Archivo de la etiqueta: furtivos

FRATERNIDAD…

Historias de Paco Sanz

Entre los nuestros, compañeros de partido, de pandilla, cualquier gesto escéptico, cualquier manifestación de duda en relación con la sabiduría de las prácticas comunitarias, conlleva un tufillo a la siniestra, corrupta y detestada “quinta columna”. A los ojos de la comunidad, los hermanos que no son lo suficientemente expresivos en sus sentimientos fraternales, que carecen de entusiasmo, demuestran indiferencia o se demoran en actuar, pasan a ser considerados el “enemigo público número uno”. Las batallas más sangrientas no se se inician ni se libran en las murallas externas, sino en el interior de la fortaleza comunitaria. La meta de la fraternidad, santifica el fratricidio como medio aceptado.

Pocos generales odian a sus contrincantes, pero se vuelven ulcerosos y sufren ataques de apoplejía por culpa de sus aliados. La Iglesia trata de convertir a los paganos pero quema a sus herejes. Parece ser una ley política que el odio, aumenta en proporción a la cantidad de convicciones e intereses compartidos con el odiado.

Nada fomenta tanto los sentimientos de extrañeza y hostilidad entre las personas como las diferencias menores. Me tienta abundar en esta idea, pues quizá de ese “narcisismo de las diferencias menores” podría proceder la hostilidad que, en todas las relaciones humanas, lucha contra los sentimientos fraternales y acaba por imponerse al mandamiento de amaros los unos a los otros.

El motto cristiano “todos los hombres son hermanos” puede entenderse también en el sentido, de que los que no acepten la fraternidad no son hombres. Es también bastante difícil que un verdadero revolucionario pueda matar a un hombre, si ha muerto es por que uno de ellos lo ha matado, es una bestia criminal, no un hombre. Del mismo modo que aquél gracioso aseguraba que su novia no llegaba nunca tarde a una cita, porque a partir del momento en que llegaba tarde ya no era su novia. O que no puedo temer a la muerte, porque en el momento en que estoy muerto ya no puedo temer nada. Ya no estaré allí.

En presencia de toda gran fraternización, es preciso preguntarse: pero el enemigo ¿dónde está? Tales inclusiones son al mismo tiempo exclusiones, exclusiones de un tercero, de un tercero al que se odia, pero del que no es posible prescindir.

Gorbachov les dijo a los estadounidenses y europeos cuando todavía se llevaban bien, que menuda jugada les estaba haciendo al dejarles sin enemigo. Acertaba.

La fraternidad es la más vieja forma de revuelta contra el padre, contra el poderoso. Sin ella, la revolución se cae como una mesa de tres patas al quitarle una. La fraternidad es la emoción que concilia la libertad con la igualdad. Ésa es la definición de fraternidad verdaderamente operativa. Los Estados Nacionales están cediendo su protagonismo a las asociaciones de ciudades y de empresas. Las diferencias de color, de raza, de religión, ceden su lugar a las de clase, de residencia.

La fraternidad se acaba, lo del hijo único es el destino para parar la demografía. La democracia participativa se ha ido al limbo de la historia, elegimos representantes por su atractivo, todos tienen programas muy parecidos, grupos muy poderosos apoyarán un candidato que tendrá exactamente las mismas cualidades y el mismo programa político que el candidato adversario. Fin de la ética. Se dice bien de una persona cuando se dice que es muy normal. Que hace lo que los medias dice que es bueno, lo que consigue atención, fama y dinero. Lo otro son excusas de perdedores.

Cuando criaba, mis hijos llamaban tíos a mis amigos. Los niños saben aún que todos los hombres son hermanos. En el himno a la alegría se habla de un tiempo en el que todos los hombres serán hermanos. Sin embargo no nos engañemos: Babilonios somos; no nos vuelva la tentación de levantar ninguna torre juntos ¡dejémonos ya de una vez por imposibles los unos a los otros, como buenos hermanos!

Historias de Paco Sanz

BESTIAS

Empezó a anochecer y buscábamos desesperados un lugar seguro donde protegernos de aquellos bichos. El estado de la rodilla y sobre todo del tobillo de mi compañero, no nos permitirían regresar a tiempo al campamento, y sabíamos, que era de locos quedarnos por ahí a la intemperie y completamente expuestos. Toda la tarde llevábamos cagados de miedo en medio de esos páramos, huyendo y esquivando como fuese el peligro, de cualquier tipo de contacto con aquellas bestias, oscuras, grandes, y tan agresivas… Nos habíamos equivocado de ruta de vuelta, y lo teníamos francamente muy mal porque en aquel secarral, solo habían olivos, matorrales y encinas. No había cueva, refugio, cobertizo o abrigo alguno, donde poder pasar una noche a salvo de los ataques de esas alimañas.

Pese a que solo nos quedaban seis u ocho kilómetros, era imposible completarlos sin que nos los cruzásemos; y eso, y a oscuras, resultaría mortal. Con el último arrebol de la tarde llegamos, menos mal, junto a un olivo enorme al que me encaramé encontrando por suerte, y a una altura suficiente como para mantenernos a salvo, dos fuertes ramas casi paralelas sobre las que podríamos acoplarnos de alguna manera, y apañarnos, para pasar esa noche como fuese.

Habíamos sido previsores y llevábamos una mochila cada uno: él con la comida, sacos y abrigos, y yo con el botiquín y los aperos de montaña. Pude aprovechar aquellas últimas luces anochecidas, para inmovilizar y vendar el tobillo de mi compañero. Luego, no sin mucho dolor, logró subir y acomodarse penosamente en aquellas ramas, apoyando el cuerpo contra el tronco principal hasta quedar en una posición razonablemente cómoda, como para pasar las horas que nos esperaban bien agarrado, o atado si hiciera falta, a la ramas de más arriba… Una vez aupadas también las mochilas subí yo; y no sé si fue debido al canguelo, pero me pareció que justo en ese momento nos invadió, engulléndonos por completo, la oscuridad espesa de aquella noche zahína sin luna.

Y fue al encender estúpidamente la linterna mientras nos abrigábamos, cuando empezó todo. Como bobos habíamos delatado nuestra posición, y comenzamos a oírlos acercarse, despacio. Completamente a oscuras sentíamos sus resuellos, el golpe de sus pisadas, pesadas, acercándose, cercándonos… Y empezaron aquellas tremendas embestidas contra el tronco de nuestro refugio. Cada cierto tiempo, como si pareciese que se turnaran, se acercaba uno de ellos para arremeter contra el árbol y nuestro ánimo, una y otra vez… Oyéndolos durante horas bufar al recular para volvernos a embestir.

Y así estuvieron durante casi cuatro horas, hasta que seguramente se ve que decidieron sin más, que mañana más, que ya estaba bien… Y cejaron en su empeño, yéndose también sin más.

¿Alguna vez habéis dormido como los monos, o como los pájaros, sobre una rama…? Jajaja nosotros sí; maldormimos, pero sí… Recuerdo que, una vez asegurado al tronco con una cuerda por debajo de mis sobacos, y totalmente vencido por el cansancio y el sopor del sueño, más de una vez me desperté alarmado y al punto de caerme, abrazándome con instinto no sé si de pájaro o de mono, a una de aquellas ramas.

Y como hubiera sido insensato bajar antes de que amaneciese, lo más chocante del caso es, que volvía a dormirme como un lirón careto cada vez que me despertaba; como intentando aprovechar el sueñecito de aquellas tres horas, y aunque estuviéramos arriba de un árbol.

¡Cómo somos los dormilones…!

¡Vaya nochecita la que nos dieron aquellos putos toros bravos…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Furtivos

El aspecto exterior del edificio era imponente pero ruinoso, aunque las ajadas y desvencijadas puertas exteriores todavía lo mantenían, aunque precariamente, cerrado y secreto….

muro.jpg

Ellos dos sabían que saltando la valla trasera se podía acceder al patio posterior; éste, comunicaba con el fondo del antiguo escenario, a través de una pequeña puerta casi completamente desarbolada de puro vieja… Yo, en cambio, pese a ser familia de los propietarios del vetusto edificio, casi no sabía absolutamente nada del mismo, y he de confesar que hasta ese momento nunca había tenido curiosidad alguna por él…

Pero la propuesta de colarnos esa tarde, de forma furtiva, era irresistible.

Resultado de imagen de puerta vieja

Esperamos rondando nerviosos por los alrededores el momento adecuado, cuando Luis dio la señal… Tras saltar rápidamente la valla exterior y forzar sin mucho esfuerzo la pequeña puerta de acceso, de repente, nos encontramos al principio de un lóbrego pasillo que iluminábamos apenas con la única linterna de que disponíamos…

Avanzamos, hasta llegar a una pequeña habitación de techo muy bajo, que a su vez comunicaba con el enorme e inquietante patio de butacas… El haz de luz de nuestra raquítica linterna, se perdía en la espesa oscuridad del negro espacio vacío y húmedo, iluminando tan solo, un caótico universo en movimiento de infinitas motas de polvo, suspendido por el tiempo y la desidia…

En penumbra, llegamos hasta el pasillo y casi a tientas nos dirigimos hacia la salida central, llegando hasta lo que parecía el hall de la entrada principal. Allí nos separamos… Fernando se quedó con la linterna, y Luís y yo nos tuvimos que apañar con cerillas y mecheros para abrirnos paso por la aplastante oscuridad que nos rodeaba…

Giré intimidado a la izquierda, llegando hasta un estrecho pasillo lateral por el que se accedía a los palcos; éste, se curvaba ligera e inquietantemente siguiendo la forma elíptica de la enorme sala, lo que hacia que no pudiese ver el final del mismo… La sensación al avanzar era como si ese opresivo, angosto y tétrico pasillo, no acabase, no tuviese al recorrerlo un final definido…

Crujían mis pisadas al aplastar papeles, cristales y pedazos de ajados marcos de madera que, seguramente, alguna vez habían orlado fotos de viejas glorias del espectáculo, hacía mucho tiempo olvidadas. De repente, unos ruidos extraños e inquietantes; rítmicos, tétricos, sobresaltaron mi ánimo erizando cada pelo de mi cuerpo de puro miedo; grité llamado a mis compañeros…

Guiado por el sonido de sus respuestas, llegué a trompicones de nuevo a la zona del patio de butacas, justo al pie de una escalera por la que se subía al escenario; sobre éste, y situado en el centro, se hallaba un fantasmagórico y destrozado piano, cuyas viejas y desgastadas teclas estaban siendo aporreadas nerviosamente por Fernando, de forma que roncas notas metálicas, desafinadas y lúgubres llenaban el espacio espantándonos…

Debido al canguelo que sentíamos los tres, instintivamente, nos reunimos nerviosamente junto al piano, y justo cuando bromeábamos golpeando de nuevo las desgarbadas y sordas teclas, sentimos un gran crujido sobre nuestras cabezas, tras el que se produjo un enorme estruendo, precipitándose sobre nosotros gran parte de la arcaica tramoya situada sobre el escenario…

Los polvos de color rojo cubren a uno de los participantes en el festival de Gauhati, India.

De repente, aunque milagrosamente indemnes de daño físico alguno, quedamos completamente cubiertos de una polvareda sucia, espesa y asfixiante, que nuestra exhausta linterna podía apenas penetrar…

La enorme dificultad para respirar, y el gran susto en mayor medida, hizo que arrancásemos a correr casi a ciegas, espantados, tropezando, y buscando frenética y ansiosamente la salida por la que habíamos penetrado en el edificio…

Resultado de imagen de niños cubiertos de polvo

Casi sin resuello nos encontrábamos en el exterior del teatro, corriendo, y alejándonos espantados a la vez que exultantes, cubiertos completamente de polvo, y con la respiración entrecortada por el gran susto, la excitación, y la carrera…

A nuestros 13 o 14 años, la experiencia había valido la pena…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras