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TIRICIA

El hecho de cruzarnos con gente casi sin rostro, enmascarados de mirada gacha, esquiva o ensimismada, nos está acostumbrando a algo así como lo que se debe sentir al cruzarse, y tener que interactuar, con uno de esos inquietantes robots cinematográficos cuasi humanos… Es como el miedo, diríase que una especie de leve repulsa o de extraña tiricia, que actúan como freno irremediable ante la posibilidad siquiera del mero contacto físico con un prójimo ajeno…

Repasaba el expositor de los quesos en el supermercado, cuando al girar la vista a mi izquierda tropecé con la hermosísima mirada de los ojos de Manuela; pese a las mascarillas, noté que ella también había reconocido los míos de inmediato. En su mirada gris verdosa leí alegría sincera, sorpresa, alborozo y hasta cierto rubor… ¡Cuánto tiempo y qué bien te veo…! me dijo, sabiéndola yo algo socarrona tras su mascarilla… Y cogiéndole la broma y sonriéndole yo tras la mía, me separé solo un poco de ella para, con intención de piropearla, dedicarle una miradita lenta y de alto en bajo… ¡Pues anda que tú…! le respondí enmascarado…

Sólo la mirada para comunicar la intención. Esas miradas solitarias; besos sin dar, abrazos castrados, amagos de gestos cariñosos que se quedan solo en éso: en gestos o en amagos… Se te va sin querer, un guiño cálido, una mueca apenas de la intención al menos, de querer abrazar, de dar la mano o de chocar las palmas. Pero lo reprimes, porque no sabes si la otra persona quiere o no ser tocada…

Estamos perdiendo la cualidad de lo espontáneo, al aceptar sin rechistar, esta forma forzosa de autismo gestual y emocional al que estamos siendo sometidos, con el uso obligatorio de las putas mascarillas y el mantenimiento del jodido distanciamiento social.

El uso masivo de mascarillas está causando unos estragos en la sociedad tan trágicos, que pareciera, que las propias mascarillas son más peligrosas que el sentimiento mismo de tragedia, que nos provoca el número de muertos que está causando el mismísimo coronavirus…

Mierda de bicho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL SENTIDO DEL HUMOR

Historias de Paco Sanz

La pandemia arrecia. La tristeza por lo que nos espera también. La tontería se combate con sentido del humor, para la desgracia no sirve. Qué pena. Para alegrarnos la vida en lugar de centrarnos en lo desgraciados que somos por lo de la peste, o para poder perdonarnos lo tontos que hemos sido gestionándola, podríamos intentar reirnos. Lo malo de la tontería es que a veces se ejerce, lo malo del sentido del humor es que muchas veces nos olvidamos de ejercerlo.

Hay que combatir las vanidades personales, las infatuaciones, los tópicos, porque sobre eso se sostiene este lío de nosotros, y de eso se aprovecha todo lo que es tiranía y oscurantismo. El humorismo es lo que merecen los nuevos fanatismos, la nueva desesperación, el nuevo ciclo catequista, la nueva sumisión al martirio. El humorista es un hombre alegre al que ponen tristes los demás. Ramón Gómez de la Serna, el mejor humorista del que recuerdo haber leído, así lo dejó escrito.

Nos dicen que la peste se contagia por aerosoles, que son como una especie de humo de cigarrillo, de humor aéreo. Como la mala leche. Cuando un humor era el causante de alguna enfermedad, se hablaba antes de humor pecante. Sin embargo, cuando la persona tenía equilibrados esos humores, se decía que estaba de buen humor. En nuestros días empieza a ser cada vez más común el humor pecante. Se peca, precisamente, por falta de ventilación, por malos humores. Sólo con el buen humor vamos a poder ver la otra cara de la moneda. Esa moneda que nos empeñamos en que solo tiene cruz.

La pandemia está acabando con nuestro sentido del humor. Poseer un refinado sentido del humor implica una gran capacidad para simular el futuro. Con muchos futuros posibles en la cabeza uno se echa a reír ante cualquier final, a cualquier desenlace le vemos cierta gracia. El futuro al que nos vemos abocados es una atrocidad.

El buen humor relaja el control del pensamiento lento sobre la acción: estando de buen humor nos volvemos más intuitivos y más creativos, pero también menos cautelosos y más propensos a los errores lógicos. El buen humor es una señal de que las cosas van bien en general, de que el entorno es seguro, de que todo está en orden y podemos bajar la guardia. La mala leche nos dice que las cosas no marchan del todo bien, que algo puede amenazarnos y que debemos estar vigilantes.

El dolor y la desesperación deben abrirse al alborozo de la ligereza y la alegría, en el buen humor: ”Toda tarea intelectual es esencialmente humorística”. Así hablaba Zarathustra. Salta la paradoja, la chispa jocosa de la aparente incompatibilidad entre dos ideas, que sin embargo deben ir juntas.

Historias de Paco Sanz

INTELIGENCIA. CONSCIENCIA. DIOS.

Historias de Paco Sanz

De la inteligencia a la consciencia hay una gran brecha. De momento, no parece que la inteligencia no viva, haya podido saltársela. La idea de que existe inteligencia fuera de la vida, inteligencia artificial, la hemos “realizado” ya mediante algoritmos y dispositivos. Cuando esos mismos matemáticos armados con esas mismas herramientas, van al origen mismo de la vida, se dan cuenta de que algo no cuadra.

Pudiera ser, que fuera de una intervención sobrenatural y fuera del ciego azar, existiera una tercera vía para explicar el origen de la vida y la evolución. Vendría a ser como el resultado de una ley natural, de una necesidad inherente a la naturaleza misma. No sé si creerme éso, de que la Inteligencia es anterior a la Vida. Pero veo posible, pensar que algún tipo de inteligencia sea posterior a ella.

«Raffiniert ist der Herrgott, aber boshaft ist Er nicht». Refinado es el Señor, pero nunca malicioso. Decía Einstein. También dijo que Dios no juega a los dados con el Universo. Planck, le replicó en tono jocoso que eso de decir, lo que Dios podía o no podía hacer, era mucho decir… Pero el que existe una especie de ley natural, que tiene que orientar nuestra comprensión, más acá, de la mera probabilidad de fenómenos tan improbables como el que surja la vida, parece que está incluso en la mente de los más escépticos. “Todo es posible” significa que Dios existe. Bueno, pero con condiciones. El mero azar como explicación, no nos basta ni a los ateos.

Ahora, que me encamino hacia mi casa de la eternidad, me da por pensar más en la que me precedió. Los mismos primeros segundos después del Big Bang, ya son un misterio tan grande que no lo entiende ni Dios… Siempre me ha hecho gracia la deriva religiosa de los de la tercera edad: ahora me toca a mí. Con lo joven que me siento… Y como me muevo más a gusto en la biología que en la física, intento entender qué era esa Inteligencia anterior a la Vida. Porque lo de lo anterior al Big Bang, como recordó el anterior papa: “Que no digan nada los que no van a la iglesia…”

En cuanto a la inteligencia que vamos a dejar atrás, cuando no haya vida, me ha hecho volver a pensar en ello, lo de empezar a guardar información en la doble hélice del ADN. Por no decir nada de los intentos de Greg Bear de conseguir alguna manera de introducir información, en un caldo prebiótico, para conseguir que de ahí surja vida y poder enviar esa información, mediante haces de luz láser, orientados hacia entornos de agua y carbono que estén relativamente a nuestro alcance.

En una de las “Pruebas” de la existencia de Dios, se dice, que al poder concebir el ser más perfecto, no podemos concebir el que no exista. Siempre me ha parecido algo así como la “típica” gracia sacerdotal; pero he vuelto a ella, cuando he pensado que el ser más inteligente tiene que ser también el más consciente… Y he pensado en el momento, que supongo que está al caer, en que la Inteligencia Artificial se convierta en Consciencia Artificial… ¿Qué tendremos entonces que hacer con ella…? ¿O qué va a ser entonces de nosotros…?

¡Ay, la consciencia, esa misteriosa capacidad de distanciarse de las cosas para hacerlas presentes! La consciencia, entendida como más allá de la inteligencia, parece ser más que la vida misma… La idea ingenua, de que la consciencia es segregada por la conducta de las neuronas, pero que una vez segregada, adquiere una vida propia… Como Dios.

Historias de Paco Sanz

BANDAZOS…

Historias de Paco Sanz

Hubo una vez, que tuvimos que enterarnos de que éramos una especie de primos del mono. Del Manual de Civismo para Jovencitas recuerdo un consejo: Si te dicen que el hombre se distingue del mono porque no tiene cola, no remuevas diciendo que sí tiene una.

El hecho de que un hombre se entienda a sí mismo, bien como imagen de Dios o bien como la de un mono que ha tenido éxito, establecerá una clara diferencia en su comportamiento con relación a los hechos reales. También en ambos casos oirá muy distintos tipos de mandatos dentro de sí mismo.

Para que los niños no se comporten como animales, vamos a no decirles que lo son, que descienden de ellos. Es el argumentum ad consecuentiam, falacia muy querida por los antievolucionistas, que hacen como si una cosa fuera verdadera o falsa, según nos gusten o no sus consecuencias. Como exclamó una dama de la alta sociedad, al escuchar las noticias sobre sus menos que nobles orígenes: “Esperemos que no sean ciertos. Pero si lo son, esperemos que no se haga público”.

Veo que la gente descendemos de una larga secuencia de ancestros humanos y animales, en una serie interminable de acontecimientos fortuitos, encuentros accidentales, rapiñas brutales, escapatorias afortunadas, esfuerzos sostenidos, supervivencias a la guerra y la enfermedad. Se necesitó una concatenación intrincada e improbable de acontecimientos para llegar a cada uno de nosotros, una inmensa historia que otorga a cada persona la sacralidad de un sequoya milenario, o a cada niño la exquisitez de un secreto.

Nuestro sistema de vida se ha estropeado, es hora de dejar hacer a la evolución su trabajo. Una vez que la selección natural ha solventado un problema, suele quedarse en esa solución siguiendo la máxima: “Si no está estropeado no lo arregles”. Dicho de otro modo, en ausencia de una presión selectiva para cambiar, los sistemas no se renuevan y ostentan muchas huellas de su pasado evolutivo. Puede, que un proceso se lleve a cabo de una cierta manera simplemente porque primero evolucionó de esa manera, no porque ésa sea en absoluto la mejor y más eficaz.

Tengo miedo de que se nos hinche un lado de la cabeza, debido a que el éxito evolutivo de los hombres rápidos, acabe conduciendo a una hipofunción del pensamiento lento; con la consiguiente hipertrofia de estructuras nerviosas, probablemente del hemisferio derecho, idóneas para reforzar el pensamiento rápido.

Y en la medida que vaya tratándose, más de sintonizar que de hacer encajar; que las cuestiones clave, sean cuestiones más de buen gusto que de buenas razones, tengo miedo también de que acabemos, yendo así, siendo cada vez menos humanos, más mala gente.

Historias de Paco Sanz

ENAMORADO

Historias de Paco Sanz
Siempre me sorprende volver a ver la cara de mi amada. Y no he olvidado nunca la pregunta de un amigo, de esos que dan clases de psiquiatría, de por qué no van al psiquiatra las parejas que siguen enamoradas después de tantos años. Mi padre cuando envejeció estaba celoso de los cuidados que nos daba nuestra madre. Mis hijos hace muchos años que no viven con nosotros. Ahora que tengo mi Santa para mí solo lo entiendo.

Que después de tantos años sigamos enamorados tengo que atribuirlo no sólo al conformismo, o a lo solo que me doy cuenta que por lo visto estaba antes de empezar a vivir con ella, sino también a la tiranía de las costumbres. Una especie de sentido común de aquellos de antes de la revolución: “Ya que no podemos librarnos de estos aristócratas, al menos querámoles un poco”. La vida resultará así más agradable.

Decían que antes pierde el hombre el diente que la simiente. Supongo que entre otras cosas para explicar que los hijos sean de ciertos maridos decrépitos. Me he parecido siempre a mi padre; cuando le preguntaba si era hijo suyo solía contestar: “Al menos te mantengo”. De que la menopausia llegue a las parejas antes que la andropausia, surgen tantas separaciones como de que los hijos se vayan de casa. Cuando todavía era sociable había visto a menudo, como habían maridos que no odiaban a sus mujeres sólo porque las engañasen. Para San Jerónimo, en el siglo IV, no hay nada tan infame como amar a la esposa como a la amante.

Mis amigas viudas y separadas parecen encantadas de la vida. Y demasiadas veces he visto a amigos mucho más felices sin pareja, como para no preguntarme si en lugar de tanto amar, estudiar y aprender, no estaría mejor sin ella.

Supongo que estaba casado ya antes de estarlo. Para los solteros natos no existe el matrimonio. Del mismo modo que algunos maridos imaginarios, que cada noche esperan que vuelva su mujer a pesar de estar viviendo en una isla deshabitada y no haber estado casados jamás, ellos esperan que por fin llegue; encontrar a alguien digno de ser seducido, es su única esperanza. Y si viene, si llama a su puerta, ellos no la oirán siquiera, escucharán tan sólo sus pasos que se alejan y se dirán tan sólo: no ha venido, no es ella. Decía Ramón que el mal del solterón es que se va volviendo viudo.

Los solteros por definición no quieren a los niños, no quieren la revolución. Hay demasiados solteros, ese es el mal de nuestro siglo y de nuestro mundo, está lleno de eslabones sueltos, de especies agotadas en su propia trivialidad, de hombres sin hijos que han perdido el respeto por las cosas necesitadas de un futuro, en el que llegar a ser mejor de lo que somos. Lo contrario de la soltería no es el matrimonio, sino el amor. Y lo contrario de estar soltero no es estar casado sino estar enamorado.

Historias de Paco Sanz

MENTE REBAÑO

En un rebaño la paternidad no sabes bien lo que es. La seguridad, no te la das ni tú ni los tuyos sino los otros haciéndote de escudo; y por eso, no te importa una mierda lo que les pase a esos otros, porque solo tienes miedo; encima tú ni tienes garras ni llevas espada… No sabes nunca, ni dónde vas realmente, ni dónde está el lobo… Sólo te preocupa comer… Duermes cuando te dejan. Cagas donde te pilla.

En un rebaño no te alimenta solo tu madre porque mamas de múltiples tetas, y claro, cuando te haces mayor no tienes recuerdos entrañables: está todo mezclado, borroso, difuso. No te educan en un rebaño: te crían… Cada individuo, va, no donde le dice su padre y su madre sino donde dice el jefe; nunca hay jefas…

En el rebaño, normalmente, solo hay un macho alfa padre de casi todo el rebaño: por eso es un rebaño… Los otros machos se convierten en carne de cañón que alimenta el sistema. Las hembras también alimentan el sistema; y extrañamente y por instinto todas, dejan de follar cuándo ni con quién quieren, para hacerlo sólo cuando les toca el celo a todas; y curiosamente, eligen siempre machos con grandes cornamentas…

Siendo el rebaño concepto, desde el que todos venimos-provenimos, paradójicamente todos pretendemos individualizarnos, destacarnos, y ser originales dentro de ese mismo rebaño del que por otra parte no nos podemos desprender, alejar del todo… Un contrasentido.

El ser humano no sería nada sin un rebaño matriz que lo críe… Hasta los ocho o nueve años somos tan frágiles, que seríamos devorados sin remisión, si solo se nos dejase abandonados y al albur de la naturaleza y sin los cuidados de un rebaño maternal, familiar, vecinal… Sin la protección rebañuda, sólida y acogedora, de nuestros recuerdos paternales y sin nuestro rebaño de amigos de la infancia, no seríamos nada. Presas.

Pues os aseguro que casi todo lo dicho anteriormente es mentira; es falso, a menos que cambiemos la palabra rebaño por la de familia

El problema de las familias asociadas en rebaños, en sectas o bajo las ideologías, es que pierden precisamente el vínculo familiar que las une, y dejan de serlo: se vuelven como comunistas…. Entonces, el nosotros se vuelve más valioso que el tú; la salud de grupo, se vuelve más importante que la conciencia; y el fin colectivo, se vuelve justificante de cualquier medio que lo logre… La moral individual deja así de existir puesto que todo se hace común: y no hay moral común ni colectiva si no la hay primero individual…

En una familia todos los miembros atacarían para defenderla… En un rebaño todo son presas; en una secta todo son víctimas; y bajo las ideologías todos somos peones…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PRANAYANA

Historias de Paco Sanz

Parece que el virus ese se contagia por la respiración. Pensar en ella ayuda a concentrarse. Pranayana, se le ha llamado al control de la respiración a fin de descubrir lo que es voluntario y lo que es involuntario al mismo tiempo. Lo que haces y lo que te sucede, en un mismo proceso.
Parece que la mayoría de los que mueren por esta pandemia lo hacen por no poder respirar; al nacer, la primera cosa que hacemos “fuera” es intentarlo. Hasta las plantas lo hacen. Los vegetales de noche respiran con sus mitocondrias, y de día fotosintetizan con sus cloroplastos.

Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si nos tapamos la boca y la nariz y tratamos de dejar de respirar, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido.

Aparte del ritmo, hay también cambios únicos en la proporción de tiempo, dedicada a la inhalación y a la expiración en un movimiento respiratorio dado. Como mejor se mide esto es en el porcentaje que recibe la inhalación en el ciclo respiratorio. Este porcentaje es de cerca del 16% al hablar, 23 al reír, 30 en trabajo mental activo, 43 en descanso, 60 o más en estado de emoción, 70 en individuos que se imaginan en una situación maravillosa o sorprendente y 75% ante un terror súbito. De cómo altera ese ritmo el respirar a través de la mascarilla, ni idea.

Lo primero que me dice el filósofo cuando viene a hablar conmigo es: “Tómate tu tiempo”. Quizá el espíritu deba su origen a un excedente de tiempo, a una respiración pausada. Quien se queda sin aliento se queda sin ánimo, sin espíritu. Ser hombre, es no poder permanecer y a la vez no poder moverse del lugar. Y sólo donde se da la peligrosidad del estremecimiento, se da también la felicidad de la admiración, aquel arrebato despierto que constituye el aliento de todo filosofar.

Los charlatanes estudiamos la respiración de nuestros contertulios para meter baza, también estudiamos las comas, los puntos y coma, los puntos y seguido y los puntos y aparte, para no parecer tan maleducados al empezar a hablar, como esos viejos tipos que debatían el otro día…

Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya terminado. Hay tanta gente así, que uno no sabe qué hacer para dejar de oír tonterías propias de gente de mala crianza, que interrumpir de una vez dando pruebas de la suya, y solidarizarse así con el que no parece dispuesto a callarse así como así.

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DEBERES Y DERECHOS

Historias de Paco Sanz

Algo falla cuando veo a los niños pasando tanto tiempo haciendo los deberes en casa. Me pasa con los deberes en casa como con los exámenes, no se me ocurren alternativas. De examinarme a mí mismo estoy harto y eso de examinar a los demás me parece un asunto de mal gusto. En cuanto a los deberes, quiero decir de los deberes hacia mí mismo, que paso tanto de ellos como hubiera querido pasar de los deberes del colegio.

Cuando a Jaime Gil de Biedma le invitaban a seguir escribiendo, a escribir más poesía… con una inolvidable mirada al personal, en la que la fatiga, el odio al tópico y una nerviosa insolencia, trataba sin embargo de mantener el decoro, comentó más allá del bien y del mal: “Es que, sabes, para mí es ya como si hiciera los deberes del colegio”. Poco después se suicidaría.

La noción de obligación es anterior a la de derecho, que le es subordinada y relativa… Un hombre considerado en sí mismo sólo tiene deberes, entre los cuales se encuentran algunos deberes hacia sí mismo. Los demás hombres, consideraros desde su punto de vista, tienen sólo derechos.

En 1795, durante la Revolución Francesa no sólo se redactó la Declaración de los Derechos del Hombre, sino que simultáneamente se hizo también la Declaración de los Deberes de los Ciudadanos, algo que es por lo visto demasiado de derechas como para celebrarlo. La segunda no se recuerda nunca cuando se habla de revolución, el victimismo sigue vendiendo mejor, los moralistas nunca descansan. Hay que hacer lo posible para no ser uno de ellos. Uno protesta en nombre de los demás porque pisotean sus derechos, no porque no le dejen ejercer sus poderes. En cuanto a los deberes, ¿que es eso? ¡Ah, sí! Lo que hacen los niños en casa. ¿Tienen los niños derecho a que no les manden deberes que hacer en casa? Quién sabe.

La forma de exclusión más importante, al menos en el sentido de su extensión y de las dificultades que comporta, es la que viene asegurada por la distinción entre hombre y ciudadano… Esto significa que si no hay derechos más que donde aparecen deberes correlativos por parte de otros, y si no hay un “deber de solidaridad universal” y tampoco existe un sujeto al que pueda atribuirse la competencia -ergo la carga- de satisfacer ese deber, difícilmente cabe seguir hablando de derechos universales, pues al no existir deberes correlativos a escala universal, no hay a quién dirigiese de forma segura para exigir respeto en ese ámbito.

Los deberes, según Kant, se compendian en dos: buscar la propia perfección y promover la felicidad de los demás. Gandhi por su parte decía que si dejando los deberes sin cumplir corremos detrás de los derechos, éstos se escaparán de nosotros como fuegos fatuos. Lo fundamental no son los derechos humanos ni las necesidades humanas, sino qué tipo de personas queremos ser; éste ha sido siempre el problema fundamental, hasta que la riqueza nos transformó en idiotas.

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SILENCIO. CONVERSACIÓN.

Historias de Paco Sanz

Me cuentan del silencio que hay ahora en las aulas al volver a clase en plena segunda oleada. Es más antinatural que el bullicio. El latín distingue dos formas de silencio: tacere es un verbo activo, cuyo sujeto es una persona, que significa interrupción o ausencia de palabra; silere es un verbo intransitivo que no sólo se aplica al hombre sino también a la naturaleza, a los objetos y a los animales, y que expresa la tranquilidad, una presencia apacible que ningún ruido interrumpe.

Una es la pausa que permite el “por turno” de una conversación, el silere. Da sentido, despeja el sentido. Es la respiración del discurso. Interrúmpese para escucharse. Pero hay otra clase de interrupción, más enigmática y más grave, el tacere, que mide la irreductible distancia entre los interlocutores. Una permite el intercambio, la otra es la del cansancio, la del dolor, de la desgracia, del advenimiento de lo neutro entre nosotros. Maldita pandemia.

Recuerdo haber tenido que copiar cien veces lo de “No hablaré en clase”. En mi página cuadriculada, dejando una línea sin escribir cada diez para llevar mejor la cuenta. Los charlatanes administramos el silencio y las interrupciones con mucho cuidado. La interrupción es necesaria en cualquier sucesión de hablas; hace posible el devenir, asegura la continuidad de la escucha. El discurso se convierte en diálogo, en dis-curso. En direcciones diferentes.

Cuando el poder de hablar se interrumpe, no se sabe, nunca se puede saber a las claras qué está actuando: si la interrupción que permite el intercambio, o la que suspende el habla para restaurarla en otro ámbito, o la interrupción negativa que, lejos de ser habla que toma aliento y respira, pretende -si es posible- asfixiarla y destruirla para siempre.

He visto una pancarta que reza: “El silencio es violencia”. Me he quedado de piedra. He pensado en mis nietos que han vuelto a clase estos días, que no se pueden quitar la mascarilla, que se tienen que lavar las manos cinco veces al día, que tienen que untarse de geles cuando entran en la tienda con su madre… y en el silencio que dicen las maestras que hay en el aula. Pobres niños. Ninguna civilización es posible fuera de la imitación del silencio. Pero nuestra locuacidad es prenatal. Raza de charlatanes, espermatozoides verbosos, estamos químicamente unidos a la palabra.

Sin poder hablar la libertad desparece. Sería ingenuo creer que este silencio, que esta anulación del libre albedrío tiene remedio. No somos nosotros quienes controlamos la técnica, es la técnica la que nos controla a nosotros. Y a un maestro desfalleciente o estúpido, nada le hace más feliz que un colegio silencioso y pacífico con todos los niños pegados a la pantalla. Cicerón ya dijo hace 20 siglos que la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

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ABUSO. PODER.

Historias de Paco Sanz

Que los que se han hecho con el poder abusen, se podía esperar. Todo poder es abuso de poder, es de derechas. Cada vez se saben más cosas de cada uno de nosotros. Del abuso de memoria se pasa muy fácilmente al abuso de poder. El poder sin abuso pierde su encanto. El poder se convierte en abuso en cuanto se olvida de toda responsabilidad, particularmente la de informar, la de formar, y la de delegar.

Yo también he abusado. He abusado de mi hastío. ¿Pero que otro vocablo escoger para designar un estado, en el que la exasperación está sin cesar corregida por la lasitud y la lasitud por la exasperación? Todo es locura, vanidad, naderías, pero sólo una cosa es pecado: el abuso de la palabra. Lo dice un libro sagrado. También dice que no hay que tomar el nombre de Dios en vano. Abuso de la palabra Dios, la utilizo con frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo y necesito un vocablo para nombrar lo que hay después. Prefiero Dios a lo Inconcebible.

Las máquinas son cada vez más inteligentes, pero no abusan de nosotros. Los hombres las usamos para abusar unos de otros. No todo el mundo ve con buenos ojos que los sistemas cognitivos se hagan más inteligentes o que incluso nos superen. Temen que vendedores o políticos, servicios secretos u organizaciones criminales, puedan cometer abusos si los ordenadores descubren fácilmente nuestras preferencias a través de nuestro lenguaje.

Algo de eso hay. Existe un uso ideológico de internet en orden de aparentar cercanía, limitar la participación, protegerse mediante la simulación de transparencia, o simular comunicación. La construcción política de un espacio deliberativo, capaz de generar relaciones de responsabilidad, empatía y respeto entre representantes y representados, puede hacerse más difícil precisamente por el abuso de inputs y outputs en pantallas táctiles.

En la naturaleza humana existen, al menos en la medida en que el hombre convive con otros hombres, tres causas principales de conflicto: La competencia, la desconfianza, y el afán de fama. La primera conduce al abuso de las ganancias, la segunda al abuso de la seguridad y la tercera al abuso del prestigio.

En algún rincón de mi biblioteca, detrás de alguna fila de libros deben estar durmiendo, enrollados en un tubo de plástico, los documentos que certifican mis dos licenciaturas. Nunca he tenido los huevos de enmarcarlos y colgarlos en la pared, pero en cierto modo he disfrutado de la posibilidad de abuso que me conferían. La palabra para expresar abuso era en el mundo romano licencia. La licencia implica permiso, y si me apuras abuso. Por ejemplo la licencia de armas.

En la comunidad de regantes a la que pertenecía mi abuelo materno era preceptivo que el presidente de la comunidad, ante la autoridad competente, tomara una vez al año agua del canal con un vaso y se la bebiera. Decía entonces: ¡Uso!. Luego tomaba otro vaso. Se llenaba la boca y la escupía. Decía entonces: ¡Abuso!, levantando claramente la voz.

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Fracasan, fracasan de nuevo…

“…todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado…”

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Adaptarse, hacerlo cuanto antes: a lo de no poder echar a estos tíos que lo están haciendo fatal. Fracasan, fracasan de nuevo, fracasan peor. Se explican, se explican de nuevo, se explican peor. Galbraith dijo una vez que debería haber, en todas las cuestiones económicas y políticas, una regla según la cual todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado… Debemos ser amables con aquellos que hayan tenido una pobre actuación. Pero no debemos llevar nuestra benevolencia hasta el extremo de mantenerles en sus cargos.

Siempre he encontrado curiosas las críticas de la gente con mentalidad práctica, con respecto a las comunidades utópicas y los experimentos comunistas, basándose en que a menudo fracasan y desaparecen muy rápidamente. No estoy seguro de que lo peor que pueda decirse de una institución humana, sea que posee la flexibilidad orgánica que le permitirá descomponerse tras haber fracasado, dejando ahí terreno libre para un nuevo crecimiento.

Existe una posibilidad más funesta: puede negarse a morir cuando ha sobrevivido a su fase de inutilidad, puede seguir funcionando y realizando su tarea obsoleta, imponiéndose a la gente para la que ya carece de valor, agotando su lealtad y energía. Creo que ésta es la situación con que nos encontramos en las organizaciones demasiado desarrolladas de la sociedad industrial informacional. Ponen en peligro a la persona y al planeta, pero no por ello se extinguirán y dejarán el paso libre… No son biodegradables.

Son filósofos. Estamos por fin gobernados por filósofos como quería Platón. La filosofía es cosa de perdedores, ayuda a serlo. Tomarse las cosas con filosofía es adaptación pura y dura. Pépin distingue entre los fracasos que nos vuelven más combativos, los que nos hacen más sabios, y los que nos devuelven la disponibilidad para hacer otra cosa nueva. Nuestra clase política, combativa sí es.

He visto a demasiadas buenas personas, a gente especialmente brillante apartarse de la política, hasta yo me he apartado sin serlo. “Desde que tengo uso de razón asisto al indefectible fracaso de nuestros mejores hombres, rendidos por tener que emplear sus facultades arcangélicas contra boxeadores cotidianos”. Ortega lo dijo así. Otros lo sentimos así, pero lo decimos de cualquier manera.

Personalmente “en la guerra que sostengo, siendo mi ser contra mí, pues como yo mismo me combato, defiéndame Dios de mí…” Con otras palabras: en mi guerra contra el mundo defiendo al mundo. Los que estamos acostumbrados a carreras contra nosotros mismos estamos acostumbrados a fracasar.

Asistimos al fracaso del antigénico. La vía exitosa de defensa contra algún antígeno, nos lleva a pretender la misma para otro diferente, aunque los anticuerpos que se generan ya no sirvan contra el nuevo enemigo.

Es como ese viejo dicho militar de que los generales, especialmente los vencedores: “combaten como en la última guerra que libraron…” Parece como si el sistema inmunitario confiara más en reforzar las viejas defensas que en organizar otras nuevas, sobre todo si la antigua estrategia pareció funcionar razonablemente bien, con gran rapidez, y contra un enemigo tan parecido…

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LA CAJA DE HERRAMIENTAS

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No quiero saber cómo funciona mi móvil. Es una caja negra, es magia. Entiendo por cajanegrismo al punto de vista según el cual, la conversión de cajas negras en cajas translúcidas mediante el relleno de las primeras con “mecanismos definidos”, no es necesario ni deseable. ¿No entiendo lo que no puedo crear? Hemos dejado atrás eso de Feynman. ¡La comprensión, está tan pasada de moda, es tan de otra época! ¿Quién quiere comprensión, cuando todos podemos ser los beneficiarios de artefactos que nos ahorran todo ese arduo trabajo? Se puede saber más, de lo que se puede demostrar.

El éxito limitado en el intento de establecer relaciones directas entre fenómenos observables, es el que nos lleva advertir que la diversidad del universo actual, debe ser superior a la diversidad que nos revelan nuestros sentidos. Desde un punto de vista lógico, el cajanegrismo es semejante al holismo y al Gestalismo, en cuanto estas escuelas igualmente desean detener el análisis, esto es, limitar la razón. Aceptar la magia.

Tener que aceptar la magia de cosas que no entiendes en nombre de la mejora de la capacidad predictiva, es algo contra lo que los investigadores siempre han luchado. Einstein diría que Dios no juega a los dados con el Universo, y los que dicen que entienden la mecánica cuántica, es que no la han entendido. Feynman lo dijo. Hay personas que nos pasamos la vida intentando comprender.

Von Neuman, recordaba Feynman, me dio una idea interesante: que no tienes que responsabilizarte del mundo en el que estás. De modo que, como consecuencia de su consejo, he desarrollado un sentimiento muy fuerte de irresponsabilidad social. Eso ha hecho que yo sea un hombre feliz desde entonces.

Al conjunto de métodos de aprendizaje automático, que permiten a un humano saber cómo y porqué se ha vuelto un valor concreto, se les denomina métodos de caja blanca, y en gran medida coinciden con los métodos simbólicos. Por otra parte, al conjunto de métodos que no permiten interpretar fácilmente los motivos que han llevado a la máquina a arrojar un resultado determinado, se les denomina métodos de caja negra. Usualmente los métodos de caja negra muestran una mejor capacidad predictiva, mientras que los métodos de caja blanca ofrecen una mejor capacidad explicativa.

Me paso la vida intentando blanquear cajas. Intentando comprender libros. Para Proust un libro debe ser como unas gafas, si te las pones y ves mejor, ¡adelante!, ¡úsalas! Si no: ¡busca otras! No es algo a comprender sino a utilizar. Foucault decía que debía usarse como una caja de herramientas, Nietzsche pensaba en un hacha… que quiebre el hielo que cubre nuestro mar.

Ahora que llega la pobreza, más que blanquear cajas o conformarse con su negrura habría que mejorar nuestras herramientas. La proletarización entre los obreros, no está consumada más que con la destrucción de toda capacidad autónoma de producir su subsistencia. En tanto que el obrero posea una caja de herramientas que le permita atender sus propias necesidades; en tanto que disponga de un pequeño jardín en que cultivar legumbres o cuidar gallinas, su proletarización le parecerá accidental y remediable, ya que convencido por la experiencia de una autonomía posible: debe ser posible salir de ella, establecerse por su cuenta un día, comprar con sus ahorros una pequeña granja, bricolear para atender a sus necesidades una vez jubilado. En resumen, que si van mal las cosas sólo es por mala suerte… Como tiene su propio subsuelo, puede aceptarla, o no.

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ESTAR PENSANDO…

Historias de Paco Sanz

Mi hijo ha compartido conmigo la tara de la precocidad. No sólo cuando se tarda en saber, en comprender, puede uno convertirse en un “retrasado”, también haciéndolo antes de hora. Tuvo la suerte de tener una maestra que le puso en su sitio a tiempo. A mí no me pasó lo mismo, de haber sido puesto tanto como ejemplo por los maristas en clase, no me he recuperado nunca.

Su maestra, con la que compartí el gusto por ciertos libros y a la que ayudé cuanto pude en los “conciábulos y conventículos” con los padres de alumnos, me dijo que una vez encontró a mi hijo solo en el patio “encantado”, es decir con cara de no estar haciendo nada. Se acercó y le dijo “ Hola, ¿qué estás haciendo?”. El niño la miró de arriba abajo y contestó: “No me moleste, señorita, no ve que estoy pensando”. La pobre mujer se retiró de lo más cortada. En Oriente se considera una impertinencia interrumpir a alguien cuando está en contacto con su ángel bueno, y ella era un poco budista, como yo.

Hoy día eso de pensar por pensar ha ido a menos. No me extraña, y es que el pensar no conduce a un saber como las ciencias. El pensar no produce ninguna sabiduría aprovechable para la vida. El pensar no descifra enigmas del mundo. El pensar no infunde inmediatamente fuerzas para la acción.

Y es que no estamos para eso, con tanta necesidad por tener algo que hacer, no hay quien piense. Si el pensar actualiza la diferencia dentro de nuestra identidad dada en la conciencia, y ello produce la conciencia como subproducto; entonces el juzgar -el subproducto del efecto liberador del pensar- realiza el pensamiento, lo hace manifiesto en el mundo de las apariencias, donde nunca estoy solo y siempre demasiado ocupado para pensar… La manifestación del viento del pensar no es el conocimiento; es la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo.

Supongo que el niño estaba encantado porque todavía podía pensar sin palabras. Lo que es todo un lujo, todo un nivel. Luego las necesitamos -a las palabras- tanto para pensar que no sólo dejamos de poder hacerlo sin ellas, sino que a veces, da la sensación de que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos en la mente. Más tarde cuando nos da por escribir esto se acentúa, no sabes lo que piensas hasta no darte cuenta de lo que estás escribiendo. Y es que la pluma es al pensar lo que el bastón al caminar. El caminar más ligero se realiza sin bastón, el pensar más perfecto sin pluma. Pero cuando uno empieza a hacerse viejo usa de buena gana tanto el bastón como la pluma. Y los imbéciles (palabra que deriva de in-baculus: uno que lleva un bastón por compañía) ya no saben salir a pasear sin bastón o a pensar sin pluma o teclado. La imbecilidad no es mala, lo malo es ejercerla.

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LA MÚSICA ESTÁ CAMBIANDO

Historias de Paco Sanz

Las cosas están cambiando, y ante los cambios si no has podido anticiparte toca adaptarte. Nos adaptamos perfeccionando las madrigueras, las defensas, la ayuda mutua, o cambiando de lugar, de entorno. Pero mejor anticiparse, claro. Y para anticiparse en las cosas de la vida hay que recordar que está es ondulante, que la cronobiología es determinante. Por ejemplo: Tengo la regla.

Hay ritmos circadianos, alrededor del día; mareales, de 14 días; lunares, de 28; anuales de 365; y hasta septanos, de siete años. Las plantas siguen a veces ritmos de luz a luz, de 24 horas, y también de luz a oscuridad, de 10 horas. En cronobiología se usa el término reloj de arena para designar aquellos procesos rítmicos, que no son autosotenidos, y que requieren un acontecimiento periódico que dispara cada ciclo.

En nuestro cuerpo ondulan muchas cosas como la glucemia o la tensión arterial, es bueno que lo hagan. En el organismo sano, el intervalo entre latidos cardíacos es caótico, fluctúa pero no responde a ningún patrón periódico. Unos días antes de una muerte cardíaca súbita el ritmo cardíaco es sospechosamente regular, y trece horas antes del infarto es prácticamente constante.

Eso de adivinar el fluir natural y luego seguirlo, es muy fácil de decir y muy difícil de hacer, porque a veces el que puedes seguir mejor no es el natural. Cuando les fue provisionalmente concedido el derecho del trabajador a seguir su “ritmo natural” llegaron rápidamente a la conclusión de que “nuestro ritmo natural es el de no trabajar” al menos en las condiciones técnicas y sociales existentes.

También es sabido que es más fácil cambiar el tiempo de vigilia a base de retrasar la hora de irse a dormir, que madrugando. Por eso en las fábricas en las que se rotan turnos, se toleran mucho peor los que lo hacen hacia atrás, de noche-tarde-mañana, que los que lo hacen hacia adelante, mañana-tarde-noche. Y cuando nos cambian la hora protestamos más, llevamos peor la que nos hace madrugar, que la que nos deja estar un rato más en la cama por la mañana que de costumbre.

Los mecanismos de acción de las feromonas y la cronobiología son dos de los sentidos que nos quedan por investigar. Y los misteriosos caminos de la simpatía, o la coincidencia de la gente que ha estado en contacto con nosotros, son los otros dos. Pero para misterios, ondas y ritmos, nada como la música recuerda la vida.

En música el ritmo se refiere a la fragmentación temporal de una melodía, la cual se compone, a su vez, de una serie de sonidos y silencios. Se basa en la repetición regular del compás. No todos los compases son iguales. El típico compás 3/4 del vals vienés consiste en una serie de un pulso acentuado y dos sin acentuar. Este patrón conforma la métrica de una pieza musical. Mientras el ritmo y la métrica configuran la sucesión temporal de los sonidos, la armonía corresponde a su combinación simultánea.

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Y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

En la casa que va a ser de mi nieto hay veinte o treinta mil libros. Mi consuegro y yo hemos heredado libros de nuestros mayores, nuestros amigos nos los han dado, otros los hemos comprado. En el casoplón del pueblo, antigua mansión de algún noble, han ido quedándose los libros. He ramoneado en bibliotecas y librerías desde niño. En una ciudad nueva mientras los demás van de tiendas y museos yo me pierdo en ellas. Sigo haciéndolo en la casa que va a ser de mi nieto, me maravillan. Como Borges, siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Decía Ramón que cuando sacamos unos libros de la estantería, los otros se atraviesan en su hueco como para no volverlos a dejar entrar.

Cuando a mi primo el loco de la montaña le dije que nadie iba a leerlos, que me sabía mal tirarlos pero que estaban empezando a ocupar demasiado sitio, a acumular demasiado polvo, incluso en la gran casa que nadie vive; me dijo que no se me ocurriera tirarlos, que volverá a hacer frío en invierno, que si se queman despacio arden bien, dan calor, que hay otras formas más caras de devolver el carbono a la atmósfera. Me he acordado de Farenheit 451. Ahora no hace falta quemarlos, basta dejarlos en sus estanterías para que mueran solos. Cada vez hay menos gente que lee libros… viejos. La curiosidad sigue otros caminos. Y como dice la primera frase del libro ese: “It was a pleasure to burn”.

Pedir a los niños que dejen la tableta es como pedir a la gente que vive sola que no vea tanta televisión, es inútil. Si encontraran algo mejor que hacer lo harían. Además, las virtudes de la lectura están sobrevaloradas. Cuando los godos devastaron Grecia, uno de ellos salvó las bibliotecas de ser quemadas diciendo que convenía dejarlas a los enemigos, como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Mega biblion, mega kakón.

Creo que en los libros veo a las personas que los escribieron, tradujeron, editaron, compraron, regalaron, almacenaron, e incluso a los que los leyeron. A veces recuerdo al que era cuando leí alguno de ellos. Siempre me han gustado los cuentos de los abuelitos, tirarles de la lengua a los que vivieron cuando yo era niño. Siempre he pensado que cuando un anciano muere, aunque sea en una remota aldea de la selva, es como si ardiera una biblioteca entera. Los mayores eran las bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos podría ser una cuestión de vida o muerte, similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

Incluso cuando los androides replicantes se mueren, desaparecen como lágrimas en la lluvia, pasa algo parecido: “I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die”.

En los monasterios, y estoy viviendo la pandemia ahora en lo que fue uno de ellos, al lado de la biblioteca había otro recinto más íntimo aun: el scriptolorium. El nombre procede del pequeño espacio en el que en la Edad Media los cistercienses copiaban los códices. Era un scriptorium de menores dimensiones: un simple rincón donde escribir, de paredes desnudas, y con sólo una mesa, una silla y un atril. Los copistas, muchas veces tenían que memorizar el texto antes de escribirlo.

Las bicicletas han vuelto a las ciudades, y las bibliotecas, ¿volverán?

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Cumpleaños…

¡Que cuántos cumplo, me preguntan…! ¡Pues coño, uno…!

Cumplo uno, los otros cincuenta y tres ya los tenía… Otra cuestión es cuántos tengo o si realmente los tengo, o si los tenía, si realmente los tuve; o si viviendo los he perdido, los he quemado, fundido o gastado, acaso dilapidado; o si quizás, los he aprovechado… Finalmente, la última controversia es, cuál es en verdad mi edad…

Y como es precisamente el tiempo, transcurrido en experiencias vitales, lo que en verdad nos marca realmente los anhelos, me siento todavía diríase que con el mismo tiempo que yo tenía, justo, en el momento justo que asistí al tiempo justo que duró el parto de mi segunda hija… ¡Vaya momento, justo a tiempo, y vaya experiencia tan vital…! ¡Qué ganas de vivir…!

Y sí, yo soy aquél, mentalmente aún soy aquél. Algunas cosas ya no funcionan igual pero en el fondo yo soy el mismo; incluso algo más mañaco; como que aún más niño… El tonto de mí… Pero bueno, como en este juego mental de tontos te puedes plantar cuando quieras, yo, me planto en aquella época… Me quedo, en aquellos los años de la potencia de fuego; del vigor máximo, y de la mente abierta también al máximo pero a golpes de experiencia… Luego, la vida ya me la pondrá dura o no…

¿Qué cuántos cumplo…? Yo qué sé; siempre he necesitado que me llevaran las cuentas…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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EL SABIO Y LA MUERTE

Historias de Paco Sanz

Una vez un sabio me recomendó no cansarme de volver a sentir los efectos de fenómenos, sobre todo cuando eran agradables. Parecía algo de sentido común. Pero lo que no me dijo es que ciertas cosas dejaban de funcionar solas, perdían solas su gracia. Será por eso porque buscamos cosas nuevas, por ver si nos podemos sentir como nos sentíamos con un nuevo amante, con una nueva música, en otro sitio. Sin embargo cuando uno envejece, hay que saber quedarse en un peldaño determinado.

He ido diciendo adiós a unas cosas, a unas relaciones, sin saber muy bien por qué, y otras se han quedado y siguen conmigo y tampoco tengo mucha idea de por qué. Supongo que todos envejecemos como podemos, y aun peor, a veces. Panero, Don Leopoldo María, dedicaba un libro de poesías: “A mi desoladora madre, con esa extraña mezcla de compasión y náusea que puede sólo experimentar quien conoce la causa, banal y sórdida, quizá, de tanto desastre”. Otro poeta, Gil de Biedma, habla de aquel momento en el que envejecer, morir, es el único argumento de la obra.

Un viejo de mi pueblo que acaba de volver del entierro de un pariente de 98 años me dice que “a viejo se llega, pero no se pasa”. Ya me gustaría poder alcanzar, como en la Edad de Oro que describe Hesíodo, ese estadío en el que los seres humanos vivían sin envejecer y, llegada su hora, quedaban dulcemente vencidos por el sueño. Sería bueno tomar de los griegos su juicio de la vejez: Detestaban el envejecimiento más que la muerte, y preferían morir cuando sentían que empezaban a devenir razonables, y se volvían tan viejos como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia.

Esta mañana en la piscina hablaba con mi tía levantado un poco la voz ambos, pues somos de esos hipoacúsicos resignados, acerca de como han llevado nuestros parientes eso de irse quedando sordos. Me he acordado de aquel cuento de uno, que le echa una mano a la Muerte; que no sé en qué lío se había metido, ni siquiera cómo pudo haberse metido en un lío; pero bueno, un cuento es un cuento… La Muerte agradecida, le dice que quisiera devolverle el favor.

“Ya sé que me tengo que morir, pero si no te importa unos meses antes de que vengas a por mí házmelo saber”. Pasan los años y ella viene a buscarle. El hombre protesta, ¿pero no quedamos que me avisarías? Pero si no he dejado de hacerlo, contesta ella. A qué crees que ha venido el que hayas necesitado, un año gafas para ver, otro audífonos para oír, y ayuda hasta para las cosas más elementales. Pues menos mal que no se lo ha dejado más claro, pensé cuando me contaron el cuento.

Al envejecer pasan cosas muy raras. Por ejemplo envejeciendo aprendemos a convertir nuestros terrores en sarcasmos. Envejecer es retirarse gradualmente de la apariencia. Hay que desaparecer a tiempo, vaya. Siempre es otro el que se muere.

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LA REBELIÓN

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¿Hasta qué punto puedes aguantar según qué? Es un misterio. Recuerdo una propia de nazis: dejaban a un sujeto en una habitación con un niño que lloraba constantemente, con un llanto especialmente angustiante, y que no dejaba de hacerlo hasta que le daban de comer. Era una habitación pequeña, mal iluminada. El niño estaba en una cuna. Era vigilado por una cámara.

Cuando el pobre tipo se había cansado de sostener al llorón, cuando se había cansado de acariciarle, de intentar calmarle, de pasar de él a base de acurrucarse al otro lado de la habitación tapándose los oídos… llegaba un momento que iba a por el niño con malas intenciones, entonces se abría la puerta y se acababa el experimento… Se intentaba relacionar la formación, el sexo, la raza, la edad de los sujetos, con el momento de no poder aguantar más. El intento de maltrato era en todos los casos una cuestión de tiempo. No sé si creérmelo.

Nos han obligado a quedarnos en casa, a no salir de la ciudad, del territorio. A guardar la distancia de seguridad, a llevar la mascarilla, a usar guantes, a untarnos de gel, nos han recomendado no tocarnos tanto la cara, ahora incluso no nos dejan fumar en la calle. Lo han hecho tan mal en tantas cosas que dan ganas de llorar. ¿Hasta qué punto aguantaremos? Es un misterio. Estos bichos de dentro y de fuera nos están convirtiendo en bichos a nosotros mismos. El heroísmo de quedarse aguantándolo todo, es el heroísmo de la cucaracha.

Vuelvo a Cumbres Abismales, aquella novela de Zinoviev de cuando en la Unión Soviética estaban a punto de no poder aguantar más, y viene alguien de fuera a ayudar: “¿Qué siente usted ahora? Preguntó el Visitante. Confusión, dijo el Charlatán. ¿Qué desea? Preguntó el Visitante. Tranquilidad, dijo el Charlatán. Tenga fé, dijo el Visitante. La fé no da seguridad, dijo el Charlatán. Resígnese, dijo el Charlatán. Nos imponen un estado de angustia e ira. Luche, dijo el Visitante. No puedo, dijo el Charlatán. Hay que luchar pero no por eso. Y bien, dijo el Visitante, aguante. Falta poco.”

Nos están obligando a desobedecer ya. Antes de embarcarse en un acto de desobediencia civil deberíamos: Informarnos de los hechos, la injusticia de los hechos que nos llevan a esta acción, contrastarlos adecuadamente, considerar cómo pueden cambiar por lo que vamos a hacer. Negociar a muerte apurando todas les medidas legales a nuestro alcance. Examinarnos para precisar si somos lo bastante fuertes para aguantar lo que se nos viene encima, por ejemplo una enfermedad. Y finalmente: Hacerlo, y mantenernos firmes en ello, sin dar marcha atrás.

Entiendo a esos que hartos ya van a por el bebé… En los términos de hoy, que hacen por contagiarse. Una vez en la vida el hombre tiene que hacer experiencia de su pobreza, de su soledad y desarraigo frente al mundo. A lo largo de una noche tiene que aguantar a pie firme, mirando a los ojos de la muerte.

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Bailad, bailad malditos…

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Recuerdo un tiempo que a los bares se les llamaba tabernas. En una de ellas había un letrero que rezaba: “Se prohíbe cantar mal. Si usted cree que canta regular o bien, cante, pero en la calle”. Ahora parece que lo que vamos a tener que hacer en la calle es bailar, porque en sitios cerrados no dejan bailar ni con mascarilla. Bailar no respetando las distancias, es bailar mal. “Se prohíbe bailar mal, si usted cree que baila regular o bien, baile, pero en la calle”.

En mi pueblo queda una taberna, al menos una que conserva ese nombre. Es pequeña, mal iluminada y sin apenas sillas, casi nunca hay nadie en ella. Una de esas poesías que no he podido olvidar, supongo que es porque de algún modo compone conmigo, decía algo así: “Si es o no invención moderna/ vive Dios que no lo sé/ pero venturosa fue/ la invención de la taberna./ Porque allí llego sediento/ pido vino de lo nuevo/ mídenlo, dánmelo, bebo,/ págolo y voyme contento”. Supongo que de esas tabernas salía la gente a bailar a la calle, como todavía se hace en las fiestas del pueblo.

La expresión “que me quiten lo bailao” se va a convertir pronto en un anacronismo similar al de las tabernas. Me entristece pensar que bailamos menos. Es una de las mejores maneras de escuchar música. También hubo un tiempo que se cantaba para acompasar el paso militar y cargar mejor contra el enemigo. Para crear un esprit de corps se han descrito diversas formas de “bonding muscular”. Las manadas se vuelven eufórico-grupales al responder sus individuos conjuntamente, el acompasamiento del esfuerzo se experimenta como un desahogo, el desgaste de fuerzas rítmico común aleja el punto de agotamiento. Siguiendo el ejemplo de los macedonios, las tropas romanas utilizaron la marca del paso en voz alta para marchas que exigían gran rendimiento. Ciertamente, el compás mecánico es sólo una forma sustitutoria del arrebato del baile.

Decía Nietzsche que la buena escritura, la buena música invitan a levantarse, a ponerse en marcha, a ponerse a bailar. “Se escribe con la mano, pero se da testimonio de lo bien que se escribe con el pie. Leyendo o escuchando música hay que darse cuenta de si el pie levanta la oreja. Los dedos del pie se levantan para escuchar”. A mí me cuesta mucho menos escribir con música que leer con ella.

Ahora mismo ha acabado el “Diminuendo and Crecendo in Blue” de Ellington, casi sin darme cuenta se movían mis pies aun estando sentado. Y es que cuando Duke tocaba el piano, con la mano izquierda tocaba un ritmo bailable, mientras que con la derecha se dedicaba a arrojar arena de colores por el aire.

Tanto los caminos como los discursos tienen que poder ser danzados, cantados. En el momento en que el poeta empieza a escribir “lentamente, para poder ser leído”, cuando sus palabras no son una invitación a la danza, hay una pérdida de magia, de “poder milagroso”.

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REINVENTARSE…

Estoy, un poco ya hasta el capullo de tanto reinventarme, y como Don Juan Carlos I, también sin trabajo. Pero yo lo estoy por culpa del puto coronavirus éste, y seguramente, y aunque también en menor medida, porque ése debe ser el sino de mi mala cabeza… ¡Ayyy, mi primer trabajo! Veinte añitos y vendiendo fotocopiadoras; quién los volviera a pillar… El trabajo que más me duró -once años- no me gustaba. El trabajo que más me gustaba no me duró; unos meses… Más de treinta años trabajados en asuntos ajenos, por cuenta ajena; y ahora hay que empezar otra vez, oootra vez hay que joderse.

Empezar de nuevo… Y no me quiero quejar, porque ése no solo parece ser mi sino, sino también el de los tiempos laborales que nos esperan: el de los jóvenes por ejemplo y por desgracia… Yo, ya con cincuenta y tres años, de momento al menos, tengo poco más que dónde caerme muerto, el culo pelao, y creo que la experiencia suficiente para sobreponerme y poder hacer frente a casi cualquier cosa… ¿Pero, y mis hijas y vuestros hijos…?

No sé de qué hilo tirar para arrancar con este relato. Son las 0:52… Tengo tantas ganas de escribir y tantos temas que no sé por dónde empezar… Todas las ideas se me agolpan, como si intentaran caóticamente ponérseme en fila pero todas a la vez, gritando a lo loco para colarse en mis folios; todas… Todas como clamando con urgencia; reclamando el ser escritas, plasmadas negro sobre blanco en mis pantallas… Me siento, como cuando antes de saltar al mar desde un acantilado te asomas al peligro desde su altura; y te miran… Sabes que hay profundidad suficiente, pero tienes miedo a caer mal y hacerte daño, o quizás solo a quedar en ridículo por torpe si te sale un mal salto. Y todo, porque en verdad y en el fondo lo que eres, es un miedoso.

La historia de una de tantas noches que paso en blanco, en las que gasto las horas probando a escribir no sé qué para ver qué sale… Como si hablando en completo silencio, solo… Como si canturreando mentalmente melodías compuestas de palabras sueltas, para ver si al unirlas encuentro la música que os quiero cantar… Sintiendo el frío de lo que esperáis leer, para ver si de verdad consigo, ese calor que surge entre nosotros cuando escribo algo y se me entiende…

Sabéis que os quiero…💞

Se agradecen ofertas de trabajo…

😂🤣

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Ni sonrisas, ni caras….

Historias de Paco Sanz

Eso de no poder ver la boca de la gente… iba a decir que jode un huevo, pero voy a dejarlo en que es una putada. Parece que estemos rodando una película de extraterrestres; cuando alguien se ríe parece que lo haga con sordina, y la verdad, necesito ver cómo la gente se ríe, incluso la gente con la que me cruzo por la calle, porque “Tu risa me hace libre,/ me pone alas/ soledades me quita,/ cárcel me arranca. / Boca que vuela,/ corazón que en tus labios/ relampaguea”. Hay en la cara algo luminoso que no se encuentra en otras partes del cuerpo.

En cuanto a lo de no ver poder ver sonrisas o caras enteras voy a dejarme de calificativos. Hoy una persona que hace más de veinte años que no veía me ha reconocido. “Pero si iba con mascarilla y sombrero”, le he dicho. “Ha sido por los ojos”, ha contestado. Pues menos mal que no llevaba gafas de sol, he pensado, si encima llevo gafas de sol no me reconozco ni yo. Tengo que empezar a sonreír más sinceramente, quiero decir con los ojos, con el orbicular de los ojos, para dejar ver al otro que estoy sonriendo. Se nos van a acabar poniendo ojos de bocaza.

Me ha dicho mi prima, que está pasando unos días en una playa de cuyo nombre mejor no acordarse, que los vigilantes de la playa usan drones para ver quién no lleva mascarilla, aunque esté a cincuenta metros de cualquier otra persona. Para poder reconocernos es posible que tengamos que incorporar a nuestra mascarilla una matrícula. Que con saber de nuestro móvil igual los algoritmos que nos tutelan no tengan bastante.

Lo que cuesta es llevar la boca cerrada dentro, cuando podamos volver a ir sin mascarilla a alguno se le habrá quedado cara de tonto, de tanto ir por la vida con la boca abierta para poder respirar. De momento cuando voy por la calle parece que volviera a tener que trabajar, gran parte de mi vida ha sido entre enmascarados. La gente a la que no puedo ver la cara me parece más amenazante, menos amable.

Tendremos que volver a apreciar la sonrisa arcaica, esa expresión profunda de amabilidad, que despierta allí donde la cara rompe su rigidez, se hace “carente de límites”, se transforma en una especie de “cara de nadie”. La amabilidad arcaica está despojada de toda interioridad, no conoce ningún tú enfático. Nos hemos vuelto todos malcarados de repente.

Algunos investigadores han informado de que una cara enojada “sobresale” entre una multitud de caras de felicidad, mientras que una sola cara de felicidad no sobresale entre una multitud de caras enojadas. En el cerebro de los humanos y de otros animales hay un mecanismo diseñado para dar prioridad a los eventos malos. Reduciendo en unas pocas milésimas de segundo el tiempo necesario para detectar la presencia de un predador, este circuito mejora las probabilidades de que el animal viva el tiempo necesario para reproducirse.

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YA TE LO DIJE

Historias de Paco Sanz

Uno de los juegos a los que hace mucho tiempo he dejado de jugar es al de “ya te lo dije”. Eso no me ha llevado a dejar de hablar, claro. Y cuando me dicen “eso ya lo habías dicho”, por ejemplo los que tienen que aguantar mis batallas de abuelito, me parece una lección más de humildad que agradecer, pues entre la gente, las personas que tenemos una autoestima casi sofocante, estas lecciones son como algo fresco que llevarse al coleto en verano.

Pero cuando lo que ya había dicho es una profecía, de esas nefastas y que has tenido la desgracia de acertar, lamento profundamente no haberme callado. Un poco como si fuera el rey que hace morir al mal profeta, o lo de Casandra, que condenaba al profetizar. La maldición de Casandra, no era acertar con sus profecías, sino que bastaba que las dijera ella para que no las tuvieran en cuenta…

Pues bien, ahora que estamos solos vamos a contar mentiras: mi última profecía autocumplida: No va a haber vacuna. Ojalá, quiera Dios, que no sea así. Como de vacunas se supone que entiendo, espero que los que me lo oyeron decir hace seis meses lo hayan olvidado.

Estamos siendo víctimas de muchos personajes nefastos, paso lista… Siete personajes nefastos que estos días he estado interpretando: El asesino del mensajero; intenta evitar así que la red se pliegue, que llegue la noticia de lo mal que nos va a ir todo… El que se burla de Casandra, que dice que hablar del mal es un mal, condenándonos a él… El que mira hacia otro lado y ve sólo lo bueno de las cosas, porque para qué entristecerse si no hay nada que hacer… El que cambia por cambiar, y sale de la boca del lobo para meterse en la del dragón… El que busca donde no hay luz, porque donde no puede verse es inútil buscar nada… El cirujano desfalleciente, que se conforma en sacar lo que puede y cierra enseguida… El chamán de pacotilla, que hace sus pases mágicos, y confía en ellos para arreglar las cosas…

Estoy harto de la pandemia, harto de no poder hablar de otra cosa. Sé de sobra hasta qué punto el autocumplimiento, se da en el ámbito de las enfermedades y afecciones médicas. Cuando se debate en los media de no importa qué enfermedades, se consigue que más gente se presente a ver al médico con esos síntomas, y aumentan las posibilidades de que los médicos diagnostiquen más (correcta e incorrectamente) dichas enfermedades. Como en el caso del autismo, que, como cuando dicen que hay más gripe, acaba habiendo más por hablar de ella. Es en este sentido por lo que hablamos tan poco del aumento de la tasa de suicidios como podríamos.

Tengo hacia la bondad de permitir que nueva química entre en nuestro cuerpo, la prevención que tiene el que ha tenido que pechar con las consecuencias del tratamiento de enfermedades mediante agentes químicos. Porque si se permite tratar químicamente a enfermedades que se han diagnosticado como alteraciones químicas del cuerpo o del cerebro, estamos haciendo una especie de profecía autocumplida. Ahora ya no hay duda, nuestro cuerpo o nuestro cerebro, tienen un desequilibrio químico.

La peor manera de insultar es hacerlo mediante la verdad. Se puede vivir perfectamente en el mundo haciendo profecías, pero no diciendo verdades. A veces mejor no verlas. El don del pensamiento especulativo pudiera parecerse, al don con el que Juno honró a Tiresias, a quién primero privó de la vista, con el fin de poder otorgarle después el don de la profecía…

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LO ESCRITO…

Historias de Paco Sanz

Había escrito para la Providencia… Para ser coherente con ella los papeles iban a la papelera, y cuando estaba llena, uno de los días en los que bajaba la basura la vaciaba. Más tarde empecé a guardar lo que escribía. Al principio no ponía ni la fecha, pequeños cuentos, poesías, llevar más allá las buenas ideas, de entre las cosas que había leído y otras por el estilo. Luego empecé a poner no sólo la fecha sino desde dónde escribía, o algún acontecimiento que me hubiera llamado la atención. Como en su día había estudiado grafología intentaba hacer buena letra, quiero decir que no disimulaba en el trazo lo que estaba sintiendo al escribir.

Hace ya cuarenta años llegaron los ordenadores, poco después los procesadores de texto. Seguí haciendo lo mismo, ya sin caligrafía, adecuando el tipo de letra, tipografía le llaman a eso, al tema del que quisiera escribir. Eliminarlo era mucho más fácil que cuando tiraba lo “escrito a mano”. Pero también eso lo empecé a guardar. Una vez al año llevaba al encuadernador los manuscritos. Y luego con lo de las pantallas, empecé a imprimirlo; hacía hacer de ello un libro que acababa ignorado en una estantería.

Más tarde me dio por publicar. Escribía como ahora, pero con algo más de cuidado. Como si alguien lo fuera a leer. Muchas de las webs en las que publicaba cerraron, de alguna me echaron, y de otras muchas me fui. No contestaba, sigo sin hacerlo casi nunca. Una muestra más de mi mala educación. Prefiero no saber nada del lector. También lo publicado, como lo escrito para no ser publicado, acompañaron a las cartas a mis amigos y parientes en su destino de pantalla, encuadernador y estantería.

Pero, y ahora viene lo bueno, me he puesto a ojear lo escrito después de tantos años. Y he constatado que lo escrito a pluma es sorprendente, como si lo hubiera escrito alguien al que me cuesta reconocer pero que me cae bien; lo escrito a pantalla para mis ojos sólo, y también las cartas salientes o entrantes, no están mal del todo; pero todo lo que escribí pensando que igual lo publico apesta. Quiero decir que no quiero saber nada con ese tío, es como mi voz grabada, que no puedo ser ese panoli, vaya. Pedantones al paño, llamaba Machado a gente así. No le soporto. ¿Qué es lo que está fallando ahí?

Unas personas prefieren la emoción del reconocimiento, otras prefieren la sorpresa. El hemisferio izquierdo parece estar especializado en el procesamiento de estímulos altamente estructurados, que pueden encajar como si de repente se produjese un clic entre ellos; mientras, el derecho integra informaciones nuevas e imperiosas como una súbita iluminación. El izquierdo esencialmente reconoce la relación que guarda el estímulo, con lo que ya antes conocía. El derecho maneja materiales de los que no tiene previa experiencia.

¿Estilo? Depende del tipo al que crees dirigirte. Aquel que conoce al lector ya nada hace por el lector. Olvido una y otra vez que como lector es clave escoger la correcta soledad, y también las buenas compañías. Y reconocer cuando las dilatadas bibliografías no son sino el camuflaje de un pensamiento pusilánime que, sin embargo, quiere imponerse. Asumir que, aunque abundan los libros, los que realmente ayudan son un bien escaso, que uno llega a poder leer bien pocos en el tiempo de una vida… A menudo más vale leer dos veces un determinado libro que dos libros; los que no merecen la relectura acaso no valga la pena leerlos ni una sola vez. Los que he escrito yo, por ejemplo.

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LOS ENCANTOS

Historias de Paco Sanz

Tengo suerte, mi pareja es encantadora. Soy víctima de sus encantos, sin duda. Estar libre de encantamientos puede ser una suerte, Don Quijote que no lo estaba, y que se sabía “malquiso” de los encantadores, tuvo que padecerlos a consecuencia de haber pasado tanto tiempo entre libros como un servidor. La primera vez que los menciona es cuando llega a la posada: “Quizá por no ser armados caballeros como yo lo soy, no entenderán con vuesas mercedes los encantamientos deste lugar, y tendrán los entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como son real y verdaderamente, y no como a mi me parecen”.

Los que estamos encantados de estar encantados puede que no seamos ni príncipes ni caballeros, pero lo estamos al cuadrado. La intelectualización y racionalización crecientes, no significan un creciente conocimiento de las condiciones generales de nuestra existencia. Su significado es muy distinto; significa que se sabe o se cree que en cualquier momento, si se quisiera se podría comprobar que no existen sobre nuestras vidas poderes ocultos o imprevisibles, sino que por el contrario, todo puede ser dominado por el cálculo y la previsión… Pero esto significa el desencantamiento del mundo. Y eso sí que no. Pues bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible.

Cuando vemos a alguien que de repente parece no estar con nosotros, a veces, decimos que se ha quedado encantado. Los monjes zen budistas, los sadu hindúes, los sufís islámicos, los hasidin judíos o los místicos cristianos comparten técnicas de encantamiento, de estar ahí, de prestar atención. Cuando terminas con un pensamiento, y antes de empezar el siguiente, ¿no se produce una pequeña pausa, no pareces haberte quedado encantado? Es la entrada a tu casa de eternidad. Alarga el momento, agranda tu casa, sigue ahí. En un lugar así se está definitivamente bien.

Mi vida, el que siga vivo, es un misterio, no lo entiendo pero me encanta. Cuando Einstein decía: “¿Y qué si tengo la tonta impresión, aquí y allá, de que sobre mis teorías no entienden ni una palabra? Creo que resulta divertido e incluso interesante de observar. Estoy seguro, de que es el misterio de no comprender nada lo que les atrae… les impresiona, tiene el color y el encanto de lo misterioso”. Estaba pensando en personas como yo.

Más de una vez también me he sentido como uno de esos últimos hombres nietzschianos. El “último hombre” es el consumidor místico, el utilizador integral del mundo, es decir, un hombre que no se reproduce pero que disfruta de sí mismo, como en un estado final de la evolución. Encuentra una especie de devoción, un encantamiento religioso, en la idea de su propia existencia. En las grandes ciudades lleva una vida en solitario con una nada amueblada.

He tenido suerte, he conocido mucha más gente encantadora, que de esa que está encantada de haberse conocido; creo como O. Wilde que es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o aburrida. Y es que por caprichos de la fortuna me he relacionado, casi siempre, más con personas a las que les han ido bien las cosas que con gente que trata de hacer algo por el mundo, que suelen ser insoportables; cuando el mundo ha hecho algo por ellos, en cambio son encantadores.

Pienso que ella sabe lo que es el encanto; una manera de escuchar decir sí, sin haberse planteado ninguna pregunta clara. No me une a ella tanto el amor, como el espanto de perderla, será por eso que me encanta tanto… Alguna vez se lo he dicho.

Historias de Paco Sanz

Cómo mueren las cosas…

Historias de Paco Sanz

Más acá de la microbiología está la biología molecular, allí, es donde la química orgánica deviene en vida… La parte de la química orgánica que no está viva, la necrosfera, es considerable. En la Tierra, la cantidad de materia orgánica muerta (necromasa) es 8-14 veces mayor que la materia contenida en la biosfera viva. Sin contar materiales fósiles antiguos (gas, carbón, petróleo…)

El principal supuesto de la mayoría de los científicos en cuanto al origen de la vida, es que ésta se originó a partir de la materia inanimada, a través de un incremento gradual y espontáneo de la complejidad molecular y funcional. Lo inorgánico devino en orgánico a nivel microscópico merced a los microorganismos… En una primera fase, la amonización transformó en amonio el nitrógeno molecular de la atmósfera; y sólo las arqueas y las bacterias podían. En una segunda, la nitrificación convirtió el amonio en nitrito y luego el nitrito en nitrato; ésa fase, de momento, también depende casi exclusivamente de microorganismos.

¡Cómo mueren las cosas es algo fascinante…! es la condición para otra cosa también fascinante: ¡Que “algo” que no vivía consiga vivir…! A nivel celular y a nivel humano la muerte es condición de vida, de nueva vida… Cuando estás dejando atrás el otoño de tu vida, cuando has visto desaparecer a algún amigo porque una parte de su cuerpo no ha sabido morirse a tiempo, cuando has visto convertirse en zombis a tantos, uno llega a agradecer que ciertas cosas mueran.

Pero hasta para morir a nivel celular hace falta una cierta gracia. Apoptosis: de apó y ptosis; en griego separar y caer, como las hojas de los árboles en otoño. Las células que la experimentan mantienen íntegra su membrana, por lo que su fagocitosis y posterior metabolización es mejor para el organismo, que las que mueren por muerte “involuntaria”, por necrosis, que al hacerlo así envenenan el entorno… En la apoptosis la membrana celular externaliza fosfatidilserina, un fosfolípido que hace que el macrófago la identifique como muerta y empiece a fagocitarla fácilmente…

Los divulgadores de cómo creen que se comporta el virus ése no paran de soltar trolas… Como a los que siguen viviendo de las noticias inventadas, les dé por hacernos entender, cómo podemos ser también virus y bacterias, cómo somos y cómo convivimos y coevolucionamos con toda esa parte de nuestro cuerpo que no lleva genes propiamente humanos, la de “inexactitudes” que pueden soltar a este respecto sería mucho mayor…

Hay más diferencia de ser humano a ser humano que de virus a virus. Del virus tenemos el genoma. Lo nuestro es una maraña de microvida y de relaciones, células y humores del carajo. Mejor que no empiecen a intentar divulgar eso. Porque para lío con los números de los epidemiólogos, ya hay de sobra.

Un dado al aire es nuestra vida. Cómo nos va a ir con la enfermedad, la desgracia, la muerte… se tiran los dados.. El juego por excelencia, el juego de los dados (ad zardum), de donde viene la palabra azar. Rima con rezar.

Historias de Paco Sanz

LA MUERTE Y LOS NÚMEROS

Historias de Paco Sanz

El Emperador está desnudo. El saberlo, el que se sepa. Esa es la consecuencia última de la crisis sanitaria que estamos viviendo y de la económica que nos aguarda. El Imperio es una farsa, la dulzura del libre comercio no es tal, la desconfianza en la bondad de instituciones, profesionales y expertos, se va a ir hacia la asíntota; y la Mano Invisible empezamos a notarla en nuestro gaznate.

Estamos empezando a detener la velocidad de la expansión de la epidemia. Pero la inercia de los grandes números, lo terrible del común denominador sigue su canto, pone en entredicho la posibilidad de volver a creer en los trajes del emperador. Por lo visto por la sangre de la décima parte de la población española, ha pasado el virus ese… Y hay más o menos cuarenta y siete mil muertos no esperados. En España hay cuarenta y siete millones de habitantes. Si nos alcanza a pasarlo todos habrá cuatrocientos y pico mil muertos más. Sigo creyendo en los quebrados como un bachiller.

He vuelto de unas fiestas de San Juan, y como si esto pudiera no acabar pasando, las mascarillas y el distanciamiento han brillado por su ausencia. La crisis económica y social tendrán que esperar. En geopolítica, la mascarilla de las fronteras y el distanciamiento de la insolidaridad, vamos a tardar tiempo en poder volver a quitárnoslos. Porque de algún modo seguimos creyendo en lo que nos enseñaron en el bachillerato.

El “olvido del denominador” hace que el numerador se valore, desproporcionadamente. Es algo parecido a la desconsideración de la tasa base en la inferencia bayesiana. Preocupa mucho más que vayan a morir 1000 personas en una gran ciudad, que que vayan a morir una de cada mil. Se está haciendo política con los números. Siempre se ha hecho. Se hace política con lo que uno puede. Pero además nos gusta jugar con ellos, también lo hemos hecho siempre. A saber qué pensar, decidir qué hacer, o predecir lo que nos espera de ellos, estamos acostumbrados; y a hacerlo mal también.

Das positivo en una prueba de enfermedad que padece una de cada 600 personas. El médico te dice que uno de cada 25 positivos en la prueba es un falso positivo. Sales con la idea de que tienes un 96% de posibilidades de padecerla… El médico te recuerda lo de la regla de Bayes, que los números no son así. No lo entiendes… Hablas con un amigo matemático para que te aclare lo de la regla de Bayes. La Regla de Bayes recuerda que la probabilidad posterior es el producto de la tasa base por la razón de probabilidad. Uno de cada seiscientos enfermará. Tasa base. Uno de cada 25 positivos en la prueba es un falso positivo. Razón de probabilidad. 1/600*25= 25/600=4%. Si das positivo en la prueba tienes un 4% de probabilidades de estar enfermo de eso.

No es lo mismo.

Gödel acabó con el Entcheidungsproblem, con el problema de la decisión, demostrando que existían afirmaciones sobre los números enteros que, a pesar de ser perfectamente razonables, no podían probarse ni refutarse. Turing lo amplió a cualquier otra proposición matemática. El ordenador de programa almacenado, tal como fue concebido por Alan Turing y construido por Von Neuman, vino a romper la distinción entre números que significan cosas y números que hacen cosas. Nuestro universo ya nunca volvería a ser el mismo.

Ya conoces el terrible secreto de las matemáticas: está todo basado en nada… La pregunta clave no era si nuevos tipos de números existían “realmente”, sino si sería útil suponer que existían.

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VER MORIR…

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Siempre he andado a la greña con mis costumbres, a ser tiranizado por ellas no me hago. Hace muchos años cuando se me moría el alma después de asistir a la muerte de un paciente, la hermana me dijo, para consolarme, que no me preocupara, que ya me acostumbraría. Le dije que no quería acostumbrarme. Cuando uno está dolido suele ser impertinente. La verdad es que no me he acostumbrado a eso, a otras miserias sí, para mi vergüenza.

Además de ver morir en clínicas y hospitales, aparte de amigos y familiares, por enfermedades y vejeras, he sido testigo de primera línea de muerte por accidente en tres ámbitos que no he podido olvidar. El primero en la montaña, a mis dos compañeros de mesa, de una de esas cenas en hoteles de montaña que por ser mis parientes hoteleros solía disfrutar cuando era muy joven, se los llevó un alud, delante mío, o detrás, porque a mí me pilló adentrándome en el bosque y no se me llevó por un pelo. Tuvieron que sacarme, a ellos nadie pudo hacerlo. El alud cayó por la mañana, hasta la tarde del día siguiente no dimos con ellos.

Cuando ya estaba terminando mis estudios fui testigo de la muerte de un compañero de excursión a caballo. Era un hombre grande, montaba a la española un caballo blanco, como él, más grande que los demás. Con estribos de esos de que aunque te caigas no puedes quedarte estribado. Llegaron ambos caballo y caballero, con uno de esos galopes cortos que hacen tan agradable la monta, donde estábamos los demás decidiendo dónde íbamos a merendar aquel día. Uno de los caballos al llegar el nuevo al grupo puso el culo, y se fueron ambos a la cuneta. Le vi caer mal. Se rompió el cuello. Uno de los caballistas era adjunto de cátedra en quirúrgicas, saltamos los que solemos saltar en estas ocasiones, él le puso el cuello bien y a mí me tocó lo del boca a boca, no ens en vam sortir como dicen los catalanes, no salimos bien de esa. Inolvidable.

La tercera vez no fui testigo pero sí era compañero de hospital y de café de media mañana del padre del muerto. Es uno de esos casos que si se hace una película hay que remarcar que se basa en hechos reales. Un servidor siempre iba a trabajar al hospital en bici. Mi compañero, traumatólogo, en moto. Habíamos bromeado más de una vez acerca de quién ponía más su vida en juego por jugar a eso. Mi amigo vivía en una finca en las afueras, en bici no habría llegado en el poco tiempo que le costaba llegar en moto. Yo vivía más cerca, así que iba de ecologista avant-la-léttre.

Su hijo que aun no tenía carnet todavía usaba una pequeña moto para moverse por la finca. Por fin iba a tener un hermanito. Su padre estaba en el hospital mientras que su madre estaba de parto, cuando el guarda le dice al joven que su padre se ha dejado la moto fuera del garaje. Y parece que va a llover. El joven se ofrece a ayudar a entrarla. Es una moto grande. La pone en marcha, le da demasiado gas, la moto se le encabrita y le cae encima. El niño no pierde el sentido, pero le dice al guarda que se ha hecho mucho daño, que llame a su padre. Muere en el traslado al hospital mientras su madre está dando a luz.

¿Se puede uno acostumbrar a cosas como esas? Cosas como esas no se olvidan nunca.

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¿PARA QUÉ PREDICAS…?

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Dice Woody Allen en su autobiografía que lo que ha hecho más a gusto en el mundo ha sido escribir. Simpatizo con él porque seguro que piensa con alegría en que además le han pagado por ello… Simpatizo también con aquel rabino que no es que dejara de leer sino incluso de escribir, al comprender que no lo estaba haciendo sólo para su Creador. O con los que saben que el predicar no conduce a nada: “¿Por qué continúas predicando, si sabes que no puedes cambiar a los malvados?” le preguntaron a un rabino. “Para no cambiar yo”, fue la respuesta.

Oigo el canto de Federico al “agua que no desemboca, que no desemboca”. Y me encanta la separación entre la teoría y la práctica en todos los terrenos, del mismo modo que la separación entre la realidad y la verdad. Recuerdo las palabras de aquel chico que tras escuchar un bello cuento que le había narrado un viejo, preguntó: “¿Pero es cierto? ¿Ocurrió de verdad?” A lo que el viejo respondió: “No ocurrió realmente, pero es verdad”.

Los escritores, los investigadores, los artistas no están creando nada… Los creativos abundan, los padecemos, me tienen harto. Mi hija vino una vez muy contenta de la escuela porque para no decirle lo mal que había hecho no sé qué, le dijeron que era muy creativa. Un servidor que a veces se pone en plan “jodón” incluso con la gente que más quiere, le dijo a su madre, pero procurando que la niña lo oyera, que hay dos tipos de alumnos: los inteligentes y los creativos…

Desde hace no sé cuantos años no he parado de escribir para nada, miento diciendo que es porque me gusta; me gusta, pero es que además no puedo evitarlo… He caído bajo el hechizo de “maya”. Con el paso de los siglos, la palabra “maya” -uno de los términos más importantes de la filosofía hindú- cambió de significado. De representar el poder creativo de brahmán, pasó a significar, el estado psicológico de todo aquel que se halla bajo el influjo de la magia de la obra. Si confundimos las formas materiales de la obra con la realidad objetiva, sin percibir la unidad de brahmán subyacente en todas ellas, estamos bajo el hechizo de maya.

Las cosas bellas, las cosas buenas, no se crean, se descubren. Con las leyes pasa algo semejante. Al no ser las leyes otra cosa que la expresión de las relaciones que existen entre los hombres, y al estar determinadas por su naturaleza, la relación de una nueva ley es sólo una declaración nueva de aquello que existía previamente. La ley no es pues la disposición del legislador, éste no es su creador espontáneo. El legislador es para el orden social lo que el físico es para la naturaleza. Newton no pudo más que observar, y no declarar, las leyes que reconocía o creía reconocer. No se imaginaba sin duda que él fuese el creador de estas leyes.

Supongo que como acabo leyendo lo que escribo me tomo por mi discípulo, aunque incluso pensarme como mero receptor, me fastidia bastante. Con razón observó Nietzsche que la función más importante de un sistema filosófico es convencer a su propio autor. Se puede probar el acierto de esa observación preguntando a los autores considerados, cuándo, y con qué frecuencia, repiten sus principios fundamentales.

Le pregunto al esclavo: ¿Qué es entonces lo tuyo? El uso de las representaciones imaginativas. Quiero pensar además que eso es lo que poseo como algo inviolable: Nadie puede impedirme, nadie puede forzarme a usar mi imaginación sino como quiero.

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LEALTAD FIDELIDAD

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La Unión Europea, el Estado de las Autonomías, la ONU, la OMS… los estados federales, ¿por qué fracasan?, porque falta lealtad. Para que las relaciones entre gobiernos y administraciones funcionen adecuadamente se precisa de ese lubricante que los alemanes denominan “lealtad federal”, una actitud por la que todas las partes se esfuerzan en facilitar el ejercicio de las competencias ajenas, y procuran resolver las controversias de un modo amistoso y ágil.

Ahora se nota más. La gran mayoría de mis relaciones se han basado en ella. Cuando, llegados los malos tiempos mis amigos me han fallado o he fallado a mis amigos lo he llevado muy mal. Ha sido para mí más de una vez una sorpresa, ver quienes son verdaderamente capaces de mantener la palabra. No han sido siempre los que consideraba buenas personas, con buenas palabras y modos se ha vendido siempre mala mercancía.

La nuestra es una sociedad de contratos, en la que incluso para vivir juntos hay que firmar uno; está claro lo poco que se confía en la lealtad, incluso a nivel personal. Cuando les he dicho a mis amigos psiquiatras, que a las personas fieles a nuestra pareja nos da la sensación de que tendríamos que hacérnoslo mirar, no se lo han tomado en absoluto a broma. Tratan con demasiados adictos, a las drogas, a las malas costumbres… como para no tomarse eso de ser fiel a tu pareja como una posible adición más…

Confundimos el machismo con la virilidad porque lo de la lealtad, lo de la fidelidad no se lleva. La virilidad, es decir la pasión de la unión y la lealtad, se convirtió en machismo, acabemos con él… En efecto, es posible ablandar a los hombres, pero hacerles “cuidar” es otra cosa, y el proyecto tiene que fracasar inevitablemente.

En culturas anteriores a las nuestras, distantes de las nuestras, pero de hombres más sensatos, la lealtad no se la tomaban a broma. Por ejemplo en Japón, el chu significaba lealtad incondicional a la cabeza de la jerarquía social, ya se llamara ésta emperador o shogun, ya fuera de origen divino o terrenal; el chu era el primer mandamiento de la ética japonesa; el ko, la lealtad que se debe a los padres y antepasados, era el segundo, todas las demás normas de conducta venían después.

Para Confucio la lealtad era la virtud clave: lealtad a Dios, al Estado, a la propia familia y a los verdaderos significados de las palabras que uno utiliza. Primeros pasos en la formación hasta la Edad de la razón. La formación profesional y como ciudadano. El trabajo social y el cuidado de la familia. Y el leer y el escribir.

Para saber de nosotros no está mal preguntarse por cuáles son nuestras identificaciones, cuáles son nuestras lealtades, cuál nuestra comunidad, ante quiénes nos sentimos responsables. No me gustan las élites, me gusta la gente. Las élites son cosmopolitas, la gente local. Cuanto mayor es el nivel educativo y de renta de las personas más condicionada es su lealtad.

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LOCURA

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Por lo visto de tanto estar en casa hay más gente chalada. Y ahora que ya podemos salir a la calle, más loco suelto. Mi padre cuando volvía de trabajar decía estar absolutamente cansado. Se hacía mimar por mi madre, y como estaba tan cansado de trabajar se le perdonaba todo. Cuando empecé a trabajar con él me di cuenta de que menudo cuento tenía mi padre, nunca le vi tan feliz como cuando trabajaba.

La parte que tiene lo que hacemos fuera de casa en nuestra salud mental es toda una lección de humildad. Eso de ser profundo es un rollo. La “profundidad” es la dimensión de aquellos que no pueden cambiar de pensamientos ni de apetitos, y se ven reducidos a explorar la misma región del placer y del dolor. Uno se vuelve profundo dejándose invadir por las propias taras.

Es una vieja historia, la de la includencia: proponerse objetivos por encima de las posibilidades. Rigideces inseguibles que terminan paralizando y en la remanencia: ir dejando cada vez más cosas por hacer. Las vías para pasar de la melancolía neurótica a la psicosis depresiva. En confinamiento es fácil, porque lo que podías hacer con gusto solías hacerlo fuera de casa.

Para volver a encontrarnos con el que solíamos ser necesitamos el volver a trabajar, o al menos a alternar. Muchas personas se han olvidado hasta de su nombre a base de no salir de casa. Eso de no ser nadie cansa, enloquece. Si para sobrevivir se ha de ser nadie, como Ulises en la Odisea ante Polifemo, es decir, permanentemente invisible, no habrá identidad, ni autoestima, ni integración social, y consecuentemente, tampoco salud mental.

El tipo más corriente de locura estos días es la depresión. Lo que antes llamaban melancolía. Paracelso había distinguido los lunatici en los cuales la enfermedad tenía su origen en la luna, y en los cuales la conducta, en sus irregularidades aparentes, se ordena secretamente a sus fases y a sus movimientos; los insani que debían su mal a su herencia, a menos que la hubieran contraído, justo antes de nacer, en el vientre de su madre; los vesani que habían perdido sus sentidos y el uso de razón por las bebidas y por el mal uso de los alimentos; los melencholici que parecen estar locos por algún vicio de su naturaleza interna. Enloquecidos por el mundo exterior, la herencia y el nacimiento, los defectos de la alimentación y finalmente los conflictos interiores. Melancolía, el inevitable resultado de todo esfuerzo inútil.

¿Será ya inevitable la melancolía?

Resquiencebat in amaritudine decía de si mismo San Agustín, “me complacía en la amargura”. Hay, en efecto, un estado de ánimo caedizo, que disfruta sintiéndose resto de una edad gloriosa, como el viejo impotente recuerda su juventud disoluta. Parece por fin que la pandemia amaina, que llega la paz. Que no nos pase como a aquel rey que descubrió que la anhelada paz, lograda a un precio tan amargo, engendraba más amarguras que la angustia padecida para alcanzarla.

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EL PARTO

Como le interesaban tanto lo de las energías, lo del yoga, el karma y eso de los chacras y el despertar del tercer ojo, le pregunté ¿que si entendiéramos la vida como una sucesión de ese tipo intercambios energéticos, cuál, diría que es el acto más energético que podríamos experimentar…?

Tardó, un poco, en responderme que hacer el amor; vamos, que follar… Que estar dentro de o tener dentro a alguien. Porque sin duda es un acto aquél, en el que se intercambian multitud de energías humanas y de fluidos esenciales para la vida y tal…

Yo le dije, que seguramente lo más energético que hay en este mundo es hacer explotar una bomba atómica… O tal vez parir… Pero, porque no debe haber forma más energética de sentir dentro a alguien o sentirse dentro de alguien, que pariendo o naciendo… Ese empujar de una misma y desde dentro; desde tus propias entrañas, sin remedio y sin siquiera punto de apoyo… Esa condena a parir o a morir, a salir o a matar. Esa hemorragia de vida. Todo ese mal trago. Todo, solo por tener o ser un hijo… Energía pura.

Recuerdo abrir la puerta del paritorio del hospital con terror, y ver de repente a aquella parturienta sudando encendida y congestionada, retorcida, gritando a no sé quién y mirando a no sé dónde: “¡Que te salgas…! ¡Que te vayas de aquí…! ¡Que me dejes…!” Estaba como fuera de sí.

¿Y yo qué sabía…? No sabía, ni dónde meterme en medio de tanto grito de las al menos cuatro o cinco hembras pariendo en aquella sala. Los dolores de verdad ya habían empezado… Rotas las aguas, las contracciones aumentaban, la tensión me espantaba. Ya, de parto… El dolor en todas sus formas siempre me había aterrado, superado.

Estaba a su derecha cagado de miedo agarrándole la mano, cuando los ojos de la matrona emergieron por encima de aquel monte de Venus que paría, para urgirme a que fuera corriendo a cortar el cordón umbilical…

“¡Vamos, ven, ahora…! ¡Ya está aquí…!”

¿Cómo coño iba yo cortar semejante cosa… Yo, que me mareo siquiera al pincharme cortando una rosa…?

Deja deja, córtalo tú, le dije en un puro mareo… Casi que me caigo al suelo en redondo. ¡Qué nervios! Entre gritos nacemos… Y yo, como un pollo sin cabeza, blanco como el papel, y enredando por allí enmedio…

Me la dejaron echada como ahí; como en el mostrador de una tienda. Solita… Recién lavada eso sí, pero como desamparada y envuelta ella, tan solo en una ligera muselina también de color verde hospital claro… Como si me la hubiesen dejado en un dispensario cualquiera, a la espera de que alguien viniera y se me la llevara… Y claro, no me separé de ella ni un solo segundo.

Recuerdo a mi derecha a un tipo como desagradable, con gorro, mascarilla y bata verde como yo; luego, supe que era el doctor jefe de maternidad del hospital. No paraba de mirarme de soslayo aquel tipo, ni de enumerar un sin fin de detalles médicos varios e incidencias técnicas del parto; luego, supe que estaba dictando los detalles del certificado de nacimiento… Cuando ya llevaba descritos muchos detalles de aquellos, se paró extrañado. Me miró ahora fijamente, y me dijo el desagradable ¿que qué coño hacía yo que no tomaba notas…?

¿Notas yooo…? ¡Ufff qué nervios…!

Sosteniéndole la mirada y muy sorprendido por lo maleducado de su pregunta, le respondí algo retador ¿que qué coño noootas…? No se había percatado el doctor de que yo era el padre… Como de puro nervioso no me estaba quieto por ahí, me confundió, con el enfermero encargado de rellenar el formulario certificando el nacimiento… ¡Ufff qué nervios…!

Entonces, aquellos ojos de matrona con mascarilla abandonaron por un momento la episiotomía en la que estaban, y volvieron a emerger de aquel mismo monte de Venus ahora ya parido, para decirme casi encanada de la risa que dejara ya de enredar por ahí, que me portara bien y me estuviera tranquiliiico… Y que ya, faltaba poco para que todos saliéramos de allí… Hasta la madre recién parida empezó a reírse de lo chocante de la situación…

Y no te digo nada, cuando pretendieron subir a mi pequeña a la planta de neonatos sin que yo la acompañara… Una enfermera me dijo sin más que me apartase, que iban a subirla… Yo le dije “que nanai, que lo que había en esa incubadora era mío; y que tenía que acompañarla sí o sí para saber dónde me la dejaban, no fuera a ser que por error me la cambiasen por otra…”

Aquella enfermera bufaba, e insistía: “que no dijera tonterías y que no podía subir y punto… Que entendiera que estaba prohibido; que esto era un hospital y que era las normas y tal…”

Y yo, cabezón, también le insistí mirándola fijamente: “que era ella la que no lo había entendido… Que yo era el padre, y que me daba igual todo; porque iba a subir a planta con mi hija sí o sí, se pusiera ella como quiera que se pusiera…”

Y al final claro, subí con mi hija y ella…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

NO ES QUE MIENTAN…

Historias de Paco Sanz.

No es que mientan, no sólo es que mientan, es que enredan, es que lo enredan todo. Enredar, primera acepción: prender con red. Cuarta acepción: Meter discordia o cizaña. Coloquialmente: amancebarse. Follar, primera acepción: soplar con fuelle. Cuarta acepción: Practicar el coito. Coloquialmente: joder. Joder, quinta acepción: Molestar o fastidiar a alguien. Nos están jodiendo. Como los jueces, que como bien saben los abogados, cuando fallan, follan.

Pobres expertos, malditos divulgadores. Pobres políticos, malditos periodistas. Alguien tiene que saber, todos no podemos investigar. Alguien tiene que decidir, todos no podemos decidir. Una sociedad sin aristocracia, sin jerarquía no es una sociedad, es una pasta informe. Si no existieran hechos, sólo interpretaciones ¿por qué caray las interpretaciones atroces sean las que más nos ponen? El que la mayoría de las noticias sean declarativas, lo que ha dicho o escrito uno u otro; ser pasto de periodistas con lo que cobran por escandalizar, son ganas de joderse.

El colmo de las ganas de fastidiar es poner las cosas en manos de los jueces. Cuando el espacio entre lo prohibido y lo expresamente perseguido se hace pequeño, la sociedad se para, el engranaje pierde aceite, el motor se gripa, las piezas quedan agarrotadas. La gran ilusión, que el dulce comercio acabara con la pobreza, se apaga, deja de iluminarlo todo, de lucir.

Para algunos la verdadera decadencia es quedarse sin nadie a quién poder fastidiar. Qotelet dijo: Toda mi vida he intentado ir contra la naturaleza humana. He sido recto y franco, no me he humillado, he mantenido mi palabra, me he sacrificado… Y el resultado: He perdido mi fe en el hombre, en mí mismo, en mi ideal. He sido vencido. No se puede ir contra la naturaleza humana. El hombre debe tener todo tipo de vicios imaginables.

Un tipo sin vicios es forzosamente un monstruo, un idiota o un mártir. He terminado comprendiéndolo, pero demasiado tarde. No tengo nadie a quién traicionar. Nadie a quién engañar. Nadie a quién hacer daño. ¡Demasiado tarde, hermano! Ya no puedo fastidiar a nadie, he aquí que grado de decadencia he alcanzado.

Por haber estado tanto en casa hemos aprendido a aburrirnos solos, las circunstancias nos han empujado a pasar más, a pasar mejor, de todo.

Que alguien tenga más razones para buscar a los seres humanos o para evitarlos, depende de que tema más al aburrimiento o al fastidio. Ahora por pura afición a la retórica en lugar de volver a la normalidad nos amenazan con una nueva normalidad, por ver si sigue habiendo, a palabras necias oídos sordos. Un lógico diría: Ex falso sequitur quodlibet, de lo falso cualquier cosa puede seguirse.

Puede suceder que vayamos dejando de poder participar interiormente en las redes. Todo lo que nos rodea se vuelve parte de nosotros, se nos infiltra en la sensación de la carne y de la vida, y, baba de la gran araña, nos liga suavemente a lo que nos rodea, enredándonos en un lecho suave de muerte lenta, donde oscilamos al viento.

Con lo del virus todos somos pacientes. Ahora se trata de reírse de ello. Los pacientes contentos se curan mejor. La risa contribuye a liberar hormonas euforizantes: Las endorfinas, el mejor anestésico natural; la serotonina, la molécula de la felicidad; la dopamina, la de la motivación; la oxitocina, la del amor.

Son un chute tremendo contra el estrés. El trabajador se siente mejor, no se deprime, no se quema, no se suicida, no se va a la competencia. Y la empresa puede seguir jodiéndole impunemente. La producción aumenta mediante la risoterapia. No está el mundo para otro tipo de bromas.

Historias de Paco Sanz

APRENDÍ HACE AÑOS

Aprendí hace muchos años, Geografía y sobre todo Historia de España cuando todavía casi no había autonomías. Bueno, estaban recién estrenadas porque recuerdo, hasta el momento en que en mi colegio cambiaron el mapa político de las antiguas regiones de España, que colgaba desde siempre junto a la pizarra y el crucifijo, por aquel nuevo mapa… Uno nuevo, autonómico decían… Cuando lo colgaron me pareció exactamente igual que el anterior aunque con más colores; pero era diferente, insistían…

¿En aquella época, con diez, doce o catorce años, qué coño íbamos a saber…? Quedó colgado solemnemente en la pared frontal de mi clase, ésa hacia la que todos mirábamos cuando los maestros querían enseñarnos algo… Hoy para aprender algo solo miramos pantallas frías, sin pizarras ni maestros… Poco después se descolgaron también los crucifijos; no sabemos si gracias a Dios…

Tengo más años ya, que la orilla de la playa…

Y precisamente por eso, justo por aprender de España en ausencia de autonomías, creo que todavía recordaría el nombre de la mayoría de los ríos de la península y de sus afluentes principales; el de los cabos y golfos más importantes de nuestras costas; el de nuestras hermosas cordilleras y macizos montañosos, y el de sus picos más altos e importantes…. Me sé, el nombre creo que de casi todas nuestras islas… Crecí, entendiendo que era España desde Gerona al Ferrol, y que tan españoles éramos los de Bilbao como los de mi pueblo, o los de Segorbe, Cuenca o Barbate…

Se ve que soy un romántico. O un facha que dicen ahora…

Una de las cosas de las que más presumo es de conocer esta España nuestra casi entera, pero por haberla recorrido desde siempre y con entera libertad… Nada que ver con lo de ahora en que se masca una tensión, una estúpida diferencia entre nosotros como inducida, como obligada, por un ambiente político irrespirable creado por nuestra panda de reyezuelos nacionales y autonómicos.

Unas diferencias entre españoles, por las que se arrancan los políticos hasta los ojos unos a otros; todo sea por defender sus prebendas, sus carguicos, y sus propias cuentas pendientes… ¡Qué asco…!

Cuando en el ochenta y seis hice el servicio militar obligatorio, para no aburrirme, me fui voluntario ni más ni menos que al Cuerpo de Operaciones Especiales del Ejército… Una vez todos allí solo éramos españoles extrañados unos de otros. Pero completamente iguales y por completo ignorantes, de la dureza que nos esperaba tras nuestra equivocación voluntaria… Solo un montón de jovenzuelos locos e insensatos, debido seguramente a una acumulación excesiva de testosterona en nuestros cojones… Éramos poco más que adolescentes, inocentes, bragados, y seguramente patriotas… Y la mayoría, estoy seguro de que simplemente buscábamos aventura… De Córdoba, de Granada, de Cuenca, de Toledo, de Alicante, de Lugo, de Albacete, de Murcia, de Málaga… En fin.

Ahora parece que buscamos la aventura en partirnos entre nosotros la cara en trozos, para comprobar una vez más lo gilipollas que somos como sociedad; como colectivo. Sufrimos una metástasis roja fruto de un cáncer siniestro, que nuestro país sufre mucho y desde hace mucho… Tanto, que hasta yo estoy a punto de odiarme a mí mismo…

Cuando salgamos de ésta, querría que saliésemos a recuperar unas calles que de verdad todos sintiéramos nuestras. Que volviéramos a pasear por ellas asumiendo como propias nuestras propias calles… Que aprendiésemos como desde pequeños hacen los anglosajones, que nuestra casa no acaba cuando salimos de ella, sino que todos somos responsables de cuidar lo público, porque también es nuestra casa…

Que sintiéramos, que ese suelo que estos días no hemos podido casi ni pisar, es profunda y rotundamente de nuestra propiedad; de todos nosotros, los españoles…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

TODAS LAS TARDES CON ÉL

Historias de Paco Sanz

Fui consciente de cómo desaparecía la mente de mi padre, de cómo la mala suerte dejaba a mi cargo durante unos años el cuerpo del que había sido mi padre. Había ido siempre después de comer a cultivar su jardín, durante casi toda la vida. Cuando empezó a no poder ir solo íbamos los dos. Cuando vi cómo iba a tratarle la fortuna me entristecí… Tanto, que mi querida compañera me dijo que no hacía falta que fuera todas las tardes con él.

Mi padre tenía una magnífica memoria. Era esa persona que hay en todas las familias que sabe más que los demás de los antepasados. Era capaz de recitar por orden 32 de sus apellidos, siempre había una anécdota familiar que asociar a cualquier acontecimiento. En poco menos de dos años, no era capaz no sólo de decir mi nombre sino de reconocerme. Ya antes de que acabara de morirse empecé a hacer el trabajo de duelo, el trauerarbeit que ayuda a olvidar como Dios manda, es decir a recordar lo mejor.

Con ayuda de programas de genealogía me convertí en el que más sabía de mi familia, de la familia de mi señora, de la de mis hijos, sobrinos y sobrinos segundos políticos. Antes de que lo de la privacidad fuera un problema, no me corté en preguntar a los viejos de la familia acerca de los recuerdos que tenían de sus abuelos, a los jóvenes por la fecha de nacimiento de sus hijos, etc. Cerca de los mil parientes, algunos del siglo XVII… Me detuve. Dejé de hacer el idiota, el pelma que siempre habla de lo mismo, el trabajo de duelo se había acabado.

En un rincón de la memoria de la nube esa a la que han desembocado tantos archivos, y puede que incluso en algún disco duro de algún ordenador viejo; en algún DVD de esos que duermen en el fondo polvoriento de un cajón casi olvidado, seguirán los datos de mis parientes… Muchas fotos, algún archivo de voz, galimatías de familias endogámicas y separaciones familiares, que sin los ordenadores serían prácticamente incomprensibles, irrepresentables.

Hace mucho que dejé eso atrás. Tengo el recuerdo de lo que me afectó volver a escuchar los archivos de voz, mucho más que los de vídeo… De cómo se han quedado en mi memoria, sólo los parientes cuyo nombre o relaciones están asociados a alguna historieta… Antes no me importaba dar datos, por ejemplo una tabla de antepasados al que me lo pidiera. Luego me volví como todos, un poco más reticente a darlos, incluso antes que defender nuestra privacidad se convirtiera en algo prioritario… Cuando yo ya no esté, alguien se hará con ellos… Seguro. No es cierto que no dejemos huellas, dejamos huellas… El tiempo se encarga de borrarlas.

Hace poco borrando archivos de WhatsApp escuché la voz de algún amigo que ya no está entre nosotros. El mismo estremecimiento, que cuando me dio por volver las orejas a los archivos de voz del árbol genealógico. Supongo que es nuestro inconsciente el que se ocupa, de la manera animal que acostumbra, en reconstruir la presencia del ausente basándose sólo en los sonidos, de la voz…

Como diría Richard Burton, el poeta del desierto: “Cualquier otra vida es la muerte viviente/ un mundo dónde sólo habitan fantasmas/ un aliento, un viento, un sonido, una voz,/ un tintineo en la cadena del camello”. Por decirlo como otro poeta: “En las sombras de la noche,/ como un tropel de fantasmas,/ ideas y pensamientos/ son duendes y musarañas./ Son melusinas del aire,/ ecos de voz sin palabras./ Son pajarracos nocturnos/ que huyen a la madrugada”.

Historias de Paco Sanz

SOLO.

Cuando un humano se siente profundamente solo, instintivamente, tarde o temprano tiende a alzar la mirada al cielo… Observando ese cielo y si lo hace con atención y detalle, ese humano, sin duda terminará percatándose de que la Tierra lo único que hace es dar vueltas y vueltas en torno al Sol; y de que todos los humanos con él, seguramente lo único que hacemos es girar y girar en torno a no sabemos dónde y por no sabemos qué… Entonces, es solo cuestión de tiempo que su inteligencia humana busque un reloj, y mirando a las estrellas, fije una, y coja un rumbo con intención de llegar a alguna parte o a alguna conclusión…

“Curioso elemento el tiempo” ¿Y las estrellas…? La inteligencia tiende a sentirse sola. ¿Qué coño hacemos aquí entonces, dando vueltas? ¿Cuánto tiempo nos queda? ¿Estamos solos?

Sidharta y el budismo, simplemente mirando a las estrellas y a un río cualquiera, nos sugirieron que con sólo el fluir de nuestra experiencia personal se podría aprender casi todo lo esencial: lo que nos salve… Y que tan solo sería decisión nuestra, el llegar o no a ese estado catártico de verdadera sabiduría sin siquiera la ciencia ni la experiencia… Bastaría tan sólo, con el sacrificio de respetar y someternos siempre, a la razón impepinable de la lógica y a un verdadero amor al prójimo… Siendo éste prójimo, curiosa y paradójicamente lo contrario al estar solo… Hay que recordar que sin un otro no habría nada, aunque podamos aprender casi todo sin maestro…

“Amarás al prójimo como a ti mismo…”

No hay que pecar nunca… No hay que matar nada prójimo banálmente. Ni siquiera a las serpientes, a la ratas o a las arañas, ni a las moscas, ni a las hormigas ni a las bacterias, ni siquiera a los virus… Sólo el hambre y la supervivencia deberían marcar la línea de dar muerte a un ser si no ansías nada… Y pese a que sólo es una corta novela lo de Sidharta y Herman Hesse, el budismo, sí es una filosofía que a los pacíficos perezosos solitarios y autodidactas, nos ha apasionado siempre… Pero porque nos conviene; porque nos viene como Dios; como nuestro anillo frente al dedo del destino… La posibilidad de conseguir un nirvana, un valhalla, un cielo en la Tierra casi a coste cero, con sólo dedicarle todo tu tiempo, toda tu atención y tu misericordia; y aunque eso sí, también todo tu tesón… Difícil, pero no imposible.

Como para mí que inculto y solo, con poco más que unos estudios bachilleres y seguro que burda osadía, intento, convencerme de que hay un cierto orden, y contaros sólo lo que pienso cuando estoy solo, pasa el tiempo, y miro al cielo… Sólo es eso.

¡Qué difícil…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

CUANDO DIOS NO FUNCIONA

Historias de Paco Sanz

Cuando lo de Dios empezó a no funcionarme me dio por intentar saber por dónde se habría ido, dónde puede que estuviera todavía. En un principio creí que en cierto modo seguiría en las palabras, en la gramática. Más tarde creí encontrarlo en le gusto de dejar bien hechas, bien acabadas las cosas. En la necesidad de un observador o en todo caso de una entidad, a la que poder agradecer la alegría de vivir. Lo incompleto de la verdad, como siempre. Puede que haya algo de eso, que no sea sólo eso, y puede que no…

Le echo de menos. Para algunos la sensación de carencia y el amor andan siempre juntos. Puede que lo que eche de menos sea mi infancia, los verdes paraísos de los amores infantiles, pero hay que poner nombre a las cosas… Cuando llegamos a lo que no entendemos, a lo que no podemos predecir siempre nos ponemos en manos del azar; la extrema vulnerabilidad de mi vida es la suerte, me embriago con ella. ¿Dios…?

Me estoy haciendo muy mayor, sin embargo parece que no me canso de repetir siempre las mismas cosas, además, del mismo modo que los viejos músicos repiten sus temas favoritos, cada vez más despacio, para hacerlo mejor, para sentirlo más profundamente… Me he acordado ahora, pensando en el Dios que me falta, de Demócrito… Creo que en los Ensayos de Montaigne leí, que “advertido Demócrito por la edad de que su mente languidecía, él mismo fue al encuentro de la muerte…” A Montaigne no le sirvió de ayuda esa idea porque tuvo una mala muerte.

Tampoco le sirvió a Cioran saber que iba a morir de Alzheimer. Entre alguna de las cosas que dejó escritas y que quiso que se destruyeran, pero que como gran parte de la obra de Kafka no se hizo: “Para cada individuo hay una especie de límite, que por decencia no debería sobrepasar… Podemos haber cumplido nuestro tiempo a cualquier edad; después, continuar es de mal gusto… Un mal gusto universal porque todo el mundo continua. Por todas partes hay supervivientes… La razón profunda del desprecio hacia uno mismo reside en el hecho de no haber desaparecido cuando había que hacerlo, al primer aviso. Ser uno de esos innumerables supervivientes, eso es la vergüenza, la indignidad, el oprobio”.

Y es que como dijo el poeta: “Y aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Yo ya estaba confinado antes de que me confinaran, y una de las cosas que he perdido al hacerlo es no poder encontrarme por casualidad con amigos. Aparte de que la mayoría de mis amigos han desaparecido, siempre me ha parecido que me hago amigo de cualquiera con facilidad; he terminado siendo amigo de mis parientes y mis vecinos como todo el mundo. Pienso en la suerte de la amistad y la alegría compartida cuando pienso en mis amigos… Creo que casi siempre los amigos se encuentran, nunca se buscan, nunca se persiguen, son un hallazgo; pertenecen al destino, a lo misterioso, a la suerte, a lo maravilloso; a lo que es así, esencialmente, ser en siendo, siempre.

La mejor distopía que he leído se lleva por título “Erehwon”. Aquella gente que se distanciaba de las máquinas, de lo maquinal en sus vidas, y consideraba de mal gusto comentar cosas de salud, quejarse… Me es especialmente querida. “No Where”, dice leído al revés. Y termina así: “Que la suerte ponga a la Providencia de nuestra parte”.

Historias de Paco Sanz.

Gracias Paco Sanz 🙏

MULTIVERSOS

Historias de Paco Sanz

Dicen los cosmólogos cosas alucinantes. Antes de que los telescopios montados en satélites lo confirmaran, en el límite de resolución de los observatorios astronómicos montados en tierra ya aparecían más galaxias que estrellas. Luego aparecerían la materia y la energía oscura y lo de los multiversos (muchos universos), y todos volvimos a pensar que ahora sí que no entendíamos nada. ¿Quién logra hacerse una imagen del cosmos que tenga en cuenta los resultados de la astrofísica más reciente? ¿Cómo se puede “mostrar” eso?

La idea, de que si se va con la mirada lo suficientemente lejos aparece nuestro cogote, me parece fascinante… Es una una manera curiosa de creer en la bondad del eterno retorno, del azar como determinante de tu destino. O lo que decían los viajeros de antes de los aviones, que el camino más corto para encontrarse a sí mismo era dar la vuelta al mundo.

Nunca he sido ajeno a aquello de que “vive para ti sólo si pudieres. Pero no sólo porque sólo para ti mueres si mueres, sino porque provincia mayor del mundo eres…” El Fénix de los ingenios, el Don Lope de Vega y Carpio de mis clases de bachillerato, lo clavó en aquel inolvidable poema acerca de sus soledades: “A mis soledades voy,/ de mis soledades vengo,/ porque para andar conmigo/ me bastan mis pensamientos./ ¡No sé qué tiene la aldea/ donde vivo y donde muero,/ que con venir de mí mismo/ no puedo venir de más lejos!”

A la banalidad del mal, siempre me ha gustado oponer la conveniencia de la frivolidad… Al menos para no ser un pesado, para no seguir aplastado por el espíritu de la pesadez. Nadie accede de golpe a la frivolidad… Es un privilegio y un arte; es la búsqueda de lo superficial entre los que habiéndonos apercibido de la imposibilidad de toda certidumbre, ésta, ha llegado a disgustarnos… Es la huida lejos de los abismos que, siendo naturalmente sin fondo, no pueden conducir a parte alguna. Así la frivolidad es el antídoto más eficaz contra el mal de ser lo que se es… Por ella abusamos del mundo y disimulamos los inconvenientes de nuestras profundidades. Sin esos artificios ¿cómo no enrojecer por tener un Alma…? Nuestras soledades a flor de piel ¡qué infierno para los demás! Pero es siempre por ellos, y alguna vez por nosotros, que inventamos nuestras apariencias…

“Soledades”, eso sí que es un oxímoron, no lo de la vuelta a la normalidad con lo que nos están machacando. “Pero sepamos: ¿a quién/ le cuento yo todo esto?/ ¿Hay semejante locura?/ ¡Que hablando conmigo venga,/ y otro cuidado no tenga/ hallándome en la espesura/ destas bárbaras crueldades/ destos ásperos retiros/ diciendo mil necedades/ aquí, donde mis suspiros/ pueblan estas soledades”.

Seguramente espero que tú me oigas, y que te rías de tanta tontería, porque “Tu risa me hace libre,/ me pone alas,/ soledades me quita,/ cárcel me arranca”.

Igual Lope se refería a lo de la soledad en pareja cuando hablaba de soledades, o de la aldea donde vivo y donde muero. Nietzsche acuñó el término Zweisiedler, una manera de ser eremita (Einsiedler), en compañía… Como ahora durante el confinamiento. Sin darnos cuenta nos hemos aposentado cada uno en un lado de la casa durante horas; así que volvemos a echarnos algo de menos, al encontrarnos para cenar juntos, como cuando nos cortejábamos…

También el cosmos social de los conocidos, de los matrimonios, de las amistades, reposa, igual que el cosmos astronómico, en ese equilibrio entre la fuerza centrífuga y la gravedad. La parte más agradable de la vida, su música, y su danza, armonizan la diferencia y la repetición.

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MANERAS DE COMPARTIR

Historias de Paco Sanz

Busco modelos para saber cómo tendremos que acabar montándonoslo. Maneras de compartir. Recuerdo a mi nieto y a mi consuegro que por una cuestión de apreturas en una cena en la bodega tenían que compartir plato. Mi amigo hablaba y comía más o menos como siempre, el niño aprovechando un silencio le dice a su abuelo: Abuelo, esto no es compartir. Si vamos a compartir, mejor fijarse. También recuerdo a mi hija, que era la que comía más despacio. Si había había algo bueno que compartir ponía su parte en su plato y que compartieran los demás. Demasiadas veces se había quedado sin cerezas.

Hubo un tiempo en que, seguramente por no haber vivido nunca en ellas y haber deseado muchas veces hacerlo, me dio por estudiar las comunas. Tuve amigos que vivían, tengo amigos que aun viven en ellas. Venían a por libros a mi casa, olían a maría, a humo y a ropa vieja, eran valientes, divertidos, generosos, amables. Una vez me llevé a una caterva de hijos y sobrinos a una de ellas. Había artesanos y macrobióticos, niños jugando descalzos y familias desdibujadas. Uno a veces criaba a los hijos de una mujer de la que se había separado, que incluso estaba en otra comuna, sin darle mucha importancia, de buen rollo.

La ayuda que recibían de los padres era el lado que mi compañera usaba para mostrar lo falso de toda la situación, a los jóvenes que vinieron conmigo no les gustó nada. Que yo sepa a ninguno de ellos se le ocurriría nunca aceptar como buena una forma de vida alternativa como esa. Les vacuné.

Para que las comunas duren tiene que haber un factor religioso por medio. O la necesidad de una reconstrucción como con los kibutzs en Israel, o una guerra como las comunas agrarias y anarquistas en nuestra Guerra Civil. De hecho las comunas que más han durado son los monasterios. Israel ya se reconstruyó y nuestra guerra acabó, y la necesidad de Dios y el número de monjes van a menos en todo el mundo.

Eran los setenta, estábamos viendo como la alegría por la posibilidad de otro mundo posible de Mayo del 68 se desvanecía, cómo el mercado devoraba el movimiento jipi, cómo amanecía el feminismo poniendo en solfa la idea del patriarcado como única forma de familia posible.

Era el final de la idea de la bondad de la vida en regímenes comunistas. Algunos de mis amigos dejaban la universidad en busca de alternativas relacionales. Me sentí un cobarde muchas veces por no seguirles, así que por el viejo camino de los hombres perversos, me apliqué en convertir las dificultades prácticas en teóricas para poder pensar de una manera y vivir de otra, como esos burgueses, que viven como capitalistas y votan comunista. Me dio por estudiar alternativas vitales y familiares como las comunas, o acabar siempre hablando de la autogestión de Tito en Yugoslavia, o lo de Solidaridad de Walesa en Polonia.

La cabeza a pájaros siempre sigue algo con nosotros, ahora que las residencias de ancianos están en la picota por el virus, estamos considerando la posibilidad de crear comunas de jubilados donde los más jóvenes de ellos cuidarían de los que no pueden valerse por si mismos. Al haber cada vez menos gente joven, algunas escuelas y enclaves universitarios podrían albergar monasterios de gente de una cierta edad que se ha quedado sola. En el “banco de ancianos” los ancianos más jóvenes donarían horas o dinero para ayudar a los más viejos en la confianza de que, cuando ellos envejezcan más, recibirán a su vez ayuda.

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FRONTERAS…

Historias de Paco Sanz

Cuando se ve venir el golpe de viento se rizan las velas, el génova se guarda, se iza el foque más pequeño, nada de lo que pueda ir de un lado a otro se deja suelto. Vivir una tormenta lejos de la costa es algo que no se olvida nunca. La verdad es que de lo oscuro que está el cielo se puede suponer lo que se nos viene enciama. Un cielo tan cargado no se despeja sin tormenta So foul a sky clears not without a storm. Habrá que esperar que amaine. La recesión económica ya estaba avisando antes de la pandemia, hasta que la tormenta no pase el rumbo lo fija ella.

Me doy cuenta de que el mal tiempo no ha terminado porque cuesta mucho hablar de otra cosa, de cómo nos está afectando, y de cómo nos lo vamos a montar cuando amaine, de dónde ha salido el virus, de donde va a salir el dinero para pagar la deuda, qué vamos a necesitar para arrancar de nuevo…

Otra manera de entender el Estado, nuevas fronteras, nuevas costumbres… aguardan. Estos días me han resultado especialmente oportunos los libros que relatan cómo era el mundo de Europa antes de la Primera Guerra Mundial, la Dolce Vita di nobili prima della rivoluzione, la vida bajo la Pax Romana… El virus no ha respetado ni estados ni fronteras ni costumbres. Lo que venga después tampoco lo hará.

Como el advenimiento del cristianismo hubiera coincidido con el Imperio algunos Padres sostuvieron que esta coincidencia tenía un sentido profundo: un Dios, un Emperador. En realidad fue la abolición de las barreras nacionales, la posibilidad de circular a través de un vasto Estado sin fronteras, lo que permitió al cristianismo infiltrarse y hacer estragos. Sin esa facilidad para extenderse se hubiera quedado en una simple disidencia en el seno del judaísmo en lugar de convertirse en una religión invasora y lo que es peor en una religión de propaganda.

Supongo que cuando vuelva el buen tiempo lo de empezar la mejora del mundo mejorando uno mismo será imperativo. Estos días hemos visto comportamientos ciudadanos de una ejemplaridad inaudita. A partir de ahora va a quedar mucho más claro que nunca que la mejora del mundo que no consista en la mejora de uno mismo es un camelo. La cuestión entonces es delimitar las fronteras y definir cuales son las partes sanas del organismo que hay que defender a toda costa. Si, en suma, hay algo por lo que se pueda morir.

Nuevas fronteras, nuevas maneras de entenderlas, de gestionarlas. La frontera entendida como lugar de unión, no de separación, como pasaje, como vacío concebido para los encuentros, los intercambios, los contrabandeos. Toda frontera es eso: un entre-deux. Inter-course, inter-faz; inter-nos; un inter-es; inter-net.

Una nueva idea de lo común aguarda. Que permita creer más en las puertas que en las brechas y entender las fronteras como un asunto de delimitación de gradientes y direcciones de aproximación.

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BUENA CONVERSACIÓN

Historias de Paco Sanz

Una vez le pregunté a mi cuñado qué pensaba sobre algo de lo que sabía mucho más que yo. No lo sé, me contestó, no lo tengo hablado con nadie. Echo de menos hablar las cosas como cuando las hablaba después de comer con mis amigos. ¿Cómo voy a saber lo que pienso de ellas? Tres meses ya sin intentar entenderlas conversando, ¡qué palo! Uno busca alguien que le ayude a dar a luz a sus pensamientos, otro alguien a quien poder ayudar; así es como surge una buena conversación.

Me da la sensación que uno se puede convertir en un charlatán escribiendo, sin darme cuenta de cómo caen mis palabras, sin intentar entender cómo defienden mis interlocutores más sabios que yo, unas posturas contrarias a las mías, ¿cómo no acabar pensando que me estoy quedando sin entendimiento? Los chiflados, por definición creen en sus propias teorías, y los charlatanes, no; pero eso no impide que una persona pueda ser ambas cosas.

Tengo ganas de descansar de mí mismo hablando con los amigos. Cuando me los encuentro por la calle, al otro lado de las mascarillas, a más de dos metros, parece que no pudiéramos decir más que tonterías. Dos pueden hablar yendo de camino, pero para ser más los que hablamos necesitamos la mesa, la sobremesa, el café, la copa. Comprobar si puedo poner a los reidores de mi parte, o al menos ponerme de la suya. En las horas en que estamos abiertos a los demás por la conversación, en cierta medida estamos cerrados a nosotros mismos. Por fin.

Y es que si un individuo acapara la conversación con alguna de sus irrelevantes obsesiones, el grupo puede llegar a un consenso de forma natural -palabras, entonaciones, expresiones faciales, gestos incluso- para transmitir su impaciencia. El mundo de las relaciones cara a cara está plagado de encuestas improvisadas que tantean la opinión colectiva. Las mayorías tiene lugar tan rápidamente que ni siquiera nos enteramos de que estamos participando en ellas, y por ello, entre otras cosas, son tan eficaces. En el mundo real, todos somos termostatos sociales: leemos la temperatura grupal y ajustamos nuestra conducta de acuerdo con ella.

Y eso que soy un letraherido, quiero decir un hombre de libros, pero es que eso de estar tantos días: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ viviendo en conversación con los difuntos/ y escuchando con mis ojos a los muertos…” acaba cansando.

Recuerdo aquello que dijo Freud de su entrevista con Einstein: Ha sido una conversación maravillosa, yo no sabía nada de física y él no sabía nada de psicología. Siempre olvido que si hablo con un científico, o con un niño, mejor que no le pregunte por lo que sabe, sino por lo que él quiere saber. La filosofía es la sabiduría práctica necesaria para participar en una conversación, o dicho de otro modo, el intento de impedir que la conversación derive en investigación. El amar y el hablar están esencialmente ligados.

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REZAR, LLORAR…

Historias de Paco Sanz

He echado de menos dos cosas que una vez sabía hacer y que el tiempo se ha llevado: rezar y llorar. Recuerdo de niño cuando lo hacía, ¡qué sensación de adentrarme en la luz o en la oscuridad conseguía o padecía haciéndolo! Mi compañera cuando va a rezar el rosario con sus amigas, quiero decir a hacer yoga, me dice que me envía vibraciones positivas, antes hubiera rezado por mí. Me acuerdo de las últimas veces que vi humedecerse los ojos de mi hija, pero no a partir de qué momento yo ya no pude llorar más, por mucho que las circunstancias lo propiciaran. El lamento es una forma de comunicarse, el llanto es un asunto privado.

Creo que no se puede sentir intensamente ni alegría ni pena si no se saben hacer esas dos cosas. Creo que alegría como la que sienten los místicos ante la sensación de presencia o de unión con Dios hay pocas. Los que enseñaban a rezar decían: Arrodíllate y reza… y creerás, arrodíllate y creerás que te has arrodillado porque creías, arrodíllate en público y consiguiendo hacer creer que crees creerás que crees, arrodíllate y de este modo harás que alguien crea. Arrodíllate, actúa como si creyeras, y ya no tendrás que creerte a ti mismo, tu creencia existe objetivada en el acto de rezar. Para rezar hay que saber humillarse lo suficiente.

Vivir es exagerar, creo que el poder experimentar alegría o tristeza con intensidad ayuda a dar relieve a la vida. Sin embargo para llorar o rezar con querer no basta. Jorge Manrique que vivió más de cerca la Reconquista sabía de la bondad del saber rezar o llorar: “El vivir que es perdurable/ no se gana con estados/ mundanales,/ ni con vida delectable/ donde moran los pecados/ infernales;/ mas los buenos religiosos/ gánanlo con oraciones/ y con lloros,/ los caballeros famosos/ con trabajos y aflicciones/ contra moros”.

Supongo que empecé a darme cuenta de que más que endurecerme me estaba secando por dentro, al darme cuenta de que no era capaz de llorar en los funerales de mis padres y amigos, y ver como además de las mujeres que vivieron cerca de ellos, mis primos y amigos lo hacían.

No creo que cuando me muera llore nadie, claro. Y es que me he hecho muy mayor. He visto que en los funerales cuanto más años tiene el muerto menos se llora. Y eso que llorar es lo primero que hacemos, que al venir al mundo uno llora y los demás se alegran; es necesario morir riendo y que los demás lloren. Y durante la vida no hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo. A veces me he sorprendido de verla llorar leyendo: ¿Por qué lloras, si todo en este libro es de mentira? Lo sé, me dice. Pero lo que yo siento es de verdad.

Un día que Honoré de Balzac se encontraba escribiendo en su estudio, un amigo entró sin avisar. Al notar su presencia, se dio la vuelta y se puso en pie de un respingo. Muy exaltado, se le acercó. Lo agarró del brazo y, con lágrimas en los ojos, exclamó: «¡Qué horror! La duquesa de Langeais ha muerto». El amigo, que conocía bien la alta sociedad parisina, se quedó perplejo. Nunca había oído hablar de tal dama. Tras observarlo detenidamente, Balzac reparó desconcertado en su propia confusión. La duquesa no existía, era la protagonista de la novela en la que estaba trabajando y, justo en ese instante, él mismo acababa de darle muerte con su pluma sobre el papel.

Historias de Paco Sanz

SOÑAMOS…

Historias de Paco Sanz

Los primeros relatos de Ciencia Ficción que cayeron en mis manos llevaban por título: Soñadores Expertos. Entonces se la llamaba también Anticipación, hoy Fantasía. En aquella época todavía recordaba bien mis sueños, como entonces el psicoanálisis estaba de moda lo primero que hacía cuando me despertaba era anotarlos, para que no se me olvidaran. En algún momento me cansé del juego, pero aún hoy si he soñado mucho, aunque no lo recuerde, sé que he dormido bien. Pero, ¿cómo sabes que has soñado mucho si no lo recuerdas? Porque me he despertado sonriendo.

Estos días de encierro he echado de menos el agua, mis sueños han sido de agua: “El dormir es como un puente/ que va del hoy a mañana./ Por debajo, como un sueño,/ pasa el agua”. Debo haber también echado de menos a mis amigos, sobre todo a los muertos, porque estos días he soñado más en ellos de lo normal.

Estos días de estar en casa es como si nos estuviéramos recuperando de alguna enfermedad. Convalecemos. En general, somos criaturas que no aprendemos ningún arte u oficio, ni siquiera el de disfrutar de la vida. Extraños a convivencias prolongadas, nos aburrimos en general de los mejores amigos después de estar con ellos media hora; sólo ansiamos verlos cuando pensamos en verlos, y las mejores horas en que los acompañamos son aquellas en que sólo soñamos que estamos con ellos. No sé si esto indica poca amistad. Las cosas que más amamos, o creemos amar, sólo tienen su pleno valor real cuando son simplemente soñadas.

Hoy todavía no sabemos dónde se oculta la vida, qué clase de sitio es ése ni cómo se llama. Si nos abandonan, si nos retiran libros y pantallas, nos veremos inmediatamente en un embrollo, todo lo confundiremos, no sabremos adónde ir ni cómo ir, ignoraremos lo que se debe amar y lo que se debe odiar, lo que debe respetarse y lo que sólo merece desprecio. Empezaremos a soñar de cualquier manera. “Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos/ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado/ Todas estas cosas/ había una vez/ cuando yo soñaba/ un mundo al revés”.

Necesitamos seguir soñando, porque necesitamos haber dormido bien. Hay que defender los sueños, los deseos, lo que deseamos lo necesitamos siempre. Los necesitamos para volver a trabajar. Cada trabajo tiene su onirismo, cada materia trabajada aporta sus sueños íntimos. El respeto a las fuerzas psicológicas profundas debe conducirnos a preservar contra todo atentado el onirismo del trabajo. Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un día en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírico, en que cada manufactura tenga su oficina poética!

“Como en el bosque umbroso los caminos,/ he perdido en un sueño mi esperanza:/ un sueño tan oscuro, tan profundo,/ que no puedo encontrarla./ Si alguna vez despierto de este sueño/ al clarear el alba/ creeré que estoy soñando todavía/ y seguiré buscándola”. Para huir de la gran enfermedad del horror del domicilio salimos a reconstruir nuestras ciudades con la esperanza de poder así soñar nuevas islas.

Me parece bien que mis hijos se hayan ido de casa, el “ganao” a su aire, decían mis bisabuelos, pastores. Sueño pocas veces con ellos. ¿Por qué se alejarán tanto de nosotros los hijos, hasta volverse inaccesibles, mucho más que los padres, con los que soñamos con frecuencia, con mucha más frecuencia de lo que sabemos? Los padres están siempre presentes.

Historias de Paco Sanz

DISCUTIR EN LA RED

Hace unos cuantos años me denunciaron arteramente y por el vil metal, esgrimiendo ella ante el juez lo muy amenazada que se sintió, debido a un inocuo comentario que le hice por escrito en una de nuestras tan frecuentes como inútiles discusiones (creía yo privadas) por WhatsApp… Cosas de la ideología de género…

Por ello, ya debería yo de haber aprendido que estos modernos medios de comunicación tecnológica, son nefastos para disentir… Medios éstos de comunicación paradójica, ya que cuando se desata de verdad una discrepancia, es casi imposible comunicar argumentando… Y voy a intentar explicarme.

Los que alguna vez hayáis discutido de verdad y agriamente con alguien por las redes, y si os fijáis un poco me lo reconoceréis, que en medio de la indignación y el acaloramiento de esas discusiones epistolares, todos, sentimos una especie de urgencia, de prisa rabiosa por teclear y explicarle al otro lo irrefutable de nuestros argumentos…

Pero fijaros también, en el hecho de que al no percibir presencia física alguna, no tenemos ningún mensaje del lenguaje corporal de ése otro con el que discutimos… Y por ello no percibimos, esos otros matices tan necesarios para mantener una comunicación intensa, como sin duda lo es una discusión… Y así, a ciegas, al no ver ni el rostro ni la expresión en los ojos del prójimo, solo sentimos una estéril aunque imperiosa necesidad de justificarnos constantemente; de defendernos…

Y precisamente ese tipo de detalles hacen, que no estemos atentos a lo que el otro nos argumenta… Pareciera, que solo estamos como esperando a que él termine de teclear, para darle su merecido escarmiento dialéctico, tecleando ahora nosotros nuestras propias razones…

Es un hecho comprobado, que es casi imposible discutir con hondura y ordenadamente por estas redes sociales de los cojones… Siempre, casi siempre, terminan interrumpiéndose emisor y receptor, pisándose las réplicas, y sin poder llegar razonablemente a ningún sitio común, acuerdo, o conclusión…

El otro día he de confesar que cometí la torpeza de discutir, nada menos que de política y por WhatsApp, con un muy viejo y buen amigo. Un antiguo camarada, con el que por otra parte no me une casi nada aparte de un profundo y verdadero cariño, ya que fuimos y somos hermanos boinas verdes; viejas glorias… Nos queremos mucho porque sí, y porque además nos da la gana… El caso es que él es muy de izquierdas, y yo no soy muy de casi nada.

Al comunismo sí que no le he votado ni le votaré nunca; pero se ve que fui de centro cuando voté a la UCD… Creo, que de izquierdas también fui, porque voté tres veces al PSOE… También de derechas se ve que podría ser tras votar otras dos al PP, creo… Y ahora, porque he votado a VOX según dicen, debo de haberme convertido en un fascista. En fin…

Yo, si hay que cambiar, se cambia…

El problema de muchos de nosotros es, la casi total incapacidad para cambiar nuestra opinión acerca de ciertas ideas adquiridas, bien por la costumbre o bien por inducción… Lo que se llaman comúnmente prejuicios.

La costumbre, nos hace añorar aquella cocina de nuestra madre pero no porque fuera la mejor, sino simplemente porque crecimos con ella. Y así, también nos acostumbramos a la lengua materna… Y nos convierte la costumbre, por ejemplo en zurdos, en lectores, o en dibujantes… Las costumbres de nuestros hábitos hacen, y luego dicen de nosotros, si somos buenas o malas personas, educados o maleducados, atentos o casquivanos…

Las ideas inducidas en cambio nos influyen, en detalles diríase más primitivos como por ejemplo el de ser de nuestro equipo de fútbol; a muerte con nuestra tribu aunque juegue como el culo; a muerte somos del Betis ‘manque’ pierda… Debido a ese mismo tipo de tribales resortes psicológicos, somos inducidos también y por multitud de razones, a identificarnos o a simpatizar, a alinearnos, o hasta finalmente afiliarnos a tal o cual partido político; y nos suscribimos de por vida a una ideología ya sea diestra o zurda… Las ideas inducidas, también nos convierten por ejemplo en adictos al tabaco o a las drogas; o nos inducen a dar por hecho, cosas tan extrañas y erróneas, como que nuestra pareja no solo ha de acompañarnos sino que también nos pertenece…

Creo, que todos deberíamos relajar el músculo de la intransigencia, y acostumbrarnos a llamar al pan pan y al vino vino; y disponernos, a cambiar aunque sea algunas de nuestras muchas convicciones erróneas…

Que no nos engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LAS ESPERANZAS…

Historias de Paco Sanz

Sólo los muy valientes o los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Ahora más que tener esperanzas estamos a la espera de que esta pesadilla pase. Esperamos poder por fin salir, volver a ver a los nuestros, que no nos coja el virus ni la pobreza, que inventen algo… Antes esperábamos cosas mucho más vagas: que les siguiera yendo bien a los chicos, suerte para envejecer como Dios manda, que gane mi equipo, mejorar como personas…

¿Estamos a la espera o tenemos esperanzas? Esa es la cuestión. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social.

Me gusta mucho la historia porque estoy siempre modificando mi pasado. Si resulta que las cosas de mi vida no fueron como me parecía mis esperanzas mejoran. “Esto hiciste, dice la memoria. No hice eso, contesta el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Los que quieren que su pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

La reforma del pasado que acometen todas nuestras actividades internas se conjuga con la confianza en un incierto futuro. Por anodina que pueda parecer la vida de un adulto en comparación con los grandes proyectos que trazara en su infancia y adolescencia, la firme esperanza en que un golpe del destino le vaya a convertir en el héroe o semidiós que una vez soñara no lo abandonará del todo en ningún momento; las primeras esperanzas constituyen la últimas decepciones.

Como ni soy muy valiente ni muy tonto alimento cada día mis esperanzas, me ayuda a dormir mejor. Como los poetas: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas… Mientras que se sienta que se ríe el alma/ sin que los labios rían;/ mientras se llore, sin que el llanto acuda/ a nublar la pupila;/ mientras el corazón y la cabeza/ batallando prosigan,/ mientras haya esperanzas y recuerdos,/ ¡habrá poesía!”

Historias de Paco Sanz

MENTIRA…

Historias de Paco Sanz

Los que mandan mienten para seguir en el poder, los que no, porque quieren mandar. Los que mandan dicen la verdad: quieren seguir en el poder. Los que no, también: quieren conseguirlo. Si trabajo, gano dinero. Si estoy ocioso, me divierto. O gano dinero o me divierto. Si estoy ocioso no gano dinero. Si trabajo no me divierto. O no gano dinero o no me divierto. Los soles de la realidad, el de mentir que se levanta por el este, y el de mentirse que por el oeste se acuesta. Ahora que estamos solos vamos a decir la verdad, vamos a contar mentiras.

Mentir simplemente. Mentir para conseguir algo: no hacer daño, etc. Mentir por mentir. Mentir para ver si se lo creen y acabas creyéndotelo tú. Mentir a base de no decir nada. Mentir contestando otra pregunta. Mentir con la verdad incompleta. Mentir diciendo que esa es toda la verdad. Mentir diciendo la verdad de tal manera, que no se te crea. Mentir diciendo que te crees lo que dices. Mentir haciendo ver que te crees lo que te dicen. Mentir sin decir nada…

La deliberada negación de la realidad fáctica -la capacidad de mentir- y la capacidad de cambiar los hechos, -la capacidad de actuar- se hallan interconectadas. Deben su existencia a la misma fuente: la imaginación. Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja que supone el conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír. Si el político solo tenía que aparentar que creía en lo que decía, el elector solo tiene que aparentar que es en realidad él “quien” se ha equivocado. Las fantasías no son, sólo, mentiras. La frontera entre realidad social y sueños políticos es inestable en la época del duermevela de la tontería.

Con la poesía no hay quién mienta. La poesía va más allá. A ver: “Por como ahora me miras/ comprendo que puede haber/ verdades que son mentiras./ Por como me estás mirando/ comprendo que no me engañas/ aunque me estés engañando”. El abuso de la verdad y de la ciencia están empezando a producir un alza en el valor de la mentira, la tiranía de la prudencia puede hacer germinar una nueva especie de nobleza de alma. Ser noble puede llegar a ser tal vez tener la cabeza llena de pájaros.

Lo que mejor resiste el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la retienes sin que se deteriore. En cambio la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua: incolora, inodora e insípida, el paladar no la percibe, pero nos refresca. El criterio que se suele usar para separar la verdad de la mentira, los discursos falsos de los verdaderos, remite más a la posible utilidad pragmática que a su adecuación a la realidad. A la realidad que le den. ¿A ver si nos viene encima con pretensiones de que estropeemos con un mal recuerdo una buena historia?

Historias de Paco Sanz

FALTA DE OLFATO

Historias de Paco Sanz

El distanciamiento social, miseria que va a seguir al confinamiento doméstico, y que va a durar mucho más que lo de tener que quedarse en casa, va a hacer más difícil no sólo tocarnos, sino incluso olernos. Dicen que uno de los síntomas de que te has contagiado de la enfermedad esa que nos confina y distancia es la anosmia, que pierdes el olfato.

Los que se mueren de ella se mueren ahogados. Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si dejamos de dejar que entre aire para dejar de oler, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido. Algunos ahora además sueltan aire envenenado, como si quisieran devolver el golpe.

Estos días he visto llenarse de hojas los árboles del parque que está delante de mi casa. No he podido esta primavera ser testigo de su llegada como cada año. Me he acordado de aquello que pedía Ramón: “Debería haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos”. Lo que uno no puede oler tendrá que mirarlo de cerca. “What a man cannot smell out, a man may spy into” si no puedes sacar el olor, puedes fisgar dentro. Pues bien, hoy ni eso.

De momento no hay manera de dar a oler, de conseguir saber a qué huelen las personas, las cosas que están al otro lado de la pantalla. Una de mis nueras ha jugado a fabricar perfumes con sus hijos. Los niños nos los enseñaban. El más pequeño en un momento dado lo acercó a la pantalla para que lo oliéramos. ¡Pobres de nosotros! Me consuelo pensando que no tener que oler según a quién no está tan mal.

Mi abuela, que era cocinera profesional, de esas que son capaces de pillar los mil y un ingredientes de un guiso, perdió el olfato. Nunca recuperó la alegría y la mala leche que la caracterizaban. Un poco como si al desterrarla de la cocina la hubieran dejado sin aliento. Me acordé del sentimiento del mundo de la pantera de Rilke, que da vueltas en su jaula sin olfatear mundo alguno tras los barrotes, se corresponde con el diseño del mundo del depresivo, que no alcanza siquiera a lo más próximo.

Que no nos falte la poesía. Decía Federico que la poesía tiene un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Con ellos se puede nutrir ese gramo de locura que todos llevamos dentro y sin el cual es imprudente vivir, para ponerse el odioso monóculo de la pedantería libresca que lleva prescindir de ella. Para los mexicanos es el aliento de los dioses. La poesía y su milagro, la creación de un ámbito, igual que un perfume.

Historias de Paco Sanz

Mi tío Miguel

In memoriam.

Miguel ‘Hilarión’

Recuerdo, cuando coincidía con mi tío Miguel por ahí y yo iba con alguna chorva. Veintipocos años… Daba igual dónde estuviéramos; se acercaba, posaba paternalmente su mano en mi hombro y me llevaba a un aparte; socarrón… Y mirándola de soslayo, apenas señalándomela con el gesto furtivo de su mirada, me decía como en un susurro chocante, como en un secreto entre picardías nuestras: “no seas tooonto sobriiino…”

Cuando ya con treinta y muchos, le presenté y le gustó la que luego sería madre de mis hijas, también me llevó a un aparte… Pero esa vez, me agarró del brazo y sin dejar de mirarme a los ojos, me dijo también sonriendo aunque algo más en serio: “ya es hora de que te recooojas sobriiino…”

Ahora tengo cincuenta y tres años y espero, que todavía me quedarán algunos más de quince, de aquella salud como Dios mandaba y que tanto y tan bien pregonaba el ateo de mi tío: “mientras se me siga empinando el ánimo, es vida…” decía entre golpe y golpe…

“Sobrino, cuando ya no se te ponga dura, malo…” El resto, la decrepitud, afirmaba mi tío que no sería ni salud ni vida ni ná… O sea, que había que ir buscando cosas en la vida que te la pusieran dura…

Y no murió muy joven, pero tampoco murió muy viejo: de cáncer de pulmón… Fumó mi tío Miguel hasta casi su último día tabaco negro… Cuanto más negro mejor. Tomó un berrinche de cojones cuando se enteró, de la mariconada ésa de que iban a dejar de fabricar los legendarios Celtas Cortos sin boquilla. Como si a partir de ese momento fuera mejor morirse un poco más tarde… Pero en seguida; casi al mismo día siguiente, empezó a fumarlos con boquilla… Éso era adaptarse…

Era un cuasi filósofo aunque sociólogo de estudios, agricultor de herencia y de corazón, sabio de palabra… Un lector, bebedor y polemista empedernido. Que igual, podía tirarse una noche durmiendo en el suelo acurrucado junto a la lumbre de la casa del gitano que siempre regaba nuestra finca; que al día siguiente y con solo ducharse, era recibido en el despacho del Presidente de la Diputación Provincial de Alicante porque habían estudiado juntos… Eso lo vi yo.

Tenía el don, de saberle hablar a cada persona de forma, que prácticamente siempre se le entendiese casi a la perfección… Pero claro, para eso hacía falta tener palabra, no solo el don de la palabra… Un verdadero genio mi tío. Un tío chulo.

Una vez me confesó, que su peor experiencia en la vida era el repetir a menudo la pesadilla, de tener que revivir la muerte de una gran amiga en el accidente de un coche que él conducía…

Casi como ahora -he pensado- que provocamos muertes sin quererlo.

Y, ya no me acuerdo de qué es lo que era de lo que os quería hablar…

eeen fin… Que os quiero mucho…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

vida ondulante

Historias de Paco Sanz

La vida es ondulante, ahora sabemos que hasta la materia lo es. Mientras no llegue la vacuna la desgracia del virus ese volverá a hacerse presente por oleadas. Ondas intercambian las antenas, ondas cerebrales medimos para saber qué pasa cabeza adentro. La misma simpatía parece una función de onda. Por ejemplo, los asistentes a conciertos en directo sintonizan las ondas cerebrales dentro de un rango de frecuencia de 2 a 4,5 hercios. ¿Hay un efecto de contagio? Cuando no se está en presencia del ejecutor ni en compañía del público no pasa.

Ahora que los políticos tienen que tomar decisiones guiados por los expertos, como no hay experto que valga en lo del COVID-19, es hora de darse cuenta de que esto va para largo. Que viene mala mar. Que contagios y muertes volverán a presentarse en oleadas. Necesitamos todos hacernos una idea acerca de qué va en realidad la cosa. Las limitaciones de nuestra imaginación se traducen en los pobres modelos con que nos hacemos, cuando tenemos que describir algo que no se parece a nada que hayamos experimentado antes. Imaginar cómo la luz puede ser a la vez onda y partícula nos cuesta porque nos cuesta reprimir “un vano e incontrolado deseo de verlo en términos de algo familiar”.

Al marido de mi sobrina le dio por enfermar, mi sobrina que es muy bachillera hizo un master de su enfermedad, un poco como nosotros estamos ahora haciéndolo en microbiología; cuando hablaba con el personal sanitario que atendía a su marido daba conferencias acerca de la fiabilidad de los análisis, la bondad del pronóstico, etc. Más de una vez el pobre enfermo tuvo que oír como le decían, sin la menor ironía, qué suerte tiene usted con que sea médico su señora.

Ahora convendría desarmar el cientificismo entendido, como la pertinaz sospecha de que el sentido común nos la está jugando; un acceso más profundo y más fiable implica abandonar la costa de los paradigmas compartidos por todos, para hacerse a alta mar relativista y cientificista si se pretende sobrevivir a la percepción falsa de la realidad basada en el sentido común. Cuando la ola del poco tiempo y pocas luces para comprender nos alcance.

El clima, la vida se presentan por oleadas también. El océano de la verdad lava los guijarros con cada ola, y estos resuenan y tintinean con el más maravilloso de los estrépitos. Por decirlo en verso: “Tempestades de deseos/ contra los muros del alba/ rompen sus olas. Me ciegan/ los tumultos que levantan./ Nido en el mar. Cuna flote./ La flor que flota en el agua/ me sostiene mar adentro/ y mar afuera me lanza./ Cierro los ojos y siento/ el tiempo interior que canta”.

En fin, que me cuesta deshacerme de la tristeza de darme cuenta que esto de la pandemia no ha hecho más que empezar. Que volverá. Tengo que recordarme que soy un caballero valiente, no una bestia asustada, cuando vuelva a andar la calle. Tengo que volver a escuchar a mi sentido común Sancho Panza para dar la talla de nuevo. “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuesa merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes”.

Y a ver si renuevo mi confianza en la bondad de las personas. Que hay poca gente que sea mala gente. Que los días que veo mucha mala gente a mi alrededor seguramente el malo sea yo.

Historias de Paco Sanz

UN BUENA IDEA

No dejo de pensar en ésto del encierro, porque eso del distanciamiento social todavía me da más grima… Ya no recuerdo donde lo leí, pero sí la canción que oí de Billy Holiday “Wrap your troubles in dreams” donde se decía aquello de que se podían transformar los problemas en sueños… Pues resulta que a mí ahora se me ha ocurrido una buena idea… Me asombra el páramo en el que se ha convertido nuestro mundo debido al simple hecho de que nos hemos apartado tan solo un poco de él… Metiéndonos en nuestras casas.

¿Lo veis…?

La industria del petróleo por los suelos. Los traficantes más vigilados. Las tan potentes industrias automovilísticas con un nudo en la garganta. Las putas sin trabajo; políticos y periodistas espantados… Las redes sociales haciendo de alcahuetas o de viejas de visillo… Las televisiones vendidas al mejor postor y traicionándose a sí mismas.

El turismo mundial arruinado. El transporte en la cuerda floja. Las empresas energéticas temblando; las tecnológicas no tanto… El mundo entero y casi todas sus grandes empresas y proyectos, todos por el suelo por el mero hecho de que todos, nos hemos quedado en casa… Todos.

Fijaros en el detalle; quedaros con él.

¡Tan solo permaneciendo todos quietos, hemos cambiado el mundo y de qué forma! ¿No os parece maravilloso…? ¿Veis el tremendo poder que hemos desatado?

¡Pues vaya un bodrio de novedad…!

“Simplemente dejando de comprar podemos provocar un tremendo quebranto a esas empresas que sostenemos, y que tanto se supone que han abusado de nosotros…” dijo un rojo célebre.

Deberíamos haber sabido ésto desde siempre, y nos habríamos ahorrado muchos de los disgustos que nos han dado tanto el comunismo como el capitalismo… Solidaridad. La huelga honrada, la huelga con razón, el antiguo concepto de la huelga por justicia… Huelga no para acomodar salarios como hacen los sindicados, sino para repartir la justicia como deberían perseguir quienes promueven huelgas justas…

Si abusan con el recibo de la luz, apágala y enciende verlas… Si te censura el Facebook que le den por culo, desinstálalo… ¿Que el whasap te toca los huevos? escribe cartas, postales, visita a tu amiga o llámala… Si tu coche todavía tira, dale… Si tu pareja te ama después de todo ésto no la cambies; y si la echas de menos díselo… Si todavía funciona bien no lo tires, porque lo nuevo muchas veces no es lo mejor sino solo lo nuevo…

Pero todo ello deberíamos hacerlo juntos, a la vez, como ahora… De golpe.

Porque dime de qué te sirve ahora ese nuevo coche sin pagar en el garaje, cuando el que cambiaste todavía estaba para tirar algún kilómetro más… Dime, de qué te sirve ahora ese monísimo vestidor lleno de ropajes, que solo te servían para que quedaseis bien el espejo y tú… Confiesa, que cambiarías sin duda esa horterada de vacaciones que tenias contratadas sólo, por abrazar a tu vieja y que no estuviese tan en peligro…

¿Tanto papel higiénico para qué…?

Mi único problema es que hoy me he quedado sin chocolate… Pero drogas hay muchas para soportar este encierro: el whisky y la lectura o el Pilates; acordarme muchas veces al día de mis hijas; escribir todo lo que pueda o llamar a mi madre; dibujar y cocinar; preocuparme de mi sobrina la enfermera y saber de mi otro sobrino en Madrid…. Mirar a Manuela.

Y escribirte, y acordarme también de ti mi amigo que estás leyéndome…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

en cuanto salga…

Ayer fue un día melancólico, hoy ya veremos… En cuanto pueda salir lo primero que voy a hacer está muy claro: correré como un loco a ver a mis hijas…

Lo segundo que voy a hacer, será llevarme a Manuela de viaje por ahí aunque sea cerca o muy cerca; los dos solos… A infectarnos de nuevo una y otra vez; como hasta ahora, y como ha sido siempre entre ella y yo… Tengo una mujer de ésas que no me la acabo, y claro, no me canso de infectarme por mucho que nos sobemos…

Pero es más inquietante lo tercero que todos tendremos que hacer, como por ejemplo, cuando nos tengamos que ver frente a un amigo…

¿Nos quitaremos la máscara al hablar? ¿Le daremos la mano, subiremos en su coche o palmearemos su hombro? ¿Aceptaremos sin renuencia el pitillo que nos ofrezca; fumaremos acaso de su porro? ¿Nos dará solo cierta repulsión, asco, o nada…? ¿Cuánto de cerca nos situaremos al apoyarnos en la barra del bar? ¿Iremos acaso al bar…? Todos sabemos, que no se podía estar más cerca de los buenos amigos que en un bar; al menos para un español. ¿Pediremos caña, o por el contrario botellín que es más higiénico? ¿Necesitaremos mesas separadas para comer juntos…? ¿Podremos contarnos secretos al oído, o compartir el postre?

¿Me abrazará si lo necesito…?

Llamar mascarilla a lo que ahora quieren que nos pongamos, es una mentira piadosa, porque lo que desde hace algún tiempo necesitamos los españoles parece ser, que es más bien un yelmo para protegernos frente a nuestras propias guerras, o una verdadera máscara carnavalesca para escondemos tras el asco, la repulsión o el miedo… Llevamos mascarilla en vez de máscara o yelmo, en este asco de carnaval macabro donde ahora muere gente en guerra.

La peste bubónica, el tifus, la rabia o la viruela, te aseguraban una muerte horrible; este puto coronavirus parece como si se la asegurara a otros… No sabemos a quién.

¿Seguiremos desviando hasta la mirada al cruzarnos demasiado cerca unos de otros? ¿Saludaremos, o llegaremos hasta a evitar el saludo para no contagiarnos de saludar? Salud, saludar, dar salud… ¡Qué paradoja de palabra en este momento que nos toca vivir…!

¿Y si ya nos hacen trampas enmascarando las noticias, y encima nos enmascaran la expresión y la sonrisa, qué nos queda…? ¿La palabra? ¿Dios?

¿Sabéis qué? Yo sí…

Cada vez más.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras….

Ángeles. Leyendas.

Historias de Paco Sanz

Hay un viejo relato malgache que cuenta que al principio el hombre fue creado por dos dioses. El dios de la tierra lo hizo de madera o arcilla, el dios del cielo le dio la vida. Pero los creadores discutieron entre si, y por tanto cada uno volvió a llevarse lo suyo. Por esta razón mueren los hombres, lo que implica que la vida regresa al cielo, mientras el cuerpo vuelve a la tierra. Ahora con tanto quemar a los muertos parece que quisiéramos que también ellos, quiero decir sus cuerpos, subieran al cielo.

Ahora que tantos están necesitados de cuidados viene a cuento una vieja historia, que dice que al ángel bueno de los hombres se le ha llamado Cura, siguiendo una vieja fábula griega. Dicen que una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando cogió uno de ellos y empezó a modelarlo. Mientras empieza a darle vueltas a qué ha hecho se acerca Júpiter, que casualmente pasaba por allí. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer Cura poner su nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió diciendo que debería darle el suyo. Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre se levantó la tierra Gaia y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto era ella quien había dado parte para la misma de un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron para juez a Saturno.

Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu lo recibirás a su muerte; tú Gaia, por haber ofrecido tu cuerpo, recibirás su cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio por su nombre, que se llame “homo” puesto que está hecho de humus, tierra fértil. Cura prima fixit, Cura teneat, quamdiu vixit. Cura lo hizo, que lo tenga Cura a su cuidado. El “ser en el mundo” tiene la acuñación ontológica de “cuidado”. Nuestro ángel bueno, Cura, nos tiene a su cuidado.

Para Benjamin los ángeles eran creados por casualidad, entendía lo “efímero” como la verdadera actualidad. Una vieja leyenda talmúdica dice que los ángeles son creados (cantidades ingentes de ángeles nuevos a cada instante) para, una vez que han entonado su himno a Dios, terminar y disolverse ya en la nada. Lo efímero entendido como la actualidad que se conformaría en la presencia de Dios, que por ello sería verdadera. Ángelus novus.

Aunque haya muchas clases de seres seráficos, para hablar con propiedad, deberíamos distinguir entre: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potencias, Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los encargados de los asuntos humanos. Una manera más profana de aventurarse por los órdenes angélicos llevaría a distinguir los ángeles de las preguntas y los de los finales. Así podríamos hablar de Incentívere, Escónditur y Revelatio, los ángeles del enigma; Nullius, Anonadatis, Noseris y Terminatio, los de la muerte.

Pregunta el poeta: ¿Quién, si yo gritase me oiría desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel me cogiese de repente contra su corazón: ¿me desharía por su más fuerte existencia? Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos; y lo admiramos tanto porque como al desgaire desdeña aniquilarnos… Todo ángel es terrible.

Al final: “Como las rejas de una cárcel mi cama tenía/ los barrotes de hierro./ Trompetas finales sonaban en la noche/ sin luz y sin sueño./ Los ángeles blancos partían y venían volando /los ángeles negros”.

Historias de Paco Sanz

frente al virus, conclusiones

Día no sé cuántos, de la veremos a ver si solo cuarentena…

PRIMERA CONCLUSIÓN

Somos simios, fuimos monos… Todos tenemos miedo a morir, y al hambre; aunque desde siempre sepamos que miedo y hambre son algo natural, intrínseco a nuestra existencia… Nos hizo bajar de los árboles el miedo a morir de hambre; y nos obliga a volver a subir a esos mismos árboles, el miedo a morir devorados por el miedo al hambre de los demás…

SEGUNDA CONCLUSIÓN

Nuestro estado autonómico hoy es una verdadera mierda porque nos separa y no nos protege. No nos une; no nos sirve… Lo divide todo; lo empequeñece…

TERCERA CONCLUSIÓN

El miedo a morir es relativo porque yo no lo tengo tanto, tal y como está el mundo… Lo que sí da miedo, es tener que morir sin posibilidad de luchar. Mi tío Miguel siempre decía que lo que más temía en este mundo era a la decrepitud… Y dado cómo de mal están muriéndose los que son tan viejos como lo era él entonces, se ve que tenía razón…

CUARTA CONCLUSIÓN

Los españoles somos ciudananía adorable, como colectivo autonómico, como Nación, o como nos salga del capullo… (nóteseme la ironía)

¡Que se dejen de Ostias…! Solidarios, viejos como pueblo y duros, nos queremos mucho los españoles; y somos capaces de asumir casi cualquier sacrificio por el prójimo próximo, y por el prójimo lejano… Una vez dominamos el mundo, recordadlo.

Y QUINTA CONCLUSIÓN

Casi la totalidad de nuestros políticos son basura fermentando; como así mismo lo son muchos periodistas listos… No nos sirven, se sirven; de nosotros claro… Y si huele tan mal lo que nos dan, seguramente es mierda. Pensadlo.

Que no nos engañen…

¡VIVA ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…..

El mundo ha muerto

¡Vaya mieeerda…!

Tengo la tele enchufada y tan solo asoman noticias pagadas, falsas, putas; programas viejos y tiempo muerto, mucho… Da igual el canal que pongas. Nuestras televisiones son una extensión de la sociedad que las genera y su escaparate… Y, ya no la totalidad de las televisiones sino también casi todo el periodismo actual, son en general una verdadera sentina llena con mierda de intereses espurios, a rebosar de cagadas de rata…

“Si un traidor puede más que unos cuántos,/ que esos cuántos no lo olviden fácilmente…”

Pues yo, no me resisto a irme. Me voy, me bajo…

Me voy directo a la rebeldía de mis letras. Voy, a refugiarme tras el parapeto seguramente erróneo de mis convicciones, de mis creencias e instintos más profundos. Dice mi maestro Paco Sanz algo así como que escribir es pasear, o algo así debería ser… Fluido, rítmico, agradable. Algo, que te permita respirar mientras lo practicas porque no ofusca el habla, ni el pensamiento, ni la atención; porque son precisamente estas tres habilidades las que marcan nuestros pasos con las letras… Atrapar con la atención lo fugaz del pensamiento, para que haga pensar a otros atentamente; y todo ello sólo con el habla…

Tengo la infinita suerte de que este infierno de encierro me haya pillado junto al amor de mi vida; beatífico, redentor… Las penas son menos si te pillan unido muy fuerte a la mujer con la que quieres futuro… “Se pare el mundo que yo me bajo,/ si no te puedo ver…”

Pero es curioso ésto del amor porque echo de menos también muchos otros amores, ésos que corrían por las calles… Vosotros. Vosotras mis hijas alejadas. Nuestros hijos. Nuestros viejos padres enclaustrados por el peor miedo posible, que no es otro que el de perderlos inmediatamente…

Extraño tiempo éste que en el siglo XXI, nos exige sacrificios ascetas en medio de tanta tecnología… Claustro, resignación, paciencia y silencio; y el que sepa: oración, comedimiento, análisis, reflexión…

Eso solo le pido a Dios…

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…

PRESENCIA DE DIOS

Historias de Paco Sanz

Siempre he pensado que la mejor prueba de la presencia de Dios es la necesidad de agradecer; que el no poder dar las gracias a nadie ni a nada por nuestra alegría, por las buenas cosas de la vida, o al menos por nuestra no tan mala suerte, es una pena. Usar la idea de Dios para otras cosas, como por ejemplo para encontrar sentido a la vida me parece conformarse con un Dios de rebajas, es algo así como creer en su existencia.

En cuanto a la idea de Dios como artífice de castigos y condenas me parece tan repugnante como el rebrote del nacionalismo en Europa ahora que vienen mal dadas. Mis antepasados por la línea paterna en las tierras altas de Soria, que cinco generaciones arriba eran pastores, solían dirigirse a sus hijos llamándoles cariñosamente: “¡Hijo de un condenao!” Y a mi querida compañera de vida y actual amante le ha sonado siempre algo blasfemo decir: “¡Dios te ha castigao!”

En fin, condena o castigo, de Dios o del Azar, que así algunos a Dios le llaman, la peste ha venido; y un poco como la primavera, nadie sabe como ha sido; se ha presentado porque sí.

La manera de morir de estos apestados parece hacer innecesaria la presencia de Dios. Eso de poder agradecer va bien para poder despedirse, para poder morir bien, como Dios manda. El ver cómo se están muriendo estos días nuestros mayores es como para ponerse a llorar. Como diría Campoamor “se ha muerto porque sí otro canario viejo”.

Cuando España era un imperio, Felipe II ordenó que se construyera cerca del Escorial un hospital cuyo reglamento preveía entre otras cosas: “Para dar la extremaunción a los moribundos, que se disponga una habitación aparte, a fin de que ese espectáculo no afecte a los otros enfermos… Cuando uno de ellos está agonizando, que se haga sonar una campana, para que en el monasterio y en el pueblo se rece por él y no muera como una bestia”. Ahora no se puede. Ya no nos preguntamos por quién doblan las campanas; las iglesias, esos monumentos funerarios a Dios, están cerradas, abandonadas, calladas.

Ahora sí que está quedando claro que en esas ciudades vacías, silenciosas como en una película de ciencia ficción, estamos de funeral. Celebrando el funeral del mundo de antes de lo del maldito virus y la madre que lo parió. El ocaso de ciertas teorías se produce por muerte lenta, y si procede tan despacio es porque, como apuntó en su día Max Planck, los investigadores más veteranos suelen aferrarse a las viejas maneras de hacer ciencia. “La ciencia progresa de funeral en funeral”. La física que aun desconocemos tiene mucho margen para ponerse en contra de nosotros. La biología, por lo visto, más todavía.

Vuelvo a mis cosas esenciales, al despertar de las viejas poesías que permanecían dormidas en los recovecos de la mente, al ver lo que veo desde mi ventana: “Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora,/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa./ De su invencible gente,/ sólo quedan memorias funerales/ donde erraron ya sombras de alto ejemplo./ Este llano fue plaza, allí fue templo,/ de todo apenas quedan las señales”.

“Yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,/ y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma/ … y aquel que camina una sola legua sin simpatía camina amortajado hacia su propio funeral./ Yo digo a todos los hombres y mujeres: Serenad y componed vuestra alma ante un millón de universos”. Walt Whitman cantándose a sí mismo.

Historias de Paco Sanz

La alegría…

Historias de Paco Sanz

Escribir como si leyeras, leer como si escribieras, vivir como si comprendieras, comprender como si vivieras. Pero algo hay que hacer, por mucho que nos digan, que nos digamos, que no se puede hacer nada. Conatus, la palabra con la que Spinoza designaba la voluntad de perseverar en su ser de todas las criaturas. Que no falte. Que nos pillen haciendo por mejorar.

Intento adivinar eso del tener que quedarse en casa, esa devastación que nos encontraremos al salir, cómo nos va a cambiar. Pienso que va a cambiar la manera de entendernos a nosotros mismos, que nos espiritualizará y politizará de manera que acabaremos siendo distintos, y distintas serán nuestras instituciones.

Cuando la espiritualidad adquiere protagonismo, cuando hay que quedarse en casa sin hacer nada, lo místico parece volver; lo político, lo identitario, lo laboral se quedan sin patrimonio. Se impone el believing without belongin de los individuos y la inquietud cunde entre nosotros. Es como si los muy politizados no quisieran ser representados. Como si a los compradores compulsivos ya no pudieran vendernos nada.

Cuando uno empieza practicar la meditación, lo primero que se encuentra son las molestias corporales, lo segundo son las distracciones mentales y lo tercero las heridas del alma. Tanto las molestias, como las distracciones y las heridas nos van poniendo más y más nerviosos. De ahí que huyamos del silencio. Que no podamos aceptar la falta de estímulos. El que busca su verdadero rostro, que se tranquilice pues lo hallará convulso de inquietud, con los ojos desorbitados. “Caracasa, ¿tiemblas?”, decía Turenne camino del cadalso, “¡más temblarías si supieras dónde te llevo!”

Durante el ocio la existencia vaga por el mundo lejano y ajeno, para apropiárselo sólo por su aspecto, para quedarse mirándolo de hito en hito, mira a lo lejos, desde la distancia: ve la televisión. No busca demorarse observando, sino la inquietud y la excitación de lo permanentemente nuevo y la alternancia de aquello con lo que se encuentra. La existencia zapea por el mundo.

¡Huye! Me decía antes de que por los muchos años y por los malos microbios, me hayan obligado a quedarme en casa. Huye, que sólo el que huye escapa. Pascal advirtió ya de la desorientación vital que suponía la huída permanente. Porque la huída, como tránsito de un entorno hostil a un entorno propicio, debe conducir a la felicidad, no a la inquietud, una inquietud que a su vez impulse a una nueva huida, y ésta otra vez a la inquietud, y de nuevo a una huída, en una repetición incesante. A esta huida permanente la llamó Pascal divertissement (que se ha traducido por divertimento), y por agitación, alienación, y que probablemente resulte más preciso llamar aturdimiento. Según él la única cosa que nos consuela de nuestras miserias es el aturdimiento, y, sin embargo es la más grande de nuestras miserias. Porque es lo que nos impide pensar en nosotros y lo que nos hace perdernos ‘insensible mente’.

Quisiera como Spinoza ver si pillo alegría, su idea de ella: “Tras haberme enseñado la experiencia lo fútil y vano de todas las cosas con que tropezamos de ordinario en la vida corriente, y habiendo comprobado que los motivos y objetos de mis inquietudes nada tenían en si mismos de bueno o malo, sino solo en cuanto el alma se veía afectada por ellos, me determiné a averiguar si había un verdadero bien capaz de comunicarse, por el que el alma pudiera verse afectada con exclusión de todo lo demás; si existía realmente algo cuya adquisición me hiciera poseedor de una alegría continua y suprema para siempre”.

Historias de Paco Sanz

Se están muriendo

Historias de Paco Sanz

En mi entorno hay cientos de sanitarios que han pasado a la reserva. Acabo de recibir una comunicación del Colegio de Médicos felicitándose por tener tantos colegas que han salido de sus escondrijos y han dado un paso al frente. En el caso de los jubilados tiene doble mérito. Sé que a determinadas horas la gente jalea a los que siguen en el frente dando la cara. Incluso se ha dicho, pero ya en tono de broma, que habría que buscar también una manera de aplaudir a los maestros. Que nos permiten seguir queriendo como queremos a nuestros hijos.

En la Guerra Civil Española los alféreces provisionales cayeron como moscas. Terminé como alférez mi servicio militar. Pero nunca sentí que se ponía mi vida en peligro. Bueno, sí, una vez en un ejercicio con granadas. Tampoco he sentido estar sometido a mucho riesgo laboral en clínicas y hospitales. Para muchos esto ya no va a ser así. He perdido dos compañeros cercanos. Uno de laboratorio, manipulando mal un placa de Petri con meningococos. Otro al que un paciente psiquiátrico “le entró” con unas tijeras. Pero nunca pensé que eso pudiera pasarme a mí.

¿Dónde está el frente? En el sufrimiento, claro. No hace falta ser budista para entenderlo así. Los que andamos siempre buscando el sentido de las cosas sabemos que el sufrimiento no tiene sentido. La responsabilidad moral frente al sufrimiento estriba en nuestra capacidad de prevenirlo, aliviarlo, acompañarlo y utilizarlo, huyendo de la fantasía de que con nuestra intervención podemos controlarlo en todos sus componentes, circunstancias e intensidades. Debemos evitar caer en el “encarnizamiento moral” que supone la fantasía y la voluntad de dar a cualquier precio un sentido al infortunio. El “hospital sin dolor” puede ser un objetivo, pero perseguir “el hospital sin sufrimiento” no deja de ser una falacia.

No hace falta tener conocimientos de medicina para presentarse voluntario en un hospital en tiempo de pandemia, hacen falta un par, y por decirlo con menos crudeza: Ser bueno. Porque, a ver, ¿qué es bueno? Ser valiente es bueno. Aunque todos los valientes no lo sean, claro. Pienso en los dictadores de los que más he sabido, en Franco y en Hitler. Gente con un par.

Dicen que Amazon no va a distribuir más el Mein Kampf. Es un libro estúpido, no se merece esa propaganda. Cuando lo leí me quedé con la idea de que ese tío era idiota. Sin embargo hay un pasaje del libro que no he olvidado: “El hombre que ha nacido para ser dictador no es obligado a ello; quiere serlo. No es llevado, sino que va por sí mismo. No hay nada inmodesto en ello. ¿Es inmodesto que un trabajador pida un trabajo duro? ¿Es presuntuoso que un hombre dotado de la elevada inteligencia de un pensador cavile durante las noches hasta dar al mundo una invención? El hombre que se siente llamado a gobernar un pueblo no tiene derecho a decir: si me queréis o me llamáis yo cooperaré. No, su deber es dar un paso al frente”.

Nuestros hogares se han convertido en refugios para la guerra microbiológica que está teniendo lugar… fuera. En ellos el frente es el aburrimiento. Sin embargo habría que entender mejor el aburrimiento. Aprender a dejar pasar las horas, a no sentirse mal frente al vacío. Este no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento y la tristeza y la depresión está el frente… en casa.

Historias de Paco Sanz

ES LA GUERRA

Si la única forma que hay de luchar en esta guerra contra el coronavirus es quedarme en casa, voy de culo… Pero porque es la peor de mis guerras posibles ya que siempre he tenido serios problemas para estarme quieto… No estoy acostumbrado a la guerra, pero jamás la he rehusado si la he creído necesaria… El problema para mí de esta lucha en la que estamos, es que permanecer quieto parece ser que es la única arma… Y no soy yo alma inmóvil sino más bien culo de mal asiento.

Con ochenta y cinco años mi madre se muere; pero eso no es lo importante. Todos moriremos; yo, llevo muriéndome cincuenta y tres… El problema, es si tener muchos o pocos años de vida es, condición sine qua non para que te mueras… Pero porque sería ésta una condición que nunca lo ha sido; sería humanamente injusta… La gente desde siempre se ha muerto sólo cuando le llegaba su hora… Por ello, la muerte nunca ha sido cosa de calendarios sino de relojes…

Que se mueran los viejos siempre nos ha parecido que era lo normal. Sin embargo, siempre hemos deseado entre comillas una muerte digna. Aunque obcecados por vivir mucho, morir joven siempre nos ha parecido algo como ejemplar; morir en la flor de la vida… ¡Vaya tontería!

Pues resulta que a día de hoy, mi madre está en la flor de su vida y eso que acaba de enviudar… Tiene la lucidez que ya quisieran muchos treintañeros; la experiencia necesaria que casi ninguno tenemos; la fortaleza mental que a su edad todos desearíamos; y todavía ese instinto maternal, que hace de nuestras madres esas personas imprescindibles para sentirnos seguros… La única ventaja que le tengo, es el tiempo que se supone nos queda a ella o a mí… ¿Pero qué importancia se supone que tiene eso del tiempo…? ¿Acaso es algo tan cierto, y por ello tan importante, lo del tiempo…? Yo, creo que no.

Los viejos en el fondo, siempre han sido más útiles que los jóvenes pero por el simple hecho de que no creaban problemas aparte de los de salud; es más, bien al contrario, solían tener las soluciones… Y desde siempre tras las guerras solo quedaban, para recordarlas, los viejos inservibles para ellas… Lo trágico de esta guerra es que son ellos, los viejos, la primera línea de trinchera; ponen ellos casi solos todos los muertos. Peligra por ello el recuerdo de los viejos; peligra tal vez la civilización…

Mierda de guerra que no me deja luchar…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA MENTIRA

Historias de Paco Sanz

El problema de acabar no creyendo en Dios es acabar creyendo cualquier cosa. El problema de que nos hayan mentido tanto por nuestro bien es que ya no les creemos. Las noticias se han vuelto todas tóxicas, así que a alimentar rumores tocan. Como el que parecía que sabía, no sólo no sabía sino que además miente, tenemos tendencia a pensar, demócratas como somos, que lo que creen más es la verdad. Desgracia es que la mayor prueba de una verdad sea el número de sus creyentes, siendo así que en una multitud los tontos sobrepasan en mucho a los sabios. Como si hubiese cosa más vulgar que no saber juzgar de nada, decía Cicerón. Sanitaris patrocinium est, insanientium turba? (¿Daría testimonio de cordura una turba de insectos?) por decirlo como San Agustín.

Nos tratan como a tontos porque eso funciona. Empieza a extenderse el rumor, no cesa de amplificarse el rumor de que el sistema explicativo necesita perfeccionarse cada vez más para hacer más fáciles las explicaciones para aquellos que no las comprenden como tan fáciles como se las enseñan. La explicación no es necesaria como remedio de una incapacidad de comprender. Es al revés, esa incapacidad es la ficción estructurante de la concepción explicatriz del mundo. Es el explicador el que tiene necesidad del incapaz y no a la inversa, él es el que se constituye en incapaz de explicar. Explicar algo a alguien es, en primer lugar, demostrarle que no puede entenderlo por sí mismo.

Querer tratarlo todo a escondidas de los ciudadanos y no creer que eso no hace más que fomentar los rumores, y querer que a partir de ahí no entiendan todo al revés y emitan juicios falsos es el colmo de la estupidez. Al menos según Spinoza. Nos tratan como a miserables. Se ríen de nosotros: “Todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da priesa; el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila, y el que ayer fue hombre hoy es polvo y mañana nada”. Así lo dejó escrito Gracián.

¿Que quiénes son esos que mienten por nuestro bien? Los que llevan lo de la pandemia esa, claro. Mentiris ut medicum. Mientes como un médico decían en la Edad Media. Con la verdad incompleta, para variar: “¿Dijiste media verdad?/ Dirán que mientes dos veces/ si dices la otra mitad”. En eso estamos.

Historias de Paco Sanz

Las esperanzas…

Historias de Paco Sanz

¿Cuál es el sueño de los que están despiertos? Sus esperanzas. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

En cierto modo sigo esperando, ¡ay!, “pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada y entre la olas sola; ¿adónde vas perdida? ¿adónde di te engolfas? que no hay deseos cuerdos con esperanzas locas”. Decía Zaratustra haber conocido algunos hombres nobles que perdieron sus más elevadas esperanzas. Y a partir de ese momento comenzaron a calumniar las altas esperanzas.

Esperanzas de recuerdos y recuerdos de esperanzas. Cambiarlos, cambiarlas. Los que quieren que el pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

Sólo los muy valientes y los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Los muy pobres no pueden, pobres. Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social. La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

De las personas que moderamos nuestras esperanzas locas se ha dicho que nos tomamos las cosas con filosofía. La filosofía, nacida del asombro, se instala en la incomodidad. Ahí es donde reside. Acampa en los callejones sin salida, explora la dificultad de hallar una escapatoria. Permite plantearse la existencia como un patchwork en el que se entrelazan esperanzas y desilusiones, resistencia e impaciencia… sin olvidar evidentemente, dichas y desdichas. Indefinidamente entretejidas unas con otras. Por eso, en definitiva, no dan la felicidad, ¡ni falta que le hace!
Ahora vamos menos al cine, decía Salinas que “La yerba de los cines está llena/ de esperanzas marchitas”. Será por eso. Para seguir pensando en verso: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas”. Feliz de aquél que puede pasar rápidamente de todo esto, o al que una benéfica educación ha provisto ya antes de una clara fantasía, de suerte que esta dulce confusión de su alma no le inspira sino hermosas esperanzas y al final lo conduce, por sobre un suelo encantado, hasta la bella criatura, trocando en deliciosa certeza una fascinante incertidumbre.

Historias de Paco Sanz

LA LIBERTAD Y EL PECADO

Historias de Paco Sanz

Los hombres estamos capacitados para la libertad en la exacta proporción en que estamos dispuestos a controlar nuestros deseos; en la proporción en que nuestro amor por la justicia está por encima de nuestra rapacidad, en la que nuestra corrección y sobriedad de entendimiento está por encima de nuestra vanidad y presunción, en la que estamos dispuestos a escuchar los consejos de los sabios y buenos antes que la adulación de los bribones.

Ni la buena sociedad ni los hombres como Dios manda pueden existir sin que exista un poder hegemónico sobre la tentación de hacer lo que te venga en gana. Las sociedades que son permisivas con los malvados o los hombres de mente intemperante no pueden ser libres. Sus debilidades forjan sus grilletes.

Deo parere libertas est, decía uno de los latinajos de mi juventud. Otro rezaba: Patere legem, quam tibi ipse tuleris. Puede que obedecer a Dios sea la libertad, pero eso de tener que padecer la ley que uno mismo se puso lo tengo mucho más claro. Decía Wilde que podía resistir cualquier cosa menos la tentación. Y Emerson que tenemos la fuerza de la tentación que resistimos. No sé cual de los dos estaba más de broma, claro.

Los médicos echan mucho de menos los atajos de los sacerdotes para estas situaciones. Quisieran poner el pecado otra vez en el lugar que ahora ocupa la enfermedad. En Irlanda e Israel el problema de abuso de drogas es insignificante, mientras que en Suecia y Estados Unidos – y en otros países en los que el consumo de drogas no se considera tentación sino impulso, en términos psiquiátricos en lugar de religiosos, enfermedad en lugar de pecado – el problema es inmenso e ingobernable. Es más, cuando un pecado se convierte en delito, cuando la infracción de los mandamientos divinos en la de las leyes humanas… algo se ha perdido.

El pecado por excelencia es la idolatría, fuente de los demás pecados. Ésta nunca ha sido mayor y más dominante que ahora. Pasa casi totalmente inadvertida, precisamente por ser tan abrumadoramente universal. Está presente en todo. Nada queda fuera de su alcance. Fetichismo de máquinas, propiedades, títulos, privilegios… La bomba, que puede acabar con toda nuestra civilización, es el ídolo final.

Puedo entender que el obedecer la ley sea el fundamento de mi libertad. Pero no me acostumbro nunca a ser indulgente con el pecado de haber permitido que se me imponga la precisión de qué es pecado. No he olvidado las palabras del apóstol: “Todo lo que no nace de le fe es pecado”. Por dejar hablar al salmista: “¡Oh, Dios mío, purifícame de los pecados que ignoro y perdóname los demás!”

Historias de Paco Sanz

Que no nos engañen…

Mirar, escribir.

Historias de Paco Sanz

Una persona muy bien intencionada me dice que abra los ojos y que vea lo bellas que son las cosas, los edificios, los paisajes, etc. Ciertamente esas cosas son bellas de ver; pero otra cosa completamente distinta es serlas. ¿Es que acaso el mundo es un caleidoscopio? Se diría que por eso lo tomamos, porque estamos siempre viendo lo que hay al otro lado de las pantallas. MacLuhan veía en las tecnologías modernas “extensiones del hombre”, ahora estamos empezando a verlas como “expulsiones del hombre”.

De la misma manera en la que los escribidores estamos siempre leyendo mal y escribiendo demasiado, los mirones estamos a menudo mirando mal y haciendo demasiadas fotos. Estamos entrando en la era de la postfotografía digital: Uno: Invertimos más tiempo y energía en tomar fotos que en mirarlas. Hacemos tantas fotos que luego no encontramos el momento de verlas y lo vamos postergando ante una acumulación que no cesa. Dos: Existe todavía desajuste entre los métodos digitales de producción de imágenes y los métodos analógicos de lectura de esas imágenes. Estamos necesitando ayuda para ver todo lo que podría interesarnos. Los RIS (Reverse Image Search) motores de búsqueda inversa de imágenes, que inquieran en busca de patrones o elementos indexables y rastreables, no han hecho más que empezar.

Soy un paseante compulsivo, en mis paseos busco auras, es mi manera de mirar, busco ojos, miradas. Me ven, a veces me devuelven la mirada, incluso a veces alegremente. Decía Benjamin que la persona que miramos, o que siente que está siendo mirada, a veces nos devuelve su mirada a su vez. Percibir el aura de un objeto que miramos significa otorgarle la habilidad de mirarnos a su vez. ¿Existe milagro mayor que el mirarnos a los ojos?

Mi santa es capaz de darse cuenta de las tiendas que han cerrado o han abierto, busca lo digno de mirarse en los escaparates. Yo soy el que busca caras, como si estuviera todavía en el pueblo y pudiera encontrar a alguien conocido. Esa facilidad para enamorarme de los desconocidos, de encontrarles maravillosos con tanta facilidad, sí que es para hacérselo mirar.

Decía Ramón que donde comienza uno a volverse loco es en casa del fotógrafo, mirando fijamente y sonriendo a donde no había por qué mirar ni sonreír. ¿Qué habría dicho de los selfies? Miramos la cámara para vernos mirar.

Hay un tipo muy peculiar de ceguera que consiste en no prestar atención más que a lo que ha sido fotografiado. Así sabe lo que en realidad ha visto, lo sostiene en la mano, puede poner el dedo encima y abrir tranquilamente los ojos en vez de desperdigar miradas sin ningún sentido.

Autor: Paco Sanz

La bicicleta

Era genial. Con seis años, veía a mi padre cual superhéroe llevándome en volandas de aventura en aventura por ahí… Era capaz de meterse por la estrechez de casi cualquier recoveco conmigo, sentado en el macho de su bicicleta… Yo, absorto, miraba hacia abajo mis pies colgando del lado izquierdo del marco; y a los suyos pedaleando; y al camino, que parecía hacerme guiños arrugándose bajo nuestro paso… Todos, nos hemos quedado mirando alguna vez a la carretera cuando pasa bajo nuestro…

El contraviento del aire a su pedalear cadencioso, y la sombra protectora que a mediodía proyectaba su cuerpo al agarrar el manillar inclinándose sobre mí, refrescaban mi ánimo ante el sopor de aquellas tardes de faena y huerta, con mi padre…

¡Qué maravilla a mis ojos aquellos viajes de no sé cuántos kilómetros…! No había cosa mejor que me pudieran proponer, que subir por las tardes con mi padre en su bici… Sentía algo así como la sensación que evoca esa mítica escena cinematográfica, de unos enamorados con los brazos abiertos y en la proa del Titanic… El viento en tu rostro y en el suyo; al frente la aventura y un paisaje maravilloso; y tu amor detrás, cuidando de ti… Mi padre.

Los cañaverales a los lados de las veredas por las que pasábamos, recuerdo que parecían, desde mi perspectiva, correr en nuestra contra… Y a veces se estrechaban tanto las sendas a nuestro paso, que las hojas volcadas de aquellas cañas golpeaban ante nuestra velocidad, como pequeños látigos en los brazos fuertes de mi padre…

Y sus fuertes brazos a cada uno de mis lados, eran mi mejor refugio; pero no le gustaba que me agarrara a ellos mientras montábamos, porque así peligraría nuestro sutil equilibrio… Y por ello, debía asirme fuertemente al manillar, aunque fuera peligroso… Aquel manillar con frenos de varillas de hierro, podía darte un buen y doloroso pellizco en los dedos si te descuidabas… Cosa que yo, ya sabía por experiencia…

Y no podía descuidarme, porque ir en bicicleta así con él era realmente cosa de dos. Por pocos años que yo tuviera… Me acuerdo bien.

Hoy, los niños, van siempre en bicicleta creemos que protegidos por una especie especial de cesta o de jaula; y casi siempre en la parte de atrás de la bici… Con casco, cinturón, coderas y rodilleras. Yo, los he visto con un teléfono móvil fijado a la parte de atrás del tubo del sillín de su papá, y ellos solitos conectados a unos auriculares viendo Bob Esponja… Y hasta con un protector bucal…

Convendréis conmigo, que para un niño no es lo mismo ir delante o detrás en una bici… Y se va mucho mejor delante, sin auriculares y sin protector bucal; os lo aseguro…

Tenía mi padre una relación especial con la tierra que lo había sido del suyo. Y como le gustaba volver a casa razonablemente limpio, se quitaba en la intimidad de su huerto casi toda su ropa de calle.. Lo primero que hacía si era verano era quedarse en cueros, solo a calzón puesto. Y en calzoncillos, tranquilamente, dejaba que el polvo de su propia tierra, el sol, y las ramas de su propio huerto, mancharan, doraran y arañaran su piel… Y empezaba la faena… Cuarenta y tantos años y con una agilidad felina, se movía entre la maraña de arañazos de las ramas de nuestro huerto.

Y ahora, voy a por una mascarilla y a ponerme un supositorio, pero no por miedo al contagio sino por asco… ¡Qué asco, cuánto miedo…!

En fin. Que no os engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¡ay papá, ay papá…!

Era la mía, la única habitación con dos camas de nuestra casa, y hacía tiempo que ambos dormían en ella; juntos, pero en camas separadas… Habían renunciado a su alcoba de matrimonio porque se ve, que cuando tienes ya ochenta y muchísimos años, tus huesos agradecen la comodidad de un lecho para ti solo… Pero a la vez, seguro que hay momentos en los que esos mismos huesos tuyos, echan de menos la compañía y el calor del cuerpo que toda la vida caldeó tus carnes… Y se ve que por eso, mi padre cambió de catre aquella madrugada de enero; quizás, porque le despertó el frío y la ausencia…

Y seguramente empujaría a mi madre un poquito para que le hiciera sitio en medio, de la calidez de su cama de cuerpo y medio… Y hasta es posible que sin saberlo ellos, tal vez hicieran por última vez el amor, como solo lo saben hacer los viejos que llevan más de sesenta años juntos: palpándose, calentándose y cobijándose, y quién sabe si besándose con…

¿Momentos, convertidos en esencias de amor…?

La vida es en esencia, solo un momento compuesto por miríadas de otros momentos… Y como todo lo esencial sucede, y sucede solo en un momento, siempre hay un momento para todo… Parece un perogrullo o un galimatías, pero no…

¡Ven, que tu padre está muy mal…!

Seis minutos tardé, quizá ocho o diez, o doce… Seguro que cuando llegué, el éter de su último hálito todavía no se habría diluido del todo en el aire de ésa mi habitación infantil, porque me pareció como respirar aquél su último expirar, oler su último olor, seguir su último rastro… Creí también percibir, diría que algo así como vibraciones; sutiles restos emocionales de la confusión y del miedo que debió sentir, ante lo inexorable de la urgencia mortal de ese sopor que lo arrastró… Me pareció también detectar un leve rastro como de ondas asustadas, cual huellas de su ánimo justo antes, del momento postrero en el que asustado, se dejaría caer en los brazos del abrazo inesperado y oscuro del óbito…

Adiós Papá…

Y empecé a llorar como no recordaba que podía hacerlo. Y me abandoné de lleno a ese llanto infantil y desbocado, como si sirviese de algo…

Mientras, mi hermana ¡ay papá, ay papá…! Sentada a su lado en la cama acariciaba, incrédula y llorosa, nerviosa y en shock, aquellos dedos ya inanes… A la vez también se esforzaba, inútil, por sostener erguida la languidez de su mano ya muerta… Parecía mi hermana como esperar, una respuesta táctil y viva en aquellos dedos al intentar agarrar con la vida de los suyos, los cinco de él todavía tibios… Tal, y como hacen los enamorados al unir sus manos entrelazando los dedos al caminar juntos…

Fue inútil… ¡Pero qué bonito Nena…!

Y también en sólo un momento llegaron, y se lo llevaron… Entraron en mi casa por las puertas de la cancela abiertas como nunca, de par en par; cargados con una enorme y fría plancha metálica a modo de camilla, y dos bolsas: una blanca y una negra… La blanca era un sudario moderno de algodón, suave y con cremallera; la negra era una simple bolsa de transporte de lona basta, con asas, y también con cremallera… El peor momento para mí, fue, el tener que profanar su lecho mortuorio y lo hermoso del gesto durmiente de su postura, para meterlo como si un fardo pelele en aquellas bolsas…

Y justo antes de que se cerrasen por completo aquellas cremalleras, hice un gesto para que pararan, y lento, me acerqué al máximo a su rostro y lo besé, asomándome al abismo frío de contemplar su muerte… Medio minuto estuve en silencio observando muy de cerca y por último, los surcos de ese semblante de mi padre sin gesto ni mueca alguna. Y creo que como mi hermana ¡ay papá, ay papá…! yo también parece que esperé aún sabiendo que en vano, rescatar algún signo de aquella vida que lo insuflaba hacía quince o veinte minutos…

Peeero… todo pasa en un momento.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

💞

(fake news)

Hay gente, que por mor de su ideología se traga y hace suyas estupideces tales como ésta:

Se puede ser razonablemente de izquierdas sin muchos conflictos con el intelecto, pero sólo un rojo ciego y redomado haría suya semejante afirmación como la expresada en la foto… Un imbécil es una rémora siempre, un peso muerto; y lo que peor que te pueda pasar en una fiesta, es que se te siente un tonto al lado…

¿Cuáles son tus seguridades me preguntó ella así, a bocajarro…? Seguramente detectó mi miedo y se referiría al dinero o al amor; a lo mejor a la fuerza o al poder; tal vez al tamaño de mi… ¡Qué cosas…! Menos mal que soy de otra época. Todas las épocas han contaminado al pueblo, pero no tanto.

Si no hay compromiso todo es fake; si el político no jura no me fío; si ella no lo parece no lo es; si hay colillas han fumao; y no vale si no cuesta… Sólo confío en lo que sé, y en cosas así…

¿Que cómo lo hago…? escucho, busco, leo y escudriño a todo el mundo; dudo mucho y de todo, y no le hago caso ni a Dios… ¿Que desde cuándo lo hago…? ya se burlaban de mi cuando a los dieciséis me dio por escuchar música de jazz… Música de maricones decían, y era verdad. Y de golfos virtuosos y de putas divinas; y de drogadictos geniales y de crápulas ejemplares, sin los cuales los latidos de mi mundo no serían los mismos…

Un mundo, donde la precisión del detalle y del ritmo, del arte en la ejecución, de la belleza de la melodía y de la letra, cantan a plena voz la verdad de las cosas simples… Cuando sigues un ritmo genial, tu pie lo dice; cuando la melodía que suena es buena, se te eriza el pelo; y cuando terminas por entender la letra ya no se te olvida, nunca, una buena canción…

Que no os engañen…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA AMISTAD

Historias de Paco Sanz

La risa no es un mal inicio de una amistad y es, por supuesto, su mejor final. Echo de menos a mis amigos, el poder ser amigo de alguien como en el érase una vez de mis años mozos. Qué misterio la amistad. El código fuente de la amistad es la ignorancia tácita sobre la razón última de su misma existencia. ¿Cómo pude ser tan amigo de mi amigo? ”Porque era él; porque era yo”. Decía Montaigne de su gran amigo. Que le tomaba por el que creía ser.

Durante mucho tiempo se ha creído imposible la amistad del hombre con la mujer, parecía que la amistad fuera una invención de los hombres para dominar su antiguo miedo a la mujer, la relación amistosa parece entonces un medio de neutralizar la magia femenina, efecto del poder de la mujer sobre la vida y su connivencia con la naturaleza, entonces se entendía la manía de someter a la mujer como la manera de dominar el carácter peligroso que se atribuía a su impureza fundamental y a su fuerza misteriosa.

¡Que buena amiga sigue siendo para mí mi compañera! Cuando vuelvo a verla por la mañana se enciende la luz. Nietzsche nos dijo que cuando los hombres se hayan convertido en esplendores y sistemas autónomos, estarán especialmente solos. Entonces buscarán un amigo, alguien al que poder dar su felicidad, su voluntad de poder será la de poder amar. El mejor amigo tendrá probablemente la mejor esposa, puesto que un buen matrimonio se funda en el talento de la amistad. Y entre todas la amistades ninguna se proyecta tanto hacia adelante y se tiene que proyectar tanto hacia arriba como el matrimonio.

Él no se casó. Lo que tengo de “casado” no me gusta. Se aprueba el matrimonio, primero porque no se conoce todavía, segundo porque uno está acostumbrado, y en tercer lugar porque uno lo ha concluido, es decir, en casi todos los casos. Sin embargo con todo eso no hay nada probado sobre la bondad del matrimonio. Prefiero la amistad. Puede hallarse incluso en él. Parece menos raro pasar de la antipatía al amor que a la amistad. Por muy delicado que se sea en amor, se perdonan más faltas que en amistad.

Cuando todavía hablaba con mis amigos, hablábamos de lo que pensábamos que sería bueno para todos. Era como compartir el vino o el tabaco en la reunión junto al fuego. Nos unía nuestra común preocupación por el bien y nuestra discrepancia acerca de eso demostraba lo que nos necesitábamos el uno al otro para comprenderlo. Según Platón la amistad es el único bien común. “Las sillas de recia anea./ El vino de mano en mano./ La amistad como beberse/ la tarde de un solo trago”. ¡Ay, la copa transparente de la amistad!

Supongo que para seguir pudiendo ser amigo hay que poder seguir siendo niño. Lo fácil que es quererles me lo recuerda. Y recuerdo también a Fourier, el de los falanasterios, ahora que soy viejo. Era un especialista en pasiones, para él había cinco pasiones sensuales: Vista, oído, olfato, gusto y tacto. Cuatro afectivas: Amistad, ambición, amor y familismo. Tres distributivas: Cabalista, mariposeante y componedora. (Osea la de la intriga y el contar, la de andar cambiándolo todo, y la de componer para armonizar con varias) Cabaliste, papillonne y composite.

Pensaba que los niños se sienten atraídos por la amistad, los jóvenes por el amor, los hombres maduros por la ambición y los viejos por el familismo. En la medida en que los viejos tuvieran más poder que los demás impondrían el familismo a todo el mundo.

Autor: Paco Sanz

Tocarse… Paco Sanz

Necesito otro nivel de compañía, porque el ver y oír no bastan, es necesario tocar y oler para sentirse verdaderamente acompañado. Para entrar y salir realmente. Cuando entro en una habitación me doy cuenta que olisqueo, cuando vuelvo a ver a un amigo hago por tocarlo. Buen olfato y mucho tacto son cosas que se pierden si no se cultivan. Al otro lado de las pantallas ni se huele ni hay quién toque nada, al menos de momento. Sé que ella sigue en la cama, que si voy me acogerá bien, que esta tarde iré a buscar mis nietos, que les daré la mano para llevarles hasta el coche… eso alivia mi contraria suerte.

Al escribir eso me ha venido a la mente el bucanero ciego de Borges, también él “Sabía que en remotas playas de oro/ Era suyo un recóndito tesoro/ Y esto aliviaba su contraria suerte”. ¡Qué gusto acercarse tanto como para poder oler y tocar!, al menos a los que queremos. ¡Qué curioso que se diga de los que están perdiendo la chaveta que “no tocan”, que de los que hacen música se diga que la “tocan”!

Y según cómo, ¡qué descanso la distancia! Para Nietzsche “La suprema elevación de la humanidad es el sentimiento de que no le es lícito tocar todo; de que hay vivencias sagradas ante las cuales tiene que quitarse los zapatos y mantener alejada su sucia mano. Por el contrario en los denominados hombres cultos, en los creyentes de las “ideas modernas” acaso ninguna cosa produzca tanta náusea como su falta de pudor, la cómoda insolencia de ojo y mano con la que tocan, lamen y palpan todo”.

Y es que la nuestra es la sociedad del espectáculo. El espectador quiere tocar todo lo que ve. Eso no permite acercarse a lo que es, en lo visto y lo oído no es donde se encuentra el centro del ser. Hay que aprestar el ojo para ver, que aplicar el oído para oír, como si lo más tocable allí estuviera. Las reglas de la gramática, el mensaje de la ley, la palabra del testigo, el eco del Big-Bang, el sistema de la filosofía, el lenguaje, la consciencia… incluso el más allá no es concebible más que como una vasta armonía. Somos mártires por lo que no queremos decir y condenados por lo que hemos dicho.

Hace tiempo que las relaciones “humanas” no incluyen ya para casi nada lo de oler y tocar. Creo que las cosas empezaron a desmadrarse con la invención de la correspondencia, hubo un tiempo en el que se perfumaban las cartas y ahora con lo de las redes sociales no hay quien perfume nada. Lo de escribir cartas ha traído al mundo una terrible perturbación de las almas. ¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente y puede tocar a una presente, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino. y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada.

A los hombres de mi familia nos ha dado por salir a darnos un paseo más que los de otras familias que conozco. Supongo que es porque hay en nosotros más genes de cazadores que en las de los demás, que por eso siempre andamos olisqueándolo todo. Es como si pensáramos que salga de donde salga, en ninguna parte puede oler tan penetrantemente mal como en casa de cada uno. Y salimos a darnos una vuelta… porque necesitamos aire.

Autor: Paco Sanz

Peces de pecera.

Historias de Paco Sanz

Tengo dos peces en una pecera, me han dicho que si quiero que vivan mucho en ella les tengo que dar de comer muy poco y que de vez en cuando hay que cambiarles el agua. Lo estoy haciendo, y de momento no se han muerto. Pues bien, como demasiado y no cambio de costumbres. ¿Qué tengo contra mí? “El camello es el animal que vive más tiempo sin beber, beba usted y no sea camello”, decía en una taberna de las de cuando yo era niño. No soy un pez en una pecera, digo yo.

¿Es buena una vida puramente defensiva en que no se está sino avizorando todos los recovecos por donde puede venir la muerte, calafateando todas las rendijas por donde puede escapársenos y escurrírsenos? ¿Va a ser la organización del planeta como un inmenso hospital y una inmensa clínica? ¿Por qué ha de triunfar la moral de una vida larga sobre la moral de una vida corta? Somos demasiados, hay que luchar contra el cambio climático.

Decía Wilde que su buen gusto era la única excusa que siempre había dado por llevar tan mala vida. Puede que no se trate de una vida corta o larga sino de una buena o mala vida. Pero lo primero se puede medir, lo segundo se puede discutir. Y una cosa es una cuenta y otra un cuento.

Para poder vivir una vida larga en años creemos que mejor estar sano. Aunque la salud sea un estado que no promete nada bueno. Pero estar sano no es fácil. Para ello hay que diferenciar entre sanos a secas: Sano a salvo de las enfermedades y del sistema sanitario. Sanos preocupados: Por haberse creído la propaganda sanitaria. Sanos estigmatizados: Por haberle caído encima a uno el estigma de algún factor de riesgo fuera de la normalidad. Sanos medicados: que están tomando medicación innecesariamente…

También entre los enfermos hay al menos dos clases: los reales y los imaginarios. Los reales: de enfermedades que matan o no, de enfermedades que hacen llevar mala vida o no. Los imaginarios: de enfermedades anatómicas, derivadas de medicamentos, derivadas de pruebas de laboratorio, de mala praxis médica continuada y psiquiátricas… lo menos.

Me sigo dando de comer más de lo que debiera porque sin querérmelo confesar estoy hasta los hipotálamos de esta pecera. Sólo me queda decir como la mística: “Ven muerte tan escondida/ que no te sienta conmigo,/ porque el gozo de contigo/ no me vuelva a dar la vida”. En fin, por la boca muere el pez.

El pez fue el primer vertebrado, antes de que hubiera tetrápodo alguno había peces. Están como yo en este momento, no al otro lado del espejo como Alicia, sino al otro lado del cristal, me recuerdan que lo esencial es volverse completamente inútil, diluirse en la corriente común, volver a ser pez y no jugar a los monstruos; el único provecho, me repito a mi mismo, que puedo sacar del acto de escribir es ver desaparecer las cristaleras que me separan del mundo.

En un cuento de Borges a la gente del otro lado de los cristales una vez les dio por invadir la tierra. Su fuerza era grande, pero después de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Rechazó a los invasores, los aprisionó en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todas las acciones de los hombres. Los primeros que despertarán serán los peces. Romperán las barreras de vidrio y esta vez no serán vencidos. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.

Historias de Paco Sanz

El papel va a menos. Paco Sanz

El papel va a menos. Además deprisa. Al cabo de unos meses después de instalarle la impresora a mi cuñada para que pudiera sacarse los billetes de tren desde casa, ya era posible hacerlo con el móvil. La primera vez que se fue de viaje usándolo todavía llevaba el billete impreso por si las moscas.


   La chica de la ventanilla del banco me dice que si hace la transferencia ella tengo que pagar una comisión, desde el cajero no hace falta. ¿Miles de cajeros operativos? Miles de personas al paro. Usando la inteligencia de los teléfonos estamos haciendo innecesarios incluso a los cajeros. Pago con el reloj, la persona con la que comparto la cuenta también. Pasado mañana seremos por fin de esos que con la cara pagan. No sólo el papel de los libros va a menos, va a menos incluso el papel moneda.

  Todavía llamamos el escribir a mano el hacerlo sobre el papel, las máquinas de escribir también están desapareciendo, se imprime lo de la pantalla. En mi tableta escribo con un lápiz, quiero decir un smart pencil de no sé qué generación, cuando imprimo eso me pondría ha llorar, pienso entonces que quisiera “Morir cuando la luz triste retira/ sus aúreas redes de la onda verde,/ y ser como ese sol que lento expira/ algo muy luminoso que se pierde”. Como al sacar lo que acabo de escribir de un libro de poesías y de mis recuerdos y ponerlo en esta pantalla, por la que vuelvo a pasear mecánicamente la mirada para ver si lo he hecho bien.

  Qué papelón lo de que el papel vaya a menos. Espero que a nuestro nuestro papel en nuestra propia historia no le pase lo mismo. Mi hermana acaba de montarse uno de esos retretes que hacen innecesario incluso el papel… higiénico. Bueno también todas las páginas que he escrito a mano han sido como ese papel, y como yo mismo, cosas de un sólo uso. ¡Ay! “Estos días azules y este sol de la infancia”. (Eso ponía en un papel arrugado que encontraron en el viejo gabán de Antonio Machado cuando recogían sus cosas para enterrarle).

  Sigo dejando papeles por en medio en mi estudio. Es un anacronismo; creo que los papeles y el polvo inherente al paso del tiempo en el que no pasa nada van juntos. Me ha pasado más de una vez que al entrar en el estudio de alguien que soy y encontrar sus libros y papeles revueltos por todos los lados, digo sin vacilar: “¡Qué desorden! Debo poner orden en este lío”. Sin embargo, en otras ocasiones, entro en una habitación que se parece a la otra; pero después de echar una mirada por toda ella, decido que debo dejarla exactamente como está, reconociendo que en este caso incluso el polvo está en su sitio.

  Al principio el papel fue llamado bagdatikos, que significa “de Bagdad”, porque fue a través de esta ciudad como llegó a Occidente. El arte de fabricación de papel alcanzó España en el siglo XII y después, a intervalos de cien años, Italia, Alemania e Inglaterra. No obstante, siglos después de que el papel fuera ampliamente accesible en Europa la vitela y el pergamino siguieron prefiriéndose para los documentos que tenían que perdurar.

  Kafka, que quiso al morir que se quemaran todos sus papeles dijo una vez que “Las cadenas de la humanidad torturada están hechas de papel de oficina”. Mis hijos me han visto inclinado siempre sobre mis papeles. Les gustó aquello que le dijo un noble a un escritor: ¡Qué, señor poeta!, garapateó, garapateó y garapateó! ¿No?

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El algoritmo

Hoy, con un algoritmo -y vete tú a saber qué coño es un algoritmo- parece ser que hay gente que cree que se puede saber casi cualquier cosa…. De verdad, que hay gente, que o pierde el culo o se hace rica con el algoritmo… ¡Qué cosas…!

Desde predecir o pretenderlo, cuánto tiempo aproximadamente va a durar tu matrimonio dados tus datos y los de tu mujer; hasta saber si tienes posibilidades, o no, de follar en los próximos dos días en vista de esos mismos datos… Y todo ello así, y de paso, para recomendarte un restaurante donde cenar y pelar la pava, o un buen hotelito donde por si acaso echar el polvo…

Alguien, que sabe dónde estuviste anoche y a qué hora llegaste a casa, cree saber dado el jodido algoritmo, si hoy te va a apetecer comida china a mediodía, o tal vez, quizás, una pizza a deshoras… Alguien, pega la oreja espiándote en ésa tu propia casa, y te va indicando hasta que terminas creyendo, que realmente has elegido solo tú la película en Netflix…

Los atresmedia de turno, parece como si te enchufaran, metiendo cada uno su dedo índice en tu culo multimedia, para decidir tus noticias, condicionar tus conocimientos, y tergiversar tus decisiones… Como violadores, te estarán esperando en todos los centros comerciales con la intención de que, en cuanto entres, te detecte el güifi y uses cualquiera de esas aplicaciones tan alucinantes que te dan el oro y el moro, te dejes violar una y otra vez con las requetechulas ofertas personalizadas que ahí te ofrecen…

Y todo ello gratis, claro. Solo se paga en especie, entregándoles tu intimidad.

¡Vaya, con el algoritmo!

…🤓

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL EFECTO MARIPOSA

“La insoportable levedad del ser…”

Es inquietante, la frecuencia con la que podemos descubrir que el famoso efecto mariposa, es un fenómeno del todo cierto y comprobable, empírico; además de inevitable… En cuanto cambias cualquier pieza de tu puzzle vital, puedes quizás desencadenar acontecimientos que no podrías haber tenido previstos en forma alguna… De la misma manera que un pequeño gesto confiado, que te despiste solo un poco al conducir, puede desembocar en algo inesperado por una autovía a ciento treinta kilómetros por hora… Prender un cigarrillo, girar la cara para fijarte en ese hermoso atardecer del que te alejas; una llamada en el móvil, un inesperado vahído de sueño… Tragedia, susto o quizás nada… Un ligero cambio, un leve despiste, un tenue movimiento bastaría, para cambiar el sino de los acontecimientos que te sucederán.

…Como cuando te alejas de algo queriendo evitar un mal que supones cierto, y como de la sarten a la lumbre, te sorprendes habiendo saltado al fuego peor de otro de tus errores garrafales…

Formamos, de nosotros mismos algo así, como una de esas complejas figuras compuestas por fichas de dominó puestas de pie; pero creyéndonos, que las colocamos nosotros mismos y por propia voluntad… Esa figura, la nuestra, la vemos perfecta desde nuestro punto de vista; pero siempre y cuando no la toquemos mucho, o no nos la toquen… Se compone de miles de piezas, colocadas a propósito y con cuidado, por lo que creemos es nuestra personalidad… Pero si solo se nos volcara una de esas pequeñas piezas vitales, comprobaríamos, cómo se derrumba irremisiblemente esa imagen que de nosotros mismos tenemos; cómo se destrozaría, envuelta en el caos del caos que desencadenan las cosas cuando se caen… Pero gracias a no se quién, ni somos fichas ni somos cosas; y la imagen, para nosotros seguiría ahí…

O como cuando eres joven y crees, que tienes que tomar esa decisión que supones crucial; y la tomas por huevos, porque en el fondo ignoras si en verdad va a cambiar o no en algo tu destino… No sabes que simplemente esa decisión, va a formar parte de otras muchas, que como ladrillos de los que estamos construidos, nunca terminarán hasta nuestra muerte, de formar del todo el edificio de nuestra persona…

Pero de todas formas, continuamos con la carambola de nuestro viaje… Porque tanto el peligro como el hambre, la curiosidad y la ignorancia; el acierto, el error, y la muerte o el amor, son motores que nos mueven…

No nos engañemos…

Antonio Rodríguez Miravete…

Juntaletras.

PECADOS CAPITALES

PECADO:

“Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido”

Hablar de pecados en un mundo como en el que hoy vivimos, para algunos puede parecer una filfa ya superada, o una estupidez per se… Pero los remordimientos y la conciencia, las tradiciones y el tiempo, casi siempre tienen razón… Y querámoslo o no, han sido siempre verdad aquellos siete pecados nuestros, los capitales; pero porque han existido siempre; y porque sí, son pecado…

Y son capitales debido al hecho indiscutible, de que todo ser humano que habita esta