores, o en dibujantes… Las costumbres de nuestros hábitos hacen, y luego dicen de nosotros, si somos buenas o malas personas, educados o maleducados, atentos o casquivanos…

Las ideas inducidas en cambio nos influyen, en detalles diríase más primitivos como por ejemplo el de ser de nuestro equipo de fútbol; a muerte con nuestra tribu aunque juegue como el culo; a muerte somos del Betis ‘manque’ pierda… Debido a ese mismo tipo de tribales resortes psicológicos, somos inducidos también y por multitud de razones, a identificarnos o a simpatizar, a alinearnos, o hasta finalmente afiliarnos a tal o cual partido político; y nos suscribimos de por vida a una ideología ya sea diestra o zurda… Las ideas inducidas, también nos convierten por ejemplo en adictos al tabaco o a las drogas; o nos inducen a dar por hecho, cosas tan extrañas y erróneas, como que nuestra pareja no solo ha de acompañarnos sino que también nos pertenece…

Creo, que todos deberíamos relajar el músculo de la intransigencia, y acostumbrarnos a llamar al pan pan y al vino vino; y disponernos, a cambiar aunque sea algunas de nuestras muchas convicciones erróneas…

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA NUEVA SUBNORMALIDAD

¡¡Qué cosas…!!

Lo de la nueva normalidad es en sí mismo un oxímoron, una nadería; otro de vuestros eslóganes tramposos, para que como silbido de pastor, haga entrar a vuestro rebaño por la vereda zurda…

Meteros esa nueva normalidad que por doquier pregonáis por donde os quepa, y poneros a trabajar de una vez para devolvernos la normalidad de siempre… Aquella normalidad de besar a nuestras madres, en vez de acostumbrarnos a este infame presente de distancia y mascarilla… La normalidad, de apoyarnos con naturalidad tanto en la barra de nuestro bar como en el hombro de nuestro amigo… La normalidad, de arrancar nuestro coche para ir donde nos salga de… La normalidad, de volver a confiar en mi médico y él en mí, sin que nos miremos recelosos de reojo, porque ni a él ni a mí nos hayan hecho la dichosa prueba del bicho ése…

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Dejaros de nuevos pactos de la Moncloa, de inventar el hilo negro, de desescaladas locas hacia nuevas normalidades, o de creeros que sois los primeros en asar la manteca… Poneros a trabajar ¡Magantos…! Empezad ya a hacer vuestro trabajo, en vez de hacer vuestro agosto con nuestra ruina..

¡Que llevamos más muertos por millón de habitantes que ningún otro país del mundo…! ¡Miles y miles de españoles muertos o infectados por el virus y vuestra desidia…!

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Nueva normalidad dicen…

Majaderos.

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Drogas

Aparcamos aquel viejo Citroën Dyane 6, tan justo al borde de los acantilados de aquella cala, que, sin asomarnos casi, podíamos ver el mar batiendo implacable las rocas de abajo… Tarde de invierno; el mar se estrellaba violento, furioso contra esos muros pétreos que abrazaban aquel trozo solitario de costa… El cielo gris mugriento, el paraje yermo y aquel viento infernal, húmedo y sucio, como que me enturbiaron la escena ya entonces, y parecería que hasta difuminan mis recuerdos todavía hoy… Apenas el coche se detuvo, ‘El Tamo’ ya tenía el chute casi preparado; lo acabábamos de pillar en el puerto; muy buen material nos dijeron.

Él, fue el primero… Silencio.

Solo había una ‘máquina’…

‘El Rigo’, ansioso, no dudó en arrebatar aquel asco de jeringuilla, todavía tibia de sangre ajena, de esas manos lentas, ya vacilantes y rendidas por el ciego; unas manos parecieran de sarmientos, que recuerdo huesudas, batracias, macilentas… El insensato, volvió a succionar tras mezclar una nueva dosis, en la misma cuchara quemada y sucia; a través de la misma aguja infamada…

Manejaba aquella jeringuilla resobada -que a mí su sola visión mareaba- con una soltura y una precisión de sanitario… Con una destreza que sólo otorga la costumbre, sus dedos daban leves golpecitos a aquel instrumento infernal para asegurarse, minuciosos, de sacar de él cualquier gotita de aire… Gotita que, por ínfima que fuese, transformaría en muerte segura e inmediata, lo que aquella tarde pretendía ser, sólo, un paso más en el camino a una muerte, también segura, pero más lenta…

Tras estirar con sus dientes y un leve giro de cuello, la goma que regulaba la presión de las acribilladas venas de su brazo izquierdo, penetró sin miramientos y con pericia, una de ellas… Transcurrieron un par de minutos creo, lentos… El émbolo emponzoñado, cadencioso, presionaba y succionaba, viciando sin remisión con su bombeo, un torrente de sangre adolescente, inocente, ignorante… La leve caída, como boba, de su mentón; el giro lánguido y vahído hacia la derecha de su cabeza… ‘El Rigo’ sudando, escalofríos; un gigantón a punto del vómito… Gracias a que ‘El Copas’ tomó la iniciativa; porque para evitar que debido al ciego, en un mal movimiento, se le desgarrara aquella vena infamada, arrancó la jeringuilla que como olvidada, colgaba tozuda, bamboleando sanguinolenta ensartada en aquel brazo…

La visión de conductor y copiloto en pleno viaje alcaloide, me hizo pensar estúpidamente en el viaje de vuelta… Era evidente mi pánico; quería irme, desaparecer, escapar de la atmósfera espesa y opresiva del interior de aquel coche. Temblaba de nervios, de asco, y de agudos remordimientos… A mi memoria vinieron mi padre, mi madre, mi novia; recordé mi afición al dibujo, a la música, a la lectura… Ya no me apetecía probarlo; para nada…

Y empezó a oler mal, muy mal…

A diferencia de conductor y copiloto, ‘El Copas’ se preparó un tubo con un billete nuevo; y con él en la boca, empezó a correr detrás del humo azulado de una bolita negra, que se consumía, al quemarse rodando sobre un tembloroso papel de aluminio, calentado sobre la llama de un mechero también tembloroso… Con la última calada de aquellas volutas envenenadas, azuladas y densas, le irrumpió la arcada…

Una asquerosa basta anegó por completo su regazo y mis alrededores, sin darle tiempo si quiera a abrir la puerta trasera para aliviarse… El interior del coche se infectó de ese hedor ácido y nauseabundo; miasmas que se mezclaban, con el rancio de nuestro sudor, además de con otras escatológicas pestilencias… Parece que en exceso, el ciego, relajó los esfínteres y estimuló las glándulas, de mis desconsiderados acompañantes…

Ante el estropicio en su coche, ‘El Rigo’ espabiló de su ciego lo justo, para cagarse varias veces en la puta…

Ahora me tocaba a mí… Lentamente giró su cabeza. Sus tristísimos ojazos azules, desde una oscura lejanía y como a través de una bruma narcótica y vacía, lograron fijarse en los míos… Y vieron, seguro que lo vieron, en mi rostro el rictus del asco y el color del miedo… Y de verdad os aseguro que a día de hoy, no sabría decir, si fueron palabras dichas por él, o las inmensas penas reflejadas en su mirada negra de gigantes pupilas perdidas y resignadas, las que gritando me advirtieron aquello de:

“Si tocas esta mierda, te hincho a hostias…”

Gracias ‘Rigo’…

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