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¿Qué, dialogando…?

“Es difícil conseguir que alguien entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda…”

Vergüenza tendría que daros, hijosdeputa…

Toda esta mierda progresista; toda esta filfa ideológica, roja e independentista, ha sido creada, apoyada y amplificada, por una legión de ratas políticas y pseudoperiodísticas, al frente de boletines oficiales, televisiones, y medios de intoxicación de intención oscura; muy oscura…

Unos medios de comunicación y unos políticos, rateros, rastreros, corruptos, rendidos y genuflexos ante el sueldo que los compra… Televisiones sanguijuela y políticos vampiro, dopados ambos, con inyecciones constantes de sangre roja oscura, sucia de dineros negros… Dineros siempre robados, hurtados con guante blanco al bien común del resto de los españoles…

Una pléyade canalla de opinadores mercenarios, tanto nacionales como autonómicos, que han convertido los diferentes canales informativos, en sediciosos púlpitos multimedia desde los que sólo, se escupe veneno ideológico en el erial periodístico y moral, en el albañal, en el que pretenden convertir la realidad, la actualidad, la Historia y la cultura, de éste nuestro país, España…

¿Estamos locos o qué…? ¿Tontos acaso?

Qué vergüenza colectiva…

Y yo me pregunto: ¿esto pasaría también en cualquier otro país, que como tal se estime…?

Iros a la mierda.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

🤔

LA LÁMPARA… Un caso real

Llevo espantado varios días, sin dormir, y prácticamente sin comer desde que nos enteramos del luctuoso suceso… Con la impresión del acontecimiento, casi sin quererlo, comencé a recordar algunos detalles…

Aquel olor era desagradable sí, ¿pero cómo íbamos a imaginar semejante cosa…? Tampoco es que fuese algo nauseabundo, como se esperaría de un hecho como el sucedido… Creíamos que aquel hedor se debería a emanaciones producidas en algún sumidero sucio o mal ventilado…

Quizás un animal muerto, atrapado en alguna de las tuberías de evacuación de la terraza del edificio, fuera la causa de aquel persistente y pestilente tufo…

Recuerdo, ahora con estupor, aquel ya lejano y caluroso verano, en el que apareció la extraña mancha en el techo de mi habitación… Se había producido al filtrarse aquel líquido de color parduzco por el agujero de la lámpara, empapando la escayola del cielorraso, y deslizándose, denso, por la cadena y el cable blanco y rizado que mantenían suspendida a aquella…

Parecía una mancha casi seca de algo así como óxido; al fregarla y mojarla, reavivaba, difuminado, aquel desagradable aunque familiar olor fétido, como pegajoso y hasta dulzón, que se había adueñado de la totalidad del inmueble y al que, en cierta forma, ya nos habíamos acostumbrado…

También recuerdo el restregar aquella mácula con ahínco y desagrado… En varias ocasiones tuve que limpiarla, porque que de cuando en cuando volvía a aparecer, tozuda, como queriendo avisarnos de lo sucedido…

Pero no nos dimos cuenta…

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Las relaciones entre vecinos anónimos, furtivos y huidizos, de un inmueble ajado y rancio como el nuestro, no fueron nunca las más cordiales ni fluidas… Por ello me conformé al no obtener ninguna respuesta, en todas las veces que toqué la puerta de mi vecino de arriba para comentarle aquello que chorreaba por el cable de la lámpara de mi dormitorio…

Vivimos en esa burbuja aislada y miserable de nuestra cotidianidad lenta, pobre e insulsa; desamparo, cuernos, enfermedades, drogas, vejez, soledad…

El revuelo de la policía primero, y minutos después el de un juez, entrando por la destartalada puerta principal del edificio junto con unos enfermeros, nos alarmó a todos…

Tras hora y media aproximadamente, los enfermeros bajaron un cuerpo en una bolsa de plástico blanca; sobre una camilla que, extrañamente, parecía no pesar nada… La bajaban a mano, maniobrando con dificultad aunque sin esfuerzo, por el estrecho hueco de las angostas escaleras en penumbra…

Finalmente, fuimos informados por la policía de que el cuerpo, era el de don Ramón…

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Fue don Ramón un pobre tipo huraño y taciturno, esquivo; alguien al que se le notaban las heridas abiertas en su vida… No se relacionaba mucho con el resto de los vecinos… más bien nada; sobre todo desde que su mujer y su hija lo abandonaran como a un perro… Lo dejaron justo en el umbral de la puerta de entrada de su mísero piso, tirado, con el corazón hecho jirones y un caudal de lágrimas goteando hasta sus zapatos…

Ninguno de los vecinos recordamos que, desde aquel momento, alguien le hiciese visita alguna; ni familiares, ni amigos, ningún envío. Nadie… Su anodina existencia pasó desapercibida para el resto de los habitantes del inmueble y del mundo.

Hasta ese día…

Después de que su ex-mujer, no tuviese respuesta alguna al intentar notificar a don Ramón la muerte reciente de su única hija, la policía encontró el cadáver seco… momificado.

Habían pasado ocho años desde su muerte; al parecer se suicidó con el gas de una bombona abierta de la estufa que encontraron junto al cuerpo.

Completamente vestido y tirado en el suelo de lado; estaba en medio del minúsculo salón de su casa, justo sobre el punto donde, en el piso de abajo, colgaba la solitaria lámpara de mi dormitorio…

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Antonio Rodríguez Miravete

Este relato es una recreación libre de una noticia real: el hallazgo, en un piso de un edificio cualquiera, de un cuerpo momificado muerto hacía ocho años… Nadie se había dado cuenta ni lo habían echado de menos…

Sucedió hace unos cuantos meses, y me dejó un sabor acre…